QUE NO NOS ENGAÑEN HABLANDO DE POPULISMO

by | May 29, 2019 | Temas políticos | 0 comments

 

En esta entrada del 25/5/2019 (http://www.miradasdesdemendoza.com.ar/2019/05/25/de-como-transformar-una-nota-internacional-interesante-en-un-panfleto-electoral/) planteé el tema del Populismo como bandera descalificadora de Gobiernos que quieren desarrollar políticas favorables a las mayorías populares.

Como estoy cansado de esas diatribas reduccionistas y sesgadas (en la Convención Radical Cornejo habló de cómo Alfonsín soñaba con un peronismo puro (porque no tenía mucho para decir de Cambiemos), y el mendocino Sergio Bruni dijo que el populismo nos acecha en cada esquina como una versión actualizada del cuco), le pedí a mi querido amigo Humberto Podetti que me ayudara a presentarles una visión verdadera de lo que es el Populismo, como para que no los engañen más.

Me envió el excelente artículo de abajo, que comparto con Uds. Solo una aclaración adicional: Humberto cita a Francisco cuando dice que en América Latina el populismo es algo muy distinto de lo que significa en Austria, ligado al nazismo y a grupo neo nazis: eso es lo que hay que entender porque no es que los que planean las estrategias contra los Gobiernos populares no lo sepan, sino que tratan de engañarnos para que elijamos Gobiernos como el de Macri, por ejemplo.

HOY LOS ARGENTINOS/AS SABEMOS QUÉ QUIEREN ESOS GOBIERNOS, NO PERMITAMOS QUE DESTRUYAN NUESTRO TEJIDO ECONÓMICO Y SOCIAL.

De paso, si queremos ver qué hay otras opciones de Gobiernos, y que es mentira que es el único camino, les recuerdo otra entrada mía sobre Portugal:

PORTUGAL, EL MILAGRO DE CRECER GASTANDO EN LA GENTE

http://www.miradasdesdemendoza.com.ar/2019/04/26/portugal-el-milagro-de-crecer-gastando-en-la-gente/

Acerca del populismo

Por Humberto Podetti

El mundo atraviesa una situación difícil y compleja. El sistema económico global regido por el paradigma tecno económico está en quiebra: produce más perjuicios que beneficios. Pero a diferencia de lo que debiera ocurrir ante una quiebra, en la que el empresario se hace cargo de los perjuicios, en este caso, como diría Atahualpa, todos los beneficios son de los otros y todos los daños son de nosotros. ‘Los otros’ son el 1 % de la población del mundo y ‘nosotros’ el 99 % restante, como dice Joseph Stiglitz en su libro El precio de la desigualdad.

Es que la economía global está estructurada de modo que la riqueza se acumule cada vez más en menos manos, dañe la naturaleza, muchas veces en forma irreparable y excluya de la sociedad a millones de personas. Y también afecte a los demás habitantes del planeta, erosionando el sentido de la vida personal y social. Simultáneamente la democracia representativa se manifiesta impotente para poner remedio a la situación porque no es capaz de expresar cabalmente los intereses y necesidades de los pueblos y porque los grandes actores de la economía global –y también el narcotráfico, la trata de persona o el tráfico de armas- tienen más poder que los estados.

Como consecuencia de esta grave situación desde comienzos del siglo todos los pueblos del mundo se manifiestan exigiendo que la riqueza y el conocimiento se distribuyan equitativamente, que se profundice la democracia, que se recupere el poder de los estados, que se formen estados continentales y que los organismos internacionales –ONU, OIT, OMC, UNESCO, etc.- sean puestos al servicio de los pueblos.

También como consecuencia de la gravedad de la crisis, los partidos políticos tradicionales están en crisis en todo el mundo y han surgido nuevos movimientos y partidos pugnando por expresar las aspiraciones de los pueblos.

Pero simultáneamente han surgido fuerzas políticas que sólo pretenden aprovecharse de esos legítimos reclamos insatisfechos de los pueblos, como ha ocurrido en Estados Unidos y en Europa.

Confundir ambas expresiones es ingenuo o malicioso. Una cosa es quiénes intentan que la voz de los pueblos se exprese y oriente al poder político, económico y social y otra, opuesta, quiénes medran con el descontento popular para que todo parezca cambiar y sólo cambien algunas cosas, a veces significativas, pero, en ningún caso, suficientes.

En América Latina es muy difícil confundirlos porque los movimientos populares, herederos del movimiento independentista han procurado siempre expresar a sus pueblos. Sin embargo, es cada vez más frecuente que periodistas y políticos usen la ambigüedad de la palabra “populismo” para confundir a los movimientos y partidos que se proponen ser o son cabalmente una expresión de la voluntad de los pueblos con aquellos que sólo medran con la situación para que todo siga siendo como era.

Todos sabemos que –como dice Francisco- “toda pretensión de cuidar y mejorar el mundo supone cambios profundos en los estilos de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad” (Laudato Si´, 5).

Pues bien, eso es lo que diferencia a los partidos y movimientos populares –como el peronismo- de los partidos y movimientos que sólo pretenden ser incluidos en el sistema que hay que cambiar. A estos últimos, precisamente llamaba “populistas” Erenesto Laclau, que sostenía que toda exclusión del sistema institucional ‘democrático’ originaba un populismo, que pugnaba porque los que estaban fuera del sistema se incorporaran a él. Por eso proponía la lógica ‘amigo/enemigo’ como expresión del conflicto y motor de la política y establecía como objetivo la erradicación de los ’otros’. Más aún afirmaba que todo consenso se basa en actos de exclusión de otros.

Muy por el contrario, el peronismo en tanto movimiento y partido popular, propone cambiar el sistema, cambiar las estructuras de poder y contribuir a crear una nueva sociedad humana y un mundo poliédricos. Y el método que propone es el diálogo y el encuentro para definir un modelo nacional y continental que exprese los intereses de todos.

En 2017 el diario El País hizo un reportaje a Francisco que puede leerse en  http://internacional.elpais.com/internacional/2017/01/21/actualidad/1485022162_846725.html

Una de las preguntas se refirió precisamente a la diferencia entre “populista” y “popular” en la tradición política latinoamericana:

El País: Tanto en Europa como en América, las consecuencias de una crisis que no acaba, el aumento de la desigualdad, la ausencia de liderazgos sólidos está dando paso a formaciones políticas que están recogiendo el malestar de los ciudadanos. Algunas de ellas –las que se dan en llamar antisistema o populistas— aprovechan el miedo de la ciudadanía a un futuro incierto para construir un mensaje de xenofobia, de odio hacia el extranjero. El caso de Trump es el más llamativo, pero ahí están también los casos de Austria, e incluso Suiza. ¿Está preocupado por este fenómeno?

Francisco: Es lo que llaman los populismos. Que es una palabra equívoca porque en América Latina el populismo tiene otro significado. Allí significa el protagonismo de los pueblos, por ejemplo, los movimientos populares. Se organizan entre ellos… es otra cosa. Cuando oía populismo acá no entendía mucho, me perdía hasta que me di cuenta de que eran significados distintos según los lugares. Claro, las crisis provocan miedos, alertas. Para mí el ejemplo más típico de los populismos en el sentido europeo de la palabra es el 33 alemán. Después de [Paul von] Hindenburg, la crisis del 30, Alemania destrozada, busca levantarse, busca su identidad, busca un líder, alguien que le devuelva la identidad y hay un muchachito que se llama Adolf Hitler y dice “yo puedo, yo puedo”. Y toda Alemania vota a Hitler. Hitler no robó el poder, fue votado por su pueblo, y después destruyó a su pueblo. Ese es el peligro. En momentos de crisis, no funciona el discernimiento y para mí es una referencia continua. Busquemos un salvador que nos devuelva la identidad y defendámonos con muros, con alambres, con lo que sea, de los otros pueblos que nos puedan quitar la identidad. Y eso es muy grave. Por eso siempre procuro decir: dialoguen entre ustedes, dialoguen entre ustedes. Pero el caso de Alemania en el 33 es típico, un pueblo que estaba en esa crisis, que buscó su identidad y apareció este líder carismático que prometió darles una identidad, y les dio una identidad distorsionada y ya sabemos lo que pasó. ¿Las fronteras pueden ser controladas? Sí, cada país tiene derecho a controlar sus fronteras, quién entra y quién sale, y los países que están en peligro –de terrorismo o cosas por el estilo– tienen más derecho a controlarlas más, pero ningún país tiene derecho a privar a sus ciudadanos del diálogo con sus vecinos.

 

Dr. Humberto Podetti

Humberto Podetti es abogado egresado de la UBA, postgraduado en la UCA y especializado en Derecho de la Integración y Comunitario y Derecho Económico y Contractual Latinoamericano.

Ha sido Director de Proyectos del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, Profesor de Grado y Director y Profesor de Postgrado en la Universidad de Buenos Aires. Es Profesor invitado de la Universidad de la República (Montevideo) y de la Universidad Tecnológica Nacional.

Es miembro fundador del Foro Permanente de Juristas y Asociaciones de Derecho Comparado del MERCOSUR, del Foro para la Unificación del Derecho Privado, del Instituto de Integración Latinoamericana de la Universidad Nacional de Cuyo, del Foro San Martín para la reunificación de nuestra América y miembro de la Asociación Argentina de Derecho Comparado, del Corredor de las Ideas del Cono Sur, del Instituto de Derecho Internacional Público, Relaciones Internacionales y Derecho de la Integración del Colegio Público de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires.

Ha sido huésped de Honor y Coordinador Institucional de la Universidad Nacional de Cuyo en Buenos Aires.

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ADOLFO ARIZA

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