LOS PICHICIEGOS DE FOGWILL POR ADOLFO ARIZA

LOS PICHICIEGOS DE FOGWILL POR ADOLFO ARIZA

Compré este libro en el 2014 para mi hija que lo tenía como lectura en una materia del Normal donde estudiaba Profesorado en Lengua. Hace unos días me lo trajo para leerlo y publicar una entrada en este blog.

No había leído nada de Fogwill, sociólogo, publicista y definitivamente irreverente escritor, que decía: “Creía en mí, no en la literatura””.

Esto es muy importante porque no es un escritor común:

“Y por lo general, por no decir casi siempre, el yo de Fogwill (potente, disruptivo, cáustico, fascinante, intimidatorio, encantatorio, perturbador, rotundo) es empleado como punta de avanzada de su literatura. Fogwill funcionaba como una especie de agente de su propia obra, en los múltiples sentidos de la palabra agente: el etimológico (el que la llevaba, el que la impulsaba, el que la empujaba hacia delante), el profesional (gestor editorial, negociador de contratos, difusor general, representante), el del mundo del espionaje (operar, a la vista o en sigilo, tramar y conspirar, infiltrarse)”. (https://www.infobae.com/cultura/2020/08/21/el-legado-de-fogwill-entre-el-buen-realismo-la-sensibilidad-de-las-palabras-y-la-leyenda-personal/)

Esto hace que esta novela, que transcurre en las Islas Malvinas antes del fin de la guerra, tenga particularidades que hacen que su lectura sea muy recomendable.

Es una novela importante dentro de la literatura nacional, y Fogwill, como decide presentarse con solo el apellido (como Platón, dijo) es un autor de una vasta obra de poesías, novelas y cuentos, desde un poemario, en 1979, El efecto de la realidad (empieza a escribir de grande, ya que había nacido en 1941) hasta la póstuma Estados alterados, de2021 (muere en el 2010).

“En 2010, cuando la Argentina festejaba el Bicentenario, el Centro Cultural Haroldo Conti montó la muestra “200 años 200 libros” y, entre el Facundo y El Aleph, entre El limonero real y La invención de Morel, aparecía incuestionable y altivo un ejemplar de Los Pichiciegos. Era de la primera edición, la de De la Flor, que decía “pichy-cyegos” y tenía una portada que simulaba la etiqueta del licor que tomaban los soldados en Malvinas.

La guerra nunca lo abandonó del todo a Fogwill. Volvió a ella varias veces después de Los pichi. Tal vez porque, como escribió en el cuento “El arte de la novela”, la guerra es una experiencia contemporánea inevitable para cualquier escritor. “Siempre había pensado que intercalar los efectos de una guerra convencional en un relato convencional era una posibilidad ajena a cualquier pequeño escritor argentino, y sin embargo allí estaba la guerra, intercalada, tan respetuosa del realismo como cualquiera de las guerras que se leen en las novelas extranjeras de la década del cuarenta”.” (https://www.infobae.com/cultura/2021/09/19/fogwill-reediciones-e-ineditos-para-seguir-leyendo-al-gran-provocador-de-la-literatura-argentina/)

Es muy buena la presentación que hace de su novela porque la saca del molde en que caemos, casi inevitablemente, los/las argentinos/as cuando nos enfrentamos a Malvinas. Yo viví la guerra, y aunque nunca defendí la posición bélica, sentí rencor y rabia (como la mayoría, creo) hacia los piratas y usurpadores ingleses.

“Sobre Los Pichiciegos (que transcurre mayormente en una cueva malvinense improvisada por desertores del ejército), por ejemplo, dice: “Pretendía ser un trabajo hacia el habla argentina. Pero no sé si lo logró. Ya en esa época para mí la nación no era más que la lengua. En los 80 yo decía que podría escribir de nuevo Pichiciegos sin Guerra de las Malvinas: no era una novela sobre la guerra”.” (https://socompa.info/entrevista/ser-escritor-es-fracasar-en-la-vida/).

En esa misma entrevista, leemos: “Para escribir Los Pichiciegos, Fogwill declaró haber usado su conocimiento del frío (solía navegar por los mares del sur), de la colimba y de los pibes. Pero la sustancia que regula todas las acciones a lo largo de la novela es el miedo. “Yo viví años con miedo, loco. Está bien que era un miedo anestesiado, pero era miedo al fin. Yo había sido trotskista, y una vez los milicos tuvieron secuestrado durante meses a un tipo que vivía un piso debajo mío, pensando que era yo. En los últimos años de mi carrera empresaria yo vivía con miedo, me mangueaban de todos lados, me buscó la cana durante un mes. Cuando caí preso se me pasaron todos los miedos. En la cárcel fui el tipo más libre del mundo.”

Fogwill no habla como un escritor convencional, no lo es: cuando le hacen un planteo literario, sobre el género de sus cuentos, dice: “–No, no, yo escribo, loco, no tengo problema con los géneros.”

Es deliberadamente irreverente y disruptivo, porque elige ser diferente, como persona, escritor e intelectual.

Leamos cómo lo explica él:

“–Las grandes editoriales son el camino más rápido a la mesa de saldo. De sus libros buenos venden cuatrocientos, y encima casi todos son malos. Pero de golpe les ofrecen tres o cuatro mil mangos a pibes que están en la lona y agarran; van a la mesa de saldo al par de meses y así es como los desgastan.

–Salvo si uno está consagrado…

–No, no: salvo si uno es una máquina de hacerse propaganda, como soy yo.

–¿Eso le viene de su carrera como publicista? [Fogwill, asesor de marketing, fue responsable de los horóscopos Bazooka e inventó nada menos que el eslogan “El sabor del encuentro”.]

–No, no. Es la personalidad. Hay grandes escritores que en la cancha pueden ser virulentos peleadores y después en la literatura tienen miedo. ¿Pero de qué? ¿De fracasar? Si ser escritor ya es fracasar. ¿Qué peor te puede pasar? ¿Cuál sería el éxito de un escritor? ¿Ganar el premio nacional, 1.500 mangos por mes? ¿La jubilación de un sargento?” (Entrevista citada)

Sigue:

“Ser escritor es fracasar en la vida. Casi todos terminan mendigando la beca, el pequeño premio. Una mina para casarse quiere un tipo que tenga no esta mierda [y golpea el volante], sino de Volkswagen Gol para arriba, y que pueda comprar departamentos; y los escritores no pueden, terminan, de viejitos, en el mejor de los casos, ganando luca y media por mes del premio nacional, el que es profesor a lo sumo otra luca, y si los editores les pagan dos libros por año son diez lucas, o sea 3.300 pesos por mes, y con eso no se paga ni el seguro de uno de esos autos.”

Finalmente:

“–Escribir para mí es pensar. Es cierto, aunque sea pensar sobre la frase (y no sé si hay maneras de pensar fuera de una frase). Y escribo para no ser escrito, para no ser narrado por el discurso social que circula y tengo que repetir. Y ahora siento que a medida que voy escribiendo, que sale un libro nuevo, o que tengo un texto nuevo satisfactorio (porque los libros no me importan una mierda, acá todos hablan de los libros y nadie de los textos), siento que obtengo una victoria, porque no es algo que me mandaron. A mí me haría muy feliz ganar un premio grande, como el Cervantes, de 250 mil euros, sería muy feliz. Pero si yo pudiera hacer un libro bueno, pero un libro bueno-bueno, como El discurso vacío, de Mario Levrero, sería más feliz.”

Este es el escritor que escribe Los pichiciegos. No es tan común que el mismo autor entregue tantos elementos válidos sobre su vida y obra. Es lúcido e implacable sobre la realidad en la que produce sus obras.

Esto es lo que dice de la novela:

“Lo que más impide es el poder editorial, que obliga a escribir cosas legibles. Los buenos libros son ilegibles; Los Pichiciegos, al salir, era casi ilegible. Las faltas sintácticas de los personajes fueron censuradas en La Nación diciendo que se notaba que la novela fue escrita muy rápido. Algunas cosas eran demasiado obvias en ese momento, como la derrota argentina. Pero otras cosas eran impensables, como el retorno democrático, anunciado en la novela. A la semana de haberla escrito, la llevé a varias editoriales. Durán, dueño de la editorial española Legasa, que editaba a [Jorge] Asís, me dijo que la editaba instantáneamente, desafiando el poder de los milicos, si yo le agregaba un acto heroico por parte de los pichis, heroico por la patria. Y los de Galerna me ofrecieron cualquier plata para pedalearme, mientras mandaban un tipo a hacer entrevistas que desembocaron en el libro Los chicos de la guerra, con el que se llenaron de plata. Como si un pibe de 18 años que tiene que matar fuera un chico, ¡por dios! Llamarlos chicos, y poner a las asociaciones de psicólogos al servicio de “curarlos” fue una maniobra para desmalvinizar a la Argentina. Los estigmatizaron de arranque, por eso la tasa de suicidios es mayor que entre los leucémicos y sidosos terminales.”

Lúcido y terrible, y esta es la sensación que tenemos al leer la novela: Malvinas es un mundo bipolar: arriba, las islas, los soldados ingleses, los Sea Harrier en el cielo: una muerte que puede llegar en cualquier momento; abajo, esa red de cuevas donde habitan los pichis, que es un mundo extraño, de pesadilla, pero poblado con gente común: los pibes de la guerra (sí, eran pibes), venidos de las provincias, mal preparados, mal vestidos y comidos.

¿Cómo es ese mundo?

“-Igual no sé … Posiblemente parecido … -le dije, casi preguntando.

-No. Ni parecido es: pensá en el frío. Pensá en el miedo. Pensá en la mierda pegada contra la ropa. Pensá en la oscuridad y pensá en la luz que cuando te asomás te hace doler los ojos. Eso -me insistía- no tiene nada que ver con lo que pasa aquí. -Y señalaba la ventana.

O tiene que ver: hablar del miedo, por ejemplo.

El miedo: el miedo no es igual. El miedo cambia. Hay miedos y miedos. Una cosa es el miedo a algo -a una patrulla que te puede cruzar, a una bala perdida-, y otra distinta es el miedo de siempre, que está ahí, atrás de todo. Vas con ese miedo, natural, constante, repechando la cuesta, medio ahogado, sin aire, cargado de bidones y de bolsas y se aparece una patrulla, y encima del miedo que traés aparece otro miedo, un miedo fuerte pero chico, como un clavito que te entró en el medio de la lastimadura. Hay dos miedos: el miedo a algo, y el miedo al miedo, ese que siempre llevás y que nunca vas a poder sacarte desde el momento en que empezó.

Despertarse con miedo y pensar que después vas a tener más miedo, es miedo doble: uno carga su miedo y espera que venga el otro, el del momento, para darse el gusto de sentir un alivio cuando ese miedo chico -a un bombardeo, a una patrulla- pase, porque esos siempre pasan, y el otro miedo no, nunca pasa, se queda.

¿Y ahora? -guié

Tampoco, ya no, tampoco –dijo y me miró- ¿Entendés?

-Sí -respondí convencido.

-No. ¡No me entendés! Seguro a vos alguna vez habrán estado a punto de boletearte, fuiste preso, tuviste dolores en una muela, o se te murió tu viejo. Entonces, vos, por eso, te pensás que sabés. Pero vos no sabés. Vos no sabés. (Pags. 94-95)

Allí vivían, enterrados como los pichiciegos:

“-¿Qué…? ¿Nunca comieron pichiciegos … ? -averiguaba el santiagueño-. Allí -preguntaba a todos-, ¿no comen pichiciegos?

Había porteños, formoseños, bahienses, sanjuaninos: nadie había oído hablar del pichiciego. El santiagueño les contó:

El pichi es un bicho que vive abajo de la tierra. Hace cuevas Tiene cáscara dura -una caparazón- y no ve. Anda de noche. Vos lo agarrás, lo das vuelta, y nunca sabe enderezarse, se queda pataleando panza arriba. ¡Es rico, más rico que la vizcacha!” (Pág. 27)

Hay una narración en tercera persona, pero de alguien que está ahí, (un pichi) y otra del que toma notas de lo que pasa y lo escribe, o sea el autor (Quique Fogwill) (un pichi que desaparece de la novela).

Está muy presente la realidad argentina, de eso hablan los pichis (a uno le dicen Galtieri) desde las limitaciones culturales propias de colimbas. Es un video de ese terrible momento de Argentina.

Fogwill busca lo argentino en su novela, como quizás en toda su obra (no la he leído como para opinar) y la echa sobre nosotros, como la nieve –“pegajosa, pastosa”- que describe en el inicio de la novela, y nos invade y enmudece.

Es un mundo muy duro el que muestra el cáustico Fogwill, y es más que una etapa de nuestro país, porque allí está la Argentina esencial de la época.

Novela dura como la misma guerra: solo queda el narrador, y la guerra llega a su fin. No hay salvación, y decide caminar –una decisión tomada al azar- hacia el pueblo, sin ningún propósito.

Sin embargo, no es un pesimista: por ejemplo, Fogwill cree en la democracia para Argentina y le entusiasma criar hijos, aun de viejo.

Algunos catalogan su obra de realismo social, con personajes que son prototipos de una dimensión social a la que representan; sin embargo, en aquella suelen ingresar, como las monjas en Los pichiciegos, elementos inexplicables, a veces fantasmales. Esto podría hacernos pensar que su obra es fantástica: de hecho, las cuevas en Malvinas son un mundo ficticio, por momentos irreal o imposible, pero no lo sentimos así.

La ficción se impone, que es lo que quiere Fogwill, porque él es el personaje de su obra, y así queda instalada, y así la vivimos, como el pichi que decide caminar porque ya nadie puede decidir, porque la guerra terminó con todo.

Creo en la validez del mito de Fogwill, en lo que él mismo construyó, difundió y promovió, con todos sus excesos y virtudes. Alguna definición de mito dice: “Historia imaginaria que altera las verdaderas cualidades de una persona o de una cosa y les da más valor del que tienen en realidad.”

Pero creemos en el mito, no en la realidad.

En Malvinas viven los pichiciegos, seres fantasmales en un mundo fantasmal, en el marco de una guerra sin sentido, y cuando esta termina, también desaparecen. Son un grupo de argentinos bien reales, prototipos de un país y de una época, que quedan enterrados sin ruido ni lágrimas. Terminó su etapa.

He leído la novela y releído muchas veces sus páginas en la escritura de esta entrada, y cada vez surgieron detalles no percibidos, comentarios que habría que entender más profundamente.

Por algo hay varios críticos que consideran a Los pichiciegos una de las novelas más potentes de la literatura argentina. Al principio me pareció que esto era exagerado, pero ahora, cerrando esta entrada, he cambiado de opinión.

HAY QUE LEERLA. ES UNA NOVELA DISTINTA, LLENA DE ARGENTINA Y DE ARGENTINOS/AS. VALE LA PENA.

LÉANLA Y SAQUEN SU CONCLUSIÓN.

SIRA DE MARÍA DUEÑAS POR ADOLFO ARIZA

SIRA DE MARÍA DUEÑAS POR ADOLFO ARIZA

Como otras veces, escuché una entrevista a la autora en La Conversación, el programa de radio de Andrés Gabrielli, y decidí leer la novela para hacer una entrada en mi blog. Cuando le vi el tamaño en la librería (son 642 páginas), pensé en el tiempo que me llevaría la lectura, porque no soy lector de tiempo completo por estos días, pero arrugar hubiera sido una cobardía indigna de un profe de Literatura.

Fue una muy buena decisión.

No había leído El tiempo entre costuras, aunque sabía de la novela y de su éxito, así como el de la serie de tv, así que no conocía a Sira Quiroga, la de las varias identidades, pero he disfrutado mucho su lectura. EL mejor testimonio es que la he leído en tres días, sacándole tiempo a otras actividades, en primer lugar, por el interés que me provocó, pero también porque no hay otra manera de leer una novela larga, como esta, llena de situaciones, personajes, espacios, y mantener la comprensión de la obra.

La escritora la presenta así en su web (https://mariaduenas.es/noticias.php):

«Casi doce años después de su llegada a las librerías, vuelve Sira. Recuperarla para esta novela ha sido fascinante, juntas hemos recorrido escenarios, intrigas y momentos que marcaron una época. Confío en que este reencuentro cautive de nuevo a todos los que disfrutaron El tiempo entre costuras.»

En una entrevista en Clarín (https://www.clarin.com/viva/maria-duenas-habla-sira–nuevo-libro-evita-personaje_0_iHZHeUjKd.html) habla de Sira antes y ahora:

“Pasaron casi doce años y, a partir de mi fascinación por Tánger (uno de los escenarios importantes en El tiempo…), le di una oportunidad a Sira.

– ¿En qué cambió el personaje y en qué cambiaste vos desde la publicación de esa primera novela?

-Sira ha crecido, ha madurado, vive nuevas aventuras, pero las lleva de distinta manera. Tiene treinta y pico: ya no es una jovencita ingenua; tiene otras prioridades, para mí gusto es más atractiva.”

Es cierto, Sira es muy atractiva, además de valerosa, exitosa en lo que se meta, inteligente, una heroína que define un estereotipo propio.

Por momentos parece como una súper heroína, pero no molesta en el marco de una novela cuidadosamente elaborada.

Se haría largo el detalle de su personalidad, por momentos paradójica, porque, aunque es fuerte e independiente, casi indestructible, sus afectos llenan su vida, desde antes incluso, para bien o para mal. Son su fuerza y su debilidad, porque los errores que cometió –cuando era una muchachita desvalida- fueron por amor.

¿Qué había sido El tiempo entre costuras?

“… una aventura apasionante en la que los talleres de alta costura, el glamour de los grandes hoteles, las conspiraciones políticas y las oscuras misiones de los servicios secretos se funden con la lealtad hacia aquellos a quienes queremos y con el poder irrefrenable del amor.” (solapa posterior de Sira)

Dueñas habla de nuevos escenarios. ¿Cuáles son?

El tumultuoso y conflictivo Jerusalén en la etapa final del Mandato Británico, el Londres que trata de reconstruirse de la destrucción de la Segunda Guerra Mundial, un Madrid abatido de postguerra, y un Tánger en el que Sira seguirá los pasos de la multimillonaria americana Bárbara Hutton

Por eso, las partes de novela son:

Primera parte Palestina

Segunda parte Gran Bretaña

Tercera parte España

Cuarta parte Marruecos

Algunos han caracterizado la novela como histórica.

¿Qué subgénero literario es este?

El propósito principal de la novela histórica en ofrecer una visión verosímil de los ambientes, tipos y paisajes de una época histórica preferiblemente lejana, de forma que aparezca una cosmovisión realista e incluso costumbrista de su sistema de valores y creencias. En este tipo de novelas han de utilizarse hechos verídicos, aunque los personajes principales sean inventados.

Veamos cómo se dan algunos de sus rasgos en Sira:

Investigación detallada:

El desarrollo de una novela histórica implica que el autor lleve una investigación y documentación de los hechos sobre los que planea situar su obra. En este sentido, debe dominar no solo su habilidad de narración, sino también la información histórica que ha reunido para su construcción. Sin embargo, no se trata de un historiador, sino de un novelista.

Dueñas en la entrevista con Clarín citada antes, dice:

“Me gusta la Historia por curiosidad intelectual y porque soy profesional del mundo de las Humanidades, pero no soy una especialista ni una freaky que se la pase leyendo y reteniendo datos. Me interesa la Historia en la medida en que arroja luz para entender cómo somos. Me documento a fondo. Trabajo las coordenadas de tiempo y espacio en donde transcurrieron determinados hechos que afectan de un modo u otro a los protagonistas de mis novelas.”

Esta investigación aparece eficazmente en Sira. La Jerusalén de cuando ha finalizado la Segunda Gran Guerra es manifestada de manera total y podemos vivir y sufrir la dureza de las confrontaciones –nunca terminadas- en Palestina, así como la riqueza de la heterogeneidad que la habita en ese final de la etapa británica. Dueñas describe con detalle, pero sin cansar, ambientes, paisajes, grupos sociales, vestimentas sobre todo (nunca deja de ser la costurera de alto nivel), personas, comidas, todo lo que hace que nos quedemos con una imagen vívida del lugar en que suceden los hechos, tanto que los sentimos con gran intensidad.

Lo mismo sucede con los otros lugares en que transcurre la novela.

Hay que tener en cuenta que no es historia, por lo tanto, puede haber deformación de la realidad histórica. Por ejemplo, Amalia de José Mármol es una novela concebida como parte de la lucha de los unitarios contra Rosas, por lo tanto, se pierde objetividad de manera consciente. Sin embargo, el formato novelesco hace que sintamos la realidad con mayor fuerza y riqueza, como ocurre en Sira.

Esto colabora mucho para el desarrollo de otro rasgo: el carácter popular, que es uno de los factores que propiciaron la difusión del género de manera importante, porque es un retrato de la realidad social, así como también de los grupos humanos que la constituyen.

Esto también tiene que ver con el éxito de ventas de las novelas que tienen a Sira Bonnard —antes Arish Agoriuq, antes Sira Quiroga — como protagonista.

Es una buena novela histórica, que es un género muy interesante. Si no lo conocen, esta es una buena oportunidad para hacerlo.

Tengo en claro que en esta entrada solo podré rescatar algunos elementos del mundo de Sira. Espero que la selección que haga sirva para acercarla a los lectores.

En la parte en que Sira va a España, se produce la visita protocolar de Eva Perón a ese país, que aquella acompaña dentro de una misión que se le propone y acepta, como las otras que realiza en las novelas que protagoniza.

Dueñas explica la visita así (Nota de Clarín):

“A sólo ocho años del final de la Guerra Civil, había hambre, represión, miseria. Entonces, el régimen de (Francisco) Franco le dio bombos y platillos a la visita de Eva: actos, shows, agasajos. Cambió la fisonomía de las calles para que ella no viera lo que había realmente. Era noticia todos los días en la prensa, el pueblo salió a recibirla. Detrás de eso había un interés económico. Desde 1946, 47, desde la Argentina llegaba todo tipo de ayuda para España: barcos cargados de cereales, de legumbres, de cueros; en esa época también hubo préstamos financieros. Duró hasta los años cincuenta y tantos. La Argentina fue muy generosa con España.”

Esta visita es narrada con mucho detalle:

“Ha sido subyugante seguir el rastro de Eva Perón para escribir mi nueva novela. Es un personaje poliédrico en muchos sentidos.”

“He ido siguiendo, a través de la prensa española y otras publicaciones del momento, cómo fue el itinerario de Evita por Madrid, cómo se vestía, quiénes la acompañaban, qué le regalaban. Para mí ha sido apasionante esa reconstrucción. En cuanto a las reacciones que provocaba en la Argentina, las comento por arriba, no las valoro porque carezco del criterio como para poder hacerlo. Me limito a poner el foco sobre ella y seguirla en ese viaje por España.”

Sin embargo, pone en boca de Mery, una hermosa mujer con la que Sira comparte la última noche en Madrid, la siguiente frase:

“Cuéntelo en la BBC, para que se entere el mundo … Diga a través de sus micrófonos que Evita es única y pasará a la historia. Cuando de usted, de mí y de las bobadas de mi marido no haya quien se acuerde, cuando la gloria de Franco se haya convertido en humo y todos los que ahora le adulan no sean más que sombras, la memoria de Eva Perón seguirá perviviendo.”

A Dueñas, como suele sucederle a los europeos, le cuesta comprender a los populismos latinoamericanos como el peronismo, porque sus experiencias de los populismos son otras, aunque es muy respetuosa y evita juicios de valor de lo que no conoce bien, pero esta conclusión sobre Evita es clara, real y terminante. Incluso el mismo Franco tiene que tragarse lo que Evita decía que se parecía mucho a lo que decían los republicanos con los que había luchado en la Guerra Civil. Dueñas lo cuenta así:

“En un país absolutamente dividido, Evita decía, por ejemplo, que no quería que nadie quedara fuera de las coberturas sociales, mientras que Franco no tenía la menor misericordia con aquellos que habían perdido la guerra.”

¿Es feminista?

Me parece válida su autodefinición:

“-Intento escribir con mi mirada de mujer. Es muy fácil decirlo ahora, porque eso se valora enormemente y todo lo que venga de nosotras es bienvenido, aceptado y celebrado, diría.”

Esto es original, y vale, y enriquece la lectura.

A esta altura la pregunta que me podría hacer alguien es por qué tendría que leer una novela de seiscientas páginas.

Intentaré responderla para cerrar la nota.

Sira es, además de lo que ya he dicho, una novela policial. Hay conflictos, hay suspenso, clímax y desenlace. Son interesantes, aunque –no siempre- válidos. Soy un viejo lector de policiales, y sentí, más de una vez, previsible la resolución del problema, y, eso, en una novela policial es difícil de superar.

Sin embargo, la seguí leyendo porque quería conocer qué le pasaba a Sira y a los suyos, y, sobre todo, quería saber más del escenario: de Londres, de Madrid, y sobre todo de Tánger, porque Dueñas habla de que uno de los motivos para que Sira apareciera fue su “fascinación por Tánger”. No conocía Tánger, pero ahora siento que sí. Si no tuviera otra razón, esa bastaría para pedir que la leyeran.

HÁGANLO

LAS MALDICIONES DE CLAUDIA PIÑEIRO POR ADOLFO ARIZA | LA POLÍTICA

LAS MALDICIONES DE CLAUDIA PIÑEIRO POR ADOLFO ARIZA | LA POLÍTICA

No soy de los que dedican a un/a autor/a, salvo cuando que he tenido que hacerlo para desarrollar algún estudio crítico. Es más, prefiero leer de todo.

Sin embargo, Las maldiciones es la cuarta novela de Claudia Piñeiro que leo. Antes fueron: Betibú, Las viudas de los jueves y Catedrales, si no recuerdo mal el orden de lectura.

Las dos primeras llegaron al cine, y seguirán llegando, al cine o las plataformas. No vi Betibú, pero Las viudas de los jueves me pareció muy buena.

Sobre Catedrales, su última novela, publiqué una entrada: https://www.miradasdesdemendoza.com.ar/2020/08/18/catedrales-de-claudia-pineiro-por-adolfo-ariza/, cuando comencé con este proyecto de comentar novelas, con el que estoy muy entusiasmado.

Las maldiciones es del 2017 y es interesante observar también en ella, como en otras novelas, una postura crítica de actitudes y formas de vida de sectores de la sociedad. En general, esto manifiesta a través la narración de las acciones y decisiones de uno o más personajes en las que se manifiesta esa problemática social que no es solo personal, sino de un grupo o sector, más o menos extendido.

En Las viudas de los jueves son los nuevos ricos, habitantes de los countries que parecen lugares soñados, pero llenos de historias terribles, en el marco de la etapa previa al estallido del 2001.

En Catedrales es la gente que profesa una religión, pero que en su vida manifiesta actitudes y conductas contrapuestas a las que sostienen su fe.

Las maldiciones se centra en un empresario inmobiliario del norte del Gran Buenos Aires que quiere desarrollar una carrera política, no desde la política, sino desde su éxito empresario, el que le da, no solo los medios económicos, sino también las relaciones con el poder corporativo.

Tuve que interrumpir la escritura porque surgió otro tema, pero fue oportuno porque en ese lapso se desató la polémica por la exitosa serie de televisión web El Reino en Netflix. La historia del Pastor evangélico candidato a vicepresidente que, por el asesinato de quien encabezaba la fórmula tiene la oportunidad de ser el Presidente, trajo un enorme revuelo por la reacción de ciertas comunidades religiosas que veían la serie como un ataque destinado a desprestigiar a sus colectivos religiosos. Es interesante porque en la obra se cruzan el tema del Pastor inescrupuloso con el de acciones políticas despiadadas e inmorales, con lo que el tema de Las maldiciones agrega un factor adicional.

Otro elemento para analizar es el estado del arte del tema de la “nueva política” en la actualidad. En 2017 estos personajes en los que “El candidato se construye desde el marketing, la publicidad… más que por ideología, peso político”, como dice Claudia Piñeiro en una entrevista a Punto de Vista, por Canal Abierto, estaban en un momento exitoso, e incluso parecía que llegaban para terminar con las prácticas y la preponderancia de los políticos tradicionales.

Hoy, rápidamente, esa manera de entender la política aparece como fracasada y en decadencia. El ejemplo más relevante es el de Trump, quien, como Macri en Argentina, perdió la reelección, incluso contando con todos los recursos que da el ser Gobierno.

También la pandemia tiró abajo el planteo dorado de las corporaciones empresarias: el Estado no hace falta, es caro e ineficaz y el Mercado puede resolver todas las necesidades y demandas de las sociedades mejor que aquel. Quedó claro que el Estado tiene un rol fundamental para la vida de los ciudadanos, instituciones y organizaciones.

Ahora bien, el tema de la serie El Reino lleva a que la autora deba insistir, como también lo dice en la entrevista, que “Es ficción, pero podría ser verdad”.

Esto es clave en Piñeiro: sentimos las dos cosas permanentemente: en Las viudas de los jueves, por ejemplo, la sensación de verosimilitud nos invade y nos hace compartir las vidas de los habitantes de los countries.

Un factor importante para que sintamos esto es el uso del espacio en sus novelas: son lugares conocidos, mencionados y descriptos con precisión.

Piñeiro dice en una entrevista a Página 12: “Yo quería contar una maldición que pesara sobre la política argentina. “La maldición de Alsina” es la que se llama “la maldición de los gobernadores” y que tiene que ver con la ciudad de La Plata, en la que, según dice la historia, hubo una bruja, llamada “la Tolosana”, que durante la inauguración de La Plata hizo un embrujo para que ningún gobernador fuera presidente.”

Se incluyen algunos capítulos con el título de Apuntes para La maldición de Alsina. Pone en ellos antecedentes de maldiciones, o simbologías presentes en La Plata, que en sí también es un símbolo y que se presenta como la ciudad donde puede aparecer “una generación que recién arranca, nueva, hija de lo peor y de lo mejor de la política, virgen de todos nosotros…”. También están las entrevistas reales a Raúl Alfonsín y a Eduardo Duhalde sobre la propuesta política de Fernando Rovira, que, de alguna manera, ha estado en varias agendas políticas: la división de la Provincia de Buenos Aires, como unidad política y electoral.

Es una novela muy densa, llena de contenidos, de situaciones, de personajes –varios también simbólicos, como Sebastián Petit, que tiene el ideal de una política distinta, o el tío Adolfo, viejo radical que añora a Alfonsín como un modelo de político- tan relevantes como Román Sabaté. Es el caso de la bruja (la madre de Rovira) (que nos lleva a otras brujas reales que han actuado en política) o la China Sureda, que lleva la investigación y es una de las que narra en primera persona. El otro narrador es, precisamente, Román Sabaté, un protagonista que resuelve un eje que, por el tema de la novela, no parecería central, pero que Claudia Piñeiro considera clave: la paternidad.

Ese es también un símbolo cargado de esperanza, porque, a partir de la asunción plena de ese valor, Román se hace cargo de sí mismo, y de su misión en este mundo. Pero, como corresponde en la obra de Piñeiro, hay contenidos ideológicos que justifican la decisión del personaje.

En esta entrevista habla de eso:

https://elpais.com/cultura/2017/12/05/babelia/1512473792_182414.html

“¿Y cómo llegó Hegel ahí? Se lo pregunté a Claudia Piñeiro cuando estuvo en Madrid, presentando la novela. En realidad, Hegel le llegó de la mano de Lacan, que estudió lo que el filósofo alemán dice de esa relación amo-esclavo. Ella no podía hacer que un chico, Sabaté, que no tenía ni idea de Hegel se pusiera a dilucidar ese dilema que lo atormentaba sin saber decirlo. Piñeiro es consciente de que ese error de atribuir a personajes palabras que no suenan como propias se comete a menudo en literatura. Y “ahí apareció esa profesora de colegio secundario, compañera casual de asiento en un viaje que hace Román Sabaté y que como buena profesora quiere enseñar y enseña aun fuera del aula”. Hegel estaba escondido en esa escena, “pero yo no fui consciente de ello hasta que la novela estaba más avanzada”.

Fernando Rovira y Román Sabaté son esas figuras que se manejan como dice Hegel, amo y esclavo. Y la resolución de esa dialéctica es la que desata que el conflicto de la novela llegue al desenlace que tuvo.

“Hasta entonces Las maldiciones era una novela política y desde ese momento en el que Hegel aparece en el autobús ya es una novela moral que te lleva al abismo de las oscuridades de las que son capaces los políticos para hundirse en la porquería dando la impresión de seguir impolutos. “Es una novela política donde la política es un protagonista más”, dice Piñeiro.”

Ahora, ¿qué visión tiene Piñeiro de la política, además de no creer que esa nueva política sea una alternativa válida? Dice sentir (aclara que hay más gente que piensa lo mismo): “Escepticismo… ¿será por esto que quieren tomar esta medida o en el fondo hay algo que no me están diciendo?”

En este sentido, me parece que comparte los sentimientos de una buena parte de nuestra clase media urbana que no confía en la política y/o en los/las políticos/as. Aclara que conoce, por las actividades de su marido, las bambalinas de la política, pero, por mi experiencia de ese mundo, creo que, además de las trampas y argucias, hay aspectos más profundos que los que promovieron la nueva política no conocen porque se quedaron con una visión simplificada y pragmática, que no tiene nada que ver con la búsqueda del poder para planear y proveer el bien común.

Este es un tema sobre el que no avanzaré porque excede al objetivo de mi blog, pero es importante tener en cuenta que ese estereotipo de la política cuyo origen podría rastrearse hasta el siglo pasado es parte de la estrategia de los que promueven esa “nueva política” para que la gente rechace el ejercicio de esa actividad orientada al bienestar de la sociedad, tan antigua como el hombre, y lo deje en manos del mercado y sus intereses.

Como en otras novelas de la autora, hay elementos de novela policial (un asesinato), y algunos desarrollos truculentos, no siempre necesarios.

No me conformó el desenlace –que no comentaré, por obvias razones- porque me parece que lo simbólico e ideológico se llevan puesto lo narrativo.

En cierto momento, la autora hablando del carácter ficcional de la novela, dice que es casi una parodia, con lo que la complejidad aumenta.

A pesar de estar tan llena de elementos distintos, de personajes –más verosímiles o más simbólicos- es una novela interesante y atractiva.

Piñeiro siempre juega fuerte, pone todo sobre la mesa, pensemos en que va a entrar en este tema político desde algo casi esotérico como las maldiciones.

Hay que leerla con atención, sin distracciones: no es lineal de más de una manera, hay más de un narrador y punto de vista. Incluso hay críticos que la consideran una “road novel” (una suerte de novela de viaje), o un thriller político, pero vale la pena leerla, sobre todo en esta época de Argentina.

Claudia logra que en sus novelas se presente la realidad envuelta en una ficción, en general con formato de thriller, lo que nos hace vivir con intensidad el desarrollo de la acción, aunque a veces se den algunas volteretas grandilocuentes, no siempre verosímiles con el fin de aumentar el suspenso o el impacto en el lector.

Estos recursos son habituales en Piñeiro, y los maneja con solvencia; además la han hecho una escritora muy exitosa, que va por más, así que las objeciones son anecdóticas, e insistiré en que vale la pena leer estas novelas.

HÁGANLO.

EL PERSEGUIDOR DE JULIO CORTÁZAR POR ADOLFO ARIZA |Y EL TIEMPO.

EL PERSEGUIDOR DE JULIO CORTÁZAR POR ADOLFO ARIZA |Y EL TIEMPO.

EL TIEMPO, mejor, desagregando lo que quiero trabajar hoy: Cronos (Κρόνος), Kairós (καιρός) y Aión (Aἰών).

Están las referencias en griego porque desde Grecia nos llegaron estos dioses:

CRONOS es el hijo menor de Urano y Gea. Padre de Zeus y sus hermanos. Fue considerado dios del “tiempo humano”, es decir, los calendarios, las estaciones y las cosechas.

Era el dios de las Edades (desde la Dorada hasta la de Bronce) y del zodiaco. Permaneció como el dios remoto e incorpóreo del tiempo que rodeaba el universo, conduciendo la rotación de los cielos y el eterno paso del tiempo.

KAIRÓS representa algo diferente del tiempo habitual, Cronos. El tiempo de Cronos es lineal. Es el tiempo que pasa y se va consumiendo. Pero Kairós es el momento en el que algo importante sucede. Su significado literal es el “momento adecuado u oportuno”, la oportunidad para que se concrete algo importante.

AIÓN es el tiempo de la vida, para Platón designa la intensidad del tiempo de la vida humana, una temporalidad no sucesiva ni numerable, sino intensiva. Se lo representa como una serpiente que se muerde la cola y que nos indica el eterno retorno, es el tiempo circular. Surge primero en la mitología fenicia; aparece como niño y al mismo tiempo como anciano: un tiempo sin tiempo.

Cada uno tiene sus cosas. El tiempo lineal (Cronos) engendra vida, pero hay que sobrevivir a su voracidad. El tiempo de la inspiración (Kairós) es inestable; aparece y en un instante desaparece. Y si no entendemos el tiempo circular en su esencia (Aión), podemos confundirnos y repetir eternamente algo que nos daña.

¿Por qué me interesaron estos temas? Porque estuve trabajando con mi terapeuta estos conceptos en relación con buscar mayor y mejor conciencia de mí mismo, de salir del tiempo lineal, que corre por su cuenta, sin que podamos intervenir de alguna manera.

Justamente Valeria, mi querida psicóloga, me hace aportes muy importantes:

“El aión es el tiempo fuera del tiempo. El tiempo de la conciencia pura o el ser creador. O el tiempo sin tiempo, sólo existencia.

El Kairós es el tiempo de la vivencia dentro del Cronos

A mayor conciencia de uno mismo, más podés estar en Kairós. Es lograr más Kairós para controlar Cronos.”

Diré algo obvio: la enormidad del pensamiento griego que nos propuso cosas como ésta: la comprensión y el uso del tiempo.

No entraré en el tema de la naturaleza física del tiempo que es abordada por la relatividad general con respecto a los eventos en el espacio-tiempo, pero sí en el tiempo en la Literatura, que es como decir la vida.

Es un tema de siempre. Solo citaré a Borges: “Y no comprendo cómo el tiempo pasa, yo que soy tiempo y sangre y agonía.” (Adrogué)

Precisamente, leyendo cosas sobre este tema, encontré la mención un cuento de Julio Cortázar: El perseguidor, que integra Las armas secretas, que es su tercer libro de cuentos, publicado en 1959 por la Editorial Sudamericana.

La colección incluye: Cartas de mamá, Los buenos servicios, Las babas del diablo, El perseguidor y Las armas secretas.

Hablemos de El perseguidor

“La historia se desarrolla en las noches insomnes del París de los años 50′. El protagonista principal, Johnny Carter, saxofonista de jazz al que le gustaba la marihuana y con una percepción del mundo y del espacio-tiempo muy particulares, se basa en la figura de Charlie Parker que fue uno de los mejores saxofonistas norteamericanos.” (Wikipedia)

El otro protagonista es Bruno, crítico de jazz, que ha escrito la biografía del músico (que se vende muy bien), y que lo acompaña en su vida desordenada, llena de instantes brillantes, cuando su saxo le permite creaciones inigualables, o de caídas anímicas, entre el alcohol y la marihuana.

¿Cómo se menciona al tiempo en el cuento?

“Y justamente en ese momento, cuando Johnny estaba como perdido en su alegría, de golpe dejó de tocar y soltándole un puñetazo a no sé quién dijo: “Esto lo estoy tocando mañana”, y los muchachos se quedaron cortados, apenas dos o tres siguieron unos compases, como un tren que tarda en frenar, y Johnny se golpeaba la frente y repetía: “Esto ya lo toqué mañana, es horrible, Miles, esto ya lo toqué mañana”, y no lo podían hacer salir de eso, y a partir de entonces todo anduvo mal, Johnny tocaba sin ganas y deseando irse (a drogarse otra vez, dijo el técnico de sonido muerto de rabia), y cuando lo vi salir, tambaleándose y con la cara cenicienta, me pregunté si eso iba a durar todavía mucho tiempo.”

Así describe Johnny su infancia: “Cuando el maestro me consiguió un saxo que te hubieras muerto de risa si lo ves, entonces creo que me di cuenta en seguida. La música me sacaba del tiempo, aunque no es más que una manera de decirlo. Si quieres saber lo que realmente siento, yo creo que la música me metía en el tiempo. Pero entonces hay que creer que este tiempo no tiene nada que ver con… bueno, con nosotros, por decirlo así.”

Más allá de su camino inexorable hacia su destrucción personal, Johnny va y viene por su tiempo y el de los demás.

“Apenas un minuto y medio por tu tiempo, por el tiempo de ésa –ha dicho rencorosamente Johnny–. Y también por el del metro y el de mi reloj, malditos sean. Entonces, ¿cómo puede ser que yo haya estado pensando un cuarto de hora, eh, Bruno?

¿Cómo se puede pensar un cuarto de hora en un minuto y medio? Te juro que ese día no había fumado ni un pedacito ni una hojita –agrega como un chico que se excusa–. Y después me ha vuelto a suceder, ahora me empieza a suceder en todas partes. Pero –agrega astutamente– sólo en el metro me puedo dar cuenta porque viajar en el metro es como estar metido en un reloj. Las estaciones son los minutos, comprendes, es ese tiempo de ustedes, de ahora; pero yo sé que hay otro, y he estado pensando, pensando…

–Bruno si yo pudiera solamente vivir como en esos momentos, o como cuando estoy tocando y también el tiempo cambia… Te das cuenta de lo que podría pasar en un minuto y medio… Entonces un hombre, no solamente yo sino ésa y tú y todos los muchachos, podrían vivir cientos de años, si encontráramos la manera podríamos vivir mil veces más de lo que estamos viviendo por culpa de los relojes, de esa manía de minutos y de pasado mañana…”

Claro, el mundo de El perseguidor es complejo, es disruptivo. Las armas secretas se publica entre Bestiario y Rayuela, la terrible novela de Cortázar, la “contranovela”, con todas sus maneras de ser leída. En El perseguidor ya está Rayuela, y Johnny prefigura a Oliveira. No es casual que eligiera a un saxofonista.

“El jazz, y la música en general, es una especie de presencia continua en lo que yo escribo”, dijo alguna vez Cortázar.

“El poeta es ese que no se conforma con este lado de las cosas, sino que él busca el otro lado. A veces lo encuentra, a veces no” afirma Cortázar en la entrevista de Joaquín Soler Serrano (“A Fondo”, 1977).

El perseguidor es terrible, porque, además, nos persigue a nosotros.

“Es curioso, ha sido necesario escuchar esto, aunque ya todo convergía a esto, a Amorous, para que yo me diera cuenta de que Johnny no es una víctima, no es un perseguido como lo cree todo el mundo, como yo mismo lo he dado a entender en mi biografía (por cierto, que la edición en inglés acaba de aparecer y se vende como la coca– cola). Ahora sé que no es así, que Johnny persigue en vez de ser perseguido, que todo lo que le está ocurriendo en la vida son azares del cazador y no del animal acosado. Nadie puede saber qué es lo que persigue Johnny, pero es así, está ahí, en Amorous, en la marihuana, en sus absurdos discursos sobre tanta cosa, en las recaídas, en el librito de Dylan Thomas, en todo lo pobre diablo que es Johnny y que lo agranda y lo convierte en un absurdo viviente, en un cazador sin brazos y sin piernas, en una liebre que corre tras de un tigre que duerme.”

Estudié a Cortázar en mi breve periodo de profesor en la FFyL, en la UNCuyo. Trabajé sobre Rayuela, y lo recuperé en mi blog (BESTIARIO DE JULIO CORTÁZAR https://www.miradasdesdemendoza.com.ar/2020/08/11/bestiario-de-julio-cortazar/).

Fue un enorme impacto en mí, mucho como estudioso de la literatura, pero mucho más, como lector.

Es paradójico que este cuento de Cortázar sea realista, cuando venía de escribir Bestiario y Final del juego, colecciones de cuentos fantásticos.

Tal vez le importaban otras cosas: hay mucho de autobiográfico en el cuento. Cortázar buscaba lo intersticial, como hacía Johnny con la música. Él es el perseguidor, y nos persigue a nosotros, los lectores, porque quiere que también seamos creadores, junto con él, en la lectura.

En el blog citado arriba definí a lo intersticial como una “entrevisión universal que se filtra por los poros o intersticios de la realidad cotidiana en circunstancias bastante especiales, y a través de la cual percibimos mundos que están en el trasfondo de nuestro medio habitual.”

 “El pasaje intersticial funciona en toda la obra de Cortázar como metáfora de la búsqueda, la apertura y la libertad humana, sirve de vínculo, otra vez, entre las distintas instancias semióticas. (La vuelta al día en ochenta mundos: La teoría del camaleón, GRACIELA BATARCE BARRIOS).

Creo que en estos comentarios se hace evidente que El perseguidor nos pone frente a una parte esencial de Cortázar; inclusive este cuento es menos complejo –supongamos- que Rayuela. Tal vez, si alguien no ha leído nada de este escritor, sería recomendable no empezar con este cuento tan profundo, tan amplio, y leer alguna de las otras colecciones: Bestiario, Todos los fuegos el fuego, que nos introducirán a unos de los mejores cuentistas que haya conocido en lengua castellana.

Alguien podría preguntarse por la relación entre el planteo inicial de esta entrada y el cuento.

Justamente, tiene que ver con lo que escribí al comienzo sobre Cronos, Kairós y Aión.

Me pareció que sobre el tiempo lineal no tenemos mucho para hacer. Las agujas del reloj seguirán girando siempre, hagamos lo que hagamos, tal vez por eso decía Borges que no comprendía “cómo el tiempo pasa”.

Aión tiene que ver con nuestra capacidad de entender lo esencial del tiempo.

Pero, Kairós es el tiempo que está en nuestras manos, el que nos permite encontrar las oportunidades de realizar lo que queremos o soñamos. Es la brecha hacia lo importante, hacia el paraíso anhelado.

Por ejemplo, Celina en Las puertas del cielo en la milonga, encontrando un pasaje hacia un mundo en el que es feliz.

De última, Johnny busca, como las mariposas vuelan hacia la luz que las destruirá, ese pasaje. Cuando lo encuentra, su música estalla, inigualable.

Elegí esta actitud extrema de Johnny porque era un ejemplo perfecto y terrible de Kairós. También porque permite comprender en la esencialidad a ese escritor tremendo que es Cortázar.

Pero también me sirve para mi vida, y para la de Uds.

Tenemos que tomar conciencia de la presencia –dentro del devenir del Cronos- de la posibilidad de encontrar nuestro Kairós. Es cierto que es inestable, que va y viene, pero, si lo buscamos siempre, como necesidad básica de la vida, las oportunidades aparecerán, y en cada una de ellas, el intersticio hacia nuestra felicidad.

NO DEJEMOS DE BUSCARLA.

CON ESTA LUNA DE MARCELO GUERRIERI POR ADOLFO ARIZA

CON ESTA LUNA DE MARCELO GUERRIERI POR ADOLFO ARIZA

“En general necesito eso en lo que escribo: conectar con alguna obsesión o pregunta vital para mí que en el texto busco responder”, dice Marcelo Guerrieri para explicar qué lo llevó a escribir Con esta luna, publicada por Tusquets. Buenos Aires, 2021.

Escuché una entrevista a Guerrieri un sábado por la mañana en La conversación, un buen programa radial. Me interesó y conseguí esta novela urbana, que se desarrolla en la Ciudad de Buenos Aires, en un submundo nocturno de taxistas, cafés y personajes casi marginales.

Voy a empezar por presentar al autor, ya que no es tan conocido, y porque hay elementos que son relevantes en la novela. Nació en Lomas de Zamora, en 1973, estudió antropología en la Universidad de Buenos Aires y es profesor en Artes de la Escritura de la UNA (Universidad Nacional de las Artes). Fue alumno del taller literario de Alberto Laiseca y es autor del libro de cuentos Árboles de tronco rojo y de la novela Farmacia (Factotum, 2017).

Con esta luna está originada en una investigación estudiantil, y se nota, porque, a mi criterio, los elementos antropológicos se hacen presentes permanentemente en la novela.

En la contratapa se lee: “Una ficción original y deslumbrante que puede ser leída como relato de aventuras, novela social. narración fantástica, policial negro o todo eso a la vez.” Es correcta la descripción, porque resalta que en la novela aparecen varias maneras de acercarse a esa realidad porteña girando alrededor de un conflicto de novela policial, que se pueden ampliar o desagregar, como intentaré hacerlo.

Como desconozco el tema de investigación que se menciona, aunque Moreira –personaje central, quizá con rasgos autobiográficos del autor- da algunos apuntes utilizables (como que lee El gen egoísta de Richard Dawkins), me puse a pensar en cuál sería la “obsesión o pregunta vital” a la que quiere responder Guerrieri, y por qué eligió ese submundo. Hay elementos propios de la antropología urbana porque en las ciudades se manifiestan con características propias (y diferenciales de las ciudades entre sí) los aspectos sociales, el espacio público, las clases y/o sectores y las variaciones subculturales de un grupo o de varios de los que crecen en las metrópolis.

Dice Alejandro Grimson (Desafíos para las antropologías desde el sur. Intervenciones en estudios culturales, vol. 2, núm. 3, 2016): “Nosotros, los antropólogos, estudiamos generalmente fracciones, mundos o submundos, periferias de las periferias…”.

Veamos cómo es el submundo y los sub submundos de la novela

¿Dónde se desarrolla la novela?

El comienzo es en un bar llamado Córdoba, en Córdoba y Jean Jaurès, frente a la Plaza Monseñor de Andrea, también llamada “La plaza de los Galgos” (así se la menciona en la novela), por la escultura “Los Galgos Rusos”, del artista italiano Giacomo Merculiano, que está en la esquina de Paraguay. Allí se encuentra Moreira, en momentos en que transcurre el final de la votación por la Resolución 125. No voy a desarrollar esta situación, solo recordaré que esta Resolución establecía un sistema móvil de retenciones impositivas a las exportaciones de soja, trigo y maíz que provocó un grave conflicto con el empresariado agro ganadero (con cortes de ruta y movilizaciones incluidas) que terminó el 17 de julio de 2008 cuando en el Senado se rechazó el proyecto de ley sobre las retenciones con el voto negativo (o voto no positivo) de desempate del entonces Vicepresidente de la Nación, Julio Cobos.

En ese bar se formaron bandos a favor y en contra del apoyo o rechazo a la medida entre los taxistas que se reunían habitualmente allí, junto con los pibes del kiosco y los trapitos de la cuadra. En ese lugar se produce el hecho que abre la trama que funciona como eje narrativo de la novela: la desaparición del Jorobado, uno de los taxistas.

Y acá se pone difícil lo genérico que mencionamos arriba:

¿Es una novela policial negra?

Según Wikipedia, es “un tipo de novela policíaca en la que la resolución del misterio no es el objetivo principal y los argumentos son habitualmente muy violentos; la división entre buenos y malos de los personajes se difumina y la mayor parte de sus protagonistas son individuos derrotados y en decadencia en busca de la verdad o, cuando menos, algún atisbo de ella.”

Subrayo lo que me parece que se da en Con esta luna. Hay personajes fracasados en lo personal o en lo familiar, y/o con problemas económicos, en diversas búsquedas sin mayor certeza de éxito. Moreira pasa sus noches allí para escapar de su insomnio y soledad, por ejemplo. Es uno de los varios/as solitarios/as que aparecen en la novela. Se podría seguir con otras vidas fracasadas, pero alcanza con esto.

Sin embargo, la novela tiene estructura de género policial. Se utiliza la observación, el análisis y la deducción para resolver un enigma, que es la desaparición del Jorobado. Moreira es el que asume el rol detectivesco y lo acompañan otros taxistas y Lesli, un personaje femenino muy enigmático porque aparece tomando decisiones claves, que hacen suponer que sabe cosas que no se explican.

Soy un viejo lector de novelas policiales, y pronto atisbé cuál era la explicación del enigma, aunque la trama es compleja y el desenlace, difícil de anticipar.

Sin embargo, hay otros elementos narrativos que me parecen propios de una novela gótica, sobre la que Psicología y mente. Tipos de novela, dice:

“En las novelas góticas se incluyen elementos misteriosos, sobrenaturales y de terror. Beben un poco de novelas fantásticas, las de terror y las de misterio, tratando temas oscuros como la muerte, la decadencia y las tragedias inevitables. Los ambientes más comunes que podemos encontrar en este tipo de novelas encontramos viejos castillos, casas embrujadas, cementerios, iglesias satanizadas…”

Y sí, en un ambiente como éstos transcurre la novela: el bar y la plaza y todo lo que se oculta debajo de ellos. También es así el lugar donde se resuelve el misterio y no está muy lejos, en Andonaegui y Campillo, por Paternal.

No es fácil escribir sobre la novela sin descubrir el conflicto y su desarrollo, por respeto a los lectores. Acá anticipo algo de la conclusión: vale la pena leerla: es interesante, a pesar de la multiplicidad y heterogeneidad de personajes, situaciones, espacios urbanos, símbolos, aportes teóricos (esotéricos, sociales, psicológicos, antropológicos) que podrían diluir el interés de la lectura.

En esta tesitura de presentar la novela sin descubrir su desenlace, indico algo de lo que sucede en ella: aunque ese bar se cierra misteriosamente, allí y en la plaza de enfrente, se desarrollan extraños hechos que ubican a la narración en el mundo de lo maravilloso porque se trata de una leyenda que nació rural, pero que ahora se arraiga en lo urbano: la del lobizón.

Como otras veces me referiré a Todorov, Introducción a la literatura fantástica, 1970. Lo fantástico es el ámbito de la incertidumbre, cuando no sabemos si lo que sucede en la obra es extraño o maravilloso, cosa que puede no suceder nunca como pasa en el cuento La noche boca arriba de Julio Cortázar (Final del juego, 1955), que es claramente fantástico

En cambio, lo extraño se da cuando al final aparece una respuesta racional a lo que sucede (Los crímenes de la Rue Morgue, de Edgar Allan Poe).

Finalmente, en una narración maravillosa sabemos qué ocurre, pero la explicación remite a nuevas leyes que no van de acuerdo a la realidad conocida, como sucede en los cuentos de hadas en los que aceptamos como natural que un sapo se transforme en príncipe.

Hay muchos más elementos maravillosos en Con esta luna. Es el caso de un personaje llamado Trompita. Vive en habitación del playón de la estación de servicio, frente al bar de los “cinéfilos”, donde Córdoba se convierte en Estado de Israel.

La entrada a su habitación está detrás de una pila de cubiertas; allí vive Trompita, así:

“El piso está cubierto por cartones pintados, cosidos entre sí con gruesos hilos rojinegros, que componen una alfombra llena de dibujos de colores. Sobre un círculo en el centro, donde está sentado el gordo que sigue meditando, los cinco continentes, un enorme símbolo de la paz y un «Om» gigante; alrededor, mandalas, laberintos, espirales celtas, constelaciones, cruces solares, un yin yang, un ojo, un taxi alado que vuela hacia una estrella que asoma sobre una luna creciente; fileteados porteños, flores de ceibo, águilas, cintas de Moebius, un kultrún, una porción de pizza.”

En la novela nadie se asombra de eso, es más Trompita es una especie de gurú, o vidente, que guía a Andonaegui –otro taxista- para que encuentre el camino de su vida, o al Jorobado en el momento cúlmine de su vida.

Es extraño el Gato –otro taxista- que anda por los techos a grandes alturas como si fuera un superhéroe y ve el aura de las personas.

Dentro de ese mundo extraño se integran aportes que considero que tienen que ver con la formación antropológica del autor.

Tanto ambientes como personajes tienen valor en ese sentido: en primer lugar, en la caracterización del espacio porque los lugares mencionados son fracciones que funcionan como significantes del submundo mayor: la Capital; en segundo, porque los personajes también son símbolos de una sociedad que aparece tan dividida como la visualizamos hoy. Sin embargo, en esas fracciones se manifiesta ese mundo rico, heterogéneo, de personajes marginales, mezcla de vagabundos e intelectuales, de solitarios y fracasados, esa CABA que, aunque se viaje en taxi o en ómnibus por sus calles, es subterránea y misteriosa, aun inexplicable

Me ha parecido que no siempre esto mejora la narración, aunque, como dije, no llega a descalificar el transcurso narrativo y su interés. Por ahí, hay expresiones con un nivel cultural y/o teórico no adecuado al personaje que lo dice.

Por ejemplo, hay frases de la Bony (una camarera de bar) que me parecen demostrativas de eso, o las de los taxistas cuando la votación. Sin embargo, hay dos situaciones en que me parecen evidentes: cuando están en la plaza, aparecen cuatro parapolicías que los golpean y dicen: “No somos policías, no somos mercenarios. Somos una unidad de control de la ciudad.”

No tienen mayor significado para la narración, así que considero que tienen valor simbólico: son sicarios de una derecha fascista, y esa es su justificación.

Los “cinéfilos” ven películas repetidas y se encarnan en personajes y espectadores que participan de la acción. Cuesta creer su interés en esas películas, con un desfasaje temporal importante. Un ejemplo: “Prisioneros de la tierra es una película en blanco y negro argentina de Mario Soffici, protagonizada por Francisco Petrone y Ángel Magaña. El guion trata de la explotación de los trabajadores de la yerba mate en Misiones y fue escrito por Ulyses Petit de Murat y Darío Quiroga, sobre varios cuentos de Horacio Quiroga. Estrenada el 17 de agosto de 1939.” (Wikipedia)

Los taxistas la viven como un conflicto social real y actual, como si fueran un grupo de intelectuales de izquierda.

Lesli también tiene un valor simbólico, y es un personaje muy interesante, que permite visualizar aspectos profundos de la vida erótica de la sociedad, como también de sus actividades (artísticas, sociales) como un sector de jóvenes independientes, por ejemplo, que consumen cotidianamente marihuana.

Hay varios otros temas que podría mencionar, como el de la música, sobre el que hay muchas menciones. Solo indicaré un par de ejemplos de cantantes o bandas: Creedence Clearwater Revival, Frank Zappa, Bill Evans (lo pide Moreira). Los lectores que más de música de ese tipo, sabrán analizar el tema mejor que yo.

Para terminar, haré un comentario sobre el título, Con esta luna.

Este es el epígrafe de la novela:

«-iCómo morir con sol! Yo creí que iba a ser de noche. Yo te esperaba una noche.

-Siempre es noche, mi hijito. Tan solo el chispazo de un yesquero es ese sol al que te querés aferrar.

Todo es tan solo una noche inmensa.»

Juan Moreira, Leonardo Favio

La última frase del epígrafe marca la tonalidad nocturna de la novela y la oscuridad como su ámbito esencial. La luna llena rompe esa oscuridad más de una vez, sobre todo en el desenlace. Recordemos que los hombres antiguos reverenciaban la Luna y muchas culturas crearon a su alrededor leyendas, como la del hombre lobo. Creo que allí está el origen, pero en esa escena final, tremenda, tan cargada de símbolos, la luna es una parte de un cosmos casi irracional.

En ese acto final, algunos de los presentes –mujeres, taxistas- gritan: -¡Omnia sunt communia!

Esta es una expresión del latín que significa «todo es común» o «todo es de todos», y fue utilizada como grito de batalla por el pastor protestante reformista alemán Thomas Müntzer, una de las figuras más importantes del cristianismo revolucionario, así como uno de los jefes de los rebeldes en la llamada “Guerra de los campesinos alemanes”, aunque originalmente es de Santo Tomás de Aquino

Elegí este ejemplo para terminar la entrada, ya muy larga, para resaltar la cantidad de elementos extraños y diversos que pueblan la novela.

El mismo fin de la novela destaca visualmente este mundo extraordinario, y lo califica: locura.

“«Un cielo disparante», se dice Moreira, «disparante», se repite, y siente que solo una palabra inventada por un chico puede describir toda esa locura que ahora es el cielo, arriba de ellos, entre ellos, mezcolanza de violetas y naranjas entre pedazos de nubes.”

EL LECTOR DE JULIO VERNE, POR ADOLFO ARIZA. EPISODIOS DE UNA GUERRA INTERMINABLE.

EL LECTOR DE JULIO VERNE, POR ADOLFO ARIZA. EPISODIOS DE UNA GUERRA INTERMINABLE.

Una vez más, mi hija –cuánto estamos compartiendo por los libros- me prestó una novela: El lector de Julio Verne – Episodios de una guerra interminable, de Almudena Grandes (Madrid, 1960): Es una escritora famosa, con proyección internacional, premiada, con obras que han sido llevadas al cine.

Su lectura me ha dejado pensativo.

¿Por qué?

Porque con esta novela ha pasado algo no tan común en mí: me he sentido muy inmerso en la acción, y como es una narración de hechos duros, que sucedieron –de una manera u otra- en esa terrible etapa de la vida española, he sufrido con el dolor de ese pueblo, tan cercano a nosotros.

Nunca busco materiales de soporte antes de leer una novela, prefiero una lectura más ingenua, dentro de lo que me permite mi especialización en literatura, y, cuando comencé a buscar bibliografía, tuve alguna sorpresa, porque encontré bastante y buena información.

Por lo tanto, intentaré algo distinto: un análisis en el que lo literario sea, sobre todo, lo que esa lectura despertó en mí, desde mi vida e historia.

El lector de Julio Verne, publicada en 2012, es la segunda novela de la saga Episodios de una guerra interminable (me entró una duda: ¿saga o serie? Es un tema discutible, pero lo dejo ahí, no tiene mucha importancia, al final).

Son seis novelas independientes que narran periodos de la resistencia antifranquista entre 1939 y 1964; concretamente, el llamado Trienio de Terror –por la represión feroz del primer franquismo contra los vencidos en la guerra civil española- entre 1947 y 1949. Sin embargo, la historia llega hasta 1977 (cuarta parte).

Los personajes principales se mezclan e interactúan con figuras reales y escenarios históricos. Al final, el aprendizaje de Nino lo lleva de la lectura de las quince novelas de Julio Verne a los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós. Así lo cuenta en el final de la novela:

“Solo entonces entendí, entonces comprendí que estaba viviendo en otro libro, El diecinueve de marzo y el dos de mayo, aquella guerra sucia de civiles mal armados y mamelucos a caballo…”

El diecinueve de marzo y el dos de mayo es uno de los Episodios Nacionales, de 1873, y es un paso definitivo en el camino a la adultez de Nino, desarrollado en un ambiente lleno de miedo, sufrimiento, y del esfuerzo de unas familias por sobrevivir ante el terror impuesto por el franquismo.

El lector de Julio Verne es una novela de aprendizaje.

Este es un sub género muy antiguo, tanto que fue acuñado en 1819 como Bildungsroman, y se considera como su inicio a Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister (1795/1796) de Wolfgang Goethe.

El que realiza ese proceso es Nino, un niño bajito (canijo para la gente de Fuensanta de Martos (nombre real de un pueblo de la Sierra Sur de Jaén de Andalucía, pero del que la autora dice “es una invención mía”)) e indeciso, que acaba convirtiéndose en alguien dispuesto a luchar por la vida que descubre como valiosa, distinta de la “mierda” en que vivían él y sus padres, como la describe más de una vez.

Nino es un personaje de ficción (inspirado en Cristino, un amigo de Almudena Grandes) del que no conocemos su futuro, al igual que él, porque parece predestinado a ser guardia civil como su padre, a pesar de su corta estatura.

Sin embargo, aparece la figura de Pepe el Portugués, un guerrillero clandestino de la Sierra Sur que se transforma en modelo para Nino que quiere ser como él, no guardia civil ni empleado administrativo, que era el trabajo alternativo que querían sus padres. A través de su amistad y de los libros (que siempre le atrajeron) descubre la verdad de los hechos de su patria, del mundo y de la vida.

El otro modelo que define su aprendizaje es doña Elena, una maestra retirada, que vive en un cortijo en el monte donde tiene una biblioteca pequeña y clandestina. Ella también apoya los guerrilleros que luchan contra la tiranía franquista, y se transforma en su mentora en su aprendizaje de vida. Fue la profesora que enseñó a Nino a escribir a máquina, pero al mismo tiempo le explicó cómo es la vida y la historia y cómo pensar de manera independiente.

La razón fundamental del impacto que causó en mí El lector de Julio Verne es que me sentí muy identificado con Nino y su historia. Mi viejo me enseñó a leer antes de entrar a la escuela primaria, y desde entonces el mundo de los libros fue un espacio central en mi vida. No solo libros, también revistas (Patoruzú (querido Blotta), Rico Tipo), historietas (bah, comics): Lindor Covas El Cimarrón, Flash y tantas otras. Como tuve algunos problemas de salud cuando niño, no podía salir a calle como mis amigos lasherinos, y leí, leí mucho. Leí a Verne, como Nino, pero no tanto, también Salgari (los bravos Tigres de Mompracem), Enid Blyton (Series Aventura y Misterio), Luisa May Alcott .

Larga sería la lista. Y creo que llegué a ser profesor y Licenciado en Literatura por los libros, más que nada, porque nunca tuve mayor interés por la docencia, sino que se dio por añadidura y fue muy bueno.

Estas y muchas otras fueron mis ventanas a vidas diferentes. Como Nino, los libros fueron parte de mi aprendizaje de la vida, y lo siguen siendo.

No solo fue Verne el que marcó el camino de Nino. Cuando la etapa de vida en la casa cuartel con sus padres y otros Guardias Civiles llega a su clímax, sumergido entre ese mundo que lo abrumaba (recordemos que de noche le llegaban los ruidos y gritos de los castigos a los prisioneros) y la vida en el monte con Pepe el Portugués, que era la libertad para él, y las clases con Doña Elena en las que entreveía otro mundo, aparecen los libros como el puente hacia su destino.

Nino fue obligado por Michelín (apodo del Teniente de la Guardia Civil que los comandaba) a llevar un mensaje a su padre y a otro guardia que estaban acechando a los maquis rebeldes que querían bajar del monte e irse de esa región. En ese camino en medio de la noche hacen eclosión todas las dudas existenciales de Nino, y la vía es otro libro, ahora de Robert Louis Stevenson, La isla del tesoro:

“Jim Hawkins rescató la Hispaniola sin la ayuda de nadie, me recordé a mí mismo cuando perdí de vista la casa cuartel. Él solo se subió al barco, se enfrentó con un par de marineros traidores, los venció, y pilotó la goleta hasta ponerla a salvo. Ya eran más de las once y en las calles de mi pueblo no había nadie, pero las tabernas estarían abiertas y por si acaso, las fui esquivando una por una. Eso hizo Jim Hawkins en una isla repleta de piratas violentos, asesinos armados hasta los dientes, y las farolas se apagaron de golpe, todas a la vez, antes de que dejara atrás las últimas casas. Y si él solo hizo todo eso, no se me había ocurrido coger una linterna pero había luna, ¿no voy a ser capaz yo de llegar al cruce?, y conocía tan bien aquel camino que podría haberlo hecho con los ojos vendados, ivenga ya, hombre … !

Pero en ese momento, antes de terminar de pensar que en el fondo había sido una suerte que doña Elena no tuviera más que quince novelas de Julio Veme y no sus Obras Completas, porque de lo contrario quizás no hubiera llegado a leer a Stevenson a tiempo, me di cuenta de que lo que estaba viviendo no pasaba en un libro, sino en la realidad, una noche de abril de 1949, España, Andalucía, la provincia de Jaén, un pueblo llamado Fuensanta de Martas, una sierra ocupada por la guerrilla y sus hombres en marcha, armados, dispersos, avanzando sigilosamente en grupos de dos, de tres, por una ruta que apenas ellos mismos conocían. Sólo entonces lo entendí, entonces comprendí que estaba viviendo en otro libro, El diecinueve de marzo y el dos de mayo, aquella guerra sucia de civiles mal armados y mamelucos a caballo, y eché a correr sin pensar en nada.”

No suelo poner citas tan largas, pero en ella está sintetizada toda la obra, ese es el aprendizaje de Nino. Su vida será distinta de ahora en adelante.

Almudena Grandes logra plantear esta “guerra interminable” de excelente manera: a través de un niño vemos toda la barbarie que instaló la dictadura franquista y a un pueblo que, además de la miseria y la intemperie, tuvo que sobrevivir heroicamente al miedo, a la tortura y a la permanente amenaza de muerte. Aunque aparenta apoyar a los republicanos derrotados, no hace una lectura ideológica de lo que vivió España, sino humana, reconociendo que los mismos instrumentos de la represión, los Guardias Civiles, son también víctimas de esa guerra porque son gente humilde de pueblo, que llegó en muchos casos a esa situación buscando un medio de vida en una España empobrecida o por temor a ser considerados “rojos”, o sea comunistas. Rescata el dolor de esas vidas que deben cumplir con su deber so pena de ser ellos mismos castigados. Es la situación del padre de Nino que, al final, debe tomar una decisión.

Hablando de su sueldo, dice:

“-Y por una puta mierda… ¿vamos a dejar dos viudas y siete huérfanos, ahora que lo único que quieren es marcharse?

Por mí que se vayan y que les vaya bien, que lleguen muy lejos y que no vuelvan.

-Y a ver si algún día podemos volver a vivir como personas.

-Todos

-Sí, ellos y nosotros.”

Eran guerrilleros que bajaban del monte para escapar a Francia y esta cita muestra, sin artificios, ni ideología, cómo vivieron los españoles esa dura etapa de su historia, esa “guerra interminable”.

Esta no es una figura literaria. Recordemos que recién el 24 de octubre de 2019 se pudo concretar la exhumación del cadáver de Francisco Franco del Valle de los Caídos y cambiarlo de lugar en medio de una fuerte polémica política y judicial.

La novela es un cuadro vivo, palpitante de la vida de España, y la he leído con gusto, aunque con dolor, por tanto sufrimiento.

Habría mucho más para comentar: las costumbres populares, como la de los apodos, (Comerrelojes, el Portugués, Cencerro, Cabezalarga, Mediamujer); la situación de la mujer; el paisaje (contraposición entre la Andalucía interior (la sierra sur de Jaén) / y la Andalucía costera); la amistad y el amor.

También merecería un buen análisis la estructura narrativa y los recursos que usa la escritora, que son tan ricos como el contenido y los personajes que intenté describir más arriba.

No es fácil comentar brevemente una obra tan rica como esta novela, leerla es como abrir una caja mágica de la que salen paisajes, personajes, música, ideas.

Pero así son todos los libros, de última.

Este un poco más todavía.

LÉANLO.