EL EDIFICIO HISTÓRICO ARGENTINO

by | Nov 10, 2018 | Temas políticos | 1 comment

“Esto es como la vieja hacha del abuelo” es una expresión anglosajona para referirse a que algo está completamente reformado, pero mantiene su esencia, es decir, que el hacha del abuelo, pese a haber tenido cuatro filos y tres mangos nuevos, aún sigue siendo la vieja hacha del abuelo y conserva su utilidad y esencia.

Douglas Adams, el autor de “El autoestopista galáctico” contaba una anécdota relacionada con esto: El señor Adams, durante un viaje a Japón, se maravillaba de lo bien conservado que estaba un templo de Kioto del siglo XIV. El guía le explicó que, de hecho, el templo se había quemado por completo dos veces en los últimos cien años. Entonces, el señor Adams observó que, en ese caso, no se trataba del edificio original, a lo que el guía respondió algo sorprendido que por supuesto que era el edificio original. Por supuesto que se quemó y que fue reconstruido dos veces con materiales completamente nuevos, pero seguía siendo el mismo edificio histórico importante, porque la finalidad del mismo y su diseño continuaba inmutable. Preocuparse de los materiales originales es quedarse solo con recuerdos sentimentales del pasado y es no saber apreciar el edificio.

Este texto y la anécdota me hicieron pensar en Argentina y su situación actual. ¿Somos conscientes del valor  del edificio histórico? ¿De lo que nos dio a los argentinos/as? ¿Queremos volver a vivir en un país como ese?

¿CÓMO ESTAMOS HOY?

Una gran parte de la Sociedad siente que está todo mal: que toda la clase política es corrupta, que la Educación no sirve, que el Sistema Financiero nos roba, que el país ha retrocedido (aunque muchas veces la comparación se hace con países cuyo edificio histórico no es el argentino, y que no son los mejores modelos), etc.; una parte, seguramente menor, cree que, además, estamos, junto con el mundo, dentro de un sistema perverso en el que el 10% de la población tiene el control del 90% de las riquezas del mundo, y va por más. Como esto incluye la propiedad de las Corporaciones que manejan los medios de Comunicación sabe que la información es mala y sesgada. Finalmente sabe que este proceso de dominio del mundo por el poder económico concentrado incluye instalar Gobiernos cómplices que en muchos lugares son los que permiten y favorecen medidas que solo benefician a ese poder perjudicando a la mayoría de la Sociedad. Contemplamos -desde adentro- una sociedad cada vez más injusta, insegura y desigual, que no es lo que queremos en nuestra gran mayoría, con conciencia de nuestra fragilidad para cambiar esa situación porque el poder pasa por otras manos que no trabajan para nosotros/as.

Sin embargo, no está todo mal, aunque el macrismo, en lugar de corregir los problemas en que había concluido el kirchnerismo, nos ha llevado a una enorme crisis económica, política y social.  No voy a intentar hacer un análisis de los aspectos positivos que siguen subsistiendo en Argentina, porque me interesa más destacar el hecho de que, en gran manera, son parte del edificio histórico que centra mi entrada.

UNA MIRADA AL CAMINO HASTA ACÁ

El lunes, en C5N, el periodista Marcelo Zlotogwiazda mostraba este camino en un análisis mundial sacado de un sitio de Internet, y Argentina hasta los ’60 era parte del top 10 de los países según su PBI. Después salimos de ese ranking en caída libre, aunque con intervalos cíclicos de mejoramiento y desmejoramiento. Es interesante ver en ese gráfico dinámico el ascenso de China, que hoy ocupa el segundo lugar después de EEUU y que ha dejado bastante atrás a Japón y Alemania. En cambio, nosotros estamos detrás de varios países de América Latina.

Se ha tratado de instalar casi como un lugar común que la culpa de ese retroceso es el Peronismo, englobado con otros populismos latinoamericanos, acompañando las estrategias del Imperio del Norte. Una frase de café es que, si no fuera por el Peronismo, seríamos como Australia o Nueva Zelanda.

No me voy a poner a discutir algo tan poco demostrable como eso, pero voy a tratar de incorporar otro factor que nos haya perjudicado como país.

Ese factor son las interrupciones militares (mejor, cívico militares) tomadas desde la del 6 de septiembre de 1930 contra el “Peludo” Yrigoyen hasta la que instaló el infame Proceso de Reorganización Nacional, incluyendo los movimientos internos en el poder militar. No tengo dudas de que la sociedad argentina sin estas interrupciones hubiera desarrollado un proceso político económico que nos hubiera evitado tantas crisis y fracasos.

Claro, esto también es conjetural, pero, si observamos los virajes de estos Gobiernos fascistas en lo político, pero liberales en lo económico, está claro que beneficiaron a intereses que van en contra de los de la Sociedad. Pensemos en el fin de Gobiernos como el de Illia, Frondizi, Alfonsín, y comprenderemos que, sin la intervención del poder cívico militar (incluyo sus consecuencias), podríamos haber construido una mejor democracia.

Sin embargo, de nuevo voy a destacar que tenemos varios elementos positivos, tanto en la Sociedad de hoy como en su historia, que nos ponen incluso a la cabeza frente a muchos países del mundo, y que nos permitirían volver a ser un país más justo, equitativo, próspero y soberano.

¿DE QUÉ EDIFICIO HABLO?

Usé la metáfora del hacha del abuelo y del edificio histórico para ayudar a que se visualicen aquellos elementos de nuestra sociedad que hemos vivido como parte valiosa de la vida, y que nos permitieron evolucionar personalmente, y en conjunto.

El motivo por el que elegí este tema tiene que ver con lo mencionado más arriba: la estrategia del macrismo de descalificar el pasado de la Argentina para que la sociedad acepte los cambios  que quiere instalar bajo la pantalla de que nos van a llevar ser un país moderno y próspero. Como ya he hecho algunos comentarios sobre la falacia de estas afirmaciones, no abundaré  en más opiniones, pero recomiendo la lectura de: https://www.mdzol.com/mundo/La-politica-economica-de-Pinochet-que-Bolsonaro-quiere-imitar-20181108-0081.html, para comprobar que digo la verdad.

Estamos cerca del 2019, y de las elecciones generales, en las que el macrismo, a pesar de su pésima gestión, quiere ser reelecto para continuar su nefasta obra (aclaro, porque, si no el reproche es obvio, que este plan es continuidad del aquel del Proceso de Reorganización Nacional y del que instrumentó Menem). Es clave entender que debemos defender el edificio histórico de la Argentina que ha costado sangre, sudor y lágrimas.

Mencionaré, solo a título de ejemplo, algunos de los pilares del edificio histórico que debemos defender, ahora y siempre, sobre todo en las urnas, exigiendo a los candidatos propuestas que los defiendan, consoliden y mejoren.

La participación en la Democracia

Desde la Ley Sáenz Peña de voto universal, secreto y obligatorio la sociedad, tanto en la democracia formal, como en su participación en la toma de decisiones, la Sociedad ha mostrado que valora la democracia, la vive y enriquece, más allá de las expresiones fascistas que han aparecido en estos últimos tiempos. Además, se han producido muchas manifestaciones sectoriales en defensa de sus intereses que son parte de la democracia también. Defendamos este sistema no solo en las elecciones, sino también informándonos responsablemente y participando en todas las actividades que permitan construir una sociedad mejor.

La Educación Pública

Como yo, muchos han sido los primeros universitarios en las familias argentinas. La Educación Pública ha sido, y seguirá siendo un factor fundamental, en el ascenso social, la construcción de la clase media, la equidad social y la inclusión. Desde la Generación del 80 hemos desarrollado un proyecto de Educación Pública que, a pesar de diferentes sesgos, e idas y venidas, nos permitió desarrollar una sociedad mejor. Pensemos en el valor de la Reforma Universitaria de 1918 que está en la base del pensamiento de la Unión Cívica Radical para entender la dimensión de lo que hemos sabido construir.

Memoria, Verdad y Justicia

Argentina ha sido pionera en el juicio y castigo a los responsables de los crímenes de lesa humanidad. Pensemos que el Partido Militar en Brasil ha jugado, y sigue jugando, a favor de Bolsonaro, en cambio en nuestro país sería impensable que los militares volvieran a actuar, sectorialmente, en política.

Políticas de protección e inclusión social

Ejemplos, para los sectores vulnerables, son la  Asignación Universal por Hijo (AUH), el Plan Nacional de Seguridad Alimentaria (PNSA), el Programa de Ingreso Social con Trabajo “Argentina Trabaja”, el Programa Jóvenes con Más y Mejor Trabajo, el Plan Nacer, y otros.

Más allá de la estrategia de descalificación de estas políticas desde el macrismo con sus ejércitos de trolls que han conseguido que un buen sector de nuestra clase media urbana critique esas medidas que, en gran manera, impidieron el incendio del país en el 2001, la realidad es que han posibilitado que se mantengan algunas estructuras de permanencia dentro de la sociedad formal, y alguna mínima inclusión. En otros países no se han dado estas políticas.

También podría hablar de la Salud Pública, de la Cultura, de música, de la Literatura, de las Organizaciones de la Sociedad Civil, del Movimiento Obrero Organizado, de la creatividad y la pasión. El edificio es muy grande, sólido y complejo, y nos permitió ser un país distinto, con una importante clase media. Debemos revertir la situación de pobreza que apena a tantos y tantas argentinos,  integrarnos con América latina, México incluida, como pensaron San Martín y Bolívar. Tenemos la opción en el 2019, pero hay que ser conscientes de cuál es el país que necesitamos, y no dejarnos engañar por nadie.

 
 

1 Comment

  1. ana balmaceda

    Excelente, sun desperdicio. Gracias

    Reply

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ADOLFO ARIZA

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