DISENSO Y CONSENSO EN POLÍTICA, Y CÓMO ACOMPAÑARLO A FAVOR DE NOSOTROS/AS

DISENSO Y CONSENSO EN POLÍTICA, Y CÓMO ACOMPAÑARLO A FAVOR DE NOSOTROS/AS

Esta nota del siempre claro Raúl Zaffaroni me gustó mucho porque resuelve un tema siempre polémico: conflicto o no conflicto en la política (también vale para la vida).

Es cierto que pareciera que resolver un proyecto político sin conflicto, solo por consenso, es lo ideal, y no es la idea ensalzar el conflicto como estrategia central y permanente, pero la historia del mundo muestra que las transformaciones difícilmente se den solo por consenso, porque el status quo y sus interesen no van a ceder sus posiciones sin defenderlas.

Copio un párrafo de la nota:

“Es más que obvio que no siempre se sale bien parado del conflicto, pero el 48% que en 2019 votó contra los que estaban destruyendo el país, lo hizo siguiendo la bandera de una fuerza política nacional y popular, enmarcada históricamente en el movimiento emancipador que postula como objetivos estratégicos la soberanía política, la independencia económica y la justicia social.”

No voy a copiar muchas citas, todo lo contrario, porque lo importante es la lectura de la nota, y quiero partir de ella para aportar algunas ideas.

Como siempre, busco darle a la gente que me pueda leer bases para poder encontrar elementos objetivos de juicio que le permitan tomar las mejores decisiones posibles, partiendo de la base de que hay una gran dificultad para conocer lo que realmente sucede aquí, y en el mundo.

El planteo de los dos modelos que hicieron el Presidente y la Vicepresidente es verdadero, sin dudas. Es la manifestación argentina de lo que sucede en el mundo, con los matices que surjan en cada lugar.

Tampoco es nuevo: si no, ¿cuál es el sentido del título del libro que escribió D. F. Sarmiento en 1845: “Facundo o civilización y barbarie en las pampas argentinas “?

En alguna entrada dije que el 17 de octubre de 1945, cuando nació el peronismo, nació, simultáneamente, el anti peronismo.

También hubo anti yrigoyenistas que salieron a festejar el golpe de Uriburu el 6 de septiembre de 1930. Una de las primeras cosas que hizo este Gobierno de facto fue intervenir la U. Nacional del Litoral, así que está claro que la metodología de los que se oponen a los Gobiernos que defienden las causas de las mayorías tampoco son novedosas.

Sabemos que Macri no quería más Universidades públicas, como tampoco Vidal, así que debemos hacernos cargo de que la Educación pública que permite a los/las argentinos/as tener estudios universitarios gratuitos pertenece al modelo que propugna el actual Gobierno de la Argentina, no al que propone el macrismo.

Sería un insulto a la inteligencia de la gente seguir abundando en ejemplos. Tenemos cuatro años de Gobierno macrista llenos de ellos.

Entonces, el conflicto entre los dos modelos está, como siempre en nuestra historia.

“La pobreza y la pobreza extrema alcanzaron en 2020 en América Latina niveles que no se han observado en los últimos 12 y 20 años, respectivamente, así como un empeoramiento de los índices de desigualdad en la región y en las tasas de ocupación y participación laboral, sobre todo en las mujeres, debido a la pandemia del COVID-19 y pese a las medidas de protección social de emergencia que los países han adoptado para frenarla, informó hoy la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).” (https://www.cepal.org/es/comunicados/pandemia-provoca-aumento-niveles-pobreza-sin-precedentes-ultimas-decadas-impacta).

Tenemos las herramientas democráticas para hacer algo que mejore esta situación, que puede llevarnos a situaciones terminales, al igual que el deterioro ambiental, que es elegir Gobiernos que busquen el bienestar de las mayorías, no los acuerdos injustos, que acentúan la desigualdad y la pobreza.

Por supuesto, después están los aciertos y errores de los Gobiernos, cualesquiera que sean. No voy a entrar a analizar al actual, porque no es el objetivo de la nota, además de ser un tema trillado, más allá de que no nos sirva demasiado, pero estamos a mitad de un mandato, tal vez el más difícil que haya conocido, por lo tanto, no tendría sentido –y les hablo a los/las que lo votaron- retirarle el apoyo electoral al Gobierno y dejarlo en manos de una oposición que solo sabe destruir y falsear.

Esta crisis política que estamos transcurriendo demuestra que en el FdT hay capacidad de crítica, y estamos empezando una nueva etapa, que, si es exitosa, hará mejor nuestra vida; por lo tanto, quitarle capacidad de resolución por pérdida de mayoría legislativa, sería bastante suicida.

Incluso tenemos un lapso de un poco menos de dos meses para evaluar los resultados y perspectivas de esta etapa de la gestión. Por lo que estoy viendo, tienden a corregir los errores que le han reclamado al Gobierno, por lo tanto, unido a que estamos saliendo del periodo crítico de la pandemia, creo que seguramente veremos mejoras en nuestra calidad de vida, por lo menos, incipientemente.

De paso, hasta ahora hemos logrado contener la variante Delta, y no tenemos otra ola, como tienen muchos países. Lo digo como ejemplo de que hay que tratar de analizar todos los aspectos de la gestión para no dejarnos llevar por la propaganda. Hoy se levantó la obligatoriedad de usar el barbijo en espacios abiertos, y sin aglomeraciones, y el Gobierno de la CABA, con el explícito apoyo de Clarín, no lo va implementar. Resulta extraño que el mismo Gobierno que mantuvo abiertas en escuelas, en las peores circunstancias posibles, ahora sea cauteloso.

Conclusión: antes de votar traten de tener buena información, y no voten por bronca o por amor. En las PASO el voto fue útil, y el mensaje llegó, ahora busquemos otros criterios, para que el voto nos sirva a nosotros/as, no a quienes no buscan el bien común.

En 2023 será el momento de la evaluación de la gestión y de la elección de nuevos actores.

ESTAMOS VOTANDO BIEN, SIGAMOS HACÉNDOLO.

Encanto y desencanto

E. Raúl Zaffaroni sostiene en esta nota que uno de los factores que incidieron en la derrota electoral del Frente de Todos en las primarias es el desencanto como consecuencia de no afrontar los múltiples conflictos que el poder económico, judicial y mediático le planteó desde el comienzo de su gestión. Zaffaroni afirma que el movimiento nacional y popular – que es el gran dinamizador del cambio en la sociedad argentina – siempre se vigorizó en la lucha en defensa de los sectores populares. Y esa defensa es resolución de problemas enfrentando los conflictos que producen.

Por E. Raúl Zaffaroni (para La Tecl@ Eñe)

Siempre es fácil criticar desde la tribuna a los que corren tras la pelota en el campo de juego. Si bien hay periodistas deportivos responsables que ilustran porque saben técnicamente lo que dicen, no cualquier “hincha” desde la tribuna reviste esas condiciones.

Pero una “goleada” como la del domingo impacta emocionalmente y la invitación a recomponerse y seguir adelante, no excluye que, sin caer en el juicio fácil ni pretender ningún monopolio de la verdad, haya algún “hincha” capaz de aportar algo, porque también desde la tribuna se tiene una visión más completa de la cancha y, en una de esas, en el entretiempo, es posible soplarle algo al técnico, que contribuya a revertir la situación, máxime cuando el riesgo futuro es el de un desastre de mayores dimensiones todavía que el que se recibió en 2019.

Vistas las cosas con la mayor frialdad posible dentro de lo humanamente exigible, ante todo no cabe duda que las dos pandemias -la del neoliberalismo y la del virus-  dejaron una catástrofe, que es el contexto en que se debió gobernar en estos dos últimos años. A eso se sumó una situación institucional que no facilita las cosas, es decir, sin mayoría propia asegurada en las Cámaras del Congreso, con una justicia montada en parte “a dedo” con los “jueces propios” del “lawfare”, un ministerio público descabezado en manos de un funcionario a la medida de la oposición y una Corte Suprema en la vereda opuesta, no es precisamente el ideal. En lo económico, una deuda astronómica que se debe negociar esquivando “ajustes”. En lo social una marcada concentración de riqueza, con jubilaciones y pensiones por debajo de la línea de pobreza, inflación y descontrol de precios de alimentos, no son para nada buenos indicadores de mínima justicia social, teniendo en cuenta que en los cuatro años previos se había acentuado mucho la estratificación y consiguiente desigualdad social. En lo político, las cosas tampoco son sencillas, porque se cuenta con una fuerza política “frentista” que, si bien goza de una sana heterogeneidad y tiene una militancia envidiable, algunas veces parece agrupar más por el pánico que por el amor.

Todo ese paquete de elementos negativos lo cierra el moño del partido político de medios –llamado “medios hegemónicos”- y una oposición desalmada y jugada por los intereses financieros, que no respeta el menor y más elemental límite ético y a veces ni siquiera humano.

Pero sin perjuicio de todo lo anterior –que sólo alguien privado de los cinco sentidos podría negar- también debe reconocerse que, para el electorado, se hicieron algunas cosas mal o no se hicieron, y la reacción fue un garrotazo electoral que obliga a escuchar la “vox populi” y a pensar seriamente qué dice. 

Esto último es ahora una verdad poco discutible, porque es obvio que algo determinó que una parte del 48% del 2019 decidiese dispersarse en forma que, desde un frio cálculo lógico no resulta racional, porque no se explica que quienes más sufren voten a quienes proponen derogar la indemnización por despido y emiten juicios elitistas desde Palermo, o bien no voten y les dejen el campo libre. 

Pero esto no significa que esa parte del electorado sea “irracional” ni que se “corra a la derecha fascista”. Estas afirmaciones superficiales son falsas, implican una subestimación ofensiva a nuestro pueblo, que fue el mismo que votó hace dos años, y además son formuladas sin tener en cuenta que “derecha” e “izquierda” son conceptos que deben matizarse en una región victimizada por el tardocolonialismo financiero con disfraz “liberal”. 

Estas simplezas olvidan que la “bronca” contra la injusticia no sale de la razón sino de la esfera emocional o afectiva, que hace que cuando alguien sienta una profunda “bronca”, le tire al otro con lo que tiene más a mano.

Es cierto que lo más determinante fue la economía, que privilegió lo macroeconómico en desmedro de lo “micro”, tal como lo señalan algunos protagonistas en sus primeras reacciones, pues por lo que sea, lo cierto es que no se logró revertir la pobreza que dejó la pandemia neoliberal. En consecuencia, no sólo será necesario escuchar mejor, sino resolver el problema. Pero para eso, entre otras cosas, también será necesario plantarse frente a los “formadores” de precios y, con toda seguridad, eso generará un conflicto.

También generaría un conflicto de máxima resonancia plantarse frente a una Corte Suprema que pondrá todos los obstáculos imaginables e inimaginables a cualquier medida económica fuerte, como lo demostró al asumir el papel de máxima autoridad científica en epidemiología y al no importarle que se haya condenado a alguien en base al dicho de un testigo sobornado. No menos estruendo conflictivo causaría confrontar con los jueces del “lawfare”, que continúan alegremente su campaña persecutoria con presos políticos y procesos inventados. 

Más grave aún sería el conflicto que generaría restablecer la vigencia de la “ley de medios”, pues se volvería loco el partido político único del monopolio mediático (versión folklórica de trozos del “Pravda” y del “Völkischer Beobachter” con “chimichurri”) que todos los días lanza las peores infamias y hace circular las “fake news” más escandalosas e insólitas, hasta tomar impunemente cualquier veneno por televisión. 

Es verdad que no conviene abrir todos los frentes de lucha y menos generar conflictos gratuitos, pero la cuestión es que los problemas existen y no es posible resolverlos sin pisarle algún pie a alguien y generar un conflicto. Es inevitable optar entre “conflicto y solución” y “no conflicto y no solución”.

Es más que obvio que no siempre se sale bien parado del conflicto, pero el 48% que en 2019 votó contra los que estaban destruyendo el país, lo hizo siguiendo la bandera de una fuerza política nacional y popular, enmarcada históricamente en el movimiento emancipador que postula como objetivos estratégicos la soberanía política, la independencia económica y la justicia social.

El movimiento nacional y popular argentino tuvo luces y sombras, alguna “agachada” en que vendió las “joyas de la abuela”, pero incluso en esos malos momentos nunca descuidó la microeconomía y, cuando hubo que remontar el desastre, retomó la épica del conflicto. Perón, Eva Perón, Néstor y Cristina no le tuvieron miedo al conflicto, que es inevitable para resolver problemas. Y a lo largo de casi ochenta años hubo confrontaciones que dieron lugar a triunfos y derrotas. ¡Vaya si hubo batallas perdidas en la lucha! Pero también otras ganadas, por cierto, y por suerte muchas.

Los sociólogos suelen dividirse entre “sistémicos” y “conflictivistas”. Hay quienes conciben a la sociedad como un “sistema” asentado sobre el “consenso”, y otros como un conjunto de grupos en conflicto con cierto equilibrio inestable. Ninguna de ambas visiones es verificable, pero se trata de algo así como dos armarios en que cada sociólogo ubica los hechos sociales y desde allí los explica. En esto, ambos tienen dificultades, porque los organicistas o “sistémicos” no pueden explicar bien la dinámica de las sociedades, y los “conflictivistas” tampoco los elementos de permanencia. Pero lo único cierto es que el “conflicto” es el motor de los cambios sociales y, como ninguna sociedad humana es estática, el conflicto es inherente a toda sociedad. 

El movimiento nacional y popular fue siempre de lucha y, como en sus momentos de mayor brillo, para resolver problemas no escatimó plantear conflictos, fue el gran dinamizador del cambio en la sociedad argentina. Incluso cuando no tuvo éxito, igualmente planteó bien el conflicto, con posiciones claras, de modo que todos entendieran que si no se pudo no fue por falta de vocación de cambio, sino que “si ahora no fue, será en la próxima” y la lucha sigue.

Esa lucha política siempre es por derechos, porque éstos nunca se obtienen por “consenso” ni por cesión graciosa, sino por conflicto. No se trata de hacer lo imposible, sino de hacer lo posible y esforzarse para que lo imposible sea posible y, si no lo fuere, que quede claro que se planteó el conflicto y que se seguirá luchando sin temor, porque el conflicto es lo que atrae y encolumna, no sólo a los jóvenes sino a todos, pues marca el camino de lucha por los derechos y de paso, también hace que a la hora de obtenerlos se valoren y se cuiden más. 

Nadie tiene la flauta mágica para encantar, pero tampoco se lo hace con la invocación del “consenso”, en especial cuando no puede haberlo, porque es imposible consensuar con un contrincante que no cesa de dar trompadas y rodillazos por debajo del cinturón ante la mirada distraída de un árbitro que juega para el otro. Es imposible “acordar” nada en estas condiciones.

Quizá el único acuerdo básico que, pese a algún balazo de 22 y algún bombazo, todavía se respeta bastante –en comparación con otros países de la región- es la no violencia física, porque la verbal y escrita se perdió hace mucho y el respeto al “otro” no se diga. Ojalá sigamos conservando ese límite mínimo y nos esforcemos por hacerlo, porque los del otro lado, desde 1930 en adelante no fueron precisamente Gandhi, sino que hasta el día antes de irse del gobierno contrabandearon armas para que la dictadura boliviana masacrase a sus ciudadanos pobres.   

El pueblo observa y percibe que, mientras sufre con las jubilaciones y salarios de miseria, se evita el conflicto, cuidando no ofrecer muchos flancos de ataque a la tribuna de doctrina “gorila” y al pulpo mediático del partido único.

Esto no significa negar lo positivo hecho en estos dos años, porque es innegable que se hicieron cosas. La primera es que si en 2019 ese 48% no hubiese votado como lo hizo, hoy se habrían muerto “los que tenían que morirse” y tendríamos tres veces más muertos, conforme al criterio de que los “débiles” deben desaparecer, al estilo del viejo Spencer, resucitado y maquillado por nuestro neoliberalismo “prêt à porter”.

Es innegable que se hicieron cosas muy positivas en estos dos años, pero con el “no hagan ola” se quisieron captar a quienes no habían sido parte del 48% en el 2019 y, como siempre sucede en estos casos, no se encanta a los “otros” y se desencanta a los propios, porque el encanto se produce con el conflicto, que convoca y genera el sentimiento de pertenencia, de comunidad de lucha por los derechos. En la carrera “se ven los pingos” y, aunque se salga averiado, las banderas quedan en alto y la lucha sigue, porque es la esencia misma de la política.

Cuidado que con esto no se debe entender que la esencia de la política sea elegir al “otro” al que aniquilar, como decía el nazi Carl Schmitt. No, en modo alguno, no se trata de “aniquilar” a nadie, pero sí de luchar, de competir, de estar en la cancha o en el “ring”, tratando de ganar, no de “aniquilar” ni destruir. Quien pretenda hacer lo de Schmitt es un criminal degenerado al que hay que sacar del juego de la política y meterlo en la cárcel, porque el conflicto no es una lucha entre asesinos, sino entre competidores. La política es eso, competencia conflictiva, y deja de ser tal cuando se la entiende como mera “administración”, aunque sea prolija.

Por esa razón, sin duda habrá que resolver los problemas de los más humildes, pero para eso será inevitable entrar en conflicto con fuertes poderes fácticos, con el partido político único de medios y también con el árbitro que juega en contra. Nadie sabe si se saldrá bien o mal del conflicto, pero hay que plantearlo y así se recuperará la épica de lo nacional y popular.

El pueblo no es injusto y, por eso, no es verdad que el voto de quienes no repitieron el de 2019 fue un “voto castigo”, no lo fue, pero fue un “voto desencanto”. Perón convocando a los sindicatos o lanzando la campaña contra la especulación, Evita desafiando a la oligarquía, Néstor denunciando a la “mayoría automática”, bajando el cuadro o confrontando con el supuesto “campo”, no esquivaron los conflictos y justamente por eso señalaron caminos, sumaron, generaron lazos empáticos de solidaridad, pertenencia y comunidad, en una palabra, encantaron. 

Un movimiento popular y nacional que durante ochenta años luchó, ganó y perdió, pero siempre confrontó, sufrió las peores derrotas y se rehízo, padeció las “agachadas” de sus propios y supo recuperar su identidad, si de pronto muestra temor al conflicto, no puede menos que desencantar. Ese es el problema y, además, si los conflictos que esquiva son los que hacen a la microeconomía y de paso deja a sus compañeros presos o procesados, el desencanto es aún más inevitable.

Por otra parte, la comunicación en el reducido espacio de poder mediático que se pudo retener, no fue la mejor. No era imaginable que en 1945 el peronismo centrase su publicidad en mostrar las internas entre los radicales “unionistas” e “intransigentes” de aquel momento.

Ahora, si por un lado se quiso organizar un grupo de meditación y al frente le montaron un “ring”, no fue lo más sensato centrar la atención en el “ring” opositor, porque siempre ese espectáculo atrae más público y, al final, lo que se hace es dar publicidad a los boxeadores.

Desde la tribuna –sin pretensión de verdad, sólo como opinión de “hincha” observador- estamos seguros que se remontará el cachetazo, porque lo nacional y popular se renueva, pero nunca desaparece, pero para eso será necesario “reencantar”, lo que presupone ponerse a confrontar en serio.

Sólo así los jóvenes y los no jóvenes saldrán de una “apatía” que no es tal, sino puro desencanto, porque mientras padecen injustamente no se les muestra ningún camino ni se los convoca a ninguna lucha por sus derechos y se muestra temor al conflicto ineludible. Por eso se “embroncan” y tiran con lo que tienen a mano, que no son más que los “boxeadores” del “ring” opositor, previamente publicitados por los propios.

Buenos Aires, 16 de septiembre de 2021.

*Profesor Emérito de la UBA.

#GEOPOLITICA

#ELECCIONES

PASO 2021: CAÍDA Y ASCENSO DEL VOTO PERONISTA

PASO 2021: CAÍDA Y ASCENSO DEL VOTO PERONISTA

En las elecciones del domingo 12 de septiembre me pasó algo inusual: el resultado me sorprendió. En la previa no había mucha información firme: pocas encuestas, variables que uno no sabía cómo se definirían, por ejemplo, el modo en que votarían los vacunados, el hecho de que las PASO son elecciones de medio término con particularidades difíciles de anticipar en estas circunstancias inéditas, pero desde el sábado comenzaron a filtrarse de datos de fuentes confiables que auguraban alrededor de cuatro puntos de ventaja para el FdT, lo que fue confirmándose en la tarde del domingo.

Por eso, cuando Wado de Pedro anunció que estaban los resultados del 60% de las mesas, y vi la ventaja de JxC –que nunca se modificó- quedé sorprendido.

Hace un rato encontré esta nota en Página 12:

PASO 2021: los encuestadores y las razones de la caída del voto peronista

Raúl Kollmann

https://www.pagina12.com.ar/368174-paso-2021-los-encuestadores-y-las-razones-de-la-caida-del-vo

Comprobé que no era el único sorprendido:

“En la previa de las PASO hubo muy pocas encuestas: las fuerzas políticas se reservaron el dinero para las elecciones de noviembre. Aun así, todos los sondeos de Provincia de Buenos Aires daban arriba al Frente de Todos (FdT) por cuatro o cinco puntos. El propio domingo hubo dos encuestas en boca de urna.

La del oficialismo la hizo el CEOP, que encabeza Roberto Bacman: adelantaba siete puntos a favor de Victoria Tolosa Paz-Daniel Gollan. La de Juntos por el Cambio (JxC) no tiene autor conocido. Pero a las 18, desde las oficinas de Horacio Rodríguez Larreta enviaron el pronóstico final: 38,6 por ciento para el FdT y 34,7 para la sumatoria de las dos listas de JxC. La fuerza amarilla no quiso revelar quién hizo la encuesta, pero le asignaba el triunfo por cuatro puntos al peronismo.

Bacman –en diálogo con Página/12– sostuvo que “evidentemente hay un fenómeno profundo que las encuestas no sirvieron para detectar. No hubo error en el voto de JxC: pronosticamos 36 y fue 38, seguramente porque Facundo Manes consiguió dos puntos más de lo que analizamos. También fuimos precisos en el bajo voto de Florencio Randazzo y José Luis Espert, además de los cinco puntos de la izquierda. El gran problema fue el voto del peronismo. Es evidente que hubo una masa de votantes del FDT que no fue a votar. Y no lo hizo por bronca, por descontento, porque no recibió ninguna de las asistencias que hubo frente a la covid, porque perdió su trabajo o changa y, en el tercer cordón, la lluvia de diez días seguidos, también jugó un papel en el ausentismo o en el voto en blanco de ese voto que siempre fue para el peronismo.

Parece obvio que no hubo dolo –manipulación– en los diagnósticos porque el encuestador de Juntos no tendría razón para perjudicar a la misma fuerza que lo contrató. Es decir que la cuestión es más de fondo: las encuestas están con graves problemas –no es de ahora– para percibir lo que sucede en determinados escenarios políticos y cuando hay situaciones de bastante paridad.

Los que realizan los sondeos presenciales se encuentran con accesos difíciles en barrios de clase media y también en los más humildes. Las telefónicas tienen problemas ante la paulatina desaparición de los fijos, sobre todo en hogares de bajos recursos; en los celulares, la gente es reacia a contestar y el uso de muestras de las redes recién está en sus comienzos.

Los consultores, en general, afirman que tienen factores de corrección para cada uno de los métodos. En las bocas de urna –hechas a la salida de los colegios– el gran problema es interpretar a los que se niegan a contestar.

Entre los encuestadores hay unanimidad en que el problema mayor fue la detección de la caída del voto peronista. Lo que sacó JxC se parece a lo obtenido a nivel nacional en 2017 y 2019: cerca del 40 por ciento nacional.”

Que JxC no saque más del 40% histórico, cuando llevás dos años terribles de Gobierno, es un dato importante; es más, diría que, arrojando una mirada histórica a lo que vivió Argentina (como el mundo), podría haber sido peor.

Por supuesto, JxC lo venderá como un enorme triunfo y el preanuncio de la derrota del FdT en noviembre y en el 2023, como marcan los manuales, pero tenemos que tratar de ver lo mejor posible la realidad en que vivimos.

En la misma nota se mencionan varios comentarios de algunos consultores sobre lo que pasó:

“Mucho votante del FdT está enojado porque se frustró la expectativa de cambio en la economía. Influyó la pandemia, pero están decepcionados” (Bacman).

El núcleo duro se mantuvo firme y comprendió la pandemia. Pero hay un núcleo más volátil, que votó sucesivamente a Sergio Massa, Francisco De Narváez o Florencio Randazzo que esta vez no fue a votar” (Facundo Nejamkis).

Las consecuencias de la pandemia fueron notorias, entre ellas la no-presencialidad escolar. Fue muy difícil de manejar para las familias. Buena parte de los alumnos apenas se manejaban con un celular y las maestras tuvieron dificultades. Es distinto a las posibilidades en los países desarrollados. Desorganizó muchísimo” (Nejamkis).

Si se perdió en La Pampa y en todas las provincias limítrofes, Buenos Aires, Mendoza, Córdoba, significa que hay un tema económico más general y, además, una cuestión con la política hacia el campo. Se prometió encender la economía y no se pudo por la pandemia y también por falencias en la ejecución. Se prometió unir a los argentinos y no se pudo avanzar: hubo momentos con Horacio Rodríguez Larreta, pero se terminó frustrando” (Hugo Haime).

Es muy difícil con el asado a mil pesos. Eso es parte de la demanda económica insatisfecha. Desde ya que la pandemia repercute negativamente, pero hubo desaciertos en la conducción” (Analía Del Franco)”

También se pueden mencionar factores más difíciles de dimensionar, como la fiesta de Olivos, pero son negativos y suman en contra del Gobierno.

Me parece importante el hecho de que en el FdT no había que dirimir candidaturas, y en JxC, sí, lo que le dio más interés a la participación y a la emisión del voto. En la nota lo plantean así:

“También hay otros dos factores más estructurales señalados por los encuestadores. Las competencias en Juntos por el Cambio, entre Diego Santilli y Facundo Manes; María Eugenia Vidal y Ricardo López Murphy; Luis Juez y Mario Negri y varias otras competencias en distintos distritos, potenciaron a la alianza. Hicieron más atractivo el voto: “Hubo mucha oferta”, definieron.

Del otro lado, se afirma que muchos intendentes del peronismo exhibieron cierta pasividad: “Estamos mirando”, argumentaron. No se jugaban demasiado en las PASO, sí se jugarán la integración de los consejos deliberantes en noviembre.”

De todas esas opiniones, la de Bacman me parece un análisis correcto:

“El gran problema fue el voto del peronismo. Es evidente que hubo una masa de votantes del FDT que no fue a votar. Y no lo hizo por bronca, por descontento, porque no recibió ninguna de las asistencias que hubo frente a la covid, porque perdió su trabajo o changa y, en el tercer cordón, la lluvia de diez días seguidos, también jugó un papel en el ausentismo o en el voto en blanco de ese voto que siempre fue para el peronismo”.

Otro tema que habría que analizar es por qué el éxito de la vacunación no movió más la balanza para el lado del Gobierno. Está claro que la gente valora mucho la vacuna anti covid, pero en la elección no lo tuvo como determinante.

Es real que no es fácil entusiasmar para votar en las PASO de término medio, y si, como en Mendoza hay decepción y desánimo por la conducción del peronismo local, todavía peor. No le peleamos nunca nada al cornejismo, que tiene muchísimo por lo que dar cuentas, como la gestión de salud y educación, o la deuda en dólares que tomó para la Provincia, y nos conformamos con ser la segunda fuerza local, y con que algunos dirigentes tuvieran los cargos entrables.

ESO NO ES LO TENÍA QUE HACER EL PERONISMO, Y LOS/LAS COMPAÑEROS/AS LO SENTÍAN ASÍ.

Pienso que es imposible negar que hubo un voto bronca en las elecciones, pero, si en Mendoza el FdT perdió en dos municipios y Cambiemos en tres, hay que tener cuidado con las generalizaciones excesivas.

Acabo de escuchar que el dólar blue bajó tres pesos, que en el Mercado subieron las acciones y los bonos, y bajó el Riesgo País. Algún análisis plantea que ya están celebrando que el Gobierno perderá las elecciones de noviembre. Tal vez sea así, pero lo que sí creo es que están apostando a que el Gobierno tenga que cerrar un acuerdo con el FMI aceptando sus condiciones, como, por ejemplo, eliminar la indemnización por despido, que es lo que viene empujando el macrismo (Larreta y Manes). Esto es lo que no hay que hacer, porque es lo que haría el macrismo, y no llegamos al Gobierno para eso.

No hay que volverse loco/a. Hoy he leído a aparentes compañeros abundar sobre lo que no hizo el Gobierno y lo que debe hacer. Aparte de que ahora cualquiera habla, una cosa es tomar las medidas que necesitan los sectores más vulnerables de la sociedad (la clase media también, como los jubilados), y otra plantear estrategias inviables.

Por ejemplo, necesitamos un sistema legal y financiero que permita que la gente pueda tener un lugar para vivir y trabajar (no falta tierra en Argentina), pero otra cosa sería proponer una Reforma agraria que les permita a los sectores conservadores (desde el macrismo hacia la derecha) levantar banderas contra el Gobierno calificándolo de comunista, además seguramente tendría muchísimas trabas legales que la harían imposible.

Por lo tanto, además de las medidas de corto plazo que mejoren la situación de los sectores más vulnerables, hay que profundizar las que hagan a Argentina un país más justo y equitativo.

“Están en juego dos modelos de país”: fue la arenga final de Alberto Fernández y Cristina Kirchner en el cierre de campaña del FdT. Es verdad, y es lo que los/las argentinos/as deben comprender que se juega en las elecciones, en todas las que vienen.

Los que apoyan al modelo que destruyó a país con el macrismo, no son mucho más que el 40% que mencioné antes; así que tenemos trabajar, en dos direcciones: una, que seamos el Gobierno que prometimos y que nuestra condición de peronistas nos exige; otra, en que quede claro que el modelo que propugnamos es mejor, y apunta a la felicidad del pueblo.

Hace un rato hablé con un precandidato triunfador del FdT para Guaymallén y coincidimos que había que poner todo lo que haga falta para las elecciones de noviembre, y después, recuperar un peronismo que le ofrezca a los/las mendocinos/as una propuesta que nos saque de la decadencia en que hemos caído porque nuestros Gobiernos –tal vez desde el retorno a la democracia- no han desarrollado proyectos políticos que hayan diversificado la economía, que nos hayan permitido tener una red vial idónea, que hayan desarrollado un plan para no estar permanentemente en crisis hídrica.

ASÍ QUE DEJEMOS DE HACER POLÍTICA EN LAS REDES, SAQUEMOS EL “BASTÓN DE MARISCAL” QUE DEBERÍAMOS TENER EN NUESTRAS MOCHILAS, SAQUEMOS PECHO Y HASTA LA VICTORIA SIEMPRE.

SIRA DE MARÍA DUEÑAS POR ADOLFO ARIZA

SIRA DE MARÍA DUEÑAS POR ADOLFO ARIZA

Como otras veces, escuché una entrevista a la autora en La Conversación, el programa de radio de Andrés Gabrielli, y decidí leer la novela para hacer una entrada en mi blog. Cuando le vi el tamaño en la librería (son 642 páginas), pensé en el tiempo que me llevaría la lectura, porque no soy lector de tiempo completo por estos días, pero arrugar hubiera sido una cobardía indigna de un profe de Literatura.

Fue una muy buena decisión.

No había leído El tiempo entre costuras, aunque sabía de la novela y de su éxito, así como el de la serie de tv, así que no conocía a Sira Quiroga, la de las varias identidades, pero he disfrutado mucho su lectura. EL mejor testimonio es que la he leído en tres días, sacándole tiempo a otras actividades, en primer lugar, por el interés que me provocó, pero también porque no hay otra manera de leer una novela larga, como esta, llena de situaciones, personajes, espacios, y mantener la comprensión de la obra.

La escritora la presenta así en su web (https://mariaduenas.es/noticias.php):

«Casi doce años después de su llegada a las librerías, vuelve Sira. Recuperarla para esta novela ha sido fascinante, juntas hemos recorrido escenarios, intrigas y momentos que marcaron una época. Confío en que este reencuentro cautive de nuevo a todos los que disfrutaron El tiempo entre costuras.»

En una entrevista en Clarín (https://www.clarin.com/viva/maria-duenas-habla-sira–nuevo-libro-evita-personaje_0_iHZHeUjKd.html) habla de Sira antes y ahora:

“Pasaron casi doce años y, a partir de mi fascinación por Tánger (uno de los escenarios importantes en El tiempo…), le di una oportunidad a Sira.

– ¿En qué cambió el personaje y en qué cambiaste vos desde la publicación de esa primera novela?

-Sira ha crecido, ha madurado, vive nuevas aventuras, pero las lleva de distinta manera. Tiene treinta y pico: ya no es una jovencita ingenua; tiene otras prioridades, para mí gusto es más atractiva.”

Es cierto, Sira es muy atractiva, además de valerosa, exitosa en lo que se meta, inteligente, una heroína que define un estereotipo propio.

Por momentos parece como una súper heroína, pero no molesta en el marco de una novela cuidadosamente elaborada.

Se haría largo el detalle de su personalidad, por momentos paradójica, porque, aunque es fuerte e independiente, casi indestructible, sus afectos llenan su vida, desde antes incluso, para bien o para mal. Son su fuerza y su debilidad, porque los errores que cometió –cuando era una muchachita desvalida- fueron por amor.

¿Qué había sido El tiempo entre costuras?

“… una aventura apasionante en la que los talleres de alta costura, el glamour de los grandes hoteles, las conspiraciones políticas y las oscuras misiones de los servicios secretos se funden con la lealtad hacia aquellos a quienes queremos y con el poder irrefrenable del amor.” (solapa posterior de Sira)

Dueñas habla de nuevos escenarios. ¿Cuáles son?

El tumultuoso y conflictivo Jerusalén en la etapa final del Mandato Británico, el Londres que trata de reconstruirse de la destrucción de la Segunda Guerra Mundial, un Madrid abatido de postguerra, y un Tánger en el que Sira seguirá los pasos de la multimillonaria americana Bárbara Hutton

Por eso, las partes de novela son:

Primera parte Palestina

Segunda parte Gran Bretaña

Tercera parte España

Cuarta parte Marruecos

Algunos han caracterizado la novela como histórica.

¿Qué subgénero literario es este?

El propósito principal de la novela histórica en ofrecer una visión verosímil de los ambientes, tipos y paisajes de una época histórica preferiblemente lejana, de forma que aparezca una cosmovisión realista e incluso costumbrista de su sistema de valores y creencias. En este tipo de novelas han de utilizarse hechos verídicos, aunque los personajes principales sean inventados.

Veamos cómo se dan algunos de sus rasgos en Sira:

Investigación detallada:

El desarrollo de una novela histórica implica que el autor lleve una investigación y documentación de los hechos sobre los que planea situar su obra. En este sentido, debe dominar no solo su habilidad de narración, sino también la información histórica que ha reunido para su construcción. Sin embargo, no se trata de un historiador, sino de un novelista.

Dueñas en la entrevista con Clarín citada antes, dice:

“Me gusta la Historia por curiosidad intelectual y porque soy profesional del mundo de las Humanidades, pero no soy una especialista ni una freaky que se la pase leyendo y reteniendo datos. Me interesa la Historia en la medida en que arroja luz para entender cómo somos. Me documento a fondo. Trabajo las coordenadas de tiempo y espacio en donde transcurrieron determinados hechos que afectan de un modo u otro a los protagonistas de mis novelas.”

Esta investigación aparece eficazmente en Sira. La Jerusalén de cuando ha finalizado la Segunda Gran Guerra es manifestada de manera total y podemos vivir y sufrir la dureza de las confrontaciones –nunca terminadas- en Palestina, así como la riqueza de la heterogeneidad que la habita en ese final de la etapa británica. Dueñas describe con detalle, pero sin cansar, ambientes, paisajes, grupos sociales, vestimentas sobre todo (nunca deja de ser la costurera de alto nivel), personas, comidas, todo lo que hace que nos quedemos con una imagen vívida del lugar en que suceden los hechos, tanto que los sentimos con gran intensidad.

Lo mismo sucede con los otros lugares en que transcurre la novela.

Hay que tener en cuenta que no es historia, por lo tanto, puede haber deformación de la realidad histórica. Por ejemplo, Amalia de José Mármol es una novela concebida como parte de la lucha de los unitarios contra Rosas, por lo tanto, se pierde objetividad de manera consciente. Sin embargo, el formato novelesco hace que sintamos la realidad con mayor fuerza y riqueza, como ocurre en Sira.

Esto colabora mucho para el desarrollo de otro rasgo: el carácter popular, que es uno de los factores que propiciaron la difusión del género de manera importante, porque es un retrato de la realidad social, así como también de los grupos humanos que la constituyen.

Esto también tiene que ver con el éxito de ventas de las novelas que tienen a Sira Bonnard —antes Arish Agoriuq, antes Sira Quiroga — como protagonista.

Es una buena novela histórica, que es un género muy interesante. Si no lo conocen, esta es una buena oportunidad para hacerlo.

Tengo en claro que en esta entrada solo podré rescatar algunos elementos del mundo de Sira. Espero que la selección que haga sirva para acercarla a los lectores.

En la parte en que Sira va a España, se produce la visita protocolar de Eva Perón a ese país, que aquella acompaña dentro de una misión que se le propone y acepta, como las otras que realiza en las novelas que protagoniza.

Dueñas explica la visita así (Nota de Clarín):

“A sólo ocho años del final de la Guerra Civil, había hambre, represión, miseria. Entonces, el régimen de (Francisco) Franco le dio bombos y platillos a la visita de Eva: actos, shows, agasajos. Cambió la fisonomía de las calles para que ella no viera lo que había realmente. Era noticia todos los días en la prensa, el pueblo salió a recibirla. Detrás de eso había un interés económico. Desde 1946, 47, desde la Argentina llegaba todo tipo de ayuda para España: barcos cargados de cereales, de legumbres, de cueros; en esa época también hubo préstamos financieros. Duró hasta los años cincuenta y tantos. La Argentina fue muy generosa con España.”

Esta visita es narrada con mucho detalle:

“Ha sido subyugante seguir el rastro de Eva Perón para escribir mi nueva novela. Es un personaje poliédrico en muchos sentidos.”

“He ido siguiendo, a través de la prensa española y otras publicaciones del momento, cómo fue el itinerario de Evita por Madrid, cómo se vestía, quiénes la acompañaban, qué le regalaban. Para mí ha sido apasionante esa reconstrucción. En cuanto a las reacciones que provocaba en la Argentina, las comento por arriba, no las valoro porque carezco del criterio como para poder hacerlo. Me limito a poner el foco sobre ella y seguirla en ese viaje por España.”

Sin embargo, pone en boca de Mery, una hermosa mujer con la que Sira comparte la última noche en Madrid, la siguiente frase:

“Cuéntelo en la BBC, para que se entere el mundo … Diga a través de sus micrófonos que Evita es única y pasará a la historia. Cuando de usted, de mí y de las bobadas de mi marido no haya quien se acuerde, cuando la gloria de Franco se haya convertido en humo y todos los que ahora le adulan no sean más que sombras, la memoria de Eva Perón seguirá perviviendo.”

A Dueñas, como suele sucederle a los europeos, le cuesta comprender a los populismos latinoamericanos como el peronismo, porque sus experiencias de los populismos son otras, aunque es muy respetuosa y evita juicios de valor de lo que no conoce bien, pero esta conclusión sobre Evita es clara, real y terminante. Incluso el mismo Franco tiene que tragarse lo que Evita decía que se parecía mucho a lo que decían los republicanos con los que había luchado en la Guerra Civil. Dueñas lo cuenta así:

“En un país absolutamente dividido, Evita decía, por ejemplo, que no quería que nadie quedara fuera de las coberturas sociales, mientras que Franco no tenía la menor misericordia con aquellos que habían perdido la guerra.”

¿Es feminista?

Me parece válida su autodefinición:

“-Intento escribir con mi mirada de mujer. Es muy fácil decirlo ahora, porque eso se valora enormemente y todo lo que venga de nosotras es bienvenido, aceptado y celebrado, diría.”

Esto es original, y vale, y enriquece la lectura.

A esta altura la pregunta que me podría hacer alguien es por qué tendría que leer una novela de seiscientas páginas.

Intentaré responderla para cerrar la nota.

Sira es, además de lo que ya he dicho, una novela policial. Hay conflictos, hay suspenso, clímax y desenlace. Son interesantes, aunque –no siempre- válidos. Soy un viejo lector de policiales, y sentí, más de una vez, previsible la resolución del problema, y, eso, en una novela policial es difícil de superar.

Sin embargo, la seguí leyendo porque quería conocer qué le pasaba a Sira y a los suyos, y, sobre todo, quería saber más del escenario: de Londres, de Madrid, y sobre todo de Tánger, porque Dueñas habla de que uno de los motivos para que Sira apareciera fue su “fascinación por Tánger”. No conocía Tánger, pero ahora siento que sí. Si no tuviera otra razón, esa bastaría para pedir que la leyeran.

HÁGANLO