ME TOO, MOI AUSSI, YO TAMBIÉN

by | Dic 19, 2018 | Sin categoría | 0 comments

Para completar -hasta ahora, aunque Argentina siempre, pero en particular a fin de año, puede mostrar algo más- este 2018, turbulento y complejo, explotó el Me too argento, como en otros lugares del mundo. Voy a hacer algunos comentarios sobre esto en mis Miradas desde Mendoza.

Leí una nota: Osvaldo Santoro: “Las mujeres se han empoderado tanto, que se subieron a una ola verde” (Los Andes, SOCIEDAD Lunes, 17 de diciembre de 2018 | Edición impresa). Este actor y otras cosas, pertenece a los integrantes de la Fundación SAGAI (una ONG que reúne a artistas, directores y productores), que presentaron un trabajo/encuesta en donde se revela, entre otros puntos, que entre las 1116 personas encuestadas del mundo del espectáculo, un 75% de las mujeres dijo haber sido víctima de malos tratos en el trabajo y un 66% afirmó haber padecido una situación de “acoso sexual”.

O sea que esto de Darthes no es un hecho aislado, ni nuevo, sino que forma parte del metier de ese mundo.

Por lo demás, también se da, desde hace mucho, en otros ámbitos:

Cualquiera con cierta relación con el mundo jurídico, conoce anécdotas sobre abusos de Jueces y otros funcionarios judiciales. Recuerdo risueñas narraciones de las fiestas de fin de año del Poder Judicial, sobre jueces, fiscales, amantes, etc.

Podrían decirme que muchas de estas relaciones son consentidas, y tal vez buscadas, y que no solo son casos de abuso sexual. Es cierto, pero el esquema es el mismo: un sistema machista y patriarcal, donde el sexo está en el vórtice: puede ser moneda de trueque, o algo que poner para poder mantenerse -o escalar- en un ambiente laboral, o algo que se toma por la fuerza en situaciones en que la debilidad del otro no puede impedirlo. Los que vieron la película El cisne negro, en el mundo de los/las bailarines de ballet, tienen un buen relato de estas situaciones.

Muchos/as podemos recordar historias en ámbitos deportivos: me acuerdo de un escándalo en el más alto ámbito del Comité Olímpico Internacional (COI), relacionado con los abusos sexuales del ex médico del equipo de gimnasia de EE.UU. Larry Nassar.

Para no hacer demasiado larga la lista, veamos el espacio de la política: hace muchos años que milito en ella, y conozco muchas anécdotas de problemas de abusos sexuales, y de más de un color político. En estos días, leí una noticia sobre denuncias de abusos sexuales en La Cámpora, ha habido casos de este tipo en el actual Gobierno de la Provincia de Mendoza, y  se ha imputado al  senador por La Pampa Juan Carlos Marino (UCR) por un hecho de este tipo.

También se dan, colateralmente, situaciones de malos tratos en ambientes laborales, es más, el mismísimo Ricardo Darín ha sido mencionado por prácticas de este tipo.

¿Todo es solo contra la mujer? No, claro, pero la mujer padece desde siempre una relación muy asimétrica con el hombre dentro de un sistema de poder patriarcal y machista que viene  de toda la vida  y que se ha desarrollado en múltiples culturas de la Humanidad.

Siempre fue una posición muy débil, más allá de que muchas mujeres manejaron habilísimas estrategias que les permitieron alcanzar situaciones de poder personal, o grupal.

Todo discurrió así, hasta que en el siglo XXI, empezaron a “pasar cosas”, diría el Ing. Macri: diría que “Ni una menos”, es en Argentina un punto de inflexión. No voy a hacer reseñas históricas, solo estoy marcando los que me parecen hitos importantes: por ejemplo, todo lo que se generó alrededor de la Ley del Aborto. No es exagerado decir que la mujer ha sido el cauce, justo y necesario, de un proceso de transformación social inédito, que tiene que ver con una sociedad distinta, diversa, pero más justa e igualitaria.

Es cierto que este sistema de poder ha existido en Occidente (lo acoto solo por razones de organización del relato, pero no porque no ocurran situaciones semejantes en otras culturas), en general, desde siempre, pero lo real es que, como movimiento abarcador, la explosión del feminismo que no acepta definitivamente la situación, se da ahora.

Es una ola mundial irrefrenable, tumultuosa, llena de asimetrías y de excesos, pero no se va a diluir. Nada será igual, y lo celebro.

Algunos hablan de que ahonda una grieta, hay mujeres que se inscriben en la matriz machista (Isela Costantini, ex presidenta de Aerolíneas Argentinas: “Si te pusiste escote, hacéte cargo de lo que va a generar”), con el tema del aborto legal, tenemos pañuelos verdes, celestes y alguno más. Está claro que no será un proceso ni fácil, ni corto, ni me animaría a anticipar los pasos que vendrán, pero no tiene retorno, y como tiene que ver con la equidad entre el hombre y la mujer, lo aplaudo.

En general, a los/las que nos está costando este proceso de la igualdad de género es a los/las de más de cuarenta años. El lunes, Marcelo Zlotogwiazda, en Desafío 20.18, hablaba de las pequeñas incomodidades que se nos producen a los hombres: por ejemplo, ¿le cedo el asiento a una mujer? Podría ser rechazado, y quedaríamos en una situación desairada. Como el sistema de poder abarcó el conjunto de la vida humana, la torrentada de la igualdad de género toca todo, y nos obliga a revisar la cotidianeidad, desde lo simple a lo complejo. No me parece útil tomar una actitud paranoica, como tampoco caer en actitudes vindicativas extremas, porque haría más difícil todavía avanzar hacia ese mundo más equitativo que es necesario. Está claro que no hablo de los delitos: violaciones, abusos, violencia, (que la Justicia se haga cargo de ellos), sino de todas las situaciones cotidianas que atentan contra la igualdad de género.

No me gusta todo lo que sucede, pero, teniendo en cuenta la cantidad de injusticias, abusos, femicidios, suicidios, problemas psicológicos, etc., que ha producido este sistema de poder, comprendo que no había otra manera: por las buenas, no hubiera pasado. Hay mucha gente que ha cambiado sus hábitos de toda la vida por miedo, porque puede ser castigado por la Justicia, o por la presión social. No es esperable un proceso prolijo, pero hay que buscar cambiar el sistema de poder político y social por uno equitativo para la mayoría de los miembros de la Sociedad, de la mejor manera, con el menor daño, y en el menor tiempo posibles.

El lunes, Rita Segato, una de las voces más claras en este tema, escribió en Cosecha Roja: “Si las feministas en términos históricos hemos defendido el derecho al justo proceso, no podemos defender el escrache. Tiene que haber un derecho a la interlocución con el acusado, si no estamos cayendo en los funcionamientos de aquellos que consideramos ser nuestros antagonistas de proyecto histórico. Yo no quiero un cambio de manos del poder, de la capacidad de opresión, de la reducción del otro mediante la burla y el escarnio: estamos luchando por un mundo diferente, no por un mundo igual en otras manos.”

Que el YO TAMBIÉN valga para una Argentina mejor.

 

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ADOLFO ARIZA

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