EL MUSICAL DE TRUMP: TODO VALE

by | Mar 11, 2019 | Temas políticos | 0 comments

 

“Hoy todos los tipos de regímenes empeoran. Las democracias liberales se vuelven más intolerantes”.

 

Por Thomas L. Friedman – © The New York Times 2019.

Hace bastante que no leía a Friedman, más que nada porque me cansé de Los Andes y su prédica macrista-cornejista, pero hoy vi el título, me interesé, y leí esta nota, que quiero compartir porque avanza en la línea que he intentado presentar en mi blog: comprender y criticar el mundo en que estamos para tomar actitudes y decisiones que permitan buscar en otra dirección, con una visión del mundo, de la política nacional e internacional y una cabal compresión de la inequidad e inviabilidad del modelo que se está desarrollando desde los países desarrollados, encabezado por EEUU.

Léanlo: terrible y devastador, porque prevalece, como lo vemos en Argentina, el Anything goes. TODO VALE.

Que Argentina, como México, como Bolivia, haga otra elección en el 2019.

Soy consciente que este texto supone un mínimo conocimiento de la realidad política nacional e internacional, pero comprendamos que necesitamos comprender este mundo, a pesar de todos los obstáculos: nos va la vida en ello.

Dios sabe que estos días no estoy interesado en escribir nada que alimente el ego de Donald Trump. Sin embargo, esta vez es inevitable. Está surgiendo una nueva era política a nivel mundial que, aunque no se les puede atribuir por completo a Trump, su partido y su gobierno, es evidente que han tenido un papel muy importante al momento de promoverla.

Una variedad de analistas ha nombrado a esta época de la misma manera: “Todo vale”. Y por una buena razón.  Si se observa lo que sucede en todo el mundo, no solo se ve una recesión democrática -la cantidad de democracias que están abandonando su buena fe con elecciones falsas está aumentando sin cesar-, sino algo mucho más grotesco: los líderes buscan asirse al poder de por vida, asesinando o encarcelando hasta los críticos menos severos y creando coaliciones descaradas con partidos abiertamente racistas e intolerantes.  

Aún más significativo, lo hacen con una impunidad absoluta, pues están seguros de que nadie los está viendo o que nadie importante los desafiará.  Esto pasa cuando la gente piensa que Estados Unidos no está viendo, no le importa o, aún peor, tiene un presidente que por sí solo ha enunciado más de 9000 mentiras y declaraciones engañosas, y que no tiene ninguna autoridad moral para desafiar a otros. Cuando se busca al vigilante del mundo que intenta hacer cumplir algunas de las normas básicas de decencia, Estados Unidos salió a comer, bajo el mandato de Trump…   y mucha gente se ha percatado, así que todo vale.  

“La democracia liberal no solo se está retractando por la presión que ejercen políticos demagogos que explotan las tensiones de la globalización, la desigualdad en aumento, la inseguridad económica, el desplazamiento de empleos, la inmigración, etcétera”, menciona Larry Diamond, autor de un profético nuevo libro: “Ill Winds: Saving Democracy From Russian Rage, Chinese Ambition, and American Complacency”: “Las fuerzas autoritarias de todas partes perciben que ya no hay que pagar ningún precio por gobernar de la manera más horrible que quieran”.  Por lo tanto, hoy, “todos los tipos de regímenes están empeorando”, agrega Diamond. “Las democracias liberales se están volviendo más intolerantes. Las democracias intolerantes están eligiendo personalidades autoritarias, como el presidente Rodrigo Duterte en Filipinas, quienes están purgando a los jueces y encarcelando a los periodistas que se atreven a criticarlos.

Los regímenes autoritarios que alguna vez coexistieron con bastiones de oposición ya no sienten la necesidad de hacerlo. En Camboya, el partido del dictador de años, Hun Sen, ahora controla todos los curules en el Parlamento. Y China está construyendo el verdadero primer Estado de vigilancia orwelliana”.  Todo esto hace que algunas partes de la letra de la canción clásica de Cole Porter suenen muy adelantadas a su tiempo:  “The world has gone mad today/ And good’s bad today/ And black’s white today/ And day’s night today/ And that gent today/ You gave a cent today/ Once had several chateaux …/ Anything goes”. (Hoy el mundo se ha vuelto loco / Y hoy lo bueno es malo / Y hoy lo negro es blanco / Y hoy el día es la noche / Y hoy ese caballero / Al que le das un centavo / Alguna vez tuvo varios castillos… / Todo vale).  “Just think of those shocks you’ve got/ And those knocks you’ve got/ And those blues you’ve got/ From that news you’ve got/ And those pains you’ve got/ (If any brains you’ve got) …/ ‘Cause Franklin knows/ Anything goes”. (Solo piensa en esas sacudidas que te dan / Y esos golpes que das / Y esa tristeza que da / De las noticias que ves / Y ese dolor que te da / [Si tienes algo dentro de la cabeza] / Porque Franklin sabe / Que todo vale).  (Los subrayados son míos)

Cuando Estados Unidos, la democracia más influyente del mundo, tiene un líder que carece de vergüenza, que tiene el respaldo de un partido sin fuerza de voluntad, dispuesto a prostituirse ante Trump sin importar cuán bajo caiga el mandatario -y ambos están protegidos por una cadena televisiva sin integridad que prácticamente dirige el Estado, llamada Fox-, los líderes de todo el mundo reciben una licencia para cazar a sus propios oponentes domésticos y cruzar cualquier línea de advertencia de derechos humanos con el fin de permanecer en el poder.  Y estamos hablando de algunos de nuestros aliados cercanos. La semana pasada, el procurador general de Israel recomendó que el primer ministro Bibi Netanyahu fuera acusado por cargos de fraude, soborno y abuso de confianza relacionados con tres diferentes casos de corrupción.

Esta situación llega justo después de que Netanyahu forjó una alianza política con un partido abiertamente racista y antiárabe.  El linaje del nuevo aliado político de Netanyahu, el partido Otzma Yehudit (Poder Judío), asciende hasta el partido Kach del rabino Meir Kahane, el cual defendía el anexo de Cisjordania, la expulsión de los palestinos que vivían ahí y el reasentamiento de los árabes israelíes en países árabes. En 2012, Estados Unidos rechazó la solicitud de visa al líder de Otzma, Michael Ben-Ari, con quien Bibi hizo la alianza, bajo el argumento de que se le asociaba con un violento grupo extremista.  

Según informó la Agencia Telegráfica Judía, entre los líderes de Otzma “se encuentra el ex ayudante de Kahane, Baruch Marzel, un residente de Hebrón que ofrece una fiesta todos los años en la sepultura de Baruch Goldstein, quien en 1994 masacró a 29 palestinos en la Tumba de los Patriarcas”.  Esta es la gente que Netanyahu quiere llevar a su gobierno. ¿Por qué no? Bibi sabe que, sin importar cuán bajo llegue, Trump siempre lo respaldará.  

Sí, la política puede ser un negocio sucio, “pero hay áreas sagradas en las cuales no se juega a la política, donde debe haber un límite”, comentó Moshe Halbertal, un filósofo de la Universidad Hebrea. Y, aliarse “con un partido racista es uno de ellos. Porque, cuando lo haces, en realidad se los infla y se envía un mensaje de cuáles son los tipos de discursos permitidos”.  Se podría pensar que “solo son medios para un fin”, agregó Halbertal.

“Pero, a fin de cuentas, ellos te controlarán, dominarán tu identidad”, y, en el caso de Bibi, “definirán quién es, qué es Israel, qué es Israel antes los ojos del mundo judío y qué es Israel ante los ojos del mundo”.  Nuestros enemigos y rivales también son peores que nunca. Irán se ha vuelto un cómplice fundamental de la limpieza étnica de los sunitas en Irak y Siria, del uso que hizo el régimen sirio de gas venenoso y de la destrucción de la democracia libanesa por medio de sus representantes, los milicianos del Hezbolá.  No obstante, Irán se sale con la suya. Los iraníes saben que los activistas de derechos humanos en Estados Unidos están tan concentrados en el homicidio vil que hizo Arabia Saudita del periodista Jamal Khashoggi y de los bombardeos de los sauditas en Yemen que están ignorando el mal comportamiento de Irán.

Por lo tanto, todo vale.  El gobierno de China ha sentido la libertad suficiente como para admitir que ha obligado a minorías religiosas, en especial a los musulmanes chinos, a ingresar a “campamentos de reeducación” para eliminar el “extremismo”. Sin embargo, las noticias que se filtran de estos campamentos indican que tienen “mucho en común con campos de concentración. Miles de guardias armados con palos con clavos, gas lacrimógeno y pistolas paralizantes vigilan a los ‘estudiantes’ del gobierno, quienes están en edificios rodeados de alambre de púas y cámaras infrarrojas”, comentó Vox, tras citar un reportaje reciente de Agence France-Presse.  Los aliados del presidente de Egipto, Abdulfatah el Sisi, han avanzado mucho en la modificación de la Constitución de Egipto para convertirlo, en la práctica, en presidente de por vida, o al menos hasta 2034, y para darle aún más poder al Ejército.

El Sisi, quien se adjudicó estos poderes después de una visita del secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo -la cual fue elogiada por el mismo funcionario-, también ha arrestado a muchos más egipcios por haber hecho críticas muy suaves y ha terminado con muchas más libertades de prensa que su predecesor Hosni Mubarak…   sin que Estados Unidos asome un dedo.  En Uganda, el presidente Yoweri Museveni, de 74 años, pudo abolir los límites de edad para también volverse, en efecto, presidente de por vida, después de enviar tropas al piso del Parlamento para golpear a legisladores de oposición que rechazaban la medida.

Larry Diamond dice: “Uno de los principales abogados de derechos humanos de Uganda me escribió para contarme que, con Trump en la Casa Blanca, Europa en silencio y las normas democráticas por lo general en retirada, los mandatarios africanos como Museveni ahora se sienten envalentonados para gobernar el tiempo y con el grado de brutalidad que quieran”.  

De nueva cuenta, no importa si son los presidentes de China, Egipto, Uganda, Rusia y Turquía que en esencia buscan ser presidentes de por vida; o Bibi que, para poder aferrarse al poder en Israel, forja una alianza con un político racista que tiene prohibida la entrada a Estados Unidos; o un equipo del príncipe heredero saudita que asesina al periodista y crítico moderado Jamal Khashoggi; o los aliados Polonia, Brasil y Hungría que se están alejando de la democracia bajo el influjo de nacionalistas hambrientos de poder, es evidente que antes de realizar sus respectivas maniobras ninguno de ellos, ninguno de ellos, siquiera se molestó en preguntarse: “¿Qué dirán los estadounidenses si hacemos esto?”.  Sabían la respuesta: todo vale. 

https://losandes.com.ar/article/view?slug=el-musical-de-trump-todo-vale-thomas-l-friedman

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ADOLFO ARIZA

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