MEDIOS PÚBLICOS: ¿CUÁL DEBE SER LA POLÍTICA DE LA NUEVA GESTIÓN?
Elijo para título de esta entrada el mismo que usaron en la nota de Página 12 que sintetizaré abajo porque es una de las preguntas que nos hacemos los argentinos a menos de una semana de que asuma el nuevo Gobierno de la Nación.
Es claro que en este contexto de una gestión saliente que casi no puede mostrar logros positivos, hay sectores, como el de la economía, que tienen prioridad, pero, tanto por su valor intrínseco, como como el estado en que los ha sumido el macrismo, el tema de los medios públicos es central para poner de pie al país.
Por esto, he hecho una selección de párrafos de esta extensa nota, cuyo link permitirá la lectura completa del que quiera hacerlo, para que tengamos acceso a algunas opiniones que nos ayuden a comprender la situación y algunas necesidades de este aspecto clave para la Patria.
El resto es lo que debemos poner cada uno de los argentinos en esta etapa en la que casi no tenemos chance de sentarnos a esperar las medidas de nuevo Gobierno: debemos informarnos lo más rigurosamente posible, tomar posiciones con sentido patriótico e inclusivo, y hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que, definitivamente, levantemos las tres banderas que me hicieron abrazar al Peronismo hace más de cuarenta y cinco años: Soberanía Política, Independencia Económica y Justicia Social.
Así sea.
Medios públicos: ¿cuál debe ser la política de la nueva gestión?
Los medios públicos recuperan la esperanza. El inminente cambio de gobierno pondrá en marcha una nueva gestión, que buscará revitalizar un sistema que en estos últimos cuatro años sufrió una política de abandono y vaciamiento, en tanto objeto del ajuste -económico, productivo y creativo- que sufrieron los trabajadores, pero también las programaciones.
Más allá de algunos matices, hay un hecho insoslayable: tanto la radio como la TV pública carecieron de identidad, producción y audiencia durante la gestión macrista. Los medios fueron más noticia por sus problemas y recortes que por sus estrenos, al punto que los históricos lanzamientos de programación dejaron de realizarse por una sencilla razón: no había mucho que anunciar. Como parte de una política que lejos estuvo de revalorizarlos, y en un contexto en el que la TV abierta sufre los embates de la era digital, los medios públicos deben reconstruirse, a la vez que repensarse en función de las nuevas tecnologías que conforman audiencias dinámicas.
El desafío que enfrentará la flamante gestión en los medios públicos será enorme. Desde la puesta en marcha de un sistema de producción que fue horadado por la gestión de Hernán Lombardi al frente de Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos, hasta la recuperación del rol informativo de la TV Pública, donde se eliminaron los noticieros durante el fin de semana como si la información no fuera una de sus obligaciones, la política comunicacional que asumirá el 10 de diciembre deberá revalorizar el rol que los medios estatales tienen dentro del mapa mediático argentino. Página/12 reunió a diversos protagonistas del mundo audiovisual argentino, desde actores y productores, pasando por especialistas, para analizar qué televisión pública es posible en la Argentina y en el mundo actual, considerando razones culturales, ideológicas, económicas y tecnológicas.
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“Al gobierno de Cambiemos lo público lo asustó, lo desbordó, lo superó y por eso decidió no atenderlo ni entenderlo”, analiza Carlos Ulanovsky, ante la consulta sobre qué hacer con los medios públicos. En la opinión del especialista, la reconstrucción del sistema deberá ser profunda. “Los números de la audiencia son reveladores: la desidia oficial llevó a la TV pública y a Radio Nacional a su mínima expresión, casi equivalente al silencio. Se interrumpieron proyectos muy valiosos como los de las señales Encuentro, Pakapaka y Depor TV. Pakapaka dejó de encabezar la grilla de las señales infantiles, tal como exigía la Ley de Servicios Audiovisuales, de la misma manera que Encuentro fue reubicado en lugares de la grilla difíciles y, para algunos, imposible de acceder. Enmendar esta lamentable ‘no política’ será una más de la extensa lista de nuestras deudas internas, tan grave como la deuda externa que deberemos afrontar”.
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La coincidencia sobre el diagnóstico y sobre la importancia que debe tener el sistema de medios públicos en países trasciende, incluso, lo meramente artístico. Sin embargo, cualquier política comunicacional no puede privarse de producir contenidos que sean lo suficientemente atractivos para la vasta y diversa sociedad argentina. La conformación de una programación a la BBC que entretenga, informe y eduque, en proporciones similares, parece ser un aspiracional complejo de plasmar en la realidad. El dilema sobre si el sistema de medios públicos debe plasmar temáticas y lenguajes que los privados descartan, con un fuerte perfil cultural-educativo, o si deben competir con los comerciales en formatos que atraigan audiencias y anunciantes, se renueva cada vez que un nuevo gobierno asume su manejo.
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Ampliar la mirada más allá de los límites artísticos y televisivos, entendiendo a los medios públicos como un sistema multimedia de finalidades diversas, parecen ser algunos de los desafíos que se presentan en el presente. No sólo desde su concepción multidimensional y diversa, sino también desde sus propias categorías a la hora de pensar una programación que contenga a toda la ciudadanía. “El contexto digital -desarrolla Llorente- obliga a plasmar de otras maneras los conceptos de pluralismo, de ciudadanía, de diversidad, de representatividades. La pluralidad no depende solo de la cantidad de voces que se expresan básicamente a sí mismas -conductores oficialistas u opositores como ejemplo- sino de colectivos sociales con distintos niveles de representatividad. Es a través de una apuesta a la creatividad, calidad, riesgo, disrupción e innovación desde donde los medios públicos deberán reconstruir empatía entre sus contenidos y la ciudadanía. Hay una audiencia dispersa, que le da la espalda a los medios tradicionales por falta de contenidos atractivos. Si los medios estatales son capaces de ocupar ese lugar vacante, seguramente tendrán una gran oportunidad de volver a atraer audiencias decepcionadas”.
Máximo historiador del sistema mediático argentino, Ulanovsky sostiene una hipótesis sobre qué televisión pública es posible y deseable en la Argentina actual. “Hay que hacer de la TV Pública -arriesga con genuino anhelo– el canal del orgullo cultural argentino, con una programación en donde tengan lugar los mejores, cada semana, de la mañana a la noche. Y así como soñamos con volver a encender toda la maquinaria apagada y poner de pie a la Argentina, lo mismo puede hacerse con los medios públicos, con imaginación, con talento propio, apelando muy excepcionalmente a las coproducciones, creando trabajo genuino, usinas de ideas y oportunidades, frente a las que los privados se pregunten ‘¿Por qué no se me ocurrió a mí?'”.
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¿Qué hacer con la TV estatal?
Por Martín Becerra
En el próximo gobierno, Canal 7 cumplirá 70 años. Si algo muestra su recorrido, que no alteran los bandazos de cada cambio de gestión, es que carece de proyecto a largo plazo, de financiamiento estable (lo que incentiva su peculiar acumulación de publicidad y contratos comerciales), de programación auténticamente federal, de contenidos informativos y de actualidad respetados por públicos que no sean los contingentemente oficialistas, y de línea estética propia.
Pero no todo es pesar: su capacidad de supervivencia incluso en lapsos de vaciamiento de recursos y de público (como el que está terminando el presidente Mauricio Macri), su inestable pero manifiesta mejora tecnológica durante este siglo XXI, su inserción en un sistema más o menos articulado de señales audivovisuales del Estado como Encuentro (2005), PakaPaka (2010) o DeporTV (2012), su acervo de imágenes y sonidos de enorme valor documental y posible uso al servicio de programas formativos, su pasado no tan remoto de programación de eventos de interés relevante que masificaron la pantalla (como el fútbol), constituyen valores que alientan la proyección a futuro de la TV estatal.
Aparte, haciendo de la debilidad una virtud, están los reclamos de diferentes sectores de la comunidad para que la emisora generalista cuente con mayor despliegue federal y sea más respetuosa del pluralismo político, cultural y social en su programación. Estos reclamos, que las fuerzas políticas realizan cuando son oposición y olvidan cuando llegan al gobierno, son un indicio de que Canal 7 aún interesa. La “demanda social y política” es un activo a considerar.
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La TV estatal en los próximos años podría aspirar al objetivo de oxigenar esa ecología con material en distintas pantallas y formatos que complemente la oferta existente aportando diversidad (cultural, social, geográfica, política), que el mercado no tiene por función proveer; un tratamiento no mercantilizado de los contenidos: una reconexión con su función educativa (interrumpida por la gestión actual) y transparencia, tanto en sus prácticas como en sus indicadores de desempeño. No es un objetivo revolucionario, pero que sea virtuoso y realista supondría una gran mejora.
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La televisión pública es cool
Por Omar Rincón
Si quiere tener estilo, ser tendencia y estar donde la diferencia existe, vaya a la televisión pública, que es donde se está produciendo los mejores relatos audiovisuales latinoamericanos: esos que no están en Netflix, ni en Canal 13, ni en TN, ni en Telefe, ni en cable. La Televisión Pública nos da orgullo porque nos hace ser distintos y tener estilo de vida.
La televisión pública es “soberanía cultural”. Sus programas, formatos, voces y estéticas son “muy nuestros”, patrimonio de nuestro modo de ser, relatos de nuestros recursos humanos y naturales. No son formatos made in Miami de Netflix, NatGeo, Discovery o HBO. Aquí se reconoce los modos propios de narrar y expresarse. Por eso, para saber cómo somos de por aquí, para tener soberanía cultural, para eso está la TV pública.
La televisión pública es democracia expandida. Se hace para ciudadanos (sujetos políticos con derechos) y no para consumidores (usuarios con billetera o fe religiosa), se programa con inclusión social y diversidad cultural (todas las razas, todas las clases, todas las generaciones, todos los gustos). Muestra las regiones, hace visibles a los ignorados, narra con respeto por el ser humano.
La actualidad de Argentina y el Mundo, Noticias vistas desde Mendoza por el Profesor Adolfo Ariza. Realidad, Información y Medios de Prensa en notas con una mirada local y abierta.
Profesor y Licenciado en Literatura. Coordinador Área de Vinculación – Secretaría Desarrollo Institucional – UNCuyo entre 2008 y 2014 (Desarrollo Emprendedor). Responsable de Kusca Gestión Colaborativa para Empresas.
Hace un par de años, viajé a Europa y
estuve unos días en Roma, alojado en la zona del Tuscolano, a unos 20 minutos
de Termini, la estación romana de ferrocarril.
Es una zona comercial de bastante
actividad, con una importante cantidad de negocios atendidos por extranjeros
(paquistaníes, africanos).
Me llamó la atención ver pocos italianos
con la estampa clásica que uno conoce de ellos, y también que, en general, eran
gente grande.
Pensé que cuánto tiempo faltaría para que
el perfil poblacional de Italia se modificara para siempre. Cerca de Termini vi
edificios totalmente ocupados por africanos poco amistosos, y, hasta en Venecia
me encontré inmigrantes africanos, obviamente ilegales, vendiendo baratijas en
la calle.
Me gusta el fútbol, y recuerdo los equipos
europeos a lo largo del tiempo. Tomo como ejemplo a Inglaterra. Si mi memoria
no falla, en el Mundial de 1966 (donde los piratas hicieron honor a su
historia), no había ningún jugador negro en el equipo, en 1986 había un par
(recuerdo a John Barnes, en el partido con Argentina, que me hizo transpirar).
Acabo de googlear equipo inglés actual, y conté diez jugadores de color.
En Francia, Bélgica, y otros países
europeos colonialistas pasa lo mismo. Fueron colonizadores crueles, duros y
rapiñadores. Ganaron mucho territorio y dinero, pero se poblaron de europeos de
color. Eran ciudadanos de segunda, pero europeos de toda legalidad.
Después se agregaron los inmigrantes que
buscaban –y buscan, aun a costa de la vida- huir de la pobreza, el hambre y las
guerras. En esto, tampoco Europa, y su aliado EEUU (no olvidemos la OTAN) son
inocentes, sino al contrario.
Entonces, este horror de la extrema derecha
europea que encarna este escritor francés cuyo artículo voy a compartir con
ustedes es, por lo menos, desvergonzado, pero no creo que esos facciosos –como
los ejemplares locales que están envalentonados en América Latina- se preocupen
por ningún detalle moral.
Es interesante conocer los procesos de
formación y desarrollo de las ideologías que subyacen –o algo más- en los
procesos sociales y políticos que nos afectan porque nos ayuda a entender lo
que está sucediendo y tomar mejores decisiones.
De todos modos, según el autor, ese riesgo
de reemplazo total de la población europea original por los provenientes de
otras etnias no es real, pero ha tomado un alto valor simbólico para esas
minorías de derecha.
Sin embargo, se me ocurre que hay un factor
que Febbro no incorpora, y que es la concentración urbana de estos inmigrantes
que van a las ciudades a buscar de qué vivir. Recuerdo los disturbios de hace
unos años en ciudades de Francia, y eran protagonizados por personas de color.
Estos hechos urbanos, como las marchas y
disturbios latinoamericanos de los que reclaman por siglos de injusticia social,
tienen alto impacto mediático, y suelen ser tema de relatos generalmente
sesgados y descalificadores de los sectores populares.
Es
un tema para estudiar y desarrollar, y esta nota de Febbro es un buen punto de
partida. Ojalá les sirva e interese.
El Gran Reemplazo, la idea de Renaud
Camus para la extrema derecha
Aquellos que se denominan los
“patriotas” tienen une convicción irrevocable: el “gran reemplazo” de
las sociedades occidentales está en curso,” es real y visible en Francia y si
no tenemos cuidado nuestra nación se apagará en poco tiempo”. La frase antes
citada figuraba en el portal internet de un grupúsculo de extrema derecha, AFO
(Acción de fuerzas operacionales) que en 2018 fue desmantelado cuando estaba
cerca de cometer una serie de atentados contra los musulmanes de Francia
(envenenamiento de la comida). Antaño restringida a una estrechísima galaxia
ultra, la idea del “gran reemplazo” ha impregnado a las extremas derechas del
mundo y hecho de su autor, Renaud Camus, un apóstol de la cruzada contra las
sociedades multiculturales. Nada parecía destinar a este aristocrático escritor
gay, cuyos libros fueron celebrados en los años 80 por su calidad, a
convertirse en el ícono mundial de los extremistas de las ultraderechas. El
enunciado es de una simpleza que, para muchos, resultó hipnotizadora: la pura
cepa de la sociedad francesa, su vínculo más “tradicional”, está desapareciendo
en beneficio de “un gran reemplazo” cuyos protagonistas son ciudadanos no
europeos, entiéndase, musulmanes. Renaud Camus es una de las figuras que
componen el triángulo de los intelectuales franceses que, desde los años 70,
forjaron el zócalo del renacimiento de las ultraderechas: Alain de Benoist, el
ideólogo fundador de la Nueva Derecha y pilar de la derecha alternativa
norteamericana: Jean Raspail, autor de la novela El Campamento de los Santos
(1973) donde el autor narra el desembarco de un millón de miserables de piel
oscura en las costas de Francia. Y Renaud Camus. Dos de sus libros, De l’in-nocence.
Abécédaire (2010) y Le Grand Remplacement (2011) desarrollan la temática del
Reemplazo de las sociedades blancas occidentales.
Los polemistas radicales, algunos líderes
del partido de extrema derecha Reagrupamiento Nacional (ex Frente Nacional),
ciertos intelectuales y candidatos de esa corriente han convertido el libro de
Camus en su manual de cabecera. La novela Sumisión, de ese idolatrado inocuo
que es Michel Houellebecq, narra el ascenso al poder de los islamistas en
Francia (La Fraternidad musulmana). Ese relato fue inspirado por las
conversaciones que Houellebecq mantuvo con Camus. La teoría del
ultraconservador consta de dos ejes: por un lado, según el autor, los datos
demográficos (falsos) muestran que la inmigración masiva y la fecundidad
elevada de las poblaciones no europeas están superando a la población
originaria y, por consiguiente, imponiendo su religión y su cultura a todo el
continente; por el otro, si esto es posible se debe a que una clase de
dirigentes “remplazistas” ha organizado deliberadamente los flujos migratorios
masivos con el fin de que emerja un nuevo hombre, desprovisto de todas las
particularidades nacionales (étnicas y culturales). Ello, alega el autor, con
el único propósito de modelar una suerte de individuo sin ataduras,
intercambiable en cualquier circunstancia y dispuesto a ser un lacayo nómada al
servicio de la globalización. La influencia de Renaud Camus ha sobrepasado las
fronteras francesas. Su Gran Reemplazo figura en la tapa del manifiesto
publicado en internet (The Great Replacement) por el terrorista australiano
Brenton Tarrant que el 15 de marzo de 2019 asesinó a 51 personas en la mezquita
de Christchurch, en Nueva Zelandia. En ese texto de 74 páginas, Tarrant
sostiene que, luego de un viaje a través de Francia, se convenció de que era
urgente pasar al acto porque hay “invasores por todos lados”. La misma idea del
invasor reemplazante aparece en el texto que el supremacista blanco Patrick
Wood Crusius publicó en internet antes de perpetrar la matanza en el Walmart de
El Paso (3 de agosto de 2019) que dejó un saldo de 22 muertos. El manifiesto
The Inconvenient Truth hablaba de “la invasión hispánica de Texas”.
Los libros de Renaud Camus no contienen
llamados a la violencia o a la eliminación, pero han sido interpretados así por
una minoría radicalizada que se nutre de su prosa altamente racista y dura, por
la que ya fue condenado por “incitación al odio”. Camus puede evocar
con total impunidad el “genocidio por sustitución”, acusar a los musulmanes de
“colonizadores” o de ser el “brazo armado de la conquista”. Para alguien que se
dice pacifista, sus palabras son un incendio. Para Camus, quienes asesinan son
“locos”,” idiotas”,” descontrolados” y él no debe ser considerado “cómplice” de
esas matanzas. No obstante, su obra ha tenido un poderoso alcance contaminante,
tanto más cuanto que los estragos de la globalización sensibilizan a sus
lectores antes ideas complotistas sobre la existencia de un “remplazismo
global”, o aquella acerca de la meta secreta escondida en el corazón del
capitalismo: convertir a cada ser humano en un consumidor “remplazable”. Renaud
Camus sostiene que basta con pasearse por Francia y por Europa y “observar la
realidad del Reemplazo”. El subjetivismo es completo. Las estadísticas francesas
contradicen la veracidad de esa observación. En total, 12% de la población
francesa es de origen extranjero. Las cifras están muy lejos de probar su
teoría. Sin embargo, los estudios de opinión muestran que un segmento
consistente de la sociedad sí cree en que hay un Reemplazo en curso, y que este
está organizado como un complot. La fundación Jean-Jaurés, Conspiracy Watch y
la encuestadora IFOP realizaron un estudio (2018) sobre el impacto del
complotismo: una persona de cada cuatro compartía la idea según la cual “la
inmigración ha sido organizada deliberadamente por las elites políticas,
intelectuales y mediáticas con la meta final de remplazar a la población
europea por una población inmigrada”.
Camus es un heredero de las etnoobsesiones
que la extrema derecha europea desarrolló desde finales del Siglo XIX. El autor
de El Gran Reemplazo, en pleno Siglo XXI, modernizó el objeto del odio: antes
los judíos, ahora los africanos y los musulmanes. Los líderes políticos más
importantes de la extrema derecha se cuidan de no emplear el término “gran
reemplazo” pero tejen sus retóricas en torno a ese concepto. En vez de
“reemplazo” pueden decir, como Marion Marechal Le Pen, que la inmigración pone
en tela de juicio “la continuidad histórica” de Francia. Renaud Camus ha
alimentado la circulación de un consistente flujo de libros escritos a partir
de su teoría, incluso por autores que antes fueron de izquierda. Es el caso del
hoy racista y purista conservador Alain Finkielkraut, autor de La Identidad
Infeliz”. Sumisión, de Michel Houellebecq, es una extensión bajo forma de
ficción de los desvelos de Camus. El Gran Reemplazo es puro humo, una inanidad
llena de miedos, percepciones fugitivas, nostalgias por un mundo blanco y
católico que la colonización alteró, emociones que adquieren el estatuto de
ciencia demográfica y que pueden funcionar como un manual para los soldados al
servicio del odio.
Quiero compartir esta entrevista publicada por
iProfesional porque me parece demostrativa de ciertos tipos de análisis
políticos que se están haciendo por estos días. Es llamativo que se intente
comprender América Latina desde conceptos más europeos que otra cosa. En este
caso, la UCEMA es una universidad argentina, patrocinada por el Centro de
Estudios Macroeconómicos de Argentina, pero el análisis de la situación
argentina es parcial y limitado, ignorando la historia y estructura social y
política del país.
Explicar que en Argentina no ha habido
desbordes sociales porque se han generado “mecanismos de inclusión y
asistencialismo”, y calificar de “retorno del populismo” al triunfo del
Peronismo, revela una visión sesgada cercana a las políticas que han generado
los problemas que han llevado a los pueblos latinoamericanos a reacciones
potentes que no reciben mayor respuesta que represión violenta.
Esto no invalida aciertos en el análisis de
la situación de Chile y Bolivia, pero responsabilizar casi exclusivamente a la
voluntad de “perpetuarse en el poder” de Evo Morales del golpe en Bolivia es
una simplificación difícil de comprender en un analista político. Es inevitable
la referencia a que no se hace la misma observación respecto de Ángela Merkel
que gobierna Alemania desde el 2005.
Bolivia es un país lleno de diversidades y
desigualdades. Evo consiguió sacarlo de su ancestral pobreza, pero le faltó
desarrollar un poder político que le permitiera seguir desarrollando su
proyecto protegido de los ataques de los sectores económicos poderosos y de
derecha. Es sabido –lo he visto- que en Santa Cruz de la Sierra y Beni (hay un
equipo que se llama Oriente Petrolero, por ejemplo) rechazan a las poblaciones
originales. Estas regiones estaban esperando una oportunidad para sacarse al
indio (Evo) de encima, y el intento de reelección fue la brecha que esperaban.
Tanto Evo como Correa en Ecuador no
pudieron –o no supieron- encontrar sucesores y equipos dentro de sus fuerzas
políticas para continuar con su propuesta, y los traidores a la tradición
integracionista de San Martín y Bolívar, con el Imperio del Norte atrás (como
siempre), que tienen paciencia y esperan su momento, les arrebataron el poder.
Ese es el momento crucial que se vive en
AL, en el que nos jugamos la posibilidad de llegar a ser un bloque continental
que tenga chance de desarrollarse política y económicamente en el marco de los
bloques mundiales.
Hace un rato Piñera dijo: “Llegó el momento
de decir basta”, ante la violencia de las acciones que superan la voluntad de
manifestación pacífica de la mayoría de los chilenos; ahora bien, si la
propuesta de un Congreso constituyente, en lugar de una Convención, no genera seguridad
a la gente de que, por ese medio, se llegará a un texto constitucional que les
dé un marco legal superior para un Chile distinto, es muy difícil que se paren
las marchas, aunque la represión sea cada vez más feroz. Tengo la sensación de
que Piñera está terminado, game over, pero podría ser un proceso muy sangriento
para Chile.
Estemos atentos con la evolución de estas
situaciones y entendamos lo que sucede realmente para que no creamos mentiras.
ESTÁN EN JUEGO LA PATRIA GRANDE, Y
LAS CHICAS, POR LO TANTO, TAMBIEN. NUESTRA INGENUIDAD Y DERECHIZACIÓN SERÁN
CÓMPLICES
Corbacho: “Argentina desarrolló
la capacidad para contener situaciones sociales que de otro modo serían muy
peligrosas”
El director del Observatorio de Política
Exterior (OPEX) de la UCEMA dialogó con iProfesional sobre los conflictos en
Chile, Bolivia y la región en general
Por Mariano Jaimovich
25.11.2019 • 06.06hs •POLÍTICA
“El caso Chile es una muestra que en
la región existe la posibilidad de un estallido social aún en situaciones donde
los indicadores de desarrollo económico y social son muy positivos”,
resume en entrevista con iProfesional Alejandro Corbacho, director del
Observatorio de Política Exterior (OPEX) de la UCEMA, sobre el clima que está
acechando a América Latina.
Los hechos parecen indicar que están
aflorando problemas de desigualdad social que están presentes desde hace tiempo
en los países del continente.
En el caso de Chile, para este analista
político, se representa una explosión de los problemas distributivos; y en
Bolivia los disturbios tienen raíz en los intentos de la clase política de
perpetuarse en el poder.
– ¿Qué está ocurriendo en la región?
-En la región eclosionaron problemas que
han estado presentes por un largo tiempo y a los que no se les dio o da una
respuesta satisfactoria: la desigualdad y la convivencia política. Los grupos
progresistas incluyen la visión de partidos socialdemócratas escandinavos con
regímenes de partido único como Cuba y Corea del Norte. Se declaran muy
preocupados por la desigualdad, minimizan la convivencia política, y con tal de
mantenerse en el poder aceptan las prácticas no democráticas. En el lado
opuesto están los grupos que hacen hincapié en sostener los mecanismos de las
democracias liberales modernas en lo político y en lo económico, pero muestran
problemas en distribuir la riqueza y el bienestar. Chile representa una
explosión para resolver problemas distributivos y Bolivia para frenar los
intentos de perpetuarse en el poder por medios fraudulentos.
-Respecto a estos dos países que presentan
disturbios, ¿cómo interpreta el momento que afrontan?
-Creo que Chile y Bolivia son claras
expresiones de descontento en la sociedad que responden a distinto origen. El
caso de Chile es un buen ejemplo de lo que la psicología social llama
frustración relativa. Ésta expresa una creciente insatisfacción y enojo por la
insuficiente distribución y acceso a bienes y bienestar.
Por otra parte, en Bolivia el descontento
es político y está enfocado en las autoridades que ejercen el control del
Estado. Se trata de una sociedad que a pesar de la denominación de estado
plurinacional todavía no termina de resolver los diferentes clivajes
regionales, económicos, culturales y raciales.
– ¿Cómo cree que impactarán estos
conflictos en la Argentina?
-El caso Chile es una muestra que en la
región existe la posibilidad de un estallido social aún en situaciones donde
los indicadores de desarrollo económico y social son muy positivos. No es
sorprendente que haya efervescencia en Ecuador o Bolivia, pero sí en el país
trasandino. Éste se presentaba como la excepción de la región en cuanto a
desempeño económico e institucionalidad.
Por otra parte, la Argentina puede
presentarse como una sociedad en constante estado de ebullición lenta con
ocasionales explosiones de malestar social que rápidamente son moderadas por
mecanismos de inclusión y asistencialismo. En pocas palabras, la Argentina ha
desarrollado cierta capacidad para contener situaciones sociales que de otro
modo serían muy volátiles y, en consecuencia, peligrosas.
Es también importante señalar que el haber
tenido este año un proceso de elecciones presidenciales que se presentó con
posibilidades de ganar de una opción que asegura el retorno del populismo y,
más aún, el que haya ganado, mejoró para las expectativas para el futuro en los
sectores que pueden ser más proclives a expresarse en forma violenta contra el
actual status quo. Sin embargo, no hay que olvidar que lo que les ocurre a los
vecinos son experiencias que pueden reproducirse, por copia o contagio, si
existen las condiciones para que ello suceda. Debemos entonces como sociedad
estar atentos porque podría acontecer.
– ¿Qué salida posible tiene Chile ante una
situación que no parece calmarse?
-Como se ha estado desarrollando el
conflicto en Chile, creo que con una institución emblemática que modifique la Constitución.
Digo emblemática porque la misma se origina en el gobierno de facto de Pinochet
en 1980, y aunque desde entonces ha sufrido modificaciones, parece que éstas no
han sido suficientes y existe una demanda de un nuevo texto libre de los
resabios de su origen autoritario y que plasme tanto los valores como los
deseos de la sociedad de este tiempo. El actual texto constitucional es
bastante rígido para su modificación, por eso la solución de cambio a través
del congreso constituyente es vista como un acto de continuismo. Por lo tanto,
una solución sería la de una convención constituyente que abriría la
posibilidad de construir desde cero un nuevo texto constitucional.
– ¿Esto qué implicaría?
-Esto supone un desafío muy grande para la
sociedad en su conjunto, pero si resulta de un acuerdo serio y responsable de
las partes, serviría mejor a los fines de mejorar la vida de los chilenos. Se
trata de un nuevo inicio consensuado. Este camino parece ser el que aglutinaría
a la mayoría de los sectores descontentos. Sin embargo, existen todavía grupos
muy violentos, en particular de jóvenes, muy alienados de la sociedad que
posiblemente este cambio tampoco los conforme. En ese caso, la respuesta de la
mayoría de la sociedad chilena debe hallar el modo de enfrentar y terminar
incorporando a estos sectores.
– ¿Y para Bolivia qué solución ve posible?
-La solución para Bolivia no parece tampoco
sencilla. Sería importante, como primera medida, disminuir la conflictividad y,
por sobre todo, buscar una solución política, aceptable para las distintas
partes en conflicto. Tanto los seguidores de Evo Morales como los opositores
que disminuyan el nivel de animosidad. Aquí podrían jugar un papel importante
figuras no militares que moderen las posiciones y que, en realidad, busquen
acercar las partes y que también ordenen detener la violencia entre las partes.
Por supuesto, un tema que siempre es enarbolado por ambos sectores es la
intervención o injerencia externa adoctrinando, incentivando y promoviendo la
lucha. De seguir ese camino, hallar soluciones se dificultará y llevará a
resultados peores. Como en toda comunidad política, las soluciones exitosas
deberán provenir de los propios miembros, en este caso los bolivianos, y de la
aceptación de sus diferencias.
– ¿Cómo considera las reacciones del
gobierno argentino y de Alberto Fernández ante estos conflictos?
-Las reacciones del gobierno argentino y de
Alberto Fernández no me sorprenden porque son las que podemos esperar en
función de sus posiciones respecto de su visión de la política internacional y
regional en general. El gobierno de Macri se unió al desmantelamiento del
Unasur, participando en la conformación de un nuevo espacio multilateral, el
Prosur. Además, restableció una relación seria con los Estados Unidos, Europa
Occidental, Brasil e Israel, al mismo tiempo que mantuvo un equilibrio
saludable con China. Fernández, en cambio, participa del Foro de Puebla que
aglutina a los líderes de la izquierda regional que están celebrando la vuelta
al poder y el futuro retorno a lo que se conocía como el bloque del ALBA o
Alianza Bolivariana o Socialismo Siglo XXI. Por lo tanto, ambos apoyaron las
posturas que más se ajustan a su visión de cómo debería insertarse el país en
el mundo.
Se ha hablado mucho de los post relatos, y
su capacidad para modificar la realidad verdaderamente ocurrida, pero, desde
hace un tiempo, me pregunto hasta qué punto es post, o si no es parte de la
realidad que transcurre en la medida que condiciona nuestra capacidad de
objetivar esa realidad, y creer que ocurren –y van a ocurrir- cosas que van un
configurando una Matrix no digital. Después de todo, una Matrix es un ambiente
de relación entre cosas y sucesos creado y controlado artificialmente, y esto
se parece mucho.
Por lo tanto, más allá de que ese núcleo
duro de nuestra clase media urbana, que se ha derechizado hasta un fascismo que
uno creería que no corresponde con la evolución de la humanidad, ya no acepta
nada que no corresponda a ese esquema de ideas tan primario, y a lo que le
letanizan sus gurúes y trolls permanentemente, hay que discutir las mentiras y
falacias que difunden.
Si una persona, tal vez un joven, una
mujer, o alguien al que le hace ruido alguna situación (¿cómo no te va a hacer
ruido la salvaje represión chilena, o la persecución de las comunidades
aborígenes en el mismo Chile, Bolivia, Ecuador, Colombia (podría agregar Perú
en el que llevan una vida esperando medidas que los favorezcan)?), valdrá la
pena el esfuerzo.
LA INTEGRACIÓN LATINOAMERICANA SE
CONSTRUIRÁ SOBRE LA VERDAD QUE PERMITA QUE GIECO DEJE DE CANTAR CINCO SIGLOS
IGUAL
Mentir
sobre Bolivia
Nov
25, 2019 |
Por
Atilio A. Boron
http://atilioboron.com.ar/mentir-sobre-bolivia/
Es triste y lamentable comprobar que las
artes del buen historiador que Loris Zanatta supo cultivar en el pasado se
deterioraron hasta convertirlo en un propagandista. ¿De qué otro modo podría
calificarse la más reciente intervención del historiador italiano a propósito
de los trágicos acontecimientos en curso en Bolivia? Su nota publicada en uno
de los principales matutinos de Buenos Aires es un compendio de falsedades y de
ocurrencias que pretenden pasar por una interpretación rigurosa y en las cuales
se quiere demostrar la irredimible malignidad de Evo Morales y, según Zanatta,
su mentor: el Papa Francisco. En esta breve nota me limitaré a señalar los
yerros más groseros de su intervención. Dejo para mis lectores la poco
agradable tarea de examinar los demás, que son muchos.
Zanatta, como buen conservador, siente una
particular aversión para con el Papa Francisco y, en consecuencia, por quien
sería, según él, el líder más amado por el pontífice: Evo Morales. A partir de
esa supuesta constatación el historiador italiano se hunde en el submundo de
sus obsesiones y sus odios más arraigados. Se pregunta, ya instalado en ese
caos de sus prejuicios “¿qué democracia puede haber donde la política es una
cruzada contra el infiel, el camino hacia la redención del “pueblo elegido?”
Pero, ¿habla de Estados Unidos, cuyos dirigentes y gran parte de su población
creen realmente ser el pueblo elegido por el Señor para sembrar la justicia y
la democracia en el mundo? ¡No, habla de Bolivia!, de la humilde Bolivia de las
señoras de polleras, de un pueblo que fue explotado, oprimido y escarnecido por
siglos primero por el colonialismo español y más tarde por Estados Unidos y que
ni bien decidió hacerse dueño de su destino atrajo sobre sí todas las iras del
averno con sede en Washington, DC. No hubo en la Bolivia de Evo ninguna cruzada
contra los infieles; simplemente se gobernó para empoderar al pueblo, respaldar
sus derechos, sacarlo de la pobreza y para evitar que los supremacistas
blancos, los sanguinarios racistas de la Media Luna Oriental, concreten de una
vez y para siempre el genocidio que borre de la faz de Bolivia a esos oscuros
personajes originarios que los avergüenzan ante el mundo. Que es lo que, con la
complacencia de Zanatta, o su cómplice silencio, que es igual, están haciendo
hoy.
Enardecido por los vahos embriagantes de su
discurso, Zanatta se interna resueltamente en el terreno del delirio político.
Por ejemplo, cuando habla de “la obsesión (de Evo) por perpetuarse en el poder
como un Rey Católico.” Esto por cometer la imperdonable transgresión de querer
buscar una nueva re-elección si el pueblo así lo decidiera. Pero es asombroso
que siendo tan sensible a este tipo de iniciativas de autoperpetuación en el
poder no se hubiera también referido a
lo que al parecer es una idéntica obsesión en Ángela Merkel o Benjamín
Netanyhau, para no hablar de Helmut Kohl o Felipe González, o de la propia
Democracia Cristiana italiana que estuvo más de cuarenta años en el gobierno
sin que manifestase la menor preocupación sobre ese desaforado afán por
“perpetuarse en el poder” de aquellos dirigentes europeos o del neofascista
israelí. O cuando, con absoluta irresponsabilidad habla de “la estafa electoral
para evitar el triunfo de las ‘clases coloniales’ no es (solo) el fruto de un
ego enloquecido; son el lógico resultado de una ideología en la que el ‘pueblo
de Dios’ no piensa doblegarse ante el ‘pueblo de la Constitución’.” Este último
debe, sin duda, ser el representado por Luis Fernando “Macho” Camacho que
irrumpió acompañado por unos facinerosos al Palacio Quemado blandiendo una
Biblia para exorcizar la herética presencia de la Pachamama; o el que
personifica la ignota senadora autoproclamada presidenta del Estado
Plurinacional por una Asamblea Legislativa que ni siquiera reunía el quórum
necesario para sesionar, y cuyos tuits ahora convenientemente borrados
revelaban un intenso odio racial contra las poblaciones originarias de Bolivia;
o tal vez ese ‘pueblo de la Constitución’ tan exaltado por Zanatta sea el de
aquellos probos republicanos que prendieron fuego y orinaron sobre la Wiphala,
la bandera de los pueblos originarios de todo el mundo andino; o el que
profirió las amenazas pre-electorales del tan alabado Carlos Mesa cuando,
exhibiendo el talante democrático que tanto seduce a Zanatta, amenazó que desconocer cualquier resultado
electoral que no sea su victoria.
Cuesta creer que quien fuera un historiador
profesional pueda ignorar tantos reportes de investigación que refutan su
errónea (y malintencionada) tesis sobre la supuesta “estafa electoral” de Evo.
Primero, ni siquiera el informe de la OEA usa la expresión “fraude” y mucho
menos habla de estafa, tal como lo ha fehacientemente demostrado un estudio del
Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG). Según dicho trabajo
el informe de la OEA “no aporta prueba
alguna que pudiera demostrar el supuesto fraude.” Segundo, Zanatta también
ignora los resultados del informe del Center for Economic and Policy Research
(CEPR) de Washington y cuyos autores ratifican la rectitud de los resultados
anunciados por el Tribunal Superior Electoral pues “no encuentran evidencia de
que hubo irregularidades o fraude que afecten el resultado oficial que le dio
al presidente Evo Morales una victoria en primera vuelta.” Tercero, el informe de 36 páginas emitido por
el más competente departamento de ciencia política de Estados Unidos en materia
de estudios electorales, la Universidad de Michigan, que coincide en afirmar
que no hubo fraude alguno en las elecciones bolivianas y que Evo ganó en buena
ley. Dice textualmente el profesor Walter R. Mebane Jr., experto mundialmente
reconocido en el estudio de fraudes electorales, que en las elecciones
bolivianas se comprobó la existencia de “irregularidades estadísticas que
podrían indicar fraude sólo en 274 de las 34.551 mesas de votación y que (esto)
no se diferencia mucho de patrones vistos en otros comicios en Honduras,
Turquía, Rusia, Austria y Wisconsin. Incluso removiendo los votos fraudulentos,
el MAS tiene una ventaja superior al diez por ciento”, sentenció al final de su
extenso trabajo.
De haber tenido en cuenta alguno de los
aportes ya referidos el historiador italiano no hubiera podido escribir una
afirmación tan descabellada como la siguiente: si se “hubieran celebrado
elecciones regulares, es probable que el vencedor habría sido Carlos Mesa,
hombre que garantizaba un gobierno respetuoso del pluralismo y de la
democracia. En cambio, al manipular las urnas, Morales desató la guerra
religiosa y se eligió ‘el enemigo’: al causar la radicalización del conflicto,
hizo emerger un ‘enemigo’ que como él invoca a Dios sobre la Constitución, al
‘pueblo’ sobre la democracia.” El problema para el profesor de Bologna es que
sí hubo elecciones regulares, que no se manipularon las urnas y que si alguien
desató una guerra religiosa, un estallido de racismo y fanatismo religioso no
fueron ni Evo ni el MAS sino su tan admirado Carlos Mesa, un politiquero
irresponsable al que los prejuicios –o la conveniencia- del italiano lo llevan
a percibirlo como un hombre “respetuoso
del pluralismo y la democracia” pese a que antes de llevarse a cabo las
elecciones denunciaba el “fraude” que seguramente se cometería y que azuzó los
peores sentimientos y prejuicios de las capas medias bolivianas para cometer
toda clase de desmanes antes, durante y después de las elecciones, incluyendo,
¡oh sorpresa!, el incendio de las oficinas de las sedes departamentales del
Tribunal Superior Electoral en Sucre,
Potosí, Santa Cruz y Tarija y la destrucción de la documentación electoral que
podría haber comprobado el “fraude” cometido por Morales.
Podríamos extendernos en otras
consideraciones sobre el artículo de Zanatta que marcan un hito irreversible en
la conversión de quien fuera un serio historiador del catolicismo en un vulgar
propagandista que ofrece su pluma al servicio de la derecha y el imperialismo.
Habla, en su nota, de que “el país estaba en llamas” y que eso tornaba
inevitable el golpe militar pero bien se guarda de decir quiénes fueron los
incendiarios. Insinúa que Brasil podría haber sido uno de ellos, pero omite
toda mención de Estados Unidos, barriendo bajo la alfombra toda la evidencia
que habla de la activa participación de Washington en el derrocamiento de
Morales. ¿Ignora acaso que el infame Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas
Armadas de Bolivia, Williams Kalimán, renunció a su cargo ni bien se consumó el
derrocamiento de Morales y se radicó en Estados Unidos? ¿No escuchó lo que es
vox populi en La Paz de que por su valentía republicana al “sugerirle” a Evo
que debía renunciar fue remunerado por Estados Unidos con un millón de dólares
gracias a una gestión realizada personalmente por Bruce Williamson, encargado
de negocios de la embajada estadounidense? ¿Y que se sospecha que otros
generales recibieron una cantidad similar y varios jefes de policía unos
quinientos mil dólares cada uno para alentar su oportuno amotinamiento? ¿Qué tiene
que decir del viaje que en Septiembre de este año realizara Ivanka Trump a
Jujuy, la provincia argentina lindera con Bolivia, y en donde fuera recibida
por su gobernador y algunos personajes de la política boliviana que adquirieron
notoriedad durante la ofensiva destituyente?
Nimiedades: lo importante para Zanatta es
repetir la cantinela que le dictan desde Washington: Evo quería eternizarse en
el poder, hizo fraude y la tragedia que desató es todo por su culpa. Y la
democracia podría renacer de este golpe. El plan fue muy concienzudamente
elaborado por los numerosos especialistas que Estados Unidos tiene para
promover “cambios de régimen”, “primaveras de colores” o simples y llanos
linchamientos de líderes molestos, como hicieron con Gadaffi en Libia. Bolivia
era un objetivo largamente acariciado por la Casa Blanca. Todos conocemos su
adicción por ciertos recursos naturales como el petróleo o, en el caso que nos
ocupa, el litio, que para el Financial Times de Londres es el equivalente de lo
que fue el petróleo en el siglo veinte y que es un insumo esencial para la
maquinaria militar estadounidense. Y Evo
y el gobierno de los movimientos sociales eran obstáculos inexpugnables, que no
podían removerse apelando a la vía electoral, intentando fabricar líderes de la
“sociedad civil” o penetrando en la cultura popular con los tentáculos de su
ONG. Por lo tanto había que arrojar por la borda cualquier prurito legalista,
olvidarse de la perversa sofistificación de los “golpes blandos” y el “lawfare” y apelar sin tapujos ni culpas
al golpe militar del viejo estilo, precedido por los disturbios de un lumpenaje
contratado que pudo sembrar el caos en las principales ciudades de Bolivia
gracias a que las fuerzas policiales, compradas por del imperio, les dejaron la
calle liberada para crear una situación socialmente insostenible y
justificatoria del golpe de estado.
Zanatta no puede desconocer todo esto. Por
eso lo suyo, en verdad, es un escándalo. La treintena de muertos, cientos de
heridos y detenidos, los desaparecidos, la policía gaseando a los deudos que
llevaban los ataúdes de sus seres queridos al cementerio, los incendios de
oficinas gubernamentales, las intimidaciones y las cobardes amenazas a los
familiares de funcionarios y legisladores del MAS para que traicionaran a Evo,
todo este espanto, todo este derrumbe del orden democrático y de la paz social,
le resbalan al historiador italiano por su piel de foca, para retribuirle una
metáfora que insolentemente le dedica a Evo en su libelo. Hay que mentir, le dijeron,
por el bien del imperio y de la civilización del capital. Acabar con Evo y el
Mas y, de paso, socavar la autoridad de Francisco. Y el ex historiador arroja
su antiguo prestigio a los perros y obedece la orden, con ganas. Lástima y
vergüenza.
Esta mañana puse algo de la música que tengo en mp3 y sonó un tema que he escuchado muchísimas veces: la versión de Hay un niño en la calle de Armando Tejada Gómez de la Negra Sosa y René Pérez (Calle 13). Para mí es un tema de culto por el contenido, los cantantes, la música, todo…, y volví a escucharlo con la misma emoción y sentimientos de siempre.
Un rato después abro el Diario Los Andes y me encuentro con esta Nota de Opinión de José Niemetz, el alvearense autor de Tú eres para mí, la novela que recibió el Premio que se menciona, y quedó claro lo que tenía que publicar en este blog.
Queda para otra entrada el tema de cómo un sector de nuestra clase media urbana (en el que incluyo, con mucho dolor, amigos/as, parientes, gente relevante) ha llegado a ese nivel de odio por los pobres, niños/as incluidos.
Creo que no es menor el peso de las redes sociales en el desarrollo de este relato que desprecia y descalifica a los frutos inculpables de los procesos de exclusión que se originaron el en siglo XX. En ese ámbito aparecen personajes con mensajes indignos de la condición humana, mucho menos de los espacios religiosos en los que se inscriben muchos/as. Por supuesto, destaco los mensajes que han surgido sobre las comunidades aborígenes, desde antes de los hechos actuales de Bolivia. Son vergonzosos, más en una clase media que uno conoció distinta. Nací en Las Heras, y mis vecinos y amigos eran humildes, o apenas clase media sin auto, televisor ni celular.
¿Para eso mejoramos nuestro nivel adquisitivo?
ESPERO QUE LOS JÓVENES, SOBRE TODO LAS MUJERES, QUE HAN DEMOSTRADO QUE QUIEREN UNA SOCIEDAD DISTINTA, AVANCEN EN LA CONSTRUCCIÓN DE ÁMBITOS SOCIALES FRATERNOS, CON UNA OPCIÓN PREFERENCIAL POR LOS POBRES, COMO LO PIDIERON LOS DOCUMENTOS DE PUEBLA Y MEDELLÍN.
Brian Gallo (o la banalidad del mal)
Por José Niemtez – Escritor. Premio Novela Clarín 2018
“No hay pensamientos peligrosos; el pensamiento es lo peligroso” (Hanna Arendt)
Afirmemos esto como para iniciar la nota: quien publicó en las redes la foto de Brian Gallo con su gorra volteada y su equipo de gimnasia, no está loco ni es un perverso, ni un monstruo, ni siquiera es (necesariamente) una “mala” persona. Afirmo esto no sólo sobre quien realizó esa publicación espantosamente racista sino, además, sobre los cientos y cientos que la replicaron acordando en su contenido. Uno de ellos (una tal ‘Pilistar’) escribió: “Como con la pala no hay caso, los pibes chimbas nos curran con las elecciones”. Miré el perfil de esta persona “Pilistar” y me encontré con una activa militancia pañuelo celeste, “pro-vida”, las “dos vidas”, contra extranjeros en hospitales y universidades argentinas y, claro, contra los “villeros”. Vi que el tópico de la “pala” destinada a los pobres (no a los como ella) se repetía en varias publicaciones. Vi la calificación “choriplaneros”, “negros de mierda”, para designar a quienes festejaban el día de las elecciones. En síntesis: vi odio. Vi odio militante. El odio digital con el que cotidianamente convivimos en las redes y que proyecta al odio que se esconde en las calles.
Pilistar y cientos y cientos de twitteros, se encuentran auténtica y legítimamente preocupados por su seguridad y la de sus bienes. Con esmero didáctico nos han enseñado a identificar en los pibes de gorra y equipos de gimnasia al “otro”, al enemigo, al peligroso, al que se encuentra agazapado al acecho de nuestra vida y de nuestros bienes.
¿Cómo ha sido que hemos llegado a priorizar este concepto tan superficial de seguridad frente al (por ejemplo) empresario que lava dinero y lo coloca en un paraíso fiscal? O el que adultera los productos que fabrica. O el que tiene trabajadores precarizados. Como si el pibe con la gorra volteada que amenaza a nuestro celular nos provocara más daño que el político y el empresario que negocian una coima.
Hanna Arendt acuñó en 1961 la expresión “banalidad del mal”, tras asistir al juicio a Adolf Eichmann, el arquitecto del holocausto que exterminó a millones de seres humanos. Contra quienes esperaban una especie de monstruo hollywoodense, un psicópata feroz, una especie de “Guasón” pintarrajeado vociferando carcajadas y espantando a sus interlocutores, en el proceso se presentó un “señor simple, humilde, casi normal”, dice Arendt. Eichmann podría ser el vecino o el tío de cualquiera de los ahí presentes. Y precisamente esto, el hecho de que el mal puede estar en cualquiera de nosotros, es lo que hizo del trabajo de Arendt algo tan perturbador y polémico.
Individuos que se acogen perfectamente a las reglas, que obedecen ciegamente las instrucciones que reciben y que, fundamentalmente, no reflexionan sobre el bien y el mal. Siniestros burócratas. Diría marionetas, pero de las peores: de las que ignoran la existencia de los hilos que las conducen.
¿Será exagerado de mi parte relacionar la figura del que publicó la imagen de Brian con la de Eichmann? ¿Por qué? ¿Dónde empieza el mal? ¿Acaso precisamos de un Auschwitz para comenzar a hablar del mal?
Ciertamente cuando leí la consigna del presidente electo en Twitter, proclamando que “todos somos Brian”, se me ocurrió preguntarme si en realidad no seremos todos mucho más Eichmann que Brian.
La construcción de un otro que me amenaza, un otro al que debo temer, del que debo cuidarme, parece estar en la raíz de cuanto sistema social ha construido el ser humano. Una Argentina blanca, rubia, burguesa, heterosexual, instituye su estereotipo de lo que es el bien, y lo que es el mal; lo que es una familia, lo que es normal y, claro, de lo que corresponde como “autoridad de mesa”.
¿Desde qué moral Eduardo Bolsonaro (el hijo del presidente brasileño) se burla de Estanislao, el hijo de Alberto Fernández? ¿Cómo una psiquis llega a construir la convicción de ser superior por el básico hecho de portar una ametralladora? ¿Cómo será ese misterioso camino a través del cual un supuesto hombre duro que esconde tras un arma una sexualidad endeble, se burla de quien hace de su propia identidad un motivo de orgullo?
¿Esperaremos a que Sprite haga un conmovedor y lacrimógeno comercial sobre los “pibes de gorra” para experimentar algo de empatía hacia ellos? ¿A ese punto absurdo habrán llegado nuestras demandas educativas?
La reina mala de Blancanieves tenía la sana costumbre de hablar con el espejo… con el espejo que le respondía lo que ella deseaba escuchar. Si por algún desperfecto técnico el espejo llegaba a responder que “otra era la más bella del reino”, corría el riesgo de estallar en añicos contra el piso. Tal vez haya sido con Sarmiento con quien aprendimos a mirarnos en un espejo al que interrogábamos, en francés o en inglés, sobre si somos los más bellos del planeta. El otro espejo de nuestra identidad, el que nos devuelve la imagen de Brian (y la de todos los “bárbaros” que obstinadamente andan metiendo las patas en la fuente de la civilización), parece funcionar como un perfecto artefacto donde proyectar la violencia de vastos sectores de nuestra sociedad.
Hay que decir de una buena vez que esa categoría teórica (bastante etérea, por cierto) a la que se ha bautizado como “grieta” (y que recién ahora, como aparece en los medios, muchos han descubierto), proviene desde el fondo de nuestra historia y la hemos aprendido y practicado meticulosamente en la Argentina. Hemos sido excelentes alumnos de una auténtica pedagogía del odio. Es por ello que me pregunto, en el ficcional caso de que superemos nuestro odio hacia los pibes de gorra… ¿dónde pondremos tanto odio como el que hemos aprendido?
La actualidad de Argentina y el Mundo, Noticias vistas desde Mendoza por el Profesor Adolfo Ariza. Realidad, Información y Medios de Prensa en notas con una mirada local y abierta.
Profesor y Licenciado en Literatura. Coordinador Área de Vinculación – Secretaría Desarrollo Institucional – UNCuyo entre 2008 y 2014 (Desarrollo Emprendedor). Responsable de Kusca Gestión Colaborativa para Empresas.
Me
interesó el tema de la nota de Krugman, aunque entendí poco los párrafos
finales. Creo que hemos tenido en Argentina una experiencia –por finalizar, Deo
gratias- de gente con mucha plata en el poder. Puse en negrita unos párrafos
que me parecieron claves para entender algunas de las causas del fracaso
estrepitoso de la gestión macrista.
En realidad, cuando fue el inicio de este
Gobierno, siempre manifesté mis dudas en cuanto a que esa experiencia en el
mundo empresario fuera, necesariamente, un buen antecedente para conducir un
país. En primer lugar, la meritocracia –término falaz, si los hay- no se aplica
decisivamente en las empresas, grandes, medianas o chicas. Los/las hijos/as (pero
sobre todo los varones, obvio) del dueño van a ocupar cargos en la empresa,
sean competentes o unos nabos o vagos. Como nuestro Presidente es un buen
ejemplo de heredero de empresario rico, me voy a ahorrar mayores comentarios.
Esto puede hacerse extensivo al novio de la nena, o algún/a sobrino/a
inevitable.
Además, tomar decisiones en las empresas
tiene poco que ver con la gestión pública. Un directivo o el dueño de aquéllas
decide tomar una medida, y lo hace sin que haya muchas posibilidades de oponerse,
es más, por lo que explica Krugman, siempre habrá chupamedias que alabarán su
capacidad estratégica, aunque piensen que está equivocado.
En el Estado, aunque también hay
chupamedias que buscan el calor del poder, hay más factores que intervienen en
la toma de decisiones, y es necesario contar con una superior capacidad de
negociación y persuasión.
También ha sido evidente que esta gente
rica vive en una burbuja, y que no comprendió la realidad de Argentina ni del
mundo, lo que le costó perder las elecciones a los cuatro años de un proyecto
de, por lo menos, doce.
Lo que le faltó a analizar a Krugman es un
tema clave, que, en el caso de funcionarios que son –o han sido- propietarios
de empresas (o empleados jerárquicos, o cualquier tipo de relación incompatible
con la función)- ha generado, y genera, hechos de corrupción, sobre todo en un
país que no tiene un sistema legal que nos proteja de las tentaciones que
producen el poder y la posibilidad de aprovechar la posición para apoderarse del
dinero de los argentinos.
Ojalá que el próximo Gobierno logre –además
de las muchas medidas de total urgencia- establecer un sistema anticorrupción
eficaz que sea independiente de cualquier voluntad política de cualquier
Gobierno.
Así combaten la corrupción en otros países,
como EEUU, por ejemplo. Es necesario recordar -sobre todo a aquellos/as que
piensan que es un problema de los argentinos, que somos malos y corruptos, no
como en otros países, que están vías de beatificación- que la corrupción es un
problema de los humanos, en cualquier país o época. Solo mencionaré dos casos
recientes de Argentina: Autopistas del Sol S.A., cuya accionista era el Grupo
Socma de la familia Macri y Parques eólicos, que demuestran que es
relativamente fácil hacer negocios turbios.
No es que la corrupción la inventó el
macrismo, y hay muchas causas en las que no tiene –creo- responsabilidad, pero,
como parte de su estrategia política fue manejar decisiones judiciales para
perjudicar a los rivales, o a quienes estorbaban sus propósitos, quedará para
el próximo Gobierno lograr un acuerdo con el sistema judicial para terminar con
esas causas, estableciendo culpabilidades reales, y las sanciones
correspondientes.
O sea, la burbuja de los ricos en el
Gobierno nos explotó para mal (hay encuestas en las que nadie encuentra una
medida positiva en la gestión de Macri, lo cual parece una exageración, seguro,
pero, si vemos los indicadores sociales y económicos del país, tiene su
explicación).
Esto nos lleva a analizar otro factor que
también nos afecta en Argentina: la creencia bastante generalizada de que la
política no sirve para nada, de que los políticos tienen la culpa de todo lo
malo que nos pasa. Recordemos el que se vayan todos del 2001 –de paso, se
fueron muy pocos-, que quedó como cliché habitual de nuestra clase media
urbana. Difícil negarlo, pero no deja de ser una simplificación que no explica
la multiplicidad causal de las cosas que le suceden a los países. Hace unos
días hemos podido elegir democráticamente y en paz otro modelo de Gobierno, eso
es un enorme logro que nos pone a la cabeza, junto con México, de la política
en América Latina (este mérito incluye a los/las políticos/as también). Además,
ese cliché –en muchos/as- coincide con una falta de voluntad participativa en
las acciones de la sociedad que nos afectan a todos/as, que es la política que
podemos, y debemos ejercer.
No
sé si se puede llamar a esto burbuja, pero, es una visión que debemos superar,
si queremos que se terminen las crisis cíclicas, y que lleguen a los puestos de
Gobierno, o legislativos, los idóneos que trabajen por los intereses de la
mayoría de los argentinos.
APROVECHEMOS LA OPORTUNIDAD, NO
ESPEREMOS DE LOS GOBIERNOS LO QUE ES NUESTRO DERECHO Y OBLIGACIÓN
Estallando
la burbuja de los multimillonarios
En EEUU hubo dos eras económicas: una que
termina por ahí en 1980 y la era de la creciente desigualdad a partir de allí.
Ser
inmensamente rico no es bueno para tener sentido de la realidad.
Los
multimillonarios no son necesariamente malas personas y la mayoría
probablemente no lo sean. Sin embargo, algunos lo son y mi intuición
anticientífica me dice que es más probable que los megarricos demuestren un mal
juicio deformado por su ego incontrolado que el resto de nosotros, en
particular en la esfera política.
No
es difícil ver por qué: la gran riqueza atrae a gente dispuesta a decirle a un
hombre extremadamente rico (o mujer, pero el egoísmo político es
primordialmente una característica masculina) lo que quiere oír. En la arena
política esto significa decirles a los multimillonarios que sus abundantes
retribuciones financieras son tan solo una fracción de la enorme contribución
que han hecho a la sociedad y que el pueblo les suplica que asuman el papel de
líderes que les corresponde.
Pongámoslo
de esta manera: hoy en día, a muchas facciones políticas se les acusa, con más
o menos razón, de vivir en alguna especie de burbuja, fuera de contacto con la
realidad estadounidense. Pero pocos viven tan inmersos en una burbuja como la
élite multimillonaria y su séquito.
Ahora los multimillonarios en la burbuja se
encuentran en un entorno en el que las preocupaciones sobre la creciente
desigualdad, y la extraordinaria concentración de la riqueza en muy pocas
manos, por fin parecen estar cobrando impulso político. Y no lo están tomando
muy bien que digamos.
Por razones obvias, hablaré de Michael
Bloomberg más adelante, pero, primero, permítanme hablar sobre la economía y la
política de los multimillonarios en general.
Así
que ¿los multimillonarios en general hacen enormes contribuciones a la
sociedad?
Para decir eso, no basta con argumentar que
se han ganado su riqueza haciendo cosas productivas. Hay que argumentar que su
riqueza no es lo único que han añadido al ingreso nacional.
Y ese es un argumento difícil de hacer
cuando analizamos cómo la mayoría de estas personas han hecho sus fortunas.
Después de todo, muchos de ellos se hicieron ricos en las finanzas y la
industria inmobiliaria.
Ahora bien, no hace mucho tiempo, la
economía mundial estaba por los suelos debido al estallido de una enorme
burbuja inmobiliaria, que desestabilizó un sistema financiero ya bastante
debilitado por “innovaciones” que supuestamente nos trajeron más riqueza -y que
ciertamente enriquecieron a algunos embaucadores-, cosa que no fue así, y que
acabaron por ponernos en un mayor riesgo de crisis. ¿Realmente quieren
pronunciarse a favor de que los multimillonarios de la industria financiera han
sido grandes benefactores?
El siguiente grupo más grande de adinerados,
por cierto, hizo su fortuna en la moda y las ventas minoristas. La tecnología
apenas ocupa el cuarto lugar, y cualquiera que siga las noticias lo sabe,
existen algunas preguntas serias sobre hasta qué punto las grandes fortunas
tecnológicas son versiones modernas de los botines monopólicos obtenidos por
capitalistas obsoletos y sin escrúpulos.
También vale la pena destacar que a la
economía estadounidense solía irle bien sin tantos millonarios como los que
tiene ahora.
La historia económica estadounidense desde
la Segunda Guerra Mundial casi se puede dividir en dos mitades: una primera
era, que termina por ahí de 1980, durante la cual la fiscalización progresiva,
los sindicatos fuertes y las normas sociales limitaron la acumulación de
extrema riqueza en el estrato más alto de la sociedad, y la era de la creciente
desigualdad a partir de entonces. ¿Acaso la nueva prosperidad de los
plutócratas “se filtró” al país en conjunto? No, al menos no según las medidas
que yo conozco. Por ejemplo, la “productividad multifactorial”, la medida
económica estándar del avance tecnológico (no pregunten), ha aumentado solo la
mitad desde el punto de quiebre de 1980 en comparación con la era anterior.
¿Qué hay de la política? Muchos en Wall
Street y una parte importante de la punditocracia son liberales en lo social,
pero conservadores en lo económico, o al menos se inclinan hacia ese lado. Es
decir, están a favor de la igualdad racial y los derechos LGBTQ, pero en contra
de los aumentos de impuestos importantes a los ricos y la gran expansión de los
programas sociales. Y ese es un punto de vista perfectamente coherente.
No obstante, en el interior de la burbuja
de los multimillonarios, todos creen que sus posturas tienen un amplio
atractivo popular. Pues no es así. La mayoría de la gente, incluidos muchos que
se dicen republicanos, quieren ver impuestos más elevados a los ricos y un
mayor gasto en programas sociales; pero, muy poca gente combina esos
sentimientos con la hostilidad racial y el iliberalismo (Sistema de gobierno en
el que, a pesar de que tienen lugar elecciones, los ciudadanos están apartados
del conocimiento de las actividades de quienes ejercen realmente el poder
debido a la carencia de libertades civiles, y por ello no es una “sociedad
abierta”) social, razón por la cual parecen votar en contra de sus propios
intereses económicos.
A lo sumo, podemos decir que el distrito a
favor del liberalismo social más el conservadurismo fiscal abarca solo un
porcentaje mínimo del electorado. Cuando Howard Schultz (¿lo recuerdan?)
apareció ondeando esa bandera para ver si alguien estaba de acuerdo, solo
alrededor del 4% de los electores lo estuvieron. Y los primeros indicadores no
muestran que a Bloomberg le esté yendo mejor, aun cuando, siendo alguien que
dirigió con éxito Nueva York, tenga mejores argumentos que ofrecer.
No estoy diciendo que la sociedad
estadounidense esté necesariamente lista para alguien como Elizabeth Warren o
Bernie Sanders. Me preocupa en especial la política de “Medicare para todos”,
no debido al costo, sino porque proponer la abolición de la seguridad privada
podría inquietar a decenas de millones de electores de clase media.
Pero la idea de que Estados Unidos solo
está esperando a que un empresario multimillonario sea el salvador que hace su
entrada cabalgando sobre un corcel blanco, o más bien, como pasajero en una
limusina negra, es sencillamente tonta. De hecho, es el tipo de cosas que solo
un multimillonario podría creer.
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