Soy uno de los tantos católicos argentinos,
que cumplen formalmente los sacramentos, pero cuya vida no tiene en cuenta lo que
esa fe supone, aunque siempre me interesó lo espiritual.
Como Profesor, empecé a trabajar en una
Escuela católica, de los Misioneros de la Consolata, allí me invitaron a
participar de los Cursillos de Cristiandad. Fue una experiencia conmocionante,
que me llevó a practicar el culto con mucho fervor. Aunque el Cursillo no me
interesó para participar de sus actividades, seguí profundizando mi fe y mi
conocimiento del tremendo significado de vivir en Cristo. Me involucré en
actividades misioneras porque comprendí que ese era el llamado que significaba
ser parte de la Iglesia Peregrina. También hice estudios formales de materias
teológicas, y hasta llegué a escribir algún artículo sobre estos temas.
Después
fui buscando otros modos de espiritualidad, dejé de participar regularmente en
el culto, pero siempre fui católico militante.
En
este proceso el papado de Francisco tuvo un enorme significado para mí, porque significó
un reverdecer de esa Iglesia de la que enamoré después del Concilio Vaticano
II: la que se enfocó en ser “la opción de los pobres”. Por eso, sigo su
apostolado y sus directivas.
Dentro
de todo este proceso personal, la Pascua de Resurrección fue siempre una etapa central
en mi vida religiosa: porque Jesús es el Resucitado, y con él resucitó la
humanidad.
Me
llegó el texto de la Homilía de Francisco en la misa de la Vigilia Pascual. Me
pareció una buena manera de decirle Felices Pascuas al que me lea.
Felices Pascuas.
ÉL VIVE
Homilía de Francisco en la misa de la
Vigilia Pascual:
«Pasado el sábado» (Mt 28,1) las mujeres
fueron al sepulcro. Así comenzaba el evangelio de esta Vigilia santa, con el
sábado. Es el día del Triduo pascual que más descuidamos, ansiosos por pasar de
la cruz del viernes al aleluya del domingo. Sin embargo, este año percibimos
más que nunca el sábado santo, el día del gran silencio. Nos vemos reflejados
en los sentimientos de las mujeres durante aquel día. Como nosotros, tenían en
los ojos el drama del sufrimiento, de una tragedia inesperada que se les vino encima
demasiado rápido. Vieron la muerte y tenían la muerte en el corazón. Al dolor
se unía el miedo, ¿tendrían también ellas el mismo fin que el Maestro? Y
después, la inquietud por el futuro, quedaba todo por reconstruir. La memoria
herida, la esperanza sofocada. Para ellas, como para nosotros, era la hora más
oscura.
Pero en esta situación las mujeres no se
quedaron paralizadas, no cedieron a las fuerzas oscuras de la lamentación y del
remordimiento, no se encerraron en el pesimismo, no huyeron de la realidad.
Realizaron algo sencillo y extraordinario: prepararon en sus casas los perfumes
para el cuerpo de Jesús. No renunciaron al amor: la misericordia iluminó la
oscuridad del corazón. La Virgen, en el sábado, día que le sería dedicado,
rezaba y esperaba. En el desafío del dolor, confiaba en el Señor. Sin saberlo,
esas mujeres preparaban en la oscuridad de aquel sábado el amanecer del «primer
día de la semana», día que cambiaría la historia. Jesús, como semilla en la
tierra, estaba por hacer germinar en el mundo una vida nueva; y las mujeres,
con la oración y el amor, ayudaban a que floreciera la esperanza. Cuántas
personas, en los días tristes que vivimos, han hecho y hacen como aquellas
mujeres: esparcen semillas de esperanza. Con pequeños gestos de atención, de
afecto, de oración.
Al amanecer, las mujeres fueron al
sepulcro. Allí, el ángel les dijo: «Vosotras, no temáis […]. No está aquí: ¡ha
resucitado!» (vv. 5-6). Ante una tumba escucharon palabras de vida… Y después
encontraron a Jesús, el autor de la esperanza, que confirmó el anuncio y les
dijo: «No temáis» (v. 10). No temáis, no tengáis miedo: He aquí el anuncio de
la esperanza. Que es también para nosotros, hoy. Son las palabras que Dios nos
repite en la noche que estamos atravesando.
En esta noche conquistamos un derecho
fundamental, que no nos será arrebatado: el derecho a la esperanza; es una
esperanza nueva, viva, que viene de Dios. No es un mero optimismo, no es una
palmadita en la espalda o unas palabras de ánimo de circunstancia. Es un don
del Cielo, que no podíamos alcanzar por nosotros mismos: Todo irá bien, decimos
constantemente estas semanas, aferrándonos a la belleza de nuestra humanidad y
haciendo salir del corazón palabras de ánimo. Pero, con el pasar de los días y
el crecer de los temores, hasta la esperanza más intrépida puede evaporarse. La
esperanza de Jesús es distinta, infunde en el corazón la certeza de que Dios
conduce todo hacia el bien, porque incluso hace salir de la tumba la vida.
El sepulcro es el lugar donde quien entra
no sale. Pero Jesús salió por nosotros, resucitó por nosotros, para llevar vida
donde había muerte, para comenzar una nueva historia que había sido clausurada,
tapándola con una piedra. Él, que quitó la roca de la entrada de la tumba,
puede remover las piedras que sellan el corazón. Por eso, no cedamos a la
resignación, no depositemos la esperanza bajo una piedra. Podemos y debemos
esperar, porque Dios es fiel, no nos ha dejado solos, nos ha visitado y ha
venido en cada situación: en el dolor, en la angustia y en la muerte. Su luz
iluminó la oscuridad del sepulcro, y hoy quiere llegar a los rincones más
oscuros de la vida. Hermana, hermano, aunque en el corazón hayas sepultado la
esperanza, no te rindas: Dios es más grande. La oscuridad y la muerte no tienen
la última palabra. Ánimo, con Dios nada está perdido.
Ánimo: es una palabra que, en el Evangelio,
está siempre en labios de Jesús. Una sola vez la pronuncian otros, para decir a
un necesitado: «Ánimo, levántate, que [Jesús] te llama» (Mc 10,49). Es Él, el
Resucitado, el que nos levanta a nosotros que estamos necesitados. Si en el
camino eres débil y frágil, si caes, no temas, Dios te tiende la mano y te
dice: «Ánimo”. Pero tú podrías decir, como don Abundio: «El valor no se lo
puede otorgar uno mismo» (A. MANZONI, Los Novios (I Promessi Sposi), XXV). No
te lo puedes dar, pero lo puedes recibir como don. Basta abrir el corazón en la
oración, basta levantar un poco esa piedra puesta en la entrada de tu corazón
para dejar entrar la luz de Jesús. Basta invitarlo: “Ven, Jesús, en medio de
mis miedos, y dime también: Ánimo”. Contigo, Señor, seremos probados, pero no
turbados. Y, a pesar de la tristeza que podamos albergar, sentiremos que
debemos esperar, porque contigo la cruz florece en resurrección, porque Tú
estás con nosotros en la oscuridad de nuestras noches, eres certeza en nuestras
incertidumbres, Palabra en nuestros silencios, y nada podrá nunca robarnos el
amor que nos tienes.
Este es el anuncio pascual; un anuncio de
esperanza que tiene una segunda parte: el envío. «Id a comunicar a mis hermanos
que vayan a Galilea» (Mt 28,10), dice Jesús. «Va por delante de vosotros a
Galilea» (v. 7), dice el ángel. El Señor nos precede. Es hermoso saber que
camina delante de nosotros, que visitó nuestra vida y nuestra muerte para
precedernos en Galilea; es decir, el lugar que para Él y para sus discípulos
evocaba la vida cotidiana, la familia, el trabajo. Jesús desea que llevemos la
esperanza allí, a la vida de cada día. Pero para los discípulos, Galilea era también
el lugar de los recuerdos, sobre todo de la primera llamada. Volver a Galilea
es acordarnos de que hemos sido amados y llamados por Dios. Necesitamos retomar
el camino, recordando que nacemos y renacemos de una llamada de amor gratuita.
Este es el punto de partida siempre, sobre todo en las crisis y en los tiempos
de prueba.
Pero hay más. Galilea era la región más
alejada de Jerusalén, el lugar donde se encontraban en ese momento. Y no sólo
geográficamente: Galilea era el sitio más distante de la sacralidad de la
Ciudad santa. Era una zona poblada por gentes distintas que practicaban varios
cultos, era la «Galilea de los gentiles» (Mt 4,15). Jesús los envió allí, les
pidió que comenzaran de nuevo desde allí. ¿Qué nos dice esto? Que el anuncio de
la esperanza no se tiene que confinar en nuestros recintos sagrados, sino que
hay que llevarlo a todos. Porque todos necesitan ser reconfortados y, si no lo
hacemos nosotros, que hemos palpado con nuestras manos «el Verbo de la vida» (1
Jn 1,1), ¿quién lo hará? Qué hermoso es ser cristianos que consuelan, que
llevan las cargas de los demás, que animan, que son mensajeros de vida en
tiempos de muerte. Llevemos el canto de la vida a cada Galilea, a cada región
de esa humanidad a la que pertenecemos y que nos pertenece, porque todos somos
hermanos y hermanas. Acallemos los gritos de muerte, que terminen las guerras.
Que se acabe la producción y el comercio de armas, porque necesitamos pan y no
fusiles. Que cesen los abortos, que matan la vida inocente. Que se abra el
corazón del que tiene, para llenar las manos vacías del que carece de lo
necesario.
Al final, las mujeres «abrazaron los pies»
de Jesús (Mt 28,9), aquellos pies que habían hecho un largo camino para venir a
nuestro encuentro, incluso entrando y saliendo del sepulcro. Abrazaron los pies
que pisaron la muerte y abrieron el camino de la esperanza. Nosotros,
peregrinos en busca de esperanza, hoy nos aferramos a Ti, Jesús Resucitado. Le
damos la espalda a la muerte y te abrimos el corazón a Ti, que eres la Vida.
La escena ocurrió
en el invierno de 1347, en el inicio de la peste negra, la epidemia que asoló
Europa, Asia y el Norte de África cobrándose, según los relatos más fiables, unos
20 millones de vidas. Liderados por Jani Beg, que había heredado el trono de su
padre tras asesinar a sus dos hermanos, hordas de mongoles recientemente
islamizados asediaban el puerto genovés de Caffa, hoy Feodosia, en el Mar
Negro, en busca de las riquezas de una ciudad que recibía unos 200 barcos
diarios repletos de mercancías. Frente a la obstinada resistencia de los
sitiados y ante la evidencia de que sus propias tropas estaban cayendo víctimas
de una enfermedad desconocida que se propagaba como pólvora, el khan ordenó, en
lo que probablemente sea una de las primeras operaciones de guerra
bacteriológica de la historia, utilizar las catapultas para bombardear de
cadáveres contagiados el interior de las murallas, obligando a los sitiados,
que pensaban erróneamente que la enfermedad se contraía por el contacto de los
cuerpos, a escapar. Pero la peste ya se había propagado a través de su
verdadero vector, las ratas, y la huida la trasladó a Génova, de ahí a
Constantinopla y finalmente a medio mundo civilizado.
Difusa pero
angustiante, la sensación de fin del mundo se extiende hoy por el planeta,
conforme más y más países decretan la cuarentena y ven cómo se eleva el número
de contagiados y muertos. Apocalipsis con arresto domiciliario, según la buena
definición del periodista Boris Muñoz: ni siquiera podemos salir a la calle a
ver cómo termina esto. Por eso quizás algunos se apuran a buscar responsables:
las hipótesis conspirativas, explica el investigador especializado en estudios
del futuro Ezequiel Gatto (1), nos tranquilizan moralmente porque permiten
identificar un culpable, sea éste el gobierno chino, un laboratorio secreto de
Estados Unidos, un plan para acabar con los viejos al estilo de La guerra del
cerdo o un chino que se comió un murciélago. O un khan ambicioso que ataca una
ciudad bombardeándola con cadáveres. No importa que se trate de hipótesis
incomprobables, del mismo modo que la historia de los cuerpos contagiados de
peste bubónica volando por arriba de los muros podría ser falsa, una temprana
fake news, según corrobora el historiador Ole J. Benedictow en su libro La
peste negra (2). Lo importante, apunta Gatti, es que identificar un responsable
permite suponer que alguien pensó el futuro de todo esto, que esto ocurre
porque alguien así lo planeó y que todo tiene un sentido: uno sólo.
Hay algo
igualador en la incertidumbre, en el hecho de que nadie –de Donald Trump al
último obrero chino- sabe realmente cómo va a terminar la pandemia, aunque
desde luego el virus no afecta del mismo modo a todos. Como señala Gatto, es la
primera vez en la historia que el mundo parece plegarse sobre un sólo elemento
que define “nuestro tiempo”, lo que explica la sensación un poco aterradora de
que somos víctimas de una incursión extraterrestre, algo externo que nos pone a
todos en un único conjunto. Porque además
todo sucede en tiempo real, en la tiranía del minuto a minuto: vivimos
pandemias por radio y televisión, pero nunca a través de las redes sociales,
que aceleran la dinámica de los hechos (todos los días contamos el número
global de muertos) y dispersan la información: las pocas fuentes fiables –la
Organización Mundial de la Salud sobre todo– recuperan centralidad y
protagonismo.
El futuro está
abierto, hoy más que nunca. Por eso, antes que pensar el fin del mundo (o del
capitalismo, que a esta altura es casi lo mismo), quizás sea más sensato tratar
de pensar qué cambiará cuando la crisis finalmente pase. Slavoj Žižek sostiene,
en un libro de reciente aparición sobre el coronavirus que debe haber escrito
siguiendo el método Fogwill, que la pandemia abre la oportunidad de replantear
horizontes hasta hace poco impensables, aunque su proyecto de construir un
“comunismo con coordinación y colaboración global” suene un tanto inalcanzable
(3). ¿Qué cambiará entonces? No es sencillo imaginarlo, porque están ocurriendo
las cosas más insólitas: el FMI acepta tan campante que el gobierno argentino
no pague su deuda por cinco años, 1.300 millones de indios son confinados a sus
hogares en la cuarentena más masiva de la historia y los patos se pasean por
los canales de Venecia (y los carpinchos por Nordelta).
¿Qué saldo
dejará la pandemia?
En primer lugar,
observamos la reubicación en el centro de la escena internacional de dos
cuestiones que nunca se fueron, que siempre estuvieron ahí, pero que venían
sufriendo ataques y erosiones: el Estado-nación y la ciencia.
Como ha sido
señalado en estos días, el gran protagonista de la respuesta a la crisis fue el
Estado. No ocurre siempre, pero a veces las crisis totales, como la que estamos
atravesando, conllevan un reempoderamiento del Estado: sucedió después de la
Segunda Guerra Mundial, con la construcción del Estado de Bienestar, y puede
que termine ocurriendo ahora, en momentos en que se hace evidente que la
sociedad civil y los actores económicos pueden contribuir a buscar soluciones
pero que la respuesta general sólo puede venir del Estado, que distribuye
cheques de 3.000 dólares a todas las familias en Estado Unidos, renacionaliza
los sistemas de salud en Europa o decreta las cuarentenas en medio planeta.
También cascoteada
últimamente, hostigada desde los frentes diversos del fanatismo religioso (que
niega la teoría de la evolución), el hipismo irresponsable (que niega las
vacunas) y los intereses económicos (que niegan el cambio climático), la
ciencia recupera protagonismo. En momentos de incertidumbre y confusión, la
ciencia provee certezas: el coronavirus tiene tal ADN, se contagia de tal
forma, se testea de esta otra. Lo demostrable, lo verificable. Una de las pocas
instancias de coordinación internacional que sobreviven al ascenso de los
nacionalismos, la Organización Mundial de la Salud, se erige en un espacio
fundamental de coordinación de esfuerzos. Como sostiene Yuval Noah Harari (4),
la gran ventaja del hombre en la lucha contra el virus es la capacidad de
intercambiar información. Un coronavirus en Corea y un coronavirus en España no
pueden intercambiar consejos sobre cómo infectar a los humanos. Pero Corea
puede enseñar a España lecciones valiosas. Si el Estado es nacional, la ciencia
es, por definición, universal: quizás otro de los saldos de la pandemia sea un
fortalecimiento de la comunidad científica internacional y de los organismos
que la representan. Leviatán y positivismo para salvar al mundo.
Geopolítica
El fondo sobre el
que se recortan estos movimientos es la desglobalización, el proceso de
reversión de la tendencia a la integración planetaria cuyo inicio hoy, con la
distancia que da el tiempo, podemos situar claramente en la crisis financiera
de 2008/2009, que marcó el comienzo del declive de la Unión Europea como actor
global, produjo un auge de los nacionalismos y parió una serie de liderazgos
proteccionistas que, como Donald Trump y Boris Johnson, denuncian los acuerdos
comerciales y se amurallan detrás de sus fronteras. Con la fuerza demoledora de
su irrupción sorpresiva, el coronavirus cancela vuelos comerciales, quiebra las
cadenas globales de suministros, detiene los flujos de mercancías. Salvo
excepciones, los líderes mundiales reaccionan con reflejo nacional, compiten
antes que cooperan, como ilustra la intención de Trump de adquirir de prepo la
propiedad de un laboratorio alemán que estaba trabajando en una vacuna.
Es cierto, como
apunta Julio Burdman (5), que la globalización desborda a los gobiernos, que
líderes que intentaron una salida original, como Trump o Johnson, tarde o
temprano tuvieron que subordinarse a la estrategia general, que hay un momento
en que sus opiniones valen menos que la de Tedros Adhanom Ghebreyesus, director
general de la OMS. Pero también es verdad que una vez que pase lo peor el
resultado será menos, y no más, integración global. Cuando superemos la
pandemia, ¿Estados Unidos seguirá aceptando que la mayor parte de los
principios activos de los remedios que consume o los chips imprescindibles para
ensamblar sus computadoras y celulares se produzcan fuera de sus fronteras?
En esencia, la
desglobalización puede ser vista como la respuesta defensiva de actores en
situación de declive hegemónico a la transición de poder global motorizada por
el ascenso de China. Contra los que se apuraron a ver la crisis como un golpe
fatal al régimen chino, como el Chernobyl del Partido Comunista Chino, la
reacción rápida mostrada tras un primer momento de ocultación terminó
convirtiendo al país en el gran protagonista de la crisis. Frente a las
dificultades de Italia y España para imponer el distanciamiento social, los
desvaríos de Trump y la absoluta descoordinación del sistema norteamericano,
donde cada Estado y cada ciudad toman un rumbo diferente, China respondió de
manera asombrosamente eficaz.
Como señaló
Byung-Chul Han en un comentadísimo artículo publicado en estos días (6), esto
fue posible por el mix único de la tradición confucionista de una sociedad
acostumbrada a la disciplina colectiva y el despliegue de un Estado digital de
vigilancia total: cuando los sensores del metro de Pekín detectan a un pasajero
con fiebre el sistema de reconocimiento facial lo identifica y le envía un
mensaje a su celular instándolo a que se acerque en un plazo perentorio al
centro de control más cercano a hacerse el test, al tiempo que rastrea a
quienes compartieron el vagón para que hagan lo mismo. Para Han, la soberanía
ya no reside en quien es capaz de cerrar las fronteras sino en quien controla
los datos. Soberano no es el que decide; es el que sabe. Dotado de un panóptico
digital compuesto por 170 millones de cámaras, el Estado chino logra niveles de
trazabilidad que le permiten encontrar y aislar a los contagiados, pero esto
sólo es posible en un país en el que las empresas de telecomunicaciones no tienen
inconvenientes en compartir los datos con el Estado porque son públicas y en el
que los derechos civiles directamente no existen.
No hay muchas
dudas: los sistemas centralizados –autoritarios o semi-autoritarios– de Asia
respondieron mejor al estrés de la crisis que la mayoría de las grandes
democracias occidentales (con la singular excepción, una vez más, de Alemania).
Como sostiene Andrés Malamud en esta misma edición de El Dipló, si en Oriente
la crisis fortaleció el statu quo político, en Occidente lo puso en cuestión.
La decisión del gobierno chino de enviar profesionales y equipos médicos a
países no sólo del tercer mundo –el primero en recibirlos fue Italia–, junto a
la postal de ciudadanos chinos escapando de España para volver a su patria, confirman
quién está ganando la batalla cultural de la pandemia.
Vi una nota en la Revista Rumbos del fin de semana, a
partir de otra de Pilar Jericó. Me pareció útil, y que es un aporte en esta
difícil época, en que mucho de lo que nos llega nos confunde y asusta más de lo
que nos alivia.
Una de las cosas que intento hacer siempre, mucho más en
estos tiempos del coronavirus, es ser organizado, tener planes, no desordenarme,
por eso, este aporte con formato de guía, me parece que puede ayudar.
Ojalá sea así.
Guía para
superar el impacto emocional del coronavirus
PILAR JERICÓ
Debemos afrontar
la situación con una mentalidad positiva. Para eso necesitamos conocer las
etapas a las que nos vamos a enfrentar
El coronavirus
nos ha superado a todos. Nos enfrentamos a emociones incómodas, nos agobia el
miedo, nos estremece escuchar a los sanitarios informando de las situaciones
que viven, y no parece que las cosas vayan a mejorar en el corto plazo. Sin
embargo, existe una verdad incuestionable: todo pasa. El coronavirus también.
Como ha sucedido con otras pandemias o en otras situaciones difíciles que hemos
vivido. Debemos afrontar el problema con una mentalidad positiva. Para eso
necesitamos conocer las etapas y las emociones a las que nos vamos a enfrentar.
Reconocerlas nos ayudará a afrontarlas de un modo más amable. A desarrollar una
mentalidad positiva a pesar de las circunstancias. Esta posición nos permitirá
entender que, en todo cambio, por difícil que sea, siempre existen
oportunidades para seguir aprendiendo y avanzar como personas y como sociedad.
Las
investigaciones en las que basé mi libro Héroes cotidianos sirven para entender
de manera sencilla qué emociones vamos a vivir estos días. Las detallo en esta
página en voz y con ejercicios prácticos.
1. Llamada: “Hay un virus en China”. Ese fue el comienzo.
Toda llamada a la aventura puede ser de dos tipos, como dice paradójicamente la
medicina tradicional china: llamada del cielo, cuando es algo deseado, o
llamada del trueno, cuando no lo buscamos y rompe nuestros esquemas. El
coronavirus pertenece a las llamadas del trueno para la mayor parte de los
mortales. Pocos esperaban que sucediera.
2. Negación: “Esto no va a ocurrir aquí”. La negación es una
fase habitual en casi todos los cambios no deseados. Se trata de la más difícil
de asimilar. Nunca creemos que nos vaya a afectar a nosotros. Nos llenamos de
excusas, como que China está muy lejos o que solo es una gripe más, y nos
olvidamos de las evidencias: de que el mundo está globalizado, incluso hasta
para las enfermedades, o que estas pueden resultar tan contagiosas que pueden
colapsar el propio sistema. Durante el periodo de negación, cuando nos damos
cuenta de que sí nos puede afectar, podemos desarrollar una variante: la ira o
la rabia. Nos enfadamos con el sistema, con la falta de medidas que toman las
autoridades, con los eventos deportivos, manifestaciones o reuniones que nos
han expuesto al contagio. El enfado hay que pasarlo, tengamos razón o no. Si
nos quedamos en esta fase, estamos perdidos, porque desaprovecharemos la
oportunidad de aprendizaje que existe ante cualquier crisis.
3. Miedo: “¿Qué nos va a pasar?” Esta es la emoción más
profunda y paralizante que existe. Hay un miedo sano, que es la prudencia, que
nos obliga a protegernos y a quedarnos en casa. Y existe otro, el miedo tóxico,
que nos lleva a la histeria colectiva, a las compras compulsivas o a no dormir
por las noches. El miedo es otra fase que tenemos que transitar rápidamente. Es
inútil dejarse vencer por la emoción, que en muchas ocasiones llega a ser más
contagiosa que la propia enfermedad. Posiblemente, porque nos daña
profundamente y nos vacía de la posibilidad de afrontar la crisis desde la
mentalidad positiva del cambio, el sentido común y la fuerza.
4. Travesía por el desierto: “Estoy triste y soy vulnerable”. Ya no
hay miedo ni rabia, solo desazón y tristeza en estado puro. Estamos abatidos
por las cifras de enfermos y fallecidos, conocemos personas afectadas o lo
estamos nosotros mismos. Es un momento de aceptación pura de la realidad. En la
crisis del coronavirus, la travesía por el desierto hay que afrontarla. La
mentalidad positiva sin tocar el desierto es falsa y temporal (excepto para
quien vive en el positivismo artificial constante o tiene problemas con la
empatía, que no deja de ser negación). La buena noticia es que los desiertos
también se abandonan. Nos podemos quedar atascados en la rabia o en la
negación, pero la mayoría de las personas, tarde o temprano, conseguimos
remontar la tristeza.
5. Nuevos hábitos y confianza: Una vez aceptada la realidad comienzan
los nuevos hábitos y la confianza en nosotros mismos. Normalizamos la realidad.
Si estamos recluidos, encontramos los aspectos positivos. Nos ofrecemos a
ayudar a otros desde la serenidad y no desde el miedo; nos reímos de la
situación y, lo más importante, nos abrimos al aprendizaje. Cuanto más nos
esforcemos en ver qué aspectos quiere enseñarnos esta nueva crisis, más rápido
podremos atravesar la curva del cambio.
6. Fin de la aventura: El coronavirus ha pasado y soy más fuerte. Esta
crisis será historia, como todas. Vendrán otras, nuevos problemas, y eso
significa que estamos vivos. Si hemos sido conscientes del proceso y hemos
aprendido como personas y como sociedad, habrá valido la pena, a pesar de las
numerosas pérdidas que hayamos tenido en el camino.
Las fases
descritas no son lineales, pero sí progresivas. Es decir, podemos estar en el
desierto y regresar por momentos a sentir rabia o miedo. Casi siempre sucede, pero
no hay que sentirse culpable por ello. Cuanta más conciencia pongamos, más
sinceros seamos con nosotros mismos, más rápido podremos atravesarlas y más
capacidad tendremos para despertar el valor que cada uno de nosotros llevamos
dentro. En la épica personal también hay espacio para el optimismo.
Desde hace bastante este tema del fracaso y decadencia
del neoliberalismo me anda rondando.
Encontré la excelente
nota de Yaccar que se menciona más abajo, y cuyo epígrafe es: “¿Se viene un capitalismo más feroz o un comunismo
renovado?”, y me surgió la pregunta ¿Y
entonces qué?
Porque, además de
coincidir en el análisis de la autora, tampoco me siento muy seguro de que el
mismo neoliberalismo, aunque más no sea como muerto vivo (terrible zombie), no
vaya a seguir habitando este mundo. Es cierto que todo les está saliendo mal,
pero hay demasiados intereses y ninguna actitud de auto crítica para no pensar
que van a querer seguir con sus planes, por inescrupulosos y destructivos que
sean.
“El “populismo” era
decretado inferior. Pero es el único pensamiento importante que surgió en
América Latina desde sí misma, y generó a Haya de la Torre en el Perú, a Vargas
en Brasil, a Perón en Argentina, a Ibáñez en Chile, a Lázaro Cárdenas en
México, a Rómulo Betancourt en Venezuela.”
Como se ve, este
“populismo latinoamericano”, como lo llama Methol, no fue un hecho aislado en
América Latina, si bien el peronismo es la propuesta más consolidada y
perdurable.
Es cierto que no
ha sido un camino fácil: la izquierda lo menospreció, e incluso se alió con el
conservadurismo en contra de él desde el comienzo. En las elecciones de 1946, a
Perón lo enfrentó la Unión Democrática, una extraña alianza de conservadores,
radicales, socialistas y comunistas, con el apoyo de los EEUU (Braden
(embajador de ese país) o Perón, fue la consigna con que el peronismo llegó al
poder).
Las patas en la fuente, imagen histórica del 17 de octubre de 1945, fecha
fundacional del peronismo, como Día de la Lealtad, tampoco fue algo fácil de
digerir para los grupos de dirigentes prohijados por el establishment económico
de la época. Siempre conspiraron contra el peronismo, y las Fuerzas Armadas
fueron su brazo ejecutor para derrocarlo en 1955, y después en 1976.
Sin embargo, el peronismo volvió a ganar las elecciones
en 1919, y es Gobierno nuevamente.
¿Por qué lo
planteo como un proyecto político que podría ser una alternativa como las que
analizan los filósofos que cita Yaccar?
Este es un tema
que merece un desarrollo por sí mismo, por ahora solo citaré el pensamiento de
Perón en ECONOMÍA PERONISTA, en su presentación:
“Como doctrina
económica, el justicialismo realiza la economía social, poniendo el capital al
servicio de la economía y ésta al servicio del bienestar social”.
Verdad 16 del
Justicialismo Peronista
Más abajo dice: “Mal puede distribuir
equitativamente los bienes económicos de la comunidad un país cuyos intereses
son manejados desde el exterior por empresas ajenas a la vida y al espíritu del
pueblo cuya explotación realizan. La felicidad del Pueblo exige, pues, la
independencia económica del país como primera e ineludible condición.
El mundo del porvenir será constituido sobre la base de
naciones socialmente justas, económicamente libres y políticamente soberanas, o
será destruido irremediablemente” (1/5/1952).
Esto no es lo que está sucediendo en América Latina (es
más, se hace evidente lo de la destrucción como amenaza cierta), y el macrismo
fue un fiel exponente de ese pensamiento que se opone a un proyecto nacional y
popular, como el de los “populismos latinoamericanos”.
Por lo tanto, creo que este pensamiento debe de ser
considerado como una alternativa válida. Y
se los propongo.
El neoliberalismo es la primera víctima fatal del coronavirus
El coronavirus ha
desatado un torrente de reflexiones y análisis. Sobran las razones para
incursionar en esa clase de conjeturas porque si de algo estamos completamente
seguros es que la primera víctima fatal que se cobró la pandemia fue la versión
neoliberal del capitalismo. Decimos la “versión” porque el COVID-19 liquidó al neoliberalismo,
pero no a la estructura que lo sustenta: el capitalismo como modo de producción
y como sistema internacional. La era neoliberal ya es un cadáver aún insepulto
pero imposible de resucitar. El capitalismo, en cambio, aún resiste y su futuro
es incierto. Pero nada autoriza a darlo ya por muerto.
Simpatizo mucho
con la obra y la persona de Slavoj Zizek pero esto no me alcanza para otorgarle
la razón cuando, en la estupenda nota de María Daniela Yaccar en PáginaI12 del
29 de marzo
(https://www.pagina12.com.ar/255882-la-filosofia-y-el-coronavirus-un-nuevo-fantasma-que-recorre-
) sentencia que la pandemia le propinó “un golpe a lo Kill Bill al sistema
capitalista” luego de lo cual, siguiendo la metáfora cinematográfica, éste
debería caer muerto a los cinco segundos. No ha ocurrido y no ocurrirá porque,
como lo recordara Lenin en más de una ocasión, “el capitalismo no caerá si no
existen las fuerzas sociales y políticas que lo hagan caer.” El capitalismo
sobrevivió a la pandemia de la mal llamada “gripe española”, que ahora sabemos
vio la luz en la base militar Fort Riley (Kansas) , y que según los imprecisos
cálculos de su letalidad, exterminó entre 20, 50 y 100 millones de personas.
Resistió también al derrumbe global producido por la Gran Depresión,
demostrando una inusual resiliencia para procesar las crisis e inclusive salir
fortalecido de ellas. Pensar que en ausencia de aquellas fuerzas sociales y
políticas anticapitalistas ahora se producirá el tan anhelado deceso de un
sistema inmoral, injusto y predatorio, enemigo mortal de la humanidad y la
naturaleza, es más una expresión de deseos que producto de un análisis
concreto. Zizek confía en que para salvarse la humanidad tendrá que recurrir a
“alguna forma de comunismo reinventado”. Es posible y deseable, sin dudas.
Dependerá de si “los de abajo no quieren y los de arriba no pueden seguir
viviendo como antes”, cosa que por ahora no sabemos. Pero la coyuntura presenta
otro posible desenlace: “la barbarie”. O sea, la reafirmación de la dominación
del capital recurriendo a las formas más brutales de explotación económica,
coerción político-estatal y manipulación de conciencias y corazones a través de
su hasta ahora intacta dictadura mediática y de la eficacia de su imperio de
vigilancia global.
En la nota ya
aludida el filósofo de Byung-Chul Han se arriesga a decir que “tras la
pandemia, el capitalismo continuará con más pujanza.” Creemos que se equivoca
porque si algo ya se dibuja en el horizonte es el generalizado reclamo de la
sociedad a favor de una mucho más activa intervención del estado para controlar
los efectos desquiciantes de los mercados en la provisión de servicios básicos
de salud, vivienda, seguridad social, transporte y para poner fin al escándalo
de la concentración de la mitad de la riqueza del planeta en el 1 % más rico de
la población. Ese mundo post-pandémico tendrá mucho más estado y mucho menos
mercado, y éstos estarán más regulados, con poblaciones “concientizadas” y
politizadas por el flagelo a que han sido sometidas y propensas a buscar
soluciones solidarias, colectivas, inclusive “socialistas” en países como
Estados Unidos, nos recuerda Judith Butler, repudiando el desenfreno
individualista y privatista exaltado durante cuarenta años por el
neoliberalismo.
En una entrevista
reciente Noam Chomsky habla del “monumental fracaso” de los mercados y los
gobiernos neoliberales en cuidar la salud de la población.”
(https://www.youtube.com/watch?time_continue=61&v=t-N3In2rLI4 )
“Reagan y
Thatcher decían que el problema era que los gobiernos sofocaban a los mercados”
y que, por lo tanto, “había que acabar con los gobiernos” y su intervención en
las áreas de salud, seguridad social, vivienda, educación, transporte, etcétera.
En EEUU ese programa se cumplió escrupulosamente: Trump anuncia una gran
operación antinarcóticos en el Caribe para hostigar a Venezuela y Cuba y en la
misma nota el Washington Post reproduce la opinión oficial de que la pandemia
podría “causar entre 100 y 240.000 muertes.” ¿Por qué tantas? Porque según la
American Hospital Association el número de camas de hospital disminuyó en un 39
% en los últimos años a fin de aumentar la tasa de ocupación de las camas
(hasta oscilar en torno al 90 %) y aumentar la rentabilidad de los hospitales.
Según esta misma fuente el país dispone de 924,100 camas pero muchas de ellas
están ocupadas por pacientes crónicos y las que cuentan con Unidades de
Cuidados Intensivos (UCI) son a lo sumo 64.000 camas. El Johns Hopkins Center
for Health Security informó el mes pasado que si la pandemia es moderada
requeriría hospitalizar a un millón de personas, 200.000 de las cuales
requerirían camas aptas para las UCI. Una pandemia severa enviaría a los
hospitales casi 10 millones, y unos 2.9 millones requerirían camas con UCI.
Obviamente, muchísima gente morirá fuera de los hospitales. La destrucción de
la salud pública se corrobora también cuando se observa que los centros de
salud locales y estaduales tienen un 25 % menos de personal que en el 2008; que
el presupuesto del crucial Center for Disease Control cayó un 10 % en términos
reales bajo Trump y que éste desmanteló la oficina de la Casa Blanca para
coordinar las luchas contra las epidemias creada por Obama para combatir el
Ébola en 2014.
Las estadísticas
de la destrucción del sistema de salud revelan el contubernio entre gobiernos
neoliberales y los traficantes de la salud: hospitales e industria
farmacéutica. Difícil que después del desastre que se avecina vaya a haber
mucha gente en EEUU que se burle de Bernie Sanders cuando hable de la medicina
socializada. Después de esta pandemia, y de la debacle económica que dejará
como saldo, el mundo será muy distinto al que conocimos. Casi 10.000.000 de
nuevos desocupados se inscribieron en el Seguro Social esta semana. Además,
¿qué ocurrirá con los 80 millones que o no tienen seguro de salud o que el que
tienen no les sirve? ¿Seguirán votando por mantener la “privatización” de la
salud? ¿Querrán morir a los 70 años, como pide el Vicegobernador de Texas, para
reanimar a la economía? ¿Cómo va a actuar el 45 % de la fuerza de trabajo sin
licencia paga por enfermedad? Deberá elegir entre ir a trabajar y contagiar o
contagiarse de otros, o comer. Lo que parecía normal, hasta “natural”, antes de
la pandemia ahora aparece como una monstruosidad. Por eso, el mundo que ya
destruyó no volverá a renacer. Estamos en las vísperas de una nueva era, y si
nos concientizamos, luchamos con inteligencia y nos organizamos adecuadamente
podremos crear un mundo mejor, mucho mejor.
Extrañamente,
para mí, estoy usando el título de la Editorial del Diario Los Andes de hoy, 30
de marzo, el día siguiente a la prolongación de la cuarentena obligatoria por
decisión del Presidente Alberto Fernández como título de una entrada de mi
blog.
Lo hago porque,
así como soy muy crítico de Los Andes, es justo destacar esta Editorial que le
da el lugar que muchos medios no le dieron en su momento a la Bendición Urbi et
Orbi del Papa Francisco.
Es cierto que el
coronavirus ha cambiado el mundo (no a todos/as, claro) y que este
reconocimiento a la autoridad del Papa, seguramente, no hubiera sido posible en
otras circunstancias, pero es válido y me sirve para introducir esta nota que
sigue la línea de entradas anteriores sobre Francisco.
Tengo la
intención de desarrollar más el tema de los liderazgos mundiales, pero está
claro que esta crisis tan extrema está resaltando lo bueno y lo malo de la
humanidad.
En este caso, voy
a destacar la situación de algunos líderes políticos del mundo: así como Trump
y su mala imitación, Bolsonaro, han demostrado que son malos líderes por
incapacidad y, sobre todo, por falta de un proyecto político válido para la sociedad
en su conjunto, y sorprendente, o no tanto, por su desaprensión por la suerte
de sus pueblos.
NO ERA QUE NO HACÍA FALTA POLÍTICA, NI POLÍTICOS, SINO
BUENA POLÍTICA, Y LÍDERES VÁLIDOS, Y ORGANIZACIÓN SOCIAL.
El Papa Francisco
es, desde hace bastante, el líder mundial más importante, desde lo espiritual,
y a su rededor, efectiva o lejanamente, nos reunimos todos/as los/las que
queremos que el mundo sea mejor, más justo, sostenible y sustentable.
El Presidente
Alberto Fernández, que llegó a ser candidato de una manera poco convencional,
ha demostrado estar, por mucho, a la altura de las circunstancias, como la
sociedad, incluso más allá de sus preferencias políticas, está valorando.
Se está diciendo
que estamos ante el advenimiento de un nuevo mundo. No estoy tan seguro, y voy
a desarrollar una entrada sobre distintas miradas sobre estas posibles
transformaciones, pero estos gestos o actitudes o decisiones, con valor
simbólico, pero también efectivos y con influencia en nuestra vida, son faros
que nos pueden guiar.
Se dice por
todos lados que al coronavirus los vencemos entre todos, y que no hay salvación
individual: ese es el mensaje que debemos atesorar y encarnar en esta crisis y
“por los siglos de los siglos. Amén”.
El Papa y el
Presidente en sintonía: la unidad o la nada
Sin lugar a dudas
fue impactante ver al Papa implorando a Dios ante una plaza vacía para
“que todos sean uno” porque “nada ni nadie se salva solo”.
Tan impactante como escuchar el día anterior al Presidente Alberto Fernández,
ante la pantalla de un mundo sitiado, terminar su discurso diciendo:
“Tenemos que actuar juntos, ya mismo, porque ha quedado visto que nadie se
salva solo”. Parafraseando a Oscar Wilde, podría decirse que la teología
imita a la política, y no al revés. Sin embargo, es una coincidencia que
responde a un saber compartido por ambos. Esto es, que cuando la plaza está
vacía, lo público está desaparecido.
¿Qué hacer?
“Sensibilizarse” para que “todos sean uno”. Eso dijo
Francisco en “Querida Amazonia”. Eso dijo Alberto en el G20, citando
al Papa. Francisco pidió a los empresarios que “no despidan trabajadores
en medio de una pandemia”. El Presidente lo citó y tildó de
“miserables” a los que despiden.
Cuando la vida
está en peligro, las respuestas metafísicas desde la verdad dominante, tanto
como las teorías conspiranoicas de la opinión pública, se llaman a silencio y
solo cuenta la pregunta política por el qué hacer ante una realidad que se
impone como fin moral ineludible, público e inmanente. Ante esa realidad, dijo
el Presidente, “no hay lugar para demagogias ni improvisaciones.
Enfrentamos el dilema de preservar la economía o la salud de nuestra gente,
porque, no seremos eficaces si no aceptamos que el mundo ha cambiado para
siempre”.
En general se
citan textos religiosos en política para dar presuntas respuestas
fundamentalistas. Sin embargo, la clave divina está en la pregunta, no en la respuesta.
En el Nuevo Testamento tres preguntas son claves. La pregunta metafísica de
Pilatos a Jesús: “¿Qué es la verdad?” La pregunta política del joven
rico a Jesús: “¿Qué hacer?” Y la pregunta estética de Jesús a Pedro:
“¿Tú me amas?”
El joven rico pregunta
a Jesús qué hacer para salvar la vida. El Maestro le responde que debe
permanecer en la unidad. El joven vuelve a preguntar qué hacer. Jesús le
sugiere vender todos sus bienes para dárselos a los pobres, y luego unirse a él
(Mt 19, 16-21). El joven rico se va con tristeza, sin tener la capacidad
creativa de hacer un pacto de amor por la unidad.
La pregunta
política por el qué hacer para salvar la vida, supone la opción fundamental por
la unidad. De lo contrario, nadie se salva solo. En términos políticos, es la
decisión de hacer un pacto público amoroso constituyente de una unidad que
posibilite el despliegue de la capacidad creativa de la comunidad para
organizarse como un pueblo.
También esa, la
unidad redentora con la cruz del otro, parece ser la lógica política a la cual
el presidente argentino hace referencia cuando dice ante el G20 que, como nunca
antes, nuestra condición humana nos demanda solidaridad. Y, ante las urgencias
que marcan las muertes, decide que tenemos que dar una respuesta creativa. Al
contrario del joven rico, dice Alberto, no dudamos en proteger integralmente la
vida de los nuestros, y opta por lo político antes que por lo económico. Eso
es, precisamente, la creatividad, es decir, libertad para aceptar la realidad
que reclama justicia y no para imponer una idea egoísta. Desde ese punto de
partida, real, se van tomando las decisiones políticas por un nuevo status que
cuide la vida antes que la renta.
Creatividad es lo
que pide el Papa Francisco. Creatividad en el trabajo, creatividad en la
política. Si hay algo que los seres humanos tienen a imagen de un Dios creador,
es justamente la capacidad de crear. Algo que, cuando logra secularizarse de
los falsos dioses mortales, les permite crear espacios para que la vida pública
pueda representar la unidad. Ahora, cuando el interés económico se sacraliza,
las personas son descartadas. ¿Qué hacer entonces para que esos descartados que
sufren piensen, se organicen y hagan, como dijo el Papa Francisco a los
movimientos sociales populares? Si todos estamos en la misma barca, o nos
unimos y nos salvamos todos o no se salva nadie.
En la pregunta
amorosa de Jesús a Pedro está la clave de la decisión. Jesús no pregunta a
Pedro qué hace. Simplemente decide enamorarlo. Alberto Fernández en su discurso
al G-20, citando al Papa Francisco, dice: tenemos que abrir nuestros ojos y
nuestros corazones para actuar con una nueva sensibilidad. En esa línea, el
representante de un pueblo descartado que piensa, se organiza y hace, acepta
que la crisis exige diseñar y suscribir un gran Pacto de Solidaridad Global, y
propone crear un Fondo Mundial de Emergencia Humanitaria.
(*) Emilce Cuda
es teóloga. Profesora de la Universidad Nacional Arturo Jauretche.
Desde hace rato
tengo decidido no hacer referencias al Gobierno que terminó en diciembre.
En primer lugar,
porque me interesa mucho más lo que hagamos los argentinos en este nuevo
periodo político. En segundo, porque el mismo macrismo le sacó lustre al tema
de la “pesada herencia” de tanto usarlo, y ya genera más rechazo que atención.
Sin embargo, este título de Los Andes merece ser compartido y comentado, sobre
todo, porque Cornejo asumió un rol central en la defensa de Macri y sus
políticas. Se cansó de denostar al “populismo”, rinforzando la línea del
Gobierno anterior, cada vez que pudo.
En la campaña
electoral, se vendió a la gestión cornejista como modelo y exitosa, cosa que la
ciudadanía mendocina compró con entusiasmo y le dio una amplia victoria en las
urnas.
Más de una vez he
sostenido que ese aparente éxito no era real, y que era mucho más una creación
comunicacional que otra cosa.
HUBO UNA MATRIX
MENDOCINA, DENTRO DE LA NACIONAL.
Este modo de
plantear la gestión tiñó todo: por ejemplo, la obra pública se desarrolló
sectorizadamente, en los lugares que tenía más valor comunicacional, lo que no
tiene nada que ver con una estrategia política.
Cornejo impidió
que el Paco Pérez (una mala gestión, sin dudas) se endeudara sabiendo que iba a
caer en cesación de pagos, como ocurrió, pero cuando fue gobernador se endeudó
de manera importante (los datos están, pero no es lo que me importa ahora). Esa
deuda la vamos a tener enfrentar todos y todas. También le dejó a Suárez muchos
problemas presupuestarios, que también pagaremos todos/as. Por ejemplo, hay un importante
retraso en los pagos a los proveedores del Estado, y a los efectores de OSEP.
La nota intenta
explicar por qué hemos llegado a esta situación de desempleo, pero no hay
manera de despegar al Gobierno de Cornejo de este problema. Fueron Gobierno
cuatro años con referencia total con Macri, tienen responsabilidad, sin dudas.
Macristas menducos, tan anti peronistas uds., háganse
cargo, y hablen menos; quiero decir, termínenla con las chicanas, fake news,
descalificaciones.
El Gobierno peronista y una gran parte de la sociedad
argentina está tratando de recuperar la Patria del desastre macrista, y de
superar una pandemia mundial sin antecedentes.
Por lo menos, no
molesten y dejen trabajar.
La tasa de
desempleo de Mendoza duplica a la de San Juan y San Luis
En tres años, la
desocupación local creció cuatro puntos porcentuales, mientras que las
provincias vecinas mejoraron sus estadísticas.
A finales de
2016, Mendoza tenía el nivel de desocupación más bajo de Cuyo. Hoy, su tasa de
desempleo duplica a la de San Juan y San Luis, demostrando un deterioro del
mercado laboral mucho más profundo que el de las provincias vecinas.
El dato se
desprende de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Instituto Nacional de
Estadísticas y Censos (Indec). De acuerdo al estudio, en el cuarto trimestre de
2016, Gran Mendoza tenía un índice de desocupación de 3,3%, Gran San Juan de
5,1% y Gran San Luis de 3,6%. Cuatro años más tarde, el desempleo mendocino
llegó a 7,3%, mientras que la vecina del norte registró una tasa del 3,5% y la
provincia puntana del 2,9%.
Pasando en
limpio, en cuatro años la desocupación de Mendoza aumentó cuatro puntos
porcentuales. En ese mismo período, San Juan y San Luis redujeron el desempleo
1,6 y 0,7 puntos porcentuales respectivamente.
Diferencia económica
Como lo
demuestran las estadísticas, el desempeño del mercado laboral de Mendoza fue
muy diferente al de las provincias vecinas. El resultado llamó la atención de
los economistas, dado que los factores económicos que condicionaron el aumento
de la desocupación local (recesión y pérdida de poder adquisitivo de los
salarios), también incidieron negativamente en la economía interna de San Juan
y San Luis.
La diferencia,
según el economista Carlos Rodríguez, radica en la composición de la matriz
productiva de cada provincia. “Mendoza ha sufrido mucho más por la crisis
económica porque algunas de sus principales actividades económicas se han visto
particularmente afectadas por los problemas económicos a nivel nacional”,
apuntó.
“Mientras tanto,
San Juan logró impulso económico con la minería y San Luis, además de tener una
economía ordenada, generó mucho empleo público con poco déficit
presupuestario”, agregó.
Coincidió con esa
lectura el economista Pablo Salvador. “El comercio, la construcción privada y
el sector exportador, sectores primordiales para Mendoza, cayeron mucho por la
crisis económica nacional. Las provincias vecinas, principalmente San Juan con
la minería, lograron compensar parte de la crisis económica nacional”, comentó.
“Por ese motivo, el Gobierno de Suarez busca fortalecer otros sectores”,
agregó.
Sebastián Laza,
economista y vocero del Gobierno Provincial, se refirió a ese punto. “Mendoza
busca mejorar su matriz productiva, fortaleciendo el sector TIC (Tecnología del
Conocimiento) y las energías renovables”, indicó.
Los números locales
Más allá de la
comparación con las provincias vecinas, el análisis del mercado laboral de
Mendoza permite sacar algunas conclusiones interesantes. Lo primero a tener en
cuenta, es que hubo un crecimiento del 1,8 puntos porcentuales en la tasa de
actividad, pasando de 47,2% en el cuarto trimestre de 2018 a 49% en igual
período de 2019. Eso significa que aumentó la cantidad de personas que están
activas, ya sea trabajando o buscando empleo.
Carlos Rodríguez,
explicó que ese aumento de la tasa de actividad “se debe principalmente a que
en los últimos meses de 2019 salió más gente a buscar trabajo, como
consecuencia de la pérdida del poder adquisitivo de los salarios”.
De acuerdo con
las estadísticas, una parte de la población que salió a buscar empleo lo
encontró (subió 0,9 puntos la tasa de empleo), pero otra no (aumentó 1,4 puntos
la desocupación). “Parece una situación paradójica, pero es posible. Significa
que la economía de Mendoza tiene capacidad de generar trabajo, pero no para
todas las personas que ingresan al mercado laboral”, señaló Rodríguez.
Se mostró de
acuerdo Sebastián Laza. El representante del Gobierno de Mendoza coincidió que
la pérdida del poder adquisitivo de los salarios fue el disparador que provocó
que muchos más mendocinos salieran a buscar trabajo. “Esto fue consecuencia de
las políticas macroeconómicas del Gobierno de Macri”, apuntó.
“Lo positivo, es
que aun después de dos años de crisis, Mendoza ha seguido teniendo capacidad
para generar puestos de trabajo. Por otro lado, se debe destacar el gobierno de
Cornejo logró mantener el poder adquisitivo del sector público”, agregó el
economista.
Mejora en el total de Argentina
A nivel nacional,
las estadísticas del Indec demostraron una leve recuperación del mercado
laboral. Es que la tasa de empleo mejoró 0,8 puntos porcentuales, pasando de
42,2% en el cuarto trimestre de 2018 a 43% en el mismo período de 2019, y a su
vez, la tasa de desocupación se contrajo de 9,1% a 8,9%.
Al igual que en
Mendoza, la tasa de actividad de Argentina subió (0,7 puntos porcentuales),
pero entre toda la gente que salió a buscar trabajo, fue más la que lo
encontró, que la que no lo hizo.
Ayer 24 de marzo
encontré en la versión papel del Diario Los Andes esta nota de Gastón Bustelo.
Me pareció útil porque hace una cronología bastante precisa del proceso que se
desarrolló –centrándose en Mendoza- desde ese infausto 24 de marzo de 1976
hasta el retorno a la democracia. También me pareció una posición objetiva,
pero crítica, de ese Golpe genocida y cruel.
Es importante
porque analiza también el proyecto económico que se aplicó–semejante al de
Chile, con mucha menor eficiencia, para bien o para mal- y sus consecuencias.
No sé por qué no
subieron la nota a la versión on line del Diario, pero me tomé el trabajo de
escanearla para poderlo publicar en mi blog, pero eso impidió –junto con las
dificultades para usar Internet por saturación de la red- que lo publicara
ayer; sin embargo, no quise dejar pasar el momento.
Viví muy cerca
este Golpe porque era Director de la Escuela Superior de Trabajo Social,
también dependiente de la Provincia de Mendoza, y que Gastón no menciona, pero
que sufrió también las medidas del Gobierno de facto de Mendoza.
Aclaro que la
Intervención de la UNCuyo fue antes del Golpe, cuando tomó la conducción del
Gobierno de Estela Martínez de Perón el Brujo López Rega y sus secuaces, y
comenzó la represión que se agudizó después del Golpe. Ahí apareció Otto Burgos,
que menciona Bustelo. Esta Escuela –como la de Periodismo- fue transferida a la
UNCuyo y pasaron a ser las Carreras de Trabajo Social y Comunicación.
Mi intención es
poner al alcance de todos los que no vivieron esa época oscura tengan una
síntesis de lo que pasó en Mendoza en los años de plomo, incluso con los
nombres de los responsables de esos hechos terribles, no solo de los militares,
sino también de los civiles colaboracionistas. Por supuesto, faltan todos/as
los/las que lo hicieron desde las sombras y produjeron las listas que usaron
los militares para sus tropelías.
Espero que sea
útil.
ANIVERSARIO | LA
ÚLTIMA DICTADURA
Recuerdos del
espanto, a 44 años del Golpe del ‘76
En la Argentina
desaparecieron 30 mil personas, según organismos de derecho humanos. Torturas, violaciones
y muerte azotaron los años del régimen militar. Centros de detención y control
de las ideas
(Diario Los
Andes, Edición en papel, 24 de marzo de 2020)
El 24 de marzo de
1976 se produjo el último golpe de Estado de la historia argentina, fue hace 44
años y junto con ese hecho arrancó la dictadura militar más sangrienta que concluyó
en 1983, con la economía destrozada, miles de desaparecidos y más de 600
muertos en una guerra por las Malvinas que era imposible ganar.
Miles de personas
fueron torturadas y enviadas a centros clandestinos de detención, en donde se
cometieron las más grandes violaciones a los derechos humanos. Los secuestrados
eran incomunicados, su familia no sabía dónde estaban, se los torturaba y la
mayoría de las mujeres fueron violadas en cautiverio o separadas de sus hijos
si daban a luz en un centro de detención.
Dictadura y economía
El salario perdió
poder adquisitivo, se abrió fuertemente la economía, se fomentó la
especulación. La deuda externa pasó de U$S 6300 millones en 1976 a U$S 46000 en
1983. El año 1981 terminó con un aumento del tipo de cambio nominal de 225,8%. Los
mercados se redujeron un 5,4%. “El que apuesta al dólar, pierde”,
llegó a afirmar Lorenzo Sigaut, el ministro de Economía. El peso finalmente se devaluó
con respecto al dólar un 30%. Mario Rapoport en su libro Historia de la
economía argentina del siglo XX, explica que, en ocho años, el PBI sólo creció
2,3% promedio, lo que significó una drástica pérdida de riqueza por habitante.
Se gestó una importante concentración de la economía, del capital y de los
ingresos, lo que generó fuerte reducción de los salarios y comprimió el mercado
interno. El plan de la dictadura sentó las bases de un nuevo modo de
acumulación rentístico-financiero basado en la reprimarización de la producción,
financiarización de la economía y la apertura indiscriminada del sector
externo. Los sectores de la pequeña y mediana industria, las clases medias y
los trabajadores fueron los más afectados con las políticas económicas de la
dictadura.
Los centros de detención
El emblema de los
centros de detención es la Escuela de Mecánica de la Armada, (ESMA), por donde
pasaron cerca de 5 mil detenidos desaparecidos.
Casi todos los
secuestros realizados mostraron un procedimiento similar. A veces ocurrían en
el lugar de trabajo de la víctima o en la calle a plena luz del día. En la
mayoría de los casos se les ordenaba a las comisarías de la policía
correspondientes, dejar la “zona libre” para poder realizar el operativo. Así
eran detenidas las personas y llevadas a los centros clandestinos de detención.
En Mendoza funcionaron por lo menos 13 centros: Liceo Militar General Espejo,
penitenciaría provincial, palacio policial (D2), la VIII Brigada de Infantería
de Montaña, el Batallón de Infantería de San Rafael, Cuartel de Bomberos de San
Rafael, Comisaría séptima de Godoy Cruz, Unidad Militar Campo de Los Andes. El
chalecito –inmueble ubicado en Las Heras, Comisaría 25 de San José,
departamento logístico de la Policía de Mendoza, Círculo de Suboficiales,
Colonia Papagallos.
El impacto en la educación
La estrategia
nacional para la contrainsurgencia del alto mando militar había hecho de la
educación, como de las fábricas y la religión, un objetivo prioritario de la
dictadura.
Durante el
régimen militar la educación y la cultura se convirtieron en otro frente de la “guerra
sucia”. Esto está reflejado en la Conadep. De las casi 10.000 denuncias
recibidas por este organismo, el 38,7% corresponden al sector educativo. Este
38,7% se reparte de la siguiente manera: 21% eran estudiantes, el 10,7% científicos
y profesionales, el 5,7% profesores y el 1,3% trabajadores del campo cultural.
“Es necesario
–declaraba un documento secreto del Ejército- normalizar o depurar estos
ámbitos, para actuar sobre las bases filosóficas-ideológicas de la subversión.
A solo cuatro meses del golpe, el Ministro de la Educación de la Nación,
Ricardo Bruera, admitió que unos 3.000 académicos, administradores y asistentes
de enseñanza de las escuelas secundarias nacionales habían sido despedidos.
En Mendoza fueron
más de 1.000 los docentes del nivel primario, y medio cesanteados por motivos
ideológicos, una vez restaurado el gobierno democrático fueron todos
reincorporados.
Ya en 1975,
durante la gestión del rector Otto Burgos en la Cuyo, se comenzó a dejar cesantes
a profesores y alumnos.
En la Facultad de
Ciencias Políticas fueron separados de sus cargos, durante este período, 35
profesores. Luego del golpe, asumió el rectorado el interventor militar
comodoro ingeniero Héctor Ruiz, el que continuó con la política de cesantías a
profesores. Ruiz designó decano normalizador de la Facultad de Ciencias
Políticas y Sociales al profesor Dennis Cardozo Biritos al cual el interventor
de la UNCuyo le encargó cesantear a más de 100 profesores.
En setiembre del
’78, el interventor Ruiz declaró: “Hay 181 profesores sancionados y en
iguales condiciones hay 15 no docentes. En cuanto a los estudiantes, han sido
expulsados 114 y suspendidos 121 por falta de idoneidad”. En efecto, el
interventor Ruiz expulsó a casi todo el quinto año de la carrera de Sociología
y a varios de Trabajo Social y Ciencias Políticas. También despidió alumnos de
la Escuela de Antropología Escolar y de la Escuela Superior de Periodismo, esta
última fue cerrada y pasó al ámbito privado, también modificó los planes de
estudio de la carrera de Ciencias Políticas. El rector Pedro Santos Martínez,
se ocupó de mantener las listas negras que había confeccionado su antecesor
Ruiz.
Libros prohibidos en Mendoza
En abril de 1976,
un teniente general del Ejército ordenó que se quemaran miles de libros en
Córdoba. Más tarde, en 1978, los oficiales de esa misma provincia prohibieron
la enseñanza de la matemática moderna, argumentando que podría ser una forma
sutil de adoctrinamiento subversivo. También centenares de libros para niños
quedaron en la lista objetable. Los militares prohibieron, por ejemplo, la distribución
y uso en las escuelas de “El principito”, de Antoine Saint-Exupery,
universalmente aclamado.
En la Biblioteca
General San Martín circuló una lista de negra de libros y autores mendocinos
entre los que se encontraban poemas de Armando Tejada Gómez y obras de Juan
Draghi Lucero.
Por su parte el
interventor de la UNCuyo Héctor Ruiz, formó una comisión encargada de
seleccionar los libros “peligrosos” que se encontraban en la biblioteca de la
UNCuyo. Solo se dejó un ejemplar de los libros seleccionados como para
demostrar el gran contenido marxista que contenían. Con esos ejemplares se
formó una biblioteca a la que podía acceder el alumno sólo mediando una
autorización expresa por parte de un profesor. Esta biblioteca permaneció
también durante la gestión del rector Pedro Santos Martínez. El resto de los ejemplares
fueron quemados.
El 6 de
setiembre, el rector Ruiz apareció en Diario Los Andes con 10.000 libros y
“publicaciones extremistas” requisadas a profesores y alumnos.
El escritor y
periodista de diario Los Andes, Antonio Di Benedetto, también fue arrestado y
trasladado junto con el dirigente socialista, Ángel Bustelo, a la cárcel de La
Plata. En vuelo, un oficial los obligó a escupirse, como no lo hicieron, fueron
golpeados brutalmente.
Guerra y fin de la dictadura
En marzo del ’82
la dictadura vivía sus momentos más complicados debido a que la situación
económica del país era muy compleja y el desgaste comenzaba a sentirse fuerte.
Así es como la CGT organizó una marcha en repudio a las medidas económicas del
gobierno militar, la misma fue multitudinaria y se realizó el 30 de marzo de
1982. En esa movilización falleció en Mendoza el trabajador Benedicto Ortiz.
A los tres días
la junta militar decidió ocupar las Islas Malvinas y así fue como Argentina
entró en guerra con Gran Bretaña. Se creó el Fondo Patriótico Nacional con
dinero y demás donaciones realizadas por la ciudadanía altamente movilizada por
el conflicto bélico. Se juntaron 54 millones, pero, hasta hoy, no se sabe qué
pasó con ese dinero. Argentina terminó rindiéndose el 14 de junio de 1982 y la
dictadura entró en su fase final. Al poco tiempo convocaron a elecciones,
después de haber cometido las atrocidades más grandes de la historia
contemporánea argentina.
Cuando el
gobernador electo, Felipe Llaver, asumió la conducción de la provincia, la situación
era alarmante. “Con el total de los recursos de origen provincial
(tributarios y no tributarios) se financió menos del 18% de las erogaciones,
siendo necesario por tal motivo el crecimiento sustancial de los subsidios del
Tesoro Nacional. En 1980 la Provincia contrajo deudas por valor de 89,5
millones de dólares, para el otorgamiento de préstamos a los productores. Esa deuda
no ha sido cancelada y existen importantes montos vencidos, no sólo de capital,
sino también de intereses”.
“Así fue
como al iniciar el ejercicio 1984 nos encontramos con una deuda vencida de 66
millones de dólares y otra a vencer en el curso del período de 22 millones de
dólares, lo que constituye una exigencia para el año de 88 millones de dólares,
carga imposible de soportar en las actuales condiciones financieras y
presupuestarias ya que constituye una suma cercana a la necesaria para pagar
los sueldos de la Administración Pública de todo un año”, señalaba Llaver.
La pandemia global ha mostrado las fragilidades
del sistema económico político tecnocrático, que excluye y condena al 30 % de
la humanidad y daña irreparablemente la naturaleza.
También ha hecho visible para todos la
imprescindible participación de la espiritualidad en todos los actos humanos,
particularmente en los económicos, sociales y políticos.
Asimismo, ha mostrado la importancia del
Estado cuando se convierte en expresión y herramienta de la voluntad popular.
Las organizaciones y movimientos populares,
como la UTEP o Cuidadores de la Casa Común, en tanto organizaciones nacidas en
la sublevación contra el sistema global y fundadas en la solidaridad y la
reciprocidad, son instrumentos excepcionales para expresar ordenadamente esa
voluntad popular.
También lo son los gremios de los
trabajadores de la economía de mercado y de los trabajadores públicos.
Juntos deben ser capaces de dialogar y
acordar acerca del futuro con todas las organizaciones sociales y económicas.
El ejemplo de ese camino es la Mesa de Diálogo por el Trabajo y la Vida Digna,
mediante el documento Una Patria Fundada en la Solidaridad y el Trabajo.
La activa presencia del pueblo organizado
garantizará que el Estado y los partidos políticos no se aparten de la voluntad
popular.
Tanto las organizaciones populares,
sociales y económicas como el Estado, deben proponerse recuperar el proceso de
unidad de la Patria Grande, mediante la UNASUR y la CELAC.
Sólo mediante una organización política continental
será posible participar con capacidad de decisión en la formación de un nuevo
sistema mundial luego de la pandemia.
Los objetivos son claros: transformar la
globalización en un mundo poliédrico, que se proponga que todos y cada uno de
los habitantes del planeta tenga techo, tierra, trabajo y tecnología.
Puntos de partida para pensar la Economía de Francisco
Humberto
Podetti
“Mientras nuestro sistema económico y social produzca una sola víctima
y haya una sola persona descartada, no habrá una fiesta de fraternidad
universal”. Francisco, Convocatoria a Asís, 11-5-2009
San Juan Pablo II advirtió al mundo en 1995
que el progreso científico y tecnológico había hecho surgir “una verdadera
cultura de muerte…promovida por corrientes culturales, económicas y
políticas portadoras de una idea de la sociedad basada en la eficiencia” …
que permitía hablar “de una guerra de los poderosos contra los débiles”
(Evangelium vitae, 4a, 12).
La cultura de muerte y
la guerra contra los débiles se expresan en nuestro tiempo en la economía
global tecnocrática, que mata, excluye, deshumaniza y depreda la naturaleza, al
punto que para la supervivencia de la vida sobre la tierra es necesario reemplazarla por una nueva economía. Una
economía diferente, que haga vivir y no mate, incluya y no excluya, humanice y
no deshumanice, cuide la creación y no la deprede, como nos pide Francisco.
La economía de muerte y destrucción fue
pensada, desarrollada y ejecutada en inglés. La crítica y proposición de
reemplazo más profunda y completa que ha recibido, fue pensada en castellano y
con las categorías del pensamiento latinoamericano (principalmente, el pueblo
como sujeto de la historia y el papel substancial de las periferias en el
diseño de un futuro universal). Es una paradoja que la lengua oficial del
encuentro de Asís sea el inglés, cuando es la tercera lengua más hablada del
mundo, y la superan en cantidad de hablantes el chino, que es la primera y el
castellano que es la segunda y en pocos años será la primera. Pero
simultáneamente será un símbolo poderoso que el pacto entre Francisco y los
jóvenes del mundo para abandonar la economía del paradigma tecnocrático y
construir una economía con alma, sea escrito en inglés.
El reemplazo de la economía del paradigma
tecnocrático será un largo proceso, en el que deberá prevalecer el encuentro y
el diálogo entre todos los habitantes del planeta. Un ejemplo de ese camino es
el documento Una Patria Fundada en la
Solidaridad y el Trabajo elaborado por la Mesa de Diálogo por el Trabajo y
la Vida Digna que integran las más importantes organizaciones empresarias,
sindicales y de los movimientos populares argentinos.
Simultáneamente con el diálogo y el encuentro
deberán emplearse todos los medios de persuasión que sean necesarios. La
creciente eliminación del trabajo ha reducido el papel de la huelga como
instrumento de los trabajadores para que sean respetados sus derechos, por lo
que en todo el mundo se han extendido como medios eficaces de protesta y
propuesta de los pueblos la movilización
y la asamblea de multitudes. También han comenzado a desarrollarse nuevas
organizaciones populares y sociales, estructuradas sobre la base de la
solidaridad y la reciprocidad y el cuidado de las personas y la naturaleza, que
expresan una fuerte y persistente voluntad de transformar la economía, la
sociedad y la política.
Nunca tanto como en este siglo los pueblos del
mundo se han sublevado juntos contra la opresión y la exclusión. Nunca han
coincidido tanto en su visión crítica y en el sentido de la transformación que
es necesaria. Nunca han migrado tan intensamente buscando una vida digna que el
sistema global les niega en sus patrias. Nunca como antes han comenzado a
construir una nueva economía y a desarrollar una nueva sociedad en el subsuelo
del mundo en el que viven, sufren y sueñan, en beneficio de toda la humanidad y
del planeta. Y, por fin, nunca como antes, los pueblos tienen un liderazgo
espiritual tan universal como el de Francisco.
Mediante el encuentro, el diálogo, la
movilización, la asamblea popular y la organización popular y social, es
necesario informar y estimular a los parlamentos y los gobiernos de todos los
estados, a los actores del mercado, a los partidos políticos, a las
universidades, para que cooperen en la transformación de la economía interna y
para que actúen en el mundo para la transformación de la economía
internacional.
La economía que mata y destruye es fruto de la
decisión consciente de las personas, corporaciones y estados que conducen el
sistema tecnocrático global, como nos dijo Francisco desde Lampedusa.
Basta recordar que el 90 % del comercio –tanto internacional como interno- se realiza
entre partes absolutamente desiguales, en transacciones cuyas condiciones
son impuestas por la parte que tiene el poder. Por este procedimiento se
expropian y se destruyen ilegítimamente el trabajo y los bienes de los países y
las personas. Es decir que el comercio –hipócritamente llamado “comercio
libre”- es un instrumento político. Más aún, un instrumento de violencia
política, en la medida que implica el abuso de una posición dominante y es casi
siempre irresistible. Es decir, un arma
estratégica de los poderosos en su guerra contra los débiles.
Por lo tanto, para desarrollar los procesos
necesarios para reemplazar la economía tecnocrática global debe acumularse
suficiente capacidad de decisión. Lo que equivale a afirmar que transformar la economía que mata en una que
proteja la vida es un desafío político y social.
Porque es político,
para cambiar la economía en nuestra Argentina es imprescindible incrementar
nuestra capacidad de negociación en el mundo. El camino es la integración de la
América a la que pertenecemos, revitalizando la UNASUR, la CELAC, el Banco del
Sur, el SUCRE. La globalización convirtió en impotentes las políticas públicas
nacionales y son imprescindibles
políticas públicas continentales. La Patria Grande integrada todavía no
será suficientemente poderosa frente a los grandes estados y la economía
global, pero será mucho más fuerte que cada una de nuestras naciones aislada.
No debe olvidarse que cada vez que
América Latina votó unida en los organismos internacionales, África y parte
de Asia la siguieron y los americanos que hablamos castellano y portugués ganamos las votaciones.
Porque es social
es necesario desarrollar o fortalecer las organizaciones gremiales,
empresarias, mutuales y cooperativas, de la economía popular, sociales,
estudiantiles, juveniles y constituirlas en organizaciones continentales. Es que la continuidad de la vida sobre el planeta y
la realización de la justicia política, social y económica son demasiado
trascendentes como para dejarlas exclusivamente en manos de los gobiernos, las
organizaciones internacionales y los actores del mercado transnacionales.
La integración de nuestras patrias hermanas y
la continentalización de las organizaciones permitirá, por ejemplo, la
celebración de Convenciones Colectivas continentales y Acuerdos Colectivos de
Creación de Trabajo –a los que me refiero enseguida- también continentales. Asimismo,
las organizaciones de la comunidad podrán formular peticiones simultáneas a todos
los gobiernos para la transformación de la economía.
En el orden interno, debe iniciarse la institucionalización de la economía
popular, otorgando personería social –de naturaleza semejante a la
personería gremial- a las organizaciones que están generando trabajo fuera del
mercado o del estado y conferirles el poder de celebrar Acuerdos Colectivos de
Creación de Trabajo –semejantes a las Convenciones Colectivas de Trabajo- con
empresas, instituciones estatales, cooperativas, etc. La Unión de Trabajadores
de la Economía Popular (UTEP) es un hito en el proceso de institucionalización
de la economía popular, y debe incorporar a todos los trabajadores y
organizaciones de la economía popular. Deben
reconocerse como trabajo digno todas las actividades que prestan servicios
a la comunidad en la que se desenvuelven y al trabajo interno en los hogares.
Todas las formas de trabajo deben tener sistemas de salud y de previsión social
y cobertura adecuada frente a los accidentes de trabajo. Simultáneamente deben
organizarse los recursos e instrumentos necesarios para la creación masiva de trabajo digno. Un ejemplo de todos estos
pasos es el Proyecto de Ley del Sistema Integral de Trabajo Digno Garantizado
Para Todos que presentaron el Observatorio Social de la UCA y Cuidadores de la
Casa Común.
Otro paso significativo es la promoción y protección de las micro y
pequeñas empresas, creadas por trabajadores que dan trabajo. Es necesario
asegurarles el acceso al crédito con tasas compatibles con su actividad,
sistemas impositivos específicos, simples y reducidos, y regímenes laborales
estipulados en capítulos especiales de las Convenciones Colectivas de Trabajo.
Otro tanto es necesario respecto de las
mutuales y cooperativas, que constituyen la economía social. Tanto las
micro y pequeñas empresas como las mutuales y cooperativas comparten muchos de
los principios sobre los que se estructura la economía popular y constituyen un
espacio virtuoso en la economía contemporánea.
En cuanto a la economía de mercado es
necesario fortalecer la observación del
estado sobre el mercado para evitar y sancionar los abusos de posición
dominante. Debe darse efectiva aplicación a las normas de protección de los más
débiles en los contratos y las relaciones de consumo, creando un fuero especial
y jueces o tribunales que funcionen en todos los barrios y pueblos, de acceso
simple y trámite sumarísimo. El objetivo es que todas las condiciones de las
transacciones en las que una de las partes sólo pueda dar o negar su
consentimiento, sean pasibles de revisión toda vez que existan cláusulas
abusivas o inequitativas.
Es imprescindible la creación de puentes y canales
entre la economía de mercado, la economía social y la economía popular,
procurando que interactúen todo lo posible, sobre la base de los principios que
inspiran la Economía de Francisco. Ejemplos de esos puentes y canales son el
otorgamiento de acceso preferente al mercado a productos y servicios de las
economías social y popular y las preferencias para la ejecución de obras y
servicios públicos de mano de obra intensiva.
Por lo que se refiere al sistema
internacional, debe reclamarse a nuestro gobierno que convoque a todos los
gobiernos de América Latina a exigir el cumplimiento de los convenios
internacionales para el cuidado de la naturaleza (Acuerdo de París, Objetivos
de Desarrollo Sustentable), la protección del trabajo humano digno (Constitución y Convenciones de la OIT),
la garantía de acceso efectivo de todos los habitantes del planeta a los Derechos Civiles y Políticos y a los
Derechos Económicos (como establecen los Pactos Internacionales homónimos).
La economía del paradigma tecnocrático viola flagrantemente esos convenios y
bastaría que todos los gobiernos y corporaciones económicas y financieras les
dieran cumplimiento cabal para iniciar la transformación que los pueblos del
mundo y la naturaleza reclaman.
También deberán exigirse las transformaciones
necesarias de la OMC y el GATT, el BM y el FMI para que su misión principal sea
el cumplimiento de esos pactos y tratados. Por ejemplo, que se incluya entre
los casos de dumping que sanciona la OMC, el no cumplimiento en el proceso de
fabricación, producción o comercialización de los Convenios de la OIT y el
Acuerdo de París. Hoy los productos fabricados mediante trabajo esclavo y
dañando la naturaleza son la estrella del “comercio libre” y de la “libre
competencia”.
Son sólo algunos puntos de partida, a los que
deberán agregarse muchos otros. Pero siempre será necesario tener presente que
el mejor punto de partida para pensar la Economía de Francisco es recordar que
sus objetivos son alcanzar la justicia entre las naciones y los pueblos y hacer
posible a cada habitante del planeta la tierra, el techo, el trabajo y la
tecnología. Lo que equivale a refundar la sociedad humana sobre la fe (o la
espiritualidad de los no creyentes), la ética, el amor, la amistad, la
fraternidad, la reciprocidad y la solidaridad.
“Ahora todos a la
modalidad virtual, en dos semanas los/as docentes de la UNCuyo deberán pasar
sus materias a escenarios virtuales. Por tanto, toooodos los expertos y
expertas en esta modalidad, que vienen dedicándose y tratando de ser escuchados
durante años en esta institución, deberán ¡¡¡abdicar!!! La Secretaría Académica
de RECTORADO de la UNCuyo quiere que en dos semanas lo presencial se plasme en
lo virtual ¡¡¡¡abracadabras!!! (risas y aplausos)”
(Del muro de
Cecilia Deamici)
Empecé por esta noticia y agregué el comentario de
Cecilia Deamici, docente e investigadora de la UNCuyo, para empezar a plantear
la necesidad de que la implementación de las NTICs (Nuevas Tecnologías de la
Información y de la Educación) sea una política efectiva y real, no declaraciones
que hay que hacer pour la galerie.
Agrego mis comentarios:
Hay actividades
que son el resultado de procesos, si no están esos procesos, se puede hacer,
pero es circo para los medios
En la Provincia (de
Mendoza) pasó algo semejante, y ahora se ponen virtuales. Si muchos/as
profesores todavía solo usan tecnología muy básica (Síndrome USTED (Uso
Subdesarollado de Tecnología Desarollada), insisto, ahora, es circo para los
medios. Pero armemos opiniones, críticas, y propuestas para que esto cambie
Digo esto porque
dediqué una buena parte de mi vida a este tema, entonces no puedo dejar de
cuestionar que, cuando se pudo desarrollar y aplicar estrategias de
incorporación de las NTICs porque es lo que demanda la sociedad, se hizo en
forma tibia, sobre todo en la asignación presupuestaria. Ahora se podría tener,
no solo las plataformas, sino también las habilidades y hábitos necesarios para
que sean una real alternativa en esta situación de crisis.
La política en
serio es otra cosa.
Esto no
solo pasa en Educación, y agrego el comienzo de una nota que me llegó:
Nuevas formas de trabajar en la empresa del futuro
Future Work
Forum, Hampshire, Reino Unido
Thomson, P., “Nuevas formas de trabajar en la
empresa del futuro”, en Reinventar la empresa en la era digital, Madrid,
BBVA, 2014.
Peter
Thomson argumenta que las empresas siguen aplicando prácticas de la época
industrial a patrones de la nueva era de la información. En un mundo de
individuos en red y emprendedores autónomos, las empresas siguen gestionadas
mediante sistemas jerárquicos de cadena de mando. Estamos en plena revolución
de la información y nos enfrentamos a cambios fundamentales en nuestra manera
de vivir y de trabajar. La diferencia está en que la revolución en curso ha
supuesto en una sola década tantos cambios como la industrial a lo largo de un
siglo. Según Thomson, los factores que impulsan esta avalancha de cambios son
el trabajo inteligente/flexible y la creciente demanda de equilibrio entre vida
profesional y personal y satisfacción en el trabajo. Para que esta transformación
funcione, es necesaria una revolución en las prácticas de gestión.
Nos encontramos en una confluencia interesante
en la historia del trabajo. Conservamos prácticas laborales de la era
industrial de los últimos doscientos años que conviven con los nuevos patrones
de trabajo de la era de la información. Las organizaciones se siguen
gestionando como sistemas jerarquizados de cadena de mando en un mundo de
individuos en red y emprendedores autónomos.
Ya que estamos afrontando crisis que ponen en cuestión
la vida en su conjunto, con países cerrados, economía en desplome,
cuestionamiento de políticas neoliberales que han descuidado la salud y la
educación públicas, parece que ha llegado el momento de pedir, clara y
organizadamente, a los Gobiernos y a los que aspiran a serlo, que implementen
proyectos que mejoren nuestra calidad de vida, y hablo de la mayoría de la
sociedad, no solo las minorías privilegiadas de nuestros países.
En general, cuando tenemos que votar no hacemos esto,
y nos dejamos engañar por slogans de campaña.
Exijamos
propuestas en serio y vigilemos que se cumplan.
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