LOS ANDARIVELES POR DONDE VAMOS LOS ARGENTINOS HACIA EL 2019 -Primera Parte-

by | Oct 8, 2018 | Temas políticos | 0 comments

Hace unos días, en el Programa Desafío 20.18 de Marcelo Zlotogwiazda, en C5N, escuché a unos panelistas consultados sobre el impacto de la situación económica en las próximas elecciones.

En general, las opiniones coincidían en el fuerte descenso de la imagen del Gobierno, con Macri a la cabeza, pero uno de los panelistas (he tratado de ubicar el video en YouTube, pero no lo he encontrado) que, en general, son de trayectoria y confiables, decía que, a pesar de todo, Macri contaba con un núcleo duro de un sector social que lo seguía apoyando. Me parece que habló de un 40% (realiza encuestas), porcentaje que no comparto; creo que, fundamentalmente, se trata del tradicional 25% que no votó ni votará nunca al Peronismo, más allá de las diferencias ideológicas, de visión, y hasta emocionales que pueda haber internamente. Este sector ha sido reforzado fuertemente por la campaña mediática del macrismo, desde la campaña prelectoral en adelante, y tienen una actitud que en muchos raya en el fanatismo anti K. Si en verdad su presencia fuera del 40%, las posibilidades de reelección de Macri serían muy altas, pero insisto en que no lo considero real.

Asís en su espacio en Animales sueltos, viene hablando desde hace bastante de una división social en tercios: dos son estables: los que votan a Macri y los que votan al candidato peronista; el tercero es de los que van y vienen (incluyo a los que llegan preguntando a la fila del Comicio). Coincido, pero tengo un criterio distinto sobre las proporciones: creo que los dos primeros son de un 25% cada uno, con lo que totalizan el 50% de la sociedad. Claro que hay un margen de error, y nunca pretendí una caracterización demasiado precisa, sino una visión general de la sociedad.

Por lo tanto, la mitad de la sociedad no tiene definido su voto, y, en muchos casos, tampoco tiene criterios claros para hacerlo. Normalmente, está a merced de diversas influencias, porque no sabe nada –o muy poco- de política, e inclusive la desprecia. Está claro que de allí salieron muchos votantes de Cambiemos, y que es adonde apuntan todos los esfuerzos preelectorales -sí, ya- que se despliegan por Argentina. Evidentemente, ser Gobierno otorga muchas ventajas, sobre todo a éste, que cuenta con muchos medios amigos, y con un equipo que maneja las redes sociales con eficacia, y con poquísimos escrúpulos. También se han preocupado en presentar un relato pos verdadero convincente que instale el argumento de que algo es verdadero porque lo escuché en TN, en Intratables, y porque tengo varios posteos de Facebook que me lo confirman.

A esta descripción demasiado breve de los votantes indefinidos, se suma un factor nada novedoso, pero revitalizado en la política. Hablo de la “guerra jurídica” (Lawfare), una palabra inglesa, que es una contracción gramatical de las palabras “ley” (Law) y “guerra” (warfare), esta última para describir una forma de guerra asimétrica. “Guerra jurídica” es usado para caracterizar el uso ilegítimo interno (también en el derecho internacional) con la intención de dañar a un oponente, consiguiendo así vencerlo electoralmente, o paralizarlo financieramente, o maniatarlo para que no pueda perseguir a alguna empresa ilegal, o presentar su candidatura a cargos públicos. Si alguien tiene duda de que esto sucede, y para no irnos muy lejos en el tiempo y el espacio, vea los procesos de destitución de Lugo en Paraguay y de Dilma Roussef en Brasil, solo como ejemplo, porque la lista es larga. Esto forma parte de la campaña del macrismo, y, es obvio el ejemplo de “Los Cuadernos de Centeno”, con los que nos han fatigado los medios amigos del Gobierno y cataratas de tuits y posteos de los trolls que conduce Marcos Peña, y que pagamos todos y todas.

Sin embargo, se pueden analizar otras variables con vista al 2019. Personalmente, la que me parece más determinante -y preocupante- es la del proceso económico. En Desafío 20.18, Zlotogwiazda consultaba sobre que, si el Gobierno lograba estabilizar más o menos la economía, Cambiemos tendría chances electorales. Hubo respuestas diversas, pero quiero hacerles conocer la mía, desde mi larga experiencia de la militancia política, y, sobre todo, desde la supervivencia azarosa en nuestra querida Argentina.

En primer lugar, aclaro que no quiero que haya otra crisis, porque ya he vivido todas las que necesito, y me sobran (para no hacerla larga, cuenten desde el Rodrigazo para acá). Sin embargo, no veo fácil la situación. Carlos Melconian dice: “Se está criando de a poquito el primo hermano del monstruo (las Lebacs, aclaro yo). Guarda, no te las vas a poner de sombrero a las Leliq”. Las Letras de Liquidez (Leliq) son el instrumento financiero del Banco Central para secar la plaza de pesos, que es la estrategia monetarista acordada con el Fondo Monetario Internacional, y que se ha puesto en marcha en esta última (más desgraciada todavía que las anteriores) etapa de la pésima gestión económica del Gobierno.

Es cierto, bajó el dólar dentro de este marco de timba financiera a que se ha reducido la política económica, pero hay que repetir el viejo refrán del remedio y de la enfermedad. Solo pondré un par de observaciones: primera, la tasa de interés de referencia que genera el proceso de las Leliq para chupar pesos del mercado sube un punto por día (hoy cerró en el 74%), y son catorce puntos porcentuales desde que se fue Caputo; segunda, contabilicemos el costo de recuperar las Leliqs que están llenando los Bancos de papeles. Hoy, el stock de Letras es de cerca de 400.000 millones de pesos, y debería llegar casi al doble.

En términos de póquer, el Gobierno, jugado y sin fichas, le pidió ayuda al FMI, y, a cambio, le cedió las atribuciones soberanas para las que fue elegido. Y el Fondo, fiel a su historia -véase Grecia, Siria, y otros ejemplos relevantes-, les (nos) marcó este durísimo camino dantesco.

Es una apuesta terminal: si la baza es ganadora (por llamarla de algún modo), se detendrá la inflación por inanición, y no es una metáfora, los que tienen dólares tendrán que sacarlos porque la plata de los Bancos será carísima, y, en algún momento -entre tres y cuatro trimestres-, empezaríamos a crecer. Si no lo es, como las alternativas son todas malas, y no me da el cuero para imaginármelas, porque voy en el mismo barco, y tengo diez nietos/as y una bisnieta, me las ahorro, y oro pro nobis (de verdad, lo hago todos los días).

Ahora bien, se podría hacer un tercer análisis: supongamos que empieza a funcionar en un lapso razonable, ¿cómo va a estar la Argentina en que vivimos?

Es como la retirada de Alemania de Rusia, ¿cuántos vamos a quedar? Pensemos en el rapidísimo deterioro de la estructura productiva y social.

No incorporaré más estadísticas, pero las hay: ¿cuánta gente se agregará a los sin techo que han proliferado en Argentina? Cuándo no haya más suspensiones, ni vacaciones anticipadas, ¿a cuántos más van a echar a la calle? ¿Cuántos van a pasar a comer una por día? ¿Cuántos más van a dejar de pagar créditos UVA o las Escuelas de sus hijos, o las expensas? ¿Cuántos negocios, fábricas y Cooperativas van a cerrar?

Hoy, el Cajero de la Obra Social a la que fui a comprar carísimos remedios, me decía con amarga ironía. Tendremos que ver cómo hacemos para llegar al año próximo, porque estos nos van a llevar puestos a todos. Es cierto, pero hay gente que no puede estar un año sin comer o sin remedios, como muchos jubilados.

Acá se encuentra la división de los votantes con la dura realidad. ¿Qué hará ese 50% indeciso, que está como todos nosotros sufriendo las consecuencias de un ajuste brutal como no había conocido antes? ¿Los votantes de Cambiemos le seguirán fieles, aun con el agua bajo los labios?

Me abruma la incertidumbre: agreguemos la falta de alternativas para los votantes, por lo menos por ahora, y se completa este escenario penoso, lleno de preocupaciones y problemas, cuando no de dolor. La pobreza seguirá subiendo, como todas sus consecuencias.

Sin embargo, una vez más habrá que sobrevivir, no creí que volvería a vivir otra crisis, pero, si es así, habrá que apechugar para sacar a Argentina adelante. Pero con Memoria: hay mucha crueldad que no puede quedar impune.

 

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ADOLFO ARIZA

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