Sin embargo, me pareció que la nota añadía aspectos muy importantes.
Los comento entre líneas.
Ya la bajada o subtítulo nos pone frente al problema que tenemos que enfrentar.
“La forma en que navegamos por las redes fomenta un pensamiento superficial”
Recuerdo un comentario viejo, en relación con las características de Internet, que la comparaba con un vasto océano de pocos centímetros de profundidad. En realidad, no es tan así. Ese océano hoy incluye lo que llamamos “Internet profunda” que contiene unas 500 veces más de información de la que es posible encontrar a través de una búsqueda simple, como las que hacemos habitualmente. Para dimensionar esto, comprendamos que comprende más de 60 millones de sitios web y más de 1.000 millones de páginas.
Los buscadores generalistas que usamos comúnmente se valen de las “arañas” o robots inteligentes que van saltando de una página web a otra siguiendo los enlaces de hipertexto y registran la información allí disponible. El problema es con las páginas que no contienen enlaces o hipertextos y con nuestra discapacidad para hacer análisis más profundos y complejos.
Pero leamos un poco más:
“Nicholas Carr, uno de los autores más críticos sobre el efecto de Internet en nuestra mente, plantea en una entrevista reciente en el diario español El País, que cuando nos conectamos “intercambiamos profundidad por amplitud, contemplación por estimulación”, creando desbalances y sesgos en la información que procesamos, con repercusiones individuales y colectivas importantes.”
Sin embargo, los párrafos claves son los siguientes:
“Las redes sociales responden a un diseño industrial de manejo de la información, que privilegia la cantidad y la velocidad de “transmisión” de esta, por sobre la calidad, diseño que se alinea a los principios de eficiencia del cerebro. No obstante, estas no son las condiciones que el cerebro requiere para procesar los fragmentos de información que recoge y convertirlos en conocimiento, estimulando un pensamiento profundo y crítico. La evidencia es abundante: la forma en que navegamos por las redes fomenta un pensamiento superficial, y no promueve el pensamiento conceptual. Paradójicamente, los medios digitales, fuentes vastas de información, no nos están ayudando a conocer más o mejor.
Recordemos que las redes sociales fueron creadas para conversaciones superficiales, sin embargo, hoy, por una mezcla de “pereza personal y manipulación empresarial”, se han convertido en el espacio para el debate público de todos los temas, sustanciales o banales. Políticos, agencias publicitarias (incluyendo las redes), y cualquier grupo interesado en promover su agenda particular, aprovechan este diseño para exaltar “la emoción sobre la razón y el pensamiento grupal por encima del crítico” (de nuevo Carr). Así, las redes actualmente son un fecundo (y barato) medio de propaganda y desinformación.”
Ahora bien, personalmente encuentro muchísimo material en Internet, y utilizo buscadores generalistas, pero mi formación conceptual tiene otro origen y desarrollo. Tiene que ver con mis estudios humanísticos –en gran manera, el latín-, y mi interés por el uso de la tecnología y por varios otros temas, como la geopolítica.
Sería absurdo reclamar una formación como esa, porque han cambiado los estudios superiores, y no para mal, pero hay que desarrollar estrategias que nos permitan un mejor conocimiento y comprensión de la realidad.
No podemos dejar de relacionar la situación que describe Carr con la banalización de la vida cotidiana. Hay una frase acuñada que hablaba de la “tinellización” de la vida, como un intento de descripción de la superficialidad, y muchas veces, del mal gusto que va invadiendo la cotidianeidad que nos rodea.
El coaching político insiste en que no se diga mucho, que a la gente no le interesan los discursos. Durán Barba habla de redes sociales, mensajes sencillos, poco discurso y mucho análisis de encuestas, lo cual supone la discapacidad de la mayoría para analizar discursos más complejos. Esto pasa en muchos lugares, y Trump es un claro ejemplo de ese modo de hacer política.
En ese contexto y en medio de un enorme –y perjudicial- proceso de concentración económica, se comprende que estas características de Internet hayan sido usadas de una manera negativa e influyen en el avance hacia este tipo de “analfabetismo” que plantea la autora.
La conclusión de la nota es terminante:
“Las tecnologías no tienen vuelta atrás en la sociedad, y sin duda han demostrado su enorme potencial, pero es fundamental entender a qué nos enfrentamos, para orientar el uso adecuado de estas poderosas herramientas. La gente más joven es especialmente vulnerable pues aún no ha terminado de desarrollar su pensamiento crítico y las herramientas de la lógica para discernir. Incluso la población adulta debe ser guiada hacia un uso de las tecnologías que estimulen la construcción de conocimiento y disminuya el riesgo de manipulación.”
Si no podemos confiar demasiado en los poderes económicos y políticos para revertir la situación, porque son, en gran manera, responsables del problema, estamos frente a una opción de hierro. Es cierto que hay una opinión creciente que cuestiona esta realidad, y varias organizaciones que la enfrentan, pero de última, si cada uno de nosotros no toma conciencia de la situación, y decide enfrentarla en la vida personal y familiar, será difícil que la escuela pueda hacerlo porque tendría que ir contra la voluntad de sus alumnos/as.
POR ESO SUBÍ ESTA ENTRADA PARA COLABORAR EN QUE HAYA MÁS GENTE QUE TOME LA BANDERA EN ESTA LUCHA DESIGUAL, Y TRABAJE PARA QUE PODAMOS RECOGER MÁS Y MEJOR INFORMACIÓN, “ESTIMULANDO UN PENSAMIENTO PROFUNDO Y CRÍTICO”
Leda Muñoz García
Leda Muñoz es catedrática de la Universidad de Costa Rica y cuenta con más de 35 publicaciones científicas y académicas. Actualmente es la directora ejecutiva de la Fundación Omar Dengo.
EL TIEMPO, mejor, desagregando lo que quiero trabajar hoy: Cronos (Κρόνος), Kairós (καιρός) y Aión (Aἰών).
Están las referencias en griego porque desde Grecia nos llegaron estos dioses:
CRONOS es el hijo menor de Urano y Gea. Padre de Zeus y sus hermanos. Fue considerado dios del “tiempo humano”, es decir, los calendarios, las estaciones y las cosechas.
Era el dios de las Edades (desde la Dorada hasta la de Bronce) y del zodiaco. Permaneció como el dios remoto e incorpóreo del tiempo que rodeaba el universo, conduciendo la rotación de los cielos y el eterno paso del tiempo.
KAIRÓS representa algo diferente del tiempo habitual, Cronos. El tiempo de Cronos es lineal. Es el tiempo que pasa y se va consumiendo. Pero Kairós es el momento en el que algo importante sucede. Su significado literal es el “momento adecuado u oportuno”, la oportunidad para que se concrete algo importante.
AIÓN es el tiempo de la vida, para Platón designa la intensidad del tiempo de la vida humana, una temporalidad no sucesiva ni numerable, sino intensiva. Se lo representa como una serpiente que se muerde la cola y que nos indica el eterno retorno, es el tiempo circular. Surge primero en la mitología fenicia; aparece como niño y al mismo tiempo como anciano: un tiempo sin tiempo.
Cada uno tiene sus cosas. El tiempo lineal (Cronos) engendra vida, pero hay que sobrevivir a su voracidad. El tiempo de la inspiración (Kairós) es inestable; aparece y en un instante desaparece. Y si no entendemos el tiempo circular en su esencia (Aión), podemos confundirnos y repetir eternamente algo que nos daña.
¿Por qué me interesaron estos temas? Porque estuve trabajando con mi terapeuta estos conceptos en relación con buscar mayor y mejor conciencia de mí mismo, de salir del tiempo lineal, que corre por su cuenta, sin que podamos intervenir de alguna manera.
Justamente Valeria, mi querida psicóloga, me hace aportes muy importantes:
“El aión es el tiempo fuera del tiempo. El tiempo de la conciencia pura o el ser creador. O el tiempo sin tiempo, sólo existencia.
El Kairós es el tiempo de la vivencia dentro del Cronos
A mayor conciencia de uno mismo, más podés estar en Kairós. Es lograr más Kairós para controlar Cronos.”
Diré algo obvio: la enormidad del pensamiento griego que nos propuso cosas como ésta: la comprensión y el uso del tiempo.
No entraré en el tema de la naturaleza física del tiempo que es abordada por la relatividad general con respecto a los eventos en el espacio-tiempo, pero sí en el tiempo en la Literatura, que es como decir la vida.
Es un tema de siempre. Solo citaré a Borges: “Y no comprendo cómo el tiempo pasa, yo que soy tiempo y sangre y agonía.” (Adrogué)
Precisamente, leyendo cosas sobre este tema, encontré la mención un cuento de Julio Cortázar: El perseguidor, que integra Las armas secretas, que es su tercer libro de cuentos, publicado en 1959 por la Editorial Sudamericana.
La colección incluye: Cartas de mamá, Los buenos servicios, Las babas del diablo, El perseguidor y Las armas secretas.
Hablemos de El perseguidor
“La historia se desarrolla en las noches insomnes del París de los años 50′. El protagonista principal, Johnny Carter, saxofonista de jazz al que le gustaba la marihuana y con una percepción del mundo y del espacio-tiempo muy particulares, se basa en la figura de Charlie Parker que fue uno de los mejores saxofonistas norteamericanos.” (Wikipedia)
El otro protagonista es Bruno, crítico de jazz, que ha escrito la biografía del músico (que se vende muy bien), y que lo acompaña en su vida desordenada, llena de instantes brillantes, cuando su saxo le permite creaciones inigualables, o de caídas anímicas, entre el alcohol y la marihuana.
¿Cómo se menciona al tiempo en el cuento?
“Y justamente en ese momento, cuando Johnny estaba como perdido en su alegría, de golpe dejó de tocar y soltándole un puñetazo a no sé quién dijo: “Esto lo estoy tocando mañana”, y los muchachos se quedaron cortados, apenas dos o tres siguieron unos compases, como un tren que tarda en frenar, y Johnny se golpeaba la frente y repetía: “Esto ya lo toqué mañana, es horrible, Miles, esto ya lo toqué mañana”, y no lo podían hacer salir de eso, y a partir de entonces todo anduvo mal, Johnny tocaba sin ganas y deseando irse (a drogarse otra vez, dijo el técnico de sonido muerto de rabia), y cuando lo vi salir, tambaleándose y con la cara cenicienta, me pregunté si eso iba a durar todavía mucho tiempo.”
Así describe Johnny su infancia: “Cuando el maestro me consiguió un saxo que te hubieras muerto de risa si lo ves, entonces creo que me di cuenta en seguida. La música me sacaba del tiempo, aunque no es más que una manera de decirlo. Si quieres saber lo que realmente siento, yo creo que la música me metía en el tiempo. Pero entonces hay que creer que este tiempo no tiene nada que ver con… bueno, con nosotros, por decirlo así.”
Más allá de su camino inexorable hacia su destrucción personal, Johnny va y viene por su tiempo y el de los demás.
“Apenas un minuto y medio por tu tiempo, por el tiempo de ésa –ha dicho rencorosamente Johnny–. Y también por el del metro y el de mi reloj, malditos sean. Entonces, ¿cómo puede ser que yo haya estado pensando un cuarto de hora, eh, Bruno?
¿Cómo se puede pensar un cuarto de hora en un minuto y medio? Te juro que ese día no había fumado ni un pedacito ni una hojita –agrega como un chico que se excusa–. Y después me ha vuelto a suceder, ahora me empieza a suceder en todas partes. Pero –agrega astutamente– sólo en el metro me puedo dar cuenta porque viajar en el metro es como estar metido en un reloj. Las estaciones son los minutos, comprendes, es ese tiempo de ustedes, de ahora; pero yo sé que hay otro, y he estado pensando, pensando…
…
–Bruno si yo pudiera solamente vivir como en esos momentos, o como cuando estoy tocando y también el tiempo cambia… Te das cuenta de lo que podría pasar en un minuto y medio… Entonces un hombre, no solamente yo sino ésa y tú y todos los muchachos, podrían vivir cientos de años, si encontráramos la manera podríamos vivir mil veces más de lo que estamos viviendo por culpa de los relojes, de esa manía de minutos y de pasado mañana…”
Claro, el mundo de El perseguidor es complejo, es disruptivo. Las armas secretas se publica entre Bestiario y Rayuela, la terrible novela de Cortázar, la “contranovela”, con todas sus maneras de ser leída. En El perseguidor ya está Rayuela, y Johnny prefigura a Oliveira. No es casual que eligiera a un saxofonista.
“El jazz, y la música en general, es una especie de presencia continua en lo que yo escribo”, dijo alguna vez Cortázar.
“El poeta es ese que no se conforma con este lado de las cosas, sino que él busca el otro lado. A veces lo encuentra, a veces no” afirma Cortázar en la entrevista de Joaquín Soler Serrano (“A Fondo”, 1977).
El perseguidor es terrible, porque, además, nos persigue a nosotros.
“Es curioso, ha sido necesario escuchar esto, aunque ya todo convergía a esto, a Amorous, para que yo me diera cuenta de que Johnny no es una víctima, no es un perseguido como lo cree todo el mundo, como yo mismo lo he dado a entender en mi biografía (por cierto, que la edición en inglés acaba de aparecer y se vende como la coca– cola). Ahora sé que no es así, que Johnny persigue en vez de ser perseguido, que todo lo que le está ocurriendo en la vida son azares del cazador y no del animal acosado. Nadie puede saber qué es lo que persigue Johnny, pero es así, está ahí, en Amorous, en la marihuana, en sus absurdos discursos sobre tanta cosa, en las recaídas, en el librito de Dylan Thomas, en todo lo pobre diablo que es Johnny y que lo agranda y lo convierte en un absurdo viviente, en un cazador sin brazos y sin piernas, en una liebre que corre tras de un tigre que duerme.”
Fue un enorme impacto en mí, mucho como estudioso de la literatura, pero mucho más, como lector.
Es paradójico que este cuento de Cortázar sea realista, cuando venía de escribir Bestiario y Final del juego, colecciones de cuentos fantásticos.
Tal vez le importaban otras cosas: hay mucho de autobiográfico en el cuento. Cortázar buscaba lo intersticial, como hacía Johnny con la música. Él es el perseguidor, y nos persigue a nosotros, los lectores, porque quiere que también seamos creadores, junto con él, en la lectura.
En el blog citado arriba definí a lo intersticial como una “entrevisión universal que se filtra por los poros o intersticios de la realidad cotidiana en circunstancias bastante especiales, y a través de la cual percibimos mundos que están en el trasfondo de nuestro medio habitual.”
“El pasaje intersticial funciona en toda la obra de Cortázar como metáfora de la búsqueda, la apertura y la libertad humana, sirve de vínculo, otra vez, entre las distintas instancias semióticas. (La vuelta al día en ochenta mundos: La teoría del camaleón, GRACIELA BATARCE BARRIOS).
Creo que en estos comentarios se hace evidente que El perseguidor nos pone frente a una parte esencial de Cortázar; inclusive este cuento es menos complejo –supongamos- que Rayuela. Tal vez, si alguien no ha leído nada de este escritor, sería recomendable no empezar con este cuento tan profundo, tan amplio, y leer alguna de las otras colecciones: Bestiario, Todos los fuegos el fuego, que nos introducirán a unos de los mejores cuentistas que haya conocido en lengua castellana.
Alguien podría preguntarse por la relación entre el planteo inicial de esta entrada y el cuento.
Justamente, tiene que ver con lo que escribí al comienzo sobre Cronos, Kairós y Aión.
Me pareció que sobre el tiempo lineal no tenemos mucho para hacer. Las agujas del reloj seguirán girando siempre, hagamos lo que hagamos, tal vez por eso decía Borges que no comprendía “cómo el tiempo pasa”.
Aión tiene que ver con nuestra capacidad de entender lo esencial del tiempo.
Pero, Kairós es el tiempo que está en nuestras manos, el que nos permite encontrar las oportunidades de realizar lo que queremos o soñamos. Es la brecha hacia lo importante, hacia el paraíso anhelado.
Por ejemplo, Celina en Las puertas del cielo en la milonga, encontrando un pasaje hacia un mundo en el que es feliz.
De última, Johnny busca, como las mariposas vuelan hacia la luz que las destruirá, ese pasaje. Cuando lo encuentra, su música estalla, inigualable.
Elegí esta actitud extrema de Johnny porque era un ejemplo perfecto y terrible de Kairós. También porque permite comprender en la esencialidad a ese escritor tremendo que es Cortázar.
Pero también me sirve para mi vida, y para la de Uds.
Tenemos que tomar conciencia de la presencia –dentro del devenir del Cronos- de la posibilidad de encontrar nuestro Kairós. Es cierto que es inestable, que va y viene, pero, si lo buscamos siempre, como necesidad básica de la vida, las oportunidades aparecerán, y en cada una de ellas, el intersticio hacia nuestra felicidad.
Estaba apagando la computadora, y vi de pasada el título de abajo en Página 12, sin dudar lo ubiqué porque tiene que ver con un tema que he tocado más de una vez: el poder de las corporaciones y el modo en que están llevando a la humanidad al abismo.
“El economista griego y ex ministro de Finanzas de Grecia Yanis Varoufakis publicó “El tecnofeudalismo se está apoderando” (mejor, tomando el control), en Project Syndicate, texto que permite profundizar el análisis acerca de lo que está pasando en la economía con la expansión de las corporaciones.
Es un interesante aporte para eludir análisis rústicos que circulan y para escapar de las vulgaridades de la secta de economistas ortodoxos. Varoufakis afirma que “así como el capitalismo desplazó al feudalismo de forma gradual, subrepticia, hasta que un día la mayor parte de las relaciones humanas se basaron en el mercado y el feudalismo fue barrido, el capitalismo actual está siendo derrocado por un nuevo modo económico: el tecnofeudalismo”.”
Se refiere a un proceso que ha hecho que los gigantes tecnológicos tengan tanto dinero en efectivo que puedan hacer prácticamente lo que quieran sin que les importen los sistemas tradicionales de control del sistema capitalista, como los Bancos Centrales.
Así lo explican:
“El estudio del FMI describe que las empresas con mayor poder de mercado responden menos a las acciones de la política monetaria debido a que contabilizan ganancias abultadas.
Esas utilidades, que se incrementaron pese a la tragedia de la pandemia o, para ser precisos, las aumentaron gracias a la pandemia, hacen que esas empresas sean menos sensibles a los cambios en las condiciones de acceso al financiamiento por decisiones de las bancas centrales.
Esos economistas fondomonetaristas ponen por ejemplo que, en marzo de 2021, Apple tenía más de 200.000 millones de dólares en efectivo y en inversiones en acciones y bonos, mientras que Alphabet (Google) tenía más de 150.000 millones de dólares.”
Podemos comprobar esta expansión de las plataformas digitales sin llegar a esos ejemplos enormes, miremos la proliferación y competencia de las plataformas –en gran medida transnacionales- a nuestro alrededor en diversos rubros: transporte de pasajeros, deliveries, inversiones, educación, comercio.
Está claro que han contribuido en la concentración del poder corporativo en detrimento de empresas pequeñas, o emprendedores personales, como son los taxistas frete a Uber y a Cabify, por ejemplo.
Piensen que, en cierto momento, no se podía ni ubicar en Buenos Aires al responsable de Uber que representaba a una plataforma internacional sin problemas en invertir a pérdida el tiempo que haga falta hasta que sus competidores se fundan y desaparezcan y quedar dueños del mercado.
También colaboran en la precarización del trabajo. Pensemos en los que hacen delivery: los llaman emprendedores, pero tienen que poner su vehículo, ni tienen cobertura social y laboral.
No es loco rescatar el término feudalismo: hay un retroceso de las condiciones, no solo laborales, sino de vida. Esto se acentuó con la pandemia, pero no para todos:
“La pandemia dejó al descubierto la actual fase histórica del capitalismo concentrado cuando, por primera vez, una extraordinaria crisis económica-financiera global no afectó en forma negativa el negocio bursátil.
Por el contrario, el índice promedio de las principales bolsas mundiales está en niveles record, mientras las economías se derrumbaron y están tratando de recuperar lo perdido, la desocupación se ha disparado y el drama sanitario y social ha sido fulminante.”
Los ricos se hicieron más ricos. Oxfam Internacional dice: “La recesión ya ha acabado para los más ricos. Desde el inicio de la pandemia, la fortuna de los 10 hombres más ricos del mundo ha aumentado en medio billón de dólares, una cifra que financiaría con creces una vacuna universal para la COVID-19 y que garantizaría que nadie cayese en la pobreza como resultado de la pandemia. Al mismo tiempo, la pandemia ha desencadenado la peor crisis laboral en más de 90 años, y cientos de millones de personas se encuentran subempleadas o sin trabajo.” (https://www.oxfam.org/es/notas-prensa/los-mega-ricos-han-recuperado-las-perdidas-ocasionadas-por-la-pandemia-en-un-tiempo)
Ahora bien, hay un hecho importante para analizar: a pesar del esfuerzo de las propagandas en contra del Estado que han desarrollado los neoliberales en Argentina (y en toda América Latina) estigmatizando los populismos (con poca seriedad y respaldo académico), el Estado ha salido fortalecido en la visión de la sociedad.
Hasta The Economist lo plantea (“Después de la enfermedad. El largo adiós a la covid-19): “… durante la pandemia, los gobiernos han sido el principal canal de información, los que establecieron las reglas, fueron la fuente principal de dinero en efectivo y, finalmente, se han convertido en los proveedores exclusivos de vacunas.
Calcula que los Estados de los países ricos pagaron 90 centavos por cada dólar de producción perdida.”
Por eso importa no dar valor a la oposición argentina y los medios aliados (plataformas de comunicaciones que concentran la mayoría de las empresas locales) que militan una versión atrasada de la realidad. El Estado es el único que puede enfrentar a esas corporaciones que parecen modernas, pero que nos acercan a ese feudalismo que denuncia Zaiat.
Si no lo creen, vean lo que ha hecho Biden:
“El gobierno demócrata de Joe Biden decidió intervenir en este escenario de expansión económica y de poder de las corporaciones.
El 9 de julio pasado, Biden firmó una orden ejecutiva (decreto) con 72 medidas que busca limitar el poder de las grandes compañías para que bajen los precios de los productos y aumente la competencia.
Los sectores alcanzados van desde tecnología y transporte hasta salud y bancos, pasando por la agricultura y el negocio farmacéutico.
Biden quiere reforzar la aplicación de las leyes antimonopolio para combatir “prácticas anticompetitivas”. Apunta, por ejemplo, a las fusiones o adquisiciones, algo común entre gigantes tecnológicos como Facebook, Google, Apple y Amazon.
El objetivo expuesto por Biden es potenciar una mayor competitividad en la economía estadounidense, así como lograr “precios más bajos y aumentos de salarios”.
“No más tolerancia a las acciones abusivas de los monopolios. No más fusiones perversas que conducen a despidos masivos, precios más altos y menos opciones para los trabajadores y consumidores”, afirmó Biden.”
La recuperación de la economía que ha comenzado en Argentina tiene mucho que ver con las medidas que ha tomado el Estado, a pesar del daño que generado la pandemia, como en el resto del mundo.
La conclusión de la nota es lo que quiero resaltar porque es la clave, y es lo tenemos que entender:
“El desafío para economías periféricas como la argentina, en este mundo en transformación y de pospandemia, es no caer en las trampas de recetas tradicionales de la ortodoxia, y encontrar espacios para el desarrollo nacional entre las fisuras de esta nueva y compleja etapa de la globalización.”
Me parece que queda en claro lo que podemos hacer, y que siempre han sido los objetivos de mis entradas: comprender la realidad y tomar la mejor decisión posible para nuestro país y sociedad.
No naturalicemos estas prácticas abusivas como que “el mundo ahora es así”, aunque es cierto: es así porque las corporaciones que se enriquecen, mientras el mundo se empobrece, hacen lo que le conviene a su poder concentrado, aunque tengan que desforestar la Amazonía.
Lo que intenta Biden en EEUU, es lo que hay que hacer acá, de la mejor manera posible, y como sociedad debemos apoyarlo y votar al que nos asegure esa vocación porque es lo que nos conviene.
Lean la nota entera, Zaiat escribe, en general, buenas notas, y esta lo es.
Estaba leyendo un libro que recomendó Alejandro Bercovich en “Brotes verdes”, se llama ¡Contrahegemonía ya!, de Nancy Fraser (Siglo veintiuno, 2019), cuyo subtítulo es Por un populismo progresista que enfrente al neoliberalismo. En esa tarea, me encontré en el Dipló con una entrevista al brillante Álvaro García Linera, ex vicepresidente de Bolivia acompañando a Evo Morales (2006-2019) (https://www.eldiplo.org/notas-web/hoy-el-neoliberalismo-es-el-defensor-de-un-mundo-en-retroceso-no-un-constructor-de-futuro/).
De ambas lecturas surgió la posibilidad de volver a presentar una nueva entrada sobre el tema del neoliberalismo sobre el que ya hecho algún aporte.
Desde hace un buen tiempo se viene anunciando, desde más de un sector, el fin del neo liberalismo, en parte por sus nefastas consecuencias para el mundo -por lo menos, para más del 90% de él-, en parte por su agotamiento como modelo (¿lo ha sido realmente?) y por las reacciones que ha desatado, como lo vivimos en América Latina (Chile, Colombia, Ecuador son ejemplos cercanos)
Sin embargo, como dice la cita falsamente atribuida a Zorrilla de San Martín; “Los muertos que vos matáis gozan de buen salud”, que no será buena salud, pero la realidad es que este neo liberalismo sigue decidiendo gran parte de nuestras vidas.
Por eso, me resultó interesante la lectura de Fraser. Voy a rescatar algunas de sus afirmaciones:
“A primera vista, la crisis de nuestros días parece ser política. Su expresión más espectacular está aquí mismo, en los Estados Unidos: Donald Trump, su elección, su presidencia y la disputa que la rodea. Pero no faltan situaciones análogas en otros lugares: la debacle del brexit en el Reino Unido; la menguante legitimidad de la Unión Europea y la desintegración de los partidos socialdemócratas y de centroderecha que abogaban por ella; también la bonanza creciente de los partidos racistas y antiinmigrantes en el norte y el centro-este de Europa, más el surgimiento de fuerzas autoritarias, entre ellas algunas que pueden calificarse de protofascistas, en América Latina, Asia y el Pacífico. Nuestra crisis política, si de eso se trata, no es solo estadounidense, sino global.” (Op. Cit., p. 21, 22)
Me pareció una buena y sintética descripción de la situación global, que no deja dudas sobre la existencia, no nueva, pero sí, acentuada, de la situación de crisis.
Fraser amplía su afirmación, y nos pone frente a otro rasgo de la realidad actual:
…todos estos fenómenos tienen una característica en común. Todos implican un debilitamiento drástico, si no, un liso y llano derrumbe, de la autoridad de las clases y los partidos políticos establecidos. Es como si multitudes de personas en todo el mundo hubiesen dejado de creer en el sentido común imperante que apuntaló la dominación política durante las últimas décadas. Como si esas personas hubieran perdido la confianza en la buena fe de las élites y buscaran nuevas ideologías, organizaciones y liderazgos.” (p. 22)
La cita que voy a hacer ahora contiene, tal vez, lo más terrible, porque no es solo lo que ha pasado y/o está pasando, sino lo que puede pasar, siempre que no acertemos en lo que ella llama medidas contra hegemónicas:
“Los fenómenos mencionados constituyen la faceta específicamente política de una crisis más amplia y proteica que presenta otros aspectos -el económico, el ecológico y el social- que, tomados en conjunto, dan por resultado una crisis general. Lejos de ser sectorial, la crisis política no puede entenderse al margen de los bloqueos a los que responde en otras instituciones, aparentemente no políticas. En los Estados Unidos esos bloqueos incluyen la metástasis de las finanzas; la proliferación de “McEmpleos” precarios en el sector de servicios; el incremento imparable de la deuda de los consumidores para permitir la compra de baratijas producidas en otros lugares; el crecimiento conjunto de las emisiones de dióxido de carbono, los climas extremos y el negacionismo de la crisis climática; el encarcelamiento masivo de personas de determinadas categorías raciales y la violencia policial sistémica, además de un estrés en aumento que afecta la vida familiar y comunitaria, debido en parte a la prolongación de la jornada laboral y la disminución de las ayudas sociales. En conjunto, estas fuerzas socavan desde hace algún tiempo nuestro orden social sin producir un terremoto político. Ahora, sin embargo, todo puede suceder. En el extendido rechazo hacia la manera habitual de hacer política, una crisis sistémica objetiva ha encontrado su voz política subjetiva. La faceta política de nuestra crisis general es una crisis de hegemonía.” (p. 23, 24)
Si leemos con cuidado, veremos que esos “bloqueos” también se dan por estos lares. ¿O no encontramos deliverys en moto o bicicleta por todos lados? ¿No son McEmpleos? ¿Uber, Cabify?
Me resultó interesante la siguiente afirmación:
“Al menos desde mediados del siglo XX, la hegemonía capitalista se forjó en los Estados Unidos y en Europa mediante la combinación de dos aspectos diferentes del bien y la justicia: uno centrado en la distribución, otro en el reconocimiento. El aspecto distributivo indica cómo la sociedad debería asignar los bienes divisibles, en especial el ingreso. Este aspecto remite a la estructura económica de la sociedad y también, aunque de manera indirecta, a sus divisiones de clases. El aspecto del reconocimiento expresa cómo la sociedad debería atribuir el respeto y la estima, que son las marcas morales de la pertenencia y la integración.” (P. 25)
Los dos aspectos que subrayo me parecen una manera clara de comprender cómo actúa el neoliberalismo, en cualquiera de sus variantes. El problema es que, al final, más allá de las declaraciones edulcoradas con que quieren vendérnoslas, han terminado en financiarización y meritocracia.
O sea, destrucción de la industria y todo lo que agrega valor a los productos básicos que necesitan los países centrales y sus corporaciones y profundización de las actividades especulativas que enriquecen al 1% dueño de la mayoría de las riquezas del mundo.
O sea, reducción de las oportunidades para gran parte de la sociedad, sin educación ni salud públicas, y trasladar la responsabilidad del fracaso individual a la falta de entusiasmo y comprensión de cómo se triunfa en este mundo duro.
Afortunadamente, hubo otro modelo –por eso, la descalificación del peronismo, llamándolo populismo para disimular un poquito-, que nos ha dejado educación pública, incluso superior y universitaria, y que hoy, por ejemplo, en Mendoza, los hospitales públicos ofrezcan mejor atención que la mayoría de las clínicas privadas.
Es el mismo modelo que impulsó la Ciencia, la Técnica y la Tecnología que nos permiten tener satélites o producir vacunas y remedios anti covid.
También es el que permitió un desarrollo industrial –todavía insuficiente, y mayormente de industria liviana y media- pero que genera empleo de calidad superior al de los servicios precarizados.
No era mi idea la de extenderme tanto en los textos de Frazer, pero no es fácil analizar brevemente un tema tan importante como éste.
Además, la entrevista de José Natanson a García Linera es un complemento ideal a las afirmaciones de Fraser porque nos acerca nuestra realidad latinoamericana de hoy y hacia el futuro.
Seleccionaré algunas respuestas de G. Linera que me parecen un aporte a nuestra comprensión del mundo en el que vivimos y en el que podremos vivir.
“… ¿Cómo describirías la situación de América Latina hoy?
Yo no hablaría de un fin del ciclo progresista sino de un proceso por oleadas. En efecto, hubo una primera oleada muy fuerte que comenzó en 1999, en el 2000, y que llevó al poder a una serie de líderes y partidos y movimientos de izquierda. Ya desde 2014, 2015, señalábamos que se venía una ofensiva conservadora, una contraoleada neoliberal, aunque también decíamos que iba a ser muy difícil que permaneciera, que se estabilizara. Y efectivamente desde hace dos o tres años asistimos a un repliegue de esa ofensiva conservadora y un nuevo ascenso de los progresismos.
¿Este nuevo ciclo progresista se va a imponer?
No lo sé, pero no es una resaca del ciclo progresista anterior sino una nueva oleada, algo que conserva parte de lo anterior pero también es distinto. Esto se ve en los cambios de signo político en Argentina, México, Bolivia, Perú, pero también en el ciclo de intensa protesta social que se vive en países como Chile, Ecuador o Colombia. Incluso más allá de los resultados electorales: en Ecuador ganó la derecha, pero eso no significa que esta oleada se haya detenido.
¿Es un progresismo igual al anterior?
… Lo que hay es una expresión fundamentalmente de un hecho político-electoral, no tanto de movimientos sociales o protestas populares. La otra característica de esta segunda oleada progresista es que está liderada por dirigentes moderados. Esto no necesariamente es un defecto; es una cualidad de la época, una cualidad de la estructura progresista. No estamos ante liderazgos carismáticos y excepcionales como antes.
¿Los casos de Alberto Fernández y Luis Arce nos permiten hablar de un “progresismo por delegación”?
Es una cualidad de las estructuras progresistas, de su capacidad para leer la época y adaptarse, encontrar dirigentes acordes al momento. Son dirigentes que tienen otra manera de llevar adelante las cosas, son menos arriesgados, pero porque no son resultado, como antes, de un proceso casi insurreccional, sino básicamente porque surgen de procesos electorales, en algunos casos muy condicionados.
¿Qué tienen enfrente?
Fuerzas conservadoras radicalizadas. El contraoleaje conservador que se inicia en 2014-2015 no es un neoliberalismo triunfante, bonachón, optimista, como podía ser el de los 90. Es un neoliberalismo rabioso, que carga un discurso más racializado, menos pluralista, más violento. Incluso capaz, en países como Bolivia, de un discurso y una acción golpistas. Aunque en algunos países ensaye posturas más moderadas, con los años vamos viendo que la derecha deja el centro y se acerca a la extrema derecha, abandona el centro, tanto en lo económico como en lo político y cultural. Es una novedad.
¿A qué atribuís este giro a la derecha de la derecha?
A que surge en un momento de declive histórico planetario de las hegemonías neoliberales, lo que no quita que puedan volver a ganar elecciones, a veces al filo de las posibilidades, como en Ecuador, desatando emotividades cada vez más primarias, acciones cada vez más autoritarias. Esto ayuda a entender algo que habíamos previsto sobre la contraoleada conservadora. Decíamos que iba a ser temporal, porque estaba claro que el mundo neoliberal estaba en un tiempo de declinación moral e ideológica, estaba dejando atrás el optimismo histórico, ya no entusiasmaba. Hoy el neoliberalismo se presenta solo como defensor de un mundo en retroceso, no como constructor de futuro, como en los 90. Ese discurso se desvaneció y entonces la contraoleada era necesariamente de pies cortos, de miradas cortas, porque el neoliberalismo actual es un neoliberalismo cansado, con signos de decrepitud.
¿El contexto histórico entonces ayuda a este nuevo ciclo progresista?
Sí. Estamos en un contexto mundial más favorable. Muchos de los temas que discutíamos en América Latina en 2007, 2008 o 2009 son los temas que se discuten en Estados Unidos y Europa: el rol del Estado, la necesidad de construir ciertas redes de protección, cierto nacionalismo económico que proteja el mercado interno. Son temas que inició el progresismo latinoamericano y que ahora encuentran un ambiente mundial más tolerante.
¿La agenda tiene que ser la misma que en los años 2000?
Por un lado, sí, porque muchos problemas permanecen e incluso se han agravado a partir de la llegada de fuerzas conservadoras y de la crisis económica de la pandemia. Pero también hay que incorporar nuevas miradas, agendas y temas. El progresismo de la primera oleada fue encontrando un límite, mostrando contradicciones, debilidades. Este nuevo ambiente mundial más favorable a los temas progresistas le puede brindar una renovación de su agenda, algo así como un nuevo conjunto de transformaciones y reformas.
…
Pienso que deberían ser reformas muy segmentadas por país, más necesarias que nunca por la agudeza de la crisis. Hemos decrecido nueve puntos en los últimos años, retrocedido diez años. No alcanza con volver a hacer lo mismo que antes, que además ya había comenzado a mostrar sus límites. La pandemia jugó un papel catalizador de múltiples crisis. En Bolivia, por ejemplo, el tema sigue siendo el mismo, aunque las medidas sean diferentes. ¿Cuál es el tema que enfrentan los progresismos? De dónde saldrán los recursos para enfrentar la debacle económica, el aumento del déficit, el cierre de la economía obligado por la pandemia, la recuperación de las empresas zombies, la construcción de nuevas redes de protección, el apoyo a los trabajadores. Para salir de la etapa de emergencia va a haber que generar recursos.
… ¿Cuál sería el camino hoy?
Hay que pensar en una segunda oleada de nacionalizaciones, entendida como el control de fuentes de elevados excedentes. Eso, por un lado. Por otro, avanzar en políticas tributarias más audaces; el número de multimillonarios aumentó en América Latina en estos años. Pero la gravedad del hueco, de la crisis en la que estamos, es tan grande que se requieren grandes esfuerzos, intentar que vuelva a la economía la riqueza latinoamericana depositada fuera de los países, a veces en paraísos fiscales. Implementar amnistías tributarias que ayuden a la repatriación o medidas que generen incentivos y obliguen a traer ese dinero. Y, también, un nuevo enfoque en la integración, trabajar en acuerdos comerciales temáticos, puntuales y muy prácticos. En el ciclo anterior tuvimos una mirada de integración, en tiempos de Lula, Evo, Correa, Chávez, Néstor, que logró un acercamiento y coordinación política muy importantes. Pero ahora necesitamos avanzar en cosas concretas y específicas para darle materialidad a la integración. No ya grandes acuerdos sino líneas prácticas, en una, dos o tres áreas, que vinculen cadenas específicas, para fabricar en conjunto una computadora o una máquina o lo que sea. Crear un área, que funcione, y pasar a la segunda, la tercera y la cuarta…
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Futuro abierto…
Un tiempo histórico que no se puede prever. No hay un fin adonde llegar, no hay un futuro claro. La cualidad de este momento es la superposición de ideas, propuestas, elites con opiniones diferentes. Estamos en un período, esperemos que no muy largo, en el que va a haber varias propuestas en disputa, no hay una gran propuesta de largo aliento. Y esto es así porque el nuevo horizonte no se construye sólo en América Latina, se va a constituir a nivel mundial.
…
Entonces esta década va a estar marcada por la incertidumbre, incluso el caos. Los momentos liminares visibilizan el cansancio de la hegemonía neoliberal, aunque aún no tenga sustituto. Por eso muchas sociedades viven este desasosiego, esta situación de incertidumbre y miedo: cuando uno deja de tener un destino ordenado y una imaginación clara de futuro. Esperemos que cuando se abran los corazones y las mentes de la gente el progresismo se imponga. “
Las dos referencias elegidas coinciden en la incertidumbre como rasgo del mundo –como lo ha sido en toda la modernidad, por lo demás- y deberemos aceptar esto, y no angustiarnos, porque para salir de esta situación hacen falta nuestra comprensión de ella, nuestro posicionamiento en una actitud progresista –lo contrario de lo que ha hecho una buena parte de la sociedad urbana mendocina, por ejemplo- y una inquebrantable decisión de avanzar hacia un mundo mejor para nuestros descendientes de toda América Latina.
“En general necesito eso en lo que escribo: conectar con alguna obsesión o pregunta vital para mí que en el texto busco responder”, dice Marcelo Guerrieri para explicar qué lo llevó a escribir Con esta luna, publicada por Tusquets. Buenos Aires, 2021.
Escuché una entrevista a Guerrieri un sábado por la mañana en La conversación, un buen programa radial. Me interesó y conseguí esta novela urbana, que se desarrolla en la Ciudad de Buenos Aires, en un submundo nocturno de taxistas, cafés y personajes casi marginales.
Voy a empezar por presentar al autor, ya que no es tan conocido, y porque hay elementos que son relevantes en la novela. Nació en Lomas de Zamora, en 1973, estudió antropología en la Universidad de Buenos Aires y es profesor en Artes de la Escritura de la UNA (Universidad Nacional de las Artes). Fue alumno del taller literario de Alberto Laiseca y es autor del libro de cuentos Árboles de tronco rojo y de la novela Farmacia (Factotum, 2017).
Con esta luna está originada en una investigación estudiantil, y se nota, porque, a mi criterio, los elementos antropológicos se hacen presentes permanentemente en la novela.
En la contratapa se lee: “Una ficción original y deslumbrante que puede ser leída como relato de aventuras, novela social. narración fantástica, policial negro o todo eso a la vez.” Es correcta la descripción, porque resalta que en la novela aparecen varias maneras de acercarse a esa realidad porteña girando alrededor de un conflicto de novela policial, que se pueden ampliar o desagregar, como intentaré hacerlo.
Como desconozco el tema de investigación que se menciona, aunque Moreira –personaje central, quizá con rasgos autobiográficos del autor- da algunos apuntes utilizables (como que lee El gen egoísta de Richard Dawkins), me puse a pensar en cuál sería la “obsesión o pregunta vital” a la que quiere responder Guerrieri, y por qué eligió ese submundo. Hay elementos propios de la antropología urbana porque en las ciudades se manifiestan con características propias (y diferenciales de las ciudades entre sí) los aspectos sociales, el espacio público, las clases y/o sectores y las variaciones subculturales de un grupo o de varios de los que crecen en las metrópolis.
Dice Alejandro Grimson (Desafíos para las antropologías desde el sur. Intervenciones en estudios culturales, vol. 2, núm. 3, 2016): “Nosotros, los antropólogos, estudiamos generalmente fracciones, mundos o submundos, periferias de las periferias…”.
Veamos cómo es el submundo y los sub submundos de la novela
¿Dónde se desarrolla la novela?
El comienzo es en un bar llamado Córdoba, en Córdoba y Jean Jaurès, frente a la Plaza Monseñor de Andrea, también llamada “La plaza de los Galgos” (así se la menciona en la novela), por la escultura “Los Galgos Rusos”, del artista italiano Giacomo Merculiano, que está en la esquina de Paraguay. Allí se encuentra Moreira, en momentos en que transcurre el final de la votación por la Resolución 125. No voy a desarrollar esta situación, solo recordaré que esta Resolución establecía un sistema móvil de retenciones impositivas a las exportaciones de soja, trigo y maíz que provocó un grave conflicto con el empresariado agro ganadero (con cortes de ruta y movilizaciones incluidas) que terminó el 17 de julio de 2008 cuando en el Senado se rechazó el proyecto de ley sobre las retenciones con el voto negativo (o voto no positivo) de desempate del entonces Vicepresidente de la Nación, Julio Cobos.
En ese bar se formaron bandos a favor y en contra del apoyo o rechazo a la medida entre los taxistas que se reunían habitualmente allí, junto con los pibes del kiosco y los trapitos de la cuadra. En ese lugar se produce el hecho que abre la trama que funciona como eje narrativo de la novela: la desaparición del Jorobado, uno de los taxistas.
Y acá se pone difícil lo genérico que mencionamos arriba:
¿Es una novela policial negra?
Según Wikipedia, es “un tipo de novela policíaca en la que la resolución del misterio no es el objetivo principal y los argumentos son habitualmente muy violentos; la división entre buenos y malos de los personajes se difumina y la mayor parte de sus protagonistas son individuos derrotados y en decadencia en busca de la verdad o, cuando menos, algún atisbo de ella.”
Subrayo lo que me parece que se da en Con esta luna. Hay personajes fracasados en lo personal o en lo familiar, y/o con problemas económicos, en diversas búsquedas sin mayor certeza de éxito. Moreira pasa sus noches allí para escapar de su insomnio y soledad, por ejemplo. Es uno de los varios/as solitarios/as que aparecen en la novela. Se podría seguir con otras vidas fracasadas, pero alcanza con esto.
Sin embargo, la novela tiene estructura de género policial. Se utiliza la observación, el análisis y la deducción para resolver un enigma, que es la desaparición del Jorobado. Moreira es el que asume el rol detectivesco y lo acompañan otros taxistas y Lesli, un personaje femenino muy enigmático porque aparece tomando decisiones claves, que hacen suponer que sabe cosas que no se explican.
Soy un viejo lector de novelas policiales, y pronto atisbé cuál era la explicación del enigma, aunque la trama es compleja y el desenlace, difícil de anticipar.
Sin embargo, hay otros elementos narrativos que me parecen propios de una novela gótica, sobre la que Psicología y mente. Tipos de novela, dice:
“En las novelas góticas se incluyen elementos misteriosos, sobrenaturales y de terror. Beben un poco de novelas fantásticas, las de terror y las de misterio, tratando temas oscuros como la muerte, la decadencia y las tragedias inevitables. Los ambientes más comunes que podemos encontrar en este tipo de novelas encontramos viejos castillos, casas embrujadas, cementerios, iglesias satanizadas…”
Y sí, en un ambiente como éstos transcurre la novela: el bar y la plaza y todo lo que se oculta debajo de ellos. También es así el lugar donde se resuelve el misterio y no está muy lejos, en Andonaegui y Campillo, por Paternal.
No es fácil escribir sobre la novela sin descubrir el conflicto y su desarrollo, por respeto a los lectores. Acá anticipo algo de la conclusión: vale la pena leerla: es interesante, a pesar de la multiplicidad y heterogeneidad de personajes, situaciones, espacios urbanos, símbolos, aportes teóricos (esotéricos, sociales, psicológicos, antropológicos) que podrían diluir el interés de la lectura.
En esta tesitura de presentar la novela sin descubrir su desenlace, indico algo de lo que sucede en ella: aunque ese bar se cierra misteriosamente, allí y en la plaza de enfrente, se desarrollan extraños hechos que ubican a la narración en el mundo de lo maravilloso porque se trata de una leyenda que nació rural, pero que ahora se arraiga en lo urbano: la del lobizón.
Como otras veces me referiré a Todorov, Introducción a la literatura fantástica, 1970. Lo fantástico es el ámbito de la incertidumbre, cuando no sabemos si lo que sucede en la obra es extraño o maravilloso, cosa que puede no suceder nunca como pasa en el cuento La noche boca arriba de Julio Cortázar (Final del juego, 1955), que es claramente fantástico
En cambio, lo extraño se da cuando al final aparece una respuesta racional a lo que sucede (Los crímenes de la Rue Morgue, de Edgar Allan Poe).
Finalmente, en una narración maravillosa sabemos qué ocurre, pero la explicación remite a nuevas leyes que no van de acuerdo a la realidad conocida, como sucede en los cuentos de hadas en los que aceptamos como natural que un sapo se transforme en príncipe.
Hay muchos más elementos maravillosos en Con esta luna. Es el caso de un personaje llamado Trompita. Vive en habitación del playón de la estación de servicio, frente al bar de los “cinéfilos”, donde Córdoba se convierte en Estado de Israel.
La entrada a su habitación está detrás de una pila de cubiertas; allí vive Trompita, así:
“El piso está cubierto por cartones pintados, cosidos entre sí con gruesos hilos rojinegros, que componen una alfombra llena de dibujos de colores. Sobre un círculo en el centro, donde está sentado el gordo que sigue meditando, los cinco continentes, un enorme símbolo de la paz y un «Om» gigante; alrededor, mandalas, laberintos, espirales celtas, constelaciones, cruces solares, un yin yang, un ojo, un taxi alado que vuela hacia una estrella que asoma sobre una luna creciente; fileteados porteños, flores de ceibo, águilas, cintas de Moebius, un kultrún, una porción de pizza.”
En la novela nadie se asombra de eso, es más Trompita es una especie de gurú, o vidente, que guía a Andonaegui –otro taxista- para que encuentre el camino de su vida, o al Jorobado en el momento cúlmine de su vida.
Es extraño el Gato –otro taxista- que anda por los techos a grandes alturas como si fuera un superhéroe y ve el aura de las personas.
Dentro de ese mundo extraño se integran aportes que considero que tienen que ver con la formación antropológica del autor.
Tanto ambientes como personajes tienen valor en ese sentido: en primer lugar, en la caracterización del espacio porque los lugares mencionados son fracciones que funcionan como significantes del submundo mayor: la Capital; en segundo, porque los personajes también son símbolos de una sociedad que aparece tan dividida como la visualizamos hoy. Sin embargo, en esas fracciones se manifiesta ese mundo rico, heterogéneo, de personajes marginales, mezcla de vagabundos e intelectuales, de solitarios y fracasados, esa CABA que, aunque se viaje en taxi o en ómnibus por sus calles, es subterránea y misteriosa, aun inexplicable
Me ha parecido que no siempre esto mejora la narración, aunque, como dije, no llega a descalificar el transcurso narrativo y su interés. Por ahí, hay expresiones con un nivel cultural y/o teórico no adecuado al personaje que lo dice.
Por ejemplo, hay frases de la Bony (una camarera de bar) que me parecen demostrativas de eso, o las de los taxistas cuando la votación. Sin embargo, hay dos situaciones en que me parecen evidentes: cuando están en la plaza, aparecen cuatro parapolicías que los golpean y dicen: “No somos policías, no somos mercenarios. Somos una unidad de control de la ciudad.”
No tienen mayor significado para la narración, así que considero que tienen valor simbólico: son sicarios de una derecha fascista, y esa es su justificación.
Los “cinéfilos” ven películas repetidas y se encarnan en personajes y espectadores que participan de la acción. Cuesta creer su interés en esas películas, con un desfasaje temporal importante. Un ejemplo: “Prisioneros de la tierra es una película en blanco y negro argentina de Mario Soffici, protagonizada por Francisco Petrone y Ángel Magaña. El guion trata de la explotación de los trabajadores de la yerba mate en Misiones y fue escrito por Ulyses Petit de Murat y Darío Quiroga, sobre varios cuentos de Horacio Quiroga. Estrenada el 17 de agosto de 1939.” (Wikipedia)
Los taxistas la viven como un conflicto social real y actual, como si fueran un grupo de intelectuales de izquierda.
Lesli también tiene un valor simbólico, y es un personaje muy interesante, que permite visualizar aspectos profundos de la vida erótica de la sociedad, como también de sus actividades (artísticas, sociales) como un sector de jóvenes independientes, por ejemplo, que consumen cotidianamente marihuana.
Hay varios otros temas que podría mencionar, como el de la música, sobre el que hay muchas menciones. Solo indicaré un par de ejemplos de cantantes o bandas: Creedence Clearwater Revival, Frank Zappa, Bill Evans (lo pide Moreira). Los lectores que más de música de ese tipo, sabrán analizar el tema mejor que yo.
Para terminar, haré un comentario sobre el título, Con esta luna.
Este es el epígrafe de la novela:
«-iCómo morir con sol! Yo creí que iba a ser de noche. Yo te esperaba una noche.
-Siempre es noche, mi hijito. Tan solo el chispazo de un yesquero es ese sol al que te querés aferrar.
Todo es tan solo una noche inmensa.»
Juan Moreira, Leonardo Favio
La última frase del epígrafe marca la tonalidad nocturna de la novela y la oscuridad como su ámbito esencial. La luna llena rompe esa oscuridad más de una vez, sobre todo en el desenlace. Recordemos que los hombres antiguos reverenciaban la Luna y muchas culturas crearon a su alrededor leyendas, como la del hombre lobo. Creo que allí está el origen, pero en esa escena final, tremenda, tan cargada de símbolos, la luna es una parte de un cosmos casi irracional.
En ese acto final, algunos de los presentes –mujeres, taxistas- gritan: -¡Omnia sunt communia!
Esta es una expresión del latín que significa «todo es común» o «todo es de todos», y fue utilizada como grito de batalla por el pastor protestante reformista alemán Thomas Müntzer, una de las figuras más importantes del cristianismo revolucionario, así como uno de los jefes de los rebeldes en la llamada “Guerra de los campesinos alemanes”, aunque originalmente es de Santo Tomás de Aquino
Elegí este ejemplo para terminar la entrada, ya muy larga, para resaltar la cantidad de elementos extraños y diversos que pueblan la novela.
El mismo fin de la novela destaca visualmente este mundo extraordinario, y lo califica: locura.
“«Un cielo disparante», se dice Moreira, «disparante», se repite, y siente que solo una palabra inventada por un chico puede describir toda esa locura que ahora es el cielo, arriba de ellos, entre ellos, mezcolanza de violetas y naranjas entre pedazos de nubes.”
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