LEY 7.722, EL AGUA DE LOS MENDOCINOS. YA NADA SERÁ IGUAL

LEY 7.722, EL AGUA DE LOS MENDOCINOS. YA NADA SERÁ IGUAL

 

Mientras se acerca a Mendoza la marcha que se inició en el Departamento de San Carlos, en protesta por las reformas a la Ley 7.722 aprobada por los legisladores mendocinos el viernes, y que habilitó la actividad minera con el uso de sustancias químicas, se me ocurren algunos comentarios para compartir.

Acabo de leer, el tuit de Guillermo Carmona en el que pide –de manera no institucional, sino personal- lo siguiente: “Ante la amplia y creciente expresión popular en contra de la sanción de la reforma de la ley 7722 por usted impulsada, le solicito gobernador que la misma no sea promulgada”.

Anoche le decía a mi esposa que esa reforma estaba muerta, sea promulgada o no. Es imposible aplicar una norma con tal rechazo social. Además, ya están en marcha por lo menos cuatro planteos de inconstitucionalidad que judicializarán, una vez más, el debate acerca de si Mendoza va a tener o no minería. El mismo Diario MDZ se pregunta por qué Rodolfo Suarez optó por la vía rápida para impulsar los cambios y descartó lograr un proyecto consensuado con todos los sectores.

¿Es el espíritu de Cornejo, que siempre prefirió imponer su voluntad a buscar consensos, el que privó para que Suárez (que parece más conciliador que su antecesor) se lanzara a esta empresa ya fracasada?

Pero esta factura la va a pagar el Rody Suárez, seguro.

¿Cuánto pesó el lobby empresario en esa decisión?

De todos modos, hacen falta algunas aclaraciones:

Primero, la explotación minera –incluida la metalífera- no es nueva. Recordemos que la Edad del Bronce es un periodo de la Prehistoria o de la Protohistoria. Esa aleación del cobre y el estaño, resultó un metal más duro que el cobre, y dio nombre a una de las Edades de los Metales, a saber:

Edad de cobre (A partir del año 6500 A.C.)

Edad de bronce (A partir del año 2800 A.C.)

Edad de hierro (A partir del año 1000 A.C.)

Hago este aporte escolar para realzar la dificultad de oponerse, sin más, a la minería metalífera, tal como se percibe en muchas de las posiciones ambientalistas. Por lo demás, es parte de la riqueza de Mendoza, una Provincia estancada económicamente desde hace bastante. ¿Podemos negar a Malargüe esa posibilidad de desarrollo y condenarlo a vivir solo de la cría de los chivos y el turismo?

Segundo, la historia de la minería está teñida del sufrimiento humano, sangre incluida. Desde la explotación de los mineros, que no ha terminado, hasta la contaminación y destrucción del medio ambiente. No me olvido de la desidia y vista gorda de quienes debían velar porque eso no ocurriera, en muchos casos, por haber sido sobornados por las empresas mineras. Estas son parte de corporaciones poderosas, que no respetan en nuestros países los protocolos que tienen en su tierra de origen. Además, los argentinos tenemos experiencias propias: pasé hace unos años por Famatina, el pueblo que en nueve años (desde 2005) expulsó a cuatro mineras para defender su hábitat (y su agua, claro). Nos pararon en la ruta (había chicos y chicas de muchas provincias), pero, cuando los dijimos que éramos de Mendoza nos dijeron, entre risas, que a nosotros no había que explicarnos nada, porque sabíamos cuál era el problema.

Claro que lo sabemos, y lo estamos demostrando: de nada sirve la extracción de nuestras riquezas –nuestras, se entiende- a costa de la destrucción del hábitat en qué vivimos.

Tercero, y a partir de la palabra riquezas, ¿Cuánto del valor de lo extraído en Veladero o en Bajo la alumbrera se ha transformado en mejoramiento de la vida de los habitantes de esos lugares? Si les preguntamos a los jachalleros sanjuaninos, la respuesta es negativa. Es cierto que ha generado trabajo. Tengo sobrinos que trabajan en Veladero, los que, seguramente, no apreciarán mis comentarios, pero el tema es el balance, y, hasta ahora, de esa manera, no nos conviene. Además, una cosa es extraer los metales que necesitamos para nuestro desarrollo que el oro para que se lo lleve la Barrick al exterior. Miremos a Chile: gran parte del éxito económico del mejor ejemplo del modelo neoliberal en América Latina, ha sido, y es, el valor del cobre. Los ingresos del Estado chileno por el cobre que se llevan las empresas extranjeras no se volcaron al mejoramiento de las condiciones de vida del pueblo chileno que hoy está diciendo basta a ser el país más desigual de América Latina.

Cuarto: hace un rato, leía el comunicado del PJ titulado “Situación actual de la Política y la Gestión Ambiental en la Provincia de Mendoza en relación con la cuestión minera”.

Extraigo dos párrafos que me parecen un buen ejemplo de lo que se propuso.

“La participación ciudadana en el control ambiental de las actividades mineras se realizará a través de la red de Vigilancia Ambiental prevista en el artículo 34 del Decreto Provincial Nº 820/06 u otras que se conformen, incluyendo a tales efectos a las ONG y ciudadanos. El Poder Ejecutivo reglamentará su integración y funcionamiento.

La inclusión: de Informes de control y seguimiento a los emprendimientos mineros, realizados por la Policía Ambiental de Actividades Extractivas; e Informes de auditorías internacionales.”

En el texto completo aparecen muchos temas que se han cuestionado y planteado desde hace mucho, y medidas que se han reclamado, ya sea por ausencia, o por falta de aplicación, también desde hace tiempo (recuerdo discusiones en las reuniones de Ordenamiento Ambiental, por ejemplo).

Di una mirada a las modificaciones introducidas a la Ley 7722, y se establece la tutela del recurso hídrico; además, se asegura el cumplimiento en la actividad minera de los principios ambientales de sustentabilidad establecidos en leyes nacionales y provinciales, como la de Ordenamiento Territorial y de Protección de Áreas Naturales, e incluso la Constitución Nacional y Provincial, en otras varias medidas.

O sea, no son malas propuestas, al contrario: el tema es que las sancionan ahora para beneficio de los 19 proyectos mineros que están esperando, incluso algunos que ya han sido cuestionados, como el de San Jorge, en Uspallata.

¿A ninguno se le ocurrió que podía pasar algo así? ¿Cómo no se van a dar cuenta del valor simbólico y real del agua para las comunidades andinas?

Mendoza tiene una historia, desde las comunidades originarias, de valorización de agua, ¿cómo no pensar que íbamos a defender lo que es parte esencial de nuestra vida?

El mismo Gobierno cuya D.G. Escuelas tiene materiales escolares –desde hace bastante- sobre el valor del agua, como Aqualibro o Aquabook (Facebook), nos propone que nos olvidemos de todo, y aplaudamos estas modificaciones que, en este contexto, hoy, son inadmisibles para la sociedad mendocina. NO ENTIENDO.

Más allá de que es posible la lectura de que el apoyo del PJ mendocino a estas modificaciones tiene que ver con colaborar con un Gobierno entrante, y de que es un tema de tratamiento necesario, hubiera preferido que no lo hubiera hecho. ¿Para qué quedar pegado en un proyecto ajeno, tan impopular? Ya nos costó un montón remontar una campaña electoral con figuras que ni la gente, ni los mismos militantes querían. Ahora también lo pagaremos todos y todas, aunque espero que sirva para la renovación del peronismo, que tiene muchos jóvenes que entienden lo que Mendoza necesita.

El problema es que hay temas controversiales, de difícil solución: ya me ha pasado con el fracking. Cuando estuve a cargo del Área de Vinculación de la UNCuyo organizamos en Mendoza un encuentro sobre temas petroleros por pedido –y con su financiación- de la Secretaría de Política Universitaria del Ministerio de Educación de la Nación. Vino gente de todo el país, y allí el IAPG (Instituto Argentino del Petróleo y el Gas) presentó el tema del fracking. Quedé convencido de que era un proceso sin mayor impacto negativo, y totalmente controlable. Después conocí planteos diferentes, hasta contrapuestos, como el que responsabiliza al fracking por provocar terremotos. Para el ciudadano común es un tema complicado. ¿Cuál es la verdad? Tal vez no se plantee en términos tan contrapuestos, pero, ¿cómo saberlo?

¿Quién lauda entre estas posiciones, estudios, opiniones? Hay intereses, política, posiciones ideológicas, fundamentalismos, emociones.

TENEMOS QUE ENCONTRARLE LA VUELTA, DE UNA VEZ.

CONCLUSIONES

Escribí el subtítulo ayer, y recién ahora, a las 20 del 23 de diciembre, me siento a escribir de nuevo, y claro, pasaron cosas: miles de mendocinos de toda la Provincia marcharon hasta la Casa de Gobierno para reclamar que las reformas no entren en vigencia, el Gobernador no los recibió y se anunció que no vetará la ley, hubo disturbios provocados por un grupo que no era parte de la marcha, y se desató una represión descontrolada, con policías en motocicleta disparando al aire por la Plaza España, lejos del lugar de los disturbios, entre autos y gente que estaba en la calle.

No recuerdo un Gobernador que haya empezado tan mal su gestión.

Lo anterior me lleva a una primera conclusión: en lenguaje común, ¿con qué necesidad todo esto? Ahora mismo, hay un cacerolazo en el Kilómetro 0, hay detenidos y lesionados, gente que desde ayer ha dejado sus actividades para decirle a sus gobernantes que van a defender el agua de Mendoza, con todas sus fuerzas.

Ahora salen a explicar las razones por las que estas modificaciones convienen a Mendoza, cuando debieron hacerlo antes de aprobarlas. La política no se hace así: los consensos se buscan y se construyen. Hay muchos sectores de la sociedad, sobre todo del interior de la Provincia, que no han participado ni opinado y tienen derecho. Andrés Lombardi, presidente de la Cámara de Diputados, minimizó la convocatoria (una de las más importantes que haya visto, no solo por la cantidad de participantes, sino por la homogeneidad y claridad del reclamo). Además, la mayoría de los mendocinos, como cualquiera puede comprobarlo, apoya esta defensa del agua.

Ya dije que muchas de las modificaciones son buenas y útiles, pero deberían haber sido parte de una estrategia provincial que tendría que haberse puesto en marcha hace mucho. Por lo menos, el Gobierno de Cornejo tendría que haberlo propuesto antes, si quería plantear la reforma de la 7722. Entonces, ¿cómo aceptar que te palmeen la espalda para convencerte que van a hacer ahora lo que no han hecho antes?

Es cierto que hay otros temas que hay que mencionar: que la sociedad en su conjunto no cuida el derroche de agua, o tira residuos a la calle que tapan los cauces, que la agricultura es la mayor responsable del consumo de agua, y otros varios, pero, justamente por eso, hace falta una estrategia integral.

No es fácil que la gente crea a un Gobierno, que se presenta como continuidad del de Cornejo, cuando dice que el 80% de la red de agua (después de cuatro años de gestión) está en malas condiciones y pide un aumento de tarifas del 162%.

¿Cómo le vas a pedir a la gente de Huanacache, de las Lagunas del Rosario (lo eran, y se las han arrebatado), que entienda la necesidad de emprendimientos mineros que consumen agua de manera masiva, cuando se les mueren los animales por falta de agua? ¿Hace falta recordar que a esos pueblos ancestrales les llegaba agua, y solo reclaman lo que les corresponde por derecho?

Por lo tanto, hacía falta otra actitud: ahora se va a judicializar la aplicación de las reformas, y no va a ser sencillo ponerlas en práctica.

NO SE PUEDE GOBERNAR CONTRA LA SOCIEDAD, SOBRE TODO CUANDO TIENE RAZÓN, Y ES JUSTO SU RECLAMO. ARRIBA, NI LOS RECIBO Y LOS CORRO A TIROS.

TODO MAL, PERO TENEMOS QUE ENCONTRARLE LA VUELTA. HUBIERA SIDO MEJOR CON CONDUCCIÓN POLÍTICA, PERO, SI NO LA HAY, ORGANICÉMONOS COMO SOCIEDAD, Y LOGREMOS LO QUE MENDOZA NECESITA.

ADOLFO ARIZA

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LA BATALLA POLÍTICA ES CULTURAL, Y ES NUESTRA MISIÓN

LA BATALLA POLÍTICA ES CULTURAL, Y ES NUESTRA MISIÓN

 

Un primo me hizo llegar esta nota de Página 12, que no conocía, y me impactó. Es una explicación rotunda de la situación cultural del hombre, fundamentalmente occidental, en la actualidad.

Una dificultad evidente es el lenguaje técnico. Yo, que conozco el pensamiento de Freud y Lacan de manera general, también comprendí así la nota, pero no importa, alcanza y sobra: Todos/as conocemos cómo se vive hoy: cómo las propagandas nos moldean: cómo nos empujan a un estilo de vida superficial y tóxico (incluyendo los libros y cursos de auto ayuda que nos enseñan cómo vivir felices). Por lo tanto, esta nota es muy importante. Léanla, y tomemos nuestro lugar en el campo de batalla.

Extraigo un par de párrafos, para que los hagamos nuestros:

“Concentración totalitaria del poder, rechazo de la política y manipulación del afecto son elementos ideológicos que construyen cultura de masas. Recuperar la democracia implica dar batalla en estos tres frentes; nos detendremos en este artículo en las sedimentaciones afectivas neoliberales, porque esa manipulación que puso en marcha el neoliberalismo apoyado por las nuevas tecnologías será lo más difícil de conmover.

El neoliberalismo ha masificado y controlado los goces no sólo empujando al consumo bajo la promesa de felicidad, sino también a través de la satisfacción en el odio con la promoción de fantasmas racistas y xenófobos.”

Contra esto deberemos luchar, es nuestro puesto de lucha por una Argentina mejor.

 

Neoliberalismo y sedimentaciones afectivas

Ganar la batalla cultural al neoliberalismo y construir un nuevo pacto social es una tarea apremiante para la recuperación de la democracia.

Por Nora Merlin

https://www.pagina12.com.ar/237296-neoliberalismo-y-sedimentaciones-afectivas

 

El pasado 27 de octubre el campo popular ganó una batalla política, las elecciones nacionales, venciendo al gobierno neoliberal. Este rotundo triunfo no impide ignorar que desde fines de los 80 en la cultura han triunfado los ideales neoliberales: la modalidad empresarial para organizar lo social, consumo ilimitado, individualismo, meritocracia y egoísmo.

Si el neoliberalismo ha triunfado culturalmente no es porque el hombre por naturaleza es un depredador, “un lobo para el hombre” movido por el egoísmo y el miedo al otro, como planteaba Thomas Hobbes, sino que, a través de la publicidad, el marketing y los big data el neoliberalismo ha logrado reconfigurar la lógica del deseo, los fantasmas y los goces.

La pulsión amalgamada a fantasías se satisface con objetos irreales, como los nombra Freud, o bordeando la vacuidad lógica que implica el objeto “a” lacaniano. Para los dos maestros del psicoanálisis el goce absoluto de la cosa es imposible, lo que hay son señuelos que causan el deseo y cubren la falta. En este punto encuentran su lugar los hechizos tecnológicos que ofrecen el marketing y la publicidad, que suturan la falta constitutiva del sujeto y de lo social. Se venden fundamentalmente ilusiones, sueños que tapan cualquier falta rechazando la castración y la imposibilidad. Este circuito entre falta, sutura y exceso es ilimitado, porque lo encontrado por la pulsión nunca coincide con lo esperado: la tierra prometida por el marketing no se hace realidad. “Seguí participando” es la fórmula de la repetición del consumo ilimitado que estimulan los carteles de la carretera neoliberal, un laberinto sin salida.

En la necesaria batalla cultural por la hegemonía, el campo popular corre con serias desventajas porque sus estrategias se basan en la política, no en el marketing ni en las operaciones de la guerra como el ejército de trolls, las fakenews y el lawfare. ¿Debe renunciar a la política y emplear las técnicas del marketing, la publicidad, la autoayuda o la guerra? Nada más lejos de nuestro planteo, sólo estamos ubicando la dificultad de batallar y ganar con la acción política que es discursiva y se caracteriza por el desacuerdo, el antagonismo, las diferencias y la falta, desactivando el marketing y las operaciones. La dificultad no implica imposibilidad ni impotencia; como ejemplo reciente constatamos que la militancia y la inteligencia colectiva fueron capaces de ganarle a la inteligencia artificial.

La relación entre neoliberalismo y democracia es controvertida. El neoliberalismo, un sistema caracterizado por una concentración de poder económico, político y comunicacional pocas veces visto, produce democracias muy debilitadas de baja intensidad, que algunos autores denominan posdemocracias. Uno de los rasgos que presenta es la impotencia para la política, con la pretensión de sustituirla por la administración de los asuntos comunes. El déficit de la democracia neoliberal no se debe solo a la concentración totalitaria del poder y el rechazo de la política, sino también a la intensa y visible manipulación del afecto.

Concentración totalitaria del poder, rechazo de la política y manipulación del afecto son elementos ideológicos que construyen cultura de masas. Recuperar la democracia implica dar batalla en estos tres frentes; nos detendremos en este artículo en las sedimentaciones afectivas neoliberales, porque esa manipulación que puso en marcha el neoliberalismo apoyado por las nuevas tecnologías será lo más difícil de conmover.

El neoliberalismo ha masificado y controlado los goces no sólo empujando al consumo bajo la promesa de felicidad, sino también a través de la satisfacción en el odio con la promoción de fantasmas racistas y xenófobos.

El poder construye el enemigo y produce una matriz que se repite con fuerza inercial, hasta instalar en lo social un odio que se satisface como una fijación que resulta difícil desplazar. El clisé argumental utilizado es sencillo y aparentemente ingenuo: se trata de un semejante que supuestamente nos robó el goce, modelo que reproduce el sistema ideológico basado en el descarte, el odio y la obediencia inconsciente a esa normalidad neoliberal legitimada por lo social.

Ganarle la batalla cultural al neoliberalismo y construir un nuevo pacto social –tal como propusieron el presidente y la vicepresidenta– fundamentado en la solidaridad y la contención hacia los más vulnerables, es una tarea apremiante para la recuperación de la democracia.

¿Es posible romper los hechizos neoliberales?

En esta contienda será fundamental el desinvestimiento de la fijación al odio, para lo cual no serán suficientes los desenmascaramientos, la persuasión y el cognitivismo. Esta difícil tarea requiere llegar al nivel del goce en tanto constituye el núcleo en que se basa lo ideológico que sostiene la cultura neoliberal. Será necesario encontrar defensas sociales capaces de movilizar la Investidura libidinal fijada al odio y activar una nueva investidura afectiva; desinvestimiento y reinvestimiento son los prerrequisitos necesarios para el establecimiento de procesos de desidentificación y creación de nuevas identificaciones.

Los afectos no se reprimen, solo pueden sublimarse, transformarse en lo contrario, ee decir, en lugar de su expresión como agresión y racismo canalizarlos en una dirección democrática agónica. Esto implica darle nuevo ímpetu al discurso, restituir el conflicto político, causar esperanza inyectando pasión en la radicalización de la democracia como rearticulación de vínculos de afecto y goce. Y que, tal como le dijo Cristina a Alberto en su primer discurso como vicepresidenta, debemos ganar no solo el debate político, sino también el corazón del pueblo.

Es posible debilitar el totalitarismo normativizado del goce masificado estimulado por el neoliberalismo y trascender esa identidad. Es posible ir en contra del todo unificado de la masa, inscribir la falta y realizar la construcción política de la vacuidad.

La falta, sostenía Claude Lefort, es la condición democrática y en tanto tal puede adquirir valor positivo capaz de atraer y conmover. La institucionalización de la falta puede generar apego o adhesión y causar el deseo de involucrase en proyectos políticos.

No es imposible ni utópico reconceptualizar al ciudadano como alguien que no solo padece de la falta y demanda, sino que también goza la vacuidad y desea involucrarse en la creación de una democracia sostenible de alta intensidad, que no se constituye por miedo y obediencia, como afirmaba Hobbes, sino por deseo.

 

Nora Merlin es psicoanalista. Magister en Ciencias Políticas. Autora de Mentir y colonizar. Obediencia inconsciente y subjetividad neoliberal.

ADOLFO ARIZA

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UNA IMPORTANTE ACLARACIÓN SOBRE LAS TAN CONVERSADAS RETENCIONES

UNA IMPORTANTE ACLARACIÓN SOBRE LAS TAN CONVERSADAS RETENCIONES

 

(Del muro de Facebook de Ricardo Campero)

Mi intención era –y es- escribir lo menos posible sobre la etapa macrista para salir de temas que engruesan la “grieta” (término desgraciado, que hay que enterrar definitivamente), pero el comienzo de la gestión de Alberto Fernández ha desatado muchísimas noticias falsas, o títulos sesgados, y otras cosas. O sea que estamos frente a una oposición que se planteó así, sin concesiones, ni reglas de convivencia desde que Macri salió a hablar después de las elecciones, con una imagen de político maduro que no coincide en nada con lo que ha mostrado desde siempre.

Por lo tanto, sin enroscarme con estos temas, porque ahora somos gobierno, y el laburo es gestionar, trataremos de colaborar en compartir información fehaciente, o que ayude a entender la realidad, que no es poco.

Tomó notoriedad el tema de las “retenciones”, y justo, mi amigo Ricardo Campero, dirigente radical de toda la vida, ex Secretario de Comercio Interior, Exterior y Turismo de Ricardo Alfonsín, subió esta nota a su perfil de Facebook.

Es excelente, y espero que les sirva a los que quieren, de buena fe, comprender mejor la realidad internacional y argentina.

Esto dice Ricardo:

 

Nadie retiene nada.

Retenciones es un neologismo argentino que refiere a los derechos de exportación que gravan las ventas al exterior. La imposición del término fue una de las conquistas culturales más significativas de la oligarquía agrícola ganadera de fines de la década del 50. Tanto sugiere despojo, “me retienen”, que no es extensible a los derechos de importación que gravan a casi toda la nomenclatura arancelaria. No se dice para importar este producto “me retienen” x por ciento. Tan conquista cultural es que el propio Presidente se expresa al respecto hasta con complejo de culpa y lo que no es una originalidad, por otra parte.

Es mentira que se trata de una creación argentina. Remito a John Stuart Mill quien introduce el tema a propósito de la renta de la tierra y su relación con el comercio internacional.

En Argentina quien originó teóricamente el tema fue Raul Prebisch y desde la cuestión industrialización y ventajas comparativas dinámicas, el Ing. Alberto Davie, quien dice: “Todos los países pueden ser competitivos para cualquier cosa, la cuestión a qué tipo de cambio”. A lo que agregué, en mi caso, “y con qué costo de oportunidad”.

Es que Japón puede producir soja mediante una brutal devaluación que arruinará a los japoneses que pueden dedicarse a otra cosa sin tamaño costo social.

Estos derechos de exportación, y sus contrarios lo de importación, tienen que ver en nuestro país en una mirada industrial como factor principal de ocupación de la mano de obra. El tipo de cambio es relevador de productividades o eficiencias. Si se tratara de relevar la eficiencia de la producción de la pampa húmeda, el tipo de cambio necesario es mucho menor. Entonces cuando se habla de eficiencia la pregunta es “a qué tipo de cambio”. Si Argentina necesita un tipo de cambio alto, la cuestión es el beneficio adicional, marginal, para las producciones mineras o agropecuarias. En este caso último, a mayor tipo de cambio más costo de los alimentos para las masas urbanas que dependen de la industria y sus externalidades.

En Argentina, el productor agropecuario sufrió en su rentabilidad cuando sin gravámenes tuvo precios o tipo de cambio bajo. Entonces es un tema económico que, cuando se politiza, pasa a ser una cuestión social. Llama la atención que la política en los grandes conglomerados urbanos no atiendan esta puja por lo que resulta en una cuestión social. Definitivamente, creo que ignoran la importancia de los tipos de cambio reales. (Tipo de cambio – derechos de exportación). Obviamente la defensa de la producción introduce el tema de los precios internacionales.

El problema es que en Argentina al tema lo abordamos desde la cuestión fiscal y no de los tipos de cambio necesarios. ¿Es que un exportador de productos biotecnológicos debe tener el tipo de cambio igual al de un exportador agropecuario? ¿O un exportador de cuero crudo que el de marroquinería? Con una buena situación fiscal, ¿los gravámenes deben ser iguales y tender a 0 en todo el universo arancelario?

Y la politización deviene en puja política por la apropiación de los beneficios marginales. Durante nuestro gobierno, el de Alfonsín, la puja con la Sociedad Rural no se da por “las retenciones”. El verdadero interés era el de contar el sector primario pampeano con el tipo de cambio financiero en vez del denominado comercial. Eso es lo que estuvo en juego en la silbatina de la Sociedad Rural. En definitiva, el tipo de cambio redundante. Hoy sería una pretensión de beneficiarse con el tipo de cambio del turismo.

Entonces los derechos de exportación no son ni solidaridad ni concesiones sociales, sino un complemento del tipo de cambio con el que el país se vincula con la economía internacional con la necesidad de contar con un tipo de cambio adecuado para incrementar todas las exportaciones y con el menor costo social. No se le retiene nada a nadie y detrás de los prejuicios ideológicos está la disputa por la renta. Es la diferencia de trato entre las ventajas comparativas estáticas vs. las dinámicas.

Durante la denominada lucha del campo dije que una de las peores herencias del kirchnerismo iba a ser el factor cultural para el abordaje de este tema y la creencia que tenía la cuestión ribetes revolucionarios. Son las debilidades de hoy y que anticipé en las notas de más abajo.

El tema está politizado en desmedro de la modernización inclusiva de la Nación Argentina.

Nadie retiene nada. Decir eso es una trampa.

ADOLFO ARIZA

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MEDIOS PÚBLICOS: ¿CUÁL DEBE SER LA POLÍTICA DE LA NUEVA GESTIÓN?

MEDIOS PÚBLICOS: ¿CUÁL DEBE SER LA POLÍTICA DE LA NUEVA GESTIÓN?

 

Elijo para título de esta entrada el mismo que usaron en la nota de Página 12 que sintetizaré abajo porque es una de las preguntas que nos hacemos los argentinos a menos de una semana de que asuma el nuevo Gobierno de la Nación.

Es claro que en este contexto de una gestión saliente que casi no puede mostrar logros positivos, hay sectores, como el de la economía, que tienen prioridad, pero, tanto por su valor intrínseco, como como el estado en que los ha sumido el macrismo, el tema de los medios públicos es central para poner de pie al país.

Por esto, he hecho una selección de párrafos de esta extensa nota, cuyo link permitirá la lectura completa del que quiera hacerlo, para que tengamos acceso a algunas opiniones que nos ayuden a comprender la situación y algunas necesidades de este aspecto clave para la Patria.

El resto es lo que debemos poner cada uno de los argentinos en esta etapa en la que casi no tenemos chance de sentarnos a esperar las medidas de nuevo Gobierno: debemos informarnos lo más rigurosamente posible, tomar posiciones con sentido patriótico e inclusivo, y hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que, definitivamente, levantemos las tres banderas que me hicieron abrazar al Peronismo hace más de cuarenta y cinco años: Soberanía Política, Independencia Económica y Justicia Social.

Así sea.

 

Medios públicos: ¿cuál debe ser la política de la nueva gestión?

Por Emanuel Respighi

https://www.pagina12.com.ar/233849-medios-publicos-cual-debe-ser-la-politica-de-la-nueva-gestio

Los medios públicos recuperan la esperanza. El inminente cambio de gobierno pondrá en marcha una nueva gestión, que buscará revitalizar un sistema que en estos últimos cuatro años sufrió una política de abandono y vaciamiento, en tanto objeto del ajuste -económico, productivo y creativo- que sufrieron los trabajadores, pero también las programaciones.

Más allá de algunos matices, hay un hecho insoslayable: tanto la radio como la TV pública carecieron de identidad, producción y audiencia durante la gestión macrista. Los medios fueron más noticia por sus problemas y recortes que por sus estrenos, al punto que los históricos lanzamientos de programación dejaron de realizarse por una sencilla razón: no había mucho que anunciar. Como parte de una política que lejos estuvo de revalorizarlos, y en un contexto en el que la TV abierta sufre los embates de la era digital, los medios públicos deben reconstruirse, a la vez que repensarse en función de las nuevas tecnologías que conforman audiencias dinámicas.

El desafío que enfrentará la flamante gestión en los medios públicos será enorme. Desde la puesta en marcha de un sistema de producción que fue horadado por la gestión de Hernán Lombardi al frente de Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos, hasta la recuperación del rol informativo de la TV Pública, donde se eliminaron los noticieros durante el fin de semana como si la información no fuera una de sus obligaciones, la política comunicacional que asumirá el 10 de diciembre deberá revalorizar el rol que los medios estatales tienen dentro del mapa mediático argentino. Página/12 reunió a diversos protagonistas del mundo audiovisual argentino, desde actores y productores, pasando por especialistas, para analizar qué televisión pública es posible en la Argentina y en el mundo actual, considerando razones culturales, ideológicas, económicas y tecnológicas.

“Al gobierno de Cambiemos lo público lo asustó, lo desbordó, lo superó y por eso decidió no atenderlo ni entenderlo”, analiza Carlos Ulanovsky, ante la consulta sobre qué hacer con los medios públicos. En la opinión del especialista, la reconstrucción del sistema deberá ser profunda. “Los números de la audiencia son reveladores: la desidia oficial llevó a la TV pública y a Radio Nacional a su mínima expresión, casi equivalente al silencio. Se interrumpieron proyectos muy valiosos como los de las señales Encuentro, Pakapaka y Depor TV. Pakapaka dejó de encabezar la grilla de las señales infantiles, tal como exigía la Ley de Servicios Audiovisuales, de la misma manera que Encuentro fue reubicado en lugares de la grilla difíciles y, para algunos, imposible de acceder. Enmendar esta lamentable ‘no política’ será una más de la extensa lista de nuestras deudas internas, tan grave como la deuda externa que deberemos afrontar”.

La coincidencia sobre el diagnóstico y sobre la importancia que debe tener el sistema de medios públicos en países trasciende, incluso, lo meramente artístico. Sin embargo, cualquier política comunicacional no puede privarse de producir contenidos que sean lo suficientemente atractivos para la vasta y diversa sociedad argentina. La conformación de una programación a la BBC que entretenga, informe y eduque, en proporciones similares, parece ser un aspiracional complejo de plasmar en la realidad. El dilema sobre si el sistema de medios públicos debe plasmar temáticas y lenguajes que los privados descartan, con un fuerte perfil cultural-educativo, o si deben competir con los comerciales en formatos que atraigan audiencias y anunciantes, se renueva cada vez que un nuevo gobierno asume su manejo.

Ampliar la mirada más allá de los límites artísticos y televisivos, entendiendo a los medios públicos como un sistema multimedia de finalidades diversas, parecen ser algunos de los desafíos que se presentan en el presente. No sólo desde su concepción multidimensional y diversa, sino también desde sus propias categorías a la hora de pensar una programación que contenga a toda la ciudadanía. “El contexto digital -desarrolla Llorente- obliga a plasmar de otras maneras los conceptos de pluralismo, de ciudadanía, de diversidad, de representatividades. La pluralidad no depende solo de la cantidad de voces que se expresan básicamente a sí mismas -conductores oficialistas u opositores como ejemplo- sino de colectivos sociales con distintos niveles de representatividad. Es a través de una apuesta a la creatividad, calidad, riesgo, disrupción e innovación desde donde los medios públicos deberán reconstruir empatía entre sus contenidos y la ciudadanía. Hay una audiencia dispersa, que le da la espalda a los medios tradicionales por falta de contenidos atractivos. Si los medios estatales son capaces de ocupar ese lugar vacante, seguramente tendrán una gran oportunidad de volver a atraer audiencias decepcionadas”.

Máximo historiador del sistema mediático argentino, Ulanovsky sostiene una hipótesis sobre qué televisión pública es posible y deseable en la Argentina actual. “Hay que hacer de la TV Pública -arriesga con genuino anhelo– el canal del orgullo cultural argentino, con una programación en donde tengan lugar los mejores, cada semana, de la mañana a la noche. Y así como soñamos con volver a encender toda la maquinaria apagada y poner de pie a la Argentina, lo mismo puede hacerse con los medios públicos, con imaginación, con talento propio, apelando muy excepcionalmente a las coproducciones, creando trabajo genuino, usinas de ideas y oportunidades, frente a las que los privados se pregunten ‘¿Por qué no se me ocurrió a mí?'”.

¿Qué hacer con la TV estatal?

Por Martín Becerra

En el próximo gobierno, Canal 7 cumplirá 70 años. Si algo muestra su recorrido, que no alteran los bandazos de cada cambio de gestión, es que carece de proyecto a largo plazo, de financiamiento estable (lo que incentiva su peculiar acumulación de publicidad y contratos comerciales), de programación auténticamente federal, de contenidos informativos y de actualidad respetados por públicos que no sean los contingentemente oficialistas, y de línea estética propia.

Pero no todo es pesar: su capacidad de supervivencia incluso en lapsos de vaciamiento de recursos y de público (como el que está terminando el presidente Mauricio Macri), su inestable pero manifiesta mejora tecnológica durante este siglo XXI, su inserción en un sistema más o menos articulado de señales audivovisuales del Estado como Encuentro (2005), PakaPaka (2010) o DeporTV (2012), su acervo de imágenes y sonidos de enorme valor documental y posible uso al servicio de programas formativos, su pasado no tan remoto de programación de eventos de interés relevante que masificaron la pantalla (como el fútbol), constituyen valores que alientan la proyección a futuro de la TV estatal.

Aparte, haciendo de la debilidad una virtud, están los reclamos de diferentes sectores de la comunidad para que la emisora generalista cuente con mayor despliegue federal y sea más respetuosa del pluralismo político, cultural y social en su programación. Estos reclamos, que las fuerzas políticas realizan cuando son oposición y olvidan cuando llegan al gobierno, son un indicio de que Canal 7 aún interesa. La “demanda social y política” es un activo a considerar.

La TV estatal en los próximos años podría aspirar al objetivo de oxigenar esa ecología con material en distintas pantallas y formatos que complemente la oferta existente aportando diversidad (cultural, social, geográfica, política), que el mercado no tiene por función proveer; un tratamiento no mercantilizado de los contenidos: una reconexión con su función educativa (interrumpida por la gestión actual) y transparencia, tanto en sus prácticas como en sus indicadores de desempeño. No es un objetivo revolucionario, pero que sea virtuoso y realista supondría una gran mejora.

La televisión pública es cool

Por Omar Rincón

Si quiere tener estilo, ser tendencia y estar donde la diferencia existe, vaya a la televisión pública, que es donde se está produciendo los mejores relatos audiovisuales latinoamericanos: esos que no están en Netflix, ni en Canal 13, ni en TN, ni en Telefe, ni en cable. La Televisión Pública nos da orgullo porque nos hace ser distintos y tener estilo de vida.

La televisión pública es “soberanía cultural”. Sus programas, formatos, voces y estéticas son “muy nuestros”, patrimonio de nuestro modo de ser, relatos de nuestros recursos humanos y naturales. No son formatos made in Miami de Netflix, NatGeo, Discovery o HBO. Aquí se reconoce los modos propios de narrar y expresarse. Por eso, para saber cómo somos de por aquí, para tener soberanía cultural, para eso está la TV pública.

La televisión pública es democracia expandida. Se hace para ciudadanos (sujetos políticos con derechos) y no para consumidores (usuarios con billetera o fe religiosa), se programa con inclusión social y diversidad cultural (todas las razas, todas las clases, todas las generaciones, todos los gustos). Muestra las regiones, hace visibles a los ignorados, narra con respeto por el ser humano.

ADOLFO ARIZA

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LAS SOCIEDADES OCCIDENTALES TRADICIONALES, ¿ESTÁN EN VÍAS DE DESAPARICIÓN?

LAS SOCIEDADES OCCIDENTALES TRADICIONALES, ¿ESTÁN EN VÍAS DE DESAPARICIÓN?

Hace un par de años, viajé a Europa y estuve unos días en Roma, alojado en la zona del Tuscolano, a unos 20 minutos de Termini, la estación romana de ferrocarril.

Es una zona comercial de bastante actividad, con una importante cantidad de negocios atendidos por extranjeros (paquistaníes, africanos).

Me llamó la atención ver pocos italianos con la estampa clásica que uno conoce de ellos, y también que, en general, eran gente grande.

Pensé que cuánto tiempo faltaría para que el perfil poblacional de Italia se modificara para siempre. Cerca de Termini vi edificios totalmente ocupados por africanos poco amistosos, y, hasta en Venecia me encontré inmigrantes africanos, obviamente ilegales, vendiendo baratijas en la calle.

Me gusta el fútbol, y recuerdo los equipos europeos a lo largo del tiempo. Tomo como ejemplo a Inglaterra. Si mi memoria no falla, en el Mundial de 1966 (donde los piratas hicieron honor a su historia), no había ningún jugador negro en el equipo, en 1986 había un par (recuerdo a John Barnes, en el partido con Argentina, que me hizo transpirar). Acabo de googlear equipo inglés actual, y conté diez jugadores de color.

En Francia, Bélgica, y otros países europeos colonialistas pasa lo mismo. Fueron colonizadores crueles, duros y rapiñadores. Ganaron mucho territorio y dinero, pero se poblaron de europeos de color. Eran ciudadanos de segunda, pero europeos de toda legalidad.

Después se agregaron los inmigrantes que buscaban –y buscan, aun a costa de la vida- huir de la pobreza, el hambre y las guerras. En esto, tampoco Europa, y su aliado EEUU (no olvidemos la OTAN) son inocentes, sino al contrario.

Entonces, este horror de la extrema derecha europea que encarna este escritor francés cuyo artículo voy a compartir con ustedes es, por lo menos, desvergonzado, pero no creo que esos facciosos –como los ejemplares locales que están envalentonados en América Latina- se preocupen por ningún detalle moral.

Es interesante conocer los procesos de formación y desarrollo de las ideologías que subyacen –o algo más- en los procesos sociales y políticos que nos afectan porque nos ayuda a entender lo que está sucediendo y tomar mejores decisiones.

De todos modos, según el autor, ese riesgo de reemplazo total de la población europea original por los provenientes de otras etnias no es real, pero ha tomado un alto valor simbólico para esas minorías de derecha.

Sin embargo, se me ocurre que hay un factor que Febbro no incorpora, y que es la concentración urbana de estos inmigrantes que van a las ciudades a buscar de qué vivir. Recuerdo los disturbios de hace unos años en ciudades de Francia, y eran protagonizados por personas de color.

Estos hechos urbanos, como las marchas y disturbios latinoamericanos de los que reclaman por siglos de injusticia social, tienen alto impacto mediático, y suelen ser tema de relatos generalmente sesgados y descalificadores de los sectores populares.

Es un tema para estudiar y desarrollar, y esta nota de Febbro es un buen punto de partida. Ojalá les sirva e interese.

El Gran Reemplazo, la idea de Renaud Camus para la extrema derecha

Por Eduardo Febbro

https://www.pagina12.com.ar/233464-el-gran-reemplazo-la-idea-de-renaud-camus-para-la-extrema-de

Aquellos que se denominan los “patriotas” tienen une convicción irrevocable: el “gran reemplazo” de las sociedades occidentales está en curso,” es real y visible en Francia y si no tenemos cuidado nuestra nación se apagará en poco tiempo”. La frase antes citada figuraba en el portal internet de un grupúsculo de extrema derecha, AFO (Acción de fuerzas operacionales) que en 2018 fue desmantelado cuando estaba cerca de cometer una serie de atentados contra los musulmanes de Francia (envenenamiento de la comida). Antaño restringida a una estrechísima galaxia ultra, la idea del “gran reemplazo” ha impregnado a las extremas derechas del mundo y hecho de su autor, Renaud Camus, un apóstol de la cruzada contra las sociedades multiculturales. Nada parecía destinar a este aristocrático escritor gay, cuyos libros fueron celebrados en los años 80 por su calidad, a convertirse en el ícono mundial de los extremistas de las ultraderechas. El enunciado es de una simpleza que, para muchos, resultó hipnotizadora: la pura cepa de la sociedad francesa, su vínculo más “tradicional”, está desapareciendo en beneficio de “un gran reemplazo” cuyos protagonistas son ciudadanos no europeos, entiéndase, musulmanes. Renaud Camus es una de las figuras que componen el triángulo de los intelectuales franceses que, desde los años 70, forjaron el zócalo del renacimiento de las ultraderechas: Alain de Benoist, el ideólogo fundador de la Nueva Derecha y pilar de la derecha alternativa norteamericana: Jean Raspail, autor de la novela El Campamento de los Santos (1973) donde el autor narra el desembarco de un millón de miserables de piel oscura en las costas de Francia. Y Renaud Camus. Dos de sus libros, De l’in-nocence. Abécédaire (2010) y Le Grand Remplacement (2011) desarrollan la temática del Reemplazo de las sociedades blancas occidentales.

Los polemistas radicales, algunos líderes del partido de extrema derecha Reagrupamiento Nacional (ex Frente Nacional), ciertos intelectuales y candidatos de esa corriente han convertido el libro de Camus en su manual de cabecera. La novela Sumisión, de ese idolatrado inocuo que es Michel Houellebecq, narra el ascenso al poder de los islamistas en Francia (La Fraternidad musulmana). Ese relato fue inspirado por las conversaciones que Houellebecq mantuvo con Camus. La teoría del ultraconservador consta de dos ejes: por un lado, según el autor, los datos demográficos (falsos) muestran que la inmigración masiva y la fecundidad elevada de las poblaciones no europeas están superando a la población originaria y, por consiguiente, imponiendo su religión y su cultura a todo el continente; por el otro, si esto es posible se debe a que una clase de dirigentes “remplazistas” ha organizado deliberadamente los flujos migratorios masivos con el fin de que emerja un nuevo hombre, desprovisto de todas las particularidades nacionales (étnicas y culturales). Ello, alega el autor, con el único propósito de modelar una suerte de individuo sin ataduras, intercambiable en cualquier circunstancia y dispuesto a ser un lacayo nómada al servicio de la globalización. La influencia de Renaud Camus ha sobrepasado las fronteras francesas. Su Gran Reemplazo figura en la tapa del manifiesto publicado en internet (The Great Replacement) por el terrorista australiano Brenton Tarrant que el 15 de marzo de 2019 asesinó a 51 personas en la mezquita de Christchurch, en Nueva Zelandia. En ese texto de 74 páginas, Tarrant sostiene que, luego de un viaje a través de Francia, se convenció de que era urgente pasar al acto porque hay “invasores por todos lados”. La misma idea del invasor reemplazante aparece en el texto que el supremacista blanco Patrick Wood Crusius publicó en internet antes de perpetrar la matanza en el Walmart de El Paso (3 de agosto de 2019) que dejó un saldo de 22 muertos. El manifiesto The Inconvenient Truth hablaba de “la invasión hispánica de Texas”.

Los libros de Renaud Camus no contienen llamados a la violencia o a la eliminación, pero han sido interpretados así por una minoría radicalizada que se nutre de su prosa altamente racista y dura, por la que ya fue condenado por “incitación al odio”. Camus puede evocar con total impunidad el “genocidio por sustitución”, acusar a los musulmanes de “colonizadores” o de ser el “brazo armado de la conquista”. Para alguien que se dice pacifista, sus palabras son un incendio. Para Camus, quienes asesinan son “locos”,” idiotas”,” descontrolados” y él no debe ser considerado “cómplice” de esas matanzas. No obstante, su obra ha tenido un poderoso alcance contaminante, tanto más cuanto que los estragos de la globalización sensibilizan a sus lectores antes ideas complotistas sobre la existencia de un “remplazismo global”, o aquella acerca de la meta secreta escondida en el corazón del capitalismo: convertir a cada ser humano en un consumidor “remplazable”. Renaud Camus sostiene que basta con pasearse por Francia y por Europa y “observar la realidad del Reemplazo”. El subjetivismo es completo. Las estadísticas francesas contradicen la veracidad de esa observación. En total, 12% de la población francesa es de origen extranjero. Las cifras están muy lejos de probar su teoría. Sin embargo, los estudios de opinión muestran que un segmento consistente de la sociedad sí cree en que hay un Reemplazo en curso, y que este está organizado como un complot. La fundación Jean-Jaurés, Conspiracy Watch y la encuestadora IFOP realizaron un estudio (2018) sobre el impacto del complotismo: una persona de cada cuatro compartía la idea según la cual “la inmigración ha sido organizada deliberadamente por las elites políticas, intelectuales y mediáticas con la meta final de remplazar a la población europea por una población inmigrada”.

Camus es un heredero de las etnoobsesiones que la extrema derecha europea desarrolló desde finales del Siglo XIX. El autor de El Gran Reemplazo, en pleno Siglo XXI, modernizó el objeto del odio: antes los judíos, ahora los africanos y los musulmanes. Los líderes políticos más importantes de la extrema derecha se cuidan de no emplear el término “gran reemplazo” pero tejen sus retóricas en torno a ese concepto. En vez de “reemplazo” pueden decir, como Marion Marechal Le Pen, que la inmigración pone en tela de juicio “la continuidad histórica” de Francia. Renaud Camus ha alimentado la circulación de un consistente flujo de libros escritos a partir de su teoría, incluso por autores que antes fueron de izquierda. Es el caso del hoy racista y purista conservador Alain Finkielkraut, autor de La Identidad Infeliz”. Sumisión, de Michel Houellebecq, es una extensión bajo forma de ficción de los desvelos de Camus. El Gran Reemplazo es puro humo, una inanidad llena de miedos, percepciones fugitivas, nostalgias por un mundo blanco y católico que la colonización alteró, emociones que adquieren el estatuto de ciencia demográfica y que pueden funcionar como un manual para los soldados al servicio del odio.

efebbro@pagina12.com.ar