CONSECUENCIAS DEL NEO LIBERALISMO: ENTENDAMOS Y HAGAMOS LO QUE HAY QUE HACER

CONSECUENCIAS DEL NEO LIBERALISMO: ENTENDAMOS Y HAGAMOS LO QUE HAY QUE HACER

Esta nota es el origen:

La combinación de un neoconservadorismo moralizante y autoritario con la apología del libre mercado

El neoliberalismo del siglo XXI

https://www.pagina12.com.ar/330127-el-neoliberalismo-del-siglo-xxi

21 de marzo de 2021

Por Juan Carlos Aguiló

Como verán, esta nota ya tiene unos días. La guardé, después me fui unos días de vacaciones con mi familia, y ahora, en la búsqueda de retomar la actividad en mis blogs, la retomo porque me pareció que incluso tiene mayor relevancia que antes por la evolución de la pandemia, en Argentina y en el mundo.

Además, lo hago en una situación de mucha tristeza por la muerte por COVID de Lilian Montes. Ella me acompañó como preceptora en mi curso de 1º 2ª del Colegio Universitario Central, donde dictaba Latín. En esa época cursaba la carrera de Literatura en la F.F. y Letras de la UNCuyo. Se recibió, fue Profesora, Vice y Directora de la Escuela. Tenía 61 años y fue un golpe fuerte para mí.

¿Tiene algo que ver con lo que plantea tan bien Juan Carlos Aguiló (hemos compartido actividades en la UNCuyo)?

En un sentido sí, y voy a citar los párrafos finales de la nota que incorporo a mi entrada:

“La profecía autocumplida de los que alentaron los períodos de desfinanciamiento, desinversión y deslegitimación y, cuando ocupan el gobierno, acuden a las consultoras privadas para solucionar problemas de “gerenciamiento” y escasa “resiliencia” de las/os servidores públicos.

Es crucial confrontar estos discursos en la arena pública desmontando su pretendida neutralidad, develando sus intereses e historizando sus derroteros como una forma de contribuir a la disputa cultural ineludible, que persiga el desenmascaramiento del sentido común liberal como una de las tareas inevitables en la confrontación de las fuerzas democráticas, progresistas y populares con los sectores dominantes en la Argentina.”

Es mi intención colaborar en este poner en evidencia aquellos factores que están avanzando en un proceso hegemónico contra los proyectos nacionales y populares con terribles resultados, en muchos sentidos, no solo políticos.

Veamos el título de la nota: Aguiló destaca los aspectos del neo conservadorismo y del libre mercado como los dos rasgos relevantes de esta etapa del neoliberalismo y sus consecuencias en el mundo actual.

Personalmente, quiero avanzar en algunos aspectos que también signan a esta etapa, algunos mencionados en la nota, como “los problemas actuales de desigualdad global, debilitamiento de las democracias y degradación ecológica”, pero que considero importante resaltar en este intento –uno más- de colaborar en que nuestra clase media urbana comprenda que hay un plan global perverso, con el que está colaborando, en general por ingenuidad, por decirlo suavemente.

Creo que la pandemia permite visualizar y resaltar algunas consecuencias de este plan, que no es nuevo.

Algunas referencias:

Recordemos que fue el régimen de Pinochet desde 1973 el que, con sus “Chicago Boys” instaló un proyecto neoliberal y de ajuste en Chile. En Argentina fue, a partir del golpe de Estado de 1976, el gobierno genocida del Proceso de Reorganización Nacional el que empezó un plan semejante continuado por Gobiernos democráticos como los de De la Rúa, Menem y Macri.

Además de ejemplos como estos, tenemos que comprender que hay aportes teóricos que fundamentan esta declamada hegemonía del neo liberalismo.

Wikipedia lo sintetiza así: “liberalización de la economía, el libre comercio en general y una drástica reducción del gasto público y de la intervención del Estado en la economía en favor del sector privado, que pasaría a desempeñar las competencias tradicionalmente asumidas por el Estado.”

Mencionaré un ejemplo de un aporte que en su momento tuvo mucho auge: el de Francis Fukuyama, que planteó la idea de que la democracia liberal —capitalista, se entiende— era el final de la Historia en tanto “punto final de la evolución ideológica de la humanidad”, que derivaría necesariamente en la “universalización de la democracia liberal occidental como la forma final de gobierno.”

Es cierto que recibió muchas críticas desde el comienzo y que, además de la descalificación teórica, la realidad demostró la imposibilidad de que el resto del mundo aceptara ese modelo de “democracia” como forma de gobierno y gestión válidos, pero, en su momento, pareció que realmente estábamos entrando en un mundo nuevo, que nos llevaría a resolver todos los problemas que teníamos.

¿Por qué hago estas referencias en relación con esta nota y el contexto de la pandemia?

Porque quiero colaborar en la comprensión de que el mundo en que vivimos hoy está profundamente marcado por las consecuencias de este proyecto político que nos está poniendo en gravísimo riesgo de destrucción.

Encontré una nota de Diego Marinelli sobre la pandemia en el número 920 de la revista Rumbos que me parece interesante para compartir:

“EI cine catástrofe nos ha ayudado a entender nuestro lugar en la pandemia bastante mejor que los libros de historia. Sin faltarle el respeto a las crónicas de la gripe española de 1918, a comienzos del siglo XX no existía el contexto de la revolución tecnológica ni la descomunal circulación global de bienes y personas que definen la identidad-y la gravedad- de esta crisis del coronavirus. Allá por los comienzos de las cuarentenas duras, la película Contagio, de Steven Soderbergh, fue durante semanas lo más visto en los streamings de todo el planeta. Definía, con una certeza alarmante, lo que estaba ocurriendo (ocurriéndonos), pero en una visión que tenía varios años de anticipación: murciélagos infectando a cerdos en un mercado chino, gentes contagiadas que desperdigan el virus por todo el mundo, sistemas de salud colapsados…”

Está claro que el virus se ha difundido tan terriblemente en buena medida por la enorme cantidad de viajes en avión que hoy se realizan. Y esto tiene que ver con la globalización, ese proceso de integración mundial en los ámbitos económico, político, tecnológico, social y cultural, que ha convertido al mundo en un lugar cada vez más interconectado, tanto que incluso se llega a hablar de “aldea global”. Esto comenzó a mediados del siglo XX, continúa y ha hecho que en poco tiempo el mundo sea bastante diferente del que conocí (nací en 1946). A la vez ha posibilitado que el proyecto neoliberal haya desarrollado estrategias que le han dado enorme poder a las corporaciones de los países centrales.

La pandemia ha puesto en claro la enorme significación económica del turismo hasta el punto de que mucha gente concibe el viajar a otros países –muy remotos muchos- es una especie de paraíso soñado.

¿Cuánta necesidad hay de que gente de recursos económicos medios esté un año o más pagando un viaje all inclusive de pocas noches a Tailandia?

¿Se ve que lo que nos plantea Aguiló es importante, y tiene que ver con nuestra vida y la de nuestros descendientes?

Supongo que para la mayoría será evidente que muchos de los problemas que tenemos son consecuencia del proyecto neoliberal y su fracaso irremediable, que nos está llevando puestos.

La banalización de la vida que muestra el ejemplo de los viajes innecesarios como parte de un consumismo exacerbado desde las corporaciones que incluyen medios de comunicación propios que difunden lo que les haga falta para mantener y profundizar su poder económico y político, ha deteriorado la capacidad de análisis de los verdaderos valores de una vida significativa para nosotros y un futuro válido.

Hoy, domingo 11 de abril, el Diario Los Andes publica una nota de opinión (Miguel Ángel Gutiérrez https://www.losandes.com.ar/opinion/la-politica-de-la-ignorancia-y-la-sociedad-del-conocimiento/), en la que encontré un  aporte más para entender la complejidad de la realidad, y la velocidad de las transformaciones en el mundo.

“La globalización de fines del milenio suponía un desafío al mundo organizado en naciones y mercados, homogéneos y permanentes. El covid19 cruzó toda actividad humana, en todas partes haciendo que la propia naturaleza -que ignoramos con entusiasmo- sepultara ideas y creencias sobre las que transitaba nuestra vida.

Las viejas y nuevas tecnologías -desde las antiguas TIC a las recientes: NBIC, RA/RV, AI, 3/4D, y 5/6G, entre otras- abren opciones para tentar nuevos caminos, suponen oportunidades, pero también riesgos, que suelen quedar ocultos por el lucro que guía a la innovación sin consideración de consecuencias que pueden generar, ni responsabilidades, lo que conjuga también conocimiento e ignorancia.”

Agrega:

“La globalización 2.0 muestra cambios en las fuerzas motrices de la primera: de la aceleración de la historia pasamos a la aceleración del futuro; de la dilución de las fronteras a la confusión de la noosfera de Chardin con la biosfera; y de la crisis del Estado-Nación a la crisis generalizada de Estados, instituciones, organizaciones, de la autoridad y las comunicaciones.

Del diseño de múltiples formas de sociabilidad pasamos al diseño de la vida y de la muerte. El hombre que renunció a Dios en la modernidad, confiado en la racionalidad y la ciencia, cayó en el desconcierto y la incertidumbre, que se alimenta de la falta de conocimiento y la ignorancia. Es necesario reconocer el nuevo mundo que surge frente a nuestros ojos, sumado al mental y físico de las personas, como contextos donde toda posible combinación, intercambio, y configuración de redes es posible.”

En este punto estamos, y es bueno sacar una conclusión política. Les propongo la mía:

Hemos vivido una etapa política en que pareció que se consolidaban los Gobiernos que desarrollaban el proyecto neoliberal. Es más, varios de esos Gobiernos en América Latina nacieron como producto de maniobras armadas por las corporaciones de los países centrales –claramente EEUU. Es bueno señalarlo cuando se está haciendo evidente la ilegalidad y corrupción de las estrategias que los llevaron al poder.

No he visto nunca antes Presidentes tan malos –en todo sentido- como Trump o Bolsonaro. Tan malos que las sociedades han reaccionado y se ha producido el hecho sin antecedentes de que pierdan sus reelecciones, como Trump o Macri.

En Perú habrá ballotage: el que ganó es Pedro Castillo, un maestro de izquierda. Es una oportunidad más para salir de Gobiernos neo liberales que no creen en un proyecto progresista para América Latina.

O sea que la democracia no acepta este neoliberalismo destructor y nefasto, lo que da esperanzas, pero para lograr una transformación global significativa (como la que hace falta en el tema de la crisis ambiental) es necesaria una mayor conciencia social y una acción organizada que parece difícil, pero que es el camino.

ESE ES EL DESAFÍO. HAGÁMONOS CARGO.

BEATRIZ SARLO: EJEMPLO DE GORILISMO POLÍTICAMENTE CORRECTO

BEATRIZ SARLO: EJEMPLO DE GORILISMO POLÍTICAMENTE CORRECTO

En https://www.serargentino.com/ se explica el origen de la denominación de “gorilas” que usamos los peronistas y algunos otros.

“En Argentina, un gorila es un antiperonista, militar o civil. Pero todo comenzó por una broma involuntaria de un programa cómico.

En 1952 debutó en Radio Argentina La Revista Dislocada, creado por Délfor Dicásolo, con libretos de Aldo Cammarota y locución de Cacho Fontana. El ciclo fue transmitido por diferentes radios y canales de televisión hasta 1973, cuando fue prohibido por el gobierno militar de Lanusse.

Paralelamente, en 1953 se estrenó en Estados Unidos la película Mogambo, protagonizada por Clark Gable, Ava Gadner y Grace Kelly. En una de las escenas del film, Gable –quien personificaba a un seductor cazador de animales salvajes en África– está con Grace Kelly, quien estaba enamorada de él. En el fragor del romance, se escucha un fuerte rugido que provoca que la joven Grace se arroje en los brazos de Gable, quien para tranquilizarla le dice: “Calma, deben ser los gorilas”.

En 1955, esa escena inspiró al libretista de La Revista Dislocada para hacer un sketch en el cual un coro entonaba un jingle, que decía: “Deben ser los gorilas, deben ser, que andarán por ahí”. Sin bien el sketch no tenía nada que ver con cuestiones políticas, el público lo interpretó como una alusión a lo que por entonces circulaba con sigilo: un movimiento subterráneo de tropas para derrocar a Perón.

Fue así como, luego del golpe militar llevado a cabo por la Revolución Libertadora, los peronistas comenzaron a utilizar el término gorila para calificar a los partidarios del golpe que desalojó a Perón y a todo aquel que estaba en contra del régimen peronista. Incluso hasta el día de hoy.”

Ahora bien, el término excedió los límites argentinos y a la referencia a los militares. En 1963 Fidel Castro dijo en un discurso:

“¿Y qué van a hacer los imperialistas? Se cocinan en su propia salsa y los gorilas toman el poder, claro que, apoyados por los gorilas de Estados Unidos, porque en Estados Unidos hay también gorilas civiles y gorilas militares; los gorilas del Pentágono apoyan los gobiernos de gorilas con uniforme militar, y los gorilas del Departamento de Estado promueven gobiernos de gorilas vestidos de civiles, y tienen allí adentro sus contradicciones, y esas contradicciones se manifiestan en los países de América Latina.” (Wikipedia)

Creo que hay que analizar lo de gorila como sinónimo unívoco de anti peronismo, porque ser gorila es una concepción político ideológica anterior al peronismo que se refiere al rechazo –también emocional y profundo- de los movimientos con sesgo nacional y popular. También incluye a los populismos latinoamericanos que son movimientos populares, herederos del movimiento independentista.

El 17 de octubre de 1945 nació el Peronismo y, simultáneamente, el anti peronismo, que fue –y es- fundamentalmente gorila. Si no, ¿cómo calificar a los que hablaron de “las patas en la fuente” (expresión que tomó Leónidas Lamborghini para título de un poema que vale la pena leer) para aludir a los que marcharon para reclamar al Coronel Perón? ¿Qué diferencia hay entre decir “aluvión zoológico” (Diputado nacional Ernesto Sammartino, Unión Cívica Radical, 1947) y “negros villeros de mierda” como se escucha en las marchas anti Gobierno? ¿No fueron gorilas también los civiles que acompañaron el golpe de septiembre de 1930, que sacó del poder al Presidente Hipólito Yrigoyen?

Hemos visto en las marchas de las que hablo arriba a personas que llevaban con orgullo caretas de gorila como símbolo de su rechazo al peronismo, pero, a mi modo de ver, esta denominación de “gorilas” tiene un sentido más descriptivo que despectivo.

De última, la “grieta” tiene que ver con esto, lo nuevo tal vez sea la radicalización de esta posición de derecha, que hoy es fascista, violenta, xenófoba, “anti negros”. Además, en esta posición se enancan todos/as los/las que quieren sacar ventaja de la enorme desigualdad del mundo, y, sobre todo, de América Latina: grupos corporativos con intereses en la explotación de un mundo insostenible e insustentable (en estos grupos los medios tienen un rol preponderante, al igual que parte de la justicia, pero una parte poderosa).

En el tema de Sarlo, se encuentran las dos situaciones que menciono: la ideológica, con toda su historia y variantes, y el uso que da la derecha corporativa y política, con su estrategia de medios de comunicación, lawfare y corrupción, de ese modo de ser y sentir de un sector de nuestra clase media urbana y alta (el sector agrícola ganadero, por ejemplo).

Sarlo pertenece a ese sector, a pesar de alguna militancia en la izquierda, ya que en 1968 tuvo una breve militancia política en el peronismo de la CGT de los Argentinos y luego ingresó al Partido Comunista Revolucionario.

Por eso en el título de la entrada hablo de “gorilismo políticamente correcto”. Es una intelectual reconocida, más allá de que se hayan agitado las aguas con el lío de la vacuna, y hayan aparecido críticas y recuerdos polémicos, como el de un desencuentro con David Viñas, pero sería de baja estofa revolver estas cosas que, como se dice, mientras más lo hacemos, más olor sale.

No es la primera intelectual anti peronista, (y de izquierda) ni mucho menos. Cortázar se reconoció como “un anti peronista blanco”, las anécdotas de Borges son muy conocidas, Marechal (nada menos) sufrió todo tipo de descalificaciones y aun persecuciones por su militancia peronista.

O sea que nada hay de nuevo en esto, y los movimientos del campo nacional, como el Peronismo, conocen desde hace mucho distintas manifestaciones de ese orden.

Lo que hace la diferencia es el uso que menciono arriba, que tampoco es nuevo: los golpes de Estado de 1930, 1955, 1976 fueron cívico militares, tanto por el apoyo, como por la participación directa de civiles en la preparación, ejecución y gestión de esos Gobiernos de facto, pero, cuando se cambia de estrategia, a partir de los 80, y aparece el “… golpe de Estado blando, golpe suave, golpe encubierto o golpe no tradicional” … “uso de un conjunto de técnicas no frontales y principalmente no violentas de carácter conspirativo, con el fin de desestabilizar a un gobierno y causar su caída, sin que parezca que ha sido consecuencia de la acción de otro poder” (Wikipedia), el gorilismo también se adapta a los tiempos.

Es cierto que es mejor que no te encarcelen, secuestren, fusilen o desaparezcan, pero también es cierto que la capacidad de fuego de quienes manejan esta estrategia, aunque más sutil, es mucho más poderosa.

La concentración de poder de estos grupos supranacionales es enorme: aprovecharon al máximo la globalización, la tecnología, los procesos pos “perestroika”, y todo lo que derivó de esa trasformación del mundo.

Mi objetivo es que se visualicen las causas y efectos de ese gorilismo, que no se lo magnifique (la difusión que ha tenido el tema Sarlo no es positiva), pero que se comprenda que no es neutro y que tiene implicancias importantes.

Hace poco se supo que Luis Majul en su programa explicó que él mismo visitó Comodoro Py e impulsó al fiscal Eduardo Taiano a citar y localizar a la intelectual para que ratificara o rectificara su denuncia mediática en sede judicial.

Ese es un procedimiento propio del lawfare, que también se usó en los golpes de Estado blandos que mencioné arriba.

Está claro que la declaración de Sarlo sobre que no había habido oferta por debajo de la mesa echó a perder la maniobra de Majul (¿hace falta que recuerde que este pseudo periodista forma parte del equipo que instaló La Nación+ para jugar un papel central en la estrategia de periodismo de guerra que ha elegido la oposición para tratar de volver al poder?)

No contaron que con que, Sarlo, intelectual aristocrática, tiene límites distintos de los de Patricia Bullrich, que no duda en presentarse en Formosa vestida de presa, para meterse en el tema local, y tratar de limar al Peronismo.

Por eso falló la maniobra, pero la intención de usar todo lo que esté a mano, incluida la Justicia, está presente, y lo seguirá estando.

Es cierto que es un recurso rastrero, indigno de llamarse político, pero nunca ha habido límites éticos en estas estrategias: así lograron echar a Dilma, con más rudeza a Evo, a Lugo, sacaron del juego político a Lula, por dar algún ejemplo.

SEAMOS CONSCIENTES, NO CAIGAMOS EN ESOS JUEGOS, QUE HAGAN POLÍTICA EN SERIO, QUE PRESENTEN ALTERNATIVAS.

ARGENTINA NECESITA UNA OPOSICIÓN QUE SIRVA PARA ALGO.

La tardía autocrítica de Sarlo: “No debí decir por debajo de la mesa”

https://www.pagina12.com.ar/328699-la-tardia-autocritica-de-sarlo-no-debi-decir-por-debajo-de-l

TENEMOS EL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO PARA COMBATIR LA PANDEMIA. ¿PODREMOS HACERLO?

TENEMOS EL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO PARA COMBATIR LA PANDEMIA. ¿PODREMOS HACERLO?

Yuval Noah Harari, historiador y filósofo israelí

La creencia en el libre albedrío es más peligrosa hoy que nunca antes

https://www.pagina12.com.ar/328117-la-creencia-en-el-libre-albedrio-es-mas-peligrosa-hoy-que-nu

En realidad, tenía pensado escribir sobre otro tema, pero me encontré con esta nota de Yuval Harari, del que ya he leído “21 lecciones para el siglo XXI”, y algún otro material.

Creo que en este autor se manifiesta claramente lo que pienso que es el Humanismo hoy: sigue siendo un sistema de pensamiento que pone en el primer plano de sus preocupaciones el desarrollo de las cualidades esenciales del ser humano, pero hoy atravesado por las transformaciones que la tecnología está incorporando a nuestras vidas.

Inmediatamente, me interesaron los conceptos que se enuncian en esta entrevista que le hizo Página 12 porque creo que en ella se sintetizan varias conclusiones claves para esta etapa pos pandemia.

La primera es bastante obvia: “La primera lección de la pandemia es que debemos invertir más en nuestros sistemas de salud pública”, pero lo que la hace relevante es lo que dice después: “Se han perdido muchas vidas debido a la incapacidad de los líderes mundiales para trabajar juntos. Ya ha transcurrido un año desde el comienzo de la crisis y, lamentablemente, todavía no tenemos un plan de acción mundial.”

Esta es una dura evaluación, pero la realidad la confirma, más allá de declaraciones políticamente correctas. Ahora bien, dice algo más: “Desafortunadamente, la forma en que hemos manejado la pandemia no inspira mucha confianza en que podamos manejar algo más complejo como el cambio climático o el aumento de la inteligencia artificial.”

Este es el hecho clave, porque no se refiere solo a lo que hicimos o dejamos de hacer, sino a los problemas agudos y terribles que amenazan la supervivencia de la humanidad. Creo, como Harari, que superaremos la mayor pandemia que ha sufrido la especie humana, pero los temas que menciona el autor requieren soluciones globales, organizadas y permanentes, y eso es lo que parece poco probable a la luz de la realidad.

No es un tema nuevo en mi blog; por ejemplo, https://www.miradasdesdemendoza.com.ar/2020/11/10/encontremos-en-la-utopia-de-un-mundo-sustentable-y-sostenible/, pero es necesario resaltar lo que plantea Harari, por el valor que tienen hoy sus aportes.

El autor cree que “tenemos el conocimiento científico para solucionar esta crisis, pero no la sabiduría política para hacerlo”. El tema es que la política concebida en la plenitud de sus posibilidades y efectos supone no solo tener sabiduría, sino tiene que ver con la capacidad y voluntad de construir el poder político necesario para poder modificar virtuosamente la realidad. En los problemas globales que mencionamos, esa construcción de poder supone que las naciones participen en organismos supranacionales que avalen e instrumenten los acuerdos formales que pondrán en marcha las medidas concretas que den solución a esta crítica situación. Es cierto que ya existen esos organismos, pero hasta ahora, no han desarrollado el poder político que hace falta.

Por eso, la advertencia de Harari suena real y terrible.

En relación con lo anterior, hay otro aporte del autor que me parece valioso, aunque no menos terrible:

“Si bien es común hablar del resurgimiento del nacionalismo, lo que estamos viendo en todo el mundo es el colapso de la solidaridad nacional y su sustitución por un tribalismo divisorio.” Personalmente, desde hace tiempo creo que se perciben retrocesos en muchas manifestaciones sociales: por ejemplo, nuestra clase media urbana sedienta de sangre de “negros villeros”, y capaz de ejercer la justicia por mano propia, aplicando la “Ley del Lynch” como en el lejano oeste americano del siglo XIX; o los libertarios que rechazan toda regulación del Estado y desprecian las políticas públicas que nuestra Nación concibió para su desarrollo y protección.

En ambas situaciones, y en otras varias, aparece el factor común del odio, incluso dentro de los mismos países, que impulsa a combatir y a destruir a ese enemigo que creen que los amenaza, aunque no sea así. Es cierto que no es tan casual: gobernantes como Trump y Bolsonaro empujaron –y empujan- a sus seguidores a mantener ese odio. En esto colaboran los medios de comunicación que los apoyan difundiendo noticias y conceptos que justifican esas actitudes violentas.

De todos modos, lo real y tremendo es que, en momentos en que es clave la unidad organizada de las sociedades nacionales e internacionales, se vaya en contra de lo que necesitamos para superar los problemas de la actualidad.

Harari ha insistido mucho en el tema de la Inteligencia Artificial (IA) y la automatización, no tanto por el riesgo de una invasión destructora de robots, sino por lo siguiente: “Hablo de una inteligencia artificial mucho más primitiva, que sin embargo es suficiente para alterar el equilibrio global”, sin embargo, cree que “podemos asegurarnos de que la inteligencia artificial sirva a todos los humanos, en lugar de a una pequeña élite. Por ejemplo, en lo que hace a cuestiones de vigilancia, en la actualidad los ingenieros están desarrollando herramientas de IA al servicio de los gobiernos y las empresas, para vigilar a los ciudadanos. Pero podemos desarrollar herramientas de IA que monitoreen a los gobiernos y a las corporaciones al servicio de los ciudadanos. Técnicamente, es muy fácil desarrollar una herramienta de IA que exponga la corrupción. Para un ciudadano individual, es imposible revisar todos los datos y descubrir qué políticos nombraron a sus familiares para trabajos lucrativos en el gobierno. Para una IA, eso tomaría dos segundos. Esto es algo que los ciudadanos pueden y deben exigir.”

Creo que son lecturas valiosas para lo que siempre planteo como objetivo: comprender la realidad en estas épocas en que conocer la verdad de lo que sucede es muy difícil, opacidad en la que colaboran ambos sectores políticos, aunque en bastante mayor grado la oposición macrista, que ya lleva varios años de práctica. Por ejemplo, hoy se difundió una fake que decía que Patricia Bullrich había ido a Formosa en el avión de Vicentín. Claro que era muy burda, más allá de todas las cosas reprochables que hace la ex Ministra de Seguridad de Macri, como declamar como defensora de los Derechos Humanos. Hoy en Formosa, discurseó disfrazada de presa, como ataque a Insfrán. Si una posible candidata a la Presidencia hace payasadas como esa, cuesta imaginar una propuesta política seria de la oposición

LEAMOS A HARARI Y A TODOS LOS QUE NOS AGREGUEN ELEMENTOS VÁLIDOS PARA EL ANÁLISIS DEL MUNDO EN QUE VIVIMOS.

SEGURO QUE NOS VA A SER ÚTIL.

A PROPÓSITO DE LA VACUNA Y LA POLÍTICA

A PROPÓSITO DE LA VACUNA Y LA POLÍTICA

Creo oportuna esta nota, aun cuando me parece que ya se va cerrando el tema, a pesar de que la oposición quiera seguir sacándole jugo al tema. Hoy, 27 de febrero, hubo una marcha anti Gobierno con consignas diversas –la mayoría insultantes-, y hasta con bolsas de muertos tiradas (luego colgadas para que no queden dudas) frente a la Casa de Gobierno con nombres de personas (como Estela de Carlotto, que tiene 90 años) que habían recibido, según ellos, vacunas que se privaron a otros, y que hicieron que muriera gente.

Este nivel de expresión política, tan bajo y sucio, bastaría para caracterizar a una buena parte de esa oposición, pero, en realidad, el sentido de la nota es otro. La escribo para quienes han creído en la necesidad de un cambio de un Gobierno neoliberal e ineficaz, por otro con un proyecto progresista que pueda recuperarnos de una situación límite en lo político, social y económico.

Por supuesto, me refiero fundamentalmente a compañeros/as, y a quienes queremos que este Gobierno no fracase, porque ese éxito nos beneficiaría a todos/as los/las argentinos/as, incluyendo a los que llevan pancartas en las que se lee “Gobierno de mierda” y cosas peores.

El otro día Julián Guarino en Recalculando entrevistó a Adolfo Rubinstein (ex secretario de Gobierno de Salud de Mauricio Macri) sobre el tema de los que se adelantaron en la fila para vacunarse, quien comenzó hablando de que “Tenemos un problema sistémico con la viveza criolla, el acomodo, las avivadas, que obviamente en un contexto diferente en general uno las subestima”.

Creo que esta referencia es necesaria porque es algo que vemos en muchos ámbitos de la vida y que, por supuesto, era probable –seguro, diría- que se iba a dar en este tema tan central hoy en Argentina.

Ahora bien, las noticias del mundo nos dicen que en muchos lugares han pasado cosas semejantes, con repercusiones diversas. Difícilmente sea un proceso tan complicado como el argentino. Por ejemplo, hubo una reestructuración en La Nación para instalarla como un nodo anti Gobierno. Ayer, de pasada, vi una mesa de un programa: Pagni, Sirvén, Majul, Feinmann y algún/a otro/a. Son parte del núcleo más duro del periodismo de guerra, que es la estrategia que ha asumido la oposición, tal vez porque no sepa hacer nada mejor.

Uno de los problemas de esta situación es que tenemos a un grupo mayoritario y poderoso de medios y periodistas (equipos de trolls y bots incluidos) enrolados en la campaña contra el Gobierno, sin sutilezas, sin problemas con difundir noticias falsas o medir las consecuencias negativas para la gente. Hay algún medio más cercano al Gobierno con otro tipo de noticias, pero es difícil encontrar información objetiva, no sesgada (no estoy diciendo sin referencia política), que nos permita tener una posición consistente frente la realidad cotidiana.

Por lo tanto, nos vemos enfrentados a esta situación de estas vacunaciones -en general no injustas porque se las hayan puesto a gente que no le correspondía, sino porque se adelantaron en la cola, cosa muy desagradable y descalificadora en estas circunstancias-, envueltos en opiniones, información, noticias, que no nos ayudan a comprender los hechos, que, por lo demás, ya van quedando atrás por su misma dinámica.

El 22 de febrero Juan Amorín en C5N (Conflicto de intereses) hizo un Editorial sobre el tema en el que, más allá del rechazo de lo que pasó (algo en lo que coincidimos todos/as), describe un estado de decepción y dolor profundo de los votantes del FdT. Supuse que Alejandro Bercovich (Brotes verdes) al día siguiente iría por la misma línea.

Así fue, y se me ocurre que tiene ver con su pertenencia ideológica de izquierda (aclaro que ambos, sobre todo Bercovich, son de muy buen nivel), aunque puede ser una visión prejuiciosa respecto de este progresismo. También pensé en cuál es el punto de equilibrio entre la necesaria crítica interna y la comprensión (algo básico en política) de quién gana y quién pierde con lo que hago.

Bercovich tenía como invitado a Juan Grabois, personaje interesante y complejo, y que es uno de los blancos preferidos del periodismo de guerra del que hablo más arriba.

En cierto momento, Bercovich quiso sumarlo a Grabois a sus reclamos, pero éste planteó diferencias, dentro del mismo rechazo a lo sucedido. No quiso sumarse al coro de indignados morales y abonar los planteos de la anti política, que sostiene que son todos iguales, y que deben irse, para poder ejecutar impunemente políticas en contra de las clases populares.

Esto es algo que no consideró el análisis de Bercovich, y que Grabois –como siempre- destacó: un principio esencial en la política es saber reconocer al enemigo. Por eso dijo que no se puede confundir a un Gobierno que destrozó la economía, que endeudó maliciosamente al país, que le regaló plata de los argentinos a Vicentín (estoy reversionando algunas cosas), y una larga lista de fechorías, con el actual que en el caso de la pandemia ha hecho las cosas bien, que está iniciando una campaña de vacunación con cada vez más vacunas, más allá del error puntual que permitió los adelantamientos en la fila para recibir la vacuna. Hay más logros, como errores, y cosas que faltan, pero basta como ejemplo.

Se opuso a la estrategia del “chivo expiatorio”, que sería Ginés González, porque no sirve, y porque el ex Ministro desarrolló una política sanitaria muy valiosa. Sin embargo, consideró que el pedido de renuncia fue acertado y pidió otras medidas, como que se publiquen listas con TODOS los vacunados del país, porque, si bien lo que tomó relevancia es esto, se ha vacunado en muchos lugares. Hay casos en que correspondía que fueran vacunados, ya sea por edad, por situación personal, u otras causas, pero que se conozcan y justifiquen.

También le pidió al Gobierno que este suceso tan rechazable no lo haga retroceder en las medidas que hay que tomar para defender a la sociedad de la especulación de algunos grupos empresarios dominantes que siguen ganando con el sacrificio de la gente.

Para cerrar: está claro que hay una oposición que quiere que este Gobierno fracase, y, si fuera posible, que se tenga que ir. José Pablo Feinmann en Página 12 de hoy dice: “El poder real está fuerte y en manos del macrismo”.

Y lo están usando con todo, sin ningún reparo, ni pudor, ni respeto.

Entonces, que aquellos que han apoyado a este proyecto de un Gobierno del campo popular y nacional no comprendan que allí está el enemigo, inclusive más que en esos sectores no muy grandes, pero llenos de odio, de nuestras clases medias urbanas como los que salieron hoy a manifestarse.

Creo, como Grabois, que la clase popular “no mastica vidrio”, como lo demostró en las elecciones, pero necesita de una militancia decidida, activa, con objetivos claros y significativos, para seguir derrotando a los que quieren instalar un Gobierno “de ricos para los ricos” (también lo dijo Grabois), así como de un Gobierno que se equivoque lo menos posible.

No conozco personalmente a Juan, pero sí a su padre, de larga militancia peronista, y debe de ser un factor importante para que se dé en aquél esta comprensión del sentido de la política, que no es otro que la construcción de poder para que en la sociedad se puedan hacer realidad las tres banderas del movimiento justicialista: Independencia Económica, Justicia Social y Soberanía Política.

HOY ESTE PROYECTO POLÍTICO EXIGE UN TRIUNFO ELECTORAL LO MÁS CONTUNDENTE POSIBLE Y EL ÉXITO DEL PLAN ECONÓMICO Y SOCIAL.

QUE CADA UNO HAGA LO QUE HAY HACER, DESDE EL LUGAR QUE LE TOQUE, PARA QUE ESTO SUCEDA.

LA PATRIA ESTÁ EN JUEGO, UNA VEZ MÁS.

ESTE ES EL GOBIERNO DEL FRENTE DE TODOS; SI LO VOTASTE, ES EL TUYO

ESTE ES EL GOBIERNO DEL FRENTE DE TODOS; SI LO VOTASTE, ES EL TUYO

Creí que había terminado la entrada, pero no encontraba el título. Eso es mala señal, significa que no está terminada, que algo está mal o falta.

De golpe recordé una frase de una obra de Casona, creo que en Prohibido suicidarse en primavera (lamentablemente es uno de los tantos libros que presté y no recuperé nunca). Allí un personaje le dice a otro que defendía las posturas que elegían el centro y no los extremos, que a los que van por la izquierda le tiran piedras los de la derecha, a los que van por la derecha le tiran piedras los de la izquierda, y a los que van por el centro le tiran piedras de los dos lados.

Esto vale.

También recordé que Perón siempre sostuvo que en un proyecto político hay que dar lugar a todos sin exigirles una univocidad ideológica, pero el que conduce lo hace desde el centro. Claro que, si no está Perón, no es tan fácil, pero en un Frente político vale la idea.

La nota de diciembre de Pepe Natanson plantea este tema clave, cada vez más:

¿Tiene posibilidades de éxito un gobierno de centro, en el marco del Frente de Todos?

El problema es que están apareciendo críticas de sectores cercanos o propios. Jorge Alemán –hace unos días- habló de Las críticas al Frente de Todos https://www.pagina12.com.ar/321028-las-criticas-al-frente-de-todos, diferenciándolas de la derecha o del “fuego amigo”, pero señaló –sin descalificarlas- que marcan diferencias que pueden debilitar al Gobierno o al proyecto político.

Dice Natanson: “. La entronización de Alberto como candidato peronista fue una apuesta a la apertura y la moderación, un giro al centro de Cristina con base en el argumento de que ella quizás lograría ganar las elecciones pero que gobernar se le haría cuesta arriba y que se imponía, por lo tanto, un nuevo contrato social, liderado por un dirigente capaz de dialogar con todos.”

Claro, pasaron los días y aparecieron las críticas de los que pensaban que el Frente de Todos era un camino para instalar un Gobierno que tomara medidas “kirchneristas”, y como no hace eso, según lo que creían que era su fin, empezaron a criticar más o menos desembozadamente.

El problema es que no era eso, era un Frente, gracias al cual la sociedad argentina tuvo la posibilidad de echar al nefasto Gobierno de Macri. No se votó al kirchnerismo: se votó a un Frente con un Presidente con otras características.

¿Eso quiere decir que las aspiraciones progresistas, tanto del kirchnerismo como de otros sectores o personas, deben quedar olvidadas?

Para nada, yo nunca fui kirchnerista, aunque lo apoyé y defendí cuando fue gobierno, pero soy peronista y en el pensamiento y doctrina de Perón encontré todo lo que necesité –y necesito- para buscar una sociedad mejor y más justa.

No es mi intención evaluar la gestión del Alberto justo en medio del río, y con tantos enemigos (sí, lo son) que intentan aprovechar cualquier error –real o aparente- para atacarla. No solo eso, en muchos casos son golpistas.

Por lo tanto, cuando leo a compañeros que reclaman otras medidas o actitud, que acusan al Gobierno de “blandito”, o de otras cosas, siento que, a pesar de sus declamaciones sobre su rol positivo en esta etapa tan decisiva para el país, están ayudando a esos enemigos y olvidando todo lo que costó que el Peronismo volviera al poder.

Hay que buscar canales para criticar lo que corresponda, pero no dar de comer a los que quieren que este Gobierno fracase y se tenga que ir.

Más allá los errores que haya cometido el Gobierno, ha enfrentado lo que Natanson llama “un año de fuego”, lo que no es una exageración, y necesita seguir siendo un Frente sólido –no unívoco- que es la única condición que permitirá seguir adelante.

En la nota de arriba Alemán propone algunas condiciones para resolver este conflicto. Sean esas u otras, es muy distinto de salir por los medios y las redes a descalificar medidas del Gobierno.

NO PODEMOS CONFUNDIRNOS DE ENEMIGO. QUIEREN QUE FRACASEMOS, Y CON ESO QUE FRACASE LA OPORTUNIDAD DE SUPERAR LAS INEQUIDADES E INEPTITUD DEL MACRISMO Y AVANZAR HACIA UN MUNDO MÁS JUSTO Y MENOS DESIGUAL.

Natanson cierra su nota así:

“Las sociedades prueban diferentes opciones y cuando comprueban que ninguna funciona pueden caer en la tentación de las opciones extremas. Los argentinos intentaron el kirchnerismo, después el macrismo y ahora este peronismo de centro: la alternativa puede ser un regreso al pasado reciente de la polarización y el conflicto, pero también el salto desesperado a un futuro trágico.”

ES REAL, NO SEAMOS INSENSATOS.

Las chances de la moderación

Por José Natanson

La pregunta por el gobierno de Alberto Fernández, sus éxitos y fracasos, es la pregunta por las posibilidades de la moderación política en Argentina.

Recapitulemos este año de fuego, volvamos al comienzo, a la foto de presentación en sociedad del gabinete albertista, reflejo a la vez del regreso del peronismo al poder en su novedoso formato de coalición, apuesta a un grupo de dirigentes sobrios y experimentados e implícitamente honestista. Primeras semanas: comienzo de la renegociación de la deuda, medidas de contención social, nuevo enfoque hacia América Latina, incipientes problemas de ensamblaje estatal y la espera táctica del momento adecuado para avanzar con la promesa de reformar la Justicia y despenalizar el aborto: más sensatez que sentimientos, hasta que la súbita irrupción del coronavirus dio comienzo al verdadero gobierno de Alberto.

El momento más duro de la pandemia fue también el más virtuoso del gobierno, el más, en cierto modo, nítido. La etapa Power Point: en línea con el viejo apotegma de Fernando Henrique Cardoso (“Gobernar es explicar”), Alberto desplegaba un discurso docente en el que le agradecía a la sociedad, de la que decía sentirse orgulloso, contrastando con la aspereza con la que tanto Cristina como Macri amonestaban a los argentinos, o a parte de ellos, por el egoísmo de quienes no quieren ceder sus privilegios (Cristina) o la supuesta propensión a los atajos y las avivadas (Macri). El protagonismo presidencial crecía conforme se apagaba la voz de los dos grandes referentes del pasado, en una regla que se verificaría en los meses posteriores: sube Alberto (y con él Horacio Rodríguez Larreta), bajan los líderes de la grieta. En el fondo, ni Macri ni Cristina tenían mucho para decir: Macri balbuceó algunas incoherencias hasta que partió a Francia, Cristina contribuyó con su silencio.

Durante estos meses, el gobierno parecía tener muy claro qué hacer (declarar la cuarentena, evitar el estallido social), cómo (reforzando el sistema de salud, instrumentando el Ingreso Familiar de Emergencia y la Asistencia al Trabajo y la Producción) y con quién (con los que gobiernan). Como suele suceder en los momentos altos, Alberto logró sintetizar su política en una consigna simple: la salud antes que la economía. Beneficiado por el “efecto estadista”, su imagen trepó al 60 por ciento. E introdujo novedades: la foto del 15 de marzo junto a Horacio Rodríguez Larreta (es decir el heredero de Macri) y Axel Kicillof (es decir el de Cristina) fue la gran noticia política en 2020, el gran invento de estos meses. Impensable bajo Macri o Cristina, permitió dotar de legitimidad a las medidas de confinamiento y producir un efecto tranquilizador sobre la sociedad en clave todos para uno/uno para todos: un té para tres que se repetiría en los meses siguientes. Juan José Becerra escribió en el Dipló. “A diferencia del dos, estructura connivencial que brinda por la memoria de los terceros excluidos, el número tres fractura la voluntad simplista de considerar que los fenómenos son blancos o negros, derechos o izquierdos, buenos o malos. El tercero es la cuña clavada en el maniqueísmo” (1).

Pero nada es para siempre. Igual que la cuarentena, esta etapa también se fue deshilachando. Como suele suceder con los gobiernos cuando descubren una fórmula que funciona, el actual también demoró demasiado en asumir la necesidad de un cambio, demasiado tiempo en acomodarse a la nueva realidad pos-pandémica. Con la distancia que da el tiempo es fácil decir que quizás lo mejor hubiera sido preservar la foto de los tres –la idea de unidad– pero cambiando el mensaje, aprovechándola para avanzar en una coordinación interjurisdiccional que trascienda lo estrictamente sanitario para sumar el transporte, la seguridad y el hábitat. Pero el sueño de un gobierno del AMBA se esfumó con la decisión oficial de recortar el porcentaje de coparticipación que recibe la Ciudad de Buenos Aires para reforzar la seguridad en la provincia de Buenos Aires, no tanto por la medida en sí, perfectamente justificable desde el punto de vista de la equidad fiscal, sino por el modo de anunciarla.

La nueva etapa encontró al gobierno atascado en el ruido agudo de sus engranajes chirriantes: el caso Vicentin fue el más notorio, pero los problemas de gestión se vieron también en el tortuoso camino seguido por el aporte de las grandes fortunas, la designación del procurador e incluso la carta de Cristina, que como la Biblia para los protestantes cada uno interpretó a su modo. Incluso la gestión de Martín Guzmán, la única capaz de concitar el consenso absoluto de la coalición, sufrió las sacudidas de los vientos internos y quedó a merced de las fuerzas del mercado, que aprovecharon la descoordinación para crear un breve “momento De la Rúa”, por suerte rápidamente superado.

Esta etapa temblorosa parece ir quedando atrás. El gobierno logró alejar el espectro de una devaluación brusca, que hubiera complicado cualquier posibilidad de recuperación socioeconómica en el corto plazo, con un nuevo enfoque de la política cambiaria y sobre todo con la decisión de fortalecer a Guzmán, confirmando una vez más una ley no escrita de la política argentina, ley que los presidentes –por motivos obvios– se niegan a reconocer, pero que se verifica una y otra vez: los superministros de Economía funcionan. Junto al reordenamiento de la economía alrededor de Guzmán comenzaron a desperezarse los ministerios con potencial reactivador (Obras Públicas y Vivienda, sobre todo) y se anunciaron dos medidas de orientación progresista: la decisión de legalizar el autocultivo de cannabis y el envío al Congreso del proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo.

Con estas jugadas, Alberto tiende un puente a marzo, el mes que el gobierno sitúa como el punto de inflexión hacia una nueva fase política, cuando las campañas de vacunación ya estén avanzadas, la circulación totalmente liberada, los dólares de la soja a 430 fortaleciendo las reservas y la economía comenzando a sentir la recuperación. Hay que pasar el verano.

Sin embargo, incluso si se cumplen los pronósticos oficiales y llegamos en paz a marzo, dos cuestiones estructurales asoman en el horizonte del gobierno. La primera, sobre la que viene insistiendo Pablo Touzon (2), es el riesgo de avanzar en la ampliación de libertades individuales (aborto, cannabis) y reformas institucionales complejas (Justicia), pero sin dar en la tecla de una agenda de transformación socioeconómica profunda y sostenible. Un gobierno de los corazones más que de las cosas.

La segunda cuestión es la que señalamos al comienzo de este editorial. La entronización de Alberto como candidato peronista fue una apuesta a la apertura y la moderación, un giro al centro de Cristina con base en el argumento de que ella quizás lograría ganar las elecciones pero que gobernar se le haría cuesta arriba y que se imponía, por lo tanto, un nuevo contrato social, liderado por un dirigente capaz de dialogar con todos. En su momento, siguiendo los análisis de Ignacio Ramírez, sostuvimos que había dos caminos posibles para la construcción de esta alternativa: de izquierda hacia el centro (desde el kirchnerismo al peronismo federal) y del centro hacia la izquierda (la fallida opción Lavagna). La paradoja –y la muestra del genio de Cristina– es que fue la líder de la facción izquierdista la que decidió la ampliación al centro.

A un año de la llegada de Alberto al gobierno, el interrogante que sigue pendiendo como una sombra oscura tiene menos que ver con su figura que con el país sobre el que ejerce su mando: ¿se puede gobernar Argentina desde el centro? ¿O hay una energía social centrífuga con poder gravitatorio que empuja a los gobiernos a los extremos, como fueron extremos, cada uno a su modo, los grandes líderes desde nuestra recuperación democrática, Alfonsín, Menem y los Kirchner? ¿Será que se necesita una voluntad hegemonista y una cierta desmesura personal para domar el potro de Argentina, y que Alberto, al que no le falta firmeza pero que es sensato y componedor, es demasiado normal, una solución uruguaya a los problemas argentinos?

Ojalá no sea así. De hecho, la performance del gobierno en las últimas semanas demuestra que el Presidente, luego de unos días agitándose como un junco al viento del dólar, dispone de reflejos para recuperarse. Quienes en su momento aplaudimos la opción del Frente de Todos como una forma de salir del empate esterilizante de la última década –una hipótesis del fin de la grieta– rezamos para que Alberto se afirme y termine de despegar. Entre otras cosas, porque lo que viene puede ser peor de lo que imaginamos. Veamos si no el mundo. Cuatro años atrás nadie pensaba seriamente que en la democracia más sólida del mundo un personaje como Donald Trump podría convertirse en candidato y menos aún en Presidente, y nadie pensaba tampoco que en el moderado e hiperinstitucional sistema político brasilero podía imponerse alguien como Bolsonaro; es más: casi nadie en Brasil sabía quién era Bolsonaro seis meses antes de convertirse en Presidente.

Las sociedades prueban diferentes opciones y cuando comprueban que ninguna funciona pueden caer en la tentación de las opciones extremas. Los argentinos intentaron el kirchnerismo, después el macrismo y ahora este peronismo de centro: la alternativa puede ser un regreso al pasado reciente de la polarización y el conflicto, pero también el salto desesperado a un futuro trágico.

1. Juan José Becerra, “Todos para uno”: www.eldiplo.org/notas-web/todos-para-uno/

2. Ver páginas 4 y 5 de esta edición.

MENDOZA NECESITA ELEGIBLES QUE SEAN “ELEGIDOS” DE VERDAD

MENDOZA NECESITA ELEGIBLES QUE SEAN “ELEGIDOS” DE VERDAD

La nota de opinión de abajo se publicó en el Diario Los Andes el 16 de enero de 2021.

Me parece una idea interesante esta reflexión en la que Lafalla relaciona la detestable invasión de los partidarios de Trump al Capitolio con la política en general, y, sobre todo, de Argentina.

Sería imposible no estar de acuerdo con sus conclusiones que, por lo demás, en muchos sentidos, ya pensábamos desde antes.

Es una opinión fundada ya que él fue parte de esa democracia liberal que abrazó el mundo porque creyó que era “el camino hacia un mejor futuro y sin lugar a dudas el líder de ese proceso eran los EEUU de América.”

Arturo fue un destacado político de la primera etapa de esa época en Mendoza: Vicegobernador de 1987 a 1991; Diputado nacional de 1993 a 1995 y Gobernador de 1995 a 1999. Wikipedia resume su actuación así: “Su mandato estuvo marcado por la privatización de numerosas empresas estatales, incluyendo el Banco de Mendoza, los recursos financiarían la construcción de la presa de Los Potrerillos (sic).”

Por lo tanto, fue uno de los “elegidos” como los llama, que son los que deben “Acordar en vez de confrontar hasta el hartazgo y por todo, innovar en vez de repetir prácticas fracasadas, revisar y reconocer errores en vez de insistir en los del otro, asumir y reconocer las dificultades en toda su dimensión en vez de tratar de generar expectativas imposibles de realizar sean tal vez alguno de los caminos a transitar.”

Tiene razón, pero el problema es que desde esa época –o antes- la calidad de los elegibles es cada vez peor. De hecho, Bordón, el primero de los Gobernadores justicialistas del retorno a la democracia, fue el único que he conocido que afrontó su mandato con un proyecto integral de desarrollo provincial. Fue el muy castigado –injustamente, porque no fue ese el problema- Libro Verde, en el que colaboré. Los logros de esa propuesta no estuvieron a la altura del proyecto.

En realidad, Mendoza no ha tenido –de ningún signo político- buenos gobiernos en este periodo de la democracia, tal como la realidad de nuestra Provincia lo demuestra.

Tampoco un paneo de los/las políticos/as mendocinos en actividad abre muchas esperanzas: un peronismo que viene acordando con el cornejismo, sin críticas a sus malos Gobiernos, conformándose con ser la segunda fuerza política y quedarse con los cargos “entrables” sin plantear un proyecto político que nos vuelva a posicionar como la cuarta Provincia argentina; un mendoradicalismo macrista cada vez más de derecha, sin un plan de transformación, con una estructura de democracia hereditaria.

No hay –salvo algunos saludables intentos de romper las hegemonías que menciono- discusión ni participación. Encontramos los mismos nombres que vimos desde los ’90 en adelante. El peronismo de Guaymallén es buen ejemplo de esto. Los jóvenes no tienen lugar ni hay espacios de debate reales. Espero que las elecciones partidarias permitan visualizar alguna luz.

No es fácil que estos elegidos, si lo fueran, cumplan lo que el Arturo solicita.

No es un comentario esperanzado el mío, y siento tristeza, después de más cuarenta años de militancia política.

Espero que surjan esos líderes que Mendoza necesita: estamos llenos de posibilidades de todo tipo: recursos naturales, humanos, tecnológicos.

FALTA QUE HAYA ELEGIBLES QUE SEAN BUENOS ELEGIDOS

Los hechos del Capitolio y los argentinos

Arturo Lafalla, ex gobernador de Mendoza

https://www.losandes.com.ar/opinion/los-hechos-del-capitolio-y-los-argentinos-2/

Un ataque a la democracia

Lo acontecido en el Capitolio de EEUU ha merecido el repudio de todos los dirigentes de occidente, coincidiendo en general en señalar el ataque que significan a las democracias liberales que hoy imperan en occidente. Han puesto claramente del otro lado a Rusia y China las dos potencias con regímenes no democráticos que hoy inciden en el mundo.

Tendría poco para aportar a lo dicho por tantos y reconocidos líderes mundiales, coincidiendo por cierto en que esos hechos fueron un ataque a la democracia, pero si pretendo aportar alguna reflexión sobre nosotros en este tema.

La ilusión de Alfonsín

Suena aún en los oídos de los mayores aquella contundente afirmación del Alfonsín en el no tan lejano 1983: ¡¡Con la democracia se come, con la democracia se cura, con la democracia se educa!!

Muchos entre los que me cuento quisimos creer que era cierto.

Casi cuatro décadas después podemos afirmar que, con democracia, con esta democracia que supimos conseguir, no todos comen, no todos se educan y no todos se curan. Son más, son muchos, demasiados, los que no reciben en la medida de sus expectativas y de nuestras potencialidades esos bienes sustanciales a la condición humana en el siglo XXI.

El mundo luego de la caída del muro de Berlín creyó encontrar en la democracia liberal el camino hacia un mejor futuro y sin lugar a dudas el líder de ese proceso eran los EEUU de América.

¿Qué le paso al maestro de la democracia? ¿Será como dice Hillary Clinton que los arrolló la “supremacía blanca” que impulso Trump? ¿O hay más insatisfacciones en los votantes, millones, por cierto, del desdeñable Trump?

¿Qué paso en Brasil que votaron y votan muchos aún a Bolsonaro, que no es precisamente un líder de la llamada democracia liberal?

Una persona un voto, parece que no alcanzó para las expectativas de todas esas personas que también somos nosotros.

Algunos afirman que la desigualdad ha secuestrado a la democracia. Los gobernantes democráticos se han limitado a respetar las libertades mientras que la búsqueda de la igualdad ha desaparecido de sus realizaciones. Cada vez más libres, pero cada vez más desiguales.

No falló la democracia

Es el momento de recordar lo obvio, que esta democracia de la que hablamos es la llamada representativa, la persona con su voto no decide que hacer, sino quien lo va a hacer por un determinado período.

La insatisfacción se me ocurre no es entonces con la democracia sino con lo que hicimos aquellos que fuimos elegidos, con los resultados de las distintas gestiones. Y ello a mi juicio está lamentablemente a la vista: un país con escandalosos índices de población bajo el nivel de pobreza, inflación record en el mundo, estancamiento por décadas, dos o tres defaults en este período de la novel democracia y la lista continua.

¿Quién podría afirmar que esta es una dirigencia exitosa, que cumplió con las expectativas de sus votantes? ¿Cuantos argentinos de arrepintieron de haber votado a tal o cual en estos 37 años?

¿Quién puede negar que en este mismo tiempo apareció una pléyade de políticos perpetuados en la actividad que mejoraron sustancialmente su nivel de vida con la actividad política?

Con esta realidad no me parece que los que tengan que reflexionar sean los votantes, sino más bien los votados.

Hora de reaccionar

Hora de reaccionar. Cuando oigas sonar campanas no preguntes por quien tañen, suenan también por ti. Lo del Capitolio es un aviso, sería bueno que lo escucháramos sin simplificar la realidad que por cierto es muy compleja. Pero me caben muy pocas dudas que la principal responsabilidad está en la dirigencia toda, y en especial en la política, la que no puede seguir haciendo lo mismo que hace 37 años, porque a la mayoría de este país pese a ese gran logro que fue recuperar la democracia en este tiempo le ha ido y le va mal.

Las próximas elecciones no son la única solución. La solución la tienen que gestar los elegidos. No podemos seguir haciendo lo mismo porque no nos fue bien.

Acordar en vez de confrontar hasta el hartazgo y por todo, innovar en vez de repetir prácticas fracasadas, revisar y reconocer errores en vez de insistir en los del otro, asumir y reconocer las dificultades en toda su dimensión en vez de tratar de generar expectativas imposibles de realizar sean tal vez alguno de los caminos a transitar.

Es probable que con eso no se ganen elecciones, pero hoy los ciudadanos de a pie de este querido país necesitan resultados y no solo ser espectadores de triunfos electorales que únicamente satisfacen a los elegidos.