VALOR Y SIGNIFICADO DE LA EDUCACIÓN UNIVERSITARIA PÚBLICA Y GRATUITA

VALOR Y SIGNIFICADO DE LA EDUCACIÓN UNIVERSITARIA PÚBLICA Y GRATUITA

 

En realidad, este no es un tema polémico, porque los/las argentinos/as desde hace mucho valoramos la Educación pública gratuita como un derecho inalienable.

Sin embargo, hubo dos etapas en las que se la que se la cuestionó, desde planteos privatizadores: en el menemismo y el macrismo. Los planteos fueron semejantes: desprestigiar la Educación pública con cuestionamientos de ineficacia y proponer sistemas privados aparentemente mejores y más baratos.

La verdad es que lo que se buscaba era la desregulación de la Educación para abrirla a empresas privadas, al modelo chileno.

Afortunadamente, los/las argentinos/as hemos rechazado democráticamente ese modelo, y vamos por más para jerarquizarla y recuperarla de la devastación que dejó el macrismo.

Por eso, y porque tuve el honor de integrar un equipo de Gobierno de la UNCuyo que trabajó exitosamente con las premisas que plantea Falcón, me pareció conveniente compartir con ustedes esta buena nota de opinión de Los Andes.

Leámosla, e internalicémosla: es uno de los máximos dones de Argentina, y nos distingue. Miren las luchas –desde hace bastante- de los estudiantes chilenos en pos de tener un sistema de Educación universitaria gratuito y público.

No ha sido gratis este logro, y es de todos nosotros: hay una larga historia: la Reforma universitaria de los radicales, la gratuidad que estableció Perón, y mucho más, lucha incluida. Por lo tanto, valorémosla, vale mucho, y es para todos los argentinos.

 

La educación universitaria

Por Paulo Falcón – Miembro del Instituto Internacional de Educación Superior para América Latina y el Caribe, de Unesco

 

https://www.losandes.com.ar/article/view?slug=la-educacion-universitaria-por-paulo-falcon

 

En relación al derecho a la educación universitaria suele haber en nuestro país dos posiciones: una que conjugando el ingreso irrestricto y la gratuidad va de la mano con la universalización del acceso a la educación universitaria y otra que sostiene la necesidad de sistemas de selección en el ingreso y aranceles a cargo de los estudiantes para acceder a la universidad.

Dicho esto, es común ver cómo la gratuidad suele ser puesta en debate. Tanto de un lado o del otro de estas posiciones, se suele abordar el tema de modo superficial, apelando a falacias por aplicación de criterios propios de sistemas educativos extranjeros o por fanatismo de las pasiones sin solvencia argumentativa, siendo que quienes recibimos educación universitaria pública y gratuita y ejercemos la docencia debemos practicar el pensamiento crítico, pero a su vez serio, riguroso, debidamente fundamentado y contextualizado.

¿Por qué hacemos referencia al derecho a la educación? Porque el derecho a la educación está consagrado en la Constitución Nacional, que establece en su art. 14, el “derecho a enseñar y a aprender”. Derechos éstos que, al no contar con especificaciones, se refieren al derecho a enseñar y aprender en todos los niveles del sistema educativo. Esta definición dio uno de los medios para la consolidación del proyecto nacional, dirigido a todos sus habitantes, como un instrumento para la construcción de ciudadanía y nacionalidad. Por eso no es extraño pensar que lo que conocemos como Argentina nació en las aulas.

Puntualmente la educación universitaria, a partir de la reforma constitucional de 1994, según el art. 75 inc. 19, establece que corresponde al Congreso de la Nación: “Sancionar leyes de organización y de base de la educación… y que garanticen los principios de gratuidad y equidad de la educación pública estatal y la autonomía y autarquía de las universidades nacionales.” Con esto se incorpora la Constitución a los principios de autonomía y autarquía universitaria, como principios fundantes de la idea constitucional de Universidad, por lo que al ser su enunciación sin adjetivaciones o limitaciones, la Carta Magna ha fijado un marco amplio para su desarrollo, lo que no puede ser limitado arbitrariamente por las leyes, decretos o disposiciones universitarias.

Al darse jerarquía constitucional al derecho a la educación universitaria, su gratuidad y equidad de la educación pública estatal, se obliga en todo momento y en todo el país a que la educación pública estatal tenga estas características, por lo tanto deben ser un rasgo imprescindible de la educación universitaria. Es importante decir que la equidad importa una verdadera obligación de hacer al Estado en cuanto a la garantía la igualdad de oportunidades, ya que pese a ser gratuita la educación universitaria, muchos no pueden acceder a ella, por eso la equidad obliga a generar políticas de apoyatura del Estado para que todos puedan alcanzarla.

Por otra parte, el derecho a la educación y la gratuidad también están constitucionalmente garantizados conforme lo dispuesto en el inc. 22 del art. 75, por un conjunto de tratados internacionales de Derechos Humanos con jerarquía constitucional, dentro de los cuales podemos mencionar concretamente a la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre y al Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Esta jerarquización constitucional a los tratados internacionales de DDHH otorga al derecho a la educación y su gratuidad en la educación pública el carácter de derecho humano, bien público y social y una responsabilidad indelegable del Estado, haciendo aplicable el principio de no regresividad en materia de DDHH, por lo que el estado jurídico asumido por la educación universitaria y su gratuidad no puede verse afectado ni considerado un servicio.

Dicho lo anterior, corresponde manifestar que cuestionar el derecho a la educación universitaria y su gratuidad implica un cuestionamiento a la constitución y por lo tanto a nuestro Estado de derecho. El Estado mediante sus normas y las universidades públicas a través de sus mejores prácticas tienen claro que la educación es una inversión -quizás la mejor inversión que pueda hacerse- pero también una responsabilidad legal y la gratuidad un derecho ciudadano consagrado a respetar.

En pleno la sociedad del conocimiento argentina debe priorizar a la educación, la ciencia y la tecnología, garantizando el financiamiento integral del sistema, evitando restricciones a los derechos de los estudiantes de acceder a la educación universitaria de calidad. Y en este aspecto me parece importante decir que a las dos posiciones marcadas se les suele agregar supuestas posiciones intermedias. Pero no nos engañemos, no hay posiciones intermedias, la restricción a un derecho, aunque mínima, como puede ser un “bono”, es en definitiva una restricción y por lo tanto una restricción al derecho a la educación universitaria, en un país que precisa más estudiantes y egresados que puedan generar crecimiento y desarrollo.

Los argentinos necesitan que los universitarios discutan sin mezquindad cómo mejorar las universidades, cómo ampliar y actualizar carreras e incorporar tecnologías, cómo generar más conocimiento, cómo la educación superior aporta a la resolución de los problemas que tenemos y a la construcción del mañana de nuestra sociedad con amplitud y rigurosidad, no con falacias, cupos ni aranceles. Pero después de discutir, debe haber compromiso universitario para llevar adelante esos cambios.

ADOLFO ARIZA

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LEGADOS DE NUESTROS PUEBLOS ANCESTRALES: VALORÉMOSLOS. EL AGUA ES UNO, Y CENTRAL

LEGADOS DE NUESTROS PUEBLOS ANCESTRALES: VALORÉMOSLOS. EL AGUA ES UNO, Y CENTRAL

 

Generalmente, no coincido con la visión de la historia y del desarrollo de los pueblos con Pablo Lacoste, pero esta nota está bien, aunque no me convenza demasiado el emparejamiento pisco- espumante, porque nos mete en una polémica no deseada: si el pisco es chileno o peruano. Está claro que Lacoste juega para Chile desde hace bastante.

Para salir de ese incómodo lugar, voy a citar un fragmento de la nota que justifica el rescate del texto de Lacoste: “Pero lo más importante de todo, es la conexión profunda -más allá de los umbrales de la historia- que existe entre el pisco de Chile y el espumante de Mendoza. Ambos tienen el mismo origen ancestral, pues están edificados sobre columnas construidas por los pueblos de la tierra: diaguitas y huarpes.”

Rescatemos los aportes de nuestros pueblos originarios.

Si no fuera por ellos, no habría habido asentamientos ni en Mendoza ni San Juan. Hay indicios arqueológicos de agricultura en estas tierras tres milenios antes de la llegada de los españoles, que no se hubieran asentado en estas zonas, de no ser por lo que ellos hicieron.

Los oasis de Mendoza son producto del agua de riego, lo que no es un dato menor, en estas épocas de disputa por el agua que escasea.

Nuestro ser construyó con esa agua: no lo olvidemos.

 

Pisco de Chile y espumante de Mendoza

Por Pablo Lacoste – Académico de la Universidad de Santiago de Chile

https://www.losandes.com.ar/article/view?slug=pisco-de-chile-y-espumante-de-mendoza-por-pablo-lacoste

El pisco es un destilado de uva; se elaboran actualmente cerca de 40 millones de litros por año, 30 en Chile y poco menos de 10 en Perú. Por su parte, el espumante es un vino sofisticado con doble fermentación. Argentina elabora 40 millones de litros por año, de los cuales 95% provienen de la provincia de Mendoza.

Los inicios de cada producto son momentos importantes y fundacionales. El pisco más antiguo fue registrado en Chile, en el Valle de Elqui, 100 km al Este de La Serena, en 1733. Fue anotado por los escribanos del imperio español. Un siglo más tarde, en la década de 1820, se comenzó a usar la palabra pisco para los destilados en Perú. Por lo tanto, Chile ostenta el título de tener “el primer pisco de América”.

En el caso de los espumantes, el emprendimiento más antiguo que ha tenido continuidad hasta la actualidad, surgió en Argentina, en la bodega Santa Ana, Guaymallén, Mendoza, en 1902. Hubo antes intentos en Chile, efímeros. En ese país, el primer proyecto con continuidad fue el de Valdivieso, que salió al mercado en 1933. Por lo tanto, Mendoza puede jactarse de contar con “el espumante más antiguo de América”.

La cuestión del nombre también ha generado polémicas. Los peruanos reivindican el nombre pisco por poseer el puerto de Pisco desde el tiempo de los incas. En Chile, en 1936 se le impuso el nombre “Pisco Elqui” a la localidad del Valle de Elqui donde había nacido el primer pisco en 1733. Actualmente hay una controversia entre Perú y Chile por el uso del nombre “pisco” para los destilados de uva. Se están realizando juicios en diversos países de América, Europa y Asia. Debido a este conflicto, el suscripto ha tenido que declarar como historiador ante la Corte de Tailandia en el pasado abril.

En cuanto al espumante, también hubo problemas de nombre. Los inmigrantes alemanes que lo elaboraron por primera vez en Mendoza, lo llamaron “champagne”, lo cual representaba subordinar la viticultura argentina a la francesa. La prensa se limitó a repetir esta actitud colonialista y se terminó por imponer esta denominación. Durante muchos años ninguna voz se levantó en Argentina para denunciar que llamar “champagne” al espumante argentino es lo mismo que llamar “Falklands” a las Islas Malvinas. En la presentación de su libro sobre Malvinas, Sergio Bruni ha explicado la importancia y valor simbólico de los nombres.

La batalla por la identidad no se limita al nombre, sino que se extiende a otros elementos como la Denominación de Origen y el Día Nacional. En Chile, el pisco fue delimitado como Denominación de Origen el 15 de mayo de 1931 por el presidente Carlos Ibáñez del Campo, el gran amigo de Perón. Perú hizo lo mismo más tarde, en 1991, por decreto de Alberto Fujimori. En Argentina, el 12 de enero de 2019, el intendente de Guaymallén, Marcelino Iglesias, anunció la decisión política de crear la primera Denominación de Origen de América de espumante.

El Día Nacional del Pisco en Chile es el 15 de mayo, en conmemoración de aquel Decreto con Fuerza de Ley de 1931 que delimitó la DO. Fue establecido en 2009 por la presidente Michelle Bachellet. A partir de entonces, todos los años se realiza una semana de fiestas y celebraciones para conmemorar la gesta y visibilizar el pisco chileno.

En Argentina, se está impulsando el 15 de noviembre como Día Nacional del Espumante, para conmemorar esa fecha de 1902, cuando se celebró un banquete en Buenos Aires, en el cual el inmigrante alemán Carlos Kalless, dueño de Bodega Santa Ana, presentó su primer espumante al entonces ministro de Obras Públicas, Emilio Civit. Esta iniciativa es impulsada por la titular del Concejo Deliberante de Guaymallén, Evelin Pérez. Curiosamente, antes de establecerse oficialmente como Día Nacional del Espumante, en Argentina ya se hacen celebraciones del producto a través del evento “Burbujas y sabores”, que el Departamento de Guaymallén organiza cada año desde 2016. En caso de concretarse el proyecto, quedará perfeccionado institucionalmente un movimiento que ha comenzado de abajo hacia arriba. Pero lo más importante de todo, es la conexión profunda -más allá de los umbrales de la historia- que existe entre el pisco de Chile y el espumante de Mendoza. Ambos tienen el mismo origen ancestral, pues están edificados sobre columnas construidas por los pueblos de la tierra: diaguitas y huarpes.

Tanto la Región de Coquimbo como la provincia de Mendoza son zonas áridas, con escasas lluvias. Las precipitaciones anuales (100 y 200 mm respectivamente) son insuficientes para desarrollar la agricultura y la vitivinicultura. Los españoles hubieran pasado de largo en ambos territorios, sin fundar La Serena (1549) ni Mendoza (1561) de no ser por los pueblos originarios. Ellos impulsaron la cultura del agua, el riego y la agricultura, lo cual hizo posible que los españoles introdujeran allí la vid y el vino.

Por este motivo, tenemos que darnos cuenta, de una vez por todas, de la importancia central que tiene el legado de nuestros pueblos ancestrales.

Huarpes y diaguitas son nuestros vikingos, nuestros galos y nuestros celtas. Y el cacique Guaymallén es nuestro rey Arturo, nuestro Cid Campeador, nuestro Beowulf. La diferencia entre el desarrollo de esas imágenes depende de las industrias culturales. Los países desarrollados las han visibilizado a través del cine, la literatura, la música y el arte en general. Nosotros nos hemos quedado muy atrás en ello. Tenemos una enorme tarea pendiente.

El pisco de Coquimbo y el espumante de Mendoza representan productos típicos, modelados a través de siglos de historia. Son construcciones colectivas, realizadas de abajo hacia arriba por los pueblos, con el aporte de campesinos, enólogos, viticultores y profesionales, juntamente con líderes políticos y estadistas que ayudaron a visibilizarlos, promoverlos y valorizarlos.

ADOLFO ARIZA

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APUNTES SOBRE EL GOBIERNO DE FERNÁNDEZ – FERNÁNDEZ PRIMERA ENTRADA

APUNTES SOBRE EL GOBIERNO DE FERNÁNDEZ – FERNÁNDEZ PRIMERA ENTRADA

 

Evidentemente, esta entrada podría ir en la categoría de Temas políticos, pero voy a comenzar con una nueva, siempre con el objetivo inicial de aportar elementos de juicio a quienes quieran comprender la situación de Argentina.

Es claro que mi cosmovisión es peronista (aunque, en alguna época, algunos politólogos progres le negaban esa categoría), pero no voy a hacer apología del Gobierno, no la necesita. Solo quiero aportar positivamente a algo que parece esencial: terminar con el planteo de una Argentina dividida (la llamada “grieta”) en dos bandos enfrentados y que, en muchos casos, se odian.

En la nota incluida, Natanson dice que “la judicialización de la política es una de las principales causas de la polarización”, y es verdad, pero salir de esta situación será una tarea difícil y dura, porque hay una historia en la que se arraiga esta perversa estrategia. Recordemos al Martín Fierro: “Hacéte amigo del Juez / no le des de qué quejarse; …/ pues siempre es güeno tener / palenque ande ir a rascarse.”, o “la ley es como el cuchillo, no ofiende a quien lo maneja”. Hernández tiene varios versos duros sobre la ley. Recomiendo leer –como lo hacía con mis alumnos/as, que terminaban valorándolos- El gaucho Martín Fierro y La vuelta de Martín Fierro”. Siguen siendo una obra clave para entender la Argentina desde la Generación del 80 hasta ahora.

Hace un tiempo que había dejado de citar a Natanson, porque me pareció que su mirada, en sus categorías de análisis, era más europea que latinoamericana, pero esta nota es realmente buena, con la mayoría de los elementos de juicio que hoy juegan en el muy complejo mundo en que vivimos.

Me resultó muy interesante. Espero que a ustedes también.

 

Conservar el centro

Por José Natanson

https://www.eldiplo.org/247-la-economia-despues-de-la-grieta/conservar-el-centro/

Como un yogui enojón, Alberto Fernández puede irritarse y pasarse de rosca, pero rápidamente recupera su centro. Desde su designación como candidato, toda su campaña se orientó en el mismo sentido de lograr la unidad del peronismo y dejar atrás la etapa de la grieta, tarea entendida no como la búsqueda de un promedio reactivo a los dos polos sino como la inauguración de un nuevo tiempo político. El centro de Alberto no es macrismo más kirchnerismo dividido dos, sino la construcción de un nuevo eje a partir de un programa (reactivación económica, protección social, regeneración de la justicia), un método (pacto social, mesas sectoriales) y un estilo (explicar, explicar, explicar). Las evocaciones explícitas a Raúl Alfonsín, la figura que eligió para abrir y cerrar su discurso de asunción, refuerzan esta idea: podría haber apelado a Perón o Cristina, pero eligió a ese santo laico en que se ha convertido el ex presidente radical, y al hacerlo puso un pie en tierra nueva.

Es lógico: Alberto no puede permitirse establecer una división funcional según la cual le ceda la totalidad de la invocación simbólica al kirchnerismo mientras él se dedica simplemente a gestionar el Estado, porque en ese caso se quedaría solo con lo más difícil, con el conflicto, la escasez y la crisis. Por eso, sin estridencias, pero decidido, trabaja en la consolidación de su gobierno y su liderazgo: los integrantes del gabinete, de un progresismo casi frepasista, se destacan también por sus antecedentes en materia de manejo de los recursos estatales –incluso, o sobre todo, aquellos que ocuparon cargos de alta responsabilidad pública: Felipe Solá, Ginés González García, Gabriel Katopodis y, por supuesto, Gustavo Beliz–. Alberto no quiere o no puede hablar de corrupción, pero es evidente que la selección de sus funcionarios estuvo guiada también por este criterio.

El primer paso concreto de su gobierno, la megaley de emergencia económica y social, confirma su intención de avanzar por el difícil camino de aumentar impuestos sobre los sectores más privilegiados (retenciones, bienes personales, turismo en dólares), compensar a los más desfavorecidos (bonos, tarjeta alimentaria) y reservarse para sí un amplio margen de discrecionalidad (suspensión de la fórmula de ajuste previsional). Mejorar la vida de los más postergados sin recurrir al déficit ni a la emisión como condición para avanzar en una negociación rápida con el FMI.

La pregunta es si el contexto le permitirá conservar este centro difícil. Dos fuerzas globales lo amenazan. La primera es Estados Unidos, que desde la llegada al poder de Donald Trump viene desplegando un nuevo modo de intervención en América Latina, un renovado “injerencismo” que remite más al mundo bipolar de la Guerra Fría que a la relativa retracción de los últimos años, en buena medida porque estamos ante la emergencia de una nueva Guerra Fría. Como sostiene Juan Gabriel Tokatlian (1), la nueva doctrina de seguridad estadounidense consiste en recrear la doctrina Monroe en su patio trasero y evitar que China construya su propia doctrina Monroe en su patio trasero (el Sur de Asia).

Conforme esta nueva estrategia, Trump despliega una intervención más abierta y despiadada, como se vio en Venezuela y Bolivia y de la que tuvimos una primera muestra con el desplante de uno de sus enviados, Mauricio Claver-Carone, en la ceremonia de asunción del 10 de diciembre. En teoría, entonces, Washington debería valorar la normalidad del recambio democrático argentino y la llegada al poder de un gobierno que, en una región convulsionada, plantea un programa moderado de reconstrucción reformista, y que actúa en los hechos como una superación del kirchnerismo cristinista. Pero solo en teoría. En otro siglo, también Perón era en los hechos un freno al comunismo y Estados Unidos no lo vio como un aliado táctico sino como un enemigo a derrotar.

En este marco, el objetivo de Alberto de construir una relación madura con Estados Unidos queda a merced del trazo grueso de un Trump que ha demostrado que no está dispuesto a arriesgar un solo voto en función de su política exterior, como quedó claro con los aranceles al acero y al aluminio impuestos a las exportaciones de Argentina pero también de Brasil, supuestamente su mejor amigo en la región. ¿Podrá el gobierno argentino asegurarse el apoyo de Washington en el directorio del Fondo sin ceder a un alineamiento automático? ¿Podrá evitar subordinarse a Estados Unidos o, en el otro extremo, emprender un giro bolivariano que lo empuje a los brazos de China y Rusia? La política exterior de México, guiada por la mano experta de su canciller Marcelo Ebrard, puede servir no de modelo, porque la relación de ese país con Estados Unidos es muy diferente, pero sí de referencia: México logró renegociar el acuerdo de libre comercio de América de Norte, sin el cual su economía se hubiera derrumbado, cediendo en temas cruciales (el envío de militares a su frontera Sur para morigerar el flujo migratorio) y manteniendo ciertos grados de autonomía (el asilo a Evo Morales así lo demuestra).

Si la primera amenaza a los objetivos de Alberto es geopolítica, la segunda es de cultura política. La polarización es una tendencia global. En “La era de la indignación” (2), el especialista estadounidense Jonathan Haidt cita datos del estudio elaborado desde hace tres décadas por la consultora Gallup y el Centro de Investigación Pew, que revela un incremento sostenido de la polarización en Estados Unidos. ¿Cómo se comprueba esto? Por ejemplo, por el creciente porcentaje de personas que responden afirmativamente cuando se les pregunta si el partido rival es un peligro para el país o, lo que quizás resulte más preocupante, por el incremento de los que admiten que les molestaría que su hijo se casara con un demócrata (si son republicanos) o con un republicano (si son demócratas). Aunque en menor medida, esta mayor intolerancia al otro se verifica también en materia religiosa, social y étnica.

Pero la polarización no es una tormenta inevitable sino una construcción social que los políticos, en el ejercicio cotidiano del poder, pueden moderar o agudizar. Haidt recuerda por ejemplo que durante su paso por la presidencia de la Cámara de Representantes el congresista conservador Newt Gingrich modificó el reglamento para que las sesiones se realizaran solo de martes a jueves, de modo tal que los legisladores pudieran regresar a sus estados los fines de semana, y estableció una serie de medidas para desalentarlos a que se mudaran de manera permanente a Washington. ¿El motivo? Gingrich quería evitar que los republicanos desarrollaran amistades con los demócratas.

Si la presión hacia una radicalización es global, entonces las causas deben ser también globales. La primera es por supuesto el aumento de la desigualdad, la creciente heterogeneidad salarial (reflejo de un mundo laboral dividido entre unos pocos empleos calificados y bien pagos y un océano de trabajos basura) y el fin de la perspectiva de movilidad social ascendente, la crisis del sueño americano: sociedades divididas entre los ganadores y los perdedores de la globalización. Esta realidad, comprobable incluso en economías en crecimiento y con bajo desempleo como Estados Unidos, se verifica también en países de desarrollo medio como el nuestro: la Argentina competitiva de la soja y las ciudades contra la Argentina subsidiada de la industria y los conurbanos.

A ello hay que sumar la reconfiguración del ecosistema mediático, que también fomenta la radicalización. Cincuenta años atrás, cuando la comunicación audiovisual se limitaba a unos pocos canales de televisión y un puñado de emisoras AM, los medios se veían obligados a asumir posiciones ideológicas más amplias –o más moderadas– para interpelar a universos extendidos. La aparición de la FM, más tarde la llegada del cable y por último la creación de los portales web multiplicaron los emisores y produjeron una hipersegmentación del público, creando grupos de audiencias más chicos que a su vez componen mundos ideológicos alejados entre sí (3). Las redes sociales cerraron el círculo. Como explica Natalia Zuazo (4), las redes son en esencia empresas de publicidad, cuya rentabilidad depende de que pasemos dentro de ellas la mayor cantidad de tiempo posible, lo que las lleva a ofrecernos información que nos haga sentir “cognitivamente cómodos”, es decir información con la que estemos de acuerdo. Aplicando la lógica predictiva, el algoritmo nos encasilla y nos radicaliza, sumergiéndonos en un mundo en el que todos piensan como nosotros.

Todo esto actúa como una fuerza centrífuga que fortalece los polos y aleja a los políticos del centro. Ahí están Trump y Boris Johnson, pero también Bernie Sanders y Jeremy Corbyn. Y no hace falta ir tan lejos: Sebastián Piñera pasó de una primera presidencia templada, que no desentonaba de los gobiernos anteriores de la Concertación, a un segundo mandato de derecha pura y dura. Jair Bolsonaro llegó al gobierno con un discurso intolerante y violento en un país considerado un ejemplo de moderación centrista. Y en Argentina el macrismo también comenzó como una mezcla de liberalismo y conservadurismo para terminar bolsonarizado. El caso más notorio es el chavismo, surgido como un movimiento democratizante e inclusivo y convertido hoy en un régimen militar y autoritario.

Rebobinemos antes de concluir. Por un efecto casi diríamos gravitatorio, las sociedades actuales potencian los extremos, premian los planteos disruptivos y radicalizan las posiciones. En América Latina, la intervención cada vez más descarada de Estados Unidos complica la estrategia de evitar un alineamiento automático con alguna de las dos potencias. Bajo estas condiciones, Alberto avanza en su agenda de reparación social y recuperación económica, acepta negociar, por ejemplo, al excluir de la ley de emergencia el artículo que lo habilitaba a disolver organismos, y se muestra atento a la realidad, aceptando los reclamos para revisar las jubilaciones de jueces y diplomáticos.

Pero hay otros problemas, problemas que insinúan una guerra en el corto plazo y que merecen un urgente tratamiento de shock. Como señalamos en otro editorial (5), la judicialización de la política es una de las principales causas de la polarización. En efecto, la intromisión de los tribunales en cuestiones antes reservadas a los políticos, el protagonismo de los servicios de inteligencia y la multiplicación de ex funcionarios presos hacen que la disputa por el poder ya no sea sólo una disputa por el poder sino algo más cruel y definitivo: los políticos se juegan también su prestigio y su libertad, con el lógico resultado de que estén dispuestos a hacer más cosas que antes para retenerlo, lo que le imprime a la política un plus de dramatismo que ensancha la grieta.

Alberto debe encarar este tema de frente y sin dilaciones, mientras conserva intacta la legitimidad electoral, antes de que los habitantes de los sótanos despierten y las operaciones comiencen a enturbiar el horizonte.

 

  1. Entrevista en www.cenital.com
  2. Revista Letras Libres, 1-1-18.
  3. Jorge Fontevecchia, “La polarización”, www.perfil.com/noticias/columnistas/la-polarizacion.phtml
  4. “La conversación imposible”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, N° 238, abril de 2019.
  5. Editorial en Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Nº 238, abril de 2019.
ADOLFO ARIZA

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UN RECUERDO PARA EL DR. RICARDO VEGA, HOMEÓPATA

UN RECUERDO PARA EL DR. RICARDO VEGA, HOMEÓPATA

 

He leído la nota de Cintia, la hija de Ricardo, a la que conocí cuando trabajaba con su padre, y concuerdo totalmente con lo que dice, y quiero compartirlo con los mendocinos, sobre todo, porque es un recuerdo merecido.

Fui paciente de Ricardo durante varios años, como mi esposa, y varios amigos. Cuántas veces escuché en la sala de espera del consultorio (siempre había que esperar porque estaba llena, y Ricardo le daba a cada uno de nosotros el tiempo que necesitábamos), historias de gente que contaba que había llegado a la consulta con una orden de operación para que le amputaran una pierna, y que ahora estaba caminando.

Siento lo obvio en estos casos: ¿Por qué murió tan joven si había tanta gente que lo necesitaba?

Ahora está en otro plano, y alguna explicación habrá.

Por él valoré la homeopatía, y otras medicinas complementarias (evito con toda intención la palabra alternativa, que no corresponde). Sé que hay gente que la descalifica, porque considera que la medicina alopática es la única que cura, porque es científica.

Hoy, con mi terapeuta, trabajo en decodificación bioemocional, y puedo decir lo que he llegado a conocer.

No discutiré posiciones personales, pero sí aseguro, porque lo he vivido personalmente, y conozco bastantes casos en que ha pasado: la gente se cura.

Por eso iba a que la atendiera Ricardo, porque se mejoraba.

Hasta pronto, Ricardo. Todos/as los/as que fuimos tus pacientes te extrañamos, y rezamos por vos.

 

Adiós a un médico de gran humanismo

https://www.losandes.com.ar/article/view?slug=adios-a-un-medico-de-gran-humanismo—por-cintia-vega

 

El pasado 18 de diciembre falleció, a la edad de 66 años, el médico Antonio Ricardo Vega Bucciardi, un profesional de la Medicina muy querido por una gran cantidad de personas que se atendían con él desde hace muchos años, en su consultorio de la calle Miguel de Cervantes Saavedra, barrio Don Bosco de San José, Guaymallén

Los pacientes fueron su huella por este mundo. Cada uno de ellos tiene una historia para contar de él: relatos increíbles de curaciones que me llenan de orgullo. Al principio y por varios años algunos pacientes le pagaban la consulta con cajones de fruta, pollos o carne.

Practicante de la medicina homeopática, se había recibido de médico en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo)-en marzo de 1986.

Las personas que lo conocieron y recurrieron a él en búsqueda de soluciones para sus problemas de salud lo recordarán como un galeno preocupado por cada uno de los que llegaban a la consulta, pero que se destacaba por el trato humanizado y cordial que les dispensaba.

Lo evocamos como un gran hombre, padre, esposo, abuelo, médico y amigo.

Dedicado y comprometido, respetuoso y honesto, su mirada era profunda y sincera. Se entregó plena y amorosamente a su profesión. Como siempre estuvo presente y preocupado por la tarea diaria, no tenía muchos amigos, pero a los pocos que estaban cerca, como Leopoldo Firkentel (Dito), los apreciaba profundamente, igual que a sus compañeros del colegio de los Hermanos Maristas, donde cursó primaria y secundaria entre los años 1958- 1969.

Su esposa Sonia fue su gran compañera y su hermana Mercedes, junto con quien firma estas líneas, fuimos los únicos lazos de sangre por muchos años. Sus nietos y yerno -Carlos- dieron alegría a su vida y esperanzas.

Cintia Vega

DNI 26.314.662

ADOLFO ARIZA

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