by ariza_adolfo | Dic 2, 2019 | Temas políticos
Hace un par de años, viajé a Europa y
estuve unos días en Roma, alojado en la zona del Tuscolano, a unos 20 minutos
de Termini, la estación romana de ferrocarril.
Es una zona comercial de bastante
actividad, con una importante cantidad de negocios atendidos por extranjeros
(paquistaníes, africanos).
Me llamó la atención ver pocos italianos
con la estampa clásica que uno conoce de ellos, y también que, en general, eran
gente grande.
Pensé que cuánto tiempo faltaría para que
el perfil poblacional de Italia se modificara para siempre. Cerca de Termini vi
edificios totalmente ocupados por africanos poco amistosos, y, hasta en Venecia
me encontré inmigrantes africanos, obviamente ilegales, vendiendo baratijas en
la calle.
Me gusta el fútbol, y recuerdo los equipos
europeos a lo largo del tiempo. Tomo como ejemplo a Inglaterra. Si mi memoria
no falla, en el Mundial de 1966 (donde los piratas hicieron honor a su
historia), no había ningún jugador negro en el equipo, en 1986 había un par
(recuerdo a John Barnes, en el partido con Argentina, que me hizo transpirar).
Acabo de googlear equipo inglés actual, y conté diez jugadores de color.
En Francia, Bélgica, y otros países
europeos colonialistas pasa lo mismo. Fueron colonizadores crueles, duros y
rapiñadores. Ganaron mucho territorio y dinero, pero se poblaron de europeos de
color. Eran ciudadanos de segunda, pero europeos de toda legalidad.
Después se agregaron los inmigrantes que
buscaban –y buscan, aun a costa de la vida- huir de la pobreza, el hambre y las
guerras. En esto, tampoco Europa, y su aliado EEUU (no olvidemos la OTAN) son
inocentes, sino al contrario.
Entonces, este horror de la extrema derecha
europea que encarna este escritor francés cuyo artículo voy a compartir con
ustedes es, por lo menos, desvergonzado, pero no creo que esos facciosos –como
los ejemplares locales que están envalentonados en América Latina- se preocupen
por ningún detalle moral.
Es interesante conocer los procesos de
formación y desarrollo de las ideologías que subyacen –o algo más- en los
procesos sociales y políticos que nos afectan porque nos ayuda a entender lo
que está sucediendo y tomar mejores decisiones.
De todos modos, según el autor, ese riesgo
de reemplazo total de la población europea original por los provenientes de
otras etnias no es real, pero ha tomado un alto valor simbólico para esas
minorías de derecha.
Sin embargo, se me ocurre que hay un factor
que Febbro no incorpora, y que es la concentración urbana de estos inmigrantes
que van a las ciudades a buscar de qué vivir. Recuerdo los disturbios de hace
unos años en ciudades de Francia, y eran protagonizados por personas de color.
Estos hechos urbanos, como las marchas y
disturbios latinoamericanos de los que reclaman por siglos de injusticia social,
tienen alto impacto mediático, y suelen ser tema de relatos generalmente
sesgados y descalificadores de los sectores populares.
Es
un tema para estudiar y desarrollar, y esta nota de Febbro es un buen punto de
partida. Ojalá les sirva e interese.
El Gran Reemplazo, la idea de Renaud
Camus para la extrema derecha
Por Eduardo Febbro
https://www.pagina12.com.ar/233464-el-gran-reemplazo-la-idea-de-renaud-camus-para-la-extrema-de
Aquellos que se denominan los
“patriotas” tienen une convicción irrevocable: el “gran reemplazo” de
las sociedades occidentales está en curso,” es real y visible en Francia y si
no tenemos cuidado nuestra nación se apagará en poco tiempo”. La frase antes
citada figuraba en el portal internet de un grupúsculo de extrema derecha, AFO
(Acción de fuerzas operacionales) que en 2018 fue desmantelado cuando estaba
cerca de cometer una serie de atentados contra los musulmanes de Francia
(envenenamiento de la comida). Antaño restringida a una estrechísima galaxia
ultra, la idea del “gran reemplazo” ha impregnado a las extremas derechas del
mundo y hecho de su autor, Renaud Camus, un apóstol de la cruzada contra las
sociedades multiculturales. Nada parecía destinar a este aristocrático escritor
gay, cuyos libros fueron celebrados en los años 80 por su calidad, a
convertirse en el ícono mundial de los extremistas de las ultraderechas. El
enunciado es de una simpleza que, para muchos, resultó hipnotizadora: la pura
cepa de la sociedad francesa, su vínculo más “tradicional”, está desapareciendo
en beneficio de “un gran reemplazo” cuyos protagonistas son ciudadanos no
europeos, entiéndase, musulmanes. Renaud Camus es una de las figuras que
componen el triángulo de los intelectuales franceses que, desde los años 70,
forjaron el zócalo del renacimiento de las ultraderechas: Alain de Benoist, el
ideólogo fundador de la Nueva Derecha y pilar de la derecha alternativa
norteamericana: Jean Raspail, autor de la novela El Campamento de los Santos
(1973) donde el autor narra el desembarco de un millón de miserables de piel
oscura en las costas de Francia. Y Renaud Camus. Dos de sus libros, De l’in-nocence.
Abécédaire (2010) y Le Grand Remplacement (2011) desarrollan la temática del
Reemplazo de las sociedades blancas occidentales.
Los polemistas radicales, algunos líderes
del partido de extrema derecha Reagrupamiento Nacional (ex Frente Nacional),
ciertos intelectuales y candidatos de esa corriente han convertido el libro de
Camus en su manual de cabecera. La novela Sumisión, de ese idolatrado inocuo
que es Michel Houellebecq, narra el ascenso al poder de los islamistas en
Francia (La Fraternidad musulmana). Ese relato fue inspirado por las
conversaciones que Houellebecq mantuvo con Camus. La teoría del
ultraconservador consta de dos ejes: por un lado, según el autor, los datos
demográficos (falsos) muestran que la inmigración masiva y la fecundidad
elevada de las poblaciones no europeas están superando a la población
originaria y, por consiguiente, imponiendo su religión y su cultura a todo el
continente; por el otro, si esto es posible se debe a que una clase de
dirigentes “remplazistas” ha organizado deliberadamente los flujos migratorios
masivos con el fin de que emerja un nuevo hombre, desprovisto de todas las
particularidades nacionales (étnicas y culturales). Ello, alega el autor, con
el único propósito de modelar una suerte de individuo sin ataduras,
intercambiable en cualquier circunstancia y dispuesto a ser un lacayo nómada al
servicio de la globalización. La influencia de Renaud Camus ha sobrepasado las
fronteras francesas. Su Gran Reemplazo figura en la tapa del manifiesto
publicado en internet (The Great Replacement) por el terrorista australiano
Brenton Tarrant que el 15 de marzo de 2019 asesinó a 51 personas en la mezquita
de Christchurch, en Nueva Zelandia. En ese texto de 74 páginas, Tarrant
sostiene que, luego de un viaje a través de Francia, se convenció de que era
urgente pasar al acto porque hay “invasores por todos lados”. La misma idea del
invasor reemplazante aparece en el texto que el supremacista blanco Patrick
Wood Crusius publicó en internet antes de perpetrar la matanza en el Walmart de
El Paso (3 de agosto de 2019) que dejó un saldo de 22 muertos. El manifiesto
The Inconvenient Truth hablaba de “la invasión hispánica de Texas”.
Los libros de Renaud Camus no contienen
llamados a la violencia o a la eliminación, pero han sido interpretados así por
una minoría radicalizada que se nutre de su prosa altamente racista y dura, por
la que ya fue condenado por “incitación al odio”. Camus puede evocar
con total impunidad el “genocidio por sustitución”, acusar a los musulmanes de
“colonizadores” o de ser el “brazo armado de la conquista”. Para alguien que se
dice pacifista, sus palabras son un incendio. Para Camus, quienes asesinan son
“locos”,” idiotas”,” descontrolados” y él no debe ser considerado “cómplice” de
esas matanzas. No obstante, su obra ha tenido un poderoso alcance contaminante,
tanto más cuanto que los estragos de la globalización sensibilizan a sus
lectores antes ideas complotistas sobre la existencia de un “remplazismo
global”, o aquella acerca de la meta secreta escondida en el corazón del
capitalismo: convertir a cada ser humano en un consumidor “remplazable”. Renaud
Camus sostiene que basta con pasearse por Francia y por Europa y “observar la
realidad del Reemplazo”. El subjetivismo es completo. Las estadísticas francesas
contradicen la veracidad de esa observación. En total, 12% de la población
francesa es de origen extranjero. Las cifras están muy lejos de probar su
teoría. Sin embargo, los estudios de opinión muestran que un segmento
consistente de la sociedad sí cree en que hay un Reemplazo en curso, y que este
está organizado como un complot. La fundación Jean-Jaurés, Conspiracy Watch y
la encuestadora IFOP realizaron un estudio (2018) sobre el impacto del
complotismo: una persona de cada cuatro compartía la idea según la cual “la
inmigración ha sido organizada deliberadamente por las elites políticas,
intelectuales y mediáticas con la meta final de remplazar a la población
europea por una población inmigrada”.
Camus es un heredero de las etnoobsesiones
que la extrema derecha europea desarrolló desde finales del Siglo XIX. El autor
de El Gran Reemplazo, en pleno Siglo XXI, modernizó el objeto del odio: antes
los judíos, ahora los africanos y los musulmanes. Los líderes políticos más
importantes de la extrema derecha se cuidan de no emplear el término “gran
reemplazo” pero tejen sus retóricas en torno a ese concepto. En vez de
“reemplazo” pueden decir, como Marion Marechal Le Pen, que la inmigración pone
en tela de juicio “la continuidad histórica” de Francia. Renaud Camus ha
alimentado la circulación de un consistente flujo de libros escritos a partir
de su teoría, incluso por autores que antes fueron de izquierda. Es el caso del
hoy racista y purista conservador Alain Finkielkraut, autor de La Identidad
Infeliz”. Sumisión, de Michel Houellebecq, es una extensión bajo forma de
ficción de los desvelos de Camus. El Gran Reemplazo es puro humo, una inanidad
llena de miedos, percepciones fugitivas, nostalgias por un mundo blanco y
católico que la colonización alteró, emociones que adquieren el estatuto de
ciencia demográfica y que pueden funcionar como un manual para los soldados al
servicio del odio.
efebbro@pagina12.com.ar
by ariza_adolfo | Nov 28, 2019 | Temas políticos
Quiero compartir esta entrevista publicada por
iProfesional porque me parece demostrativa de ciertos tipos de análisis
políticos que se están haciendo por estos días. Es llamativo que se intente
comprender América Latina desde conceptos más europeos que otra cosa. En este
caso, la UCEMA es una universidad argentina, patrocinada por el Centro de
Estudios Macroeconómicos de Argentina, pero el análisis de la situación
argentina es parcial y limitado, ignorando la historia y estructura social y
política del país.
Explicar que en Argentina no ha habido
desbordes sociales porque se han generado “mecanismos de inclusión y
asistencialismo”, y calificar de “retorno del populismo” al triunfo del
Peronismo, revela una visión sesgada cercana a las políticas que han generado
los problemas que han llevado a los pueblos latinoamericanos a reacciones
potentes que no reciben mayor respuesta que represión violenta.
Esto no invalida aciertos en el análisis de
la situación de Chile y Bolivia, pero responsabilizar casi exclusivamente a la
voluntad de “perpetuarse en el poder” de Evo Morales del golpe en Bolivia es
una simplificación difícil de comprender en un analista político. Es inevitable
la referencia a que no se hace la misma observación respecto de Ángela Merkel
que gobierna Alemania desde el 2005.
Bolivia es un país lleno de diversidades y
desigualdades. Evo consiguió sacarlo de su ancestral pobreza, pero le faltó
desarrollar un poder político que le permitiera seguir desarrollando su
proyecto protegido de los ataques de los sectores económicos poderosos y de
derecha. Es sabido –lo he visto- que en Santa Cruz de la Sierra y Beni (hay un
equipo que se llama Oriente Petrolero, por ejemplo) rechazan a las poblaciones
originales. Estas regiones estaban esperando una oportunidad para sacarse al
indio (Evo) de encima, y el intento de reelección fue la brecha que esperaban.
Tanto Evo como Correa en Ecuador no
pudieron –o no supieron- encontrar sucesores y equipos dentro de sus fuerzas
políticas para continuar con su propuesta, y los traidores a la tradición
integracionista de San Martín y Bolívar, con el Imperio del Norte atrás (como
siempre), que tienen paciencia y esperan su momento, les arrebataron el poder.
Ese es el momento crucial que se vive en
AL, en el que nos jugamos la posibilidad de llegar a ser un bloque continental
que tenga chance de desarrollarse política y económicamente en el marco de los
bloques mundiales.
Hace un rato Piñera dijo: “Llegó el momento
de decir basta”, ante la violencia de las acciones que superan la voluntad de
manifestación pacífica de la mayoría de los chilenos; ahora bien, si la
propuesta de un Congreso constituyente, en lugar de una Convención, no genera seguridad
a la gente de que, por ese medio, se llegará a un texto constitucional que les
dé un marco legal superior para un Chile distinto, es muy difícil que se paren
las marchas, aunque la represión sea cada vez más feroz. Tengo la sensación de
que Piñera está terminado, game over, pero podría ser un proceso muy sangriento
para Chile.
Estemos atentos con la evolución de estas
situaciones y entendamos lo que sucede realmente para que no creamos mentiras.
ESTÁN EN JUEGO LA PATRIA GRANDE, Y
LAS CHICAS, POR LO TANTO, TAMBIEN. NUESTRA INGENUIDAD Y DERECHIZACIÓN SERÁN
CÓMPLICES
Corbacho: “Argentina desarrolló
la capacidad para contener situaciones sociales que de otro modo serían muy
peligrosas”
https://www.iprofesional.com/politica/304078-crisis-chile-alejandro-corbacho-Corbacho-Argentina-pudo-contener-situaciones-sociales-muy-peligrosas
El director del Observatorio de Política
Exterior (OPEX) de la UCEMA dialogó con iProfesional sobre los conflictos en
Chile, Bolivia y la región en general
Por Mariano Jaimovich
25.11.2019 • 06.06hs •POLÍTICA
“El caso Chile es una muestra que en
la región existe la posibilidad de un estallido social aún en situaciones donde
los indicadores de desarrollo económico y social son muy positivos”,
resume en entrevista con iProfesional Alejandro Corbacho, director del
Observatorio de Política Exterior (OPEX) de la UCEMA, sobre el clima que está
acechando a América Latina.
Los hechos parecen indicar que están
aflorando problemas de desigualdad social que están presentes desde hace tiempo
en los países del continente.
En el caso de Chile, para este analista
político, se representa una explosión de los problemas distributivos; y en
Bolivia los disturbios tienen raíz en los intentos de la clase política de
perpetuarse en el poder.
– ¿Qué está ocurriendo en la región?
-En la región eclosionaron problemas que
han estado presentes por un largo tiempo y a los que no se les dio o da una
respuesta satisfactoria: la desigualdad y la convivencia política. Los grupos
progresistas incluyen la visión de partidos socialdemócratas escandinavos con
regímenes de partido único como Cuba y Corea del Norte. Se declaran muy
preocupados por la desigualdad, minimizan la convivencia política, y con tal de
mantenerse en el poder aceptan las prácticas no democráticas. En el lado
opuesto están los grupos que hacen hincapié en sostener los mecanismos de las
democracias liberales modernas en lo político y en lo económico, pero muestran
problemas en distribuir la riqueza y el bienestar. Chile representa una
explosión para resolver problemas distributivos y Bolivia para frenar los
intentos de perpetuarse en el poder por medios fraudulentos.
-Respecto a estos dos países que presentan
disturbios, ¿cómo interpreta el momento que afrontan?
-Creo que Chile y Bolivia son claras
expresiones de descontento en la sociedad que responden a distinto origen. El
caso de Chile es un buen ejemplo de lo que la psicología social llama
frustración relativa. Ésta expresa una creciente insatisfacción y enojo por la
insuficiente distribución y acceso a bienes y bienestar.
Por otra parte, en Bolivia el descontento
es político y está enfocado en las autoridades que ejercen el control del
Estado. Se trata de una sociedad que a pesar de la denominación de estado
plurinacional todavía no termina de resolver los diferentes clivajes
regionales, económicos, culturales y raciales.
– ¿Cómo cree que impactarán estos
conflictos en la Argentina?
-El caso Chile es una muestra que en la
región existe la posibilidad de un estallido social aún en situaciones donde
los indicadores de desarrollo económico y social son muy positivos. No es
sorprendente que haya efervescencia en Ecuador o Bolivia, pero sí en el país
trasandino. Éste se presentaba como la excepción de la región en cuanto a
desempeño económico e institucionalidad.
Por otra parte, la Argentina puede
presentarse como una sociedad en constante estado de ebullición lenta con
ocasionales explosiones de malestar social que rápidamente son moderadas por
mecanismos de inclusión y asistencialismo. En pocas palabras, la Argentina ha
desarrollado cierta capacidad para contener situaciones sociales que de otro
modo serían muy volátiles y, en consecuencia, peligrosas.
Es también importante señalar que el haber
tenido este año un proceso de elecciones presidenciales que se presentó con
posibilidades de ganar de una opción que asegura el retorno del populismo y,
más aún, el que haya ganado, mejoró para las expectativas para el futuro en los
sectores que pueden ser más proclives a expresarse en forma violenta contra el
actual status quo. Sin embargo, no hay que olvidar que lo que les ocurre a los
vecinos son experiencias que pueden reproducirse, por copia o contagio, si
existen las condiciones para que ello suceda. Debemos entonces como sociedad
estar atentos porque podría acontecer.
– ¿Qué salida posible tiene Chile ante una
situación que no parece calmarse?
-Como se ha estado desarrollando el
conflicto en Chile, creo que con una institución emblemática que modifique la Constitución.
Digo emblemática porque la misma se origina en el gobierno de facto de Pinochet
en 1980, y aunque desde entonces ha sufrido modificaciones, parece que éstas no
han sido suficientes y existe una demanda de un nuevo texto libre de los
resabios de su origen autoritario y que plasme tanto los valores como los
deseos de la sociedad de este tiempo. El actual texto constitucional es
bastante rígido para su modificación, por eso la solución de cambio a través
del congreso constituyente es vista como un acto de continuismo. Por lo tanto,
una solución sería la de una convención constituyente que abriría la
posibilidad de construir desde cero un nuevo texto constitucional.
– ¿Esto qué implicaría?
-Esto supone un desafío muy grande para la
sociedad en su conjunto, pero si resulta de un acuerdo serio y responsable de
las partes, serviría mejor a los fines de mejorar la vida de los chilenos. Se
trata de un nuevo inicio consensuado. Este camino parece ser el que aglutinaría
a la mayoría de los sectores descontentos. Sin embargo, existen todavía grupos
muy violentos, en particular de jóvenes, muy alienados de la sociedad que
posiblemente este cambio tampoco los conforme. En ese caso, la respuesta de la
mayoría de la sociedad chilena debe hallar el modo de enfrentar y terminar
incorporando a estos sectores.
– ¿Y para Bolivia qué solución ve posible?
-La solución para Bolivia no parece tampoco
sencilla. Sería importante, como primera medida, disminuir la conflictividad y,
por sobre todo, buscar una solución política, aceptable para las distintas
partes en conflicto. Tanto los seguidores de Evo Morales como los opositores
que disminuyan el nivel de animosidad. Aquí podrían jugar un papel importante
figuras no militares que moderen las posiciones y que, en realidad, busquen
acercar las partes y que también ordenen detener la violencia entre las partes.
Por supuesto, un tema que siempre es enarbolado por ambos sectores es la
intervención o injerencia externa adoctrinando, incentivando y promoviendo la
lucha. De seguir ese camino, hallar soluciones se dificultará y llevará a
resultados peores. Como en toda comunidad política, las soluciones exitosas
deberán provenir de los propios miembros, en este caso los bolivianos, y de la
aceptación de sus diferencias.
– ¿Cómo considera las reacciones del
gobierno argentino y de Alberto Fernández ante estos conflictos?
-Las reacciones del gobierno argentino y de
Alberto Fernández no me sorprenden porque son las que podemos esperar en
función de sus posiciones respecto de su visión de la política internacional y
regional en general. El gobierno de Macri se unió al desmantelamiento del
Unasur, participando en la conformación de un nuevo espacio multilateral, el
Prosur. Además, restableció una relación seria con los Estados Unidos, Europa
Occidental, Brasil e Israel, al mismo tiempo que mantuvo un equilibrio
saludable con China. Fernández, en cambio, participa del Foro de Puebla que
aglutina a los líderes de la izquierda regional que están celebrando la vuelta
al poder y el futuro retorno a lo que se conocía como el bloque del ALBA o
Alianza Bolivariana o Socialismo Siglo XXI. Por lo tanto, ambos apoyaron las
posturas que más se ajustan a su visión de cómo debería insertarse el país en
el mundo.
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