FRANCELLA Y HOMO ARGENTUM: LO QUE NO HAY QUE HACER PARA DEFENDER EL CINE ARGENTINO POR ADOLFO ARIZA

FRANCELLA Y HOMO ARGENTUM: LO QUE NO HAY QUE HACER PARA DEFENDER EL CINE ARGENTINO POR ADOLFO ARIZA

Por Adolfo Ariza

Había decidido –visto el revuelo y la cantidad y variedad de opiniones que se generaron- no agregar nada al tema de Homo argentum, pero me encontré con la nota de Katja Alemann que cito abajo.

https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/katja-alemann-francella-empleado-establishment-audiovisual-propia-mediocridad/

Sí, el 15 de agosto, después de ver la película, subí una opinión a las redes:

“Coincido bastante con las críticas a Homo Argentum. Pero, además, voy a resaltar un error en el título de la película: está en Latín y hay un error de concordancia: homo es masculino y argentum, como adjetivo, está en neutro, un género muy poco usado en Castellano.

Debería ser argentus para concordar.

Es cierto que son pocos los que podrían notar el error, pero llama la atención que se produzca en una película con tantos gastos de producción.

De paso, si yo fuera siciliano, protestaría por la visión denigrante que deja la película sobre ese sector de Italia.

Para terminar, la escena en que una muchacha se mete en una pieza para abusar de Franchella es igual a una de El ciudadano ilustre.

Nada más”

Después de leer la brillante nota de Katja Alemann, cambié de opinión: ella sale de los análisis cotidianos que han proliferado desde el estreno y nos entrega una visión profunda que excede a la película y nos pone frente al mundo de la producción cinematográfica

La nota comienza su análisis así:

“Katja Alemann salió al cruce de Guillermo Francella tras sus recientes declaraciones sobre el cine de autor argentino, que según el protagonista de Homo Argentum “nadie vería” y que él mismo no iría a ver. La actriz criticó la postura de Francella, considerándola reduccionista y alejada del verdadero arte cinematográfico, y no dudó en cuestionar tanto su enfoque como su relación con la industria audiovisual.”

Me parece importante este criterio, que nos saca de las simples opiniones sobre la película, y aun de los análisis grietosos que el mismo Presidente generó con el armado de una platea del Gobierno para sus funcionarios.

Incluso dejó un mensaje en su cuenta de X que comienza así:

“HOMO ARGENTUM: DISONANCIA COGNITIVA EN EL CORAZÓN WOKE

La película de Guillermo Francella deja en evidencia muchos de los aspectos de la oscura e hipócrita agenda de los progres caviar (woke).”

Más allá de la pretensión intelectual del lenguaje presidencial, lo que se hace es darle a la película un valor (que hoy Patricia Slukich, que de esto sabe mucho, hoy discutió y le bajó el precio).

Pero ya la grieta estaba instalada, montada también en la simpatía que ha mostrado Francella por Milei.

De todos modos, tal como demuestra Katja, el problema no es libertarios vs. kirchneristas, como intenta mostrar Milei, sino otro:

“Francella y la industria

Sobre la dimensión del arte y su relación con la industria, Alemann sostuvo que “las políticas de dominación se dan en todos los ámbitos, el entretenimiento es como su caballo de Troya. Te encajan todas las marcas y las costumbres para comprarlas. No vi esta película que hicieron ahora, tampoco creo que la vea, pero cuentan que es el festival de los chivos. Es una elección. O sos empleado, como en este caso Francella, y ganás fortunas, claro, o hacés lo que se te canta, cuando tenés la formación y capacidad de que se te cante algo. Y ahí la retribución económica es más trabajosa. No tenés a la industria atrás. Pero sos artista, con el verdadero sentido de la palabra artista. Entiendo que en su mente chiquita de ser empleado, no entre la dimensión del arte con todos sus infinitos matices y colores. Se debe sentir tan afuera de ese mundo de búsquedas y contradicciones, que ni siquiera le da curiosidad ver qué hacen, qué encuentran como estilo narrativo, qué personajes contemporáneos aparecen, más que el remanido cliché comercial del chanta argento, el siempre citado Isidorito Cañones, que parece ser el único personaje que le asegura el éxito, principal objetivo de este tipo de cine”.”

Es una crítica dura, pero a la altura de los planteos de Francella y Milei.

Está bueno que Katja ponga las cosas en su lugar: ese es el problema, y no hay que ceder en la defensa de la industria cinematográfica nacional, que tanto le ha dado a Argentina y a sus artistas.

Katja Alemann salió al cruce de Guillermo Francella tras sus recientes declaraciones sobre el cine de autor argentino, que según el protagonista de Homo Argentum “nadie vería” y que él mismo no iría a ver. La actriz criticó la postura de Francella, considerándola reduccionista y alejada del verdadero arte cinematográfico, y no dudó en cuestionar tanto su enfoque como su relación con la industria audiovisual.

«Francella se hizo famoso interpretando al estereotipo del clasemediero argento, el imbatible chanta, al que también otros actores supieron encarnar, Carlín, Brandoni y hasta Darín. Le sale muy bien. Y le ha costado romper ese molde. Siempre le proponen el mismo tenor de personajes, salvo contadas excepciones. Es un comediante efectivo, te da gracia. Pero es y ha sido siempre un empleado del establishment audiovisual, sin muchas luces más que para eso. No es un artista, no tiene visiones, ni creaciones propias. Además trabaja con esta gente que es muy despreciativa y soberbia. Las críticas que le hacen al sistema/sociedad son banales y cortas, bastante snobs. Han tenido algunos aciertos cinematográficos, pero una vez que le entendés el chiste, son todas iguales, tienen el mismo tono. No me parecen interesantes”, dijo Alemann.

Katja Alemann sobre Francella: “Siempre ha sido un empleado del establishment audiovisual, eso sólo habla de su propia mediocridad”

Katja Alemann.

La actriz señaló además que las producciones recientes parten de supuestos estigmatizantes y prejuiciosos: “Cambio Climático, wokismo, etc. Están en línea con el gobierno actual. Entiendo que dado el éxito de taquilla a que esta sociedad lo acostumbró, menosprecie el trabajo de tantos otros, premiados y prestigiosos por sus búsquedas de lenguaje, en el exterior y también acá, películas interesantes, que cautivan, por su manera de contar desacostumbrada y la perspectiva novedosa que ofrecen. He trabajado en 2 de ellas últimamente, El placer es mío de Sacha Amaral y La Sudestada de Edgardo Dieleke, que recomiendo. Francella tiene cierto resentimiento por no haber logrado en su carrera el prestigio que te da el arte. Simplifica en sus declaraciones sobre el cine de autor, en las que denosta esos directores y dice que no las va a ver nadie, ni él las iría a ver, cuestiones tan complejas como el contrato de las salas con la industria cinematográfica yanki, que les endosa 10 latas por el precio de una, mientras que las latas argentinas son una, que con mucho esfuerzo logra sostenerse más de una semana con esa competencia. Industria cinematográfica yanki que ha conquistado la cultura mundial a través del cine y ahora también las series y sus plataformas».

Katja Alemann sobre Francella: “Siempre ha sido un empleado del establishment audiovisual, eso sólo habla de su propia mediocridad”

Homo Argentum, protagonizada por Francella.

Francella y la industria

Sobre la dimensión del arte y su relación con la industria, Alemann sostuvo que “las políticas de dominación se dan en todos los ámbitos, el entretenimiento es como su caballo de Troya. Te encajan todas las marcas y las costumbres para comprarlas. No vi esta película que hicieron ahora, tampoco creo que la vea, pero cuentan que es el festival de los chivos. Es una elección. O sos empleado, como en este caso Francella, y ganás fortunas, claro, o hacés lo que se te canta, cuando tenés la formación y capacidad de que se te cante algo. Y ahí la retribución económica es más trabajosa. No tenés a la industria atrás. Pero sos artista, con el verdadero sentido de la palabra artista. Entiendo que en su mente chiquita de ser empleado, no entre la dimensión del arte con todos sus infinitos matices y colores. Se debe sentir tan afuera de ese mundo de búsquedas y contradicciones, que ni siquiera le da curiosidad ver qué hacen, qué encuentran como estilo narrativo, qué personajes contemporáneos aparecen, más que el remanido cliché comercial del chanta argento, el siempre citado Isidorito Cañones, que parece ser el único personaje que le asegura el éxito, principal objetivo de este tipo de cine”. Finalmente, Alemann amplió su crítica señalando la previsibilidad del cine de gran industria: “En USA hacen mil películas de merda y una buena. Tienen ese formato previsible que te aburre hasta el infinito, yo no las veo. Lamentablemente ahora con la producción audiovisual de plataformas, también imponen ese criterio, empieza y ya sabés todo lo que va a pasar y cómo termina, si tenés alguna práctica con guiones. Sí, también te podés ensartar en un bodrio horrendo con películas de autor, pero es parte del campo, sin bodrios no llega una genial, que te sorprende y la rompe. Es lógico que un empleado del sistema defienda el sistema. Sólo habla de su propia mediocridad”, concluyó Alemann.

Notas para compartir

MUJERES DEL ALMA MÍA DE ISABEL ALLENDE POR ADOLFO ARIZA

MUJERES DEL ALMA MÍA DE ISABEL ALLENDE POR ADOLFO ARIZA

Isabel Angélica Allende Llona (Lima, Perú; 2 de agosto de 1942) es una escritora chilena con nacionalidad estadounidense, de ascendencia hispano-portuguesa y nacida en Perú. Desde 2004 es miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura de su país en 2010.

No soy lector de Isabel Allende, aunque he leído algunas de sus obras. Allá lejos y hace tiempo, leí, por supuesto, La casa de los espíritus (1982). Mucho después, Inés del alma mía, (2006) una novela histórica que me gustó; más cercanamente, El juego de Ripper (2014), porque soy un viejo lector de novelas policiales.

En realidad, en mi casa hay muchos libros de esta chilena de apellido honorable (nunca olvidaré la tarde terrible del 11 de septiembre de 1973) porque a mi esposa le gusta mucho su estilo, como a otros millones de personas. Le resulta amena y asequible, que no es poco. Hace unos días, terminó de leer Mujeres del alma mía, y me lo dio para que lo guardara en la biblioteca. Me puse a hojearlo, y me interesó el tema, ya que el feminismo es a mi juicio el fenómeno político social más importante que haya conocido.

Lo leí rápidamente, es breve y ameno.

Es una obra autobiográfica, dedicada a las mujeres importantes de la vida de la autora. En casi todas las reseñas de su vida se pueden leer cosas como esta “Recuerda a algunas mujeres imprescindibles en su vida, como sus añoradas Panchita, Paula o la agente Carmen Balcells; a escritoras relevantes como Virginia Woolf o Margaret Atwood; a jóvenes artistas que aglutinan la rebeldía de su generación o, entre otras muchas, a esas mujeres anónimas que han sufrido la violencia y que llenas de dignidad y coraje se levantan y avanzan.”

Está bien la reseña: de esas mujeres, y de su vida, surgió su vocación feminista. La obra comienza así: “No exagero al decir que fui feminista desde el kindergarten, antes de que el concepto se conociera en mi familia.”

Sobre esa vocación feminista y una vida activa e interesante construye la memoria que leemos con gusto en esta obra. Entre esos hechos personales entretejidos con la historia de Chile y del mundo va desarrollando conclusiones generales centradas en la mujer y, por supuesto, en el papel de los hombres.

“Antes que nada, debemos acabar con el patriarcado, esta civilización milenaria que exalta los valores (y defectos) masculinos y somete a la mitad femenina de la humanidad.”

Este es el planteo, sin eufemismos, aunque con notas de humor, que desarrolla ante nosotros. Es la obra de una chilena sin fronteras, como se describe, muy actual, porque habla sobre situaciones como la del Me Too y de la rebelión social en Chile.

Es importante destacar que hay importantes controversias sobre su obra. Hay críticas feroces sobre el nivel literario de Isabel Allende. Alguno rechaza la calificación de “escritora” y la llama “escribidora”.

Personalmente, no soy afecto a los/las escritores/as de best sellers, aunque no comparto la descalificación de quien la acusa de hacer solo “literatura femenina”. Ahora bien, el éxito comercial de ventas de la obra de Allende, hace muy difícil aceptar estas posturas tan negativas.

Veamos: la venta total de sus libros alcanza setenta y dos millones de ejemplares y sus obras han sido traducidas a cuarenta y dos idiomas. Es considerada la escritora viva más leída del mundo de la lengua española.

Coincido con Camilo Marks que escribió en 2011: “Básicamente, hay dos maneras de leer a Isabel Allende. La primera consiste en escudriñar los defectos de sus libros, exponerlos con lujo de detalles y enviarla a los quintos infiernos con una inapelable, satisfecha, fundada sentencia condenatoria. La segunda, parte de la premisa de que es legítimo pasar un buen rato leyendo sus narraciones, puesto que son entretenidas, no cuesta dejarse atrapar por ellas y poseen méritos que atraen al público masivo o a lectores más exigentes. Entre ambos extremos se ve difícil encontrar un término medio: hay quienes siempre la odiarán, en tanto otros se fascinarán ante cada nuevo título suyo”.

¿Qué encontré en Mujeres del alma mía?

En la respuesta pienso que se ven parte de las razones del éxito de Isabel Allende: sabe construir narraciones interesantes, con mucho oficio e intuición para mantenernos en la lectura hasta terminar el libro. Ha escrito biografías, novelas históricas, policiales, narrativa femenina, análisis sociales. Todo manejado con solvencia.

Si sumamos oficio de narradora, olfato para elegir temas interesantes -por supuesto que esto tiene que ver con el éxito comercial y económico que es buscado por la escritora, sin casualidades- y capacidad para incluir descripciones o aportes teóricos que se integran eficientemente a las narraciones, podemos explicar su éxito, más allá de esas descalificaciones que mencioné, y que no tienen peso cualitativo.

Por ejemplo, cito algo que me impactó, porque es lo que siento:

“Quienes hemos entrado en la década de los setenta tenemos terror de acabar nuestros días en una casa de reposo en pañales, drogados y amarrados a una silla de ruedas.

Yo quiero morir antes de necesitar ayuda para ducharme.”

Esa cercanía con las cosas de la vida es lo que atrae, y en la obra es el feminismo.

Anoche escuchaba que este año ya hay cincuenta y un femicidios en Argentina. O sea que, a pesar del empuje del movimiento feminista, de los cambios en leyes y de la amplia repercusión que tienen las consecuencias del modelo patriarcal y machista, estamos lejos de asegurar a millones de mujeres una calidad de vida equivalente a la que disfrutamos los hombres.

Por eso, Mujeres del alma mía es una buena lectura para hombres y mujeres porque ayuda a la comprensión del mundo en que vivimos y a tomar la única actitud que permitirá modificar esa realidad por difícil que parezca esa misión.

Así lo sintetiza Isabel Allende en la página final del libro:

“Queremos un mundo donde haya belleza, no solo aquella que se aprecia con los sentidos, sino también aquella que se percibe con un corazón abierto y una mente lúcida. Queremos un planeta prístino, protegido de toda forma de agresión. Queremos una civilización equilibrada, sostenible, basada en respeto entre nosotros, por otras especies y por la naturaleza. Queremos una civilización inclusiva e igualitaria, sin discriminación de género, raza, clase, edad o cualquier otra clasificación que nos separe. Queremos un mundo amable donde imperen la paz, la empatía, la decencia, la verdad y la compasión. Y más que nada, queremos un mundo alegre. A eso aspiramos las brujas buenas. Lo que deseamos no es una fantasía, es un proyecto; entre todas podemos lograrlo.”

ME GUSTÓ LEERLO.

EL VIRUS HA MATADO LAS CERTEZAS

EL VIRUS HA MATADO LAS CERTEZAS

Por Graciela Cousinet – Socióloga. Ex Decana de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo

https://www.losandes.com.ar/article/view?slug=el-virus-ha-matado-las-certezas-por-graciela-cousinet

Ya nada se puede analizar con conceptos del diecinueve, no el siglo sino el año.

Intentaré listar los temas que no pueden dejar de ser tenidos en cuenta a pesar de que las respuestas todavía no están disponibles.

Desde hace tiempo las mentes más abiertas vienen insistiendo que hay que escuchar a las ciencias duras, que no son infalibles pero que son más confiables que diversos gurúes que pululan por ahí y hasta gobiernan países.

Paradójico es que el capitalismo que nació con ella y la promovió, se encierre ahora en su burbuja de intereses corporativos y ganancias inmediatas.

¿Y qué nos advierte la ciencia?

Que esta no es una pandemia sino una era de pandemias. Pandemias provocadas en gran medida por nuestra tóxica relación con la naturaleza y diseminadas por la descontrolada globalización.

Por lo tanto, las naciones con vocación de dominación van a priorizar ciertas garantías que les permitan afrontarlas de la mejor manera posible.

Soberanía alimentaria, farmacéutica y sanitaria serán esenciales. Hay que tenerlo en cuenta para prever cómo impactará en nuestro país.

El tema del transporte, tanto de pasajeros como de cargas, será revaluado. Su papel en la crisis climática y en la propagación de virus es probable que haga que se utilice con mayor prudencia.

Teletrabajo, peatonalización de los centros urbanos, transporte público, exportaciones de bienes de alto valor agregado y tecnológicos, promoción de consumos locales, siguiendo las pautas del movimiento gastronómico Kilómetro Cero, entre tantas otras medidas.

Los puntos calientes de los contagios del coronavirus han sido las metrópolis altamente densificadas. Ya hay personas y familias que están pensando en mudarse a ciudades medianas o pequeñas. Internet nos permite estar conectados e informados prácticamente en todos lados, lo que disminuye ciertos atractivos de las grandes ciudades. Ya se está hablando de desurbanización y por supuesto también de desdensificación, hasta hace poco uno de los postulados de la mayoría de los urbanistas, más enamorados de la moda que de la calidad de vida de los habitantes.

Otro problema que las estadísticas han señalado claramente es que los más pobres se contagian y mueren más por el coronavirus. Hay un factor que está asociado: enfermedades previas. Ahora bien, ¿por qué los pobres tienen más enfermedades previas, aún en gente joven? Más allá de lo obvio: peor atención sanitaria, hay otro factor poco destacado: la malnutrición que provoca obesidad, diabetes e hipertensión. Contra lo que la sensibilidad social, alentada por los intereses de las grandes corporaciones de la industria alimenticia, supone, no es el hambre sino el consumo de comestibles ultraprocesados que por su accesibilidad precio e impacto publicitario son una parte fundamental de la dieta de estos sectores. Enfrentarnos a estos enormes intereses será imprescindible para garantizar nuestra salud.

Otro tema que el virus contribuyó a resaltar son los adultos mayores. ¿Qué hacemos con una población que en algunos países llega a una cuarta parte del total? Para algunos, si están jubilados son un gasto, si siguen trabajando impiden el acceso de los jóvenes al mercado laboral. Los adultos mayores no son un gasto son una inversión que la sociedad ya realizó y debe aprovechar. Hay que pensar qué papel tendrán porque la mayoría se encuentra en óptimas condiciones de seguir aportando al bien común.

Mientras tanto la crisis climática sigue acortando nuestros plazos, la presión demográfica en África, algunos países asiáticos y centroamericanos, agravada por las consecuencias catastróficas del calentamiento global se hará sentir cada vez más en Europa y Estados Unidos.

A pesar de este panorama casi apocalíptico, hay soluciones que dependen de la voluntad política mayoritaria.

El feminismo es una herramienta poderosísima. Educar a las mujeres es una de las inversiones que más resultados produce. Terminar con el patriarcalismo es cambiar nuestro modo de relación con la naturaleza.

Frente a la desigualdad social y la falta de empleo, la economía social si fuera subsidiada del modo en que se subsidia a las petroleras, podría ser una de varias alternativas.

Menos productivismo menos consumismo podría ser igual a más trabajo, menos pobreza y mejor calidad de vida.

Pensar que obtendremos resultados diferentes con las mismas recetas es la definición de la locura.