HAY QUE GANAR LAS ELECCIONES

Me interesó este análisis de Artemio López –tipo lúcido y con comprensión política, por lo demás-, no solo por su aporte a una visión general del proceso electoral de Brasil, sino, y quizás más todavía, porque me significó un ángulo de visión muy interesante de nuestra Argentina.

En efecto, en estos días difíciles del país –una vez más- hay muchos compañeros y compañeras (anche compañeres) que rechazan a Alberto Fernández por su “tibieza”. Hoy he leído un par, y son duros, mucho, aunque hay que reconocer que hubo varios hechos políticos que parecen justificar la consideración de que este es un Gobierno a lo Duhalde, y que no responde a la dirección que debía tener el FdT. La represión en la cancha de Gimnasia, o a los/las mapuche, las medidas económicas de Sergio Massa, los acuerdos con el FMI, que incluyen medidas de ajuste, son algunos de los elementos que se pueden esgrimir para justificar esta evaluación.

Ahora bien, ¿qué dice Artemio en la nota que menciono, y que cito abajo?

¿Por qué Lula giró al centro?

ARTEMIO LÓPEZ

ELECCIONES EN BRASIL

https://www.eldestapeweb.com/internacionales/elecciones-en-brasil/por-que-lula-giro-al-centro–20221051100?fbclid=IwAR215n3_GtQ10CaeDfgGvfIYm-PT9dBUimpi51aZaizoKv71eEL0v11OxHc

“Vamos ahora a intentar desplegar algunos apuntes para un análisis cualitativo de la elección.”

“El apoyo a Lula ya no se basa, como en las décadas de 1980 y 1990, en el deseo de una ruptura con el pasado o de un cambio profundo, sino en la expectativa de contar con un Estado lo suficientemente fuerte como para mejorar el nivel de vida de la población –y de los más pobres en primer lugar–, pero sin una radicalización política o una movilización de masas permanente que amenace el statu quo. El lulismo devendrá así en una forma de reformismo débil y de conciliación permanente con las elites políticas y económicas tradicionales. Al optar por apostar todas sus fichas a la actividad gubernamental y a las constantes mediaciones, el pt se ha convertido en un partido dominado fundamentalmente por los parlamentarios y administradores, y por los burócratas que controlan los votos de los afiliados en las convenciones partidarias. Los movimientos sociales y los sindicatos, que eran el núcleo de la identidad del pt y el centro de los otrora animados debates internos, se han vuelto cada vez más secundarios.”

Está claro que no estoy asimilando a la realidad argentina la evolución de Brasil, pero algunos resultados son comparables: tampoco la sociedad argentina quiere transformaciones profundas, porque los muchos años de crisis sucesivas han dejado su huella.

Trabajo, seguridad, estabilidad económica, es lo que pretende la mayoría de los/las argentinos/as, y está bien.

Agreguemos que las corporaciones mediáticas, que son parte de una feroz oposición política que agrupa a macristas, grupos de derecha, libertarios/as, y algunos grupos más, nunca han dejado de atacar y descalificar al Gobierno.

Un ejemplo de lo que digo es la permanente prédica del éxodo como solución de vida. El antiguo “El país tiene salida: Ezeiza” vuelve a sonar entre nuestra clase media, y los medios muestran repetidamente ejemplos de gente que se fue del país, y está triunfando, más allá de que hay –como siempre- triunfadores y fracasados, como también entre los que se quedan.

De todos modos, son evidentes las dificultades de la vida en Argentina, y a mí también me preocupa, en esta etapa de mi vida, con 76 años, qué país espera a mis hijos/a, nietos/as, bisnieta, y a todos/as que vengan después.

Dice arriba: “El lulismo devendrá así en una forma de reformismo débil y de conciliación permanente con las elites políticas y económicas tradicionales.”

También el albertismo busca la conciliación, y eso le reprochan quienes quisieran que Argentina encarara transformaciones más profundas y disruptivas contra los poderes que, desde siempre, han manejado en su provecho el desarrollo de Argentina.

No voy a presentar la historia de las injusticias en Argentina desde el siglo XIX en adelante, pero, si lo hiciera, encontraríamos apellidos, a la larga ilustres (porque la historia la escriben los que ganan, y Mitre es uno de ellos), que permanecen en el podio de los que deciden lo que les pasa a los/as argentinos/as.

Entonces, ¿tienen razón los/las que acusan de tibio a Alberto?

No sirve de mucho una respuesta simple: lo que uno aprende rápidamente en política (milito desde 1965) es que no se puede desarrollar una estrategia exitosa sin un buen análisis de la fuerza de que se dispone, o sea, si le doy una cachetada a un grandote tengo que tener en claro si puedo ganarle la pelea, o debo huir si se me viene.

La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que impulsó la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, fue promulgada finalmente cuatro años y diecinueve días después de su promulgación inicial. En 1916, el Presidente Macri la modificó por decreto.

Entonces, ¿fue inútil el intento? No, porque quedaron muchos elementos positivos, pero los poderes corporativos concentrados siguen manejando sus empresas según sus intereses, y en contra de los de la mayoría de los/las argentinos/as.

O sea, si queremos que los que trabajan tengan la tierra que necesitan y merecen, deberíamos pensar en alternativas distintas de las de una reforma agraria al viejo estilo (de hecho, hasta el mismo Juan Grabois reconoció que no se podría resolver el tema en el corto plazo).

El poder de “los dueños de la tierra” que viene desde el siglo XIX ha devenido en el de corporaciones agroeconómicas nacionales y transnacionales con una capacidad de fuego enormemente superior a la inicial.

Este poder incluye al aparato judicial que fue el que dilató la promulgación definitiva de la Ley de Medios, o que metió preso a Lula en Brasil, con lo que le permitió a Bolsonaro llegar a la Presidencia.

En definitiva, la tibieza de que se acusa a Alberto tiene que ver con la búsqueda de vías posibles de concreción de salidas políticas; sin embargo, habría que analizar más finamente para establecer si se avanzó con la firmeza y eficiencia necesarias hacia objetivos factibles.

Creo que hay varios logros del Gobierno –la recuperación económica e industrial es un buen ejemplo-, que no son reconocidos por los enemigos de afuera, y de adentro; también se podrían destacar errores, pero la estrategia albertista no merece una descalificación tajante, como las que hemos escuchado desde hace un buen tiempo.

Otra cita de Artemio sobre Lula y Brasil:

“Son entonces las transformaciones estructurales de la sociedad, en especial la reprimarización y la precarización que supone la que explican el lulismo pero también la aparición y consolidación de la bestia que no es hija del Facebook ni Tik Tok o Twitter – como el triunfo de Bolsonaro en 2018 lo atribuyeron a los grupos de Whatsapp – e incluso otros elementos coyunturales como los efectos del “discurso de odio” , que en rigor es consecuencia de la historia ideológica de la derecha brasilera, notablemente racista combinada ahora con estas transformaciones estructurales.”

Nuestra derecha también tiene lo suyo, y aquí hay que destacar algo: la eficacia de la estrategia de descalificación del macrismo con quienes pudieran competir con los proyectos hegemónicos de los proyectos neoliberales y de derecha. Hoy hay un importante sector de nuestra clase media urbana que ha hecho propio el rechazo del populismo (o lo que le han dicho que es populismo) de acuerdo con un relato sin mayor apoyo en la realidad, pero reproducido por los medios que apoyan al macrismo y por un aparato de trolls y bots altamente eficaz.

Así se descalifican subsidios que se usan en muchos países, incluso los centrales, pero que acá se rechazan acusándolos de promover a la gente que no quiere trabajar.

El ferrocarril es un buen ejemplo: en los noventa, Menem –según se adujo-, para terminar con el exceso de empleo estatal e ir a otra etapa con capitales privados que generarían empleo y prosperidad, empezó a levantar los servicios ferroviarios, que pasaron de 35.000 kms. de vías férreas en 1983 a 8000 (estoy citando de memoria) en 1996. Sin embargo, el desempleo pasó del 7% en 1986 al 17% en 1996.

Lo llamativo es que el expresidente Macri por estos días ha reflotado estos temas prometiendo que, si gana, cerrará empresas estatales, universidades públicas y repondrá la jubilación privada que solo beneficiaría a capitales privados.

Que pretenda conquistar al electorado con propuestas que ya fracasaron en Argentina en los ’90 o en su propia gestión, resulta sorprendente porque son un insulto a la inteligencia de los/las argentinos/as y, lo más llamativo es que Macri siga siendo un candidato con posibilidades de triunfo.

Uno de los párrafos finales dice:

“Pero la decisión de Lula de designar al conservador Geraldo Alckmin como candidato a vicepresidente constituye, según Breno Altman, una estrategia que apunta a reemplazar el debate izquierda/derecha por la discusión democracia/neofascismo, mismo debate que se da en Europa y, que, seguramente se dará en Argentina, donde la duda se encuentra del lado de la democracia. Aunque electoralmente conveniente, la incertidumbre sobre la posibilidad de lograr revertir las políticas neoliberales quizás sea el mayor interrogante.”

En efecto, este tema también se da en Argentina. Es más, uno de esos grupos neofascistas fue el autor del intento de magnicidio a Cristina Fernández de Kirchner, aunque todavía sepamos muy poco de los responsables, su plan, las fuentes de respaldo financiero, y la autoría intelectual.

Pero que hay un plan deliberado, lo hay.

Profundizar más en la difícil situación del país no haría más que comprobar que hubo –hay- un proceso distinto de todo lo que conocemos; si no, hagamos un mínimo resumen cronológico:

  • Cuando se asumió el Gobierno, Argentina estaba en medio de un enorme desempleo, de una gran inflación y con una deuda tremenda frente al FMI, que le prestó –hecho sin antecedentes en su historia- U$D 44.500 millones por razones políticas. Este fue el legado del Gobierno de Macri.
  • Poco tiempo después, el mundo entró en la mayor pandemia de su historia, la del coronavirus. De paso, la gestión del Gobierno fue exitosa, aunque ahora ya no importe demasiado.
  • Finalmente, en febrero de 2022, Rusia invadió a Ucrania, en lo que pensó que sería una guerra breve, pero que no ha sido así –ya van seis meses- por el respaldo militar de la OTAN a Ucrania, y hoy el desenlace es incierto. Esta “guerra híbrida” tiene alcances mundiales sobre la política y la economía, nos ha afectado, y todavía no sabemos cómo va a terminar esto, ya que se habla de una recesión mundial. De hecho, la inflación está afectando a países que no tenían ese problema y a nosotros, obviamente, mucho más.

En conclusión, tanto el lulismo como el albertismo tienen razones valederas para buscar estrategias diferentes de las que su origen e historia parecen exigir, porque esto es política, y la realidad impone otros caminos para no fracasar.

Aclaro que no intento defender al Gobierno del FdT, no es el objetivo de esta entrada, sino destacar cuál es el objetivo que debemos darnos quienes queremos que Argentina y América Latina tengan un proyecto político continental para un mundo más justo y menos desigual-

Solo agrego que en política –como en la guerra- hay que tener una clara evaluación de cuál es el objetivo más importante, el central, y, por lo tanto, cuáles son los secundarios, los que se pueden ganar o no.

Creo que el objetivo central en este caso es conservar el poder, o sea, que un Gobierno popular y nacional gane las elecciones del 2023.

Ya sabemos qué hará la oposición si gana las elecciones.

Ya hemos vivido etapas semejantes, así que conocemos lo que le pasará al pueblo argentino, o sea, usando las palabras de Macri: lo mismo (un pésimo Gobierno), pero más rápido (o sea más shock y dolor).NO JUGUEMOS PARA EL ENEMIGO, PORQUE SI PERDEMOS, GANA ÉL Y PIERDE EL PUEBLO.

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