HAY UN NIÑO EN LA CALLE…, Y MUCHOS/AS LO ODIAN

HAY UN NIÑO EN LA CALLE…, Y MUCHOS/AS LO ODIAN

 

Esta mañana puse algo de la música que tengo en mp3 y sonó un tema que he escuchado muchísimas veces: la versión de Hay un niño en la calle de Armando Tejada Gómez de la Negra Sosa y René Pérez (Calle 13). Para mí es un tema de culto por el contenido, los cantantes, la música, todo…, y volví a escucharlo con la misma emoción y sentimientos de siempre.

Un rato después abro el Diario Los Andes y me encuentro con esta Nota de Opinión de José Niemetz, el alvearense autor de Tú eres para mí, la novela que recibió el Premio que se menciona, y quedó claro lo que tenía que publicar en este blog.

Queda para otra entrada el tema de cómo un sector de nuestra clase media urbana (en el que incluyo, con mucho dolor, amigos/as, parientes, gente relevante) ha llegado a ese nivel de odio por los pobres, niños/as incluidos.

Creo que no es menor el peso de las redes sociales en el desarrollo de este relato que desprecia y descalifica a los frutos inculpables de los procesos de exclusión que se originaron el en siglo XX. En ese ámbito aparecen personajes con mensajes indignos de la condición humana, mucho menos de los espacios religiosos en los que se inscriben muchos/as. Por supuesto, destaco los mensajes que han surgido sobre las comunidades aborígenes, desde antes de los hechos actuales de Bolivia. Son vergonzosos, más en una clase media que uno conoció distinta. Nací en Las Heras, y mis vecinos y amigos eran humildes, o apenas clase media sin auto, televisor ni celular.

¿Para eso mejoramos nuestro nivel adquisitivo?

ESPERO QUE LOS JÓVENES, SOBRE TODO LAS MUJERES, QUE HAN DEMOSTRADO QUE QUIEREN UNA SOCIEDAD DISTINTA, AVANCEN EN LA CONSTRUCCIÓN DE ÁMBITOS SOCIALES FRATERNOS, CON UNA OPCIÓN PREFERENCIAL POR LOS POBRES, COMO LO PIDIERON LOS DOCUMENTOS DE PUEBLA Y MEDELLÍN.

 

Brian Gallo (o la banalidad del mal)

Por José Niemtez – Escritor. Premio Novela Clarín 2018

https://www.losandes.com.ar/article/view?slug=brian-gallo-o-la-banalidad-del-mal-por-jose-niemtez

 

“No hay pensamientos peligrosos; el pensamiento es lo peligroso” (Hanna Arendt)

Afirmemos esto como para iniciar la nota: quien publicó en las redes la foto de Brian Gallo con su gorra volteada y su equipo de gimnasia, no está loco ni es un perverso, ni un monstruo, ni siquiera es (necesariamente) una “mala” persona. Afirmo esto no sólo sobre quien realizó esa publicación espantosamente racista sino, además, sobre los cientos y cientos que la replicaron acordando en su contenido. Uno de ellos (una tal ‘Pilistar’) escribió: “Como con la pala no hay caso, los pibes chimbas nos curran con las elecciones”.  Miré el perfil de esta persona “Pilistar” y me encontré con una activa militancia pañuelo celeste, “pro-vida”, las “dos vidas”, contra extranjeros en hospitales y universidades argentinas y, claro, contra los “villeros”. Vi que el tópico de la “pala” destinada a los pobres (no a los como ella) se repetía en varias publicaciones. Vi la calificación “choriplaneros”, “negros de mierda”, para designar a quienes festejaban el día de las elecciones. En síntesis: vi odio. Vi odio militante. El odio digital con el que cotidianamente convivimos en las redes y que proyecta al odio que se esconde en las calles.

Pilistar y cientos y cientos de twitteros, se encuentran auténtica y legítimamente preocupados por su seguridad y la de sus bienes. Con esmero didáctico nos han enseñado a identificar en los pibes de gorra y equipos de gimnasia al “otro”, al enemigo, al peligroso, al que se encuentra agazapado al acecho de nuestra vida y de nuestros bienes.

¿Cómo ha sido que hemos llegado a priorizar este concepto tan superficial de seguridad frente al (por ejemplo) empresario que lava dinero y lo coloca en un paraíso fiscal? O el que adultera los productos que fabrica. O el que tiene trabajadores precarizados. Como si el pibe con la gorra volteada que amenaza a nuestro celular nos provocara más daño que el político y el empresario que negocian una coima. 

Hanna Arendt acuñó en 1961 la expresión “banalidad del mal”, tras asistir al juicio a Adolf Eichmann, el arquitecto del holocausto que exterminó a millones de seres humanos. Contra quienes esperaban una especie de monstruo hollywoodense, un psicópata feroz, una especie de “Guasón” pintarrajeado vociferando carcajadas y espantando a sus interlocutores, en el proceso se presentó un “señor simple, humilde, casi normal”, dice Arendt. Eichmann podría ser el vecino o el tío de cualquiera de los ahí presentes. Y precisamente esto, el hecho de que el mal puede estar en cualquiera de nosotros, es lo que hizo del trabajo de Arendt algo tan perturbador y polémico.

Individuos que se acogen perfectamente a las reglas, que obedecen ciegamente las instrucciones que reciben y que, fundamentalmente, no reflexionan sobre el bien y el mal. Siniestros burócratas. Diría marionetas, pero de las peores: de las que ignoran la existencia de los hilos que las conducen.

¿Será exagerado de mi parte relacionar la figura del que publicó la imagen de Brian con la de Eichmann? ¿Por qué? ¿Dónde empieza el mal? ¿Acaso precisamos de un Auschwitz para comenzar a hablar del mal?

Ciertamente cuando leí la consigna del presidente electo en Twitter, proclamando que “todos somos Brian”, se me ocurrió preguntarme si en realidad no seremos todos mucho más Eichmann que Brian.

La construcción de un otro que me amenaza, un otro al que debo temer, del que debo cuidarme, parece estar en la raíz de cuanto sistema social ha construido el ser humano. Una Argentina blanca, rubia, burguesa, heterosexual, instituye su estereotipo de lo que es el bien, y lo que es el mal; lo que es una familia, lo que es normal y, claro, de lo que corresponde como “autoridad de mesa”.

¿Desde qué moral Eduardo Bolsonaro (el hijo del presidente brasileño) se burla de Estanislao, el hijo de Alberto Fernández? ¿Cómo una psiquis llega a construir la convicción de ser superior por el básico hecho de portar una ametralladora? ¿Cómo será ese misterioso camino a través del cual un supuesto hombre duro que esconde tras un arma una sexualidad endeble, se burla de quien hace de su propia identidad un motivo de orgullo?

¿Esperaremos a que Sprite haga un conmovedor y lacrimógeno comercial sobre los “pibes de gorra” para experimentar algo de empatía hacia ellos? ¿A ese punto absurdo habrán llegado nuestras demandas educativas?

La reina mala de Blancanieves tenía la sana costumbre de hablar con el espejo… con el espejo que le respondía lo que ella deseaba escuchar. Si por algún desperfecto técnico el espejo llegaba a responder que “otra era la más bella del reino”, corría el riesgo de estallar en añicos contra el piso. Tal vez haya sido con Sarmiento con quien aprendimos a mirarnos en un espejo al que interrogábamos, en francés o en inglés, sobre si somos los más bellos del planeta. El otro espejo de nuestra identidad, el que nos devuelve la imagen de Brian (y la de todos los “bárbaros” que obstinadamente andan metiendo las patas en la fuente de la civilización), parece funcionar como un perfecto artefacto donde proyectar la violencia de vastos sectores de nuestra sociedad.

Hay que decir de una buena vez que esa categoría teórica (bastante etérea, por cierto) a la que se ha bautizado como “grieta” (y que recién ahora, como aparece en los medios, muchos han descubierto), proviene desde el fondo de nuestra historia y la hemos aprendido y practicado meticulosamente en la Argentina. Hemos sido excelentes alumnos de una auténtica pedagogía del odio. Es por ello que me pregunto, en el ficcional caso de que superemos nuestro odio hacia los pibes de gorra… ¿dónde pondremos tanto odio como el que hemos aprendido?

ADOLFO ARIZA

ADOLFO ARIZA

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LAS BURBUJAS DE PODER, NEGOCIOS Y DINERO, ¿NOS HAN SERVIDO DE ALGO?

LAS BURBUJAS DE PODER, NEGOCIOS Y DINERO, ¿NOS HAN SERVIDO DE ALGO?

Me interesó el tema de la nota de Krugman, aunque entendí poco los párrafos finales. Creo que hemos tenido en Argentina una experiencia –por finalizar, Deo gratias- de gente con mucha plata en el poder. Puse en negrita unos párrafos que me parecieron claves para entender algunas de las causas del fracaso estrepitoso de la gestión macrista.

En realidad, cuando fue el inicio de este Gobierno, siempre manifesté mis dudas en cuanto a que esa experiencia en el mundo empresario fuera, necesariamente, un buen antecedente para conducir un país. En primer lugar, la meritocracia –término falaz, si los hay- no se aplica decisivamente en las empresas, grandes, medianas o chicas. Los/las hijos/as (pero sobre todo los varones, obvio) del dueño van a ocupar cargos en la empresa, sean competentes o unos nabos o vagos. Como nuestro Presidente es un buen ejemplo de heredero de empresario rico, me voy a ahorrar mayores comentarios. Esto puede hacerse extensivo al novio de la nena, o algún/a sobrino/a inevitable.

Además, tomar decisiones en las empresas tiene poco que ver con la gestión pública. Un directivo o el dueño de aquéllas decide tomar una medida, y lo hace sin que haya muchas posibilidades de oponerse, es más, por lo que explica Krugman, siempre habrá chupamedias que alabarán su capacidad estratégica, aunque piensen que está equivocado.

En el Estado, aunque también hay chupamedias que buscan el calor del poder, hay más factores que intervienen en la toma de decisiones, y es necesario contar con una superior capacidad de negociación y persuasión.

También ha sido evidente que esta gente rica vive en una burbuja, y que no comprendió la realidad de Argentina ni del mundo, lo que le costó perder las elecciones a los cuatro años de un proyecto de, por lo menos, doce.

Lo que le faltó a analizar a Krugman es un tema clave, que, en el caso de funcionarios que son –o han sido- propietarios de empresas (o empleados jerárquicos, o cualquier tipo de relación incompatible con la función)- ha generado, y genera, hechos de corrupción, sobre todo en un país que no tiene un sistema legal que nos proteja de las tentaciones que producen el poder y la posibilidad de aprovechar la posición para apoderarse del dinero de los argentinos.

Ojalá que el próximo Gobierno logre –además de las muchas medidas de total urgencia- establecer un sistema anticorrupción eficaz que sea independiente de cualquier voluntad política de cualquier Gobierno.

Así combaten la corrupción en otros países, como EEUU, por ejemplo. Es necesario recordar -sobre todo a aquellos/as que piensan que es un problema de los argentinos, que somos malos y corruptos, no como en otros países, que están vías de beatificación- que la corrupción es un problema de los humanos, en cualquier país o época. Solo mencionaré dos casos recientes de Argentina: Autopistas del Sol S.A., cuya accionista era el Grupo Socma de la familia Macri y Parques eólicos, que demuestran que es relativamente fácil hacer negocios turbios.

No es que la corrupción la inventó el macrismo, y hay muchas causas en las que no tiene –creo- responsabilidad, pero, como parte de su estrategia política fue manejar decisiones judiciales para perjudicar a los rivales, o a quienes estorbaban sus propósitos, quedará para el próximo Gobierno lograr un acuerdo con el sistema judicial para terminar con esas causas, estableciendo culpabilidades reales, y las sanciones correspondientes.

O sea, la burbuja de los ricos en el Gobierno nos explotó para mal (hay encuestas en las que nadie encuentra una medida positiva en la gestión de Macri, lo cual parece una exageración, seguro, pero, si vemos los indicadores sociales y económicos del país, tiene su explicación).

Esto nos lleva a analizar otro factor que también nos afecta en Argentina: la creencia bastante generalizada de que la política no sirve para nada, de que los políticos tienen la culpa de todo lo malo que nos pasa. Recordemos el que se vayan todos del 2001 –de paso, se fueron muy pocos-, que quedó como cliché habitual de nuestra clase media urbana. Difícil negarlo, pero no deja de ser una simplificación que no explica la multiplicidad causal de las cosas que le suceden a los países. Hace unos días hemos podido elegir democráticamente y en paz otro modelo de Gobierno, eso es un enorme logro que nos pone a la cabeza, junto con México, de la política en América Latina (este mérito incluye a los/las políticos/as también). Además, ese cliché –en muchos/as- coincide con una falta de voluntad participativa en las acciones de la sociedad que nos afectan a todos/as, que es la política que podemos, y debemos ejercer.

No sé si se puede llamar a esto burbuja, pero, es una visión que debemos superar, si queremos que se terminen las crisis cíclicas, y que lleguen a los puestos de Gobierno, o legislativos, los idóneos que trabajen por los intereses de la mayoría de los argentinos.

APROVECHEMOS LA OPORTUNIDAD, NO ESPEREMOS DE LOS GOBIERNOS LO QUE ES NUESTRO DERECHO Y OBLIGACIÓN

Estallando la burbuja de los multimillonarios

En EEUU hubo dos eras económicas: una que termina por ahí en 1980 y la era de la creciente desigualdad a partir de allí.

Por Paul Krugman – Premio Nobel de Economía

https://www.losandes.com.ar/article/view?slug=estallando-la-burbuja-de-los-multimillonarios-por-paul-krugman

Ser inmensamente rico no es bueno para tener sentido de la realidad.

Los multimillonarios no son necesariamente malas personas y la mayoría probablemente no lo sean. Sin embargo, algunos lo son y mi intuición anticientífica me dice que es más probable que los megarricos demuestren un mal juicio deformado por su ego incontrolado que el resto de nosotros, en particular en la esfera política.

No es difícil ver por qué: la gran riqueza atrae a gente dispuesta a decirle a un hombre extremadamente rico (o mujer, pero el egoísmo político es primordialmente una característica masculina) lo que quiere oír. En la arena política esto significa decirles a los multimillonarios que sus abundantes retribuciones financieras son tan solo una fracción de la enorme contribución que han hecho a la sociedad y que el pueblo les suplica que asuman el papel de líderes que les corresponde.

Pongámoslo de esta manera: hoy en día, a muchas facciones políticas se les acusa, con más o menos razón, de vivir en alguna especie de burbuja, fuera de contacto con la realidad estadounidense. Pero pocos viven tan inmersos en una burbuja como la élite multimillonaria y su séquito.

Ahora los multimillonarios en la burbuja se encuentran en un entorno en el que las preocupaciones sobre la creciente desigualdad, y la extraordinaria concentración de la riqueza en muy pocas manos, por fin parecen estar cobrando impulso político. Y no lo están tomando muy bien que digamos.

Por razones obvias, hablaré de Michael Bloomberg más adelante, pero, primero, permítanme hablar sobre la economía y la política de los multimillonarios en general.

Así que ¿los multimillonarios en general hacen enormes contribuciones a la sociedad?

Para decir eso, no basta con argumentar que se han ganado su riqueza haciendo cosas productivas. Hay que argumentar que su riqueza no es lo único que han añadido al ingreso nacional.

Y ese es un argumento difícil de hacer cuando analizamos cómo la mayoría de estas personas han hecho sus fortunas. Después de todo, muchos de ellos se hicieron ricos en las finanzas y la industria inmobiliaria.

Ahora bien, no hace mucho tiempo, la economía mundial estaba por los suelos debido al estallido de una enorme burbuja inmobiliaria, que desestabilizó un sistema financiero ya bastante debilitado por “innovaciones” que supuestamente nos trajeron más riqueza -y que ciertamente enriquecieron a algunos embaucadores-, cosa que no fue así, y que acabaron por ponernos en un mayor riesgo de crisis. ¿Realmente quieren pronunciarse a favor de que los multimillonarios de la industria financiera han sido grandes benefactores?

El siguiente grupo más grande de adinerados, por cierto, hizo su fortuna en la moda y las ventas minoristas. La tecnología apenas ocupa el cuarto lugar, y cualquiera que siga las noticias lo sabe, existen algunas preguntas serias sobre hasta qué punto las grandes fortunas tecnológicas son versiones modernas de los botines monopólicos obtenidos por capitalistas obsoletos y sin escrúpulos.

También vale la pena destacar que a la economía estadounidense solía irle bien sin tantos millonarios como los que tiene ahora.

La historia económica estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial casi se puede dividir en dos mitades: una primera era, que termina por ahí de 1980, durante la cual la fiscalización progresiva, los sindicatos fuertes y las normas sociales limitaron la acumulación de extrema riqueza en el estrato más alto de la sociedad, y la era de la creciente desigualdad a partir de entonces. ¿Acaso la nueva prosperidad de los plutócratas “se filtró” al país en conjunto? No, al menos no según las medidas que yo conozco. Por ejemplo, la “productividad multifactorial”, la medida económica estándar del avance tecnológico (no pregunten), ha aumentado solo la mitad desde el punto de quiebre de 1980 en comparación con la era anterior.

¿Qué hay de la política? Muchos en Wall Street y una parte importante de la punditocracia son liberales en lo social, pero conservadores en lo económico, o al menos se inclinan hacia ese lado. Es decir, están a favor de la igualdad racial y los derechos LGBTQ, pero en contra de los aumentos de impuestos importantes a los ricos y la gran expansión de los programas sociales. Y ese es un punto de vista perfectamente coherente.

No obstante, en el interior de la burbuja de los multimillonarios, todos creen que sus posturas tienen un amplio atractivo popular. Pues no es así. La mayoría de la gente, incluidos muchos que se dicen republicanos, quieren ver impuestos más elevados a los ricos y un mayor gasto en programas sociales; pero, muy poca gente combina esos sentimientos con la hostilidad racial y el iliberalismo (Sistema de gobierno en el que, a pesar de que tienen lugar elecciones, los ciudadanos están apartados del conocimiento de las actividades de quienes ejercen realmente el poder debido a la carencia de libertades civiles, y por ello no es una “sociedad abierta”) social, razón por la cual parecen votar en contra de sus propios intereses económicos.

A lo sumo, podemos decir que el distrito a favor del liberalismo social más el conservadurismo fiscal abarca solo un porcentaje mínimo del electorado. Cuando Howard Schultz (¿lo recuerdan?) apareció ondeando esa bandera para ver si alguien estaba de acuerdo, solo alrededor del 4% de los electores lo estuvieron. Y los primeros indicadores no muestran que a Bloomberg le esté yendo mejor, aun cuando, siendo alguien que dirigió con éxito Nueva York, tenga mejores argumentos que ofrecer.

No estoy diciendo que la sociedad estadounidense esté necesariamente lista para alguien como Elizabeth Warren o Bernie Sanders. Me preocupa en especial la política de “Medicare para todos”, no debido al costo, sino porque proponer la abolición de la seguridad privada podría inquietar a decenas de millones de electores de clase media.

Pero la idea de que Estados Unidos solo está esperando a que un empresario multimillonario sea el salvador que hace su entrada cabalgando sobre un corcel blanco, o más bien, como pasajero en una limusina negra, es sencillamente tonta. De hecho, es el tipo de cosas que solo un multimillonario podría creer.

© The New York Times 2019.

Todos los derechos reservados.

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL APRENDE TODO DE NOSOTROS HASTA NUESTROS PREJUICIOS

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL APRENDE TODO DE NOSOTROS HASTA NUESTROS PREJUICIOS

 

Hace un tiempo apareció mucha información sobre los “big data” (término que describe el gran volumen de datos, tanto estructurados como no estructurados, que inundan los negocios –y otras áreas- cada día. No es la cantidad de datos lo que importa, sino lo que hacen las organizaciones hacen con los datos. Big Data se puede analizar para obtener ideas que conduzcan a mejores decisiones y estrategias.)

De alguna manera pareció que nuestra capacidad cognitiva, y todo lo que deriva de esto, había quedado superada por las tecnologías que manejan esa inmensa masa de información, y quedábamos a merced de las empresas y Gobiernos que controlan esos sistemas, y que podrían hacernos decidir lo que se propusieran: comprar lo que quisieran, elegir al gobernante que se les antojara, por ejemplo.

El tema es que ese es un poder factible, por lo menos desde lo teórico, pero, en la realidad esas tecnologías son productos humanos, desarrolladas a partir de criterios humanos, porque, si no, no nos servirían; por lo tanto, esa subjetividad las tiñe, las potencia, y, claro, las limita. Es un tema complicado: ¿intentamos producir una Inteligencia Artificial (IA) perfecta, sin ninguno de nuestros defectos? ¿Esos rasgos no tienen que ver con nuestra idiosincrasia, con nuestro modo de ser, nuestra idea de la vida?

Pensemos en Matrix: en definitiva, cuando Neo logra evadirse de ella, descubre que está en una matriz mayor, no muy diferente de la anterior. Estas ficciones se construyen sobre las ficciones en las que cree la especie humana, y que ha ido construyendo a lo largo del tiempo. ¿La religión no es una de ellas? ¿El comunismo, el neoliberalismo?

Mi objetivo es que sean razonablemente escépticos, porque hay gente que quiere que creamos en cosas que les sirven a ellos, y hay que ver si a nosotros también.

 

La inteligencia artificial aprende todo de nosotros hasta nuestros prejuicios

Los científicos todavía están aprendiendo cómo funcionan las tecnologías como BERT, llamadas “modelos de lenguaje universal”.

Por Cade Metz – New York Times. 2019

https://www.losandes.com.ar/article/view?slug=la-inteligencia-artificial-aprende-todo-de-nosotros-hasta-nuestros-prejuicios

 

El otoño pasado, Google anunció una tecnología innovadora de inteligencia artificial llamada BERT que cambió el modo en que los científicos construyen los sistemas que aprenden cómo escribe y habla la gente.

Sin embargo, BERT, tecnología que ahora está integrada en servicios como el motor de búsquedas en internet de Google, tiene un problema: tal vez está adoptando prejuicios del mismo modo en que un niño imita el mal comportamiento de sus padres.

BERT es uno de varios sistemas de inteligencia artificial que aprenden una cantidad inmensa de información digitalizada que proviene de fuentes tan variadas como libros viejos, artículos de Wikipedia y notas periodísticas. Es probable que en todo ese material estén integradas décadas e inclusos siglos de prejuicios, además de algunos nuevos.

Por ejemplo, es más probable que BERT y sus pares asocien a los hombres con la programación de computadoras y, por lo general, no les dan a las mujeres todo el crédito que merecen. Un programa decidió que casi todo lo que se había escrito sobre el presidente Donald Trump era negativo, aun cuando el contenido real era halagador.

A medida que se instale inteligencia artificial nueva y más compleja en una variedad cada vez mayor de productos, como los servicios de publicidad en línea y el software empresarial o los asistentes digitales parlanchines como Siri de Apple y Alexa de Amazon, recaerá presión sobre las empresas tecnológicas para prevenir los sesgos inesperados que se están descubriendo.

Sin embargo, los científicos todavía están aprendiendo cómo funcionan las tecnologías como BERT, llamadas “modelos de lenguaje universal”, y a menudo quedan sorprendidos con los errores que tiene la nueva inteligencia artificial.

Una tarde reciente en San Francisco, mientras hacía investigación para un libro sobre inteligencia artificial, el computólogo Robert Munro introdujo cien palabras a BERT: “joyería”, “bebé”, “caballos”, “casa”, “dinero”, “acción”. En 99 de los 100 casos, BERT tendía a asociar más esas palabras con hombres que con mujeres. La palabra “mamá” fue el valor atípico.

“Es la misma inequidad histórica que siempre hemos visto”, comentó Munro, quien tiene un doctorado en lingüística computacional y solía supervisar la tecnología de lenguaje natural y traducción en Amazon Web Services.

En una publicación de blog, Munro también describe cómo examinó los servicios de cómputo en la nube de Google y Amazon Web Services que ayudan a otros negocios a agregar capacidades lingüísticas en aplicaciones nuevas. Los dos servicios fueron incapaces de reconocer el pronombre “suya”, aunque identificaron de manera correcta “suyo”.

“Estamos conscientes del problema y estamos tomando las medidas necesarias para abordarlo y solucionarlo”, mencionó un vocero de Google. “Mitigar los prejuicios en nuestros sistemas es uno de nuestros principios para la inteligencia artificial y una de nuestras prioridades”, precisó. Amazon no respondió a varias solicitudes para ofrecer comentarios.

Desde hace tiempo, los investigadores han advertido sobre los prejuicios en la inteligencia artificial, que aprende a partir de inmensas cantidades de datos, incluidos los sistemas de reconocimiento facial que usan los departamentos de la policía y otras agencias gubernamentales, así como algunos servicios populares en internet de gigantes tecnológicos como Google y Facebook. Por ejemplo, en 2015, la aplicación Google Fotos fue sorprendida etiquetando a afroestadounidenses como “gorilas”. Los servicios que Munro escudriñó también mostraron prejuicios en contra de las mujeres y las personas de raza negra.

BERT y otros sistemas similares son mucho más complejos, demasiado complejos para que alguien pueda predecir qué harán al final. “Incluso las personas que construyen estos sistemas no comprenden cómo se comportan”, señaló Emily Bender, profesora de la Universidad de Washington que se especializa en lingüística computacional.

BERT es uno de muchos modelos de lenguaje universal que se utilizan en la industria y la academia. Hay otros llamados ELMO, Ernie y GPT-2. A manera de broma entre los investigadores de la inteligencia artificial, a menudo les dan nombres de personajes de Plaza Sésamo (BERT es la abreviatura de Bidirectional Encoder Representations from Transformers, en español Representaciones de Codificador Bidireccional de Transformadores).

Estos sistemas aprenden los matices del lenguaje analizando cantidades enormes de textos. Un sistema que creó OpenAI, un laboratorio de inteligencia artificial de San Francisco, analizó miles de libros autopublicados, entre ellos novelas románticas, de misterio y de ciencia ficción. BERT analizó la misma biblioteca de libros y miles de artículos de Wikipedia.

Al analizar todos estos textos, cada sistema aprendió una tarea específica. El sistema de OpenAI aprendió a predecir la siguiente palabra en una oración. BERT aprendió a identificar la palabra faltante en una oración (como en “Quiero ____ ese auto porque es barato”).

Mediante el aprendizaje de estas tareas, BERT llega a comprender de manera general cómo une la gente las palabras. Luego puede aprender otras tareas analizando más datos. Como resultado, permite que las aplicaciones de inteligencia artificial mejoren a un ritmo que antes era imposible de lograr.

“BERT cambió todo por completo”, comentó John Bohannon, director de ciencia en Primer, una empresa emergente de San Francisco que se especializa en tecnologías de lenguaje natural.

Google ha utilizado BERT para mejorar su motor de búsqueda. No obstante, las herramientas como BERT incorporan los prejuicios, según un artículo de investigación que acaba de publicar un equipo de computólogos de la Universidad Carnegie Mellon. Por ejemplo, el artículo mostró que es más probable que BERT asocie la palabra “programador” con hombres que con mujeres. Los sesgos del lenguaje pueden ser un problema particularmente difícil en sistemas conversacionales.

“Es la misma inequidad histórica que siempre hemos visto”, comentó robert Munro, quien tiene un doctorado en lingüística computacional.

ADOLFO ARIZA

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UNA MIRADA AL PAPEL DE LAS IGLESIAS EVANGÉLICAS EN AL, POR EL QUIQUE DUSSEL

UNA MIRADA AL PAPEL DE LAS IGLESIAS EVANGÉLICAS EN AL, POR EL QUIQUE DUSSEL

 En 1965 empecé a cursar el Profesorado en Literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo. No voy a intentar ser preciso con las fechas, porque no me interesa. En cierto momento, tuvimos algunos encuentros en la casa del Quique Dussel, en la calle San juan, donde topa (en mendocino) Don Bosco. Después, se puso pesado, hubo bombas, y una en esa casa. El Quique salió, con el hilo en una pata, de Argentina, y se radicó en México. Nosotros vivimos lo que vivimos, afortunadamente solo perdí mi carrera de investigador y docente universitario. Hoy me llegó esta entrevista que le han hecho. Sigue dándonos claridad conceptual en temas claves. Es un video largo, pero necesario. Lo comparto con Uds. 
ADOLFO ARIZA

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CUARENTA Y CINCO DÍAS EN AMÉRICA LATINA: SITUACIONES INESPERADAS, PERO QUE VIENEN DE SIGLOS

CUARENTA Y CINCO DÍAS EN AMÉRICA LATINA: SITUACIONES INESPERADAS, PERO QUE VIENEN DE SIGLOS

El 1º de octubre, el Presidente de Ecuador, Lenin Moreno determinó la eliminación de subsidios al diésel y a las gasolinas de uso extendido. Esto causó una fuerte reacción de la Sociedad ecuatoriana que obligó al Presidente a echar atrás su decisión. Primero habían sido los gremios del transporte que el Gobierno logró neutralizar con algunas medidas reparatorias, pero la que definió la situación fue la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), la mayor organización de masas del país, que no demandaba solo la derogatoria del famoso decreto 883, sino que cuestionaba el modelo económico en sí que se aplicaba en Ecuador con el aval del FMI y de otros multilaterales (particularmente el BID).

En los 45 días siguientes “pasaron cosas” poco esperables por la mayoría de nosotros, pero comprensibles y justificadas, a pesar de la violencia que lamentamos, del lado que sea.

En Santiago de Chile, el detonante de las protestas que luego se extendieron al resto del país y que aún continúan, fue el alza en la tarifa del sistema público de transporte de Santiago, que entró en vigor el domingo 6 de octubre de 2019. Tras el aumento de las tarifas, centenares de estudiantes se organizaron para realizar actos de evasión masiva en el Metro de Santiago. Como en Ecuador, la consigna excedía el hecho puntual que ocasionó la reacción: “No son 30 pesos, son 30 años”. La diferencia es que, mientras que en Ecuador se inició un proceso institucional que detuvo la protesta social, por lo menos temporalmente, en Chile no se ha logrado lo mismo, y la presencia de multitudes en las calles, la violencia de los desmanes (que no se pueden generalizar porque hay una enorme protesta pacífica) y la exagerada represión de los “pacos” (Cuerpo de Carabineros (Policía militarizada)) que actúa con mucha autonomía, están llevando la situación a un punto inimaginable en el que se presentaba como modelo de desarrollo político económico en América Latina.

Bolivia se encuentra inmersa en una ola de protestas que ha provocado múltiples consecuencias tanto a nivel interno como externo. La renuncia de Evo Morales y la asunción de la nueva presidente interina Jeanine Áñez, quien llegó al poder mediante un “golpe de Estado”, han generado una crisis y descontento social que afecta tanto a nativos como a extranjeros que residen en el vecino país. El papel de la OEA, del mismo Trump, reconociendo como Presidente a alguien que se autoproclamó sin ningún respaldo institucional, salvo el de parte de las FFAA bolivianas, la movilización de las comunidades indígenas, que no se asustan fácil, el modo en que las demás naciones latinoamericanas han enfrentado la situación, hacen de difícil previsibilidad el desenlace de esta crisis.

En el mismo lapso, en Argentina, en las elecciones generales Fernández triunfó en primera vuelta con el 48,24% de acuerdo con el escrutinio definitivo, seguido por Macri, con un 40,28%. El Financial Times se refirió al triunfo del binomio del Frente de Todos como “el comienzo de una nueva era” y destacó que “los peronistas de Argentina regresan al poder”.

Si analizamos las causas objetivas de las reacciones en Ecuador y Chile, en comparación con Argentina, vemos que, según el Instituto Estadístico de los Trabajadores de la UMET, la inflación en octubre fue del 4,1 por ciento y acumula en doce meses un alza del 51,9 por ciento. Desde noviembre de 2015, calcula la UMET, el poder adquisitivo del salario registrado muestra un deterioro del 18,5 por ciento, lo cual explica el derrumbe del consumo en el mercado interno.

Entonces, ¿por qué no hubo en Argentina una grave reacción como la del 2001?

En primer lugar, porque lo del 2001 dejó huellas, y los actores sociales y políticos fueron muy prudentes para no generar otra situación como esa, que causó enormes daños, sobre todo a los más vulnerables. Esa estructura de gremios y sindicatos, organizaciones de la sociedad civil, y actores políticos y sociales fue un cauce que permitió que el descontento de la sociedad se manifestara sin caer en manifestaciones inmanejables, aunque hubo muchas expresiones de reclamo ante la pésima gestión macrista.

En segundo, y ligado con lo anterior, por la expectativa de que las elecciones permitieran modificar la política del país en favor de los perjudicados por los planteos neoliberales –mal gestionados, además- del Gobierno.

Los resultados de esas elecciones demuestran lo que digo arriba, y me hacen sentir muy orgulloso de esta expresión de madurez democrática, que permite plantear alternativas políticas que defiendan lo nacional y lo popular, y propender a una economía al servicio de la mayoría de la gente.

Si alguien se hubiera dormido el 1º de octubre, y despertara hoy, probablemente pensaría que está en mundo distinto, y tendría razón.

Son situaciones posibles, hasta deseables, si tenemos en cuenta el larguísimo tiempo de inequidad e injusticia que afrontan nuestros pueblos latinoamericanos, sobre todo los más vulnerables, que mayormente son los pueblos originarios, que están diciendo basta. Son los indígenas bolivianos, que son menospreciados por la aristocracia (acá no cabe con “olor a bosta”, como la calificaba Sarmiento, pero podría ser perfectamente) cruceña, del Oriente de Bolivia.

Por eso, elegí para compartir, esta nota de Nodal, que habla de una de las varias acciones de Alberto Fernández, Presidente electo de los argentinos, cuando habla de las detestables e injustas acciones imperiales del Presidente de los EEUU (Dios mío, nunca había visto tantos PRESIDENTES MALOS, SOBERBIOS, TONTOS Y MALEDUCADOS COEXISTIENDO EN UNA MISMA ÉPOCA).

Eso es lo que espero del Presidente de los argentinos: gestos de latinoamericano independiente, para que podamos alguna vez conformar un bloque integrado que pueda defender nuestros intereses. Hasta hace poco parecía que los países del Pacífico nunca participarían de un proyecto así. Hoy no lo sé, y hay que buscarlo con toda el alma.

Alberto Fernández a Trump por Bolivia: “EEUU retrocedió décadas y volvió a las peores épocas de los 70”

13 noviembre, 2019

Alberto Fernández provocó este martes un primer roce en el proceso de recomposición de las relaciones con Estados Unidos. Las críticas del presidente electo contra la administración de Donald Trump por su actitud frente a la caída de Evo Morales, en Bolivia, puso entre signos de interrogación los intentos de dar vuelta la página y dejar atrás las tensiones entre el kirchnerismo y Washington.

“Ayer, Estados Unidos retrocedió décadas. Volvió a las peores épocas de los años 70, avalando intervenciones militares contra gobiernos populares elegidos democráticamente”, dijo Fernández en diálogo con Radio 10. Respondió, así, al comunicado de anteayer de la Casa Blanca, en el que EE.UU. afirmó que la renuncia de Morales “preserva la democracia”.

En lo que fue una reacción sorpresiva que contrastó con los intentos de mostrar sintonía en los contactos más recientes entre el Frente de Todos y la administración republicana, el entorno del presidente electo explicó que los planes de construir un buen vínculo bilateral a partir del 10 de diciembre sigue en pie, pero advirtieron que el futuro presidente no desviará la mirada cuando haya actitudes como las de anteayer, aunque pueda generar rispideces. A puertas cerradas, en el espacio aseguraron que la postura de la Casa Blanca fue incomprensible y reiteraron que esa posición es de otros tiempos históricos y que está “lejos de lo que haría cualquier jurista o demócrata”.

Pese a los cuestionamientos, el presidente electo reiteró que no busca confrontar con Trump. “Quiero tener la mejor relación con Estados Unidos y eso supone poder decirnos las cosas francamente. Lo que ha pasado no está bien. Ha sido lisa y llanamente un golpe de Estado. No se puede disfrazar de otra cosa”, manifestó en la radio.

Por eso, antes de salir a criticar públicamente, Fernández se comunicó con el Departamento de Estado, para transmitirles que el comunicado había sido “muy poco feliz”.

Los dichos radiales de Fernández no fueron conversados previamente en la mesa chica del presidente electo, donde mantienen la idea de sostener una relación “de respeto” con Estados Unidos. “[Fernández] no va a pedir permiso para salir a hablar”, dijeron. Este martes el mandatario electo argentino se reunió con Juan Notaro, titular de Fonplata Banco de Desarrollo, con quien analizó la cartera de créditos de este organismo financiero multilateral, conformado por la Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay.

Hasta ahora hubo señales claras en el camino hacia la distensión del vínculo entre el kirchnerismo y EE.UU. El más importante fue la comunicación telefónica entre Trump y Fernández, el 1º de noviembre. En esa charla, el mandatario felicitó al presidente electo y le auguró que hará “un trabajo fantástico”. Además, le transmitió un gesto amigable al contarle que había “instruido” al equipo del Fondo Monetario Internacional para trabajar con él. Fernández, en tanto, le manifestó su voluntad de construir “una relación madura y cordial” entre ambos países.

Menos de una semana después, en México, Fernández se reunió con Mauricio Claver-Carone, el asesor de Trump para asuntos de la región. El director de Asuntos del Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional representa la visión más dura de los republicanos, que exige más presión económica a Venezuela para forzar la salida de Nicolás Maduro. Fernández no comparte la idea y prefiere mantenerse en una postura neutra, como México.