En realidad, no tenía mayores intenciones de publicar otra entrada en mi blog, pero esta mañana encontré esta nota en Los Andes. Es extraño como ese matutino, poblado de notas anti Gobierno, y/o pro liberales, publica las de Krugman o Stiglitz, que son muy críticas del capitalismo neoliberal.

De todos modos, bienvenidas sean.

He venido publicando entradas que avanzan en el tema del capitalismo contemporáneo –responsable de muchos de los males que castigan a la mayoría de los seres humanos, y al planeta.

Está claro que hay más opiniones sobre cómo será el mundo después del coronavirus que certezas, pero rápidamente se han manifestado –incluso desde antes de la pandemia- situaciones sociales, geopolíticas, ambientales, en las que las formas actuales del capitalismo, ya desde países, o corporaciones o personas, tienen directa –y nefasta- responsabilidad.

Sin embargo, esta nota de Krugman es un buen aporte para quienes quieran comprender mejor este mundo bajo pandemia, y poder ser parte lo más activa posible de ese mundo que se dará, antes o después.

EEUU está viviendo una situación inédita, más terrible que la del 11S, y es muy difícil predecir el desenlace, así que este aporte del Premio Nobel es muy interesante.

Que les sea útil.

El Covid-19 despierta a los zombies habituales

Por Paul Krugman – Premio Nobel de Economía. The New York Times. 2020

https://www.losandes.com.ar/article/view?slug=el-covid-19-despierta-a-los-zombies-habituales-por-paul-krugman

Permítanme resumir la perspectiva de los medios del gobierno de Trump / de la derecha: es un engaño o, en todo caso, algo sin importancia. Además, intentar hacer algo al respecto destruiría la economía. Además, es culpa de China, por lo que deberíamos llamarlo el “virus chino”.

Ah, y también los epidemiólogos que han estado proyectando la propagación del virus a futuro han sido objeto de un ataque continuo, acusados de ser parte de una conspiración del “Estado profundo” contra Donald Trump, o quizás los mercados libres.

¿Todo esto no les da una sensación de “déjà vu”? Debería hacerlo. Después de todo, es muy parecida a la idea que tiene Trump / la derecha acerca del cambio climático. Esto es lo que tuiteó Trump en 2012: “El concepto del calentamiento global fue creado por y para los chinos con el fin de eliminar a la manufactura estadounidense como competencia”. Ahí está: es un engaño y hacer algo al respecto destruirá la economía, y China tiene la culpa de esto.

Además, los epidemiólogos, asombrados al ver que sus mejores esfuerzos científicos eran tachados de ser un fraude que obedecía a motivaciones políticas, debieron haber sabido lo que ocurriría. Después de todo, sucedió exactamente lo mismo con los climatólogos, quienes durante décadas han sufrido un hostigamiento constante.

Así que la reacción de la derecha al Covid-19 ha sido casi idéntica a la del cambio climático, aunque en una escala de tiempo muy acelerada. Pero, ¿qué hay detrás de este tipo de negación?

Bueno, hace poco publiqué un libro sobre el predominio de las “ideas zombis” en nuestra política: ideas que, según pruebas contundentes, están equivocadas y deberían desaparecer, pero que de alguna manera siguen arrastrándose y carcomiendo el cerebro de la gente.

El zombi más predominante en la política estadounidense es la insistencia de que los recortes fiscales para los ricos producen milagros económicos y en realidad se pagan solos; pero el zombi con mayores consecuencias, el que plantea una amenaza a la existencia, es la negación del cambio climático. Y ahora el Covid-19 ha despertado a todos los zombis habituales.

Pero, ¿por qué la derecha está considerando una pandemia de la misma forma en que considera los recortes fiscales y el cambio climático?

La fuerza que, por lo general, permite que las ideas zombis sigan arrastrándose son los intereses financieros personales. Los elogios a las virtudes de los recortes fiscales los pagan de manera casi directa los multimillonarios que se benefician de estos recortes. La negación del cambio climático es una industria respaldada casi por completo por los intereses de los combustibles fósiles. Como dijo Upton Sinclair: “Es difícil hacer que alguien entienda algo cuando su salario depende de que no lo entienda”.

No obstante, es menos evidente quién gana al minimizar los peligros de una pandemia. Entre otras cosas, la escala de tiempo se comprime enormemente en comparación con el cambio climático: pasarán muchas décadas antes de que se materialicen las consecuencias del cambio climático, lo que les dará mucho tiempo a los intereses de los combustibles fósiles para tomar el dinero y huir, pero ya estamos viendo consecuencias catastróficas de la negación del virus después de tan solo unas semanas.

Es cierto que tal vez haya algunos multimillonarios que se imaginan que negar esta crisis les traerá algunas ventajas financieras. Justo antes de que Trump hiciera ese llamado aterrador para reactivar el país antes de Pascua, sostuvo una conferencia telefónica con un grupo de administradores de fondos que quizá le dijeron que terminar el distanciamiento social sería bueno para el mercado. Eso es disparatado, pero nunca se debe subestimar la codicia de estas personas. Recordemos que Steve Schwarzman de Blackstone, uno de los hombres que participó en la conferencia, una vez comparó las propuestas de acabar con una exención tributaria con la invasión de Adolf Hitler en Polonia.

Además, a los multimillonarios les ha ido muy bien con los recortes fiscales de Trump y tal vez teman que el daño económico del coronavirus tenga como consecuencia la derrota de Trump y, por tanto, un aumento a los impuestos para personas como ellos.

Pero yo creo que la reacción desastrosa al Covid-19 se ha basado menos en los intereses personales directos y más en dos formas indirectas en que se vinculan las políticas públicas por la pandemia con el predominio general de las ideas zombis en la mentalidad de la derecha.

La primera es que cuando existe un movimiento político construido casi por completo en torno a que son falsas las afirmaciones de cualquier experto, se tiene que promover una actitud de desprecio hacia los conocimientos que penetre en todo. Cuando ignoramos a las personas que analizan las pruebas sobre los efectos del recorte fiscal y los efectos de las emisiones de gas de efecto invernadero, ya estamos preparados para ignorar a las personas que analizan las pruebas sobre la transmisión de la enfermedad.

Esto también ayuda a explicar el papel central que tienen los conservadores religiosos que odian a la ciencia en el conservadurismo moderno, el cual ha tenido una influencia importante en la respuesta deficiente de Trump.

La segunda es que los conservadores tienen una creencia verdadera: a saber, que existe una especie de efecto halo en torno a las políticas exitosas del gobierno. Temen —tal vez con razón— que si la intervención pública puede ser eficaz en un área, los electores quizás consideren más positiva la intervención del gobierno en otras áreas. En principio, las medidas de salud pública para limitar la propagación del coronavirus no deberían tener gran repercusión para el futuro de programas sociales como Medicaid. En la práctica, la primera tiende a aumentar el apoyo para la segunda.

Como resultado, la derecha a menudo rechaza las intervenciones del gobierno incluso cuando es evidente que son para el bien común y no tienen nada que ver con la redistribución del ingreso simplemente porque no quieren que los electores vean que el gobierno está haciendo algo bien.

La conclusión es que, así como con muchas cosas, Trump, la atrocidad de hombre que habita la Casa Blanca, no es todo lo que hay detrás de las terribles políticas públicas. Desde luego que es ignorante, incompetente, vengativo y totalmente falto de empatía. Pero su incompetencia en cuanto a las políticas públicas relacionadas con la pandemia se debe tanto al carácter del movimiento al que sirve como a sus ineptitudes personales.