MENDOZA NECESITA ELEGIBLES QUE SEAN “ELEGIDOS” DE VERDAD

MENDOZA NECESITA ELEGIBLES QUE SEAN “ELEGIDOS” DE VERDAD

La nota de opinión de abajo se publicó en el Diario Los Andes el 16 de enero de 2021.

Me parece una idea interesante esta reflexión en la que Lafalla relaciona la detestable invasión de los partidarios de Trump al Capitolio con la política en general, y, sobre todo, de Argentina.

Sería imposible no estar de acuerdo con sus conclusiones que, por lo demás, en muchos sentidos, ya pensábamos desde antes.

Es una opinión fundada ya que él fue parte de esa democracia liberal que abrazó el mundo porque creyó que era “el camino hacia un mejor futuro y sin lugar a dudas el líder de ese proceso eran los EEUU de América.”

Arturo fue un destacado político de la primera etapa de esa época en Mendoza: Vicegobernador de 1987 a 1991; Diputado nacional de 1993 a 1995 y Gobernador de 1995 a 1999. Wikipedia resume su actuación así: “Su mandato estuvo marcado por la privatización de numerosas empresas estatales, incluyendo el Banco de Mendoza, los recursos financiarían la construcción de la presa de Los Potrerillos (sic).”

Por lo tanto, fue uno de los “elegidos” como los llama, que son los que deben “Acordar en vez de confrontar hasta el hartazgo y por todo, innovar en vez de repetir prácticas fracasadas, revisar y reconocer errores en vez de insistir en los del otro, asumir y reconocer las dificultades en toda su dimensión en vez de tratar de generar expectativas imposibles de realizar sean tal vez alguno de los caminos a transitar.”

Tiene razón, pero el problema es que desde esa época –o antes- la calidad de los elegibles es cada vez peor. De hecho, Bordón, el primero de los Gobernadores justicialistas del retorno a la democracia, fue el único que he conocido que afrontó su mandato con un proyecto integral de desarrollo provincial. Fue el muy castigado –injustamente, porque no fue ese el problema- Libro Verde, en el que colaboré. Los logros de esa propuesta no estuvieron a la altura del proyecto.

En realidad, Mendoza no ha tenido –de ningún signo político- buenos gobiernos en este periodo de la democracia, tal como la realidad de nuestra Provincia lo demuestra.

Tampoco un paneo de los/las políticos/as mendocinos en actividad abre muchas esperanzas: un peronismo que viene acordando con el cornejismo, sin críticas a sus malos Gobiernos, conformándose con ser la segunda fuerza política y quedarse con los cargos “entrables” sin plantear un proyecto político que nos vuelva a posicionar como la cuarta Provincia argentina; un mendoradicalismo macrista cada vez más de derecha, sin un plan de transformación, con una estructura de democracia hereditaria.

No hay –salvo algunos saludables intentos de romper las hegemonías que menciono- discusión ni participación. Encontramos los mismos nombres que vimos desde los ’90 en adelante. El peronismo de Guaymallén es buen ejemplo de esto. Los jóvenes no tienen lugar ni hay espacios de debate reales. Espero que las elecciones partidarias permitan visualizar alguna luz.

No es fácil que estos elegidos, si lo fueran, cumplan lo que el Arturo solicita.

No es un comentario esperanzado el mío, y siento tristeza, después de más cuarenta años de militancia política.

Espero que surjan esos líderes que Mendoza necesita: estamos llenos de posibilidades de todo tipo: recursos naturales, humanos, tecnológicos.

FALTA QUE HAYA ELEGIBLES QUE SEAN BUENOS ELEGIDOS

Los hechos del Capitolio y los argentinos

Arturo Lafalla, ex gobernador de Mendoza

https://www.losandes.com.ar/opinion/los-hechos-del-capitolio-y-los-argentinos-2/

Un ataque a la democracia

Lo acontecido en el Capitolio de EEUU ha merecido el repudio de todos los dirigentes de occidente, coincidiendo en general en señalar el ataque que significan a las democracias liberales que hoy imperan en occidente. Han puesto claramente del otro lado a Rusia y China las dos potencias con regímenes no democráticos que hoy inciden en el mundo.

Tendría poco para aportar a lo dicho por tantos y reconocidos líderes mundiales, coincidiendo por cierto en que esos hechos fueron un ataque a la democracia, pero si pretendo aportar alguna reflexión sobre nosotros en este tema.

La ilusión de Alfonsín

Suena aún en los oídos de los mayores aquella contundente afirmación del Alfonsín en el no tan lejano 1983: ¡¡Con la democracia se come, con la democracia se cura, con la democracia se educa!!

Muchos entre los que me cuento quisimos creer que era cierto.

Casi cuatro décadas después podemos afirmar que, con democracia, con esta democracia que supimos conseguir, no todos comen, no todos se educan y no todos se curan. Son más, son muchos, demasiados, los que no reciben en la medida de sus expectativas y de nuestras potencialidades esos bienes sustanciales a la condición humana en el siglo XXI.

El mundo luego de la caída del muro de Berlín creyó encontrar en la democracia liberal el camino hacia un mejor futuro y sin lugar a dudas el líder de ese proceso eran los EEUU de América.

¿Qué le paso al maestro de la democracia? ¿Será como dice Hillary Clinton que los arrolló la “supremacía blanca” que impulso Trump? ¿O hay más insatisfacciones en los votantes, millones, por cierto, del desdeñable Trump?

¿Qué paso en Brasil que votaron y votan muchos aún a Bolsonaro, que no es precisamente un líder de la llamada democracia liberal?

Una persona un voto, parece que no alcanzó para las expectativas de todas esas personas que también somos nosotros.

Algunos afirman que la desigualdad ha secuestrado a la democracia. Los gobernantes democráticos se han limitado a respetar las libertades mientras que la búsqueda de la igualdad ha desaparecido de sus realizaciones. Cada vez más libres, pero cada vez más desiguales.

No falló la democracia

Es el momento de recordar lo obvio, que esta democracia de la que hablamos es la llamada representativa, la persona con su voto no decide que hacer, sino quien lo va a hacer por un determinado período.

La insatisfacción se me ocurre no es entonces con la democracia sino con lo que hicimos aquellos que fuimos elegidos, con los resultados de las distintas gestiones. Y ello a mi juicio está lamentablemente a la vista: un país con escandalosos índices de población bajo el nivel de pobreza, inflación record en el mundo, estancamiento por décadas, dos o tres defaults en este período de la novel democracia y la lista continua.

¿Quién podría afirmar que esta es una dirigencia exitosa, que cumplió con las expectativas de sus votantes? ¿Cuantos argentinos de arrepintieron de haber votado a tal o cual en estos 37 años?

¿Quién puede negar que en este mismo tiempo apareció una pléyade de políticos perpetuados en la actividad que mejoraron sustancialmente su nivel de vida con la actividad política?

Con esta realidad no me parece que los que tengan que reflexionar sean los votantes, sino más bien los votados.

Hora de reaccionar

Hora de reaccionar. Cuando oigas sonar campanas no preguntes por quien tañen, suenan también por ti. Lo del Capitolio es un aviso, sería bueno que lo escucháramos sin simplificar la realidad que por cierto es muy compleja. Pero me caben muy pocas dudas que la principal responsabilidad está en la dirigencia toda, y en especial en la política, la que no puede seguir haciendo lo mismo que hace 37 años, porque a la mayoría de este país pese a ese gran logro que fue recuperar la democracia en este tiempo le ha ido y le va mal.

Las próximas elecciones no son la única solución. La solución la tienen que gestar los elegidos. No podemos seguir haciendo lo mismo porque no nos fue bien.

Acordar en vez de confrontar hasta el hartazgo y por todo, innovar en vez de repetir prácticas fracasadas, revisar y reconocer errores en vez de insistir en los del otro, asumir y reconocer las dificultades en toda su dimensión en vez de tratar de generar expectativas imposibles de realizar sean tal vez alguno de los caminos a transitar.

Es probable que con eso no se ganen elecciones, pero hoy los ciudadanos de a pie de este querido país necesitan resultados y no solo ser espectadores de triunfos electorales que únicamente satisfacen a los elegidos.

¿FIN DEL BIPOLARISMO? ¿HABRÁ UNA PERESTROIKA PARA EEUU?

¿FIN DEL BIPOLARISMO? ¿HABRÁ UNA PERESTROIKA PARA EEUU?

Perestroika: De la caída Soviética a la de Washington – 1989-2020

Wim Dierckxsens, Walter Formento

https://www.aporrea.org/internacionales/a283534.html

Encontré esta larga nota y creo que hay que leerla porque es un desarrollo muy completo con una estructura cronológica que se remonta al Imperio Romano para intentar encontrar aspectos comunes en evolución, decadencia y caída de proyectos geopolíticos hegemónicos en el mundo.

Hablando de la Prestroika, escriben los autores: “A lo largo de la historia, el colapso de las grandes potencias de cada época coincidía justo, en un tiempo histórico donde creían que eran invencibles, lo creían justo antes de su desastrosa caída que denominan Reestructuración (Perestroika) integral sistémica.

Sin pretender hacer un análisis histórico aquí, lo cual hicimos ya (Dierckxsens 1982), esto lo hemos visto ya en la Antigüedad con el Imperio Romano, lo vimos con la descomposición de la Unión Soviética hace treinta años y lo vemos hoy en Estados Unidos. Observamos, que rara vez se percibe el borde del acantilado, o incluso el fondo del abismo, antes de que éste se haya tragado un imperio entero y, aun así, tampoco lo ven hoy.”

En este contexto, analizan a la Unión Soviética y a los EEUUU como los ejes del “bipolarismo este-oeste resultante de la segunda guerra mundial (1929-1944).”

Para nuestra actualidad, lo importante es que “Con la crisis financiera de 2001-2008, que manifiesta el inicio de la Caída del Unipolarismo Continentalista de EEUU, entramos claramente en la etapa de la caída del último actor del bipolarismo.”

Esto ya lo he leído antes, y no es tan sencillo convencerse de que va a suceder, y, mucho menos, si es algo próximo o futuro o muy futuro. Hay demasiados factores de poder que van a intentar que este capitalismo neoliberal (¿es realmente capitalismo?) se mantenga.

Por ejemplo, veamos este título: Mientras crece la desigualdad, la fortuna de los superricos de la Argentina y la región aumentó durante la pandemia (https://www.redaccion.com.ar/mientras-crece-la-desigualdad-la-fortuna-de-los-superricos-de-la-argentina-y-la-region-aumento-durante-la-pandemia/).

Pensar que toda esta gente que gana tanto dinero con la devastación del ambiente y la miseria de la mayoría de los hombres y mujeres del mundo va a ceder fácilmente a que caiga el poder de EEUU, sería de una ingenuidad total.

Es cierto que hay aspectos globales que están en una fase crítica, y que están empujando a reacciones sociales que podrían ser de una fuerza y violencia no conocidas por nosotros/as.

Para los autores, la situación es la siguiente: “Desde antes del triunfo en las elecciones de Trump de noviembre de 2017, hemos señalado que Estados Unidos está en medio de una gran crisis estructural, interna entre las fuerzas globalistas, continentalistas y Trump expresando un nacionalismo de país central que es principalmente anti-imperio globalista. Ya hemos señalado, en otros artículos, que esta crisis interna, luego de la “Batalla de Alepo” donde se derrota militarmente a las fuerzas de la OTAN en Siria, ya no puede exportarse hacia otras naciones (Ej.: India, Rusia y China) y por lo tanto solo puede profundizarse dentro de los Estados Unidos.

Por lo que significaría, a la vez, el fin del Imperialismo unipolar norteamericano –que denominamos: Washington- y, probablemente, el fin de la civilización imperialista anglo-occidental. Esta afirmación es tan profunda y fuerte para el bloque occidental capitalista, como lo fue la perestroika y la desintegración de la URSS hace 30 años para el bloque oriental. Porque las consecuencias para los Estados Unidos y el “Occidente angloamericano” serán tan profundas, como lo fueron para el Imperio Romano en la Antigüedad y para la URSS en los tiempos de la modernidad. La Perestroika de “Washington” es el último hecho de la modernidad.

Esta imposibilidad de trasladar los gastos militares a otras naciones es la clave de la posible “caída del Unipolarismo Continentalista de EEUU.””

Analicemos lo que fue la Perestroika:

“Hace 25 años (Dierckxsens 1994[iii]) ya habíamos anticipado “La Perestroika en Occidente” y sobre la base de la Economía Política. En nuestro libro “Las Relaciones Sur-Sur y el desafío de un nuevo proyecto de civilización” (2017) hicimos una renovada referencia a las condiciones ya dadas para una Perestroika en Occidente, necesidad que tiene que ver con el gasto militar insoportable y ya no transferible a otras naciones u otros pueblos como fue el caso del Imperio Romano, de la Unión Soviética en los ochenta y de EEUU hoy. Los fundamentos de la economía política que tantas veces aciertan, también nos dan la razón hoy. Queremos retomar y proyectar este análisis a la crisis de EEUU como Imperialismo y de la civilización occidental anglosajona hoy.”

Por todo esto, me pareció una nota de imprescindible lectura para los/las que queremos entender el mundo en que vivimos para tomar mejores decisiones.

Es cierto que esto parece una misión difícil en Argentina donde los manifestantes anti cuarentena gritan que la pandemia y la vacunación son una estrategia de los “amos del mundo que quieren que seamos zombies” (lo escuché, no invento), y otras barbaridades de los libertarios y terraplanistas, que atacan (no casualmente) al Estado y a toda intervención contra la libertad de mercado y otras libertades. Sin embargo, hay que intentarlo, porque me preocupan no los individuos que se visten de cuernos y pieles, sino que haya una buena cantidad de jóvenes que están adhiriendo a esta posición extrema.

Esta nota es anterior a las elecciones en EEUU, y hace una serie de consideraciones sobre un mundo con Trump y sin Trump. De hecho, uno podría preocuparse más por lo que sucedería si Trump perdiera las elecciones –como ocurrió- que si las ganara.

“En síntesis, la crisis interna de EEUU está llegando a su clímax, con mucha corrupción y ninguna transparencia. El año 2020 podría tomar forma hasta de guerra civil más que de campaña electoral. Si gana Trump, o no, de todos modos, el panorama para el año 2020 es de una gran crisis económica en el país y a nivel mundial. Queda clara la necesidad de otro sistema monetario internacional donde EEUU como nación ya deje de ser el centro.

Si los globalistas ganan, lo más seguro es un fraccionamiento del mundo en dos sistemas monetarios internacionales en pugna y muy probablemente el fraccionamiento de EEUU en diferentes economías regionales-locales. Si Trump logra un segundo período, lo más probable es una derrota tanto de los globalistas así como de los continentalistas y la posibilidad real de la construcción de un mundo multipolar sin nuevo imperio. Ambas alternativas tienen en común una Perestroika para EEUU.”

Esta es la conclusión de la nota, y es muy terminante, por eso destaco la oración final.

Si sucede así, nos encontraremos frente a un marco internacional muy complicado, y, para nuestra difícil situación económica y social, significarán nuevas situaciones complejas para solucionar. Sería muy importante que los países de América Latina avanzaran en alguna integración que nos permitiera tener mejores posibilidades de acción en este contexto global. Lamentablemente, hemos retrocedido. Se ha atacado al MERCOSUR, y Macri tuvo una acción destacada en esta penosa acción.

Los autores analizan las opciones de “los globalistas así como de los continentalistas”, pero desconocemos cómo se concretarán las futuras acciones de los poderes centrales, y su reacomodación después de la pandemia.

ESPEREMOS, PERO NO DEJEMOS DE TRABAJAR POR UNA ARGENTINA QUE SUPERE ESTA DURA SITUACIÓN. ESTAMOS TODOS/AS EN JUEGO EN ESTO.

MEMORIAS DE UNA ALCAHUETA (SAGA MEMORIAS IMPURAS) POR ADOLFO ARIZA

MEMORIAS DE UNA ALCAHUETA (SAGA MEMORIAS IMPURAS) POR ADOLFO ARIZA

Memorias impuras fue pensado originalmente como díptico. La primera parte “Los padres”, se publicó en 2007, y luego se presentó una edición definitiva y completa que incluye esa primera parte a la que se suma “Los huérfanos”.

Lo leí en el 2007. En el 2019 visité a Jorge Bodoc en su casa de El Trapiche, San Luis (cerca de su primera casa donde comimos un asado con mi esposa y Liliana, supongo que por el 2010). Entonces me contó cómo él y su familia estaban construyendo esta continuidad.

Pasó el tiempo y me enteré en Facebook que Roberto Chiavetta, el hermano de Liliana, estaba vendiendo Memorias de una alcahueta, publicado en Ediciones Hasta Trilce.

Así comienza el prólogo de esta obra:

“Hay aquí un amasijo de memorias impuras. Recuerdos de memorias previas que son rejuntes de jirones de quién sabe qué otras antiguas memorias. Un mapa reconstruido con fragmentos dislocados, ocres y de bordes quebradizos. Un pergamino indescifrable para la razón, pero coherente y útil para la sabia falta de lógica de la emoción.

No estamos ante una obra, sino ante un entramado dramático que es un efecto colateral de un proceso versátil y colectivo. Un tránsito donde se conjugan realidades, historias, ficciones, poemas y presagios. Esta obra más-que-teatral es un vástago inesperado de su ancestro: la novela Memorias Impuras y de todo el territorio simbólico que la orbita.”

Queda definida la obra: “es más-que-teatral”, que es casi como decir que es muy difícil clasificarla genéricamente.

En una entrevista (“Memorias Impuras” o el sencillo acto de la lectura comprometida” https://www.telam.com.ar/notas/201304/13914-memorias-impuras-o-el-sencillo-acto-de-la-lectura-comprometida.ht ), Liliana Bodoc dice: “Básicamente `Memorias…` es un sustrato histórico-realista y está libremente ficcionanalizado. Quiero ser clara -agrega- no es una novela histórica. No hay referencias reales, no existe un virreynato de Albora; puede ser el Del Río de la Plata o cualquier otro”.

En la misma entrevista se dice: “La autora de “Los días del venado” cuenta que “partí de una premisa, de una coyuntura espacio-temporal, por decir de alguna manera, de una utopía y de un género literario -que también podría denominarse novela histórica alternativa- no hay ninguna referencia histórica”, revela.”

En Memorias de una alcahueta se sintetiza cómo Liliana construyó sus universos ficcionales:

“Memorias Impuras, novela compuesta por dos partes inseparables, fue concebida en base a un dispositivo casi análogo al que la autora desplegó en su Saga de Los Confines: tomar un acontecimiento histórico crucial de nuestro mundo y extrapolarlo a un otro mundo ficticio donde los nombres, los territorios, los pueblos y las anécdotas son otras, pero preservan características esenciales de la historia como tal, ese conjunto impune de relatos que la sociedad considera “ciertos” y “científicos”.

En la Saga de Los Confines, la matriz histórica es la invasión europea a Abya Yala o América, y la consiguiente colonización y exterminio de los pueblos originarios. En cambio, en Memorias Impuras, la plataforma histórica es la época colonial o mejor, el comienzo del fin de las colonias europeas en Latinoamérica a raíz del surgimiento de los procesos libertadores que condujeron a la definitiva independencia de estas tierras del yugo de la corona española, forjando las identidades de las nuevas naciones, construidas sobre los cimientos de diversas ruinas.”

Es la historia de una gesta, que nos deja a las puertas de una revolución.

Tiempo de Dragones –una trilogía que se completará pronto, según espero, ya que la Editorial rescató el manuscrito en que estaba trabajando Liliana cuando murió- es otro proyecto cercano a los anteriores. En esta saga, la ficción gira en torno a la fraternidad entre los humanos y los dragones. “Se nos transporta a un tiempo sin tiempo donde la magia, el bien y el mal, la lucha por sobrevivir, las guerras y la esperanza tejen un destino vinculado (posiblemente) a un pasado ancestral” (lo leí en una reseña y me gustó)

En Elisa, la rosa inesperada, lo épico se hace personal. En mi comentario (https://www.miradasdesdemendoza.com.ar/2020/09/11/elisa-la-rosa-inesperada-de-liliana-bodoc-por-adolfo-ariza/), digo “Es una novela de mujeres, como fin de un proceso personal en el que las mujeres fueron buscando y encontrando un lugar protagónico.”

Sin embargo, el dispositivo es semejante. Era su forma de novelar, de crear ficción, de crear mundos desde lo que somos, desde esta América Latina que buscó resignificar para que fuera ella misma más que nunca.

Pero Memorias de una alcahueta va hacia algo muy profundo, que estuvo siempre, pero que ahora hay que destacar porque la Lili ya no está en este plano, y como dice para cerrar la síntesis biográfica del libro, cuando pone la fecha de su partida: “Y desde entonces, no ha dejado de expandirse.”

Eso le da sentido a la dramatización que son las Memorias en las que la alcahueta –Cusi-, el poeta y los Baguales nos ponen frente al Poeta que rehúsa escapar del Principal que ordena que le corten la lengua, para que no haya más palabras rebeldes.

“CUSI

Que habiendo recibido el lenguaje y el huevo del que nace el lenguaje, tenemos la obligación de cantar para que escuchen los vivos, los muertos, ¡y todos los que están entre unos y otros!

PRINCIPAL

(Se espanta y piensa)

Entonces, si el buen rebelde se queda sin palabras se quedará sin armas. La sentencia es una fruta madura, lista a caerse. ¡Su lengua! ¡Queremos su lengua! ¡Traigan su lengua! ¡Deslengüen al poeta!”

Así lo explica el Poeta:

“Y en fin el río es río cuando corre, la luz es luz cuando ilumina, y el hombre es hombre cuando sueña.”

Así lo explica Berlino, uno de los Baguales:

“Tienen toda la libertad de ser Baguales junto a nosotros. ¡Vamos! Demostremos que si le cortan la lengua a un poeta, entonces nacerán miles de poetas más… ¡Juguemos juntos a ser poetas!”

Las palabras mías, nuestras, ligadas con las de otros, son las armas de nuestros pueblos.

USÉMOSLAS. ES LO QUE NOS PIDE EL POETA, ES LO QUE NOS PIDE LILIANA BODOC. SOÑEMOS PARA SER HOMBRES, COMO LA LILI.

Está bueno leer Memorias de una alcahueta. No se vende en librerías, pero les dejo los datos de contacto para los que quieran conseguirla.

Ediciones Hasta Trilce

www.edicionesht.com – edicioneshastatrilce@gmail.com  – (+54) 11 – 60036472

QUE LA IDEOLOGÍA NO NOS HAGA EQUIVOCAR

QUE LA IDEOLOGÍA NO NOS HAGA EQUIVOCAR

Hace mucho que sigo la columna Dar la palabra de Nené Ramallo en Diario Los Andes. Soy Profesor de Lengua como ella (trabajamos juntos también), y siempre me interesó el origen de las palabras y la normativa que ella ha desarrollado tan bien.

Hoy me encuentro con esta nota, que, dentro de su temática habitual, toca no solo usos de la Lengua castellana, sus orígenes y evolución y su corrección normativa, sino la importancia de entenderla desde lo que es y significa para la sociedad, antes y ahora.

Desde los diez y ocho años he trabajado en política, y un tema que he comentado más de una vez es el de la política y la ideología.

En algún momento de esa militancia, en la etapa universitaria, creí que lo central era la ideología, en consonancia con cierto acercamiento al marxismo, y llegué a decir que “todo es ideología”. La misma militancia y mi encuentro con el peronismo en 1973, me hicieron entender que lo que importa es la política, no la ideología, porque es aquella la sirve para mejorar el mundo y hacerlo más justo y equitativo.

Esto no significa despreciar la ideología, que es la que le da el marco al proyecto político, que es la que nos ayuda a comprender los movimientos y acciones de la política, pero es esta y no aquella la que permite construir un mundo mejor y defender los derechos y necesidades de la sociedad.

Desde hace un tiempo, coincidiendo con la radicalización de las posiciones en la vida social, en las que las derechas mundiales han tomado empuje, hay sectores de la sociedad que han adherido a proyectos políticos que proponen medidas represivas contra los que protestan porque quieren un mundo más justo y se encierran en conservadurismos teñidos de fascismo, la caracterización ideológica ha adquirido relevancia.

Es más, esta situación ha justificado actos violentos y discriminatorios en muchos lugares del mundo. Esa posición encontró lugar en los proyectos del capitalismo neo liberal con tanto vigor que, desde los ’70, formó parte de los Gobiernos latinoamericanos, que, primero por la fuerza, y después, con metodologías seudo legales, basadas en el uso del poder económico de las corporaciones concentradas que la globalización posibilitó, tomaron el poder en Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, y algunos otros países.

Hoy estamos viviendo la reacción a esa situación, en varios casos porque la asimetría generada por ella ha llevado a actitudes violentas de los sectores postergados, y en otros, como en Argentina, porque la madurez política de un sector mayoritario de la sociedad usó las elecciones para buscar otro proyecto político que reemplazara al que no la había beneficiado.

En este contexto el movimiento feminista (al que considero el hecho político más relevante de los últimos tiempos) ha tomado un auge sin precedentes, y a lo que parece, imparable. En ese marco se dan los cuestionamientos a todas las expresiones que se puedan relacionar –con o sin justificación-con la historia patriarcal y machista de la sociedad. Allí adquirió relevancia el término “matria” (aunque Nené Ramallo lo incluye en usos anteriores como éste: “Miguel de Unamuno (la “matria vasca”)”.

A partir de esta palabra, partiendo de “patria”, la autora hace un análisis excelente con un objetivo claro: “Seamos custodias de las palabras y no las disfracemos de intencionalidades que ellas no poseen.”

El tema es que estas búsquedas y descalificaciones de todo lo que sea o parezca patriarcal han provocado muchos cuestionamientos a la palabra “patria” (la relación es clara) con un sentido peyorativo.

La nota de Ramallo es muy precisa en la mostración de la evolución de esta palabra y de otras de la familia, y sirve para entender que no hace falta caer en extremismos y tratar de reemplazarlas por otras que parecieran ideológicamente más representativas del movimiento feminista.

Aclaro que siempre defendí y valoré el movimiento feminista, y he tenido discusiones por esto; también que siempre respeté la propuesta del lenguaje inclusivo, aunque no la use (prefiero todas y todos) porque me pareció ideológica, y la lengua no procede así. Si el uso la incorpora al lenguaje general, la utilizaré.

Creo que esta nota desarrolla un buen ejemplo de cómo la ideología no es la mejor vía para usar bien la Lengua, que hay criterios mejores que tienen que ver, en primer lugar, con la verdad y la realidad, y, después con avanzar en hacer cosas que mejoren la vida, que nos ayuden a encontrarnos en un proyecto común, y no dividirnos.

Pienso que este modo de planear las cosas se puede ampliar a otras áreas de la vida en las que se manifiesten actitudes determinadas por planteos ideológicos, y que no colaboren en la convivencia de los argentinos/as.

Por eso, comparto con ustedes esta nota.

Tal vez haya ido demasiado lejos en la extrapolación de la nota a un nivel sociopolítico, pero creo que ese análisis de esta situación cotidiana del uso de la Lengua con intencionalidades que exceden y falsean la verdad, demuestra que se puede salir por arriba de las confrontaciones ideológicas y avanzar en mejores propuestas para la vida en sociedad de nuestra patria.

En defensa de las palabras

El término “matria” no es un vocablo de creación reciente; lo respetamos y admitimos, pero reivindicamos el valor de “patria”.

Nené Ramallo

https://www.losandes.com.ar/opinion/en-defensa-de-las-palabras/

LAS PALABRAS HAN ATRAVESADO LOS SIGLOS. Y SIGUEN ALLÍ, COMPAÑERAS DE JORNADAS Y DE REALIDADES, A VECES, MUY DISTANTES Y DISTINTAS DE LOS ENTORNOS EN QUE SE ENGENDRARON.

Fascinada por el poder evocativo de las palabras, quisiera cerrar el año 2020 refiriéndome a toda la magia que se esconde en el corazón de un término. Y lo hago a partir de las afirmaciones de Álex Grijelmo en el comienzo de su obra “La seducción de las palabras”: “Nada podrá medir el poder que oculta una palabra. Contaremos sus letras, el tamaño que ocupa en un papel, los fonemas que articulamos con cada sílaba, su ritmo, tal vez averigüemos su edad; sin embargo, el espacio verdadero de las palabras, el que contiene su capacidad de seducción, se desarrolla en los lugares más espirituales, etéreos y livianos del ser humano”.

Las palabras han atravesado los siglos. Y siguen allí, compañeras de jornadas y de realidades, a veces, muy distantes y distintas de los entornos en que se engendraron; escucho y me sorprendo cuando se rechaza un término porque se lo vincula al varón y, en su lugar, se crea otro sin ahondar en la riqueza léxica que nos brindan tantos años de historia del español: se ha cuestionado, junto a tantos otros, el término “patria” porque se lo ha vinculado, exclusivamente, al vocablo “pater”; el desconocimiento del idioma latino ha llevado a mirar en forma parcial el significado de “patria”; en efecto, la “patria” era la tierra de los ancestros, porque el sustantivo “pater”, metido en el corazón semántico de “patria”, no aludía exclusivamente al “padre biológico”: su plural,  “patres”, eran todos los antepasados, mujeres y hombres. Y esa raíz indoeuropea está presente en otros vocablos, como “Júpiter” (“el padre de los dioses”); en “patrocinio” y “patrocinar” (“defender, proteger, amparar, favorecer”). Y en “patrimonio” (“hacienda que alguien ha heredado de sus ascendientes”); en “patricio/a” (“que pertenece a la clase social alta”), en “padrón” (“registro de los vecinos de un municipio”) y en “patrón” o “patrono” (“persona que emplea trabajadores”). ¿Dejaremos de usarlos por una interpretación parcial de su valor semántico? ¿Y no llamaremos más “¿Madre Patria” a España, cuando allí “patria”, que provenía del adjetivo “patrius -a -um” es equivalente a “de los antepasados”?

A veces, la palabra “padre” está muy disimulada, como ha sucedido con el hipocorístico “Pepe”, que se usa para invocar familiarmente a alguien que se llama José; en efecto, este término proviene de llamar a San José, “pater putativus Christi” (“padre putativo de Cristo”). Se tomó la costumbre de colocar, en lugar de toda esa frase desarrollada, la forma abreviada “P.P.” que, en la oralidad, se lee “Pepe”.

Erróneo es pensar que la “p” es siempre exclusivamente signo de género masculino y la “m”, de femenino; veamos casos en que esta creencia se contradice: el latín tenía “maritus”, que dio en español “marido”; en el núcleo de este término, hallamos “mas”, que significaba “macho” y que encontramos en el comienzo de “masculino”; la “m” no vincula, pues, el género. Si se quiere eliminar del habla todo vestigio de género, deberíamos suprimir vocablos como “maridar” y “maridaje”, relacionados con aquel “maritus” y con su núcleo “mas”; los dos términos hoy son muy usados en el ámbito de la gastronomía. En efecto, este verbo, aparte de significar “unirse en matrimonio”, sirve para nombrar la correspondencia o unión de dos cosas diferentes: “maridar vino y comida”, “maridar música árabe y rock”. No cuestionamos el término.

Y, para no generar confusiones, sobre todo de intereses, se hace imperioso marcar bien las diferencias semánticas y fonéticas entre “matrimonio” y “patrimonio”, en donde no reside el valor de uno u otro vocablo en la consonante inicial.

A la inversa, poseemos vocablos que comienzan con “m” y que se vinculan a lo femenino, pero que la comunidad no discrimina a la hora de usarlos, aunque designe objetos masculinos: “matriz”, más allá de indicar el útero, tiene otros valores tales como el molde, de cualquier clase, con que se da forma a algo; también, en la imprenta, los espacios en blanco de un texto impreso; y en el ámbito matemático, es un conjunto de números o símbolos algebraicos colocados en líneas horizontales. ¡Lo femenino ha invadido un ámbito masculino! ¿Y el que se matricula tendrá en cuenta, si es varón, que su “matrícula” (diminutivo de “matriz”) debería ser “patrícula”?

Seamos custodias de las palabras y no las disfracemos de intencionalidades que ellas no poseen. Mi deseo de ver los últimos cambios en el aula ha provocado que, siguiendo muy de cerca todas las discusiones en torno a “presidente” y “presidenta”, enseñara a mis estudiantes de diferentes edades que está totalmente autorizado decir “presidenta”. He llevado al aula la obra académica, consensuada por las veintitrés academias de lengua española diseminadas en el mundo, para indicar el femenino de ese sustantivo, no solamente con el artículo, sino con su terminación “-a”.  Siempre cuento que ya en el siglo XIX estuvo permitido a Leopoldo Alas publicar su magistral obra “La regenta”, palabra análoga por su terminación a “presidenta”. Entonces, con justicia, también debo decir, sin rasgarme las vestiduras, que el término “matria” no es un vocablo de creación reciente: hicieron uso de él autores famosos como Edgar Morin (la “matria Europa”) o Miguel de Unamuno (la “matria vasca”); lo respetamos y admitimos, pero reivindicamos el valor de “patria”. En ese sentido, con verdadera maestría, Borges reivindica el sentido profundo de “patria”, no circunscripta exclusivamente al ámbito masculino; en su “Oda al sesquicentenario”, en bellos versos nos hace reflexionar:

“Nadie es la patria. Ni siquiera el tiempo / cargado de batallas, de espadas y de éxodos / y de la lenta población de regiones / que lindan con la aurora y el ocaso, /y de rostros que van envejeciendo / en los espejos que se empañan /y de sufridas agonías anónimas /que duran hasta el alba /y de la telaraña de la lluvia sobre negros jardines.

La patria, amigos, es un acto perpetuo como el perpetuo mundo. […] Nuestro deber es la gloriosa carga /que a nuestra sombra / legan esas sombras que debemos salvar. /Nadie es la patria, pero todos lo somos. / Arda en mi pecho y en el vuestro, incesante /, ese límpido fuego misterioso. (Borges, J. L. “Oda al sesquicentenario”).

Como cierre, más allá de la palabra poética, valiosísima y elocuente, me quedo con la definición, neutra, que nos dan los diccionarios: “Patria es la tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos”. Y también, añade el diccionario, es el “lugar, ciudad o país en que se ha nacido”.

*La autora es Profesora Consulta de la UNCuyo.

ECONOMÍA DE LA ATENCIÓN: NO LA REGALEMOS, VALE MUCHO

ECONOMÍA DE LA ATENCIÓN: NO LA REGALEMOS, VALE MUCHO

Esta introducción la escribí después de terminar la entrada, porque me pareció que había empezado con un planteo y después fui avanzando en otra dirección, que no es divergente, sino concurrente, por lo menos en mi cabeza, pero que merece una explicación.

La globalización marcó el inicio de un mundo diferente. Nos mintieron cuando dijeron que había terminado la Historia, y que venía un mundo mejor.

En realidad, si uno analiza lo que hacía el hombre a fines del siglo XIX y en la primera parte del XX, no ve tantas diferencias entre los que exterminaban focas a palos para desollarlas, o cargaban barcos con hombres, mujeres y niños africanos para hacer trata de esclavos, con los que incendian la Amazonia o bombardean Siria, pero, la capacidad de daño es tremendamente superior, sin posibilidad de comparación.

Si no comprendemos estas cosas, es difícil que podamos hacer algo para que el mundo sea mejor.

Encontré esta nota en el Dipló:

La verdad tiene patas cortas

https://www.eldiplo.org/notas-web/la-verdad-tiene-patas-cortas/

Empecé leyéndola interesado en el tema de las elecciones en EEUU, pero me llamó la atención otra cosa desde el copete:

“Fake news, polarización, discursos de odio… la capacidad de injerencia de las redes sociales en la arena política está en el centro del debate internacional…”.

El tema excede a la política, en realidad tiene que ver con el modo en que las big tech nos manejan, por supuesto, para hacer negocios –cada vez tienen más poder, y más concentrado-, pero lo importante es que entendamos que así logran crear la Matrix en que creemos vivir.

Claro, estamos hablando de algo nuevo, que todavía no alcanzamos a comprender, pero está actuando sobre nosotros: la “economía de la atención”. Para tratar de aclarar el tema, copio un fragmento de una nota (https://www.bbc.com/mundo/noticias-45509092):

“Sean Parker, cofundador de Facebook, declaró el pasado noviembre que la manera en el que se construyeron algunas aplicaciones (como Facebook) se basó en fundamentos psicológicos.

“Pensamos en cómo podemos consumir la mayor parte de tu tiempo y captar tu atención en la medida de lo posible. Eso significa darte un poco de dopamina de vez en cuando porque alguien hizo clic en ‘Me gusta’ o comentó en una foto que publicaste”, dijo el empresario.

“Es el tipo de cosa que a un hacker como yo se le ocurriría. Explotamos una vulnerabilidad de la psicología humana”.

“Hoy día, todo consiste en hacer que la gente quiera cosas y en lidiar con el hecho de que tenemos una capacidad de atención limitada. Quien se adentre en la mente de la gente gana… y los demás pierden”, explica Wu.

Y cuanto más saben las apps sobre nosotros, mejor pueden captar nuestra atención y más dinero hacen.”

Por supuesto, la política encontró en esto la veta que les permite usar la democracia formal para quedarse con el poder. En abril del 2019, lo planteé en una entrada en este mismo blog: https://www.miradasdesdemendoza.com.ar/2019/04/13/como-se-plantean-las-politicas-electorales-aqui-y-en-el-mundo/. Esto no ha cambiado, al contrario, se sigue perfeccionado desde el poder de las corporaciones tecnológicas.

Es real que esto no es novedoso: volveré a recordar a Goebbels, el temido Ministro de Propaganda de Hitler: “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.” Y Durán Barba –clave en el triunfo electoral del macrismo- dijo cosas semejantes: “… las elecciones se ganan polarizando al electorado, sembrando el odio hacia el candidato ajeno” y que “es clave estudiar al votante común, poco informado, ese que dice ‘no me interesa la política’ como hizo Donald Trump.”

Solo incluyo estas citas a título referencial, porque me interesa lo siguiente, que plantea la nota de Le Monde diplomatique:

“El problema es global. En los próximos años vamos a asistir a mucha discusión en este sentido. Pero no hay que centrar la discusión solo en las grandes plataformas, sino en cómo se constituye el ecosistema, el entorno mediático, en cada caso particular. Creo que el tema es cuando las otras instituciones están en crisis. Porque si hay medios tradicionales más o menos sanos, que gozan de niveles de credibilidad transversales a las diferentes posiciones políticas dentro de una sociedad, hay defensas contra estos problemas”. En síntesis, la desinformación, las fake news y la circulación de discursos de odio ni son problemas nuevos ni son males que dependan únicamente de las redes sociales. En todo caso, hay que analizar cómo operan las dinámicas de las redes en un entorno mediático más amplio y en un contexto político y social en cada caso.”

O sea, la única defensa que tenemos es nuestra capacidad social e institucional para comprender la realidad, para darnos cuenta de que el producto que interesa a las corporaciones, o a los proyectos políticos, somos nosotros, por eso nos regalan aplicaciones o dispositivos, para que estemos todo el día con el celular debajo de la nariz, haciendo clicks.

Más abajo dice: “En octubre, un comité de la Cámara de Representantes de Estados Unidos publicó un informe en el que se señalaba a Google, Apple, Facebook y Amazon como monopolios. “Compañías que en un momento eran startups que amenazaban el statu quo se convirtieron en especies de monopolios como los que habíamos visto por última vez en la era de los barones del petróleo y magnates del ferrocarril”, destacaba el texto, de más de 400 páginas, que sugería una serie de posibles cambios en la ley antimonopolio para atender dicha situación.

Teniendo en cuenta este panorama, la regulación de contenidos por parte de las propias empresas, ¿es la cura (insuficiente o hipócrita, dicen algunos) o un síntoma más del problema? Si la democratización del nuevo entorno mediático es el objetivo, ¿la auto regulación es el camino?”

Esto parece lo ideal, pero no es sencillo: una vez que la gente escuchó tantas veces lo mismo, en los medios de comunicación, en las redes sociales, y en todo lo que se usa para difundir noticias, verdaderas o falsas, ya no cree otra cosa. Es más, si tratamos de hacerle ver la verdad, dirá que somos mentirosos, aunque tengamos datos que demuestran que decimos la verdad.

Es lo mismo que planteaba Goebbels, pero en otro mundo: el de la globalización. El poder de fuego es tan enorme que parece ingenuo e inútil hablar de luchar contra él.

Sin embargo, tenemos que hacerlo, si no, estamos en camino de ser zombis, aunque lo de un chip en la cabeza parezca ficción barata.

El producto que buscan es nuestra atención, que estemos todo el día con el smart en la mano, como millones de personas lo hacen. No la regalemos, es nuestra. Si seguimos siendo dueños de ella, sin caer en los miles de trampas que nos tienden, todavía tendremos el control.

La nota también dice: “Ahora aparece la regulación de contenido que me parece problemática, porque la regulación pública es difícil por razones logísticas y la auto regulación es muy peligrosa porque estás dejando a un actor privado, corporativo, opaco, tomar decisiones acerca de qué es un discurso aceptable y qué no lo es.”

Esto hay que entenderlo: hay gente que trabaja todo el tiempo para hagamos lo quieren, aunque lo camuflen diciendo que esa decisión es producto de nuestro ejercicio de la libertad.

Por eso, la propaganda de un neo liberalismo que intenta instalar Gobiernos propios, exalta nuestra libertad para hacer lo que les conviene a ellos.

Un ejemplo: en las últimas marchas anti cuarentena, en Argentina y en otros lugares del mundo, hemos visto a los libertarios, que Wikipedia define así: “filosofía política y legal que defiende la libertad del individuo en sociedad, los derechos de propiedad privada y la asignación de los recursos a través de la economía de mercado (capitalismo)”. Esto defiende el capitalismo neo liberal promovido por las corporaciones y los proyectos políticos propios como el mejor sistema socio político, y económico, claro.

Es la libertad para destruir la Amazonía, por ejemplo.

Acabo de leer en un medio digital: Milei, Espert y Rosales lanzaron el frente “Avanza Libertad”. Gracias por colaborar tan fuertemente con esta entrada de mi blog.

De todos modos, lo que quiero es resaltar una idea que ha estado siempre en Miradas desde Mendoza: es imprescindible desarrollar una opinión y capacidad de decisión propia, hay que buscar fuentes de información confiables y diversas (aunque sean tan escasas), hay comunicarse con personas que tengan un pensamiento independiente, más allá de la militancia política y social que tengan.

Insisto: si las corporaciones dedican tanto tiempo y dinero para quedarse con nuestra atención, valorémosla con la misma intensidad. NO LA REGALEMOS.

Si nos llenan de noticias sobre los peligros del Comunismo, como en la época de la Guerra Fría del Siglo XX, no seamos pavos y no creamos esa, o cualquier otra tontería.

Si nos quieren consumistas, no caigamos en la trampa, compremos solo lo necesario. DEFENDAMOS A TODOS/AS LOS/LAS QUE LUCHAN POR UN MUNDO SUSTENTABLE Y SOSTENIBLE. TENEMOS LAS ARMAS EN LAS MANOS: USÉMOSLAS POR LA SALVACIÓN DE LA HUMANIDAD, QUE ES LA NUESTRA.

EL MANTO DE MARCELA SERRANO POR ADOLFO ARIZA

EL MANTO DE MARCELA SERRANO POR ADOLFO ARIZA

Marcela Serrano (Santiago de Chile, 1951).

Aunque empezó a escribir a edad muy temprana, no publicó su primera novela, Nosotras que nos queremos tanto, hasta 1991. Esta obra fue además la ganadora del Premio Sor Juana Inés de la Cruz (1994), y también en 1994, del premio de la Feria del Libro de Guadalajara (México) a la mejor novela hispanoamericana escrita por una mujer. La tenía en mi biblioteca para leerla después, pero compré para mi esposa El manto y, cuando lo terminó, lo hojeé, y me interesaron el tema y el enfoque, y me puse a leerlo.

La lectura me dejó una sensación fuerte, por varias razones:

  • El tema, la muerte.

En noviembre de 2017, después de un largo y duro proceso, un cáncer terminó con la vida de la periodista Margarita Serrano, una de sus cuatro hermanas. Entonces, decidió que durante cien días se alejaría del mundo y se encerraría para vivir su duelo. “La Margarita” había muerto y con ella no sólo se había acabado el periodismo combativo que ejercía, sino también se había roto la unidad de cinco hermanas: Elena, Paula, Margarita, Marcela y Sol.

En estas circunstancias de vivir en pandemia, la muerte se nos ha hecho más evidente. Quién no tiene parientes o amigos/as muertos/as. No es fácil no haber sentido miedo en algún momento.

Y con la muerte aparece el duelo, que es el tema de esta novela.

  • El país, Chile, y el tiempo en que se desarrolló una buena parte de la historia narrada.

En general, los mendocinos conocemos mucho a Chile, con el que Argentina comparte 5308 kms. de frontera, Cordillera de los Andes por medio, y hay aspectos culturales comunes.

La autora narra la vida de su familia en su país y nos quedan grabados costumbres, ambientes, paisajes. En este espacio ocurrió la dictadura de Pinochet, la puerta de entrada para el ensayo neo liberal en el Sur de América, y para gobiernos militares genocidas, como el que también tuvimos nosotros. Cuando leía la novela, recordé la tarde del 11 de septiembre de 1973, en la casa de mi maestro Borello, cuando escuchábamos cómo bombardeaban el Palacio de La Moneda o cuando fuimos a la vieja estación de ferrocarril de la calle Perú a recibir los restos de Elena, una compañera de la Facultad de Filosofía y Letras, fusilada por los militares chilenos. También padeció el exilio forzado, otra situación dolorosa que conocemos.

Por eso, sentí El manto con tanta intensidad, ya sea en lo negativo, o en las alegrías de las chicas que crecían libres en ese mundo tan pleno.

  • La mujer:

Es una de las autoras que mejor ha sabido ahondar la temática de la mujer latinoamericana, aunque tenga una visión cosmopolita.

Otras de sus obras son:

Antigua vida mía (1995)

El albergue de las mujeres tristes (1997)

Nuestra Señora de la Soledad (1999)

Un mundo raro (dos cuentos-2000)

Lo que está en mi corazón (2001), obra finalista del prestigioso Premio Planeta.

Hasta siempre mujercitas (2004)

La llorona (2008)

Es común en esta producción la reflexión sobre la condición femenina. Hay un eje central que es la defensa de la mujer y su retrato íntimo presentado desde un sentir profundo y diferencial de mujer Su obra pone en el tapete todos sus temores, miedos, esperanzas, vacilaciones, desengaños y fracasos, pero también sus amores y éxitos.

Dijo en algún momento: “No tengo ningún pudor en escribir como escribe una mujer. Al revés, pegaría un grito para decirles a todas las mujeres que por favor escriban distinto de los hombres… Porque creo que nosotras sí tenemos otro lenguaje”.

El título de la novela es muy revelador. Cuando murió Nicanor Parra (hermano de Violeta), “su ataúd fue cubierto por este manto cosido por su madre hace mil años para él…”, nos cuenta Marcela Serrano.

En una nota (https://www.telam.com.ar/notas/202009/510723-marcela-serrano-nueva-novela-el-mando-chile-literatura-escritura.html) dice: “La idea del manto sobre el ataúd me la inspiró Nicanor Parra. A él lo cubrieron a su muerte con un manto confeccionado por su madre años y años atrás, de muchos pedacitos de tela diferentes. Ella era costurera y usaba los retazos. Un collage. Un patchwork. Me fascinó esa idea: en vez de la bandera chilena, ya que se veló en la Catedral de Santiago, cubrirlo con algo tan humilde y cercano para él. Mi ilusión era cubrir a mi hermana con mis palabras.”

Ese es el sentido de toda la novela, contar cómo caminó el duelo por su hermana, en el que va desgranando su vida, la de su familia, y la del mismo Chile. En la misma nota dijo: “La escritura es un tremendo antídoto contra la soledad y la pena.”

La novela se plantea cosmopolita, en parte por el exilio político de la autora, pero también por su vida exitosa de novelista. Pero, la autora va dejando sus opiniones sobre su país: “Instalamos allí (para atender a su hermana en su etapa final de enfermedad) un home clinic (que país tan siútico e invadido, lleno de palabras en inglés.” (Siútico: que pretende ser fino, elegante y distinguido, pero suele resultar ridículo, de mal gusto o pretencioso.)

Al mismo tiempo, nos cuenta cómo fue el velatorio: “yo he vivido largamente en México y aprendí de ellos esta otra forma de honrar la muerte. Fue muy lindo el velorio, llorábamos y nos reíamos al unísono, comíamos, tomábamos, nos deteníamos a mirarla largamente, luego seguíamos. Nada de iglesias ni de frío ni de penumbras.”

También nos cuenta que es su primera obra escrita en primera persona, una experiencia extraña para ella: “estoy tan acostumbrada a hablar desde los personajes, y a estar siempre atenta a la coherencia de un personaje, y de repente no había personaje, no tenía que estar atenta a nada, era la voz propia, no más, y era un alivio que no hubiera personajes, me parecía tan fácil.”

También para mí la lectura fue una experiencia no habitual, como de estar mirando a alguien en su intimidad. Por eso, este acompañamiento en su duelo, en momentos que mucha gente también tiene que hacer el mismo camino, es doloroso por momentos, pero ayuda a que lo hagamos mejor, dentro de lo posible.

Como la misma Marcela lo dice: “Freud es fantástico porque se tira todos unos párrafos geniales sobre cómo uno entra en el duelo, de lo importante que es hacerlo como Dios manda, en el sentido de dedicarse al duelo y que después, el duelo se va a liberar, y el duelo termina y uno empieza una vida normal, pero Freud no se hace cargo de que esa vida normal va a ser con ausencia. Esa ausencia uno la vive siempre con uno.”

Aunque más no sea por vivir esa experiencia –literaria, pero que la excede- vale la pena leer la novela, tan distinta, aunque muy bien escrita, de lo que solemos encontrar en la narrativa.

Es auto biográfica, pero no es una biografía común: es la misma vida de Marcela Serrano y su duelo desenvolviéndose ante nosotros.

LO MUCHO QUE TE AMÉ DE EDUARDO SACHERI POR ADOLFO ARIZA

LO MUCHO QUE TE AMÉ DE EDUARDO SACHERI POR ADOLFO ARIZA

Había empezado a leer esta novela hace un par de meses, pero me pareció que eran muy largas las minuciosas narraciones de hechos cotidianos de la familia Fernández Mollé, y los monólogos interiores y diálogos entre ellos y sus parejas o novios. También me parecieron extensas las descripciones de los interiores de las casas y de la Buenos Aires de Palermo Viejo.

Por esa razón, dejé temporalmente su lectura para pasar a otra obra, pero, como no soy de no terminar una novela (salvo casos extremos), la continué, y no me arrepentí.

Lo que había pasado es que le había pedido a la novela lo que yo esperaba, pero eso era distinto de lo que había buscado el autor.

¿Qué es lo que intentó? Lo pensé y no tengo dudas, aunque hay que ampliar su caracterización genérica: UNA NOVELA PSICOLÓGICA.

Busqué las características de este sub género:

  • Descripción interior de los personajes, de sus motivaciones, deseos, ambiciones, estados de ánimo, conflictos psicológicos, etc.
  • Monólogos interiores, flujos de conciencia, escritos a partir de pensamientos o sentimientos de los personajes.
  • Preeminencia de la acción interna sobre la acción externa. El novelista da prioridad a la mente de sus personajes versus las acciones de los mismos.
  • Novela de personajes, frente a novela de trama o acción.
  • Desarrollo de la empatía con el lector, para que se identifique con los personajes.

Lo mucho que te amé calza perfectamente en esos rasgos.

La novela transcurre en las décadas de 1950 y 1960 en Buenos Aires, y va conformando un retrato de esta familia de clase media alta que vive en Palermo Viejo. Rosa está casada con Ernesto, y Mabel con Pedro. Ofelia está comprometida con Juan Carlos, y el novio de Delfina se llama Manuel. Sus padres son don José, dueño de una fábrica de muebles, y Luisa. Además, está la mala de la película, la tía Rita

La novela versa sobre sus avatares psicológicos, sobre todo los de narradora, Ofelia, aunque cada uno de los personajes tiene rasgos prototípicos, que dejaré a la lectura de ustedes, si deciden hacerla. Los personajes femeninos son centrales, y sus vidas conforman un conjunto representativo de lo que eran las mujeres en esa etapa de la vida argentina -mejor de Buenos Aires- y cómo vivían su vida cotidiana, sin demasiadas emociones.

Este es uno de los méritos de la obra, porque no solo muestra los recovecos, e idas y venidas de los conflictos interiores, incluyendo las causas y deficiencias de esas vidas bastante grises, sino también los ambientes urbanos en que transcurren. Las descripciones son morosas y detallistas, por ejemplo, indicando los nombres de las calles que van recorriendo o los detalles arquitectónicos de los edificios de la zona o del centro porteño.

Ahora bien, si la novela fuera solo eso, sería difícil de leer: debe de haber hechos y conflictos que le den carnadura narrativa al relato. Sacheri usa varios recursos para eso: uno es la cronología de los hechos históricos a través de la visión de los personajes. La novela comienza por los ’50, y lo conocemos a través de las salidas recreativas de las hermanas y sus parejas. Por ejemplo, a algún cine de la Avenida Corrientes. Estas eran habituales, y se hablaba mucho, incluso se discutía, sobre las películas que iban a ver. Recuerdo dos: El prisionero de Zenda con Stewart Granger y la bella Deborah Kerr y Las aguas bajan turbias (basada en la novela El río oscuro de Alfredo Varela) con Hugo del Carril. Ambas son de 1952, y las vi porque en esa época acompañaba a mi madre al cine (los viejos y queridos Ópera y Cóndor de la calle Lavalle).

Es una eficiente manera de situarnos en el mundo y la época de la novela.

Sacheri usa el cine de la época para ubicarnos históricamente y hacernos sentir cómo era la actividad social y cultural.

De la misma manera, en la obra aparecen los hechos políticos: el bombardeo de Plaza de Mayo, el golpe de Estado de la Libertadora, Frondizi, Guido, Illia.

Este es también motivo de comentarios y discusiones, a veces ardorosas, pero que no rompen la relación familiar. Sin embargo, componen un cuadro de una clase media urbana bastante prototípica, no solo entonces: aparece un solo peronista, Pedro (novio y esposo de Mabel, que debe de ser el personaje más interesante de la novela). Manuel es desarrollista, hay algún radical, pero –en distintos grados- son todos antiperonistas (don José con bastante odio, incluso)

Se me hace difícil comentar todo esto sin avanzar en datos que quiero dejar para los lectores, pero hay una puesta en escena muy interesante de una época, sobre todo porque la logra con esta esta estrategia de novela psicológica que he mencionado.

La novela psicológica, en definitiva, ahonda en la condición humana, procurando que esta se manifieste en toda su amplitud. Lo fundamental son los personajes y su caracterización perfecta, y en este punto es donde se hace realista.

Lo novedoso es que lo hace sin perder valor narrativo: hay suspenso, hay tensión, hay conflicto. Este es un conflicto personal que se resuelve de una manera original porque no sabemos si se logrará, en el futuro, mantener una situación llena de marchas y contramarchas emocionales por un dilema moral que Ofelia no consigue resolver. En esta estrategia, la complementación entre los monólogos interiores y los diálogos bien manejados entre los personajes es fundamental, porque le imponen teatralidad a la obra, y eso nos permite conocer en vivo su mundo.

El autor aparece como poco presente (se me ocurrió la figura de “deus ex machina”), pero hace poco escuché una entrevista televisiva suya, donde una panelista le pregunta ¿Cómo somos los argentinos?, y la respuesta es terrible: somos mentirosos, desordenados, tan llenos de defectos, que la misma que lo entrevista, medio asombrada, le dice: – ¿No tenemos nada positivo?

Creo que esa visión de Sacheri nos queda al terminar la obra: no hay hechos terribles, pero tampoco nada que se pueda valorar muy positivamente.

No hay personajes esencialmente felices, son vidas más bien grises, en las que hay remedos de felicidad. No hay heroísmos ni en la familia ni en la sociedad.

Sin embargo, no nos queda un regusto pesimista, más bien una aceptación resignada, sin exagerar lo negativo. Por eso, esta novela de amor se puede sintetizar en lo que dice Mabel a Ofelia: “El amor es dolor y poca cosa más”. Las vidas que nos presenta Sacheri son poca cosa más.

Hoy, 20 de noviembre, en una nota de Infobae (https://www.infobae.com/inhouse/2020/11/19/eduardo-sacheri-la-pasion-es-bella-pero-tambien-nos-enceguece-nos-violenta-nos-distancia-y-nos-animaliza/), dice:

“Yo creo que la pasión es buena y es mala. Como tantas cosas de la vida, la necesitamos, pero necesitamos también domesticarla. Es ese fuego primitivo que tenemos adentro. Pero como todo fuego, es peligroso, porque nos excede. … Pero creo que también es algo que nos enceguece, que nos violenta, que nos distancia, que nos animaliza, en algún punto. Somos pasión, pero también somos cabeza para gobernar esa pasión, A mí me genera un enorme desconsuelo el fanatismo. Pero el fanático es un apasionado. ¿Qué cosa más apasionada que un fanático? Pero también, ¿qué cosa más agresiva, intolerante, poco constructiva que un fanático? Por eso digo, ¿necesitamos la pasión? Yo creo que sí. ¿Necesitamos dominar y trascender nuestra pasión? Creo que también”.

Gracias, Eduardo, perfecto cierre para mi entrada en mi blog.

Vale la pena leerla: es caminar por ese Palermo Viejo, meternos en las casas y vidas de los personajes, vivir la época que vivieron. En mi caso, que conozco los lugares en que sucede la obra, que sentí rabia cuando depusieron a Balbín, etc., la sentí más profundamente, pero, si no, igual.

Léanla.

Eduardo Sacheri nació en Castelar, Buenos Aires, en 1967, y es Licenciado en Historia por la Universidad Nacional de Luján. Ejerce como profesor en escuelas secundarias del conurbano bonaerense.

Ha publicado cuentos y novelas. La primera, La pregunta de sus ojos (2005), fue llevada al cine por el director Juan José Campanella con el título El secreto de sus ojos. La película ha recibido numerosos premios, entre ellos el Oscar a la mejor película extranjera en 2009. Sacheri y Campanella también coescribieron el guion de la película animada Metegol, inspirado en el cuento “Memorias de un wing derecho”, de Roberto Fontanarrosa.

¿ES NECESARIA UNA AUTORIDAD POLÍTICA MUNDIAL? ¿CUÁL SERÍA EL CAMINO PARA ALCANZARLA?

¿ES NECESARIA UNA AUTORIDAD POLÍTICA MUNDIAL? ¿CUÁL SERÍA EL CAMINO PARA ALCANZARLA?

Encíclicas Laudato Si’ y Fratelli Tutti.

Este es el título del trabajo final que presenté a la Diplomatura en Laudato Si’, organizado por la Universidad de Morón.

En realidad, no es la primera vez que me dedico a temas relacionados con la Iglesia Católica: cursé algunas materias del Profesorado en Catequesis del Arzobispado de Mendoza, no por tener intenciones de dar clase, ya que soy Profesor en Literatura, sino porque interés en los temas (por ejemplo, Teología, Eclesiología, Antiguo y Nuevo Testamento), y trabajé en lo misional.

Fue una etapa que terminó, pero seguí atento a estos temas, sobre todo desde que Francisco es Papa porque me sentí muy identificado con su propuesta para la Iglesia, ya que entendí que nos acercaba a la Iglesia que se auto definió como Opción por los Pobres.

Hace poco el Dr. Humberto Podetti me invitó a cursar la Diplomatura que menciono arriba; acepté, sin idea de hacer ningún trabajo porque consideraba que no tendría tiempo, pero después me interesó la posibilidad porque me gustó el tema que tiene que ver las alternativas políticas que necesitamos. Aunque es sobre Laudato Si’, mi análisis también incluyó la otra Encíclica, Fratelli tutti, porque completa la propuesta de Francisco, y nos ponen al alcance los ejes sobre los que podamos construir propuestas para un mundo mejor.

Este es el resultado, aprobé, quedé conforme, y quiero compartirlo con ustedes. Espero que haya comentarios y participación.

Trabajo Final Diplomatura Laudato Si 2020

¿Es necesaria una autoridad política mundial? ¿Cuál sería el camino para alcanzarla?

No tuve dudas sobre la elección de la consigna para elaborar el trabajo final de la Diplomatura. Sin embargo, inmediatamente se me plantearon interrogantes:

En la historia cercana, ¿ha habido autoridades políticas mundiales?

En este análisis quiero diferenciar autoridad de hegemonía. No es el objetivo hacer estudios geopolíticos, pero creo que ha habido etapas con poderes hegemónicos que cumplieron ciclos, y que no fueron mundiales, sino que coexistieron con otros, más allá de las diferencias entre sí. O sea que se podrían hacer análisis cronológicos o tomar etapas, y no se encontraría una autoridad que abarcara a la humanidad en su conjunto.

Es claro que la Iglesia católica es una autoridad mundial con miles de años de existencia, sin embargo, su liderazgo espiritual no tiene correlato político equivalente.

Este tema ha sido clara y ampliamente planteado desde lo documental en las citas que mencionaremos.

Empiezo con esta cita de 1987: … “la humanidad, enfrentada a una etapa nueva y más difícil de su auténtico desarrollo, necesita hoy un grado superior de ordenamiento internacional, al servicio de las sociedades, de las economías y de las culturas del mundo entero” (San Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis, 43)

Este es un planteo general imprescindible porque solo en ese grado superior se pueden desarrollar alternativas institucionales y de participación que permitan avanzar en logros políticos no declarativos. Es en esta instancia en la que se puede avanzar en respuestas a la segunda parte de la consigna: ¿Cuál sería el camino para alcanzarla?

Este es el tema clave porque documentación de la Iglesia y de otras fuentes no faltan, declaraciones principistas, menos, incluso muchas que confían en la falta de memoria –accidental o intencionada- de la sociedad.

Citaré otros documentos eclesiales:

67 … “Esto aparece necesario precisamente con vistas a un ordenamiento político, jurídico y económico que incremente y oriente la colaboración internacional hacia el desarrollo solidario de todos los pueblos. Para gobernar la economía mundial, para sanear las economías afectadas por la crisis, para prevenir su empeoramiento y mayores desequilibrios consiguientes, para lograr un oportuno desarme integral, la seguridad alimenticia y la paz, para garantizar la salvaguardia del ambiente y regular los flujos migratorios, urge la presencia de una verdadera Autoridad política mundial, como fue ya esbozada por mi Predecesor, el Beato Juan XXIII. Esta Autoridad deberá estar regulada por el derecho, atenerse de manera concreta a los principios de subsidiaridad y de solidaridad, estar ordenada a la realización del bien común, comprometerse en la realización de un auténtico desarrollo humano integral inspirado en los valores de la caridad en la verdad.

Dicha Autoridad, además, deberá estar reconocida por todos, gozar de poder efectivo para garantizar a cada uno la seguridad, el cumplimiento de la justicia y el respeto de los derechos. … El desarrollo integral de los pueblos y la colaboración internacional exigen el establecimiento de un grado superior de ordenamiento internacional de tipo subsidiario para el gobierno de la globalización, que se lleve a cabo finalmente un orden social conforme al orden moral, así como esa relación entre esfera moral y social, entre política y mundo económico y civil, ya previsto en el Estatuto de las Naciones Unidas.” (Caritas in veritate, Benedicto XVI, junio, 2009).

Pero hay otros aportes:

  • “En esta línea, recuerdo que es necesaria una reforma «tanto de la Organización de las Naciones Unidas como de la arquitectura económica y financiera internacional, para que se dé una concreción real al concepto de familia de naciones».” (San Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, 173)
  • “…Cuando se habla de la posibilidad de alguna forma de autoridad mundial regulada por el derecho no necesariamente debe pensarse en una autoridad personal. Sin embargo, al menos debería incluir la gestación de organizaciones mundiales más eficaces, dotadas de autoridad para asegurar el bien común mundial, la erradicación del hambre y la miseria, y la defensa cierta de los derechos humanos elementales.” (San Juan Pablo II, Carta enc. Redemptor hominis)

Francisco recoge estos antecedentes sobre la autoridad política mundial en las dos últimas Encíclicas: los formula en Laudato Si 175 y retoma en Fratelli Tutti 172 y 173.

La novedad, como se ve, no tiene que ver con el tema de la autoridad, sino con la determinación de para qué debe servir, en estos momentos, esa autoridad.

Laudato si (Alabado seas, en umbro) y su subitítulo Sobre el cuidado de la casa común, tiene el objetivo de explicar la importancia de una ecología integral que se convierta en un nuevo paradigma de justicia, en el que la preocupación por la naturaleza, la equidad hacia los pobres y el compromiso en la sociedad, sean inseparables.

Fratelli tutti: con estas palabras, San Francisco de Asís proponía a todos los hermanos y hermanas una forma de vida plenamente evangélica. En esta Encíclica Francisco invita a un amor que expresa lo esencial de una fraternidad abierta, y que permite reconocer, valorar y amar a cada persona más allá de la cercanía física, más allá del lugar del universo donde haya nacido o donde habite.

El aporte de estas Encíclicas ya no es solo que hace falta una autoridad política mundial, sino una que trabaje, proponga y ponga en práctica estrategias que permitan superar las crisis de falta de sostenibilidad y sustentabilidad que ponen en riesgo cierto la vida en el planeta.

A partir de este enorme avance, debemos elegir el camino que nos permita colaborar en que se concreten medidas que detengan, retrasen o impidan la devastación social y ambiental que está dejando la acción de la especie humana.

Esta decisión es, en primer lugar, individual, y en el nivel de elegir un puesto de lucha en esta guerra por la salvación del mundo, pero, en segundo lugar, tiene que ver con la agrupación y organización con otros/as para obtener la masa crítica que permita combatir con posibilidades contra los grandes poderes que han logrado, por acción y/o omisión, esa “normalidad” que nos condena a la destrucción.

Esto significa promover y lograr avances en las decisiones de los Gobiernos (internacionales, nacionales, locales), en la participación activa en organizaciones de la sociedad, y en toda otra forma de actividad que colabore con medidas que mejoren la situación.

De acuerdo con mi filiación política, mencionaré lo que llamamos Organizaciones Libres del Pueblo (PERÓN, JUAN DOMINGO. EL GOBIERNO, EL ESTADO Y LAS ORGANIZACIONES LIBRES DEL PUEBLO Y LA COMUNIDAD ORGANIZADA. Buenos Aires: Editorial de la Reconstrucción, 1975.), que pueden garantizarnos caminos y avances centrales, estables y permanentes para superar los problemas que aquejan desde hace tiempo a la sociedad.

De lo que no cabe duda es de que no podemos dejar de tener un lugar de lucha, porque de ello depende la sobrevivencia digna y justa de la especie humana.

ENCONTRÉMONOS EN LA UTOPÍA DE UN MUNDO SUSTENTABLE Y SOSTENIBLE

ENCONTRÉMONOS EN LA UTOPÍA DE UN MUNDO SUSTENTABLE Y SOSTENIBLE

Las últimas entradas que he publicado han sido comentarios y aportes a partir del análisis de una nota de algún medio o sitio de la que iba extrayendo citas o fragmentos, pero esta de Boaventura de Sousa Santos, me pareció que justificaba compartirla entera por su solidez, amplitud y oportunidad.

Después de un buen análisis de la situación, aunque eso no sea tan novedoso, porque hay bastante acuerdo en que estamos en el fin del ciclo del orden neoliberal, más que por la certeza de algún tipo de cambio, porque estamos en una situación de crisis terminal (fundamentalmente en lo que se refiere a sostenibilidad social y política y sustentabilidad ambiental), pasa a describir tres caminos posibles para avanzar en las opciones que, inevitablemente, habrá que tomar.

Este sociólogo portugués nos plantea tres alternativas: el negacionismo, el gatopardismo y el transicionismo.

Por supuesto, no las voy a desarrollar, porque sería glosa, pero más allá de que coincidamos o no con la propuesta, lo real es que para el autor hay una sola valedera, que llama transicionismo.

Es llamativo que elija un nombre que destaca que tendremos que ir avanzando en pasos o etapas, y lo describe así: “…una idea intensamente política porque presupone la existencia alternativa entre dos horizontes posibles, uno distópico y otro utópico. … “…la transición apunta a un horizonte utópico. Y dado que la utopía por definición nunca se logra, la transición es potencialmente infinita, pero no menos urgente.”

Podría parecer que es muy teórico, que hoy existen prioridades que surgen del mismo diagnóstico casi apocalíptico que nos entrega la época, pero, justamente, esa misma situación hace necesaria la utopía, como marco de trabajo para avanzar en las estrategias, inevitablemente políticas, que permitirán lograr las medidas que necesita el mundo.

Se me ocurrió poner en el buscador Comunidad Organizada y utopía, y encontré una nota de Horacio González, de diciembre del 2008. De ella extraje este párrafo:

“La utopía es lo real-venidero, intuido en una lengua política novedosa. Es la que debe tener este momento argentino. Implica descubrir tanto la posibilidad como el obstáculo del aquí y ahora, la transparencia y el freno de lo que nos es contemporáneo, absolutamente actual. No se puede ser actual por entero si no se es enteramente utópico.” (https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-117408-2008-12-28.html)

Me pareció excelente para aplicarlo a este momento histórico y para darle valor al texto de Boaventura de Sousa Santos.

La visión de la utopía en el horizonte nos permitirá buscar caminos comunes para construir un mundo mejor, “normal” de otra manera, que asegure avanzar hacia un futuro viable, no hacia el cataclismo.

Es importante destacar que nada de eso ocurrirá si no se logran los consensos sociales que posibilitarán derrotar a los poderes que generaron esta situación catastrófica. Hay que agruparse y organizarse. Ya hay muchos intentos, en Argentina y el mundo, pero tenemos que lograr la masa crítica que haga inevitable el cambio. Creo que el mejor ejemplo es el feminismo, que logró instalar sus demandas, a pesar de todo.

Movilicémonos, con organización y decisión, alrededor de esa utopía de un mundo más justo y sostenible, no aceptemos las propuestas neo liberales desde una derecha apoyada en las corporaciones globalizadas propietarias de los medios que les permiten instalar mentiras y fantasías para mantenernos engañados.

Así, se podrá darle contenido a la transición que describe Boaventura de Sousa Santos.

Ya sabemos lo que ha producido el protagonismo del capitalismo neo liberal, ahora seamos protagonistas los que queremos otra “normalidad”.

Las últimas Encíclicas de Francisco constituyen un corpus doctrinal magnífico para desarrollar estrategias.

NO LAS DESAPROVECHEMOS

Entre el negacionismo, el gatopardismo y el transicionismo

El futuro del orden neoliberal después de la pandemia

Por Boaventura de Sousa Santos

https://www.pagina12.com.ar/302617-el-futuro-del-orden-neoliberal-despues-de-la-pandemia

La pandemia del nuevo coronavirus ha puesto en tela de juicio muchas de las certezas políticas que parecían haberse consolidado en los últimos cuarenta años, especialmente en el llamado Norte global. Las principales certezas eran: el triunfo final del capitalismo sobre su gran competidor histórico, el socialismo soviético; la prioridad de los mercados en la regulación de la vida no sólo económica sino también social, con la consiguiente privatización y desregulación de la economía y las políticas sociales y la reducción del papel del Estado en la regulación de la vida colectiva; la globalización de la economía basada en ventajas comparativas en la producción y la distribución; la brutal flexibilización (precariedad) de las relaciones laborales como condición para aumentar el empleo y el crecimiento económico. En general, esas certezas constituían el orden neoliberal. Este orden se nutrió del desorden en la vida de las personas, especialmente aquellos que llegaron a la edad adulta durante estas décadas. Vale la pena recordar que la generación global de jóvenes que entraron en el mercado laboral en la primera década de 2000 ya ha experimentado dos crisis económicas, la crisis financiera de 2008 y la actual crisis derivada de la pandemia. Pero la pandemia significó mucho más que eso. Demostró, en particular, que:

* es el Estado (no los mercados) quien puede proteger la vida de los ciudadanos;

* que la globalización puede poner en peligro la supervivencia de los ciudadanos si cada país no produce bienes esenciales;

* que los trabajadores en empleos precarios son los más afectados por no tener ninguna fuente de ingresos o protección social cuando termina el empleo, una experiencia que el Sur global conoce desde hace mucho tiempo;

* que las alternativas socialdemócratas y socialistas han vuelto a la imaginación de muchos, no solo porque la destrucción ecológica provocada por la expansión infinita del capitalismo ha llegado a límites extremos, sino porque, después de todo, los países que no han privatizado ni descapitalizado sus laboratorios parecen ser los más eficaces en la producción y más justos en la distribución de vacunas (Rusia y China).

No es de extrañar que los analistas financieros al servicio de aquellos que crearon el orden neoliberal ahora predigan que estamos entrando en una nueva era, la era del desorden. Es comprensible que así sea, ya que no saben imaginar nada fuera del catecismo neoliberal. El diagnóstico que hacen es muy lúcido y las preocupaciones que revelan son reales. Veamos algunos de sus rasgos principales.

Los salarios de los trabajadores en el Norte global se han estancado en los últimos treinta años y las desigualdades sociales no han dejado de aumentar. La pandemia ha agravado la situación y es muy probable que dé lugar a un gran malestar social. En este período, hubo, de hecho, una lucha de clases de los ricos contra los pobres, y la resistencia de los hasta ahora derrotados puede surgir en cualquier momento. Los imperios en las etapas finales de la decadencia tienden a elegir figuras de caricatura, ya sea Boris Johnson en Inglaterra o Donald Trump en los Estados Unidos, que sólo aceleran el final. La deuda externa de muchos países como resultado de la pandemia será impagable e insostenible y los mercados financieros no parecen ser conscientes de ello. Lo mismo sucederá con el endeudamiento de las familias, especialmente de la clase media, ya que este fue el único recurso que tuvieron para mantener un cierto nivel de vida. Algunos países han optado por la vía fácil del turismo internacional (hoteles y restaurantes), una actividad por excelencia presencial que sufrirá de incertidumbre permanente. China aceleró su trayectoria para volver a ser la primera economía del mundo, como lo fue durante siglos hasta principios del siglo XIX. La segunda ola de globalización capitalista (1980-2020) ha llegado a su fin y no se sabe lo que viene después. La era de la privatización de las políticas sociales (a saber, la medicina) con amplias perspectivas de lucro parece haber llegado a su fin.

Estos diagnósticos, a veces esclarecedores, implican que entraremos en un período de opciones más decisivas y menos cómodas que las que han prevalecido en las últimas décadas. Anticipo tres caminos principales.

El negacionismo

Designo el primero como el negacionismo. No comparte el carácter dramático de la evaluación expuesta anteriormente. No ve ninguna amenaza para el capitalismo en la crisis actual. Por el contrario, cree que se ha fortalecido con la crisis actual. Después de todo, el número de multimillonarios no ha dejado de aumentar durante la pandemia y, además, ha habido sectores que han visto aumentar sus beneficios como resultado de la pandemia (véase el caso de Amazon o ciertas tecnologías de la comunicación, Zoom, por ejemplo). Se reconoce que la crisis social va a empeorar; para contenerla, el Estado sólo tiene que fortalecer su sistema de “ley y orden”, fortalecer su capacidad para reprimir las protestas sociales que ya han comenzado a suceder, y eso sin duda aumentará, ampliando el cuerpo de policía, readaptando al ejército para actuar contra los “enemigos internos”, intensificando el sistema de vigilancia digital, ampliando el sistema penitenciario. En este escenario, el neoliberalismo seguirá dominando la economía y la sociedad. Se admite que será un neoliberalismo modificado genéticamente para poder defenderse del virus chino. Entiéndase, un neoliberalismo en tiempo de intensificación de la guerra fría con China y por lo tanto combinado con algún tribalismo nacionalista.

El gatopardismo

La segunda opción es la que más se corresponde con los intereses de los sectores que reconocen que se necesitan reformas para que el sistema pueda seguir funcionando, es decir, para que se pueda seguir garantizando el retorno del capital. Designo esta opción por el gatopardismo, en referencia a la novela Il Gattopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1958): es necesario que existan cambios para que todo siga igual, para que lo esencial esté garantizado. Por ejemplo, el sector de la salud pública debería ampliarse y reducir las desigualdades sociales, pero no se piensa en cambiar el sistema productivo o el sistema financiero, la explotación de los recursos naturales, la destrucción de la naturaleza o los modelos de consumo. Esta posición reconoce implícitamente que el negacionismo puede llegar a dominar y teme que, a largo plazo, esto conduzca a la inviabilidad del gatopardismo. La legitimidad del gatopardismo se basa en una convivencia que se ha establecido en los últimos cuarenta años entre el capitalismo y la democracia, una democracia de baja intensidad y bien domesticada para no poner en cuestión el modelo económico y social, pero que aún garantiza algunos derechos humanos que dificultan la negación radical del sistema y la insurgencia antisistémica. Sin la válvula de seguridad de las reformas, acabará la mínima paz social y, sin ella, la represión será inevitable.

El transicionismo

Sin embargo, hay una tercera posición que designo como transicionismo. Por el momento, que habita en la angustiosa inconformidad que surge en múltiples lugares: en el activismo ecológico de la juventud urbana, en todo el mundo; en la indignación y resistencia de los campesinos, pueblos indígenas y afrodescendientes y pueblos de los bosques y regiones ribereñas ante la impune invasión de sus territorios y el abandono del Estado en tiempos de pandemia; en la reivindicación de la importancia de las tareas de cuidado a cargo de las mujeres, a veces en el anonimato de las familias, ahora en las luchas de los movimientos populares, ahora frente a gobiernos y políticas de salud en varios países; en un nuevo activismo rebelde de artistas plásticos, poetas, grupos de teatro, raperos, sobre todo en las periferias de las grandes ciudades, un vasto grupo que podemos llamar artivismo. Esta es la posición que ve en la pandemia la señal de que el modelo civilizado que ha dominado el mundo desde el siglo XVI ha llegado a su fin y que es necesario iniciar una transición a otro u otros modelos civilizadores.

El modelo actual se basa en la explotación ilimitada de la naturaleza y de los seres humanos, en la idea de un crecimiento económico infinito, en la prioridad del individualismo y la propiedad privada, y en el secularismo. Este modelo permitió impresionantes avances tecnológicos, pero concentró los beneficios en algunos grupos sociales al tiempo que causó y legitimó la exclusión de otros grupos sociales, de hecho mayoritarios, a través de tres modos principales de dominación: explotación de los trabajadores (capitalismo), legitimación de masacres y saqueos de razas consideradas inferiores y la apropiación de sus recursos y conocimientos (colonialismo), y el sexismo legitimando la devaluación del trabajo de cuidado de las mujeres y la violencia sistémica contra ellas en los espacios domésticos y públicos (patriarcado).

La pandemia, al mismo tiempo que empeoró estas desigualdades y discriminaciones, ha hecho más evidente que, si no cambiamos el modelo civilizatorio, nuevas pandemias seguirán plagando a la humanidad y el daño que causarán a la vida humana y no humana será impredecible. Dado que no se puede cambiar de un día a otro el modelo civilizatorio, se debe empezar a diseñar directivas de transición. De ahí la designación de transicionismo. En mi opinión, el transicionismo, a pesar de ser una posición por ahora minoritaria, es la posición que parece llevar más futuro y menos desgracia para la vida humana y no humana del planeta. Por lo tanto, merece más atención. Partiendo de ella, podemos anticipar que entraremos en una era de transición paradigmática hecha de varias transiciones. Las transiciones se producen cuando un modo dominante de vida individual y colectiva, creado por un determinado sistema económico, social, político y cultural, comienza a revelar crecientes dificultades para reproducirse al mismo tiempo que, dentro de ella, comienzan a germinar cada vez menos marginalmente, signos y prácticas que apuntan a otras formas de vida cualitativamente diferentes.

La idea de la transición es una idea intensamente política porque presupone la existencia alternativa entre dos horizontes posibles, uno distópico y otro utópico. Desde el punto de vista de la transición, no hacer nada, que es característico del negacionismo, implica de hecho una transición, pero una transición regresiva hacia un futuro irreparablemente distópico, un futuro en el que todos los males o disfunciones del presente se intensificarán y multiplicarán, un futuro sin futuro, ya que la vida humana se volverá inviable, como ya lo es para muchas personas en nuestro mundo.

Por el contrario, la transición apunta a un horizonte utópico. Y dado que la utopía por definición nunca se logra, la transición es potencialmente infinita, pero no menos urgente. Si no empezamos ahora, mañana puede ser demasiado tarde, como nos advierten los científicos del cambio climático y el calentamiento global, o los campesinos que están sufriendo los efectos dramáticos de los fenómenos meteorológicos extremos. La característica principal de las transiciones es que nunca se sabe con certeza cuándo comienzan y cuándo terminan. Es muy posible que nuestro tiempo sea evaluado en el futuro de una manera diferente a la que defendemos hoy. Incluso puede llegar a considerarse que la transición ya ha comenzado, pero sufre bloqueos constantes.

La otra característica de las transiciones es que no son muy visibles para quienes las viven. Esta relativa invisibilidad es el otro lado de la semiceguera con la que tenemos que vivir el tiempo de transición. Es un tiempo de prueba y error, de avances y contratiempos, de cambios persistentes y efímeros, de modas y obsolescencias, de salidas disfrazadas de llegadas y viceversa. La transición sólo se identifica completamente después de que haya ocurrido.

El negacionismo, el gatopardismo y el transicionismo se enfrentarán en un futuro próximo, y la confrontación probablemente será menos pacífica y democrática de lo que nos gustaría. Una cosa es cierta, el tiempo de las grandes transiciones ha sido inscripto en la piel de nuestro tiempo y es muy posible que contradiga el verso de Dante: el poeta escribió que la flecha que se ve venir viene más lentamente (“che saetta previsa viene più lenta”). Estamos viendo la flecha de la catástrofe ecológica viniendo hacia nosotros. Viene tan rápido que a veces se siente como si ya estuviera clavada en nosotros. Si es posible eliminarla, no será sin dolor.

* Boaventura de Sousa Santos es Doctor en Sociología del Derecho, director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra (Portugal). Traducción de Bryan Vargas Reyes.

ARRÁNCAME LA VIDA DE ÁNGELES MASTRETTA POR ADOLFO ARIZA

ARRÁNCAME LA VIDA DE ÁNGELES MASTRETTA POR ADOLFO ARIZA

Tenía esta novela en mi biblioteca, pero no la había leído, no sé por qué, ya que el tema de la revolución mexicana me interesó mucho siempre. La hojeé y decidí leerla, primero, por lo que acabo de decir, y segundo, porque me pareció una visión distinta de ese periodo, la visión de una mujer que relata su vida dentro de la turbulenta historia de México, elevando la figura de la mujer frente a ese mundo machista y patriarcal.

Ángeles Mastretta nació el 9 de octubre de 1949 en Puebla, México, donde vivió hasta los diecisiete años en que se mudó a la Ciudad de México. “… siempre se ha caracterizado por ser una defensora del feminismo, lo que se refleja en la mayoría de sus obras. Además, ha fundado y organizado grupos tales como la Unión de Mujeres Antimachistas en la Ciudad de México.” (Wikipedia)

Dentro de esta concepción se moldea la figura de Catalina Guzmán, una joven menor de quince años, de posición económica baja, que no conoce nada de la vida, a quien se le presenta el General Andrés Ascencio, que tiene más de treinta años, y le propone que se vaya con él. Ella aceptó porque “quería que le pasaran cosas”.

Arráncame la vida, de 1985, es la primera novela de Mastretta y recibió el Premio Mazatlán.

La novela es el relato de Catalina (Catín, le decía a veces Ascencio), de la vida de ambos, de sus familias y amigos, y de esa etapa de la política de México.

Es una narración muy llevadera e intensa, que nos pone dentro del mundo mexicano, sus costumbres, sus paisajes –rural y urbano-, su habla (a veces hay que buscar alguna palabra o giro, pero no incomoda porque nos ayuda a conocer ese país variado y bello).

El General parece el centro de la novela, pero no lo es: Catalina lo es. Todo nos llega por sus ojos, por sus sentimientos, y por la personalidad que va construyendo a lo largo de la narración.

Como Stéfano, que comenté hace poco, Arráncame la vida es una “novela de aprendizaje”. Repito lo que puse entonces: es una narración en la que el protagonista evoluciona, construye su personalidad y es un héroe que tiene que superar obstáculos y afrontar riesgos. Catalina evoluciona de una casi niña a una mujer madura, que participa en la vida política de General, con actividades propias, que hace de Primera Dama, y que, finalmente, puede manejar todas las riquezas mal habidas del General.

Es la evolución deseada de la mujer mexicana. Cuando fui a México, hace varios años, me llamó la atención el machismo desembozado y grosero de su televisión, aunque desde 1947 la mujer mexicana ya tenía derecho a voto y la oportunidad a expresar públicamente su voz o sus ideas y sus pensamientos. Sin embargo, en la vida cotidiana es otra cosa, sobre todo para los/las argentinos/as, acostumbrados a otro tipo de presencia femenina.

La novela se desarrolla alrededor de 1949. En esos momentos se desarrolla la institucionalización que siguió a la Revolución mexicana, y muestra a los personajes encargados de la consolidación del Estado.

El General Ascencio – Maximino Ávila Camacho en la vida real, porque muchos de los personajes de la novela existieron en la realidad- era uno de los políticos surgidos de esa Revolución, que comenzó en 1910, con una rebelión encabezada por Francisco Madero y motivada por la explotación capitalista y las injusticias sociales. La bandera era la reforma agraria soñada por muchos pequeños agricultores y poblaciones originarias que habían sido despojadas de sus tierras.

La unificación de las corrientes revolucionarias creó, en el año 1929, el Partido Nacional Revolucionario (PRN). Más tarde sirvió como base para el Partido Revolucionario Institucional (PRI), abandonando los principios revolucionarios de 1910.

Sin embargo, después de algunos años de la constitución, los campesinos fueron perdiendo muchas de las tierras que habían conquistado.

La lucha de los campesinos mexicanos por la tierra se extiende hasta los días actuales, como sucede, además, en otros países de América latina. En México, en la última década del siglo XX, esa lucha fue la retomada de forma más intensa con la creación del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en la provincia de Chiapas. El nombre de ese movimiento es un homenaje a Emiliano Zapata, uno de los líderes más expresivos de la Revolución de 1910, y que es recordado como el que no traicionó sus compromisos con las causas populares.

En cambio, Ascencio es uno de los jefes militares que usaron el proceso revolucionario para su beneficio personal, tanto económico como político, olvidando las necesidades del pueblo.

Hay mucha narrativa sobre la novela de la Revolución mexicana. Tengo una colección de dos tomos con novelas sobre este tema. Lo que más destaco de todo eso es: Los de abajo de Mariano Azuela y, sobre todo, dos obras monumentales: la colección de cuentos El llano en llamas (Nos han dado la tierra es una perfecta síntesis de lo que recibieron los campesinos, mejor, de lo que no recibieron) de Juan Rulfo y La muerte de Artemio Cruz de Carlos Fuentes. Ahora agrego Arráncame la vida, que es una excelente novela, que vale la pena leer.

Es muy interesante cómo muestra Mastretta esta etapa de la vida de México a través de la de Ascencio y del relato, fresco y vívido, de Catalina.

Sometida a los mandatos de su marido y ocupándose de actividades ligadas al hogar; Catalina vive momentos cruciales para su formación y construcción como persona, desempeñando distintos roles: esposa, amante, madre, cómplice y finalmente viuda. Toda la historia es narrada desde la perspectiva de Catalina, eterna observadora de las acciones de su marido.

Es interesante observar cómo el tema del feminismo que milita la autora, nunca se hace explícito en la novela, pero es factor central de su éxito.

Un rasgo más: el bolero funciona como intertexto en la novela. De hecho, Arráncame la vida es el nombre de un tango canción de Agustín Lara el que, incluso, tiene una aparición fugaz en la narración.

Entre 1930 y 1960 el bolero tuvo gran auge en México, por eso, aparece en la novela, como un rasgo del país, pero con valor narrativo. La novela redistribuye el intertexto musical, de manera que ella misma se teje como un bolero: una historia de amor centrada en la búsqueda del otro.

He tocado, con no mucho orden, varios aspectos que me han parecido válidos para recomendar la lectura de esta novela. En realidad, la diversidad de las riquezas de la narración: tema, personajes, contexto histórico, tempo narrativo, recursos estilísticos, hicieron difícil la selección, sobre todo cuando no se quiere caer ni en la descripción elogiosa, ni en un trabajo crítico, sino en un comentario de un lector especializado.

Por lo tanto, lo mejor que pueden hacer es leerla. Vale la pena.