¿CÓMO SUPERAMOS LOS MENDOCINOS EL GANSISMO QUE NOS JODE?

by | Oct 19, 2019 | Temas políticos | 0 comments

 

Ayer, en el Diario Jornada, de distribución gratuita, encontré otra nota de opinión que me pareció interesante para compartir.

No era nada menor, porque la había escrito el gran Rodolfo Braceli -que ha hecho muchas entrevistas espectaculares- sobre Quino, y con un título muy provocador: Mendoza, ¿se merece a Quino?

Como hace poco, después de las elecciones provinciales en Mendoza, planteé el tema del conservadurismo menduco (ELECCIONES PROVINCIALES 2019: ¿CUÁNTO DE GANSO TENEMOS LOS MENDOCINOS? https://www.miradasdesdemendoza.com.ar/2019/10/08/elecciones-provinciales-2019-cuanto-de-ganso-tenemos-los-mendocinos/), me pareció que este análisis y entrevista agregaban otro punto de vista a la visión de esta particularidad local.

En este blog digo: Mirar desde Mendoza no es sencillo, parece una ciudad grande, pero, en realidad, es una aldea grande, llena de gente brillante: músicos, programadores, hacedores de vino, escritores, deportistas (el olvido de los/las políticos/as no es casual), pero con una mirada conservadora y pacata en una buena parte de nuestra sociedad urbana.

Creo que esa descripción puede explicar perfectamente la aparente contradicción que destaca Braceli, y que son caras de la misma moneda.

De todos modos, deberíamos –es lo que yo hago- tratar de superar las limitaciones que este conservadurismo supone, y que nos perjudican, individualmente y como sociedad.

En este mundo que evoluciona tan velozmente -lo que ya es una dificultad para la mayoría de nosotros-, que, además, necesitemos referenciarnos en modos de ser que ya no tienen validez para resolver la vida actual, es un grave problema.

Pensemos en cómo ha cambiado Argentina en solo cuatro años –desgraciadamente para mal-, o todo lo que ha significado la Presidencia de Trump en el mundo.

Si no logramos actualizar qué Mendoza necesitamos para los próximos cincuenta años –y que puede ser muy diferente de la que conocieron nuestros padres, y hasta nosotros- no podremos generar el proyecto político que nos permita vivir felizmente en ella.

Muy poca gente critica las plataformas que nos avasallan por todos lados: Uber, Cabify, Pedidos Ya, etc. Tengamos en cuenta que ya se habla de uberización como fenómeno emergente, o sea que no se trata de fenómenos aislados, sino de tendencias mundiales que tienen que ver con la concentración económica que impulsan los países centrales. Muchas de esas plataformas significan la precarización del trabajo y la destrucción de fuentes laborales preexistentes, y deben de ser reguladas, y prohibidas, incluso, si perjudican a sectores locales que generan trabajo y riqueza.

Esto no quiere decir que no reconozcamos que el mundo ha cambiado y que hay que encontrar el modo de desarrollarnos y prosperar en esta realidad tan distinta de la en que hemos crecido.

Nuestra rica historia, que nos permitió transformarnos, desde ese mínimo 2,50% de superficie en oasis fértiles, en la cuarta provincia argentina, necesita hoy otra mirada, informada y moderna, para visualizar el progreso que necesitamos para no seguir retrocediendo y quedar solo como una provincia turística que depende del valor del dólar para subsistir.

Hagamos como Quino, o como Liliana Bodoc, o como los emprendedores innovadores, o como los que proyectaron en el siglo XIX una ciudad moderna.

Nuestra red de canales de riego toma como modelo lo que hacían las comunidades originarias. Esto es conservadurismo útil: tomar lo que sirva del pasado para crear un futuro mejor.

Dejo la nota de Braceli porque, además del tema descripto, muestra aspectos de la vida de Quino que son muy interesantes.

Pienso que sí, que tenemos derecho a levantar chapa con Quino, pero, también tenemos que seguir su ejemplo: revisar nuestra realidad, despojarnos de lo que no necesitamos (como las hojas que caen en nuestro bello otoño), y llenarnos de frutos nuevos.

 

Mendoza, ¿se merece a Quino?

Por Rodolfo Braceli

https://jornadaonline.com/rodolfo_braceli/212344-mendoza-%C2%BFse-merece-a-quino?-

VIERNES, 18 DE OCTUBRE DE 2019

Por estos días Quino no está cumpliendo años. Ni la Mafalda tampoco. Y entonces: ¿por qué esta columna? Simplemente porque a veces soy cantor. Y se me canta.

Damas y caballeros, aunque no resulte simpático, una vez más pregunto: ¿no es acaso una paradoja que Joaquín Lavado, el Quino, ¿haya nacido y aprendido a respirar en Mendoza?

Resulta oportuno insistir con la antipática pregunta: ¿el promedio de la sociedad mendocina -no todos, el promedio- está a la altura de la lucidez del inconformista hacedor de la niña Mafalda? Concretamente: el conservadurismo, la pacatería, los prejuicios, la contractura moral de nuestro promedio social ¿tiene derecho a sacar pecho/s con el Quino que hace algunos años ganó esa especie de Nobel que es el premio Príncipe de Asturias? ¿Qué hubiera sido de Quino si la dictadura del ’76 lo encontraba en Mendoza? ¿Le hubiera ido mejor que a Di Benedetto, que a Jorge Bonnardel?  Hagámonos cargo de las preguntas. Voy por Joaquín Lavado. Lo primero que hizo fue nacer (Mendoza, 932). A los 21 años hizo pie en Buenos Aires, y de aquí al mundo. Cierto día de 1967 vino de pasada a Mendoza y lo entrevisté. Otros encuentros nos sucedieron ya en Buenos Aires: en 1987 para hacerle el reportaje-prólogo destinado a su antología “10 años de Mafalda”. Después lo entrevisté en 1990 y en 2001. Pasados los años observé a un Quino que superaba el corsé del denso pesimismo y se animaba a la alegría, desanudaba su grave timidez.

Repaso: tenía Quino 35 años cuando lo entrevisté por primera vez. No nos tuteamos. Le entré mal: “¿Cómo es posible que no le guste el fútbol?” Me respondió disgustado: “¿Acaso eso es una tragedia?” Le respondí: “No. Es una lástima”. Después le pregunté: “¿A dónde va a parar el mundo?” No encontró palabras. Le pedí que me respondiera con un dibujito en una servilletita. Y Quino con mi birome dibujó primero un hombrecito de anteojos (yo), después un globo terráqueo… El hombrecito pateaba el globo, lo convertía en balón. Adiós planeta, adiós.

Dos décadas después lo volví a reportear. Quino venía de vivir en Europa los años del limbo del infierno, a partir de 1976. Le pregunté sobre el día de su nacimiento.

-Sólo sé que nací a las cuatro de la tarde. Entre los 10 y los 18 años viví asediado por la muerte: un abuelo, mi madre, mi padre… No podía escapar del luto: puerta entornada, nada de radio ni de música ¡y un brazalete negro! Con ese brazalete me sentía un nazi. Feo, ¿no?

-¿Cómo era Quino a la edad de Mafalda?

-Muy solitario. No jugaba a la pelota; por mi timidez espantosa no quería ir a la escuela. Sólo quería dibujar. Mi madre me convenció de que, si quería dibujar con los globitos, como en las historietas, también tenía que escribir los textos. Y a escribir iba a aprender sólo yendo a la escuela. Fui. Mientras, me acercaba a mi tío Joaquín Tejón, que era pintor, dibujante publicitario. Ahora me viene una imagen lejana: un día mi madre trajo una enorme mesa de madera clara, de álamo… yo me acosté boca abajo sobre ella y la fui cubriendo de dibujos… Ella me dijo: “Si quieres seguir dibujando tienes que lavar la mesa cada vez.”

– ¿Cuál es la clave de Mafalda?

-Una contradicción: a uno de chico le enseñan cantidad de cosas que no deben hacerse porque hacen daño… pero resulta que cuando uno abre los diarios se encuentra con que los adultos perpetran masacres, guerras, etc.

   (Quino metía el dedo en nuestra llaga: la hipocresía. Siguió contando.)

-No reniego de Mafalda. Fueron diez años de mi vida y la de Alicia, mi mujer. Pero el viejo Oski tenía razón: la permanencia en la historieta me endureció la línea… Para que los personajes me salieran iguales… a veces los calcaba. Fue duro eso: Alicia debió soportar esta rutina y resolver mi vida exterior con el mundo. Hay dibujantes a los que mantener su historieta les costó el matrimonio. Mucha gente me dice “Quino, ¿por qué mató a Mafalda?” Si seguía, la historieta iba a terminar por liquidar al dibujante.

-Si hoy le pregunto dónde va a parar el mundo, ¿qué me dice?

-Iremos a parar al espacio. Porque volaremos en cohetes. Yo era muy pesimista, viajando aprendí cosas. En Cuba vi lo que puede la voluntad y la unidad. Aun en la pobreza, con el esfuerzo común se puede conseguir salud, educación, alimentación.

– ¿A dónde cree que vamos a parar cuando dejamos de respirar?

-A la nada.

-Confiéseme alguna íntima maldad suya.

-A ver… je. de chico, jugando solo, miraba mucho a las hormigas: las negras grandotas, buenazas; las chiquitas coloradas, malísimas; y las marroncitas, que no eran dañinas. Miraba las terribles guerras entre las hormigas, quedaba la tendalada. Algunas veces atrapaba una mosca viva, le arrancaba las alas y la arrojaba al centro del hormiguero. Hoy me da escalofríos decirlo.

  (El Viernes Santo del 2001 ya nos tuteábamos. Le pregunté si seguía incrédulo:)

-No, creo muchísimo… Soy agnóstico; no sé, ateo también. Creo en taaantas cosas. soy un animista. He sido educado como hijo de republicanos españoles. Mi vieja, Antonia Tejón, y mi abuela eran comunistas. Mi abuelo también ¡muy anticlerical!

-La carencia de un Dios, ¿te desasosiega?

-No. Porque creo en aquel árbol y en el sol y en la lluvia y en los pajaritos. Mirá, Rodolfo, la otra noche soñé con una pareja de pajaritos. Venían a invitarme a su boda.

Posdata.  Puse una pregunta en remojo sobre la paradoja que significa que el Quino haya nacido en Mendoza. Un sitio con muuuuy alta tasa de mentalidad pacata. Digamos que a la Mendoza neoliberal, conservadura, el Quino le salió por la culata. ¡Brindemos por Antonia Tejón, la autora del autor de la Mafalda!

 

* zbraceli@gmail.com == www.rodolfobraceli.com.ar

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ADOLFO ARIZA

ADOLFO ARIZA

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