EL NIÑO RESENTIDO. CÉSAR GONZÁLEZ

EL NIÑO RESENTIDO. CÉSAR GONZÁLEZ

POR ADOLFO ARIZA

Había comprado hace bastante estas dos novelas del nacido en la Villa Carlos Gardel, en el oeste del conurbano bonaerense.

Leí El niño resentido, después de una entrevista a González que le hizo Alejandro Bercovich en su programa La ley de la selva y me interesó su vida.

Es imprescindible poner algo de su biografía:

Preso entre los dieciséis y los veintiún años, al salir del encierro comenzó un vertiginoso despliegue artístico. Cineasta, poeta, ensayista y productor musical, publicó los libros de poesía La venganza del cordero atado (2010), Crónica de una libertad condicional (2012), Retórica al suspiro de queja (2014) y Rectángulo y flecha (2021), y el libro de crónicas El fetichismo de la marginalidad (2021). Además de videoclips y cortometrajes, realizó ocho largos.

Corto ahí, pero alcanza para que se entienda mi interés inicial; aunque, a pesar de eso, no me ponía a trabajar en las novelas.

Lo que me impulsó definitivamente fue la Ley 27.801, de Milei, promulgada en marzo de 2026, que establece el nuevo Régimen Penal Juvenil en Argentina, en el que se lleva la edad de imputabilidad de 16 a 14 años.

Está claro que desapruebo esta ley, que no me parece un avance en la política para mejorar la seguridad en Argentina, porque es ineficaz para reducir la inseguridad, porque no aborda la falta de infraestructura especializada y tiene un enfoque punitivo en lugar de preventivo

Algunos podrán celebrar la rigurosidad frente a hechos graves cometidos por adolescentes; otros cuestionarán la eficacia y la compatibilidad con estándares internacionales de protección de los derechos de niñas, niños y adolescentes. Pero todo eso tiene que ver más con la “grieta” ideológica que divide a nuestra clase media urbana, que con un análisis serio de cómo mejorar nuestra vida social.

Me impactó mucho El niño resentido: si bien conocía –en general, por mentas o los medios de comunicación- la vida en las villas, me quedé sin aliento más de una vez, con la garganta anudada al participar desde adentro –desde la lectura de un texto preciso y objetivo- en la situación de miles de argentinos y argentinas.

Dice el mismo autor:

Pero a la vez es un ambiente que conspira contra la escritura y toda forma de interioridad. Acá adentro es difícil encontrar el silencio adecuado para una mínima concentración. Es imposible abstraerse del ruido histérico que sucede alrededor. A metros de la puerta de mi casa han caído pibes baleados y apuñalados, chocan autos y patrulleros luego de severas persecuciones. La sangre, el caos, la violencia policial y el aura de jóvenes destruidos respiran en mis ventanas mientras escribo esto. Me intimida la presencia de otros pibes que resucitan mi pasado. Me los cruzo todos los días a cualquier hora, haciendo sonar sus motos, paseándose brillantes y soberbios. Muchos de ellos van cayendo muertos; a otros, con suerte, se los llevan presos.”

Pero lo logró y nos mete en ese mundo, en el que la muerte y la violencia son naturales, lleno de carencias; un mundo de afectos totalmente extraño para nuestra vida cotidiana.

El mismo autor lo manifiesta así:

“Odiaba mi pobreza, nuestra casa tan miserable. (…) Lentamente en mí crecía el odio hacia todo ser humano que no compartiera nuestras paupérrimas condiciones de vida. No tenían que ser millonarios, como el patrón de mi abuela, con que tuvieran una casa de material, un auto y una familia normal alcanzaba para provocarme una envidia lasciva”. Una bomba de tiempo donde el hecho de salir a robar significaba, al menos, su “minúscula revancha”.

No se entra, como lector, gratis a ese mundo: se tensa la panza, hay que levantarse a tomar agua, pero es un precio necesario: desde hace bastante ese mundo es una parte de Argentina, y sigue creciendo, en manos de gobiernos malos e ineptos, a diferencia de otros países de América Latina que intentan soluciones mejores.

“Le tocó en suerte una mamá de 16 años, adicta y delincuente, un papá linyera, “borracho interminable”, y una abuela, la Genoveva, a quien le debe su capacidad de leer a los 4 años porque le hacía estudiar la Biblia. Dice que por eso terminó creyendo “firmemente en Dios” y en ella, y que, por lo tanto, aceptó sin chistar su vida miserable. Vida que, con el correr de los años, terminó odiando tanto como odiaba a los que tenían lo que él no podía tener.

Naturalmente se hizo delincuente: pibe chorro, o sea escruche, drogas, robos a mano armada, heridas de bala; y, al final un secuestro extorsivo, que lo llevó a un instituto de menores.

Después publicó Rengo yeta.

Rescato un comentario sobre la novela:

La caída es insoportable. Arden las heridas de bala, desespera la soledad, se subleva la sangre que reclama cocaína, poxirrán y pastillas. ¿Y ahora? Tras las rejas, las voces de otros pibes quieren captarlo para uno de los dos bandos enemigos que manejan el instituto de menores. Todos han visto su caso en la tele: vinculado a un secuestro, es ya una leyenda. Mal presagio. La gravedad de la acusación prevé años de cárcel y el Rengo yeta deberá aprender rápidamente sus códigos: jamás demostrar miedo, atacar antes de defenderse, ser macho. La enfermería en la que lo ubican es una extraña isla adonde llega atenuada la agonía de los pabellones. Pero cuando arriben un par de adolescentes de clase alta, la desigualdad y la injusticia le provocarán tal shock que amenazará con su desintegración emocional. Si en El niño resentido César González desplegaba la impetuosa fortaleza de una infancia en la villa, en su segunda novela autobiográfica retoma la narración para sumergirnos en el hueco que separa la calle del encierro. La vida de la muerte.

RENGO YETA” Fue elegido por la Revista Ñ como uno de los mejores libros de 2025.

El autor dice:

Es mi primera vez en una de estas listas así que quería compartir la alegría con ustedes. Con todos aquellos que lo han leído, que lo recomiendan, que lo prestan, que lo llevan a las aulas, a las cárceles e institutos de menores.

Gracias de todo corazón.

El nombre de la novela, tiene que ver con el apodo que le dieron en el Instituto de menores en el que ingresó a los 16 años, después del secuestro que realizó, a causa de la renguera que le causó la herida de bala que sufrió en su aventura criminal; es un apodo tumbero (como se dice en la cárcel), porque allí se considera que ser rengo trae mala suerte.

Voy a hacer algo que no acostumbro: citar el final de la novela. Lo hago porque es una definición perfecta de cómo vive el autor su vida y la novela sobre ella.

Esta valoración positiva de la dura vida que fue su vida, y sigue siendo de tantos otros pibes, que tal vez no saldrán nunca de ella, me ha parecido muy valiosa, y quiero decirlo, pero él lo dijo mejor:

—Sin embargo, hoy sos escritor y director de cine, es decir “saliste adelante”.

—No puedo negar que la lectura de superación es inevitable. El tema es la forma en que se comunica ese relato de superación. La superación es un mal en sí mismo. A mí me deja tranquilo que me escriba un amigo del barrio que se cruzó con alguien que conozco y estuvo en cana. Sin saberlo terminaron hablando de mí. Mi amigo dice “yo soy de la Gardel” y el otro le responde “Yo estuve en cana con un pibe de la Gardel, César, el rengo…” Y lo que le dijo es “César nunca fue antichorro”. Es un término de la calle: nunca fui y nunca me volví un antipibe. Nunca me volví alguien que opine “Bueno, el que roba y no cambia es porque no quiere, porque yo robé y cambié porque quise”. Nunca bajé esa línea.

Para mí, que me sigan identificado como uno de los suyos (a pesar que no soy más pibe chorro), es más importante que cualquier cosa. Y no lo busqué… Digo, el que lo dijo, estuvo en cana conmigo hace 15 años y no sabía que era escritor ni que hacía películas. Se acordaba que yo era eso y que no me volví otra cosa. Yo siempre digo: no es que cambié, abandoné una actividad, que es muy distinto. El que me conoce de chico sabe que sigo siendo el mismo. Abandoné una actividad: robar. Una actividad que te lleva a una muerte, a una muerte irreversible, literal o metafórica. O no tan metafórica. (el subrayado es mío)

Lo destaco porque me pareció una excelente síntesis, no solo de la novela, sino la vida en las villas, o sea adonde se llega porque la pobreza lleva a mucha gente a ese a ese nivel de existencia que Argentina no tenía.

Así se vive en la villa, y el autor eligió otra posibilidad, y su novela es una útil manera de que la conozcamos, porque hay que conocerla para luchar –sí, luchar- para hacer lo que podamos para ayudar a que menos argentino vivan así.

Léanlas, además son dos buenas novelas.

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FRANCELLA Y HOMO ARGENTUM: LO QUE NO HAY QUE HACER PARA DEFENDER EL CINE ARGENTINO POR ADOLFO ARIZA

FRANCELLA Y HOMO ARGENTUM: LO QUE NO HAY QUE HACER PARA DEFENDER EL CINE ARGENTINO POR ADOLFO ARIZA

Por Adolfo Ariza

Había decidido –visto el revuelo y la cantidad y variedad de opiniones que se generaron- no agregar nada al tema de Homo argentum, pero me encontré con la nota de Katja Alemann que cito abajo.

https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/katja-alemann-francella-empleado-establishment-audiovisual-propia-mediocridad/

Sí, el 15 de agosto, después de ver la película, subí una opinión a las redes:

“Coincido bastante con las críticas a Homo Argentum. Pero, además, voy a resaltar un error en el título de la película: está en Latín y hay un error de concordancia: homo es masculino y argentum, como adjetivo, está en neutro, un género muy poco usado en Castellano.

Debería ser argentus para concordar.

Es cierto que son pocos los que podrían notar el error, pero llama la atención que se produzca en una película con tantos gastos de producción.

De paso, si yo fuera siciliano, protestaría por la visión denigrante que deja la película sobre ese sector de Italia.

Para terminar, la escena en que una muchacha se mete en una pieza para abusar de Franchella es igual a una de El ciudadano ilustre.

Nada más”

Después de leer la brillante nota de Katja Alemann, cambié de opinión: ella sale de los análisis cotidianos que han proliferado desde el estreno y nos entrega una visión profunda que excede a la película y nos pone frente al mundo de la producción cinematográfica.

La nota comienza su análisis así:

“Katja Alemann salió al cruce de Guillermo Francella tras sus recientes declaraciones sobre el cine de autor argentino, que según el protagonista de Homo Argentum “nadie vería” y que él mismo no iría a ver. La actriz criticó la postura de Francella, considerándola reduccionista y alejada del verdadero arte cinematográfico, y no dudó en cuestionar tanto su enfoque como su relación con la industria audiovisual.”

Me parece importante este criterio, que nos saca de las simples opiniones sobre la película, y aun de los análisis grietosos que el mismo Presidente generó con el armado de una platea del Gobierno para sus funcionarios.

Incluso dejó un mensaje en su cuenta de X que comienza así:

“HOMO ARGENTUM: DISONANCIA COGNITIVA EN EL CORAZÓN WOKE

La película de Guillermo Francella deja en evidencia muchos de los aspectos de la oscura e hipócrita agenda de los progres caviar (woke).”

Más allá de la pretensión intelectual del lenguaje presidencial, lo que hace es darle a la película un valor, que hoy Patricia Slukich, que de esto sabe mucho, hoy discutió y le bajó el precio.

Pero ya la grieta estaba instalada, montada también en la simpatía que ha mostrado Francella por Milei.

De todos modos, tal como demuestra Katja, el problema no es libertarios vs. kirchneristas, como intenta mostrar Milei, sino otro:

“Francella y la industria

Sobre la dimensión del arte y su relación con la industria, Alemann sostuvo que “las políticas de dominación se dan en todos los ámbitos, el entretenimiento es como su caballo de Troya. Te encajan todas las marcas y las costumbres para comprarlas. No vi esta película que hicieron ahora, tampoco creo que la vea, pero cuentan que es el festival de los chivos. Es una elección. O sos empleado, como en este caso Francella, y ganás fortunas, claro, o hacés lo que se te canta, cuando tenés la formación y capacidad de que se te cante algo. Y ahí la retribución económica es más trabajosa. No tenés a la industria atrás. Pero sos artista, con el verdadero sentido de la palabra artista. Entiendo que en su mente chiquita de ser empleado, no entre la dimensión del arte con todos sus infinitos matices y colores. Se debe sentir tan afuera de ese mundo de búsquedas y contradicciones, que ni siquiera le da curiosidad ver qué hacen, qué encuentran como estilo narrativo, qué personajes contemporáneos aparecen, más que el remanido cliché comercial del chanta argento, el siempre citado Isidorito Cañones, que parece ser el único personaje que le asegura el éxito, principal objetivo de este tipo de cine”.”

Es una crítica dura, pero a la altura de los planteos de Francella y Milei.

Está bueno que Katja ponga las cosas en su lugar: ese es el problema, y no hay que ceder en la defensa de la industria cinematográfica nacional, que tanto le ha dado a Argentina y a sus artistas.

Incluso adhiero al título de la nota, duro, pero que me parece que pinta bien la trayectoria de Francella, más allá de sus éxitos y popularidad:

“Katja Alemann sobre Francella: «Siempre ha sido un empleado del establishment audiovisual, eso sólo habla de su propia mediocridad»”

Y lo hago porque me parece muy bajo que Francella descalifique a todos/as los/las que hacen lo mismo que él ha hecho, y el éxito, montado en recursos como los que usa, no disimula la falta de valor positivo de las actitudes del actor.

De todos modos, les recomiendo leer la nota completa: vale la pena, y muestra una contracara de Francella, la de Katja Alemann. Lean algo de su vida, y lo entenderán mejor..

Notas para compartir

MERCEDES ARAUJO LA HIJA DE LA CABRA

MERCEDES ARAUJO LA HIJA DE LA CABRA

POR ADOLFO ARIZA

Ya he escrito una entrada sobre la segunda novela de la autora (de la que casi no sabía nada por entonces): Botánica sentimental (https://www.miradasdesdemendoza.com.ar/2024/04/10/botanica-sentimental-de-mercedes-araujo-por-adolfo-ariza/).

Por lo tanto, creía que estaba en espacio conocido; es más, cuando Mercedes fue a una Feria de libros en Mendoza, le pedí que me firmara un ejemplar de La hija de la cabra, charlé con ella e iniciamos una relación que mantenemos en las redes.

Me sentí muy orgulloso cuando me dijo que le había gustado la entrada de arriba que comparto con Uds.

Poco de esa experiencia me sirvió con la lectura inicial de La hija de la cabra, aunque siguió abonando a lo que sostuve en esa entrada:

“Me atraen mucho las novelas sobre Mendoza. Me acuerdo de Álamos talados de Abelardo Arias o la obra de Di Benedetto, o Draghi Lucero.

Encontrar la tierra donde nací, crecí y vivo, la tierra de mis padres, de mis hijos y mi bisnieta en las letras me provoca una emoción muy interna, tenue, pero esencial.

Y Botánica sentimental también lo provocó, quizás más acentuadamente, porque está escrita desde la vida de Mercedes, su autora –tan mendocina- y de sus personajes, sus mujeres que aparecen desde la historia de Mendoza, de sus terremotos desde aquel que la destruyó en 1861, de sus montañas, de su vino fermentado desde la uva y la sangre, desde siglos.”

Y rescato otro fragmento de esa nota, porque ayuda a comprender también La hija de la cabra:

“Los mendocinos vivimos en oasis, en menos del 5% de la superficie total de Mendoza -y la autora lo menciona. El resto es desierto, y altas montañas.

Es un mundo duro, donde todo cuesta, como el agua que nos trae el deshielo. El sistema de irrigación para aprovechar el agua de los ríos fue comenzado por los huarpes, con técnicas originarias de los incas.

Terremotos, y agua, mirar para arriba para ver si va helar o granizar. Sí, una vida dura, fue mi vida, y la historia de los/las mendocinos/as.”

También encontré ese mundo en la primera novela de Mercedes, La hija de la cabra, que ganó en 2011 del Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes. En alguna de las síntesis que leí, encontré: “El relato se centra en la historia de amor de “la Juana” –una india huarpe mendocina, hija del cacique Cunampas– y un blanco durante la época del Virreinato. Pero también es la historia de la familia de Juana, de los hombres y mujeres de la comunidad, del hambre, de la sequía, de la ambición de quienes explotan la tierra; una verdadera épica del páramo.”

La copié porque es muy buena, aunque queda en el camino la difícil –para mí, ese momento- tarea de entrar profundamente (o sea leer) en el mundo del desierto de esa época en que nos meten los personajes de la novela, incluido el territorio.

Claro, utilicé el método menos adecuado (sobre todo para esta novela): no leerla de corrido. Por eso, cuando retomaba la lectura se me hacía difícil entender el juego de la vida de los personajes y el avance de la historia

Fui a buscar mi ejemplar de Botánica sentimental, volví rápidamente a recorrer ese territorio de 1861, esa época, esos personajes, y al completar La hija de la cabra, comprendí que el sentido era el mismo, solo que el territorio era distinto, era el desierto, el duro secano del Norte mendocino y sus habitantes, indios, cura, blancos prófugos.

Mercedes ha ido más atrás, antes del nacimiento del país, al Virreinato.

Dice Mercedes Araujo que la idea de la trilogía fue (https://www.agenciapacourondo.com.ar/fractura/mercedes-araujo-hay-que-ver-como-lo-que-uno-elige-contar-habla-de-todo-aquello-que-no-se):

“Nace con la idea de contar un territorio dentro de Mendoza que me impacto profundamente. Es realmente un desierto, que se asemeja al desierto del Sahara: altos limpios, médanos, vegetación, espinillos, animales del desierto, extensiones polvorientas. Empecé a estudiar el lugar que originalmente habitaban los Huarpes entre la frontera de Mendoza y San Juan. Habían tenido relación previa con los Incas y después, con la colonia que tuvo un impacto enorme sobre ese pueblo, fueron desplazados y llevados a pie a cruzar la cordillera para servir en las minas de oro. Ahí está una de las causas de su desintegración como pueblo.”

Conozco bastante esos ásperos lugares que describe la autora, y traté de comprender cómo serían en esa época, y fue un ejercicio duro. Entonces, traté de concebir la novela en el sentido que autora menciona en la misma entrevista:

“Después vino el proyecto de escribir la novela, que tiene un trabajo con el lenguaje particular. Es una búsqueda, un intento de crear y recrear una sintaxis o una cosmovisión, algo que fuera de otro que no conocemos, porque ese pueblo está devastado. Pero traté de trabajar en una mitología y trabajar con un lenguaje que se pareciera a una cuestión mística de una cosmovisión diferente, para poder recrear, ficcionalizar algo que cuente de lo otro que ya no está.”

O sea que lo que ya no está se introduzca entre nosotros como si fuera ahora, y lo logra: la agonía del blanco es real, aunque se cuente como historia.

Me resultó más dura esta lectura que la de Botánica sentimental a pesar de que en ella la vida ocurría en esa Mendoza destruida por el terremoto que aparece allí. Pensé, y comprendí que el territorio de esa época y sus habitantes (humanos y animales) era una Mendoza distinta, bella (con belleza de ese desierto de Mendoza) y terrible como era la vida entonces, en esos lugares.

Ese pueblo desvastado aparece ante nosotros con una realidad que solo la escritura puede lograr, y vemos –como es normal en la narrativa de Mercedes-, a las mujeres en toda la dimensión que tuvieron en la vida de la sociedad, a los hombres en un mundo donde la vida vale poco, al desierto con toda la riqueza que solemos ignorar, donde el agua es todo (Mendoza es así), y es escasa.

Mercedes cierra la entrevista así:

“APU: ¿Qué es lo más importante que tomás al momento de escribir?

M.A.: Lo más importante es ser fiel a lo que quiero decir y cómo quiero decirlo. El proceso de escritura es un diálogo constante conmigo misma, un ir y venir entre lo que siento, lo que pienso y lo que quiero expresar en el papel. Es un proceso íntimo y personal, donde el lenguaje se convierte en el medio para explorar y entender el mundo que me rodea. Escribir es una forma de reflexión, de introspección, pero también de comunicación, de conexión con otros. Así que, lo más importante es mantener esa autenticidad, ese compromiso con mi propia voz, sin dejarme llevar por las expectativas externas.”

Haber encontrado esta entrevista me ha permitido incorporar muchos elementos valiosos, pero no me ha hecho fácil agregar nuevos aspectos, salvo de lo que he sentido al leer la novela.

Para expresar esto tengo que aludir a las dos novelas mientras espero -si llega, como quiero-, la obra que complete la trilogía.

Ambas son Mendozas –históricas y presentes-, vivas desde las letras, porque la autora quiere contar lo que no han contado, como una arqueóloga, para que con esos elementos reconstruyamos no sólo el pasado, sino también el presente y el futuro.

Me gustaron esas reconstrucciones, y si bien es cierto que como mendocino vivir en esas narraciones de Mendoza, tiene un sentido profundamente bello, creo que para cualquiera conocer así nuestra tierra, vale mucho, y agradezco a Mercedes su aporte al encuentro con mi hermosa Provincia, que es así, bella y dura, fuente de grandes proyectos, como la independencia de la América colonial, como escribir narraciones y poemas, como producir música que sigue sonando.

Me gustaría leer la tercera novela.

EL PERONISMO SIGUE SIENDO UNA ALTERNATIVA: MONTEVERDE EN ROSARIO ES UN EJEMPLO

EL PERONISMO SIGUE SIENDO UNA ALTERNATIVA: MONTEVERDE EN ROSARIO ES UN EJEMPLO

POR ADOLFO ARIZA

Esta fue la noticia política del 29 de junio:

“Monteverde derrotó a los libertarios y el peronismo ganó Rosario después de medio siglo” https://www.lapoliticaonline.com/santa-fe/el-peronista-monteverde-le-gano-a-la-libertad-avanza-en-rosario/

Juan Monteverde ganó las elecciones al Concejo de Rosario encabezando una construcción política que nucleó a un amplio sector del peronismo y la centroizquierda.

En una nota de Página 12 el dirigente decía que “Hay una mayoría social que no está de acuerdo con la crueldad del proyecto de Milei”

Me resultó muy interesante el hecho en el contexto de que había una especie de consenso (incluidos dirigentes opositores al mileísmo) de que, aunque se criticaran algunas cosas, un ajuste era necesario.

Aunque en algún momento tuve tentado de aceptar esta idea, tenía –y tengo-, como peronista, un profundo rechazo al término ajuste, porque siempre es ajuste para los más vulnerables, para los ajustados de siempre. A éstos se aplicó la frase de Álvaro Alsogaray de que «Hay que pasar el invierno», en 1959, así como en todos proyectos neoliberales de Argentina, sea bajo Gobiernos democráticos o golpistas.

En cambio, Monteverde gana con otra propuesta:

“La sociedad argentina no se derechizó. No dejó de creer en la solidaridad ni en la igualdad. Lo que hay es una crisis de representación que tenemos que saldar. Y eso se logra si la política vuelve a hablar y trabajar en los problemas de la gente. Eso es algo que el domingo en Rosario quedó demostrado.”

Lo dijo en una nota con Alejandro Bercovich en La ley de la selva, y es interesante porque parte de la estrategia de la derecha neoliberal con apoyo –y conducción también- de las corporaciones fue la instalación como matriz cultural de que el problema es la “justicia social” y todos los que defienden proyectos de este tipo.

Son los chorros/as, los ñoquis, los corruptos, la casta. Hay que reconocer que han tenido éxito. En algún momento (antes del triunfo de Macri) escuché a mujeres comunes, sin ninguna militancia, decir que “En mi casa los domingos a la noche solo se escucha a Lanata.”

En la mayoría de los espacios públicos que tenían televisores prendidos se sintonizaba TN.

Fue un mensaje eficiente, organizado y permanente.

En ese contexto –por supuesto, a partir del fracaso de las sucesivas propuestas –sobre todo económicas- de los Gobiernos anteriores- se monta el esperpéntico triunfo del proyecto libertario, cuyo desastre y fracaso era –para mí- esperable.

No analizaré este Gobierno, porque la realidad lo está haciendo con toda la crudeza que siempre tiene´, pero me interesa la propuesta política que ha aparecido desde Rosario.

Las principales propuestas de Juan Monteverde durante su campaña estuvieron enfocadas en aspectos como la urbanización, seguridad, justicia y transparencia en la administración local. Entre sus ideas más destacadas se encontraban:

Mejorar la seguridad ciudadana: Implementar medidas para reducir la delincuencia y fortalecer la presencia policial en los barrios.

Reforma en la gestión urbana: Promover la urbanización y renovación de áreas deterioradas, con atención especial a viviendas y espacios públicos.

Transparencia y lucha contra la corrupción: Fomentar la transparencia en la administración municipal y combatir posibles irregularidades.

Fomentar la participación ciudadana: Incentivar la participación activa de los vecinos en las decisiones y en la gestión de la ciudad.

Políticas sociales y de inclusión: Impulsar programas de asistencia social, especialmente en sectores vulnerables.

Bercovich concluye su análisis diciendo que “para enfrentar esta crisis a la que nos trajo el hipercapitalismo y la política de la simulación hace falta ser más zurdos, más creativos, más audaces.”

Hace esta referencia desde su posición ideológica de izquierda analizando el camino que llevó a la gente a votar el proyecto libertario que se presentaba como una transformación total, que dejaba afuera todo lo que había fracasado en Argentina, y que instalaba un sistema más justo y menos corrupto.

Sin embargo, la propuesta de Monteverde, aunque creativa y audaz, no es zurda, se asienta en la doctrina peronista.

A una consulta en Página 12 respondió:

– ¿Cómo se trabaja para recomponer el vínculo entre la gente y la política?

– Para nosotros la idea de la construcción es desde abajo hacia arriba. Es decir, desde las ciudades. Esa es una hipótesis de construcción política que apunta a saldar esta distancia que hay entre la política y la gente, y abordar esta crisis de la democracia. Gobernar de manera diferente no es gobernar solamente con políticas en favor de las mayorías, sino inventando nuevas formas de participación directa, de cogestión entre el Estado y la sociedad, algo que nosotros encaramos mucho en nuestros proyectos. En la sociedad hay mucha comunidad que hay que ir a reforzar y con esa forma de gestión podemos hacer ese Estado más eficiente que hoy estamos discutiendo. Nosotros defendemos lo público, pero también entendemos que este Estado no está dando las respuestas y por eso también la democracia está en crisis como una promesa incumplida. Nuestro objetivo es ganar Rosario para que la ciudad sea un gran laboratorio a cielo abierto de una democracia diferente, que corra el límite de lo posible y que la política, el Estado y el gobierno vuelva a hablar de los problemas de la gente. Creo que cuando la gente vea que la política habla de eso, va a volver a participar.”

En Suma Política dice Monteverde:

“Y si algo demostramos nosotros, a diferencia de Sukerman, es la capacidad de gestión y el gobierno de organizaciones. Formo parte de una organización que no sólo se presenta a elecciones. Coordino una organización que todos los días abre y cierra escuelas, que todos los días hace producir la tierra, que todos los días da créditos para pequeños emprendedores, que abre espacios para la cultura. Nuestra característica es que con pocos recursos hacemos muchas cosas. Esa experiencia de gestionar, y muchas veces en la adversidad, yo creo que no la tiene ningún político tradicional.”

O sea, se lo eligió, no solo por declaraciones políticas, sino por una acción real a favor de la gente, y esas acciones se dan en el marco de un discurso explícitamente peronista, más allá, de que en su origen es una alianza a distintos partidos políticos, comunitarios, sociales y culturales que, pese a no pensar igual en todo, tenían una mirada unificada en tanto el objetivo de combatir los gobiernos autoritarios.

Una estrategia frentista de este tipo es lo que siempre planteó la doctrina peronista, lo que reafirma mi planteo de las características de la propuesta de Monteverde.

Ahora, ¿esto podría pasar en otros lugares de la Argentina?

¿En Mendoza?

Personalmente, no veo propuestas semejantes. Es más, pareciera que los candidatos peronistas están más cerca de lo que Bercovich llama “políticas de simulación”, o sea los que aceptan que había que hacer un ajuste –pero con mejores modales- con lo que habilitan a Milei.

Una reforma laboral en este contexto de caída y destrucción del empleo, no puede ser sino regresiva de las condiciones laborales de la sociedad, y creo que la instalación de las plataformas tecnológicas, como las de transporte o de delivery, que han creado una oferta laboral precaria, con muy pocos de los derechos –seguros, protección en caso de accidentes, y otros- que siempre tuvo el/la trabajador/a en nuestra sociedad.

A Monteverde lo votaron los que no quieren eso, sino una real defensa de sociedad, o sea “justicia social”, no declamada, sino efectiva.

Escribí con la idea de hacer un aporte para que tengamos una oferta política que contemple las necesidades de la mayoría de la sociedad.

Por supuesto, que creo que eso puede –y debe- proponerlo el peronismo, aunque me consta que hay muchas personas (jóvenes, sobre todo) que aspiran a que Mendoza tenga mejores gobiernos que los que ha tenido, casi sin excepción, desde la vuelta de la democracia.

Conozco a muchos/as compañeros/as que comparten esta propuesta política, y que no han sido tenidos en cuenta –de verdad, no declarativamente- por las conducciones del Peronismo de Mendoza.

Ojalá que muchos/as compañeros/as trabajen por una propuesta de este tipo para Mendoza.

NOS JUGAMOS LA VIDA EN ESTO.

Categoría: Temas políticos