LOS DIEZ GRAVES INDICADORES DE LA DEUDA SOCIAL EN MENDOZA

LOS DIEZ GRAVES INDICADORES DE LA DEUDA SOCIAL EN MENDOZA

Son muy impactantes los datos que recopila la nota de Bustelo, así que decidí elaborar una entrada con ella, a pesar de no compartir las descalificaciones que contiene.

No es que no crea que la clase política no tiene muchas deficiencias, aunque mi análisis de estas difiera con las que han buscado instalar los medios –la mayoría- que han colaborado en la instalación de los Gobiernos neoliberales, aquí, y en muchos lugares, sobre todo en América desde el Río Grande hacia abajo (lo que no es casual).

Ayer Cristina, en su discurso público –sus apariciones siempre ponen cosas patas arriba- dijo algo que comparto:

“En el mundo de la anti política, los políticos “son todos iguales”. Bueno no. No son todos iguales. No somos todos iguales.”

Más allá de todos los encendidos e indignados comentarios que puedan disparar estas palabras en una parte de nuestra clase media urbana, quiero destacar la ineficacia de ese concepto de igualdad. Si son todos iguales -malos, buenos o regulares-, eso no nos sirve para saber a qué atenernos y diferenciar a quienes nos gobiernan o podrían hacerlo. En realidad, solo le sirve al capitalismo neoliberal y sus seguidores y/o secuaces para que la gente desprecie a la política y a los/las políticos/as, y les deje el campo libre para que hagan lo que quieren, que siempre perjudica a la mayoría de la sociedad, sobre todo a los/las más vulnerables, como lo han realizado en Chile, Perú, Argentina (la lista no termina).

Hay que analizar la información, no comprar siempre en el mismo medio, porque, si no, somos presa fácil para los que quieren engañarnos. Ver qué hacen, qué no hacen, qué dicen, qué no, y tener memoria. Después, decidir en función de eso, que no sea lo mismo ser bueno o malo.

Con eso, la política va a ser mejor, seguramente.

También estoy de acuerdo con otro comentario de Cristina:

“Hay que dejar la vacuna y la pandemia afuera de la disputa política”.

Por más obvio que sea, es real, si vemos cómo se ha manejado la oposición respecto de la política del Gobierno con la pandemia: cuarentena, vacunas (antes la vacuna rusa no, que envenena, ahora, faltan vacunas), creo que sería bueno –pero difícil que pase- que se tomara conciencia de que, en un tema de salud pública tan grave como este, hace falta una actitud política más solidaria y patriótica en serio.

Tampoco comparto la descalificación de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo, una institución con una larga trayectoria de trabajo académico y de investigación de calidad. Incluso suena extraño y sesgado el comentario.

Escrito esto, como dicen ahora en los medios, vuelvo a resaltar la importancia de conocer estos datos tremendos. Aquí sí coincido con Bustelo, en la responsabilidad del peronismo y la UCR mendocinos, porque esta decadencia comenzó hace bastante, es más, diría que ambos espacios políticos le deben a Mendoza un buen Gobierno, que no le han sabido dar desde la vuelta a la democracia, más allá de los aciertos de cada uno de ellos (estaría bueno un estudio lo más objetivo posible sobre esta etapa).

Los datos hablan por sí solos: hoy Mendoza es la provincia más pobre de Cuyo. Quienes hemos vivido lo suficiente para ello, sabemos lo que fue antes: la provincia más importante del oeste argentino.

La conciencia de esta situación tiene que llevarnos a cambiar de actitud: hemos pasado de nuestro conservadurismo de siempre a acercarnos a un fascismo de derecha que vota en contra de todo lo que le suene a peronista (o populista, como le han metido en la cabeza que es el demonio hecho política), y no repare en votar cualquier medida, aunque lo perjudique, o a cualquier candidato, aunque no tenga trayectoria ni hechos que lo justifiquen.

SERÍA SALUDABLE PARA MENDOZA QUE CAMBIÁRAMOS ESTA MANERA DE ANALIZAR LA REALIDAD. LOS DATOS DE ESTA NOTA DEMUESTRAN QUE ESTAMOS MUY MAL ,Y VAMOS PEOR.

https://www.losandes.com.ar/sociedad/los-diez-graves-indicadores-de-la-deuda-social-en-mendoza/

Gastón Bustelo

DOMINGO, 13 DE JUNIO DE 2021

Siempre es bueno tener indicadores a mano para saber en qué hay que mejorar, sobre todo en materia social; algo que, por lo general, los legisladores (nacionales y provinciales), así como la mayoría de los funcionarios, intendentes y concejales, no tienen muy en cuenta o vergonzosamente los desconocen.

La deuda social, un concepto acuñado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina que depende de la Universidad Católica Argentina (UCA), sirve para explicar el déficit que tenemos como sociedad. Esa institución comenzó a trabajar en distintos indicadores sociales desde 2001 y avanzó en la definición teórica de deuda social. Tomamos su idea en esta nota para reflejar lo que sucede en nuestra provincia. Aquí tenemos a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo, que no hace nada parecido: están en otra cosa. Al igual que los legisladores nacionales y provinciales, que están tuiteando, pero nunca van a escribir un tuit con alguno de estos datos, porque los desconocen. Y es sobre estos datos sobre lo que deberíamos estar discutiendo también, más allá de la pandemia. Mendoza viene con serios problemas desde hace varios años y en esto están los dos partidos mayoritarios de la provincia y sus respectivas gestiones involucradas, e incluyo también lo que han hecho o dejado de hacer los legisladores nacionales y provinciales. Ellos actúan como si su gestión no fuera evaluada por estos indicadores, pero sepan que son responsables también de lo que pasa en la provincia, con la realidad que tenemos.

El listado que publicamos en esta nota está realizado con datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), de la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económica dependiente del Ministerio de Economía y Energía de Mendoza y del Observatorio de la UCA.

Los datos también permiten definir políticas para atacar los problemas de los más necesitados y, además, saber si esas acciones han tenido algún resultado concreto, es decir si se mejoró o no el indicador que se eligió mejorar. Aquí van los números.

60,8% de pobreza infantil, según la medición de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec correspondiente al segundo semestre de 2020. Es un muy mal indicador, porque pone a Mendoza en el ránking de las 10 provincias con mayor cantidad de niños pobres y con un número que la catapulta al primer puesto en Cuyo. Esto implica que tiene un porcentaje de pobreza infantil de 5 puntos más altos que San Luis (55,1%) y casi 10 puntos arriba de San Juan (51,0%). En 2019, la pobreza infantil llegaba al 55,8% y había 127.396 niños en esa situación, así que se suma.

44% de pobreza en el Gran Mendoza, según la Encuesta Permanente de Hogares del Indec, correspondiente al segundo semestre del 2020. El porcentaje de 2019, también en el segundo semestre, era del 38,6%; del 30,7% en 2018, del 26,4% en 2017 y del 33,5% en 2016. Como vemos, la pobreza no deja de subir desde 2018. Hoy hay 451.644 personas pobres en Mendoza, 58.361 personas más que en 2019, cuando había 393.283 pobres. Y hay más de 200.000 personas más que en 2017, cuando el número llegaba a 248.905 personas.

En este indicador tampoco estamos bien con relación a las provincias de Cuyo. Según la medición de 2020, tenemos casi 4 puntos más que el Gran San Luis (40,6) y casi 10 puntos más que el Gran San Juan (34,8%). Y, además, estamos entre las cuatro provincias del país con más pobres.

42,4% de pobreza en toda la provincia de Mendoza, según datos de la Encuesta de Condiciones de Vida de la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE), correspondiente a 2020. Para la repartición que depende del Ministerio de Economía y Energía, el porcentaje casi no subió a pesar de la pandemia, ya que en 2019 el número de pobreza era del 42,1%. En 2018, la pobreza era del 36,2%; en el 2017, del 27,1% y en 2016, del 35,3%, para toda la provincia según la DEIE.

36,7% es la pobreza multidimensional en Mendoza, según el Observatorio de la Deuda Social Argentina sede Mendoza dependiente de la Universidad Católica Argentina (UCA), son 456.573 personas en la medición para 2020. Desde el Observatorio explican que la medición de la pobreza multidimensional surge de vincular las dimensiones de justo bienestar y derechos sociales, a través de una matriz que describe diferentes tipos y grados de privaciones y de desigualdad social. Así es como se definen cuatro categorías: los que no son pobres por ingresos, pero presentan carencias en dimensiones de derechos; los que tienen ingresos por debajo de la línea de pobreza y no presentan dimensiones con carencia en derechos sociales y económicos; los que no son pobres por ingresos, pero presentan una o más dimensiones de derechos vulnerados. La cuarta es la de la pobreza multidimensional, que en Mendoza llega al 36,7% de la población: son pobres por ingresos y presentan una o dos carencias de derechos.

12,4% es la pobreza estructural en Mendoza, según el Observatorio de la Deuda Social Argentina, sede Mendoza de la UCA, para la medición 2020. Esto representa a 154.264 personas y es otra de las categorías de pobreza que determina el Observatorio. Es el porcentaje de pobreza que se va consolidando y que cuesta bajar.

26,1%, con inseguridad alimentaria. Son 324.702 personas que pasan hambre y disminuyeron involuntariamente la cantidad de veces que comen en los últimos 12 meses, según el Observatorio de la Deuda Social Argentina, sede Mendoza de la UCA. También tienen problemas para acceder a la salud y a medicamentos.

31,9%, no tienen ingresos por empleo registrado ni por jubilación o pensiones contributivas en Mendoza. Son los trabajadores informales o que realizan changas y llegan a unas 396.858 personas, según el Observatorio de la Deuda Social Argentina sede Mendoza de la UCA.

13,3%, no asiste a instituciones educativas o tienen rezago educativo, según el Observatorio de la Deuda Social Argentina, sede Mendoza de la UCA. En el hogar hay por lo menos un niño o adolescente de entre 4 y 17 años de edad que no asiste a la escuela, o algún adulto de 18 años sin secundario ni asistencia. Esto implica que unas 165.461 personas están alejadas de la educación y será mucho más difícil que puedan tener un empleo de calidad o lograr ingresos como para no caer en la pobreza o en la indigencia, ellos y su familia.

18% (223.932 personas) tienen problemas con su vivienda, ya sea porque es inadecuada en su tipo o materiales, o tiene déficit en el servicio sanitario o falta de espacio según el Observatorio de la Deuda Social Argentina, sede Mendoza de la UCA. Es decir que padecen hacinamiento (residen más de tres personas por cuarto) y habitan en casillas o ranchos. Los problemas de vivienda se agravaron durante la pandemia, además, porque también bajó el ritmo de construcción del Instituto Provincial de la Vivienda. En 2019 se terminaron 2.078 viviendas. que es el ritmo promedio en Mendoza, pero en 2020 cayó a 844.

Caraduras

Aquí están los datos que reflejan bastante lo que sucede con la realidad social de Mendoza. Veremos si empresarios, políticos, académicos y demás instituciones comienzan a realizar acciones concretas para solucionar una realidad que cada vez será peor. Es increíble, pero las personas que se ponen un comedor social o un merendero generalmente no tienen recursos, pero entienden que algo deben hacer para ayudar, y están haciendo más por la gente con necesidades urgentes que los legisladores nacionales y provinciales. Esto representa un desastre de la dirigencia política que tiene Mendoza: los muestra como son y en algún punto explica por qué la provincia está como está.

EL LECTOR DE JULIO VERNE, POR ADOLFO ARIZA. EPISODIOS DE UNA GUERRA INTERMINABLE.

EL LECTOR DE JULIO VERNE, POR ADOLFO ARIZA. EPISODIOS DE UNA GUERRA INTERMINABLE.

Una vez más, mi hija –cuánto estamos compartiendo por los libros- me prestó una novela: El lector de Julio Verne – Episodios de una guerra interminable, de Almudena Grandes (Madrid, 1960): Es una escritora famosa, con proyección internacional, premiada, con obras que han sido llevadas al cine.

Su lectura me ha dejado pensativo.

¿Por qué?

Porque con esta novela ha pasado algo no tan común en mí: me he sentido muy inmerso en la acción, y como es una narración de hechos duros, que sucedieron –de una manera u otra- en esa terrible etapa de la vida española, he sufrido con el dolor de ese pueblo, tan cercano a nosotros.

Nunca busco materiales de soporte antes de leer una novela, prefiero una lectura más ingenua, dentro de lo que me permite mi especialización en literatura, y, cuando comencé a buscar bibliografía, tuve alguna sorpresa, porque encontré bastante y buena información.

Por lo tanto, intentaré algo distinto: un análisis en el que lo literario sea, sobre todo, lo que esa lectura despertó en mí, desde mi vida e historia.

El lector de Julio Verne, publicada en 2012, es la segunda novela de la saga Episodios de una guerra interminable (me entró una duda: ¿saga o serie? Es un tema discutible, pero lo dejo ahí, no tiene mucha importancia, al final).

Son seis novelas independientes que narran periodos de la resistencia antifranquista entre 1939 y 1964; concretamente, el llamado Trienio de Terror –por la represión feroz del primer franquismo contra los vencidos en la guerra civil española- entre 1947 y 1949. Sin embargo, la historia llega hasta 1977 (cuarta parte).

Los personajes principales se mezclan e interactúan con figuras reales y escenarios históricos. Al final, el aprendizaje de Nino lo lleva de la lectura de las quince novelas de Julio Verne a los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós. Así lo cuenta en el final de la novela:

“Solo entonces entendí, entonces comprendí que estaba viviendo en otro libro, El diecinueve de marzo y el dos de mayo, aquella guerra sucia de civiles mal armados y mamelucos a caballo…”

El diecinueve de marzo y el dos de mayo es uno de los Episodios Nacionales, de 1873, y es un paso definitivo en el camino a la adultez de Nino, desarrollado en un ambiente lleno de miedo, sufrimiento, y del esfuerzo de unas familias por sobrevivir ante el terror impuesto por el franquismo.

El lector de Julio Verne es una novela de aprendizaje.

Este es un sub género muy antiguo, tanto que fue acuñado en 1819 como Bildungsroman, y se considera como su inicio a Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister (1795/1796) de Wolfgang Goethe.

El que realiza ese proceso es Nino, un niño bajito (canijo para la gente de Fuensanta de Martos (nombre real de un pueblo de la Sierra Sur de Jaén de Andalucía, pero del que la autora dice “es una invención mía”)) e indeciso, que acaba convirtiéndose en alguien dispuesto a luchar por la vida que descubre como valiosa, distinta de la “mierda” en que vivían él y sus padres, como la describe más de una vez.

Nino es un personaje de ficción (inspirado en Cristino, un amigo de Almudena Grandes) del que no conocemos su futuro, al igual que él, porque parece predestinado a ser guardia civil como su padre, a pesar de su corta estatura.

Sin embargo, aparece la figura de Pepe el Portugués, un guerrillero clandestino de la Sierra Sur que se transforma en modelo para Nino que quiere ser como él, no guardia civil ni empleado administrativo, que era el trabajo alternativo que querían sus padres. A través de su amistad y de los libros (que siempre le atrajeron) descubre la verdad de los hechos de su patria, del mundo y de la vida.

El otro modelo que define su aprendizaje es doña Elena, una maestra retirada, que vive en un cortijo en el monte donde tiene una biblioteca pequeña y clandestina. Ella también apoya los guerrilleros que luchan contra la tiranía franquista, y se transforma en su mentora en su aprendizaje de vida. Fue la profesora que enseñó a Nino a escribir a máquina, pero al mismo tiempo le explicó cómo es la vida y la historia y cómo pensar de manera independiente.

La razón fundamental del impacto que causó en mí El lector de Julio Verne es que me sentí muy identificado con Nino y su historia. Mi viejo me enseñó a leer antes de entrar a la escuela primaria, y desde entonces el mundo de los libros fue un espacio central en mi vida. No solo libros, también revistas (Patoruzú (querido Blotta), Rico Tipo), historietas (bah, comics): Lindor Covas El Cimarrón, Flash y tantas otras. Como tuve algunos problemas de salud cuando niño, no podía salir a calle como mis amigos lasherinos, y leí, leí mucho. Leí a Verne, como Nino, pero no tanto, también Salgari (los bravos Tigres de Mompracem), Enid Blyton (Series Aventura y Misterio), Luisa May Alcott .

Larga sería la lista. Y creo que llegué a ser profesor y Licenciado en Literatura por los libros, más que nada, porque nunca tuve mayor interés por la docencia, sino que se dio por añadidura y fue muy bueno.

Estas y muchas otras fueron mis ventanas a vidas diferentes. Como Nino, los libros fueron parte de mi aprendizaje de la vida, y lo siguen siendo.

No solo fue Verne el que marcó el camino de Nino. Cuando la etapa de vida en la casa cuartel con sus padres y otros Guardias Civiles llega a su clímax, sumergido entre ese mundo que lo abrumaba (recordemos que de noche le llegaban los ruidos y gritos de los castigos a los prisioneros) y la vida en el monte con Pepe el Portugués, que era la libertad para él, y las clases con Doña Elena en las que entreveía otro mundo, aparecen los libros como el puente hacia su destino.

Nino fue obligado por Michelín (apodo del Teniente de la Guardia Civil que los comandaba) a llevar un mensaje a su padre y a otro guardia que estaban acechando a los maquis rebeldes que querían bajar del monte e irse de esa región. En ese camino en medio de la noche hacen eclosión todas las dudas existenciales de Nino, y la vía es otro libro, ahora de Robert Louis Stevenson, La isla del tesoro:

“Jim Hawkins rescató la Hispaniola sin la ayuda de nadie, me recordé a mí mismo cuando perdí de vista la casa cuartel. Él solo se subió al barco, se enfrentó con un par de marineros traidores, los venció, y pilotó la goleta hasta ponerla a salvo. Ya eran más de las once y en las calles de mi pueblo no había nadie, pero las tabernas estarían abiertas y por si acaso, las fui esquivando una por una. Eso hizo Jim Hawkins en una isla repleta de piratas violentos, asesinos armados hasta los dientes, y las farolas se apagaron de golpe, todas a la vez, antes de que dejara atrás las últimas casas. Y si él solo hizo todo eso, no se me había ocurrido coger una linterna pero había luna, ¿no voy a ser capaz yo de llegar al cruce?, y conocía tan bien aquel camino que podría haberlo hecho con los ojos vendados, ivenga ya, hombre … !

Pero en ese momento, antes de terminar de pensar que en el fondo había sido una suerte que doña Elena no tuviera más que quince novelas de Julio Veme y no sus Obras Completas, porque de lo contrario quizás no hubiera llegado a leer a Stevenson a tiempo, me di cuenta de que lo que estaba viviendo no pasaba en un libro, sino en la realidad, una noche de abril de 1949, España, Andalucía, la provincia de Jaén, un pueblo llamado Fuensanta de Martas, una sierra ocupada por la guerrilla y sus hombres en marcha, armados, dispersos, avanzando sigilosamente en grupos de dos, de tres, por una ruta que apenas ellos mismos conocían. Sólo entonces lo entendí, entonces comprendí que estaba viviendo en otro libro, El diecinueve de marzo y el dos de mayo, aquella guerra sucia de civiles mal armados y mamelucos a caballo, y eché a correr sin pensar en nada.”

No suelo poner citas tan largas, pero en ella está sintetizada toda la obra, ese es el aprendizaje de Nino. Su vida será distinta de ahora en adelante.

Almudena Grandes logra plantear esta “guerra interminable” de excelente manera: a través de un niño vemos toda la barbarie que instaló la dictadura franquista y a un pueblo que, además de la miseria y la intemperie, tuvo que sobrevivir heroicamente al miedo, a la tortura y a la permanente amenaza de muerte. Aunque aparenta apoyar a los republicanos derrotados, no hace una lectura ideológica de lo que vivió España, sino humana, reconociendo que los mismos instrumentos de la represión, los Guardias Civiles, son también víctimas de esa guerra porque son gente humilde de pueblo, que llegó en muchos casos a esa situación buscando un medio de vida en una España empobrecida o por temor a ser considerados “rojos”, o sea comunistas. Rescata el dolor de esas vidas que deben cumplir con su deber so pena de ser ellos mismos castigados. Es la situación del padre de Nino que, al final, debe tomar una decisión.

Hablando de su sueldo, dice:

“-Y por una puta mierda… ¿vamos a dejar dos viudas y siete huérfanos, ahora que lo único que quieren es marcharse?

Por mí que se vayan y que les vaya bien, que lleguen muy lejos y que no vuelvan.

-Y a ver si algún día podemos volver a vivir como personas.

-Todos

-Sí, ellos y nosotros.”

Eran guerrilleros que bajaban del monte para escapar a Francia y esta cita muestra, sin artificios, ni ideología, cómo vivieron los españoles esa dura etapa de su historia, esa “guerra interminable”.

Esta no es una figura literaria. Recordemos que recién el 24 de octubre de 2019 se pudo concretar la exhumación del cadáver de Francisco Franco del Valle de los Caídos y cambiarlo de lugar en medio de una fuerte polémica política y judicial.

La novela es un cuadro vivo, palpitante de la vida de España, y la he leído con gusto, aunque con dolor, por tanto sufrimiento.

Habría mucho más para comentar: las costumbres populares, como la de los apodos, (Comerrelojes, el Portugués, Cencerro, Cabezalarga, Mediamujer); la situación de la mujer; el paisaje (contraposición entre la Andalucía interior (la sierra sur de Jaén) / y la Andalucía costera); la amistad y el amor.

También merecería un buen análisis la estructura narrativa y los recursos que usa la escritora, que son tan ricos como el contenido y los personajes que intenté describir más arriba.

No es fácil comentar brevemente una obra tan rica como esta novela, leerla es como abrir una caja mágica de la que salen paisajes, personajes, música, ideas.

Pero así son todos los libros, de última.

Este un poco más todavía.

LÉANLO.