LIDERAZGO Y PROYECTO POLÍTICO

LIDERAZGO Y PROYECTO POLÍTICO

Esta nota de El Ancasti me sirve como contexto para analizar un tema que ha tenido –y tiene- mucho que ver con la política en América del Sur (me limito a este ámbito solo por interés, aunque podría aplicarse a otros).

La nota hace un análisis bastante elemental y desde una visión anti populista, en el sentido que los poderes centrales han utilizado desde hace un tiempo para descalificar a los Gobiernos de base popular y nacional.

Por supuesto, es real que la concentración de poder político en un dirigente, sin renovación y sin participación de los militantes, es negativa y afecta al desarrollo político de un país y a la región. Sin embargo, establecer una relación directa entre este problema y el subdesarrollo no tiene justificación racional, salvo desde el prejuicio ideológico que señalo más arriba.

Pero el problema es más profundo, y tiene que ver con la naturaleza de la política: esta tiene que ver con la felicidad y la realización de los pueblos, y debe concretarse desde un proyecto político de esos mismos pueblos. Lo dijo Perón: “Mi único heredero es el pueblo”, aunque no pudo en vida consolidar un proyecto político que posibilitara un desarrollo que nos pusiera a salvo de los cíclicos vaivenes que hemos vivido, como nos sucede ahora mismo. No sabemos qué hubiera pasado si los militares no hubieran interrumpido la democracia tantas veces desde 1930 en adelante, pero seguramente los países de América del Sur y sus dirigentes hubieran tenido mejores posibilidades de éxito.

Por eso, antes de comentar el tema del liderazgo, quiero declarar terminantemente que esta “debilidad de las instituciones de la democracia”, como descalifica la nota, tiene un factor causal determinante que es el de las interrupciones de los procesos democráticos en América Latina por gobiernos de facto encabezados por militares y civiles, como estamos viendo en Bolivia en un triste reverdecer de viejas prácticas contra los Gobiernos que buscan concretar países más justos y equitativos.

Pero también es real que esos avances anti democráticos aprovechan debilidades de los proyectos de base popular y nacional, como fracasos de planes económicos. Estos muchas veces han sido provocados o agudizados por aquellos poderes centrales y grupos económicos concentrados que actúan conjuntamente, con acciones de lockout empresario o, directamente, con bloqueos económicos salvajes, como en Cuba o Venezuela.

Por lo tanto, es clave consolidar los proyectos políticos con más y mejor política: estamos hablando de participación y organización social, en un país mejor que ponga en marcha estrategias y políticas de Estado eficientes. Para esto hay que abrir el juego: no sirven los grupos reducidos de Gobierno: la gente tiene que participar válidamente, no siendo invitados para leerles conclusiones ya elaboradas, como aplaudidores, sino para aportar y ser parte del proyecto.

Veamos los ejemplos de Ecuador y Bolivia: en ambos casos fueron Gobiernos valorados por sus sociedades, pero que fracasaron al tener que pasar el mando a otros dirigentes. Tanto Evo como Correa no pudieron –o no supieron- encontrar sucesores que le dieran continuidad al proyecto político. Lenin Moreno en Ecuador traicionó la propuesta volcándose a un modelo neoliberal. Evo quiso perpetuarse, pero les dio la oportunidad a los grupos de derecha que estaban esperando el momento para recuperar el poder.

“La organización vence al tiempo”, decía Perón, y esa definición sigue teniendo total validez.

Lamentablemente, ese combo de debilidad política y acciones organizadas de EEUU y poderes económicos concentrados (recordemos el papel de los medios de comunicación como Clarín y O Globo o las tramoyas de law fare que hemos vivido) consiguió que Gobiernos como el de Correa, Evo Morales y Lula fueran reemplazados por Lenin Moreno, Añez y Bolsonaro.

No quiero hacer el planteo simplista de que basta con organización y participación popular para que los proyectos políticos se mantengan y triunfen, porque la política de un país es más compleja, pero, con certeza, afirmo que son imprescindibles para que los países de América del Sur podamos desarrollar un proyecto continental como el que nos permitiría defender nuestros intereses, historia y modo de vida.

Liderazgos personalistas y subdesarrollo

domingo, 23 de febrero de 2020

https://www.elancasti.com.ar/opinion/2020/2/23/liderazgos-personalista-subdesarrollo-427197.html

Los liderazgos personalistas, tan propios en la política argentina y por lo general de la política de los países de Latinoamérica, deberían ser caracterizados como la evidencia de una debilidad de las instituciones de la democracia. Incluso como un rasgo que delata subdesarrollo.

Lo importante en política no deberían ser tanto los hombres y mujeres que se postulan para ejercer cargos públicos a través de las estructuras políticas, sino las ideas que sustentan el funcionamiento de los partidos que compiten electoralmente.

Por cierto, siempre es necesario que haya liderazgos, hombres y mujeres que tengan una ascendencia mayor que el resto de los dirigentes, que señalen el camino a seguir y que sean referentes del resto de los militantes, adherentes y simpatizantes de sus fuerzas políticas. Pero un líder no puede convertirse en imprescindible, porque desnaturaliza el espíritu de la democracia y más temprano que tarde termina condicionando, y debilitando el contenido ideológico del partido que encabeza.

El peronismo ha tenido desde su aparición en la vida política argentina fuertes liderazgos personalistas que han provocado, a través de las distintas etapas de la historia argentina de los últimos 70 años, notorias dificultades para generar los reemplazos necesarios.

Un líder político no puede convertirse en imprescindible porque desnaturaliza el espíritu de la democracia.

Hoy, el debate sobre la necesidad de renovar o replantear el liderazgo se da en la oposición nacional, potenciada por el regreso a la actividad política de Mauricio Macri. El radicalismo, que fue clave para los triunfos electorales de Cambiemos en 2015 y 2017, paradójicamente tuvo un papel insignificante durante el Gobierno finalizado el 10 de diciembre pasado. Y por esa razón, luego de la derrota electoral, aunque por el momento no peligra la continuidad de la alianza con el Pro, no está dispuesto a aceptar que el expresidente tenga un rol preponderante.

Alfredo Cornejo, presidente de la UCR, ya lo anticipó con claridad: “No va a haber un líder único” de la oposición, dijo, agregó que Macri cometió un “abuso” del “empoderamiento” que le dio el radicalismo y remató sosteniendo que “no puede y no va a haber un líder único de la oposición y no lo ha habido desde la muerte de Raúl Alfonsín”.

El primer paso para empezar a resolver los problemas que generan los personalismos en política es un reconocimiento de la necesidad de que no haya liderazgos únicos, absolutos, que hegemonicen las decisiones y, de ese modo, empobrezcan el resultado de las políticas que resulten de esas disposiciones tomadas en soledad o, a lo sumo, en el contexto mezquino de una “mesa chica” de dirigentes.

No es solo un problema de la dirigencia, sino en general de la sociedad, que no solo tolera, sino que además alienta las conducciones políticas personalistas.

Es, en definitiva, un problema cultural que solo se resuelve con más democracia y construcción de ciudadanía: mayor apertura de los partidos políticos, aceptación de las voces críticas, generación de espacios de discusión donde todas las opiniones sean respetadas, creación de estructuras participativas en las tomas de decisiones, y educación para la democracia en las escuelas.

PARA ENTENDER BIEN EL TEMA QUE VA A MARCAR EL FUTURO DE LOS ARGENTINOS: EL FMI

PARA ENTENDER BIEN EL TEMA QUE VA A MARCAR EL FUTURO DE LOS ARGENTINOS: EL FMI

PARA ENTENDER BIEN EL TEMA QUE VA A MARCAR EL FUTURO DE LOS ARGENTINOS: EL FMI

 

Una pregunta provocativa: ¿A quién realmente prestó el FMI? – Por J. Peter Meuli

 

Por J. Peter Meuli – Consultor, Economista y MBA de la Escuela de Negocios de la Columbia University, New York.

https://www.losandes.com.ar/article/view?slug=una-pregunta-provocativa-a-quien-realmente-presto-el-fmi-por-j-peter-meuli

 

La idea de crear el Fondo Monetario Internacional nace en una reunión de las Naciones Unidas en 1944 en Bretton Woods (USA). Los representantes de 44 gobiernos aliados de la Segunda Guerra Mundial acordaron establecer un marco de cooperación económica con el fin de evitar que se repitieran los círculos viciosos de devaluaciones, que ayudaron a provocar la Gran Depresión de los años treinta. El FMI empezó sus actividades operativas en marzo de 1947 con el principal objetivo de asegurar la estabilidad monetaria internacional.

Este sistema, de acuerdo con los fundadores, fue considerado esencial para el fomento de un crecimiento económico sostenible, mejorar los niveles de vida y reducir los índices de pobreza.

Hoy, 187 países son miembros del Fondo Monetario Internacional. Sin embargo, en las últimas dos décadas, la institución ha sido fuertemente criticada, sobre todo por el rol cada vez más dominante de los países desarrollados dentro de la organización y por su filosofía de capitalismo neoliberal.

Y ahora la pregunta: ¿cuál ha sido el verdadero destino de los 44,3 mil millones de dólares del préstamo, desembolsados en 2019, y con qué fin?

Una casi inimaginable, inmensa suma que ahora figura en los libros contables de nuestra patria como “deuda externa”.

¿Se trata realmente de un préstamo que mejoró los niveles de vida de nuestra sociedad y que ayudó a reducir la pobreza?

Con toda humildad, yo no lo veo así.

Hoy, el total de nuestra “deuda externa” está en 314 mil millones de dólares, lo que representa más que un 75% del PBI. Además, ahora, en 2020, deberíamos cancelar unos 23 mil millones de dólares, un impagable 5% del Producto Bruto Interno.

Seamos sinceros y realistas: el Gobierno anterior sostiene que el 83% de los 44,3 mil millones se han usado para cancelar deudas…  pero eso tampoco lo veo así.

Entonces, ¿cuál fue el verdadero destino de los 44,3 mil millones de dólares y cuál ha sido la motivación del Fondo de otorgar semejante suma a la Administración anterior?

Mis simples cálculos (todos en base a números publicados y suministrados por el Gobierno anterior) demuestran claramente que 22 mil millones de dólares fueron usados en menos de 24 meses para intervenciones en el mercado cambiario, tratando de evitar/postergar la inevitable suba del dólar.

Para incentivar al inversor de no refugiarse en la moneda norteamericana, subieron las tasas en pesos a un nivel fatal e insostenible (arriba del 80%); fatal para el funcionamiento de una economía sana; fatal e insostenible para el funcionamiento de cualquier economía, provocando el inicio de una intolerable, insoportable recesión.

El precio real de esta medida, usando el vehículo de los Leliq, nos ha costado unos incomprensibles 12 mil millones de dólares, con el triste resultado de haber beneficiado al sistema bancario, al inversor extranjero especulador y matado miles de Pymes.

Sumando los 22 mil millones dedicados a la intervención cambiaria y los 12 mil millones para “incentivar al inversor de no refugiarse en la moneda norteamericana”, llegamos a 34 mil millones de dólares lo que equivale a un 77% del total del préstamo.

Entonces, volviendo a la pregunta del título de la nota, ¿a quién, realmente, prestó el FMI? ¿No seríamos la Nación más feliz del mundo (desde el punto de vista financiero/tributario) y con un Presidente que no se puede borrar la sonrisa de su cara, si hoy pudiéramos disponer de los 23 mil millones mal gastados, cancelando la totalidad de nuestros compromisos de 2020? Es más, los restantes 11 mil millones hubieran sido suficientes para dar un empuje importante a la recesiva economía y todo eso sin una dolorosa “Ley de Solidaridad” y sin un castigador dólar turista.

¿Así que el famoso, irresponsable préstamo de los 44,3 mil millones de dólares realmente representa una deuda que tenemos que asumir todos los argentinos, o fue simplemente un “aporte” del FMI a la campaña presidencial del Sr. Macri, orquestado por los socios ricos del Fondo e implementado por la Sra. Christine Lagarde?

ADOLFO ARIZA

ADOLFO ARIZA

Autor del Blog

La actualidad de Argentina y el Mundo, Noticias vistas desde Mendoza por el Profesor Adolfo Ariza. Realidad, Información y Medios de Prensa en notas con una mirada local y abierta.

Profesor y Licenciado en Literatura. Coordinador Área de Vinculación – Secretaría Desarrollo Institucional – UNCuyo entre 2008 y 2014 (Desarrollo Emprendedor). Responsable de Kusca Gestión Colaborativa para Empresas.

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CUANDO HABLAMOS DE CLASE MEDIA, ¿TENEMOS EN CLARO DE QUÉ HABLAMOS?

CUANDO HABLAMOS DE CLASE MEDIA, ¿TENEMOS EN CLARO DE QUÉ HABLAMOS?

CUANDO HABLAMOS DE CLASE MEDIA, ¿TENEMOS EN CLARO DE QUÉ HABLAMOS?

 

Todos/as, en algún momento, hablamos de clase media, inclusive, nos enorgullecemos de que en Argentina existiera ese sector social. Recuerdo que, desde que era chico, los mendocinos hablábamos de que la diferencia entre Chile y Argentina era que allá solo había clase alta y baja.

Es probable que, si nos piden que describamos esa clase media que mencionamos, haya diferencias entre las características que demos de ella. Sin embargo, la clase media es una, ¿o no?

A poco que lo pensemos, no, claro, y la nota que publica página 12 lo plantea con toda claridad.

Creo que esta lectura es una ayuda para los que quieren entender mejor a Argentina; además, porque defender a esta clase media, que viene siendo golpeada desde bastante, sobre todo por el macrismo, que creía en un modelo de país como Australia o Chile, y no la favoreció en nada, al contrario, la perjudicó. Charlé con algunos sin techo de la CABA, y todos/as habían pertenecido a ella, y ahora estaban en la indigencia.

ESPERO QUE LES SEA ÚTIL.

 

¿Cuántas clases medias caben en la clase media?

Por Alfredo Serrano Mancilla

https://www.pagina12.com.ar/246434-cuantas-clases-medias-caben-en-la-clase-media

Imagen: Télam

Es cada vez más común que todo lo que acontece políticamente se explique en torno a una creciente y omnipresente categoría, la “clase media”. Este término monopoliza la mayoría de interpretaciones posibles a la hora de justificar los comportamientos sociológicos y políticos, y por supuesto, las preferencias electorales. Seguramente por comodidad y simpleza, da igual lo que suceda, porque todo tiene argumentativamente a la clase media como factor común.

En estos últimos años se han sucedido importantes fenómenos políticos aparentemente inesperados y novedosos en América Latina: la llegada de AMLO al gobierno de México con una amplia mayoría, la victoria electoral de Bolsonaro en Brasil, las protestas sociales en Chile y Colombia, también la imposibilidad de Lenín Moreno de dar estabilidad a Ecuador, el fin de Macri en Argentina a manos de la propuesta progresista de Alberto y Cristina, la derrota del Frente Amplio en Uruguay, y cómo no, el golpe de Estado en Bolivia. Todos estos hechos políticos y/o electorales han sido explicados recurrentemente y en gran medida por un mismo grupo económico y social, el de la clase media.

Y si tanta capacidad explicativa tiene, lo pertinente sería comenzar por preguntarse qué es exactamente eso de la clase media. Para ello, debemos partir de dos premisas básicas, que de no considerarlas podríamos llegar a sesgar cualquier interpretación posterior.

  1. La clase media no es un bloque monolítico ni homogéneo.

Según la CEPAL, el estrato medio aumentó de 136 millones a 250 millones de personas entre 2002 y 2017 en la región latinoamericana. Sin embargo, no todos esos millones de personas son idénticas. No lo son en su capacidad económica ni tampoco en su lógica aspiracional.

La mayoría de los organismos internacionales, en las últimas décadas, ya subclasificaron esta categoría tan amplia. A veces usan términos como el “media-baja” y “media-alta”; o incluso aparece una nueva categoría que es esa de “casi clase media”, bautizada por el Banco Mundial para denominar a aquellos que están justo un poco por encima del umbral de la pobreza, pero que son susceptibles de regresar en cualquier momento a ser pobres.

No obstante, esta desagregación tampoco es suficiente para captar la gran heterogeneidad existente al interior de estas 250 millones de personas que viven de manera muy diversa en Latinoamérica. En esa categoría hay dinámicas completamente contrapuestas. Por ejemplo, no es lo mismo aquella familia que luego de años llega a tener niveles (de educación, trabajo, salud, propiedad, ingresos) de clase media que otra que estuvo siempre en ese nivel. Como diría Alvaro García Linera, no tiene nada que ver la clase media de origen popular en Bolivia -que, según encuesta Celag es con la que se autopercibe un tercio de la población- con aquella la clase media tradicional (que es media no por densidad sino porque se encontraba en medio de una clase baja multitudinaria y otra clase, alta y muy reducida). Tampoco tendría ningún sentido equiparar la clase media recién llegada con aquella que fue alta pero que acabó siendo clase media por múltiples razones económicas, sociales o políticas.

Es por ello imposible tratar por igual a un grupo tan diverso en su capacidad económica, en sus niveles educativos, en sus hábitos culturales, y más aún si queremos hacerlo en relación a su lógica aspiracional. Si bien es cierto que hay un “comportamiento imitador” de aquella ciudadanía que asciende y mejora, no es verdad que las aspiraciones sean las mismas con aquella otra porción de la clase media que desea ser alta; o con aquella otra que tiene tradición histórica de pertenecer a ese grupo social, con usos y costumbres arraigados, sólidos, que hacen que la subjetividad se diferencie de los ciudadanos que aún están en esa fase de movilidad social y siempre con una sensación más bien de tránsito, del “querer llegar a ser”.

  1. La segunda premisa es que la clase media no puede ser un concepto importado de otras latitudes.

No se puede trasladar ahistóricamente la concepción de clase media europea a Ecuador, ni la de Argentina a Bolivia, ni la mexicana a Chile. Cualquier “epistemicidio”, como diría Boaventura De Sousa, para sustituir una episteme externa por la propia suele hacer mucho daño en cualquier análisis. Y con la clase media esto es lo que sucede constantemente. Es frecuente presuponer que los comportamientos de la clase media son similares en todas partes, como si no hubiera historia específica de cada país y, mucho peor, como si la distribución del ingreso fuera la misma en cada lugar. Por ejemplo, no podemos comparar de ninguna manera aquella distribución en un país cuya clase media es multitudinaria con aquel otro en el que su clase media es una pequeña porción entre dos “jorobas”: una gigante conformada por la clase baja y la otra, la clase alta, muy reducida. La subjetividad de una u otra de ningún modo podría ser la misma. Existe siempre un “relativismo” en la construcción de la subjetividad de esa clase media basado en cómo te observas en relación con el otro, con los de abajo y con los de arriba. Incluso, estadísticamente, la misma clase media identificada con indicadores “objetivos”, como el ingreso o consumo, también tiene un componente relativista que es determinante.

Por tanto, por una u otra razón, es necesario que cuando hagamos referencia al desafío de sintonizar con la “clase media” entendamos que no hay una única clase media, sino que son muchas las variedades al interior de ese gran grupo tan complejo. Hay clase media que recién llega y que, además, lo hace por muy diferentes vías; hay clase media de toda la vida; clase media que es más alta que media; clase media que siempre está en riesgo de dejar de serlo. Hay clase media en lo económico que a su vez es distinta según su capacidad económica sea en base a ingresos, herencia, consumo o endeudamiento. Pero no todos los matices diferenciadores proceden de lo económico, porque también hay clase media en lo cultural, en lo simbólico, en el poder político; y sin descuidar tampoco el componente “país” o, a veces, el regional. La clase media guayaquileña tampoco es la misma que la quiteña; ni la boliviana de El Alto a la de Santa Cruz. En definitiva, ante tanta variedad de “clases medias”, habrá que considerar multiplicidad de lógicas aspiracionales y sentidos comunes.

Es por ello que debemos “cuidar” el modo de querer atraerla e incorporarla al proyecto político progresista, porque no siempre existe una única manera de hacerlo. Se requiere mucho más bisturí que brocha gruesa. Es más, resulta imprescindible comenzar a analizar e identificar las disputas y tensiones que se dan al interior de este gran grupo social, porque seguramente de ello dependerá buena parte de la sostenibilidad de una propuesta política. Sería un gran error confundirse de objetivo, porque seguramente satisfacer a una clase media es mucho más fácil que a todas las clases medias que caben en ella.

 

Alfredo Serrano Mancilla es director de la Celag

ADOLFO ARIZA

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FRANCISCO: PAPA Y LÍDER ESPIRITUAL: LOS CATÓLICOS ARGENTINOS DEBERÍAMOS VALORARLO

FRANCISCO: PAPA Y LÍDER ESPIRITUAL: LOS CATÓLICOS ARGENTINOS DEBERÍAMOS VALORARLO

FRANCISCO: PAPA Y LÍDER ESPIRITUAL: LOS CATÓLICOS ARGENTINOS DEBERÍAMOS VALORARLO

 

Rescato esta nota de opinión porque comparto que Francisco es el más grande líder espiritual de hoy, y, en muchos sentidos, la única posibilidad de esperanza de una propuesta humanista que defienda a los millones de excluidos del mundo y de rechazo de este modelo neoliberal insustentable e insostenible que nos está llevando a la destrucción. Soy poco afecto a las lecturas apocalípticas, mucho menos en un mundo en que, a cada segundo, surgen nuevas posibilidades tecnológicas, pero también creo que se está estirando demasiado la cuerda y no sabemos dónde y cómo van a terminar varias situaciones críticas, como la rebelión social, el coronavirus, el deterioro ambiental, los liderazgos insensatos y enfermos como el Trump y Bolsonaro, y otros etcéteras.

De hecho, no comparto el título: hay muchos argentinos que lo merecemos –y me incluyo- porque hemos trabajado mucho por una Iglesia que hiciera carne “la opción de los pobres”. Recuerdo el Documento de Medellín y Evangeli Nuntiandi y otros que hemos leído y vivido. Recuerdo los mártires de la Iglesia y los perseguidos por sus ideas.

Pero está claro que lo que dice Bestani es real: muchos/as argentinos/as están enredados/as en análisis –ni eso- superficiales e inmaduros del Papa, y en las pavadas que pergeñan los trolls. Estos lograron –como con los mapuches, o los bolivianos, o los paraguayos- que una gran parte de ese 40% macrista demonizara a este Papa, sobre todo llamándolo Peronista. Ahora bien, si uno lee con algo de inteligencia y una mínima intención de objetividad, las pavadas, fake news, mentiras, se da cuenta de que creen tontos/as a esos seguidores.

No sé si es el argentino más importante de la Historia, cómo saberlo, pero sí sé que lidera la Iglesia que profeso, con millones de católicos/as de todo el mundo, y que esa es la Iglesia de Cristo, la de mi fe.

EN ESE CAMINO PONGO MI CORAZÓN.

 

Los argentinos no nos merecemos a Francisco – Por Juan Miguel Bestani

Por Juan Miguel Bestani – Arquitecto. Dirigente cristiano. Autor del libro “Santidad y felicidad en el siglo XXI (LUMEN)

https://www.losandes.com.ar/article/view?slug=los-argentinos-no-nos-merecemos-a-francisco-por-juan-miguel-bestani

 

“Nadie es profeta en su tierra” expresó Jesús según el evangelio. Ésta, como muchas otras verdades allí expresadas, habrá aprendido el Papa Francisco en su larga y fructífera vida religiosa. Veintiún siglos después experimenta la validez de esa máxima en él. Francisco no es profeta en su tierra, sino signo de contradicción en función de lo que cada argentino vea, lea o interprete en cada uno de sus gestos y palabras. Haga lo que haga el Sumo Pontífice, siempre será motivo de apoyos como de rechazos por parte de sus compatriotas. Esto que podría considerarse hasta normal por sucederle también a cualquier otra figura pública, cobra otra dimensión cuando esa figura es aclamada mundialmente, pero sin embargo no puede visitar su propia tierra por los motivos que sean. Luego de casi siete años de pontificado y por más razones que se hayan esgrimido, existe una razón esencial por sobre las demás: no hay el consenso mínimo entre los suyos acerca de la conveniencia o no de su venida. Esto habla más de nosotros como individuos y como proyecto colectivo que de él como destacada figura mundial. Nos cuesta horrores ver la gran película. Nos quedamos siempre con ciertas escenas. Como se nos escapa el todo, nos movemos siempre en partes.

Los argentinos somos como los adolescentes: estamos en una constante crisis de identidad donde no sabemos qué queremos ni por qué. Y al no poder resolver el asunto de fondo, nos quedamos siempre en los detalles. Al no tener en claro qué queremos como país o simplemente no poder ponernos de acuerdo en ciertos principios fundamentales, nos encanta actuar y sobreactuar en temas menores. En eso se nos va la vida. Así nos va importando más, y hasta nos hacemos un mundo, por lo que dijo fulano o el gesto de mengano. Llenamos cada vez más nuestra cabeza con improvisados panelistas de turno que con la propia realidad. No somos capaces de dedicar ese mismo tiempo a resolver nuestros principales problemas de fondo que justamente no son pocos. Nos dedicamos y ocupamos de la frivolidad, porque no somos capaces de la profundidad. Sin embargo, cada tanto ese incomparable talento surgido de años de mezcla de razas diversas y de un país centenario que sí tenía en claro el rumbo, da alguna joyita que logra elevarse sobre el océano de mediocridad y tibieza de todo tipo y, siendo capaz de dedicarse a lo profundo, trasciende sus propias fronteras para compartir todo su talento con el resto de la humanidad. Personalmente me gusta llamarlos argentundos: argentinos cedidos al mundo. Contamos con varios ejemplos en más de una disciplina. Pero me atrevo a sostener que el Papa Francisco es, sin dudas, el argentino más importante de la historia. Me baso en dos principios: uno terrenal y el otro trascendental.

Desde un punto de vista terrenal, es decir desde la razón y sin dar demasiada cabida a lo espiritual, Francisco es cabeza única y lidera una de las instituciones -sino la más-  de mayor peso político, cultural y social de la historia. Guste o no, se esté o no de acuerdo con ella, la Iglesia Católica no sólo es la institución que provee mayor ayuda social y educacional a nivel global, sino también una de las principales forjadoras de la identidad e impronta occidental. Con sus aciertos y desaciertos a lo largo de veinte siglos, ha ocupado un lugar de poder e influencia que prácticamente ninguna otra nación ha podido sostener en tan largo período de tiempo. Alguna superpotencia actual podrá disputarle poder, pero no influencia. Y esta institución de más de dos mil años fue sólo liderada por 266 personas. Una de ellas nacida en el barrio de Flores, acá nomás.

Desde un punto de vista trascendental, es decir desde la razón y lo espiritual de los creyentes católicos, Francisco fue elegido para liderar esa institución no sólo por operaciones o “roscas” de todo tipo entre influyentes cardenales en el consistorio, sino fundamentalmente por obra del Espíritu Santo. Esto implica intercesión divina y directa sobre el alma de los electores. Así de raro y quizá ingenuo que pueda parecer esto en pleno siglo XXI. Para los católicos, el argentino Bergoglio fue elegido por Dios en su plan de salvación para comandar su iglesia. Así como delegó en otras épocas esta tarea en Pedro su fiel discípulo, para estos tiempos que corren decidió elegir una persona nacida y criada entre nosotros. Tomadora de mate al igual que de colectivos y subtes. Hincha de San Lorenzo y probablemente del alfajor y del dulce de leche. ¡Un argentino es hoy el Pedro de ayer! Increíble y creíble a la vez.

Todo esto y mucho, muchísimo más representa el argentino Francisco para todo el mundo. Hacedor de gestos admirables y reconocidos, jugador fuerte en materia política y social, primer pontífice americano y jesuita, catequista sumamente “llegador” y tantas otras acciones y gestos -algunos peculiarmente argentinos-  de su pontificado que seguramente quedarán en la historia (más allá que puedan o no gustar a más de un creyente). Y sin embargo… para muchos argentinos, Francisco no representa eso sino un argentino más que, haciendo de las suyas, se para sobre una u otra de las veredas que nos vienen dividiendo desde los tiempos fundantes. Los argentinos no somos capaces de ver al compatriota que está haciendo historia, que es portador de amor, paz y esperanza para miles de millones de personas, sino que nos detenemos en la cara que pone en las fotos, en quiénes recibe, en sus supuestos dichos transmitidos por supuestos “amigos voceros”. Nos ocupa saber a quién envió o no algo. Detalles, escenas, nunca el fondo, nunca la película entera. El Papa no puede recorrer nuevamente las calles que lo vieron crecer, abrazar la gente que lo vio madurar, comerse una buena tira de asado en alguna parrilla porque sus propios vecinos están demasiado ocupados en sus ombligos sin ser capaces de alzar la vista para tener una mirada más global, más histórica.

Francisco está haciendo historia y nosotros lo vemos por TV. Él hace hoy por nuestro país en materia de prestigio e historia, lo que ningún otro prócer o ídolo global pudo o podrá hacer porque su tarea lo trasciende todo: lo político, lo deportivo, lo social, lo cultural, lo religioso, etc. Me atrevo nuevamente a sostener que su figura es la única capaz de lograr lo que ningún dirigente nacional ha podido en varias décadas de decadencia: unir verdadera y definitivamente a los argentinos en un mismo proyecto común. Hoy pareciera que no están dadas las condiciones para que vuelva a su querida y seguramente muy extrañada tierra. Hoy pareciera que los argentinos no nos merecemos a Francisco. Pero para aquellos que contamos con la fe suficiente, abrigamos la esperanza de ser capaces de merecerlo. Anhelamos que antes de finalizar su pontificado pueda volver a su país como parte de todos y no solamente de algunos. ¿Podrá el Padre Jorge contradecir al propio evangelio y ser profeta en su tierra? En el país de las muchas contradicciones todo puede suceder.

ADOLFO ARIZA

ADOLFO ARIZA

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PERONISTAS DE MENDOZA, ES HORA DE HACERNOS CARGO

PERONISTAS DE MENDOZA, ES HORA DE HACERNOS CARGO

PERONISTAS DE MENDOZA, ES HORA DE HACERNOS CARGO

 

He publicado alguna nota sobre el Peronismo en Mendoza, y había comenzado algún borrador sobre su situación –cuasi terminal- después de las últimas elecciones.

Sin embargo, hoy me encontré esta Nota de Opinión en el Diario Los Andes que hace un análisis muy válido del peronismo menduco, y la quiero compartir con uds., con mis aportes.

Me hice peronista en 1973, para siempre. Viví ese inmenso dolor nacional que significó la muerte del General, junto con los champanes descorchados de los que la celebraron, como lo habían hecho cuando murió Evita, y después cuando lo hizo Néstor Kirchner. Por lo tanto, conozco a ese anti peronismo visceral, y lo acepto, pero quisiera que los argentinos saliéramos de una confrontación que no nos sirve para consolidar un proyecto de país que no solo nos contenga, sino que nos permita una vida de calidad para la mayoría de los argentinos/as.

No comparto la descripción tan negativa de los dirigentes porque no acostumbro hablar así de los compañeros si no estoy frente a ellos, pero es innegable la decadencia dirigencial –más allá de que se trata de un fenómeno transversal de la sociedad- que aqueja al Peronismo.

Costó mucho convencer a los compañeros que acompañaran al equipo que llevó adelante la campaña electoral: había gente que muchos peronistas no aceptamos porque consideramos que debía dar un paso al costado porque no representan a un peronismo actualizado y doctrinario.

Coincido en que hay muchos/as compañeros/as de excelente nivel, y sobran conocimientos y capacidad, pero, cuando se cierran las listas, están los mismos de siempre, que tampoco aspiran a ganar, sino a estar como candidatos en un lugar entrable.

En Guaymallén, sigue mandando un pardalismo remanente que no se va ir a la casa (nadie lo hace), si los compañeros que queremos una propuesta a la altura de lo que merece Mendoza, no nos organizamos y tomamos la conducción del peronismo mendocino.

Este proceso debe comenzar pronto. Tenemos que encontrarnos, hablar y organizarnos para ser mayoría y llegar con un proyecto que signifique algo valioso para los mendocinos.

Si hay algo que ha quedado en claro después de las elecciones (estas y las anteriores) es que cuando el peronismo se une, gana las elecciones; por no hacerlo, perdió en el 2015.

Por lo tanto, está en nuestras manos cambiar este presente: tenemos una Historia y una Doctrina que nos lo reclama para llegar a ser la “Argentina que San Martín soñó.”

Peronismo de Mendoza: después del desastre

Por Mauricio Guajardo Corvalán – Médico UNCuyo. Ex jefe de prestaciones médicas PAMI Mendoza

https://www.losandes.com.ar/article/view?slug=peronismo-de-mendoza-despues-del-desastre-por-mauricio-guajardo-corvalan

 

Visualizo un recuerdo de mi infancia, que se presenta como una foto en blanco y negro. Mi abuela y mi padre llorando por la muerte de Perón. También perplejo, observaba la evidente alegría de un empresario conocido. Siempre existió y existirá esta diferencia ideológica aquí y en todo el mundo; no sorprende y hasta es saludable que así sea (no entiendo la vida con un pensamiento único, sin disenso). Pero no se explica el odio irracional que se evidencia en nuestro país (de ambas partes), sin tolerancia y respeto por el que piensa distinto. Sin dudas, la sociedad argentina es muy confrontativa, pero justamente es el resultado de tener clase media. Qué paradoja, ¿no?

Al crecer, mi síntesis se resume en una pregunta: ¿Un Estado neoliberal o un Estado de bienestar? Es obvio que aquí hay un dilema ideológico. Después de muchos años de estudio y análisis, intenté explicarme qué pasaba:

  • Muchos pensamos que el “peronismo” (más allá de sus indefendibles errores), permitió que nuestro país tuviera clase media (a diferencia del resto de América Latina).
  • Otros “No peronistas” (algunos amigos, sí, hermanos de la vida), creen lo opuesto, que era y es la causa de la decadencia.

Estas reflexiones, ubican desde mi perspectiva (y sin defender lo indefendible), al peronismo como actor imprescindible para tener el país y la provincia que soñamos.

Pero ¿es éste el peronismo que puede transformar y desarrollar la Mendoza que queremos todos?

Estas últimas elecciones despertaron una profunda pena en mí. El comentario en la última campaña del ex gobernador, definiendo esta campaña electoral como pobre intelectualmente, fue un golpe de nocaut para el peronismo (y también para mi autoestima).

Debo reconocer mi profundo enojo y desilusión, al ver en Mendoza un proceso autodestructivo, liderado por la actual dirigencia. Sin dudas, hay un antes y después de esta elección, o no entendimos nada. Un grupo de jóvenes sin estructura partidaria, le ganaron al Partido Justicialista y sus intendentes.

La dirigencia de nuestro movimiento provincial evidencia una franca decadencia. Si uno compara ex gobernadores justicialistas de hace 30 años (que terminaron siendo candidatos a presidente, embajadores en EEUU, etc.) con los últimos, nos causa gracia (en realidad dicha comparación hasta resulta un tanto bizarra).

Si evaluamos la gestión de los dos últimos gobernadores peronistas, era una obviedad que se perdería el poder por un tiempo prudencial. Uno de ellos, no pudo ganar ni siquiera la interna para ser intendente en su tierra, todo un reflejo de la realidad.

Por favor, muchos de nuestros máximos referentes y candidatos no pueden hablar de corrido. En otras épocas su techo habría sido ser concejal. Hacemos campañas evitando que se expresen y digan cómo piensan transformar la realidad. Esto no es discriminar, es reconocer las limitaciones. Por ejemplo, yo no podría ser ministro de Economía, no estoy capacitado para ello, y me ubico.

La pregunta es ¿qué nos pasó peronistas de Mendoza? La sociedad observa esto y expresa que no cree en nuestra alternativa. La fallida reforma de la ley 7.722, dejó expuesto lo desorientados que están nuestros referentes. Así, seguramente, perderemos la próxima elección, y lo grave es que la dirigencia no entendió el mensaje.

Peronismo mendocino, ¿seguiremos hasta terminar siendo una minoría testimonial? ¿Aprenderá la dirigencia del claro mensaje de la ciudadanía? ¿Jugará cada uno el rol que puede (no el que desee) para construir la Mendoza soñada? ¿Se pensará desde el peronismo, con intelectuales, qué provincia queremos y cómo desarrollarla? (obvio, con el imprescindible sostén del territorio pragmático que siempre nos caracterizó).

Por último, ¿dónde estás Jauretche de mi vida que no te puedo encontrar?

Francamente creo que el peronismo local tiene referentes y materia gris, para pensar la provincia que merecemos. ¿Tendrá la grandeza necesaria la actual dirigencia para dar un paso al costado?

Si no cambiamos el rumbo del peronismo mendocino, la ciudadanía continuará buscando las respuestas en otro lado; para alegría de muchos amigos, y para tristeza de mi padre (que en paz descanse) y la mía propia.

ADOLFO ARIZA

ADOLFO ARIZA

Autor del Blog

La actualidad de Argentina y el Mundo, Noticias vistas desde Mendoza por el Profesor Adolfo Ariza. Realidad, Información y Medios de Prensa en notas con una mirada local y abierta.

Profesor y Licenciado en Literatura. Coordinador Área de Vinculación – Secretaría Desarrollo Institucional – UNCuyo entre 2008 y 2014 (Desarrollo Emprendedor). Responsable de Kusca Gestión Colaborativa para Empresas.

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QUÉ NECESITAMOS LOS ADULTOS MAYORES: POCO DE LO QUE SE NOS OFRECE EN LA TELE

QUÉ NECESITAMOS LOS ADULTOS MAYORES: POCO DE LO QUE SE NOS OFRECE EN LA TELE

QUÉ NECESITAMOS LOS ADULTOS MAYORES: POCO DE LO QUE SE NOS OFRECE EN LA TELE

 

Me llamó la atención el título de esta entrevista a Gabriela Cerruti, Diputada Nacional por Nuevo Encuentro. En realidad, enfoca otros temas también, pero éste es interesante como introducción de un planteo que tenemos que hacer para buscar soluciones.

Por supuesto, voy a hablar de Viejos y Viejas –adultos/as mayores. Yo ya tengo 73 años, y esa expectativa de 90 años es razonable, más allá de que hay diferencias entre hombres y mujeres. A esta altura de mi vida estoy promediando esos 30 años de senectud que muchos/as vamos a vivir, y creo que el planteo de Cerruti es correcto. Más allá de los discursos y propagandas, la vida cotidiana de los adultos mayores tiene muchas necesidades no cubiertas, fundamentalmente porque llegamos a la vejez de mala gana, con conciencia de que ha disminuido nuestro valor, no de que estamos en una etapa superior de la vida.

Entonces, como no nos gusta envejecer, tratamos de mantenernos jóvenes, por lo menos en apariencia, y eso no sirve de mucho.

Hay etapas que terminaron y que no van a volver.

Me encanta el fútbol –aunque jugué al rugby bastante tiempo-, pero ya no puedo jugar a ese deporte: hago actividades (gimnasia, baile) en el agua, incluso intensas, me divierto y tengo la actividad física que necesito.

Pero es cierto lo que dice Cerruti: “No se están pensando políticas públicas para esa etapa”. Incluso, si bien vivimos mucho más, y con mejor calidad de vida, las imágenes con que se representa a los viejos/as, son muy semejantes a las de otras épocas: viejitas con rodete y en batón, ancianos en chaleco de lana y bastón, etc.

La mayoría de mis contemporáneos/as no tienen ni esa apariencia, ni esas actividades. Hace mucho que protesto por esa representación de la vejez.

También tiene razón la Diputada cuando habla de que los viejos/as tenemos derecho a vivir activos y felices, y necesitamos que haya oportunidades para hacerlo.

O sea, algo distinto de ir a las Termas de Rio Hondo en enero, o a cursos de Informática o tarjetería española.

Ahora, el planteo tiene que ser integral, y con compresión de lo que es la vida hoy, y cómo va a seguir. Hablamos de que la robótica y la inteligencia artificial están acabando con el empleo formal, pero no se nos ocurre pensar que esta prolongación de la vida significa la necesidad de miles de personas que los cuiden y acompañen.

Es una enorme fuente laboral.

Reitero: el objetivo de este blog es ayudar a que la gente común encuentre elementos para una mejor comprensión de la realidad nacional y global, que le permitan tomar mejores decisiones no solo electorales, sino en la vida cotidiana.

Por ejemplo, muchos/as hoy aceptan a las plataformas (Uber, Cabify, Pedidos Ya, etc.) como un hecho consumado de la evolución social y económica, que debemos aceptar mansamente.

¿Por qué? Las plataformas, en general, son estrategias de concentración económica de grupos empresarios internacionales, que destruyen empresas locales para quedarse con el mercado y generan trabajo precario.

No compremos pescado podrido.

He divagado más de lo razonable, pero ha sido con la idea de queden temas en qué pensar, para buscar alternativas y trabajar por soluciones.

El episodio de la minería y el agua ha demostrado que los pueblos buscan su lugar y su destino, pero no tiene que ser un impulso emocional, sino una actitud permanente, organizada y progresista.

Solo así la Argentina que queremos y necesitamos se concretará.

Incluida la Revolución de las Viejas y los Viejos.

 

Gabriela Cerruti: “Hay que hacer la Revolución de las Viejas porque ésa va a ser la parte más larga de la vida”

https://www.pagina12.com.ar/243514-gabriela-cerruti-hay-que-hacer-la-revolucion-de-las-viejas-p

En el video, habla mientras se pone crema. Dice que tiene 54 años, que está bien, aunque más arrugada y con dolores de rodilla, que toma calcio y ya pasó la menopausia. Y advierte que, en seis años, a los sesenta, técnicamente para la sociedad va a ser una “vieja”. Que a partir de entonces espera vivir treinta años más y reflexiona sobre la necesidad de pensar políticas públicas para esta etapa de la vida. La vejez. La más larga, aunque la cultura prefiera la juventud. Lo que no se imaginó es que el posteo, que tituló “La revolución de las viejas” –una primera toma que salió de un encuentro informal en su casa– iba a tener cien mil visualizaciones en un día.

–¿Cómo surgió la idea de “La revolución de las viejas”?

–Estaba en casa con una compañera y empezamos a hablar del tema, que a mí me ronda desde hace unos cinco años. Porque tengo 54 y dentro de seis voy a ser oficialmente una adulta mayor. Y apareció la idea de grabar “La revolución de las viejas”, que tuvo cien mil visualizaciones en un día. El tema me importa mucho porque la vejez va a ser la parte más larga de la vida. Y aún antes, a los 45 años, ya no te toman en ningún laburo. No se están pensando políticas públicas para esa etapa: cómo lidiar con la soledad no elegida, cómo ser autoválida, cómo no convertirse en una carga para tus hijos. Si se alarga la vida, el desafío es no alargar la vejez. Si ves la tele, las publicidades les hablan a los adultos mayores sobre pañales, remedios, de enfermedades. Y lo que hay que lograr es que ese período de la vida sea activo y feliz.

ADOLFO ARIZA

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Profesor y Licenciado en Literatura. Coordinador Área de Vinculación – Secretaría Desarrollo Institucional – UNCuyo entre 2008 y 2014 (Desarrollo Emprendedor). Responsable de Kusca Gestión Colaborativa para Empresas.

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