OTRA VEZ, PENSEMOS EN EL MUNDO DESPUÉS DEL CORONAVIRUS

OTRA VEZ, PENSEMOS EN EL MUNDO DESPUÉS DEL CORONAVIRUS

En línea con una entrada anterior (EL MUNDO DESPUÉS DEL CORONAVIRUS https://www.miradasdesdemendoza.com.ar/2020/04/06/el-mundo-despues-del-coronavirus/), ando buscando aportes sobre ese mundo todavía lejano, pero incierto y casi impredecible.

Esta nota de Pepe Natanson es una buena lectura en ese sentido de búsqueda, sobre todo desde la geopolítica.

Que les sea útil, a mí me lo ha sido.

Lo imposible

Por José Natanson

© Le Monde diplomatique, edición Cono Sur

EDICIÓN ABRIL 2020 | N°250

La escena ocurrió en el invierno de 1347, en el inicio de la peste negra, la epidemia que asoló Europa, Asia y el Norte de África cobrándose, según los relatos más fiables, unos 20 millones de vidas. Liderados por Jani Beg, que había heredado el trono de su padre tras asesinar a sus dos hermanos, hordas de mongoles recientemente islamizados asediaban el puerto genovés de Caffa, hoy Feodosia, en el Mar Negro, en busca de las riquezas de una ciudad que recibía unos 200 barcos diarios repletos de mercancías. Frente a la obstinada resistencia de los sitiados y ante la evidencia de que sus propias tropas estaban cayendo víctimas de una enfermedad desconocida que se propagaba como pólvora, el khan ordenó, en lo que probablemente sea una de las primeras operaciones de guerra bacteriológica de la historia, utilizar las catapultas para bombardear de cadáveres contagiados el interior de las murallas, obligando a los sitiados, que pensaban erróneamente que la enfermedad se contraía por el contacto de los cuerpos, a escapar. Pero la peste ya se había propagado a través de su verdadero vector, las ratas, y la huida la trasladó a Génova, de ahí a Constantinopla y finalmente a medio mundo civilizado.

Difusa pero angustiante, la sensación de fin del mundo se extiende hoy por el planeta, conforme más y más países decretan la cuarentena y ven cómo se eleva el número de contagiados y muertos. Apocalipsis con arresto domiciliario, según la buena definición del periodista Boris Muñoz: ni siquiera podemos salir a la calle a ver cómo termina esto. Por eso quizás algunos se apuran a buscar responsables: las hipótesis conspirativas, explica el investigador especializado en estudios del futuro Ezequiel Gatto (1), nos tranquilizan moralmente porque permiten identificar un culpable, sea éste el gobierno chino, un laboratorio secreto de Estados Unidos, un plan para acabar con los viejos al estilo de La guerra del cerdo o un chino que se comió un murciélago. O un khan ambicioso que ataca una ciudad bombardeándola con cadáveres. No importa que se trate de hipótesis incomprobables, del mismo modo que la historia de los cuerpos contagiados de peste bubónica volando por arriba de los muros podría ser falsa, una temprana fake news, según corrobora el historiador Ole J. Benedictow en su libro La peste negra (2). Lo importante, apunta Gatti, es que identificar un responsable permite suponer que alguien pensó el futuro de todo esto, que esto ocurre porque alguien así lo planeó y que todo tiene un sentido: uno sólo.

Hay algo igualador en la incertidumbre, en el hecho de que nadie –de Donald Trump al último obrero chino- sabe realmente cómo va a terminar la pandemia, aunque desde luego el virus no afecta del mismo modo a todos. Como señala Gatto, es la primera vez en la historia que el mundo parece plegarse sobre un sólo elemento que define “nuestro tiempo”, lo que explica la sensación un poco aterradora de que somos víctimas de una incursión extraterrestre, algo externo que nos pone a todos en un único conjunto.  Porque además todo sucede en tiempo real, en la tiranía del minuto a minuto: vivimos pandemias por radio y televisión, pero nunca a través de las redes sociales, que aceleran la dinámica de los hechos (todos los días contamos el número global de muertos) y dispersan la información: las pocas fuentes fiables –la Organización Mundial de la Salud sobre todo– recuperan centralidad y protagonismo.

El futuro está abierto, hoy más que nunca. Por eso, antes que pensar el fin del mundo (o del capitalismo, que a esta altura es casi lo mismo), quizás sea más sensato tratar de pensar qué cambiará cuando la crisis finalmente pase. Slavoj Žižek sostiene, en un libro de reciente aparición sobre el coronavirus que debe haber escrito siguiendo el método Fogwill, que la pandemia abre la oportunidad de replantear horizontes hasta hace poco impensables, aunque su proyecto de construir un “comunismo con coordinación y colaboración global” suene un tanto inalcanzable (3). ¿Qué cambiará entonces? No es sencillo imaginarlo, porque están ocurriendo las cosas más insólitas: el FMI acepta tan campante que el gobierno argentino no pague su deuda por cinco años, 1.300 millones de indios son confinados a sus hogares en la cuarentena más masiva de la historia y los patos se pasean por los canales de Venecia (y los carpinchos por Nordelta).

¿Qué saldo dejará la pandemia?

En primer lugar, observamos la reubicación en el centro de la escena internacional de dos cuestiones que nunca se fueron, que siempre estuvieron ahí, pero que venían sufriendo ataques y erosiones: el Estado-nación y la ciencia.

Como ha sido señalado en estos días, el gran protagonista de la respuesta a la crisis fue el Estado. No ocurre siempre, pero a veces las crisis totales, como la que estamos atravesando, conllevan un reempoderamiento del Estado: sucedió después de la Segunda Guerra Mundial, con la construcción del Estado de Bienestar, y puede que termine ocurriendo ahora, en momentos en que se hace evidente que la sociedad civil y los actores económicos pueden contribuir a buscar soluciones pero que la respuesta general sólo puede venir del Estado, que distribuye cheques de 3.000 dólares a todas las familias en Estado Unidos, renacionaliza los sistemas de salud en Europa o decreta las cuarentenas en medio planeta.

También cascoteada últimamente, hostigada desde los frentes diversos del fanatismo religioso (que niega la teoría de la evolución), el hipismo irresponsable (que niega las vacunas) y los intereses económicos (que niegan el cambio climático), la ciencia recupera protagonismo. En momentos de incertidumbre y confusión, la ciencia provee certezas: el coronavirus tiene tal ADN, se contagia de tal forma, se testea de esta otra. Lo demostrable, lo verificable. Una de las pocas instancias de coordinación internacional que sobreviven al ascenso de los nacionalismos, la Organización Mundial de la Salud, se erige en un espacio fundamental de coordinación de esfuerzos. Como sostiene Yuval Noah Harari (4), la gran ventaja del hombre en la lucha contra el virus es la capacidad de intercambiar información. Un coronavirus en Corea y un coronavirus en España no pueden intercambiar consejos sobre cómo infectar a los humanos. Pero Corea puede enseñar a España lecciones valiosas. Si el Estado es nacional, la ciencia es, por definición, universal: quizás otro de los saldos de la pandemia sea un fortalecimiento de la comunidad científica internacional y de los organismos que la representan. Leviatán y positivismo para salvar al mundo.

Geopolítica

El fondo sobre el que se recortan estos movimientos es la desglobalización, el proceso de reversión de la tendencia a la integración planetaria cuyo inicio hoy, con la distancia que da el tiempo, podemos situar claramente en la crisis financiera de 2008/2009, que marcó el comienzo del declive de la Unión Europea como actor global, produjo un auge de los nacionalismos y parió una serie de liderazgos proteccionistas que, como Donald Trump y Boris Johnson, denuncian los acuerdos comerciales y se amurallan detrás de sus fronteras. Con la fuerza demoledora de su irrupción sorpresiva, el coronavirus cancela vuelos comerciales, quiebra las cadenas globales de suministros, detiene los flujos de mercancías. Salvo excepciones, los líderes mundiales reaccionan con reflejo nacional, compiten antes que cooperan, como ilustra la intención de Trump de adquirir de prepo la propiedad de un laboratorio alemán que estaba trabajando en una vacuna.

Es cierto, como apunta Julio Burdman (5), que la globalización desborda a los gobiernos, que líderes que intentaron una salida original, como Trump o Johnson, tarde o temprano tuvieron que subordinarse a la estrategia general, que hay un momento en que sus opiniones valen menos que la de Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS. Pero también es verdad que una vez que pase lo peor el resultado será menos, y no más, integración global. Cuando superemos la pandemia, ¿Estados Unidos seguirá aceptando que la mayor parte de los principios activos de los remedios que consume o los chips imprescindibles para ensamblar sus computadoras y celulares se produzcan fuera de sus fronteras?

En esencia, la desglobalización puede ser vista como la respuesta defensiva de actores en situación de declive hegemónico a la transición de poder global motorizada por el ascenso de China. Contra los que se apuraron a ver la crisis como un golpe fatal al régimen chino, como el Chernobyl del Partido Comunista Chino, la reacción rápida mostrada tras un primer momento de ocultación terminó convirtiendo al país en el gran protagonista de la crisis. Frente a las dificultades de Italia y España para imponer el distanciamiento social, los desvaríos de Trump y la absoluta descoordinación del sistema norteamericano, donde cada Estado y cada ciudad toman un rumbo diferente, China respondió de manera asombrosamente eficaz.

Como señaló Byung-Chul Han en un comentadísimo artículo publicado en estos días (6), esto fue posible por el mix único de la tradición confucionista de una sociedad acostumbrada a la disciplina colectiva y el despliegue de un Estado digital de vigilancia total: cuando los sensores del metro de Pekín detectan a un pasajero con fiebre el sistema de reconocimiento facial lo identifica y le envía un mensaje a su celular instándolo a que se acerque en un plazo perentorio al centro de control más cercano a hacerse el test, al tiempo que rastrea a quienes compartieron el vagón para que hagan lo mismo. Para Han, la soberanía ya no reside en quien es capaz de cerrar las fronteras sino en quien controla los datos. Soberano no es el que decide; es el que sabe. Dotado de un panóptico digital compuesto por 170 millones de cámaras, el Estado chino logra niveles de trazabilidad que le permiten encontrar y aislar a los contagiados, pero esto sólo es posible en un país en el que las empresas de telecomunicaciones no tienen inconvenientes en compartir los datos con el Estado porque son públicas y en el que los derechos civiles directamente no existen.

No hay muchas dudas: los sistemas centralizados –autoritarios o semi-autoritarios– de Asia respondieron mejor al estrés de la crisis que la mayoría de las grandes democracias occidentales (con la singular excepción, una vez más, de Alemania). Como sostiene Andrés Malamud en esta misma edición de El Dipló, si en Oriente la crisis fortaleció el statu quo político, en Occidente lo puso en cuestión. La decisión del gobierno chino de enviar profesionales y equipos médicos a países no sólo del tercer mundo –el primero en recibirlos fue Italia–, junto a la postal de ciudadanos chinos escapando de España para volver a su patria, confirman quién está ganando la batalla cultural de la pandemia.

1. https://medium.com/@ezequielgatto/sacar-del-medio-ee385072f915

2. Editorial Akal, 2011.

3. Pandemic! Covid-19 Shakes the World, OR Books, 2020.

4. “The world after coronavirus”, Financial Times, 20-3-20, www.ft.com/content/19d90308-6858-11ea-a3c9-1fe6fedcca75

5. Entrevista a El economista, www.eleconomista.com.ar/2020-03-burdman-alberto-fernandez-esta-condenado-a-ser-un-estadista-durante-todo-su-mandato/

6.El País, 22-3-20 https://elpais.com/ideas/2020-03-21/la-emergencia-viral-y-el-mundo-de-manana-byung-chul-han-el-filosofo-surcoreano-que-piensa-desde-berlin.html

SUPERAR LAS CRISIS: HOY, EL CORONAVIRUS

SUPERAR LAS CRISIS: HOY, EL CORONAVIRUS

Vi una nota en la Revista Rumbos del fin de semana, a partir de otra de Pilar Jericó. Me pareció útil, y que es un aporte en esta difícil época, en que mucho de lo que nos llega nos confunde y asusta más de lo que nos alivia.

Una de las cosas que intento hacer siempre, mucho más en estos tiempos del coronavirus, es ser organizado, tener planes, no desordenarme, por eso, este aporte con formato de guía, me parece que puede ayudar.

Ojalá sea así.

Guía para superar el impacto emocional del coronavirus

PILAR JERICÓ

Debemos afrontar la situación con una mentalidad positiva. Para eso necesitamos conocer las etapas a las que nos vamos a enfrentar

https://elpais.com/elpais/2020/03/16/laboratorio_de_felicidad/1584365848_234280.html

El coronavirus nos ha superado a todos. Nos enfrentamos a emociones incómodas, nos agobia el miedo, nos estremece escuchar a los sanitarios informando de las situaciones que viven, y no parece que las cosas vayan a mejorar en el corto plazo. Sin embargo, existe una verdad incuestionable: todo pasa. El coronavirus también. Como ha sucedido con otras pandemias o en otras situaciones difíciles que hemos vivido. Debemos afrontar el problema con una mentalidad positiva. Para eso necesitamos conocer las etapas y las emociones a las que nos vamos a enfrentar. Reconocerlas nos ayudará a afrontarlas de un modo más amable. A desarrollar una mentalidad positiva a pesar de las circunstancias. Esta posición nos permitirá entender que, en todo cambio, por difícil que sea, siempre existen oportunidades para seguir aprendiendo y avanzar como personas y como sociedad.

Las investigaciones en las que basé mi libro Héroes cotidianos sirven para entender de manera sencilla qué emociones vamos a vivir estos días. Las detallo en esta página en voz y con ejercicios prácticos.

1. Llamada: “Hay un virus en China”. Ese fue el comienzo. Toda llamada a la aventura puede ser de dos tipos, como dice paradójicamente la medicina tradicional china: llamada del cielo, cuando es algo deseado, o llamada del trueno, cuando no lo buscamos y rompe nuestros esquemas. El coronavirus pertenece a las llamadas del trueno para la mayor parte de los mortales. Pocos esperaban que sucediera.

2. Negación: “Esto no va a ocurrir aquí”. La negación es una fase habitual en casi todos los cambios no deseados. Se trata de la más difícil de asimilar. Nunca creemos que nos vaya a afectar a nosotros. Nos llenamos de excusas, como que China está muy lejos o que solo es una gripe más, y nos olvidamos de las evidencias: de que el mundo está globalizado, incluso hasta para las enfermedades, o que estas pueden resultar tan contagiosas que pueden colapsar el propio sistema. Durante el periodo de negación, cuando nos damos cuenta de que sí nos puede afectar, podemos desarrollar una variante: la ira o la rabia. Nos enfadamos con el sistema, con la falta de medidas que toman las autoridades, con los eventos deportivos, manifestaciones o reuniones que nos han expuesto al contagio. El enfado hay que pasarlo, tengamos razón o no. Si nos quedamos en esta fase, estamos perdidos, porque desaprovecharemos la oportunidad de aprendizaje que existe ante cualquier crisis.

3. Miedo: “¿Qué nos va a pasar?” Esta es la emoción más profunda y paralizante que existe. Hay un miedo sano, que es la prudencia, que nos obliga a protegernos y a quedarnos en casa. Y existe otro, el miedo tóxico, que nos lleva a la histeria colectiva, a las compras compulsivas o a no dormir por las noches. El miedo es otra fase que tenemos que transitar rápidamente. Es inútil dejarse vencer por la emoción, que en muchas ocasiones llega a ser más contagiosa que la propia enfermedad. Posiblemente, porque nos daña profundamente y nos vacía de la posibilidad de afrontar la crisis desde la mentalidad positiva del cambio, el sentido común y la fuerza.

4. Travesía por el desierto: “Estoy triste y soy vulnerable”. Ya no hay miedo ni rabia, solo desazón y tristeza en estado puro. Estamos abatidos por las cifras de enfermos y fallecidos, conocemos personas afectadas o lo estamos nosotros mismos. Es un momento de aceptación pura de la realidad. En la crisis del coronavirus, la travesía por el desierto hay que afrontarla. La mentalidad positiva sin tocar el desierto es falsa y temporal (excepto para quien vive en el positivismo artificial constante o tiene problemas con la empatía, que no deja de ser negación). La buena noticia es que los desiertos también se abandonan. Nos podemos quedar atascados en la rabia o en la negación, pero la mayoría de las personas, tarde o temprano, conseguimos remontar la tristeza.

5. Nuevos hábitos y confianza: Una vez aceptada la realidad comienzan los nuevos hábitos y la confianza en nosotros mismos. Normalizamos la realidad. Si estamos recluidos, encontramos los aspectos positivos. Nos ofrecemos a ayudar a otros desde la serenidad y no desde el miedo; nos reímos de la situación y, lo más importante, nos abrimos al aprendizaje. Cuanto más nos esforcemos en ver qué aspectos quiere enseñarnos esta nueva crisis, más rápido podremos atravesar la curva del cambio.

6. Fin de la aventura: El coronavirus ha pasado y soy más fuerte. Esta crisis será historia, como todas. Vendrán otras, nuevos problemas, y eso significa que estamos vivos. Si hemos sido conscientes del proceso y hemos aprendido como personas y como sociedad, habrá valido la pena, a pesar de las numerosas pérdidas que hayamos tenido en el camino.

Las fases descritas no son lineales, pero sí progresivas. Es decir, podemos estar en el desierto y regresar por momentos a sentir rabia o miedo. Casi siempre sucede, pero no hay que sentirse culpable por ello. Cuanta más conciencia pongamos, más sinceros seamos con nosotros mismos, más rápido podremos atravesarlas y más capacidad tendremos para despertar el valor que cada uno de nosotros llevamos dentro. En la épica personal también hay espacio para el optimismo.

EL MUNDO DESPUÉS DEL CORONAVIRUS

EL MUNDO DESPUÉS DEL CORONAVIRUS

Desde hace bastante este tema del fracaso y decadencia del neoliberalismo me anda rondando.

Encontré la excelente nota de Yaccar que se menciona más abajo, y cuyo epígrafe es: “¿Se viene un capitalismo más feroz o un comunismo renovado?”, y me surgió la pregunta ¿Y entonces qué?

Porque, además de coincidir en el análisis de la autora, tampoco me siento muy seguro de que el mismo neoliberalismo, aunque más no sea como muerto vivo (terrible zombie), no vaya a seguir habitando este mundo. Es cierto que todo les está saliendo mal, pero hay demasiados intereses y ninguna actitud de auto crítica para no pensar que van a querer seguir con sus planes, por inescrupulosos y destructivos que sean.

¿Y entonces qué?

Voy a citar al gran Methol Ferré en AMERICA DEL SUR: DE LOS ESTADOS-CIUDAD AL ESTADO CONTINENTAL INDUSTRIAL (http://www.metholferre.com/obras/conferencias/capitulos/detalle.php?id=72)

“El “populismo” era decretado inferior. Pero es el único pensamiento importante que surgió en América Latina desde sí misma, y generó a Haya de la Torre en el Perú, a Vargas en Brasil, a Perón en Argentina, a Ibáñez en Chile, a Lázaro Cárdenas en México, a Rómulo Betancourt en Venezuela.”

Como se ve, este “populismo latinoamericano”, como lo llama Methol, no fue un hecho aislado en América Latina, si bien el peronismo es la propuesta más consolidada y perdurable.

Es cierto que no ha sido un camino fácil: la izquierda lo menospreció, e incluso se alió con el conservadurismo en contra de él desde el comienzo. En las elecciones de 1946, a Perón lo enfrentó la Unión Democrática, una extraña alianza de conservadores, radicales, socialistas y comunistas, con el apoyo de los EEUU (Braden (embajador de ese país) o Perón, fue la consigna con que el peronismo llegó al poder).

Las patas en la fuente, imagen histórica del 17 de octubre de 1945, fecha fundacional del peronismo, como Día de la Lealtad, tampoco fue algo fácil de digerir para los grupos de dirigentes prohijados por el establishment económico de la época. Siempre conspiraron contra el peronismo, y las Fuerzas Armadas fueron su brazo ejecutor para derrocarlo en 1955, y después en 1976.

Sin embargo, el peronismo volvió a ganar las elecciones en 1919, y es Gobierno nuevamente.

¿Por qué lo planteo como un proyecto político que podría ser una alternativa como las que analizan los filósofos que cita Yaccar?

Este es un tema que merece un desarrollo por sí mismo, por ahora solo citaré el pensamiento de Perón en ECONOMÍA PERONISTA, en su presentación:

“Como doctrina económica, el justicialismo realiza la economía social, poniendo el capital al servicio de la economía y ésta al servicio del bienestar social”.

Verdad 16 del Justicialismo Peronista

Más abajo dice: “Mal puede distribuir equitativamente los bienes económicos de la comunidad un país cuyos intereses son manejados desde el exterior por empresas ajenas a la vida y al espíritu del pueblo cuya explotación realizan. La felicidad del Pueblo exige, pues, la independencia económica del país como primera e ineludible condición.

El mundo del porvenir será constituido sobre la base de naciones socialmente justas, económicamente libres y políticamente soberanas, o será destruido irremediablemente” (1/5/1952).

Esto no es lo que está sucediendo en América Latina (es más, se hace evidente lo de la destrucción como amenaza cierta), y el macrismo fue un fiel exponente de ese pensamiento que se opone a un proyecto nacional y popular, como el de los “populismos latinoamericanos”.

Por lo tanto, creo que este pensamiento debe de ser considerado como una alternativa válida. Y se los propongo.

El neoliberalismo es la primera víctima fatal del coronavirus

La pandemia y el fin de una era

Por Atilio A. Boron

https://www.pagina12.com.ar/257122-la-pandemia-y-el-fin-de-una-era

El coronavirus ha desatado un torrente de reflexiones y análisis. Sobran las razones para incursionar en esa clase de conjeturas porque si de algo estamos completamente seguros es que la primera víctima fatal que se cobró la pandemia fue la versión neoliberal del capitalismo. Decimos la “versión” porque el COVID-19 liquidó al neoliberalismo, pero no a la estructura que lo sustenta: el capitalismo como modo de producción y como sistema internacional. La era neoliberal ya es un cadáver aún insepulto pero imposible de resucitar. El capitalismo, en cambio, aún resiste y su futuro es incierto. Pero nada autoriza a darlo ya por muerto.

Simpatizo mucho con la obra y la persona de Slavoj Zizek pero esto no me alcanza para otorgarle la razón cuando, en la estupenda nota de María Daniela Yaccar en PáginaI12 del 29 de marzo (https://www.pagina12.com.ar/255882-la-filosofia-y-el-coronavirus-un-nuevo-fantasma-que-recorre- ) sentencia que la pandemia le propinó “un golpe a lo Kill Bill al sistema capitalista” luego de lo cual, siguiendo la metáfora cinematográfica, éste debería caer muerto a los cinco segundos. No ha ocurrido y no ocurrirá porque, como lo recordara Lenin en más de una ocasión, “el capitalismo no caerá si no existen las fuerzas sociales y políticas que lo hagan caer.” El capitalismo sobrevivió a la pandemia de la mal llamada “gripe española”, que ahora sabemos vio la luz en la base militar Fort Riley (Kansas) , y que según los imprecisos cálculos de su letalidad, exterminó entre 20, 50 y 100 millones de personas. Resistió también al derrumbe global producido por la Gran Depresión, demostrando una inusual resiliencia para procesar las crisis e inclusive salir fortalecido de ellas. Pensar que en ausencia de aquellas fuerzas sociales y políticas anticapitalistas ahora se producirá el tan anhelado deceso de un sistema inmoral, injusto y predatorio, enemigo mortal de la humanidad y la naturaleza, es más una expresión de deseos que producto de un análisis concreto. Zizek confía en que para salvarse la humanidad tendrá que recurrir a “alguna forma de comunismo reinventado”. Es posible y deseable, sin dudas. Dependerá de si “los de abajo no quieren y los de arriba no pueden seguir viviendo como antes”, cosa que por ahora no sabemos. Pero la coyuntura presenta otro posible desenlace: “la barbarie”. O sea, la reafirmación de la dominación del capital recurriendo a las formas más brutales de explotación económica, coerción político-estatal y manipulación de conciencias y corazones a través de su hasta ahora intacta dictadura mediática y de la eficacia de su imperio de vigilancia global.

En la nota ya aludida el filósofo de Byung-Chul Han se arriesga a decir que “tras la pandemia, el capitalismo continuará con más pujanza.” Creemos que se equivoca porque si algo ya se dibuja en el horizonte es el generalizado reclamo de la sociedad a favor de una mucho más activa intervención del estado para controlar los efectos desquiciantes de los mercados en la provisión de servicios básicos de salud, vivienda, seguridad social, transporte y para poner fin al escándalo de la concentración de la mitad de la riqueza del planeta en el 1 % más rico de la población. Ese mundo post-pandémico tendrá mucho más estado y mucho menos mercado, y éstos estarán más regulados, con poblaciones “concientizadas” y politizadas por el flagelo a que han sido sometidas y propensas a buscar soluciones solidarias, colectivas, inclusive “socialistas” en países como Estados Unidos, nos recuerda Judith Butler, repudiando el desenfreno individualista y privatista exaltado durante cuarenta años por el neoliberalismo.

En una entrevista reciente Noam Chomsky habla del “monumental fracaso” de los mercados y los gobiernos neoliberales en cuidar la salud de la población.” (https://www.youtube.com/watch?time_continue=61&v=t-N3In2rLI4 )

“Reagan y Thatcher decían que el problema era que los gobiernos sofocaban a los mercados” y que, por lo tanto, “había que acabar con los gobiernos” y su intervención en las áreas de salud, seguridad social, vivienda, educación, transporte, etcétera. En EEUU ese programa se cumplió escrupulosamente: Trump anuncia una gran operación antinarcóticos en el Caribe para hostigar a Venezuela y Cuba y en la misma nota el Washington Post reproduce la opinión oficial de que la pandemia podría “causar entre 100 y 240.000 muertes.” ¿Por qué tantas? Porque según la American Hospital Association el número de camas de hospital disminuyó en un 39 % en los últimos años a fin de aumentar la tasa de ocupación de las camas (hasta oscilar en torno al 90 %) y aumentar la rentabilidad de los hospitales. Según esta misma fuente el país dispone de 924,100 camas pero muchas de ellas están ocupadas por pacientes crónicos y las que cuentan con Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) son a lo sumo 64.000 camas. El Johns Hopkins Center for Health Security informó el mes pasado que si la pandemia es moderada requeriría hospitalizar a un millón de personas, 200.000 de las cuales requerirían camas aptas para las UCI. Una pandemia severa enviaría a los hospitales casi 10 millones, y unos 2.9 millones requerirían camas con UCI. Obviamente, muchísima gente morirá fuera de los hospitales. La destrucción de la salud pública se corrobora también cuando se observa que los centros de salud locales y estaduales tienen un 25 % menos de personal que en el 2008; que el presupuesto del crucial Center for Disease Control cayó un 10 % en términos reales bajo Trump y que éste desmanteló la oficina de la Casa Blanca para coordinar las luchas contra las epidemias creada por Obama para combatir el Ébola en 2014.

Las estadísticas de la destrucción del sistema de salud revelan el contubernio entre gobiernos neoliberales y los traficantes de la salud: hospitales e industria farmacéutica. Difícil que después del desastre que se avecina vaya a haber mucha gente en EEUU que se burle de Bernie Sanders cuando hable de la medicina socializada. Después de esta pandemia, y de la debacle económica que dejará como saldo, el mundo será muy distinto al que conocimos. Casi 10.000.000 de nuevos desocupados se inscribieron en el Seguro Social esta semana. Además, ¿qué ocurrirá con los 80 millones que o no tienen seguro de salud o que el que tienen no les sirve? ¿Seguirán votando por mantener la “privatización” de la salud? ¿Querrán morir a los 70 años, como pide el Vicegobernador de Texas, para reanimar a la economía? ¿Cómo va a actuar el 45 % de la fuerza de trabajo sin licencia paga por enfermedad? Deberá elegir entre ir a trabajar y contagiar o contagiarse de otros, o comer. Lo que parecía normal, hasta “natural”, antes de la pandemia ahora aparece como una monstruosidad. Por eso, el mundo que ya destruyó no volverá a renacer. Estamos en las vísperas de una nueva era, y si nos concientizamos, luchamos con inteligencia y nos organizamos adecuadamente podremos crear un mundo mejor, mucho mejor.

HAY QUE DECIRLO: ESTA ES LA HERENCIA DEL CORNEJO-MACRISMO

HAY QUE DECIRLO: ESTA ES LA HERENCIA DEL CORNEJO-MACRISMO

Desde hace rato tengo decidido no hacer referencias al Gobierno que terminó en diciembre.

En primer lugar, porque me interesa mucho más lo que hagamos los argentinos en este nuevo periodo político. En segundo, porque el mismo macrismo le sacó lustre al tema de la “pesada herencia” de tanto usarlo, y ya genera más rechazo que atención. Sin embargo, este título de Los Andes merece ser compartido y comentado, sobre todo, porque Cornejo asumió un rol central en la defensa de Macri y sus políticas. Se cansó de denostar al “populismo”, rinforzando la línea del Gobierno anterior, cada vez que pudo.

En la campaña electoral, se vendió a la gestión cornejista como modelo y exitosa, cosa que la ciudadanía mendocina compró con entusiasmo y le dio una amplia victoria en las urnas.

Más de una vez he sostenido que ese aparente éxito no era real, y que era mucho más una creación comunicacional que otra cosa.

HUBO UNA MATRIX MENDOCINA, DENTRO DE LA NACIONAL.

Este modo de plantear la gestión tiñó todo: por ejemplo, la obra pública se desarrolló sectorizadamente, en los lugares que tenía más valor comunicacional, lo que no tiene nada que ver con una estrategia política.

Cornejo impidió que el Paco Pérez (una mala gestión, sin dudas) se endeudara sabiendo que iba a caer en cesación de pagos, como ocurrió, pero cuando fue gobernador se endeudó de manera importante (los datos están, pero no es lo que me importa ahora). Esa deuda la vamos a tener enfrentar todos y todas. También le dejó a Suárez muchos problemas presupuestarios, que también pagaremos todos/as. Por ejemplo, hay un importante retraso en los pagos a los proveedores del Estado, y a los efectores de OSEP.

La nota intenta explicar por qué hemos llegado a esta situación de desempleo, pero no hay manera de despegar al Gobierno de Cornejo de este problema. Fueron Gobierno cuatro años con referencia total con Macri, tienen responsabilidad, sin dudas.

Macristas menducos, tan anti peronistas uds., háganse cargo, y hablen menos; quiero decir, termínenla con las chicanas, fake news, descalificaciones.

El Gobierno peronista y una gran parte de la sociedad argentina está tratando de recuperar la Patria del desastre macrista, y de superar una pandemia mundial sin antecedentes.

Por lo menos, no molesten y dejen trabajar.

La tasa de desempleo de Mendoza duplica a la de San Juan y San Luis

En tres años, la desocupación local creció cuatro puntos porcentuales, mientras que las provincias vecinas mejoraron sus estadísticas.

https://www.losandes.com.ar/article/view?slug=la-tasa-de-desempleo-de-mendoza-duplica-a-la-de-san-juan-y-san-luis

A finales de 2016, Mendoza tenía el nivel de desocupación más bajo de Cuyo. Hoy, su tasa de desempleo duplica a la de San Juan y San Luis, demostrando un deterioro del mercado laboral mucho más profundo que el de las provincias vecinas.

El dato se desprende de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec). De acuerdo al estudio, en el cuarto trimestre de 2016, Gran Mendoza tenía un índice de desocupación de 3,3%, Gran San Juan de 5,1% y Gran San Luis de 3,6%. Cuatro años más tarde, el desempleo mendocino llegó a 7,3%, mientras que la vecina del norte registró una tasa del 3,5% y la provincia puntana del 2,9%.

Pasando en limpio, en cuatro años la desocupación de Mendoza aumentó cuatro puntos porcentuales. En ese mismo período, San Juan y San Luis redujeron el desempleo 1,6 y 0,7 puntos porcentuales respectivamente.

Diferencia económica

Como lo demuestran las estadísticas, el desempeño del mercado laboral de Mendoza fue muy diferente al de las provincias vecinas. El resultado llamó la atención de los economistas, dado que los factores económicos que condicionaron el aumento de la desocupación local (recesión y pérdida de poder adquisitivo de los salarios), también incidieron negativamente en la economía interna de San Juan y San Luis.

La diferencia, según el economista Carlos Rodríguez, radica en la composición de la matriz productiva de cada provincia. “Mendoza ha sufrido mucho más por la crisis económica porque algunas de sus principales actividades económicas se han visto particularmente afectadas por los problemas económicos a nivel nacional”, apuntó.

“Mientras tanto, San Juan logró impulso económico con la minería y San Luis, además de tener una economía ordenada, generó mucho empleo público con poco déficit presupuestario”, agregó.

Coincidió con esa lectura el economista Pablo Salvador. “El comercio, la construcción privada y el sector exportador, sectores primordiales para Mendoza, cayeron mucho por la crisis económica nacional. Las provincias vecinas, principalmente San Juan con la minería, lograron compensar parte de la crisis económica nacional”, comentó. “Por ese motivo, el Gobierno de Suarez busca fortalecer otros sectores”, agregó.

Sebastián Laza, economista y vocero del Gobierno Provincial, se refirió a ese punto. “Mendoza busca mejorar su matriz productiva, fortaleciendo el sector TIC (Tecnología del Conocimiento) y las energías renovables”, indicó.

Los números locales

Más allá de la comparación con las provincias vecinas, el análisis del mercado laboral de Mendoza permite sacar algunas conclusiones interesantes. Lo primero a tener en cuenta, es que hubo un crecimiento del 1,8 puntos porcentuales en la tasa de actividad, pasando de 47,2% en el cuarto trimestre de 2018 a 49% en igual período de 2019. Eso significa que aumentó la cantidad de personas que están activas, ya sea trabajando o buscando empleo.

Carlos Rodríguez, explicó que ese aumento de la tasa de actividad “se debe principalmente a que en los últimos meses de 2019 salió más gente a buscar trabajo, como consecuencia de la pérdida del poder adquisitivo de los salarios”.

De acuerdo con las estadísticas, una parte de la población que salió a buscar empleo lo encontró (subió 0,9 puntos la tasa de empleo), pero otra no (aumentó 1,4 puntos la desocupación). “Parece una situación paradójica, pero es posible. Significa que la economía de Mendoza tiene capacidad de generar trabajo, pero no para todas las personas que ingresan al mercado laboral”, señaló Rodríguez.

Se mostró de acuerdo Sebastián Laza. El representante del Gobierno de Mendoza coincidió que la pérdida del poder adquisitivo de los salarios fue el disparador que provocó que muchos más mendocinos salieran a buscar trabajo. “Esto fue consecuencia de las políticas macroeconómicas del Gobierno de Macri”, apuntó.

“Lo positivo, es que aun después de dos años de crisis, Mendoza ha seguido teniendo capacidad para generar puestos de trabajo. Por otro lado, se debe destacar el gobierno de Cornejo logró mantener el poder adquisitivo del sector público”, agregó el economista.

Mejora en el total de Argentina

A nivel nacional, las estadísticas del Indec demostraron una leve recuperación del mercado laboral. Es que la tasa de empleo mejoró 0,8 puntos porcentuales, pasando de 42,2% en el cuarto trimestre de 2018 a 43% en el mismo período de 2019, y a su vez, la tasa de desocupación se contrajo de 9,1% a 8,9%.

Al igual que en Mendoza, la tasa de actividad de Argentina subió (0,7 puntos porcentuales), pero entre toda la gente que salió a buscar trabajo, fue más la que lo encontró, que la que no lo hizo.

NO OLVIDAR, FUE EL COSTO DE LA DEMOCRACIA DE HOY

NO OLVIDAR, FUE EL COSTO DE LA DEMOCRACIA DE HOY

Ayer 24 de marzo encontré en la versión papel del Diario Los Andes esta nota de Gastón Bustelo. Me pareció útil porque hace una cronología bastante precisa del proceso que se desarrolló –centrándose en Mendoza- desde ese infausto 24 de marzo de 1976 hasta el retorno a la democracia. También me pareció una posición objetiva, pero crítica, de ese Golpe genocida y cruel.

Es importante porque analiza también el proyecto económico que se aplicó–semejante al de Chile, con mucha menor eficiencia, para bien o para mal- y sus consecuencias.

No sé por qué no subieron la nota a la versión on line del Diario, pero me tomé el trabajo de escanearla para poderlo publicar en mi blog, pero eso impidió –junto con las dificultades para usar Internet por saturación de la red- que lo publicara ayer; sin embargo, no quise dejar pasar el momento.

Viví muy cerca este Golpe porque era Director de la Escuela Superior de Trabajo Social, también dependiente de la Provincia de Mendoza, y que Gastón no menciona, pero que sufrió también las medidas del Gobierno de facto de Mendoza.

Aclaro que la Intervención de la UNCuyo fue antes del Golpe, cuando tomó la conducción del Gobierno de Estela Martínez de Perón el Brujo López Rega y sus secuaces, y comenzó la represión que se agudizó después del Golpe. Ahí apareció Otto Burgos, que menciona Bustelo. Esta Escuela –como la de Periodismo- fue transferida a la UNCuyo y pasaron a ser las Carreras de Trabajo Social y Comunicación.

Mi intención es poner al alcance de todos los que no vivieron esa época oscura tengan una síntesis de lo que pasó en Mendoza en los años de plomo, incluso con los nombres de los responsables de esos hechos terribles, no solo de los militares, sino también de los civiles colaboracionistas. Por supuesto, faltan todos/as los/las que lo hicieron desde las sombras y produjeron las listas que usaron los militares para sus tropelías.

Espero que sea útil.

ANIVERSARIO | LA ÚLTIMA DICTADURA

Recuerdos del espanto, a 44 años del Golpe del ‘76

En la Argentina desaparecieron 30 mil personas, según organismos de derecho humanos. Torturas, violaciones y muerte azotaron los años del régimen militar. Centros de detención y control de las ideas

Gastón Bustelo

gbustelo@losandes.com.ar

(Diario Los Andes, Edición en papel, 24 de marzo de 2020)

El 24 de marzo de 1976 se produjo el último golpe de Estado de la historia argentina, fue hace 44 años y junto con ese hecho arrancó la dictadura militar más sangrienta que concluyó en 1983, con la economía destrozada, miles de desaparecidos y más de 600 muertos en una guerra por las Malvinas que era imposible ganar.

Miles de personas fueron torturadas y enviadas a centros clandestinos de detención, en donde se cometieron las más grandes violaciones a los derechos humanos. Los secuestrados eran incomunicados, su familia no sabía dónde estaban, se los torturaba y la mayoría de las mujeres fueron violadas en cautiverio o separadas de sus hijos si daban a luz en un centro de detención.

Dictadura y economía

El salario perdió poder adquisitivo, se abrió fuertemente la economía, se fomentó la especulación. La deuda externa pasó de U$S 6300 millones en 1976 a U$S 46000 en 1983. El año 1981 terminó con un aumento del tipo de cambio nominal de 225,8%. Los mercados se redujeron un 5,4%. “El que apuesta al dólar, pierde”, llegó a afirmar Lorenzo Sigaut, el ministro de Economía. El peso finalmente se devaluó con respecto al dólar un 30%. Mario Rapoport en su libro Historia de la economía argentina del siglo XX, explica que, en ocho años, el PBI sólo creció 2,3% promedio, lo que significó una drástica pérdida de riqueza por habitante. Se gestó una importante concentración de la economía, del capital y de los ingresos, lo que generó fuerte reducción de los salarios y comprimió el mercado interno. El plan de la dictadura sentó las bases de un nuevo modo de acumulación rentístico-financiero basado en la reprimarización de la producción, financiarización de la economía y la apertura indiscriminada del sector externo. Los sectores de la pequeña y mediana industria, las clases medias y los trabajadores fueron los más afectados con las políticas económicas de la dictadura.

Los centros de detención

El emblema de los centros de detención es la Escuela de Mecánica de la Armada, (ESMA), por donde pasaron cerca de 5 mil detenidos desaparecidos.

Casi todos los secuestros realizados mostraron un procedimiento similar. A veces ocurrían en el lugar de trabajo de la víctima o en la calle a plena luz del día. En la mayoría de los casos se les ordenaba a las comisarías de la policía correspondientes, dejar la “zona libre” para poder realizar el operativo. Así eran detenidas las personas y llevadas a los centros clandestinos de detención. En Mendoza funcionaron por lo menos 13 centros: Liceo Militar General Espejo, penitenciaría provincial, palacio policial (D2), la VIII Brigada de Infantería de Montaña, el Batallón de Infantería de San Rafael, Cuartel de Bomberos de San Rafael, Comisaría séptima de Godoy Cruz, Unidad Militar Campo de Los Andes. El chalecito –inmueble ubicado en Las Heras, Comisaría 25 de San José, departamento logístico de la Policía de Mendoza, Círculo de Suboficiales, Colonia Papagallos.

El impacto en la educación

La estrategia nacional para la contrainsurgencia del alto mando militar había hecho de la educación, como de las fábricas y la religión, un objetivo prioritario de la dictadura.

Durante el régimen militar la educación y la cultura se convirtieron en otro frente de la “guerra sucia”. Esto está reflejado en la Conadep. De las casi 10.000 denuncias recibidas por este organismo, el 38,7% corresponden al sector educativo. Este 38,7% se reparte de la siguiente manera: 21% eran estudiantes, el 10,7% científicos y profesionales, el 5,7% profesores y el 1,3% trabajadores del campo cultural.

“Es necesario –declaraba un documento secreto del Ejército- normalizar o depurar estos ámbitos, para actuar sobre las bases filosóficas-ideológicas de la subversión. A solo cuatro meses del golpe, el Ministro de la Educación de la Nación, Ricardo Bruera, admitió que unos 3.000 académicos, administradores y asistentes de enseñanza de las escuelas secundarias nacionales habían sido despedidos.

En Mendoza fueron más de 1.000 los docentes del nivel primario, y medio cesanteados por motivos ideológicos, una vez restaurado el gobierno democrático fueron todos reincorporados.

Ya en 1975, durante la gestión del rector Otto Burgos en la Cuyo, se comenzó a dejar cesantes a profesores y alumnos.

En la Facultad de Ciencias Políticas fueron separados de sus cargos, durante este período, 35 profesores. Luego del golpe, asumió el rectorado el interventor militar comodoro ingeniero Héctor Ruiz, el que continuó con la política de cesantías a profesores. Ruiz designó decano normalizador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales al profesor Dennis Cardozo Biritos al cual el interventor de la UNCuyo le encargó cesantear a más de 100 profesores.

En setiembre del ’78, el interventor Ruiz declaró: “Hay 181 profesores sancionados y en iguales condiciones hay 15 no docentes. En cuanto a los estudiantes, han sido expulsados 114 y suspendidos 121 por falta de idoneidad”. En efecto, el interventor Ruiz expulsó a casi todo el quinto año de la carrera de Sociología y a varios de Trabajo Social y Ciencias Políticas. También despidió alumnos de la Escuela de Antropología Escolar y de la Escuela Superior de Periodismo, esta última fue cerrada y pasó al ámbito privado, también modificó los planes de estudio de la carrera de Ciencias Políticas. El rector Pedro Santos Martínez, se ocupó de mantener las listas negras que había confeccionado su antecesor Ruiz.

Libros prohibidos en Mendoza

En abril de 1976, un teniente general del Ejército ordenó que se quemaran miles de libros en Córdoba. Más tarde, en 1978, los oficiales de esa misma provincia prohibieron la enseñanza de la matemática moderna, argumentando que podría ser una forma sutil de adoctrinamiento subversivo. También centenares de libros para niños quedaron en la lista objetable. Los militares prohibieron, por ejemplo, la distribución y uso en las escuelas de “El principito”, de Antoine Saint-Exupery, universalmente aclamado.

En la Biblioteca General San Martín circuló una lista de negra de libros y autores mendocinos entre los que se encontraban poemas de Armando Tejada Gómez y obras de Juan Draghi Lucero.

Por su parte el interventor de la UNCuyo Héctor Ruiz, formó una comisión encargada de seleccionar los libros “peligrosos” que se encontraban en la biblioteca de la UNCuyo. Solo se dejó un ejemplar de los libros seleccionados como para demostrar el gran contenido marxista que contenían. Con esos ejemplares se formó una biblioteca a la que podía acceder el alumno sólo mediando una autorización expresa por parte de un profesor. Esta biblioteca permaneció también durante la gestión del rector Pedro Santos Martínez. El resto de los ejemplares fueron quemados.

El 6 de setiembre, el rector Ruiz apareció en Diario Los Andes con 10.000 libros y “publicaciones extremistas” requisadas a profesores y alumnos.

El escritor y periodista de diario Los Andes, Antonio Di Benedetto, también fue arrestado y trasladado junto con el dirigente socialista, Ángel Bustelo, a la cárcel de La Plata. En vuelo, un oficial los obligó a escupirse, como no lo hicieron, fueron golpeados brutalmente.

Guerra y fin de la dictadura

En marzo del ’82 la dictadura vivía sus momentos más complicados debido a que la situación económica del país era muy compleja y el desgaste comenzaba a sentirse fuerte. Así es como la CGT organizó una marcha en repudio a las medidas económicas del gobierno militar, la misma fue multitudinaria y se realizó el 30 de marzo de 1982. En esa movilización falleció en Mendoza el trabajador Benedicto Ortiz.

A los tres días la junta militar decidió ocupar las Islas Malvinas y así fue como Argentina entró en guerra con Gran Bretaña. Se creó el Fondo Patriótico Nacional con dinero y demás donaciones realizadas por la ciudadanía altamente movilizada por el conflicto bélico. Se juntaron 54 millones, pero, hasta hoy, no se sabe qué pasó con ese dinero. Argentina terminó rindiéndose el 14 de junio de 1982 y la dictadura entró en su fase final. Al poco tiempo convocaron a elecciones, después de haber cometido las atrocidades más grandes de la historia contemporánea argentina.

Cuando el gobernador electo, Felipe Llaver, asumió la conducción de la provincia, la situación era alarmante. “Con el total de los recursos de origen provincial (tributarios y no tributarios) se financió menos del 18% de las erogaciones, siendo necesario por tal motivo el crecimiento sustancial de los subsidios del Tesoro Nacional. En 1980 la Provincia contrajo deudas por valor de 89,5 millones de dólares, para el otorgamiento de préstamos a los productores. Esa deuda no ha sido cancelada y existen importantes montos vencidos, no sólo de capital, sino también de intereses”.

“Así fue como al iniciar el ejercicio 1984 nos encontramos con una deuda vencida de 66 millones de dólares y otra a vencer en el curso del período de 22 millones de dólares, lo que constituye una exigencia para el año de 88 millones de dólares, carga imposible de soportar en las actuales condiciones financieras y presupuestarias ya que constituye una suma cercana a la necesaria para pagar los sueldos de la Administración Pública de todo un año”, señalaba Llaver.