by ariza_adolfo | Jun 5, 2020 | Temas políticos
La frase “nueva
normalidad” se escucha por todos lados, aunque no se sepa qué será, y si se la
podrá llamar normalidad, por lo menos en el sentido que tenía.
Se multiplican
los opinólogos que hablan de que se había escondido la basura debajo de la
alfombra y que la pandemia ha sacado todas esas miserias a la luz.
Resulta llamativo
que Luis Rosales, aggiornado columnista de América, opine esto cuando fue
candidato a Vicepresidente de Espert, que cuestionó el neo liberalismo de Macri
porque había sido demasiado tibio y no había tomado medidas que nos hubieran
sumergido, aún más, en el desempleo y la pobreza.
Sin embargo,
muchos/as habíamos cuestionado y/o denunciado las desigualdades y asimetrías
del mundo, y, sobre todo, de América Latina.
Ya los pueblos
latinoamericanos habían salido a reclamar un cambio del sistema que les
proporcionara mejores condiciones de vida: ingresos dignos, educación, salud,
etc. Eso pasó en Chile, Ecuador, Colombia, y ahora, en Brasil.
Sin embargo, el
problema no es solo lo económico, porque el tema de la participación ciudadana
es clave, y la nota de Rocío Annunziata es útil para que empecemos a pensar en
eso y en cómo podremos mejorarla, cualitativa y cuantitativamente, en el mundo
después del coronavirus, y, en lo posible, empezar con acciones concretas ahora
porque no será fácil lograr que los que propiciaron aquella normalidad injusta
y desigual renuncien a sus negativos logros.
SEAMOS
REALISTAS: EL MUNDO FUE –Y ES- ASÍ PORQUE ALGUNOS POCOS TRABAJARON PARA ELLO, Y
OTROS MUCHOS LO PERMITIERON.
LA GRIETA
EXISTIÓ SIEMPRE, POR LO MENOS TRABAJEMOS PARA QUE LOS QUE ESTÁN EN EL LUGAR EN
QUE SE SUFRE MÁS SEAN MENOS.
PARA ESO, HACE
FALTA MÁS Y MEJOR PARTICIPACIÓN CIUDADANA.
¿Democracia en
pausa?
LA NUEVA
NORMALIDAD DE LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA
Por Rocío
Annunziata Ilustración Sebastián Angresano
https://revistaanfibia.com/ensayo/la-nueva-normalidad-de-la-participacion-ciudadana/
Desde los ’80
hasta la pandemia del Covid-19, las políticas de participación ciudadana se
multiplicaron al punto de ser una marca de nuestra región hacia el mundo. La
pausa obligada por el aislamiento social plantea nuevos desafíos para que este
espacio no se vacíe y reafirme su sentido de justicia social. Rocío Annunziata
transcribe la memoria del debate Ciudadanía y Pandemia: ¿la democracia en
pausa? del proyecto Partícipes, organizado por Fundación Avina y Revista
Anfibia.
Cuando pensamos
en la idea de “participación ciudadana” es inevitable imaginar una reunión de
muchas personas en contacto unas con otras, ocupando un espacio público y
dialogando “cara a cara”. Participación y aislamiento social no combinan nada
bien. Por eso, entre las tantas actividades que parecen haber sido puestas en
pausa por la pandemia del COVID-19, ésta es una de las que más inquietudes
genera a quienes esperan la reactivación en la nueva normalidad.
Las instituciones
participativas -instancias promovidas por los gobiernos, sobre todo de nivel
local, que invitan a la ciudadanía a tener voz-, no hicieron más que
multiplicarse desde las primeras experiencias latinoamericanas de fines de los
ochenta, las que pusieron a la región en el lugar del laboratorio de innovación
por excelencia en esta materia. América Latina fue emulada por otros
continentes, y la expansión de estas prácticas cruzó colores políticos y
etiquetas partidarias. Por mencionar sólo el ejemplo de la institución
participativa más conocida, el Atlas Mundial de Presupuesto Participativo
editado por Nelson Dias, Sahsil Enríquez y Simone Júlio cuenta más de 11.600
experiencias en todo el mundo en 2019.
¿Qué futuro tiene
la participación ciudadana en las ciudades? ¿Cómo retomar los desafíos
pendientes y los que surgen a partir de esta coyuntura? ¿Qué pueden hacer las
ONGs y los gobiernos locales en este contexto? Estas preguntas estructuraron el
encuentro Ciudadanía y Pandemia: ¿la democracia en pausa?, organizado por
Fundación Avina y Revista Anfibia en el marco del Proyecto Partícipes, el 19 y
el 21 de mayo de 2020. Participaron más de 300 miembros de organizaciones de la
sociedad civil de Córdoba, Rosario, Mendoza y Buenos Aires, funcionarios
locales y público general.
1 La “antigua normalidad” participativa no era
ideal
Una de las
primeras impresiones que surgen ante la pregunta sobre lo que la pandemia puso
en pausa al interrumpir las instancias participativas implementadas en las
ciudades es que la normalidad de la participación que conocíamos no era
perfecta. ¿Cómo estábamos antes del COVID-19?
Lo primero que
habría que decir es que la “normalidad” de las instituciones participativas era
seguir expandiéndose. Hay que reconocerlo: muchos las impulsaban como
verdaderos insumos para sus políticas, otros como una mera estrategia de
imagen. Lo cierto es que la tendencia señalaba la inclusión creciente de este
tipo de instancias en los gobiernos locales. Una prueba de ello es la
pregnancia que tuvo el paradigma del Gobierno Abierto en la gestión pública.
Que ésta fuera la
tendencia no implica que todos esos espacios fueran igual de fuertes, genuinos
y transformadores. En algunos casos, la normalización y masificación del
paradigma iba de la mano de prácticas muy debilitadas. Por eso la versión más
desplegada por el mundo en estos años es la que identifica la participación
ciudadana con una herramienta administrativa y despolitizada para conocer las
preferencias de la gente y gestionar con mayor eficiencia. Lo que se venía
viendo cada vez menos, en cambio, era la puesta en marcha de instancias
participativas que fomentaran la creatividad social, el debate y el conflicto,
y que tuvieran un horizonte de justicia social.
Esto nos
reconduce a dos temas que surgieron en los webinar de Partícipes. 1) Muchas
veces las instancias participativas están contenidas en normativas virtuosas y
tienen un diseño institucional que hace suponer que habrá una participación
sustantiva, pero en la práctica la capacidad de estos espacios de involucrar a
los ciudadanos y considerar sus propuestas realmente es muy baja. Virginia
Romanutti, de Nuestra Córdoba, citaba el ejemplo de las Juntas de Participación
Vecinal de Córdoba para ilustrar instituciones bien diseñadas que no se
traducen en buenas experiencias.
2) Las
instituciones participativas tienden a estar orientadas hacia las demandas
individuales y cuesta pensarlas como ejercicios colectivos, como advertía Luis
Cardoso, de Acción Colectiva. La concepción mayormente administrativa de las
instancias de participación que surgen “desde arriba” se corresponde con
formatos de participación fragmentada, que privilegian que cada participante se
lleve algo del proceso, cristalizándose en inquietudes poco diferenciadas de
reclamos individuales. Un tema de larga data es que el participante convocado
suele ser más el vecino que el ciudadano.
2. La pausa no son cinco minutos
¿Qué
consecuencias están teniendo la pandemia y el aislamiento social sobre las
instituciones participativas? En el mundo y en Argentina, las miles que estaban
funcionando quedaron en suspenso. La reunión de personas en espacios públicos
no está a la orden del día, por prohibiciones explícitas o por prudencia
sanitaria. A este inconveniente indiscutible se suma el hecho de que, en
Argentina, muchas gestiones gubernamentales acababan de asumir cuando llegó la
pandemia y estaban recién ideando sus nuevos ámbitos participativos o
analizando el estado de las instituciones heredadas.
En las
situaciones de excepción los gobiernos tienden a cerrarse y a centralizar las
decisiones. Como se advirtió en este encuentro, el argumento de que sería
irresponsable o imposible planificar políticas en esta situación de crisis y
urgencia es esgrimido por los funcionarios. ¿Cuán factible es escuchar muchas
voces para decidir en este contexto? Facundo Heras –de Nuestra Mendoza- explicó
que los gobiernos supieron dialogar muy bien con los sectores económicos en la
creación de protocolos para habilitar actividades, y que ésto prueba que
podrían dialogar de igual modo con las organizaciones comunitarias para atender
a las necesidades de los territorios, como las ollas populares.
La combinación de
aislamiento social, desconfianza interpersonal y gobiernos que se cierran puede
significar un golpe muy duro para las instituciones participativas, que siempre
han estado caracterizadas, incluso en la normalidad, por una gran volatilidad y
dependencia de los cambios de gestión. Lo más probable es que la gran mayoría
de estas instancias no se recuperen en el corto plazo.
3 ¿La “nueva normalidad” será digital?
Una de las
estrategias posibles para enfrentar la pausa sería “digitalizarlo” todo, como
sucede con mucho de nuestras vidas cotidianas. La incorporación de nuevas
tecnologías para la participación en las ciudades ya venía en aumento, pero hoy
puede presentarse como una alternativa salvadora. Así lo contaban los
funcionarios que intervinieron en el segundo encuentro de Partícipes. Godoy
Cruz (Mendoza) está buscando convertir su Presupuesto Participativo en un
Presupuesto Participativo online, con el apoyo del Proyecto Cónsul, una
plataforma creada por la gestión anterior del Ayuntamiento de Madrid. Este es
también el modelo con el que se desarrolla desde 2017 BAElige, que permite cada
año a los vecinos de la Ciudad de Buenos Aires decidir el destino de 600 millones
de pesos. Rosario, la ciudad argentina cuyas instituciones participativas se
han hecho famosas en el mundo, ensaya realizar las reuniones de sus consejos
barriales por Zoom.
La posibilidad
que brindan las herramientas virtuales están también influyendo en formas de
participación que promueven los gobiernos locales más allá de las instituciones
participativas propiamente dichas: la comunicación directa con los vecinos a la
que apunta Rosario, o el programa de voluntariado Mayores Cuidados que impulsó CABA
son buenas ilustraciones. En todo caso, miembros de equipos de gestión de los
gobiernos locales coinciden en que los recursos virtuales o digitales formarán
parte del paisaje de la “nueva normalidad” de la participación.
Pero no todas las
realidades son adaptables a la virtualización o digitalización de sus
instancias participativas. La localidad de Maipú (Mendoza), por ejemplo, viene
trabajando con un Presupuesto Participativo orientado a las áreas rurales que
difícilmente podría transformarse en online. No solo es una cuestión de brecha
y conexión. En lo que se refiere a la digitalización de las instituciones
participativas la biblioteca está dividida. Algunos expertos se preocupan por
si las herramientas digitales tienden a eliminar los momentos de deliberación y
debate: es posible hacer propuestas online, es posible votar proyectos online,
pero es mucho más difícil discutir ideas y llegar a propuestas colectivas si
falta el encuentro “cara a cara”. En este sentido, uno de los desafíos para el
futuro de las instituciones participativas será que la incorporación de lo
digital no vaya en detrimento de instancias capaces de producir deliberación.
4. Puede ser una pausa creativa
El paréntesis en
el que se encuentran las instituciones participativas puede representar también
una oportunidad, una pausa creativa en la que surjan herramientas que terminen
por mejorar algunos aspectos de la “antigua normalidad” de la participación.
Otro ejemplo: quizás los Presupuestos Participativos digitales atraen una
participación social más numerosa, y no sólo a quienes participan siempre, que
disponen del tiempo para trasladarse y estar, como notan en la ciudad de Godoy
Cruz.
Aquí está la otra
parte de la biblioteca: la participación online puede ser más inclusiva en la
medida en que se integra más fácilmente a la vida cotidiana y no exige la
presencia física en horarios imposibles para muchos. Otro ejemplo es el que
acabamos de mencionar de los encuentros de consejos barriales por Zoom; ¿podrán
estos formatos revertir la difícil relación entre lo online y la deliberación?
Encontrar formas para mantener latentes las instancias participativas es el imperativo actual. Pero a la vez podemos usar la pausa para repensar la normalidad. Como sostuvo Matías Bianchi, de Asuntos del Sur, citando a Bruno Latour: “si todo está en crisis, podemos rediscutir todo”.
En la primera
conversación Estrategias de la sociedad civil para sostener la participación
ciudadana (19/5/2020) estuvieron Virginia Romanutti de Red Ciudadana Nuestra
Córdoba (Córdoba); Matías Bianchi de Asuntos del Sur (Buenos Aires); Luis
Cardoso de Acción Colectiva (Rosario) y Facundo Heras de Nuestra Mendoza
(Mendoza). Moderó Hinde Pomeraniec.
En la segunda
conversación Los gobiernos locales ante las demandas ciudadanas de participación
(21/5/2020) disertaron Alejandra Torres (Secretaria de Planeamiento,
Modernización y Relaciones Internacionales de Córdoba); Fernando Straface
(Secretario General de Relaciones Internacionales de CABA); Laura Bartolacci
(Subsecretaría de vinculación ciudadana de Rosario); Martín Appiolaza (Director
de Prevención, Participación Comunitaria y Derechos Humanos de la Municipalidad
de Godoy Cruz, Mendoza) y Gabriela Riveros (Directora de Planificación
Estratégica de Municipalidad de Maipú, Mendoza). Moderó Hinde Pomeraniec.
by ariza_adolfo | May 26, 2020 | Temas políticos
He elegido esta nota de Zaiat porque es categórica en
cuanto a la descripción de esta fuerte movida del macrismo residual, los medios
amigos y los trolls y bots que manejan la campaña en las redes.
Creo que es un sector minoritario de la sociedad el que
apoya esta embestida contra la estrategia que, hasta ahora, nos ha venido
guardando de vivir situaciones trágicas como otros países del mundo, pero esta
campaña –que incluye noticias falsas de revueltas populares- le da una
dimensión mucho mayor.
No estoy minimizando la dura situación que vive Argentina
como gran parte del mundo, sino que la gente sigue bancando la cuarentena
porque cree que es lo mejor que se puede hacer para preservar la salud pública.
Con esta entrada intento colaborar con esa gente que está
sufriendo tanto, para que no se desanime por creer que tanto sacrificio es en
vano, y piense que el Gobierno está equivocado y que hay que romper la
cuarentena.
NO ES ASÍ, Y EN
LA ENORME MAYORÍA DEL PAÍS, COMO EN MENDOZA, LA CANTIDAD DE INFECTADOS ES BAJA,
Y SE ESTÁ AVANZANDO EN LA APERTURA, PERO CON LA NECESARIA PRUDENCIA QUE
REQUIERE LA SITUACIÓN.
NO CREAMOS A
QUIENES NO LES IMPORTAN LOS MUERTOS QUE COSTARÍA ESA APERTURA IRRESPONSABLE.
Dispositivo
mediático de confusión sobre la situación social, política y económica del
aislamiento social
Campaña
anticuarentena, fake news y culto a la muerte
https://www.pagina12.com.ar/268184-campana-anticuarentena-fake-news-y-culto-a-la-muerte
La militancia
anticuarentena, que lidera el Grupo Clarín con sus diarios, radios y canales de
televisión, seguido por La Nación, el Grupo América e Infobae, es tan irresponsable
socialmente como mezquina en términos políticos e ignorante de la cuestión
económica. Desprecian el destino sanitario de las personas mayores y de los
grupos socioeconómicos vulnerables.
Por Alfredo Zaiat
Es tan potente el
dispositivo mediático del poder económico que es necesario hacer aclaraciones
obvias.
Quién puede estar contento o cómodo cuando se alteró en forma tan
fuerte la rutina y los vínculos personales y familiares.
Quién puede estar feliz si por la cuarentena y por precaución no se está
viendo a los padres ni hay reuniones con amigos.
Quién no está angustiado, ansioso y preocupado por la violenta alteración
de la vida cotidiana.
Es tan evidente
el hastío por esas restricciones que genera incomodidad tener que aclararlas
para señalar que la campaña
anticuarentena, que lidera el Grupo Clarín con sus diarios, radios y
canales de televisión, seguido por La Nación, el Grupo América e Infobae, es
tan irresponsable socialmente como mezquina en términos políticos e ignorante
de la cuestión económica.
Todo es debatible
en democracia, pero no se transita el sendero de la racionalidad, en caso de
ser bienintencionados, y de la honestidad intelectual, en muchos otros
dedicados al entretenimiento periodístico, cuando se hace gala de la soberbia
de la ignorancia al desafiar la evidencia científica y empírica. La
controversia con la militancia social y periodística anticuarentena se parece a
las discusiones delirantes con grupos terraplanistas y antivacunas.
Con fake news y
apelando a la angustia personal por la cuarentena, lo que hacen es una
provocación abierta a que una parte de la sociedad, atrapada por el cansancio,
el miedo económico y la confusión, termine despreciando el destino sanitario de
las personas mayores y de los grupos socioeconómicos vulnerables.
Trabajan para que
la mayoría de la sociedad acepte que los adultos mayores y pobres se mueran por
coronavirus. Esto es lo que ha sucedido en Suecia, Italia, España, que han
dejado morir a las personas mayores contagiadas porque sus respectivos sistemas
sanitarios han colapsado; o en Estados Unidos y en Brasil, donde el coronavirus
se concentra en pobres e inmigrantes.
Existen datos
objetivos, irrefutables, que muestran cuál es el saldo sanitario de la opción
anticuarentena. El saldo es un desastre humanitario, fosas comunes, cementerios
desbordados y, además, derrumbe económico.
La sociedad
argentina posee una larga y rica historia de movilizaciones y resistencias
sociales y políticas que no soportaría cantidades de contagiados y muertes como
se anotan diariamente en Brasil, Chile, Perú, Italia, España, Gran Bretaña o
Estados Unidos.
El objetivo
político de los militantes anticuarentena es erosionar entonces la elevada
aceptación social y política que hoy tiene el gobierno de Alberto Fernández. La
campaña la lideran grupos conservadores porque les irrita que CFK y el
kirchnerismo tengan un papel destacado en la alianza de gobierno.
O sea, la
obsesión patológica con CFK y, fundamentalmente, lo que ella representa en
términos de disputa histórica por el tipo de proyecto de país, no respeta ni el
riesgo de vidas por la pandemia global.
Si se analiza la
historia argentina, se descubre que los sectores reaccionarios no han respetado
la vida, más bien son cultores de la muerte de los desvalidos, vulnerables y
rebeldes: el combate a los gauchos, la matanza de comunidades indígenas en la
Campaña del Desierto, la persecución y muerte de anarquistas y socialistas a
principios del siglo pasado, el “Viva el cáncer” de Evita, el
bombardeo a civiles en la Plaza de Mayo, los fusilamientos de José León Suárez,
hasta la muerte y desaparición de miles de personas en la última dictadura
militar.
¿Por qué sería diferente ahora con la pandemia del
coronavirus?
Ahora bien, es
evidente que la economía está sufriendo y mucho con la cuarentena. Pero no sólo
sufre la economía argentina; la economía mundial ha colapsado.
Cada uno de los
países en crisis está viendo cómo encontrar una “nueva normalidad” en
el funcionamiento de la economía. También se la está buscando en Argentina.
Mientras, el Estado tiene que mejorar en rapidez y eficacia la inmensa red de
contención previsional, social y económica (empresas y trabajadores) que se
diseñó para la emergencia.
Es una obviedad
que la cuarentena tiene costos económicos, pero la apertura como la piden los
anticuarentena también los tiene. La economía no se recuperaría si se terminara
de un día al otro el aislamiento social preventivo y obligatorio en la región
del AMBA. El aumento exponencial de contagios y el crecimiento geométrico de
muertos siguientes paralizaría también a la economía.
Es necesario ir
adaptando el funcionamiento del sistema económico a esta nueva realidad en los
lugares de trabajo y en los medios de transporte.
Nadie se enamora
de la cuarentena. Es una mentira más que se suma a la extensa lista de fake
news del dispositivo mediático dominante. La estrategia argentina fue preparar
el sistema de salud luego del desastre dejado por los gobiernos de Mauricio
Macri y María Eugenia Vidal, para luego ir abriendo con prudencia en los
lugares donde hay pocos o ningún caso y concentrando la atención en el Área
Metropolitana porque es la zona de más riesgo.
Se sabe que la
cuarentena no es la solución; es un paliativo. La solución es una vacuna o un
tratamiento que baje radicalmente la mortalidad del coronavirus. Todavía no hay
vacuna ni ese tipo de tratamiento médico.
Somos
contemporáneos de un evento extraordinario, como es esta pandemia global. No es
algo que se elige; es una crisis con la que se tiene que aprender a convivir,
situación personal y emocional que no es fácil, pero que exige reafirmar que el
camino en sociedad no es el individual del sálvese quien pueda, sino el
colectivo de cuidarse para cuidarnos y de ser solidario con el otro.
by ariza_adolfo | May 24, 2020 | Notas para compartir
Por Graciela
Cousinet – Socióloga. Ex Decana de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
de la UNCuyo
https://www.losandes.com.ar/article/view?slug=el-virus-ha-matado-las-certezas-por-graciela-cousinet
Ya nada se puede
analizar con conceptos del diecinueve, no el siglo sino el año.
Intentaré listar
los temas que no pueden dejar de ser tenidos en cuenta a pesar de que las
respuestas todavía no están disponibles.
Desde hace tiempo
las mentes más abiertas vienen insistiendo que hay que escuchar a las ciencias
duras, que no son infalibles pero que son más confiables que diversos gurúes
que pululan por ahí y hasta gobiernan países.
Paradójico es que
el capitalismo que nació con ella y la promovió, se encierre ahora en su
burbuja de intereses corporativos y ganancias inmediatas.
¿Y qué nos advierte la ciencia?
Que esta no es
una pandemia sino una era de pandemias. Pandemias provocadas en gran medida por
nuestra tóxica relación con la naturaleza y diseminadas por la descontrolada
globalización.
Por lo tanto, las
naciones con vocación de dominación van a priorizar ciertas garantías que les
permitan afrontarlas de la mejor manera posible.
Soberanía
alimentaria, farmacéutica y sanitaria serán esenciales. Hay que tenerlo en
cuenta para prever cómo impactará en nuestro país.
El tema del transporte,
tanto de pasajeros como de cargas, será revaluado. Su papel en la crisis
climática y en la propagación de virus es probable que haga que se utilice con
mayor prudencia.
Teletrabajo, peatonalización
de los centros urbanos, transporte público, exportaciones de bienes de alto
valor agregado y tecnológicos, promoción de consumos locales, siguiendo las
pautas del movimiento gastronómico Kilómetro Cero, entre tantas otras medidas.
Los puntos
calientes de los contagios del coronavirus han sido las metrópolis altamente
densificadas. Ya hay personas y familias que están pensando en mudarse a
ciudades medianas o pequeñas. Internet nos permite estar conectados e
informados prácticamente en todos lados, lo que disminuye ciertos atractivos de
las grandes ciudades. Ya se está hablando de desurbanización y por supuesto
también de desdensificación, hasta hace poco uno de los postulados de la
mayoría de los urbanistas, más enamorados de la moda que de la calidad de vida
de los habitantes.
Otro problema que
las estadísticas han señalado claramente es que los más pobres se contagian y
mueren más por el coronavirus. Hay un factor que está asociado: enfermedades
previas. Ahora bien, ¿por qué los pobres tienen más enfermedades previas, aún
en gente joven? Más allá de lo obvio: peor atención sanitaria, hay otro factor
poco destacado: la malnutrición que provoca obesidad, diabetes e hipertensión.
Contra lo que la sensibilidad social, alentada por los intereses de las grandes
corporaciones de la industria alimenticia, supone, no es el hambre sino el
consumo de comestibles ultraprocesados que por su accesibilidad precio e
impacto publicitario son una parte fundamental de la dieta de estos sectores.
Enfrentarnos a estos enormes intereses será imprescindible para garantizar nuestra
salud.
Otro tema que el
virus contribuyó a resaltar son los adultos mayores. ¿Qué hacemos con una
población que en algunos países llega a una cuarta parte del total? Para
algunos, si están jubilados son un gasto, si siguen trabajando impiden el acceso
de los jóvenes al mercado laboral. Los adultos mayores no son un gasto son una
inversión que la sociedad ya realizó y debe aprovechar. Hay que pensar qué
papel tendrán porque la mayoría se encuentra en óptimas condiciones de seguir
aportando al bien común.
Mientras tanto la
crisis climática sigue acortando nuestros plazos, la presión demográfica en
África, algunos países asiáticos y centroamericanos, agravada por las
consecuencias catastróficas del calentamiento global se hará sentir cada vez
más en Europa y Estados Unidos.
A pesar de este
panorama casi apocalíptico, hay soluciones que dependen de la voluntad política
mayoritaria.
El feminismo es
una herramienta poderosísima. Educar a las mujeres es una de las inversiones
que más resultados produce. Terminar con el patriarcalismo es cambiar nuestro
modo de relación con la naturaleza.
Frente a la
desigualdad social y la falta de empleo, la economía social si fuera subsidiada
del modo en que se subsidia a las petroleras, podría ser una de varias
alternativas.
Menos
productivismo menos consumismo podría ser igual a más trabajo, menos pobreza y
mejor calidad de vida.
Pensar que obtendremos
resultados diferentes con las mismas recetas es la definición de la locura.
by ariza_adolfo | May 21, 2020 | Temas políticos
Esta nota del
Diario Los Andes que agrego abajo encara un tema crucial para Mendoza: el uso
del territorio mendocino.
Me ha parecido un
buen aporte, por eso lo rescato, pero quiero agregar algo a este replanteo de
nuestra ruralidad. Hay otro aspecto que se ha hecho evidente en el contexto de
la pandemia del coronavirus: la aglomeración en ciudades de manera no
sostenible ni sustentable, como sucede en las villas de la CABA. No voy a
entrar en la descripción de esos ambientes, porque los hemos visto hasta el
cansancio por estos días, pero es claro que la vida en ellas no responde a los
parámetros de calidad mínimos para una existencia razonablemente plena.
No voy a entrar
en temas técnicos sobre los que no tengo formación, pero está claro que Mendoza
no ha desarrollado un proyecto político (ni este Gobierno, ni sus predecesores)
que tienda a mejorar la sostenibilidad ni la sustentabilidad de sus urbes.
La Fundación
OXFAM Intermón, en su blog https://blog.oxfamintermon.org/cuales-son-las-caracteristicas-de-una-ciudad-sostenible/, dice: “Una ciudad sostenible es aquella
que ofrece calidad de vida a sus habitantes sin poner en riesgo los recursos,
ya que vela también por el bienestar de la humanidad futura y procura la
justicia social.”
Más adelante: “Lo
sostenible es lo que se abastece a sí mismo y garantiza su continuidad en el
tiempo. En este caso, se refiere a la capacidad de las ciudades para
desarrollarse bajo criterios ecológicos y de igualdad social.”
Es una nota que vale
la pena leer para tener una mejor comprensión no solo de la ruralidad, sino
también de lo que necesitamos requerir a nuestra sociedad, y a quienes aspiren
a su conducción política.
El Gran Mendoza
no da para mucho más, y si observamos el modo en que ha crecido, lo podemos
comprobar sin mayor dificultad. Es cierto que, si se concretaran algunos temas
pendientes, algunos poco probables: sistema de transporte colectivo, una
avenida de circunvalación, red de agua potable y cloacas, etc., esto podría
mejorar, pero ya –a mi criterio- es tarde para reparaciones, hace falta algo
más integral y perdurable.
Repito lo que he
dicho varias veces: no hemos tenido Gobiernos con proyectos políticos que
merezcan ese nombre. Pongo como ejemplo el viaducto sobre Vicente Zapata: más
allá de que permite superar mejor el nudo vial en la circulación Norte Sur y
viceversa, solo ha servido para aumentar la cantidad de vehículos que entran a
la ciudad. Podría citar otros de Gobiernos diversos, pero es suficiente para demostrar
lo que afirmo.
Se ha hecho un
avance cualitativamente muy importante, que es la Ley de Ordenamiento
Territorial, sancionada en el 2017, después de ocho años de trabajo
colaborativo muy destacable.
Hay Municipios
que han elaborado –o están elaborando- sus propios planes de Ordenamiento
Territorial, pero no es lo mismo que un proyecto político de un Gobierno, ya
sea para ejecutarlo o como propuesta electoral.
En general, se
trabaja en estos Planes de OT con seriedad, se termina desarrollando una
propuesta local de OT, se la presenta en un acto público, pero de ahí de que el
Municipio ajuste todas sus acciones a esa propuesta, hay una larga distancia.
Está claro que
planificar es más fácil que llevar a la práctica, pero también que se sigue
gobernando sin un plan de envergadura. O sea que no se llega al Gobierno por
presentar la mejor propuesta política y social.
Por lo tanto, la
sociedad debería plantearse que, si no cambia su actitud y criterio,
informándose bien y con la objetividad posible –nada fácil en esta Argentina de
medios direccionados y bandas sectarias de trolls- para decidir qué es lo mejor para nosotros/as
y la sociedad en su conjunto, estos problemas de sustentabilidad y sostenibilidad
no terminarán, por el contrario, se agudizarán.
Por lo menos miremos nuestra realidad cercana: si tenemos
problemas con el agua y/o las cloacas, si el acceso a nuestras casas es muy
difícil, si no tenemos caleros automáticos accesibles, si no hay conectividad,
o es muy mala, si no tenemos acceso a viviendas dignas y económicamente accesibles,
o si falta –o es deficiente- cualquier otro servicio o elemento de la infraestructura
que tenga que ver con una “ciudad sostenible” en una Provincia sustentable,
anotémoslo, y hagámoslo conocer a los espacios políticos para que digan cómo
solucionarían esas carencias si llegan al Gobierno.
Si no lo hacemos, nos seguirán diciendo algunas frases
vacías, más o menos llamativas, y seguirán haciendo lo mismo que han venido
haciendo los Gobiernos hasta ahora: poco, y sin un plan maestro que sea parte
de una estrategia de desarrollo que se mantenga en décadas.
SI NO LO HACEMOS, SIGAMOS HACIENDO POLÍTICA EN LAS REDES, Y PAVADAS EN TIK TOK, PERO NO NOS QUEJEMOS DE LOS POLÍTICOS: SON COMO SON PORQUE LA SOCIEDAD NI GENERA POLÍTICOS MEJORES, NI ACTÚA PARA QUE LA REALIDAD SEA DISTINTA Y MEJOR.
De la ciudad
“respirable” a la ruralidad sustentable
Desde la urbe
siempre vimos al desierto y al oasis del que formamos parte como espacios
“proveedores” de alimentos o petróleo.
Por Eduardo A.
Sosa – Licenciado en Gestión Ambiental
https://www.losandes.com.ar/article/view?slug=de-la-ciudad-respirable-a-la-ruralidad-sustentable-por-eduardo-a-sosa
Quiero efectuar
un pequeño aporte a la nota del arquitecto Diego Kotlik de fecha 11 de mayo del
corriente, que tan bien expone lo que debería ser Mendoza en el ordenamiento de
su territorio una vez que esta pandemia pase o sus efectos se reduzcan.
Si bien es cierto
que una enorme mayoría de la población mendocina vive en urbes, hay un extenso
espacio rural que espera medidas urgentes de organización para poder subsistir
frente al avance de lo urbano, el acelerado cambio de uso del suelo
rural-agrícola, las recurrentes crisis económicas de la producción agropecuaria
y el avance sobre el piedemonte, solo por nombrar algunas causas de los
desequilibrios territoriales.
El futuro de
Mendoza no solo está en el adecuado diseño de sus ciudades sino también en la
preservación complementaria de la ruralidad, de un buen vivir que debe
incorporar la modernización y los progresos que son comunes en las urbes, pero
también la reconversión hacia cultivos más ecológicos y orientados a la
búsqueda de nuevos mercados, el desarrollo de emprendimientos de alto valor
agregado, la creación de pymes ligadas a nuevos gustos del consumidor como el
cultivo y comercialización de verduras y frutas orgánicas, la promoción de las
energías renovables y de la eco-eficiencia, el cuidado de los valores de la
ruralidad que son muy codiciados cuando uno vive en las ciudades y desea
retener parte de esa mística del campo, el fomento del turismo ecológico y
rural ligados a la belleza y la cultura del oasis, el apoyo a cultivos y ferias
locales y tantas otras iniciativas de desarrollo que pueden intentarse.
Esta nueva
ruralidad también va de la mano de infraestructura y equipamiento que debe
proveer el Estado en función ya no de los intereses políticos o las urgencias,
sino en la planificación territorial participativa y en alianzas con sectores
de la economía que se benefician con las mismas.
Esto también
incluye una nueva mirada de las tierras áridas, vistas como desiertos por la
mayoría pero que posee una extraordinaria diversidad biológica e incontables
bellezas para proteger y utilizar racionalmente.
Desde la urbe
siempre vimos al desierto y al oasis del que formamos parte como espacios
“proveedores” no solo de alimentos sino de maderas, petróleo o materiales para
nuestras viviendas, pero nunca los integramos a nuestro vivir cotidiano como
comunidad.
Pienso que es
hora de revalorizar la ruralidad y ordenarla convenientemente para que los
miles de mendocinos que viven en ella puedan permanecer allí y proyectarse en
un futuro que no implique abandonar sus tierras, sus sueños y pasar a
convertirse en la masa de refugiados económicos y ambientales que pueblan las
periferias de nuestros aglomerados urbanos.
Si el gobierno
provincial se activa y desarrolla todos los planes y actividades que prevé la
ley de ordenamiento territorial y el Plan Provincial de Ordenamiento
Territorial que duerme desde su aprobación en 2017, este futuro será posible.
by ariza_adolfo | May 21, 2020 | Poesía personal
Es extraño el
amor
A veces es un
lento sueño, de dedos pesados
como la
niebla
Otras un
grito insonoro, de bordes azules
O un recuerdo
cruel de años felices,
como una
venda sobre los ojos ansiosos.
O unas
huellas que se alejan por la arena
de la playa,
hacia el mar
¿Es todo eso,
o son los sueños del amor?
¿Es todo eso,
o son los disfraces del amor?
No son los
sueños, ni los recuerdos…
Es solo el
instante en que los ojos se encuentran,
camino del
alma.
Es la música
de adentro, coro misterioso,
armonía perfecta
Es estar en
un mundo de dos,
en el que
nada falta ni nada sobra
Es la
felicidad suprema
Es lo que nos
pasa a los dos.
Adolfo
Ariza
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