POR QUÉ LOS ABORÍGENES FUERON PERSEGUIDOS Y SU RELACIÓN CON EL HOY DE ARGENTINA

by | Abr 7, 2019 | Temas políticos | 0 comments

 

He criticado las notas de Luciana Sabina de los sábados en el Diario Los Andes por dos razones porque me parecían sesgadas en una dirección anti K y, por lo tanto, antiperonista. Ha habido notas sobre un tema histórico que, casi insólitamente, han terminado en una referencia descalificante a esos Gobiernos. Esto lo ha observado también en el Escribe el Lector del mismo Diario una persona de nombre Juan Manuel Ruiz sobre otra nota de Sabina del 23/3/2019 sobre la Guerra del Paraguay, donde habla de “una opinión sesgada de la misma”.

A pesar de eso, la nota que voy a incluir en mi blog tiene un planteo acertado. Esta es la conclusión, que extraigo: “La realidad es que al no poder someter a las tribus -luego de intentarlo- no tuvo otra opción más que la de negociar con ellas, pero estuvo lejos de buscar protegerlos, como algunos argumentan. Para él, como para el resto, se trataba de enemigos.”

Es cierto, para esas Generaciones (del 37 y del 80) los indios eran enemigos porque eran un obstáculo para el desarrollo del proyecto político económico de Argentina. Al Oeste y al Sur de Luján, las tribus aborígenes, bravas y dispuestas a defender sus territorios, asolaban a las poblaciones de los “huincas” como las llamaban.

Incluso José Hernández que defendió al gaucho, no duda en descalificar al indio.

No hace tanto Mario “Pacho” O´Donnell, en algún mediodía de la Televisión Pública, dijo que no se podía discutir el sentido estratégico de la Campaña al Desierto de Roca dentro del marco del modelo de Argentina que querían instalar, y que tenía que ver con su idea de “Civilización”, que sería otro tema a conversar, pero lo que sí era criticable la crueldad y la saña con que se hizo esta campaña militar.

Por mi parte, agrego que también hay que recordar y juzgar que todas muertes y sacrificios y milicos pobres (como el Sargento Cruz del Martín Fierro), solo sirviera para que los terratenientes ricos de Buenos Aires se quedaran con miles de hectáreas del territorio recuperado. Así lo denuncia el Comandante Prado en su libro La guerra al malón.

Algunos de estos terratenientes fueron los Braun Menéndez, ascendientes de Marcos Peña, Jefe de Gabinete del Presidente Macri, al que algunos sindican como el responsable de mucho del proyecto macrista. Llamativa “casualidad”, pero que ayuda a entender a quienes representa este Gobierno.

 

Los aborígenes y Rosas -Por Luciana Sabina

Demonizar a Rosas o a Roca por las actitudes que tuvieron con los aborígenes sería extrapolarlos temporalmente.

Los aborígenes y Rosas -Por Luciana Sabina

Por Luciana Sabina – Historiadora

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Aunque muchos autores insistan en destacar solo el costado pactista de Rosas en relación a los aborígenes, la realidad fue otra. En una expedición realizada hacia 1833, el caudillo intentó eliminar a todos los naturales rebeldes de la zona comprendida entre los Andes y el Atlántico, con el Río Negro como límite sur, pero fracasó debido a la falta de tropas y recursos, aunque logró acabar con tribus importantes.

Otra de las estrategias que utilizó fue la de apoyar a diversos grupos provenientes del actual territorio chileno — entre ellos el encabezado por Juan Calfucurá— para que sometiesen a clanes autóctonos. Historiadores como José María Rosa señalaron que la expedición del Restaurador no se propuso el exterminio de los indios, pero el mismo Juan Manuel de Rosas expresó lo contrario en 1833 a Juan Facundo Quiroga: “No se necesita más para enfrentar a los indígenas, o acabar con todos ellos, que situar en Chuelechel una división de cuatrocientos soldados de una manera permanente”.

El coronel Ángel Pacheco, ex soldado de San Martín y veterano de la Guerra del Brasil, participó en esta cruzada. Sus cartas demuestran que eliminar a los nativos y reducirlos a la esclavitud eran objetivos primordiales. Desde el campamento escribió a Tomás Guido: “La expedición contra los salvajes, puedo yo asegurárselo, tendrá mejores resultados que los que el mismo Gral. se había prometido. Él podrá ofrecer a su regreso un océano de campos útiles para la labranza y limpios de indios (… ). Nuestra población va a aumentarse con las familias de estos indios, las mujeres nos serán muy útiles, porque son laboriosas y acostumbradas a un asiduo trabajo, ya hay bastantes en mi campo y viven muy contentas, hasta ahora ninguna se ha intentado fugar”.

El mismo Rosas tuvo a aborígenes capturados trabajando sus tierras, reducidos prácticamente a la esclavitud. Los más famosos fueron Panghitruz Güor y su padre, el cacique ranquel Painé. Detenidos en 1834, terminaron como peones forzosos en los campos del gobernador porteño, quien hizo bautizar al joven como Mariano Rosas. Ambos lograron fugarse. Aunque según Lucio V. Mansilla, quién lo entrevistó años más tarde, Mariano guardaba un grato recuerdo por el Restaurador. Sin embargo, se negó siempre a volver a pisar tierra cristiana.

Es verdad que Rosas pactó con ciertos grupos, obteniendo amistad a cambio de bienes y alimentos. Todo salió siempre de las arcas bonaerenses, pero convenció a las tribus de que él otorgaba esos beneficios. Con esta especie de protoclientelismo político ganó la fidelidad nativa y, aplicándola en distintas esferas, la de muchos otros. Algo que no deja de ser actual, lamentablemente.

Las ofensivas contra los aborígenes no se limitaron a 1833, existieron durante todo su gobierno. La Gaceta Mercantil, un periódico oficialista, daba cuenta de dichas campañas. Gracias a este sabemos, por ejemplo, que en agosto de 1836 una expedición asesinó al cacique Cañiuquil, junto a doscientos cincuenta de sus hombres.

De todos modos, demonizar a Rosas o a Roca por estas acciones sería extrapolarlos temporalmente. Como hemos insistido en otras ocasiones, los malones no daban respiro a las poblaciones de frontera, ocasionando enormes pérdidas, tanto materiales como humanas. Los aborígenes eran considerados por ende enemigos peligrosos y cualquier intento por combatirlos generaba adhesión social. Eludir esta coyuntura a la hora de analizar el período nos aleja del escenario real, del mismo modo que observarlo a través de un tamiz contemporáneo.

Es más propicio abordar el comportamiento de Rosas como respuesta a su realidad, en lugar de ocultarlo o disfrazarlo. La realidad es que al no poder someter a las tribus -luego de intentarlo- no tuvo otra opción más que la de negociar con ellas, pero estuvo lejos de buscar protegerlos, como algunos argumentan. Para él, como para el resto, se trataba de enemigos.

https://losandes.com.ar/article/view?slug=los-aborigenes-y-rosas-por-luciana-sabina

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ADOLFO ARIZA

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