HAY 2019

HAY 2019

 

Estoy usando el eslogan político de alguna oposición con un sentido más amplio que el electoral, aunque lo incluya: considero indispensable para Argentina que este mal Gobierno, probablemente el peor que haya conocido, se vaya a su casa y sea reemplazado.

Claro, hay una pregunta que hay que hacer a cualquiera que quiera ser candidato/a: ¿Para qué quiere ser Gobierno? Y esa respuesta debería satisfacer a las demandas de todos/as los/las argentinos/as que queremos un mejor país para la mayoría de nosotros/as.

Si no hay una propuesta satisfactoria, no lo necesitamos, porque queremos que Argentina sea un mejor país para vivir, según nuestro modelo, el que reconocieron muchos otros países. No voy a entrar en la discusión anti o pro populista, porque es una antinomia falaz, inventada por los modelos corporativos que quieren hacernos creer que un país para pocos es el mejor futuro para nosotros/as. No es cierto que Australia o Chile son el modelo a seguir, y lo sabemos porque muchos/as hemos un vivido en un país con desarrollo industrial y trabajo calificado, no el trabajo precario que nos quieren instalar. En Uber -y en otras plataformas semejantes- llaman a los trabajan con ellos, Socios Conductores, ¿hay mentira más evidente? ¿Socios en qué?

Esa propuesta debería asegurarnos Educación y Salud pública de calidad, o sea recuperar lo que todavía tenemos, y lucha por subsistir porque los que trabajan en ellas -soy docente jubilado- defienden un sistema de vida que nos incluya a todos/as, no solo a los que pueden pagar servicios privados carísimos.

También debería tener propuestas serias, con un acuerdo político y social amplio, sobre cómo combatir la corrupción, que es un problema transversal a toda la sociedad, aquí y en el mundo, desde siempre.

Ya lo he dicho antes: debemos pensar con serenidad y firmeza, qué país queremos para nosotros/as, y nuestros/as descendientes, y hacerles saber a los/as candidatos/as qué votaremos a los que mejor respondan a esas demandas y necesidades, no importa qué mentira quieran hacernos creer.

Si lo hacemos, HABRÁ 2019, y posibilidades de reconstruir esta Argentina empobrecida y castigada. Habrá Universidades, Ciencia, Empresas, Salud, y todo lo que seguimos queriendo para nuestra Patria y para América Latina.

Pero también creo que habrá 2019 porque hay miles de jóvenes dispuestos/as a luchar un mundo sustentable y sostenible, donde todos/as podemos ejercer una real igualdad de oportunidades. QUIEREN UN MUNDO MEJOR, Y LO VAN A CONSEGUIR, A PESAR DE LOS MÁS GRANDES QUE NO HEMOS CONSEGUIDO CONSOLIDAR ALTERNATIVAS VALEDERAS.

Muchos/as se están yendo, pero muchos/as más se quedan, son guapos/as e inteligentes, y no se van a rendir.

Pero, también porque muchos/as tipos/as grandes, como yo, seguimos dispuestos/as a dejar hasta el último aliento para que Argentina tenga el Gobierno que la democracia le debe.

HABRÁ 2019 PORQUE SOMOS MUCHOS MÁS LO QUE NO VAMOS A ACEPTAR GOBIERNOS QUE NO NOS LLEVEN, CON ERRORES Y DIFICULTADES, PERO CON PATRIOTISMO Y HONESTIDAD, EN BUSCA DEL PAÍS QUE DEFENDIERON SAN MARTÍN, BELGRANO, Y TANTOS/AS OTROS/AS.

HABRÁ 2019, SIN NINGUNA DUDA.

ADOLFO ARIZA

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NAVIDAD, DESDE MI PATRIA, CON MIS ANCESTROS, Y QUIENES ME ACOMPAÑAN

NAVIDAD, DESDE MI PATRIA, CON MIS ANCESTROS, Y QUIENES ME ACOMPAÑAN

 

El nacimiento de Jesús, como Emmanuel –Dios con nosotros-, trae al hombre, más allá de sus creencias, la certeza de que la Misericordia es también obra nuestra, lo que nos hace corresponsables de lograr un mundo mejor para todos los hombres. Quiero compartir esta idea –que está en la base de mi concepción de la vida- y desearles Feliz Navidad.

Hoy, como debía ser en este Universo sin casualidades, terminé de leer Oficio de Búhos, de Liliana Bodoc. El resto de la Saga de los Confines lo leí hace muchos años, cuando me encontré con el mundo de Liliana y sus libros -mejor, entradas a un universo que es parte, y que explica, tal vez mucho aquel que creemos ver. Después leí otras obras de Liliana, además de llegar a ser amigo de ella y de Jorge, su esposo. Los visité en su casa de El Trapiche y  comimos un asado que asó Jorge.

Hasta que un día vino la Sombra, y Liliana -por alguna razón que no nos fue dada a conocer, pero que intuyo profunda e inmensa- se fue con ella.

Hoy estaba pensando en qué mensaje dar a Uds. en mi blog, en una fecha muy importante: la Natividad de Jesús, el Resucitado, el que me dio la certeza de la vida inmortal, y la Misión de trabajar para un mundo de hermanos, justo y equitativo.

En la última página del libro leí lo siguiente:

Yo, Nakín de los Búhos, digo que no es posible narrar todo, porque todo no puede ser narrado. Y digo que es un imposible que encendía a Cucub, el artista, que decía palabras que se consideraron incomprensibles.

-¿Alguno de ustedes recuerda el día en que llegué a esta casa con un mensaje de los Supremos Astrónomos? -les preguntó cierta vez Cucub a sus hijos reunidos bajo el nogal que crecía a mitad de camino entre la casa y el bosque-. ¿Por qué veo expresiones de burla o de pena? ¿Creen que están absueltos de recordar por el solo hecho de que aún no habían nacido? Sepan que eso no es digno de un verdadero artista… No permitan que me marche preocupado. Déjenme saber que los hijos de Cucub han comprendido la dimensión de la tarea. Un artista no es un recitador o un tañedor de flauta. Un artista, mis Muescas, no se conforma con bailar y cantar con maestría. Serán artistas cuando aprendan a convivir con lo imposible. Aunque en verdad, y bien pensado, sólo podrán ser artistas cuando todos lo sean. ¿Y entonces? Entonces, sean artistas sin poder serlo. Nadie más que un artista es capaz de ser lo que no es, ni puede. ¿Se confunden, se enojan, se asustan…? He ahí el único modo de cantar.

Atardece y se calla esta canción.

Liliana me habla desde el mundo en que la conocí: las letras, la puerta de los Confines, y lo quiero compartir con ustedes.

Todos y todas somos artistas, artistas en el mundo y en la humanidad, y debemos confiar en la utopía de un mundo mejor, desde América Latina, la ancestral, la que que comprende, en sus entrañas, en su corazón, en su mente originaria, qué es lo que necesita el HOMBRE para vivir una vida plena en su condición de fractal de la Luz Divina.

Cantemos, pues, y caminemos hacia la Tierra Prometida, porque es para nosotros y nosotras.

ADOLFO ARIZA

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ME TOO, MOI AUSSI, YO TAMBIÉN

ME TOO, MOI AUSSI, YO TAMBIÉN

Para completar -hasta ahora, aunque Argentina siempre, pero en particular a fin de año, puede mostrar algo más- este 2018, turbulento y complejo, explotó el Me too argento, como en otros lugares del mundo. Voy a hacer algunos comentarios sobre esto en mis Miradas desde Mendoza.

Leí una nota: Osvaldo Santoro: “Las mujeres se han empoderado tanto, que se subieron a una ola verde” (Los Andes, SOCIEDAD Lunes, 17 de diciembre de 2018 | Edición impresa). Este actor y otras cosas, pertenece a los integrantes de la Fundación SAGAI (una ONG que reúne a artistas, directores y productores), que presentaron un trabajo/encuesta en donde se revela, entre otros puntos, que entre las 1116 personas encuestadas del mundo del espectáculo, un 75% de las mujeres dijo haber sido víctima de malos tratos en el trabajo y un 66% afirmó haber padecido una situación de “acoso sexual”.

O sea que esto de Darthes no es un hecho aislado, ni nuevo, sino que forma parte del metier de ese mundo.

Por lo demás, también se da, desde hace mucho, en otros ámbitos:

Cualquiera con cierta relación con el mundo jurídico, conoce anécdotas sobre abusos de Jueces y otros funcionarios judiciales. Recuerdo risueñas narraciones de las fiestas de fin de año del Poder Judicial, sobre jueces, fiscales, amantes, etc.

Podrían decirme que muchas de estas relaciones son consentidas, y tal vez buscadas, y que no solo son casos de abuso sexual. Es cierto, pero el esquema es el mismo: un sistema machista y patriarcal, donde el sexo está en el vórtice: puede ser moneda de trueque, o algo que poner para poder mantenerse -o escalar- en un ambiente laboral, o algo que se toma por la fuerza en situaciones en que la debilidad del otro no puede impedirlo. Los que vieron la película El cisne negro, en el mundo de los/las bailarines de ballet, tienen un buen relato de estas situaciones.

Muchos/as podemos recordar historias en ámbitos deportivos: me acuerdo de un escándalo en el más alto ámbito del Comité Olímpico Internacional (COI), relacionado con los abusos sexuales del ex médico del equipo de gimnasia de EE.UU. Larry Nassar.

Para no hacer demasiado larga la lista, veamos el espacio de la política: hace muchos años que milito en ella, y conozco muchas anécdotas de problemas de abusos sexuales, y de más de un color político. En estos días, leí una noticia sobre denuncias de abusos sexuales en La Cámpora, ha habido casos de este tipo en el actual Gobierno de la Provincia de Mendoza, y  se ha imputado al  senador por La Pampa Juan Carlos Marino (UCR) por un hecho de este tipo.

También se dan, colateralmente, situaciones de malos tratos en ambientes laborales, es más, el mismísimo Ricardo Darín ha sido mencionado por prácticas de este tipo.

¿Todo es solo contra la mujer? No, claro, pero la mujer padece desde siempre una relación muy asimétrica con el hombre dentro de un sistema de poder patriarcal y machista que viene  de toda la vida  y que se ha desarrollado en múltiples culturas de la Humanidad.

Siempre fue una posición muy débil, más allá de que muchas mujeres manejaron habilísimas estrategias que les permitieron alcanzar situaciones de poder personal, o grupal.

Todo discurrió así, hasta que en el siglo XXI, empezaron a “pasar cosas”, diría el Ing. Macri: diría que “Ni una menos”, es en Argentina un punto de inflexión. No voy a hacer reseñas históricas, solo estoy marcando los que me parecen hitos importantes: por ejemplo, todo lo que se generó alrededor de la Ley del Aborto. No es exagerado decir que la mujer ha sido el cauce, justo y necesario, de un proceso de transformación social inédito, que tiene que ver con una sociedad distinta, diversa, pero más justa e igualitaria.

Es cierto que este sistema de poder ha existido en Occidente (lo acoto solo por razones de organización del relato, pero no porque no ocurran situaciones semejantes en otras culturas), en general, desde siempre, pero lo real es que, como movimiento abarcador, la explosión del feminismo que no acepta definitivamente la situación, se da ahora.

Es una ola mundial irrefrenable, tumultuosa, llena de asimetrías y de excesos, pero no se va a diluir. Nada será igual, y lo celebro.

Algunos hablan de que ahonda una grieta, hay mujeres que se inscriben en la matriz machista (Isela Costantini, ex presidenta de Aerolíneas Argentinas: “Si te pusiste escote, hacéte cargo de lo que va a generar”), con el tema del aborto legal, tenemos pañuelos verdes, celestes y alguno más. Está claro que no será un proceso ni fácil, ni corto, ni me animaría a anticipar los pasos que vendrán, pero no tiene retorno, y como tiene que ver con la equidad entre el hombre y la mujer, lo aplaudo.

En general, a los/las que nos está costando este proceso de la igualdad de género es a los/las de más de cuarenta años. El lunes, Marcelo Zlotogwiazda, en Desafío 20.18, hablaba de las pequeñas incomodidades que se nos producen a los hombres: por ejemplo, ¿le cedo el asiento a una mujer? Podría ser rechazado, y quedaríamos en una situación desairada. Como el sistema de poder abarcó el conjunto de la vida humana, la torrentada de la igualdad de género toca todo, y nos obliga a revisar la cotidianeidad, desde lo simple a lo complejo. No me parece útil tomar una actitud paranoica, como tampoco caer en actitudes vindicativas extremas, porque haría más difícil todavía avanzar hacia ese mundo más equitativo que es necesario. Está claro que no hablo de los delitos: violaciones, abusos, violencia, (que la Justicia se haga cargo de ellos), sino de todas las situaciones cotidianas que atentan contra la igualdad de género.

No me gusta todo lo que sucede, pero, teniendo en cuenta la cantidad de injusticias, abusos, femicidios, suicidios, problemas psicológicos, etc., que ha producido este sistema de poder, comprendo que no había otra manera: por las buenas, no hubiera pasado. Hay mucha gente que ha cambiado sus hábitos de toda la vida por miedo, porque puede ser castigado por la Justicia, o por la presión social. No es esperable un proceso prolijo, pero hay que buscar cambiar el sistema de poder político y social por uno equitativo para la mayoría de los miembros de la Sociedad, de la mejor manera, con el menor daño, y en el menor tiempo posibles.

El lunes, Rita Segato, una de las voces más claras en este tema, escribió en Cosecha Roja: “Si las feministas en términos históricos hemos defendido el derecho al justo proceso, no podemos defender el escrache. Tiene que haber un derecho a la interlocución con el acusado, si no estamos cayendo en los funcionamientos de aquellos que consideramos ser nuestros antagonistas de proyecto histórico. Yo no quiero un cambio de manos del poder, de la capacidad de opresión, de la reducción del otro mediante la burla y el escarnio: estamos luchando por un mundo diferente, no por un mundo igual en otras manos.”

Que el YO TAMBIÉN valga para una Argentina mejor.

 
ADOLFO ARIZA

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POR QUÉ EL MOTIVO DE LA DECADENCIA ARGENTINA ES EL ANTIPERONISMO

POR QUÉ EL MOTIVO DE LA DECADENCIA ARGENTINA ES EL ANTIPERONISMO

Creo que es un aporte interesante para entender una de las actitudes que nos sirven a los argentinos: el maniqueo fundamentalista que nos impide encontrar mejores modos para construir un país mejor. Ser capaz de salir de esa trampa intelectual y cultural es clave para el 2019. Estamos jugados y sin fichas.

Por Alejandro Grimson

La atracción fatal de la pregunta “¿En qué momento se jodió Argentina?” contiene una trampa: supone que hay una fecha única, definitiva, precisa, donde toda nuestra historia, que podría haber sido esplendorosa, se jodió se una vez y para siempre. Hay fechas muy relevantes, por supuesto, y enseguida iremos en su procura. Sin embargo, conviene interrogar a la pregunta: “¿Está usted seguro que la Argentina se jodió en un solo momento?”. La tentación es grande. Unos dirán 1930, con el primer golpe de Estado. Otros dirán 1945, con el surgimiento del peronismo. Otros escogerán 1955, cuando la violencia política antiperonista derrocó a Perón después del alucinante bombardeo de la Plaza de Mayo. Más cerca, casi nadie dudaría de que nos volvimos a joder en 1976, con terrorismo de Estado y desindustrialización.

Una fecha es una fórmula publicitaria para responder un porqué. Ahora, si aceptamos la premisa de que la Argentina no se jodió un determinado día, sino que se sigue jodiendo hasta hoy, entonces aceptaremos que no se puede responder con un número, sino explicando un proceso y sus motivos. La tesis más difundida es que sencillamente el problema de la Argentina es el peronismo. Pues bien, si el lector tiene la capacidad de leer una tesis con la que probablemente no concuerde de entrada, podrá comprender por qué mi lectura de la historia argentina me lleva a la conclusión opuesta: el problema de la Argentina es el antiperonismo.

La Argentina de 1945 había experimentado años de crecimiento económico sin redistribución. Con un veloz crecimiento industrial en el contexto de la guerra, crecía la clase trabajadora, su explotación, su sindicalización y su descontento. Perón y el peronismo son el producto de las circunstancias históricas, entre las cuales es clave notar la incapacidad de los partidos tradicionales para representar a esa clase obrera, así como su oposición a todos los beneficios que el entonces coronel instrumentaba para ese actor emergente. ¿Por qué se oponían? Por tres motivos distintos. Unos porque creían en el binarismo sarmientino de la civilización y la barbarie, y lo traducían a la confrontación entre su visión europeísta y racista contra los “cabecitas negras”. Otros por puros intereses patronales de incremento de ganancias en el corto plazo, sin capacidad alguna de comprender que los modelos de desarrollo solo son viables cuando los productores asalariados son incluidos. Por último, porque la importante tradición antifascista que había en Argentina interpretó los procesos políticos locales como si fueran sucedáneos de Europa: vieron en el surgimiento del peronismo un símil de Benito Mussolini. Ni siquiera pudieron escuchar al sociólogo antifascista Gino Germani, claramente antiperonista, cuando afirmó que los fenómenos no eran análogos en absoluto.

Así se instaló una belicosidad política que actualizaba otros momentos de la historia argentina. El peronismo se consideró a sí mismo como representante del pueblo, sin reconocer que entre sus opositores o no adherentes había porcentajes relevantes de la población, aunque fueran una numerosa minoría. El antiperonismo se consideró a sí mismo como abanderado de la democracia contra la tiranía e intentó golpes de Estado en un in crescendo de la polarización. Esa tensión se terminó resolviendo con centenares de civiles asesinados por aviones de la Marina y con la llamada “Revolución Libertadora”. Pero los supuestos “democráticos” jamás pudieron salir de su paradoja, ya que nunca pudieron llamar a elecciones libres. Solo pudieron gobernar con la proscripción de Perón y del peronismo, con fusilamientos y presos políticos, con persecución a los sindicatos y a quienes violaran la ley por mencionar la prohibida palabra “Perón”.

Su objetivo era la extirpación del peronismo y su consecuencia en el mediano plazo fue la opuesta. Quienes afirman que el peronismo perduró en la historia por los primeros años de gran capacidad redistributiva olvidan tener en cuenta que ese trabajo fue culminado por el gobierno del antiperonismo recalcitrante. El primero ganó brillo en la comparación con sus sucesores. Devino así la identidad política más relevante de la Argentina. Con gran ironía, lo sintetizó el propio Perón: “No es que nosotros seamos tan buenos, sino que los demás son peores”.

Ya en 1956, intelectuales antiperonistas comenzaron a percibir el desastre. Martínez Estrada se dirigió al Gobierno: “Señores acusadores, Perón ha sido un gobernante superior a vosotros”. Germani intentó explicarles a los antiperonistas que solo podrán “desperonizar” al pueblo si le otorgaban los beneficios y dignidad iguales o mayores que las que les había otorgado el peronismo.

La vida del antiperonismo es tan extensa como la del peronismo. Nace con él y se extiende hasta la actualidad. Fue sordo no solo a la movilización popular, sino a los argumentos de intelectuales no peronistas, como la revista Contorno en aquellos años. Permanece intacto su maniqueísmo (señalado hace sesenta años allí). Además, Ismael Viñas señaló que los sectores más privilegiados no había comprendido el peronismo, porque solo veían en él “el ataque contra sus intereses materiales o contra sus valores jerárquicos nacionales”. Y analizaba las denuncias de corrupción peronista de aquella época afirmando que los argumentos eran deshonestos: “Así, un enriquecimiento que le parece moral, lícito cuando es practicado por particulares (…) se convertía en crimen cuando lo practicaban otros –en especial funcionarios públicos”.

Esa dicotomización proscriptiva fue la cuna de la violencia política y de 1976. Como la Argentina está jodida y tiene la chance de joderse mucho más aún, cabe hacerse la pregunta de si habrá sectores que quieran asumir el debate sobre los motivos. La Argentina está jodida por una cultura política antipluralista, que puede volverse a tentar con proscripciones, que estigmatiza a quienes piensan diferente, que arrasa con la calidad del debate público, que naturaliza un doble estándar descomunal, que erosiona la necesidad de ciertas políticas de Estado y cualquier hipótesis de un proyecto nacional de desarrollo. Porque nos permitimos saltar del desendeudamiento a una dependencia del capital financiero sin solución de continuidad. Porque se incumplió la promesa de construir sobre lo construido y así, una y otra vez, la soberbia y los intereses corporativos coadyuvan a destruir lo hecho, inclusive en ciencia y universidad, para volver a fojas cero.

No seamos pesimistas. La Argentina podría desjoderse. Seamos realistas: para ello el requisito más básico sería que entendiera por qué está jodida.

El autor es antropólogo (UNSAM y Conicet) y escritor. Su último libro es “Mitomanías de los sexos” (Siglo XXI Editores)

(https://www.infobae.com/opinion/2018/12/09/el-motivo-de-la-decadencia-argentina-es-el-peronismo-no-es-el-antiperonismo/)

 
 
ADOLFO ARIZA

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ELECCIONES 2019: ESTAMOS EN CAMPAÑA, ¿QUÉ PODEMOS HACER LOS CIUDADANOS/AS?

ELECCIONES 2019: ESTAMOS EN CAMPAÑA, ¿QUÉ PODEMOS HACER LOS CIUDADANOS/AS?

Voy a utilizar una frase del General Perón que aprendí dentro de mi formación doctrinaria, no como propaganda política, sino como ejemplo de lo que creo que hoy necesitamos los argentinos: que cada uno de nosotros/as se haga cargo del lugar que la sociedad reclama para salir de una vez de la realidad de un país que está cada vez peor.

Perón decía: “Cada peronista lleva el bastón de mariscal en su mochila”, para indicar que todos/as tenemos la capacidad para tomar un lugar de lucha en y por la Patria, para hacerla mejor para la mayoría de los/las argentinos/as.

Esto se puede aplicar a muchas situaciones, y a cualquier país, pero ahora quiero hablar de Argentina.

Hay un fenómeno, por supuesto, no solo argentino: la falta de dirigentes capaces y confiables para la sociedad que se pongan al frente de propuestas y actividades que busquen el bien común de todos/as los/las argentinos/as o de un sector o colectivo social.

Desde hace mucho observamos este problema, no solo en la política: todos/as conocemos casos que denuncian el problema. Los encontramos en el deporte, en las iglesias, en los sindicatos, en los empresarios, en diferentes organizaciones, incluso en las que tienen un objetivo de ayuda social, pero en estas épocas de anomia y de banalización de la vida se han incrementado. El “que se vayan todos”, que cantaba la hinchada de River el Domingo pasado a los Borrachos del Tablón, la barra brava a la que acusa de participar de los problemas en el Súper clásico, los hemos oído muchas veces antes. Y para no ir demasiado lejos, en el 2001. ¿Qué sentimos todos/as? Que se han ido muy pocos/as, que los/as dirigentes cuestionados miran para otro lado y le echan la culpa a otros/as, y que estamos muy mal en nuestro país.

Ahora bien, los/las dirigentes no vienen del espacio exterior, nacen aquí, de nuestras familias, por lo tanto, no hay manera de criticarlos sin hacerlo con nosotros mismos: si hay corrupción, y la hay por todos lados, es porque tenemos valores morales poco arraigados. El mejor ejemplo es el de la gente que compra robado a sabiendas (porque el precio lo hace evidente), y que es uno de los problemas que impiden la lucha contra la delincuencia. Otro buen ejemplo podría ser la connivencia de Policía, Justicia, y otros sectores en temas mafiosos como el contrabando y el narcotráfico (me acordé de que hay una investigación que reveló la trama mafiosa de médicos y empresas (tal vez obras sociales) en la adquisición de prótesis para enfermos que, además, causa que se les implanten elementos de mala calidad que les provocan graves problemas hasta la invalidez y la muerte.

La lista podría ampliarse, y muchos/as de nosotros/as podríamos agregar otros casos, pero con lo indicado alcanza para hacer evidente que el problema de la corrupción es transversal a la sociedad en su conjunto. Ayer escuché en un Programa de Televisión que en Argentina no hay mafias semejantes a las que hay en otros países de América y Europa porque el sistema judicial, policial y político cumple los roles que necesita la delincuencia para existir. También hace poco vi una película filmada en Mendoza, con actores locales, y que ha recibido premios internacionales: La educación del Rey. Véanla, y, aunque es una ficción, muestra hechos y actividades delictivas como las que hemos escuchado relatadas o vivido directamente en nuestra Provincia.

He llegado a la corrupción como tema porque, si bien no es la principal preocupación de los argentinos (obviamente, es la economía real) ha sido elegido como caballito de batalla para desplazar Gobiernos (genérica y erróneamente llamados populistas) e instalar otros que permitan instalar modelos de Gobierno que antes instalaban con los marines y cipayos locales. La referencia a las fuerzas armadas de EEUU no es casual, porque el Imperio del Norte encabeza los proyectos (aparentemente neo liberales, aunque no tengan nada que ver con ese modelo económico, por lo menos en lo virtuoso que tenía) que han logrado desplazar con recursos formalmente democráticos (elecciones, fallos judiciales, decisiones legislativas) a Lugo en Paraguay, a Dilma en Brasil, al Kirchnerismo en Argentina, y que van contra Correa en Ecuador. Si tenemos en cuentas que los países latinoamericanos del Pacífico tradicionalmente han colaborado con este modelo económico subordinado a los intereses económico-corporativos de los países centrales, nos daremos cuenta de lo delicado de la situación de Latinoamérica.

Como es un tema que justificaría muchas páginas de comentario, y de gente más versada que yo, solo listaré algunos que me parecen necesarios para estas épocas pre electorales -aunque con operaciones políticas a full- que se agregan a lo escrito más arriba.

LA CORRUPCIÓN

Es antiquísima, y recuerdo -por Historia del Secundario- anécdotas de hechos de corrupción en el Imperio Romano, o que un empresario japonés, de una empresa aeronáutica, hace muchos años, se hizo el harakiri por haberse descubierto que había recibido coimas para adjudicar compras fraudulentamente.

Sigue existiendo, y es un flagelo terrible, que debe ser combatida y eliminada de la mejor manera posible, porque hace a la degradación social y económica, perjudica a los sectores de menos recursos, y favorece formas aggiornadas de concentración económica.

A pesar de que hay cada vez más recursos legales, técnicos, tecnológicos, etc., para combatirla, paradójicamente, en ancas de la globalización y concentración económica proveniente de los países centrales, se han generado enormes riquezas con métodos corruptos.

Países como China y EEUU, que tienen clara conciencia de esta presencia transversal de la corrupción en sus sociedades, han desarrollado estrategias bastante distintas para combatirla lo mejor que puedan, pero en la mayoría de los países no pasa esto, como en Argentina, donde hasta el Poder Judicial la usa en función de sus intereses, pertenencias políticas o funcionales o negocios propios.

Ha funcionado para descalificar políticos, funcionarios y Gobiernos como estrategia política, independientemente del grado de veracidad del hecho de corrupción al que se aluda. Hasta el proceso llevado a cabo en Brasil con Oderbrecht, que había logrado probar hechos concretos de transferencias ilegales, se ha desvirtuado con la aceptación del ex juez Sergio Moro a Bolsonaro del Ministerio de Justicia. Está claro que es el pago de los servicios prestados que dejaron fuera de carrera de la Presidencia a Lula da Silva.

CONCLUSIÓN

En este como en otros temas tenemos que tomar con mano firme nuestro bastón de Mariscal, y hacer lo que necesitamos para, de una vez por todas, salir de este estado de crisis (estoy cansado de ellas), iniciar un camino de un proyecto nacional, integrado con el resto de Latinoamérica, abierto al mundo, pero con conciencia nacional, con la participación de todos los Mariscales, que somos nosotros.

Lo que voy a plantear parece utópico para las épocas que corren: creo que el bastón de Mariscal de todos/as y de cada uno/a de los Argentinos (así, con mayúscula inicial) tiene que ver con tener una posición objetiva, lo mejor informada posible, que trate de mantenerse lejos de todas las influencias y estrategias que las campañas electorales usan hoy. Esto incluye a las redes sociales, recurso fundamental de esas campañas (véase Trump o Bolsonaro en tiempos cercanos) y a los medios de comunicación, la mayoría pertenecientes a Corporaciones con intereses económico-políticos. A partir de esta actitud, debemos asumir una decisión personal sobre qué queremos para nosotros/as y para el futuro de Patria en todos los temas claves para un país, y eso es lo que tenemos que exigir a los candidatos, no esperar lo que ellos nos ofrezcan. Después seremos nosotros/as los/las que pagaremos las consecuencias, buenas o malas, de los proyectos políticos que pongan en práctica, así que tomemos la iniciativa, exijamos lo que creamos que sea lo mejor para cada uno/a, y que cada candidato sepa que votaremos al que mejor responda a nuestros intereses.

Hemos conocido en estos últimos tiempos en carne propia propuestas políticas contrapuestas, así que podemos evaluar y decidir. El tema de la corrupción atraviesa todo y nos sirve poco para definir la propuesta, salvo la necesidad ineludible que debe incluir un plan serio y creíble para terminar con ella. Quiero decir que no se resuelve el problema con una Agencia contra la Corrupción manejada por un funcionario del Gobierno de turno (Laura Alonso es un buen ejemplo negativo), sino con controles cruzados e independientes, y un sistema jurídico y de seguridad independientes. Si no, ni hablemos del asunto, porque es una mentira.

Se me alargado demasiado el posteo, pero es un tema complejo e importante, y no pude escribirlo más brevemente. Incluso daría para otro posteo, pero, por ahora, me alcanza para plantear lo que considero el paso clave a dar en búsqueda de terminar para siempre con este país cíclico, y hoy sumido en la postración en la mayoría de los temas claves que definen nuestra calidad de vida.

 
 
ADOLFO ARIZA

ADOLFO ARIZA

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