Sigo comprando el Diario Los Andes –me he prometido psiconalizarme por eso-, del cual no leo mucho más que los Avisos necrológicos, pero los sábados suelo leer completa la página que agrupa las secciones de mi apreciada colega Nené Ramallo, de la poco objetiva historiadora Luciana Sabina y alguna otra nota de opinión. Este sábado la última era: Inclusive el lenguaje – Por José Niemetz

José Niemetz, mendocino, de Alvear, es escritor, fue Premio Clarín de Novela 2018, por “Tú eres para mí”, interesante novela que estoy leyendo, aunque la interrumpí porque aparecieron otras urgencias lectoras. Lo que escribe es una nota dura, pero certera, sobre el tema del lenguaje inclusivo.

He tenido algunos intercambios (menos de los que habría podido, porque evité discutir con personas con posiciones fundamentalistas, para no perder tiempo) sobre el tema del lenguaje inclusivo, que, evidentemente, excede el marco del estudio de la Lengua para instalarse claramente en el de las ideas.

Soy Profesor de Castellano, así que opiné técnicamente que esta propuesta de lenguaje no era originada en el mismo uso del Habla, sino en un planteo de perspectiva de género en el marco de los avances del feminismo. Por lo tanto, no correspondía hacer análisis lingüísticos (en general sesgados y muchas veces descalificadores), sino esperar que el mismo uso definiera lo que tiene que perdurar.

Rechacé el argumento de la RAE porque no le reconozco autoridad sobre el Habla de los argentinos, aunque sí de consulta.

Niemetz hace un planteo profundo del tema, y de las reacciones que genera (bastante semejante a las que yo había vivido). Además, plantea el tema de la docente sancionada (claramente lo fue), que me causó vergüenza ajena.

Saqué una pequeña introducción, aunque recomiendo leerla completa, y la transcribo para que la conozcan y piensen con ganas de comprender el mundo de hoy, que es muy complejo, y que se transforma a una velocidad muy superior a la del pasado. Es nuestra obligación como mendocinos/as, a los/las que nos cuesta romper la visión conservadora que nos caracteriza.

Que les sea útil para abrir la cabeza.

“… en esta ocasión me preguntaron:

-Che, ¿qué opinás del lenguaje inclusivo?

Lo preguntaron cómo se pregunta algo obvio, retórico, casi divertido. Sin embargo, cuando respondí que el tema no me resulta ni siquiera interesante, todos manifestaron un gran alivio por mi respuesta políticamente correcta. Es por ello que me apuré en agregar:

El así llamado ‘lenguaje inclusivo’ seguramente no es otra cosa que una moda que como toda moda desaparecerá como tal. Y mientras tanto, nos hace hablar pavadas sobre ella.

Lo que no es una moda es la exclusión de las diversidades sexuales que no se adecuan a la hétero normatividad.

¿Cómo es posible que un tema tan pueril alcance este lugar tan repetido en nuestras conversaciones cotidianas? ¿Cómo es posible que la Real Academia intente dictaminar sobre algo en lo que no tiene ninguna competencia? ¿Cómo es posible que el autoritario castigo a una docente mendocina, por el insignificante acto de saludar a sus alumnos con un todes, se haya constituido, (junto con el otro castigo: el del Ítem Aula) en la principal acción del gobierno educativo?

El helado se había terminado, mi mujer servía café, el silencio de los comensales no se debía al interés por el tema sino al arrepentimiento por haberlo planteado.

Sencillamente -continué- porque el sólo hecho de decir todes, visibiliza, sólo eso, la dolorosa exclusión que sufren las distintas identidades sexuales que existen entre nuestros chiques.

El arquitecto, revolviendo el café y hurgueteando unas masitas secas, me increpó:

-Pero la RAE ya dictaminó que…

-Che, si a vos te parece que el lenguaje que vos hablás es un bloque hermético, cerradito y manejado como verdad revelada por un cenáculo de académicos, te cuento que este coso con el que te comunicás es una especie de sobra proveniente del idioma que llevaron los antiguos conquistadores romanos por una buena parte de Europa y que se llamaba latín vulgar (que, a su vez, generaba espanto moral entre los intelectuales de la Roma clásica) y que se fue maravillosamente degenerando y se constituyó en muchas lenguas, entre otras en nuestro amado castellano. Cada pueblo, cada época, cada hablante hacen algo con él. Los que mencionan a la RAE para defenestrar al lenguaje inclusivo, para ser coherentes, deberían comunicarse en latín clásico.

-Bueno, no es para tanto –agregó la médica. ¡Sí! Es para tanto –le contesté-. Primero porque la exclusión no solo continúa entre nosotros, sino que se continúa reprimiendo a quienes la ponen en evidencia, como esa valiente docente de Junín. Y en segundo lugar porque en nombre de proteger a la docente, se la castigó con un patético traslado (como si ese traslado lavara sus ideas). Está claro que los funcionarios educativos se aferraron a este tema porque ante las acuciantes problemáticas de la educación sólo manifiestan incompetencia, y así, aunque sea con violencia, pareciera que hacen algo. La pregunta que me formulo es: ¿y quién protege a esos pibes y pibas de tener padres tan reaccionarios e ignorantes?

-Lo que yo quiero decir es… -atinó cualquiera de los comensales.

-El lenguaje inclusivo en sí mismo, carece de toda importancia. Acá lo único que resulta importante es la exclusión que sufren cientos de miles de seres humanos por su nacionalidad, su color, su peso, su religión, su estándar económico y también por su condición sexual.

Cuando mi mujer ofreció más café, todes respondieron al unísono que no, gracias, que les provoca insomnio. Y que les gusta dormir tranquiles.

No estoy seguro de que lo logren.

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