NAVEGANDO POR AGUAS PROCELOSAS

NAVEGANDO POR AGUAS PROCELOSAS

NAVEGANDO POR AGUAS PROCELOSAS

 

Me acordé de esta frase, leída en más de un lugar (recuerdo a Luis de Góngora), que es una imagen literaria para hablar de mares tormentosos o borrascosos, porque me pareció una manera muy gráfica de mostrar la realidad argentina después de las PASO. Por lo demás, es posible que la tormenta sea larga, y que empeore. Creo –y ruego por ello- que no están dadas las condiciones para una hiperinflación, aunque esto se le parezca bastante, ni para una crisis como la del 2001, pero también que es muy difícil que se disipen las nubes antes de que asuma el próximo Gobierno.

Para no estirar demasiado la imagen, no puedo dejar de mencionar, aunque estamos en medio de incertidumbres, que nos espera un largo y difícil proceso que, en el mejor de los casos, será el inicio de un país nuevamente puesto de pie, respaldado por su pueblo.

Claro, hoy aparecieron las medidas paliativas (mínimamente, pero lo son) cortoplacistas del Gobierno. Resultaba difícil esperar mucho más, (y menos un cambio de timón, primero, porque Macri ya lo descartó hace bastante; segundo, porque el margen de maniobra que le queda es mínimo, por su misma impericia y obcecación), pero la conferencia de prensa del lunes excedió largamente la ya muy mala imagen del Presidente. Hoy, mi otorrinolaringólogo me dijo que era “un psicópata social”, y no puedo, a esta altura de los hechos, descartar la hipótesis de la psicopatía.

Es cierto, después pidió disculpas, pero mi sensación es que el coaching y el acting no pueden esconder que lo real es lo del lunes.

¿Las medidas? Insuficientes y tardías. Queda, tal vez, la incógnita de por qué no hizo anuncios el lunes temprano y permitió la bárbara devaluación que nos empobreció aún más. La hipótesis de que lo hizo para sembrar el caos y facturárselo al triunfante Frente para Todos, abonaría la caracterización de psicópata.

Cito algunas valoraciones de estas medidas (las saqué de Página 12, pero las había escuchado en Radio Nihuil):

“Busco entre los anuncios algún beneficio para los jubilados, para esa inmensa mayoría que vive con 11.500 por mes, y nada. Es serio, es grave, este hombre está ensañado con los adultos mayores”, cuestionó Luana Volnovich en Twitter.

Que no haya siquiera incluido un mínimo paliativo para los jubilados refuerza la idea de plan perverso, además de los adjetivos que puse arriba.

Por su parte, Leo Bilanski, presidente de la Asociación de Empresarios Nacionales para el Desarrollo argentino (Enac), se mostró escéptico sobre el impacto de las medidas. Por un lado, dijo que además de un plan de pagos lo que se necesita es suspender los embargos de la AFIP y congelar los precios de los insumos al dólar del viernes pasado. “Así no podemos administrar la estructura de costos. Hay en juego 8000 pymes que pueden cerrar en los próximos cuatro meses”, afirmó. Además, no espera que las medidas sobre los salarios tengan un impacto sobre el consumo y el mercado interno: “Es falso que las personas van a tener más plata. Te entran más pesos, pero todo lo vas a pagar más caro, empezando por los alimentos. El poder adquisitivo no va a variar”, argumentó. Y concluyó: “A los empresarios nos acusan de poco competitivos y es el Gobierno el que es poco competitivo al momento de gobernar”.

Es más, ni siquiera el anuncio del congelamiento del precio de las naftas es seguro, porque Macri lo hizo sin consultar con las petroleras. Esto es absurdo, si uno tiene en cuenta el poco poder real que tiene, un poco porque está cerca del fin de su mandato, y otro mucho por su incapacidad para conducir al país.

Retomo mi auto cita en LA NOCHE EN QUE EL PERONISMO VOLVIÓ (http://www.miradasdesdemendoza.com.ar/2019/08/12/la-noche-en-que-el-peronismo-volvio/) en la noche del mismo domingo, para subrayar impresiones que han sostenido su valor

Está claro que están tomando riesgos, pero son Gobierno, tienen muchos recursos, y están jugados, y no sé con cuántas fichas. El lunes veremos.

La oposición, en primer lugar, tiene que incentivar al máximo los controles sobre la elección y procesar sus propios datos para poder dar a conocer lo antes posibles los datos reales de la elección; en segundo, debe hacer que se conozcan estas maniobras para relativizar las noticias que dará el Gobierno en las redes de trolls y los medios amigos. De paso, como estas medidas son vuelo de perdiz, y el lunes puede haber novedades negativas, que se sepa que todo era una mentira de truco: que están echando la Falta Envido con dos negras.

No lo hago por vanidad personal, sino porque quiero continuar siguiendo el proceso para intentar ayudar a los/las que quieran entender mejor la realidad. Es llamativa la transformación de la sociedad argentina en muy poco tiempo, sobre todo a partir de las PASO. He escuchado a gente amiga, muy crítica del Gobierno anterior y del Peronismo, hoy decir que hay que aceptar la realidad porque así no se podía seguir. Hay una débil esperanza en sus palabras que hay que reforzar, porque es la fuerza que necesitamos para salir adelante.

Hace un rato en esto recién empieza. Escuché a Nicolás Trotta, Rector de la UMET (Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo) explicar que la pobreza puede llegar al 37% por la última devaluación y que hace falta un nuevo Contrato Social. No sé si usaría ese nombre, pero sí creo que es imprescindible para salir de las aguas procelosas y navegar hacia la felicidad del Pueblo argentino, definitivamente, aunque lleve el tiempo que haga falta.

ADOLFO ARIZA

ADOLFO ARIZA

Autor del Blog

La actualidad de Argentina y el Mundo, Noticias vistas desde Mendoza por el Profesor Adolfo Ariza. Realidad, Información y Medios de Prensa en notas con una mirada local y abierta.

Profesor y Licenciado en Literatura. Coordinador Área de Vinculación – Secretaría Desarrollo Institucional – UNCuyo entre 2008 y 2014 (Desarrollo Emprendedor). Responsable de Kusca Gestión Colaborativa para Empresas.

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LA NOCHE EN QUE EL PERONISMO VOLVIÓ

LA NOCHE EN QUE EL PERONISMO VOLVIÓ

LA NOCHE EN QUE EL PERONISMO VOLVIÓ

 

El título tiene que ver con una frase de los trolls, y que fue enarbolada por los odiadores del Peronismo, una especie que nació con el mismo Peronismo: NO VUELVEN MÁS.

Siempre dije que lo había escuchado antes, pero que no había sucedido porque el Peronismo tiene que ver con una historia que ha generado un país distinto de otros de América Latina, y para bien, a pesar de los comentarios descalificadores del macrismo.

Decidí escribir una entrada en el blog, porque en la anterior, había escrito:

Está claro que están tomando riesgos, pero son Gobierno, tienen muchos recursos, y están jugados, y no sé con cuántas fichas. El lunes veremos.

La oposición, en primer lugar, tiene que incentivar al máximo los controles sobre la elección y procesar sus propios datos para poder dar a conocer lo antes posibles los datos reales de la elección; en segundo, debe hacer que se conozcan estas maniobras para relativizar las noticias que dará el Gobierno en las redes de trolls y los medios amigos. De paso, como estas medidas son vuelo de perdiz, y el lunes puede haber novedades negativas, que se sepa que todo era una mentira de truco: que están echando la Falta Envido con dos negras. (http://www.miradasdesdemendoza.com.ar/2019/08/10/oyeron-hablar-del-boosting-electoral/)

Con los que hablé, y lo he puesto por ahí en FB, les dije que creía que la diferencia no iba a ser menor al 6%, y que pasaría el 8%. Por supuesto, nunca pensaba que estas intuiciones iban a ser ampliamente superadas por la realidad.

Por lo tanto, me siento contento con el resultado electoral, y con que mis análisis hayan sido acertados. Solo espero que este Gobierno, tan malo como es, pueda mantener al país en condiciones razonables de gobernabilidad, hasta que finalice su gestión, el 10 de diciembre.

También espero que mis notas sean útiles a quienes quieran entender mejor a nuestra Patria y al mundo para tomar las mejores decisiones.

Creo que hoy lo han hecho, no han aceptado que un Gobierno inicuo, mentiroso y que no sabe gestionar, los siga gobernando, y se lo han hecho saber.

Siento orgullo de mis compatriotas, sobre todo cuando vienen tiempos difíciles, no solo por lo electoral y el camino que falta recorrer, sino porque esta Patria que han dejado tan mal va a necesitar hasta la última gota de sudor para que Argentina vuelva a ser un lugar bueno para la mayoría de los hombres y mujeres de nuestro país.

QUE ASÍ SEA

ADOLFO ARIZA

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¿OYERON HABLAR DEL “BOOSTING” ELECTORAL?

¿OYERON HABLAR DEL “BOOSTING” ELECTORAL?

¿OYERON HABLAR DEL “BOOSTING” ELECTORAL?

 

De golpe, cuando estaba por irme a dormir, apareció alguna información periodística relacionada con una situación que desde esta tarde me estaba dando vueltas: hoy el Merval, a contramano del mundo, subió 8% y el Riesgo País bajó. Se dio como causa una encuesta nueva que le daría muy bien al macrismo.

Si esto fuera así, la información que conozco está equivocada, y los Mercados están celebrando a cuenta, pero era extraño. Entonces, encontré algunos elementos que me permiten elaborar una conclusión más lógica que comparto.

Primero, esta es una operación política electoralista de boosting (he tomado la información de Página 12, pero está en Perfil y en la Política Online)

Un profesor de la Universidad Torcuato Di Tella, Gerry della Paolera (@Gerrygaucho), escribió en twitter:

“Recompran bancos sus propias acciones para hacer un boosting pre electoral. En Francia, en donde viví 8 años es exactamente la misma mecánica.  Formación de expectativas, vio.”

O sea, una jugada de vuelo corto, pero que permitiría sumar votantes.

Segundo, no puedo separar esta jugada del uso del software de SmartMatic que podría permitirles anunciar un resultado favorable (1 o 2% arriba, o abajo, por ejemplo), con vistas a la elección definitiva. Es cierto que después se va a saber la verdad, pero mientras, se instala otra cosa, una especie de relato optimista, que no es tan fácil de desmontar.

Para mostrar por qué pienso esto, lean:

La “euforia” de la Bolsa es una payasada, dijo Pablo Gerchunoff.

El economista alertó sobre los movimientos financieros antes de las PASO

Una sorpresiva suba de las acciones argentinas alimentó la propaganda oficial y despertó las señales de alerta hasta de prestigiosos economistas liberales. El radical Gerchunoff lo puso por escrito y lo apoyó Carlos Rodríguez, ex viceministro de Economía del menemismo. Sospechas sobre operaciones del Gobierno a través del Anses y los bancos Provincia y Ciudad.

Pablo Gerchunoff es historiador económico, profesor emérito de la Universidad Torcuato Di Tella y honorario de la UBA. La lista de su producción intelectual haría tediosa esta nota.

Aunque tiene todo el perfil de un académico respetado, conoce de adentro el funcionamiento del Estado: fue un importante asesor de los equipos de economía en los gobiernos de Raúl Alfonsín y Fernando De la Rúa.

Este dato deja clara su pertenencia radical y su afinidad con el gobierno de Cambiemos, a pesar de que siempre mantuvo una mirada desconfiada sobre el tratamiento que le dio el PRO al desarrollo económico, su especialidad.

Semejante curriculum explica el baño de agua helada que recorrió la city cuando se conoció su tuit comentando la “euforia” de la Bolsa en el último día hábil antes de las PASO. La portada de todos los medios oficialistas festejaba en ese momento los avances de hasta un 10% de las acciones argentinas en Wall Street y del 8% en el Merval.

Como resultaba difícil acusarlo de “contrera”, las críticas un poco desesperadas se concentraron en su supuesta “ignorancia” sobre el funcionamiento de los mercados financieros. Algo que motivó un segundo tuit del economista.

“Lo que ocurrió hoy viernes puede fabricar un feo lunes con datos electorales razonablemente buenos. Si el domingo se eligiera presidente lo entendería. Pero no se elige nada. Por eso dije que paren.”

Si algo faltaba para terminar de amargarle la fiesta al oficialismo fue la aparición de Carlos Rodríguez, el economista ultraliberal que fue viceministro de Roque Fernández durante el menemismo.

No necesitó demasiadas palabras: “Rally altamente sospechoso de última hora, realmente me gustaría saber quién compró y con la plata de quién”.

Sus dudas eran compartidas por buena parte de la City, y algunos operadores, sin pruebas concluyentes, se atrevían a ponerle nombre a las sospechas de Rodríguez. Según esas versiones los Bancos oficiales, Provincia y Ciudad, y la Anses, habían puesto en juego nada menos que 150 millones de pesos. En un mercado tan chico como el de las acciones argentinas, esa cifra podría lograr un fuerte, aunque pasajero, impacto.

Está claro que están tomando riesgos, pero son Gobierno, tienen muchos recursos, y están jugados, y no sé con cuántas fichas. El lunes veremos.

La oposición, en primer lugar, tiene que incentivar al máximo los controles sobre la elección y procesar sus propios datos para poder dar a conocer lo antes posibles los datos reales de la elección; en segundo, debe hacer que se conozcan estas maniobras para relativizar las noticias que dará el Gobierno en las redes de trolls y los medios amigos. De paso, como estas medidas son vuelo de perdiz, y el lunes puede haber novedades negativas, que se sepa que todo era una mentira de truco: que están echando la Falta Envido con dos negras.

ADOLFO ARIZA

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LAS GRIETAS; ¿SON EL MUNDO DEL FUTURO?

LAS GRIETAS; ¿SON EL MUNDO DEL FUTURO?

Esta mañana (8/8/2019) encontré esta nota en Diario Los Andes:

Donald Trump y el fantasma de George Wallace – Por Gonzalo Fiore Viani

https://www.losandes.com.ar/article/view?slug=donald-trump-y-el-fantasma-de-george-wallace-por-gonzalo-fiore-viani

Como explica el autor, poco nos dice a nosotros, que no somos norteamericanos, la figura de George Wallace, pero cuando leí su historia, sentí casi asombro al descubrir cómo es un supremacista blanco, que pudo llegar a ser Presidente de los EEUU. De algún modo, ese ejemplo ayuda a entender cómo lo logró Trump y por qué se producen matanzas como las de El Paso, contra latinos (esto es lo mismo que sucedió con los afroamericanos). Dice la nota:

“Hoy, son los inmigrantes, los latinos, las mujeres, y al igual que en la década de los sesenta, los liberales.

Los jóvenes universitarios de las grandes capitales, las elites financieras y todo lo que huela un poco a cosmopolitismo son blancos de ataques fáciles desde las voces oficialistas.”

Hace un tiempo vi una película norteamericana que se desarrollaba en un pueblito blanco del Far West. En algún momento, una niñita dice sobre otra habitante: -Es demócrata, los tenemos anotados a todos.

Me quedó grabada la frase. Es ese sector, “las clases trabajadoras mayoritariamente blancas del interior profundo de los Estados Unidos.”, el que le permitió a Trump ser Presidente, y, tal vez, ser reelecto.

Cuando les dice a cuatro diputadas demócratas de ascendencia latina que “vuelvan a sus países”, no se encuentra tan lejos como parece de pedir “segregación mañana y segregación por siempre”, como pidió Wallace, así que está apelando a una grieta antigua e injusta, además de tener que ver con diferentes modelos de país, en lo político y económico.

Estas y otras visualizaciones de la grieta, como la que encontramos en Argentina, nos hacen sentir que nuestros países están retrocediendo como civilización. Paradójicamente, cuando hay mayores avances en los Derechos Humanos, una buena parte de nuestra clase media urbana se ha primitivizado, ya que rechaza a los originarios de otros países latinoamericanos, admite ser parte de una sociedad consumista que compra productos innecesarios y lujosos, anunciados en inglés, mientras hay miles de niños que no pueden tomar leche, se va a vivir a barrios cerrados, y otras muestras de haber retrocedido en la comprensión de la vida en una comunidad más equitativa.

Ahora bien, ¿hacia ahí va la humanidad? Los resurgimientos de grupos y partidos neofascistas y xenófobos, pareciera confirmarlo, pero me permito plantear alguna discrepancia.

“Cualesquiera que sean los cambios que nos aguardan en el futuro, es probable que impliquen una lucha fraterna en el seno de una única civilización en lugar de una confrontación entre civilizaciones extrañas. Los grandes desafíos del siglo XXI serán de naturaleza global. ¿Qué ocurrirá cuando el cambio climático desencadene catástrofes ecológicas? ¿Qué ocurrirá cuando los ordenadores superen a s humanos cada vez en más tareas y los sustituyan en un número creciente de empleos? ¿Qué ocurrirá cuando la biotecnología nos permita mejorar a los humanos y alargar la duración de la vida? Sin duda, tendremos grandes debates y amargos conflictos sobre estas cuestiones. Pero es improbable que dichos debates y conflictos nos aíslen a unos de otros. Justo lo contrario. Nos harán todavía más interdependientes. Aunque la humanidad está muy lejos de constituir una comunidad armoniosa, todos somos miembros de una única y revoltosa civilización global.” (Harari, Yuval; 21 lecciones para el siglo XXI, p. 131)

El actual modelo neoliberal de concentración económica, con su secuela de estrategias ilícitas, tanto políticas como jurídicas, tampoco garantizan una estabilidad en la sociedad futura que permita pensar en que este reverdecer segregacionista se consolide y se establezca como modus vivendi social.

Además, se están acumulando tensiones que, cuando se desate alguna o algunas de las crisis que preanuncia Harari, pueden estallar, y es imprevisible el tamaño de estas explosiones. Pensemos en Europa, en los chalecos amarillos, en la avalancha inmigratoria que hace que en Italia se vean menos italianos que originarios de África y Próximo Oriente, y todas las asimetrías y exclusiones que tensan el mundo.

El autor de la nota termina diciendo: “De todas maneras, lo que realmente debe ser el foco de atención es por qué un discurso prácticamente calcado al de George Wallace tiene más éxito electoral en 2019 que en las décadas de los sesenta y setenta.”

Creo que la historia tiene la respuesta: pensemos en las enormes transformaciones que se han producido en la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI, y veremos que son mundos muy distintos desde la Guerra Fría hasta hoy.

Por lo demás, en EEUU los Demócratas no consiguieron consolidar la economía interna de una manera que los pusiera a salvo de avances como estos, desde una concepción Tea Party Movement, que siempre estuvo en contra de los avances en los DDHH.

Más allá de la dificultad de predecir el futuro de la humanidad en momentos en que todo bulle y no sabemos qué puede pasar mañana (no es menor un Presidente tan elemental y violento como Trump), creo que pensar que el avance segregacionista (en EEUU y en otros países, el nuestro incluido) es imparable y definitivo, es aventurado, entre otras cosas, porque muchos/as, entre los que me incluyo, aspiran a una sociedad heterogénea e integrada.

Es más, la única chance que tiene América Latina de poder garantizar una vida digna a los que vivimos en ella, es una integración continental de los países que la forman.

Por eso, debemos hacer todo lo posible, desde los hechos y las ideas, para rechazar ese tipo de políticas, y apostar por una convivencia positiva, que supere las dificultades que afrontamos, y nos permita construir una sociedad justa, libre y soberana.

QUÉ DEBERÍA HACER EL/LA QUE QUIERA QUE MACRI SE VAYA EN DICIEMBRE

QUÉ DEBERÍA HACER EL/LA QUE QUIERA QUE MACRI SE VAYA EN DICIEMBRE

QUÉ DEBERÍA HACER EL/LA QUE QUIERA QUE MACRI SE VAYA EN DICIEMBRE

 

Suena extraño, pero voy a usar como base de mi propuesta expresiones de Jaime Durán Barba a los convencionales radicales en Parque Norte, no hace mucho.

El ecuatoriano explicó que existen, según sus sondeos y estudios cualitativos, distintos perfiles de votantes: los “duros” o fanáticos; los “imposibles”, que nunca votarían por determinado candidato y los “difíciles”, que no aparecen en las encuestas, pero que al final del camino, frente a las urnas, podrían inclinarse por determinado candidato.

Lo escuché en una nota periodística sobre el evento, y me interesó porque tenía valor general, o sea que, si valía para Juntos para el Cambio, también valía para el Frente de Todos.

Más adelante dijo: “Un candidato tiene voto duro. En el caso de Cristina es como del 22% y en el caso de Mauricio es del 12%. Es gente totalmente fanática que no va a dejar de votar por ese candidato de ninguna manera”.

No sé cómo habrá llegado a establecer esos porcentajes, pero parecen razonables. También dijo: “Hay otro porcentaje un poco más amplio en Mauricio y menor en Cristina, que en una encuesta votan por ese candidato, pero tienen contradicciones y podrían dejar de votar. Y hay un tercer grupo que se llama el voto posible que son los que no votan por el candidato en una encuesta, pero tienen muchos puntos de afinidad y podrían finalmente votar”, se explayó Durán Barba. Y aclaró: “Desde hace muchos años que trabajamos juntos y siempre trabajamos estos votantes. Es decir, aquellos que están votando, pero podrían irse y aquellos que no están votando, pero podrían venir”.

Está claro que Cambiemos ha sabido trabajar electoralmente, y en esto Durán Barba tiene mucho que ver, por eso son muy interesantes las palabras anteriores.

Veamos: “¿Qué pasa en esta elección?”, se preguntó Durán Barba. “Hay muchísima gente que es difícil o imposible. Concretamente, en el caso de Cristina tiene un voto difícil del 10% y un voto imposible del 45%. Mauricio tiene un difícil de 25% y un imposible de 26%. Con los imposibles no se puede trabajar. Pero la ventaja, es que nosotros tenemos muchos más votos difíciles que Cristina y podríamos trabajar con esa gente en esta circunstancia”, detalló.

Por supuesto, no creo demasiado en los porcentajes que presentó, aunque fueran para los propios, pero sí valoro –para compartirla en mi blog- esta metodología de manejo electoral. Tampoco es que sea un planteo muy original, ya que cualquiera que haya trabajado en política se puede dar cuenta de que esto es así.

Y esto mismo es lo que les digo a los/las que aspiren a que este Gobierno -al que no puedo calificar de otra manera que nefasto- deje de gobernarnos antes de que termine con todo lo valioso que supimos conseguir como sociedad: movilidad social, vida digna, independencia, economía al servicio de la mayoría de la sociedad. En estos momentos definitorios, en que nos jugamos tanto, no perdamos tiempo con los imposibles, hagamos como Cambiemos, hablemos con los que podemos convencer en este marco de extrema polarización.

Veo que mucha gente que está en la oposición a Macri dedica mucho tiempo en las redes a compartir posteos anti Gobierno en grupos que piensan lo mismo. Esos ya van a votar en contra de Juntos por el Cambio, no necesitan que los convenzamos.

Tampoco perdamos tiempo en discusiones con los imposibles, menos con los odiadores que suben fake news o barbaridades. Es mejor ignorarlos, por salud mental, y eficiencia en el logro de lo prioritario.

No es muy probable que nadie cambie su voto, o lo defina, por un posteo en las redes, además hay tal bombardeo de posteos diversos, que terminan generando indiferencia. Es mucho más probable que tengamos en cuenta una opinión de alguien que nos genere confianza, y que sepamos que no nos está engañando para sacarnos el voto. Vayamos con perseverancia y afecto. No sé si la fórmula matemática de Paenza se cumple tal como la plantea, pero la manera es persona a persona.

Tengamos en cuenta, además, las diferencias personales. Un importante porcentaje de los que apoyan a Macri son personas mayores, de más de 50 años, que son los que nunca salieron del Que se vayan todos del 2001, y que están desencantados y enojados. En general, son imposibles, pero merecen consideración: querían –legítimamente, a mi parecer- un cambio y los engañaron y estafaron.

Creo que esta elección tiene varios aspectos poco previsibles: las encuestas son menos fiables que nunca, porque en general se hacen a teléfonos fijos, mediante IVR (respuesta de voz interactiva), sin un encuestador. Este tipo de encuestas ya nos han saturado de tal manera, que muchos las rechazamos; además, dejan afuera a todos/as los que han dejado de tener ese tipo de líneas (sobre todo los jóvenes).

Un dato de color que muestra el sesgo que puede tener el IVR lo describe el consultor Federico González. El día después de las elecciones a gobernador en provincias como Jujuy y Santa Fe, la consultora de González llamó vía IVR a habitantes de estos distritos, y les preguntó a quién habían votado el día anterior. En ambos casos, el porcentaje de votos a candidatos cambiemitas fue significativamente mayor en el IVR que el que efectivamente ocurrió en las elecciones del día previo.

Tampoco sabemos cómo va a funcionar el voto anti sistema que mucha gente enarbola por el desencanto y desagrado que les han provocado las actuaciones de los Gobiernos. De hecho, Espert se auto describe como exponente de un anti sistema de poco clara concreción para captar esos votos.

Concluyendo, no pensemos mucho en las encuestas. Intentemos convencer a gente que tenga confianza en nosotros, argumentos para no votar a Macri sobran. Hablemos sin slogans, con sinceridad, tratemos de que vean que hay una esperanza de poner nuevamente al país de pie.

Hay una vieja frase en la política que dice que los votos se cuentan de a uno. Vayamos con fe a buscarlos, por todos los que necesitan de una Patria en la que puedan ser felices.

ADOLFO ARIZA

ADOLFO ARIZA

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LA CRISIS EN VENEZUELA Y LOS GOBIERNOS DE DERECHA SURAMERICANOS

LA CRISIS EN VENEZUELA Y LOS GOBIERNOS DE DERECHA SURAMERICANOS

LA CRISIS EN VENEZUELA Y LOS GOBIERNOS DE DERECHA SURAMERICANOS

Me llegó esta nota de Nodal (Nodal Noticias de América Latina y el Caribe), dirigida por Pedro Brieger, al que he escuchado en C5N, y me pareció muy bien informado y solvente. Por lo tanto, decidí compartirla con Uds., porque sentí que era válida la metáfora de las Cajas de Pandora. No es que sean nuevas, solo que se han revitalizado, para mal de América Latina, y es bueno entender cuáles son los peligros que nos están acechando, incluso desde adentro.

Un buen ejemplo es la asunción de AMLO en México, que viví muy esperanzado, y que recibe hoy feroces ataques de los que detentaron el poder desde siempre, los mismos que llevaron a Peña Nieto a la Presidencia, y que, como con Lula en Brasil, nunca se van a rendir en su afán de voltear a los Gobiernos que denominan despectivamente “populistas”.

Son peligros reales, así que comprenderlos sirve para tomar mejores decisiones en las alternativas útiles para luchar contra estos poderosos factores de poder, como las elecciones (es obvio que estoy pensando en Argentina).

21 julio, 2019

https://www.nodal.am/2019/07/la-crisis-en-venezuela-y-los-gobiernos-de-derecha-suramericanos-por-juan-gabriel-tokatlian/

Las siete cajas de Pandora de la derecha suramericana

Por Juan Gabriel Tokatlian

La crisis en Venezuela es monumental. La desastrosa situación ha sido producto de dinámicas, factores y actores internos, aunque sin dudas el papel de Estados Unidos contribuyó a empeorar lo que ha venido aconteciendo por años en el país. De esta manera el caso Venezuela ha dejado de ser local, regional o continental, y se ha tornado un problema global.

¿Qué significa que una crisis se convierta en un asunto global? Varias cuestiones: a) la incidencia directa o indirecta de múltiples actores estatales (ejecutivos y legislativos) y no gubernamentales (partidos políticos, oenegés, think tanks); b) el impacto de diferencias y pugnas burocráticas en el seno de distintas administraciones; c) la participación de jugadores (gobiernos, corporaciones, medios de comunicación) con alcance mundial y objetivos precisos; d) la presencia de agentes (formales o ilegales) desarmados y armados; e) el involucramiento de instituciones internacionales (por ejemplo, la ONU) y regionales (como la OEA); f) el alcance de coaliciones y alianzas entre protagonistas internos y externos; g) la multiplicación de presiones sobre los participantes domésticos y de los obstáculos para encontrar soluciones.

Todo esto coloca al caso Venezuela –y a través de él a toda América Latina– en el centro de la “alta política”. La región se torna más visible y se ve envuelta en el juego geopolítico de diversos países poderosos con intereses y propósitos divergentes. Se produce entonces un doble proceso de impulso y atracción: las potencias se movilizan para proyectar su poder y asegurar su influencia, al tiempo que la deteriorada situación doméstica facilita el despliegue de fuerzas intervencionistas.

En ese delicado e inquietante contexto, la cuestión venezolana también pone en evidencia la dificultad e incapacidad que tuvo el conjunto de países de América del Sur durante 2019 para aportar fórmulas creíbles y efectivas. La crisis, a su turno, se da en el marco de un repliegue de la llamada “marea rosa” (de gobiernos progresistas y nacional-populares) y el auge de lo que se puede denominar el “reflujo neoliberal” (de gobiernos conservadores y reaccionarios) en Suramérica.

El antecedente de habilitar la dualidad de poder en un país puede generar tensiones impredecibles en las naciones del área, hoy sacudidas por diversos grados de inestabilidad y polarización.

El consenso de los halcones

En ese sentido, cabe subrayar el papel de las derechas y su aproximación al caso Venezuela. Básicamente, y desde comienzos de este año, se dispusieron a suscribir el diagnóstico y a secundar las políticas de Estados Unidos hacia Caracas. Los motivos para plegarse a Washington obedecen a una mezcla de convicción y conveniencia: cercanía ideológica (más evidente con la victoria presidencial y legislativa de los republicanos), necesidad de apoyo estadounidense (ya sea financiero, militar, diplomático), dinámicas político-electorales domésticas (la idea de la exportación de la “revolución bolivariana” y su proyección nacional), efectos locales de la crisis venezolana (migraciones masivas), figuración como el “mejor amigo” de Estados Unidos (Duque, Bolsonaro, Piñera y Macri) por los réditos internos y externos que ello pudiera generar, preocupación por el estado de los derechos humanos en Venezuela (ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias) y potenciales nexos con situaciones domésticas volátiles (tal el caso de Colombia), entre otros.

Más precisamente, los gobiernos de derecha de la región asumieron los pronósticos de ciertos halcones estadounidenses, relegando el criterio de sus propios funcionarios diplomáticos con más conocimiento de Venezuela y, por supuesto, desoyendo la opinión de los opositores políticos en cada país. En esencia, las premisas centrales de aquellos tomadores de decisión en Washington eran: 1) el gobierno de Nicolás Maduro estaba seriamente debilitado y se encontraba atravesado por disputas inmanejables que lo precipitaban al vacío; 2) las fuerzas armadas sufrían fisuras crecientes y se disponían prontamente a abandonar a un presidente que consideraban ilegítimo; 3) una oposición homogénea y organizada se aglutinaba en torno a la figura de Juan Guaidó y en defensa de la Asamblea Nacional; 4) la sociedad padecía las consecuencias de una fenomenal debacle económica y estaba masivamente ávida para movilizarse y así generar una revuelta popular; 5) a pesar de los intereses de Rusia y China en Venezuela, ni Moscú ni Beijing podían evitar el aislamiento inexorable de Maduro; y 6) la conjunción de amenazas militares provenientes del presidente Donald Trump y de acciones diplomáticas coordinadas desde la región contribuirían, de modo inminente, al colapso de un gobierno definido como usurpador.

A ese diagnóstico se agregaba un giro en la política de Washington hacia Caracas. Así, durante la administración del presidente Barack Obama parecían claras tres cuestiones: a) la aplicación de sanciones focalizadas y personales se enmarcaban en la lógica de la “apertura del régimen” (regime opening) con el propósito de alentar una transición política; b) esas sanciones respondían, a su vez, a las demandas y exigencias de un Congreso controlado en las dos cámaras por republicanos y c) la cautela relativa de Estados Unidos frente a Venezuela obedecía, en parte, a la existencia de una serie de gobiernos de centroizquierda en la región.

Con Trump se produjeron cambios relevantes: a) se optó, definitivamente, por el “cambio de régimen” (regime change) para forzar la caída del gobierno de Maduro; b) la dinámica doméstica que desde mediados de 2018, y antes de la elección legislativa, impulsaba ese viraje era producto de la importancia que pasaron a tener ciertos estados (por ejemplo, Florida) con vista a la elección presidencial de 2020; c) asimismo creció la gravitación de los militares –en especial, del Comando Sur– no tanto por su inquietud acerca de la naturaleza del régimen interno en Venezuela al que consideraban “forajido”, sino por la mayor presencia de Rusia y China en Suramérica y d) la existencia de una nueva correlación de fuerzas políticas en América del Sur favorecía la aceptación en la región de una estrategia estadounidense más coercitiva hacia Venezuela.

Con este telón de fondo los gobiernos de derecha en Suramérica han adoptado y validado un conjunto de acciones que podrían incidir significativamente, como una serie de cajas de Pandora, en el futuro de la diplomacia y la democracia en la región.

Caja uno: del Grupo Contadora al Grupo de Lima

En 1983, a raíz de varios conflictos en América Central, los presidentes de Colombia, México, Panamá y Venezuela crearon el Grupo Contadora, una iniciativa multilateral para promover la paz en esa región. Gobiernos de orientaciones políticas distintas mancomunaron esfuerzos con el objetivo de buscar salidas políticas negociadas a situaciones que involucraban regímenes diferentes en Centroamérica. Contadora –a la que en 1985 se sumó un Grupo de Apoyo conformado por Argentina, Brasil, Perú y Uruguay– tuvo un diagnóstico propio y realista de la situación. Pretendía gestar espacios políticos y diplomáticos para que Nicaragua, El Salvador y Guatemala no se colocaran en el epicentro de las disputas típicas de la Guerra Fría. Supo desagregar los componentes de las diversas circunstancias nacionales que estaban en juego y definir procedimientos, procesos y políticas específicas al respecto. Comprendió que era crucial que no se produjera un desplazamiento de las confrontaciones político-militares centroamericanas a los países vecinos (en especial, a Colombia que vivía su propio conflicto armado): había que evitar la internacionalización del conflicto de baja intensidad que atravesaba a América Central. Ya nadie quería entrar en el torbellino de la disputa estratégica entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

El Grupo de Lima actuó de una manera muy distinta: creado en agosto de 2017, pasó de alentar una salida incruenta a la crisis en Venezuela a aislar y cercar a Caracas desde comienzo de 2019. Si bien intentó asumir un diagnóstico “latinoamericano” (sus miembros originales incluían países de América del Sur, América Central, el Caribe y México), terminó abrazando el diagnóstico de Estados Unidos. Sus recientes cuestionamientos a ciertos actores extra-regionales no impidieron que Washington y Moscú se sentaran a dilucidar perspectivas e intereses sobre Venezuela. Muchos de sus anuncios solo significaron una elevación de la crítica a Maduro, sin efecto político alguno. En el camino, el Grupo se fue desarticulando con la salida de México y Uruguay, y la opción de varios miembros por posturas menos beligerantes en lo diplomático en consonancia con los pasos, aún acotados, a favor del diálogo iniciados por el Grupo Internacional de Contacto para Venezuela compuesto por países europeos y latinoamericanos, así como las conversaciones en Oslo entre gobierno y oposición venezolanos, entre otros intentos de mediación.

Para decirlo brevemente: si Contadora fue una iniciativa de negociación hacia Centroamérica, el Grupo de Lima fue una iniciativa de cercamiento en torno a Venezuela. La buena lección del pasado no parece haber servido para que los gobiernos de derecha en América del Sur retomen aquella experiencia constructiva que supo eludir clivajes ideológicos.

Empujar, consciente o inconscientemente, a que los militares venezolanos desempeñen un lugar decisivo en medio de la monumental crisis política que vive el país es ciertamente peligroso.

Caja dos: de unasur a prosur

Si bien unasur, creada en 2008, tuvo hitos en materia de concertación diplomática y resolución de conflictos, un conjunto de factores diversos convergieron e hicieron posible el deterioro de ese organismo: a) el gradual desinterés de Brasil –durante el segundo mandato de Rousseff primero y con la breve presidencia de Temer después– en invertir recursos diplomáticos en América del Sur; b) la desafortunada elección del expresidente Ernesto Samper al frente de la Secretaría General de la Unión de Naciones Suramericanas; c) la acefalía en la conducción de unasur desde principios de 2017; d) el fracaso de las gestiones de buenos oficios auspiciadas por el organismo con la participación de los exmandatarios José Luis Rodríguez Zapatero, Leonel Fernández y Martín Torrijos, ante la profundización de la crisis en Venezuela; e) la mediocre presidencia pro tempore de la Argentina entre abril de 2017 y abril de 2018 que nunca citó una cumbre de mandatarios, de cancilleres o de ministros de Defensa; f) la suspensión de la participación de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú y Paraguay en el bloque sudamericano justo cuando la presidencia pro tempore pasaba a Bolivia y h) la salida definitiva de Colombia (agosto 2018), Ecuador (marzo 2019) y Argentina (abril de 2019) del mecanismo de concertación.

La sepultura de unasur se materializó con la propuesta de los presidentes Iván Duque y Sebastián Piñeira de crear prosur. El lanzamiento formal de esta iniciativa en marzo de este año fue una nueva fuga hacia adelante del multilateralismo regional que se caracteriza por su alta formalización y baja institucionalización. El organismo nace en momentos en que Estados Unidos vuelve a proclamar la vigencia de la vetusta Doctrina Monroe y retoma el discurso propio de la “diplomacia de las cañoneras”. Según los proponentes de prosur, el propósito principal es la defensa de la democracia y de la economía de mercado, al tiempo que se pone de manifiesto la vocación expresamente ideológica de sus miembros. Su primer acto político fue una declaración suscrita por Argentina, Brasil, Colombia, Chile y Paraguay que apuntó a socavar la autonomía y la independencia de los órganos del sistema interamericano de derechos humanos: la Corte y la Comisión. Ello coincidió con el 40 aniversario de la visita que la CIDH a la Argentina en 1979, cuyo informe fue un punto de quiebre para visibilizar a nivel mundial el deplorable estado de los derechos humanos en el país. En síntesis, con todos sus límites y contradicciones, unasur apuntaba a concertar mientras prosur parece inclinado a denunciar.

Caja tres: la politización del multilateralismo financiero

A las pocas horas de que ocurriera el golpe de Estado fallido contra Hugo Chávez en abril de 2002, el Fondo Monetario Internacional (FMI) anunció su rápida disposición a asistir a la administración del golpista Pedro Carmona. Ni el Banco Mundial ni el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ni la Corporación Andina de Fomento se pronunciaron al respecto. Aprendida la lección, en 2011 y a raíz de la situación en Libia, el FMI indicó que reconocería al nuevo gobierno luego de que los 187 países miembros lo hicieran.

A pesar de aquella mala experiencia, el actual presidente del BID Luis Alberto Moreno, reconoció a Juan Guaidó como mandatario en Venezuela. Días después, la asamblea de gobernadores del Banco aprobó el remplazo del representante oficial del gobierno de Nicolás Maduro por un enviado –Ricardo Hausemann– de Guaidó. Para tomar esa decisión se debían obtener más del 50% de los votos. Estados Unidos con el 30% del poder en el directorio del BID, junto a Argentina y Brasil, cada uno con 11%, más Chile, Paraguay y Colombia le dieron el visto bueno al delegado del presidente de la Asamblea Nacional. Esto, a su turno, derivó en un incidente diplomático inédito: el Banco Interamericano de Desarrollo iba a celebrar su septuagésimo aniversario en Chengdú, China. Beijing, que reconoce al gobierno de Maduro, le negó la visa de ingreso a Hausmann –quien en 2018 había publicado una nota donde proponía una intervención militar de Estados Unidos, secundada por países latinoamericanos, para poner fin a la crisis venezolana. Estados Unidos amenazó con boicotear el encuentro en China si no se le otorgaba la visa al delegado de Guaidó; como no hubo respuesta positiva, el BID canceló su reunión en Chengdú. En resumen, por primera vez en la historia un banco de la región politizó la provisión de créditos a un país latinoamericano: y en su momento anunció que liberaría préstamos para Venezuela, si Maduro renunciaba.

Siguiendo la recomendación de Washington de identificar a los militares como protagonistas del “cambio” en Venezuela, América del Sur pareció dispuesta a convocarlos como actores centrales de la “transición” venezolana sin advertir el caos potencial que ello puede generar.

Caja cuatro: reivindicando la dualidad de poder

No han sido inusuales a lo largo del siglo XX los llamados “gobierno en el exilio”. Por lo general se trata de un líder y su grupo político de apoyo que argumentan ser legítimos en su país, pero, por motivos distintos, no pueden ejercer el poder; y por lo tanto deben residir en el extranjero. La eficacia de este tipo de gobiernos está ligada al respaldo que obtiene de distintos Estados y del nivel de soporte por parte de los ciudadanos en la nación de origen. La legitimidad de un gobierno en el exilio solo se logra cuando obtiene el poder legal en su propio país.

Por vía del Grupo de Lima y de PROSUR, América Latina en conjunto ha decidido ensayar con una nueva modalidad: validar la dualidad de poder en Venezuela a pesar de que uno de ellos –el que representa Guaidó– no posee ni ejerce ninguno de los atributos de un gobierno ni sus funciones básicas. Cuestionar la legitimidad de Maduro no garantiza, ipso facto, la legitimidad de Guaidó; y menos aun cuando Maduro dispone de los resortes y recursos fundamentales de un ejecutivo y, proporcionalmente, tiene un reconocimiento internacional mucho más cuantioso que el del presidente de la Asamblea Nacional. Este antecedente de habilitar la dualidad de poder en un país puede generar tensiones impredecibles en las naciones del área, hoy sacudidas por diversos grados de inestabilidad y polarización.

Caja cinco: la valoración de los militares

Con el advenimiento en la región de la nueva ola democrática de los años ochenta, en ningún caso institucionalmente complicado se contempló asignarles a los militares un papel clave para hacer frente a crisis políticas de envergadura. Así, en los casos de Jamil Mahuad en Ecuador, en 2000; de Hugo Chávez en Venezuela, en 2002; de Jean-Bertrand Aristide en Haití, en 2004; de Manuel Zelaya, en Honduras, en 2009; de Rafael Correa en Ecuador, en 2010; de Fernando Lugo en Paraguay, en 2012; y de Dilma Rousseff en Brasil, en 2016, la inmensa mayoría de los países latinoamericanos cuestionaron, impugnaron o desconocieron el rol de las fuerzas armadas como artífices para la gestación de un nuevo orden institucional o régimen político. Por el contrario, siguiendo la recomendación de Washington de identificar a los militares como protagonistas del “cambio” en Venezuela, América del Sur pareció dispuesta a convocarlos como actores centrales de la “transición” venezolana sin advertir el caos potencial que ello puede generar. El que mejor expresó la valoración del involucramiento de las fuerzas armadas, el mérito de su fractura y el papel de la región al respecto, fue el presidente Iván Duque, quien en una entrevista reciente para La Nación (10/06/2019) dijo: “Nunca antes había estado Venezuela tan cerca del fin de la dictadura… Se ha instalado un cerco diplomático como nunca se ha visto, con 50 países que reconocen la legitimidad de Guaidó. Todo esto ha permitido que se fracturen las fuerzas militares de Venezuela”.

Este tipo de afirmación es aún más inquietante en el marco de lo que llamo el retorno de la cuestión militar en la región, entendida como la participación de los militares en el manejo del Estado. La denominada “guerra contra las drogas” con su epicentro en Colombia, México y América Central ha mostrado los costos y estragos de la militarización de la lucha contra el narcotráfico y los efectos perniciosos de confundir las funciones de las fuerzas armadas y las fuerzas de seguridad. El peso del ejército en el Brasil de Jair Bolsonaro, el deterioro del posconflicto en Colombia y el fantasma de una eventual nueva ola de ejecuciones extrajudiciales a mano de los militares, la aparición de candidatos presidenciales de origen castrense en Argentina y Uruguay, y la participación de las fuerzas armadas en el combate contra el crimen organizado en Centroamérica, entre otros, son datos de alerta que no pueden obviarse. Empujar, consciente o inconscientemente, a que los militares venezolanos desempeñen un lugar decisivo en medio de la monumental crisis política que vive el país es ciertamente peligroso.

Caja seis: el humanitarismo instrumental

La situación humanitaria en Venezuela es francamente desoladora. Las penurias de la sociedad, en materia de alimentación, salud, provisión de energía, son enormes. Consecuentemente, se ha agravado la vulneración de derechos fundamentales. La suma de esas condiciones contribuye a acelerar el éxodo de venezolanos que, en gran medida, han migrado a los países vecinos de Suramérica. En esa dirección tuvo cierta relevancia la resolución de 2018 –23 votos a favor, 7 en contra y 17 abstenciones– del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas exhortando al gobierno de Nicolás Maduro a aceptar asistencia humanitaria. Sin embargo, con el correr de los días, Estados Unidos, con el acompañamiento del Grupo de Lima, fue transformando una necesidad humanitaria en un instrumento de acción diplomática tendiente a aislar a Maduro, producir algún tipo de reacción y una revuelta cívico-militar.

Latinoamérica se ha comprometido históricamente con los principios del humanitarismo y los postulados del Comité Internacional de la Cruz Roja; esto es, humanidad, imparcialidad, neutralidad, independencia y universalidad. Así ocurrió respecto a las crisis en América Central de finales de los setentas y principios de los ochentas; así aconteció respecto al prolongado conflicto armado en Colombia; así se verificó respecto a graves y recurrentes acontecimientos en Haití desde los noventas; y así se comprobó ante emergencias naturales a lo largo y ancho de la región durante décadas. Sin embargo, en el caso de Venezuela buena parte de los países de la región –en especial, los gobiernos de derecha de América del Sur– decidieron alejarse de una tradición que le había otorgado prestigio a nivel internacional. El evento emblemático fue la convocatoria de Juan Guaidó el 23 de febrero de 2019, para que ese día la ayuda humanitaria acumulada en Cúcuta, ciudad colombiana fronteriza, pudiera ingresar a Venezuela. Con ese propósito, y en un hecho inusitado, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, viajó a la frontera colombo-venezolana. Todo resultó un fiasco y el presunto “día D”, que sería el punto de inflexión de la crisis venezolana, no se concretó. En vez de confiar –como siempre lo había hecho América del Sur– en las agencias de la ONU y en la Cruz Roja para hacer efectiva la asistencia humanitaria, la región optó por instrumentalizarla –sin éxito– en función de una estrategia estadounidense orientada a provocar la caída del gobierno de Maduro.

Quizás algunos gobiernos de derecha en Suramérica hayan entendido lo costoso de modificar una tradición que supieron avalar administraciones de distinto signo ideológico. Es que “proteger lo humanitario” fue tácitamente, por décadas, una política común de diversos mandatarios y partidos en la región; “desprotegerlo” es, esencialmente, riesgoso.

En vez de confiar en las agencias de la ONU y en la Cruz Roja para hacer efectiva la asistencia humanitaria, la región optó por instrumentalizarla –sin éxito– en función de una estrategia estadounidense orientada a provocar la caída del gobierno de maduro.

Caja siete: silencio ante las sanciones

Es importante recordar que en América Latina, y a raíz de la imposición del bloqueo de Estados Unidos a Cuba, las sanciones materiales no gozaron de buena reputación. Con el transcurso de los años se pudo observar que tenían un escaso efecto sobre una apertura del sistema político y que además eran fuertemente repudiadas por la opinión pública en cada nación.

La normalización de relaciones diplomáticas de los países de la región con Cuba fue generando una convergencia en cuanto al rechazo al bloqueo; en especial mediante las votaciones anuales en la ONU. Obviamente, el bloqueo impuesto por Washington a La Habana durante décadas no puede equiparse con las recientes sanciones financieras, económicas y petroleras aplicadas por Estados Unidos a Venezuela. Sin embargo, es llamativa la ausencia de críticas de la región frente a su despliegue.

Usualmente, América del Sur no cuestionó el empleo de sanciones personales y focalizadas de Estados Unidos contra un país del área, que incluían la prohibición de ingreso al país y el congelamiento de cuentas bancarias, entre otros. El recurso a sanciones materiales y masivas significa un salto notorio en el arsenal punitivo de Washington. Por un lado, implica un uso selectivo de las mismas, cuyo criterio varía frente a lo que acontece en determinados países. Por el otro, las sanciones afectan al gobierno, pero también, y mucho, a la población: la administración dispone de menos ingresos, pero la sociedad sufre las privaciones derivadas de las sanciones. Ni los gobiernos progresistas ni los de derecha han impugnado la política de Estados Unidos y no pareciera existir la disposición de controvertir con la administración Trump en torno a este tema, pues uno y otro tipo de gobierno tienen una agenda delicada en relación a Estados Unidos.

Todo esto coloca al caso Venezuela –y a través de él a toda América Latina– en el centro de la “alta política”. la región se torna más visible y se ve envuelta en el juego geopolítico de diversos países poderosos con intereses y propósitos divergentes.

Lo último que se pierde

La crisis de Venezuela es, básicamente, producto de los venezolanos. La mejor alternativa es aquella que combine una salida política, jurídica y ética sólida y sustentable. Esa es, quizás, la única opción incruenta. Y ello implica un paquete de elementos entrelazados y sucesivos en el tiempo: diálogo político genuino, acuerdo aplicable y llamado a futuras elecciones.

Cualquier solución negociada tiene como fundamento lo que los expertos llaman un “estancamiento dañino” (hurting stalemate), en el cual ninguna de las partes puede triunfar y a la vez tampoco acepta ceder. Entonces, se instala la sensación (o el convencimiento) de que el conflicto entre las partes no va hacia ningún lugar. Y, a su turno, ambas partes empiezan a reconocer que los costos de continuar en la confrontación superan los hipotéticos beneficios de un triunfo pírrico. El punto entonces es si Venezuela se aproxima o no a ese “estancamiento dañino” y si los principales actores internacionales vinculados, de un modo u otro, a la crisis en que está sumido el país facilitan o no que se llegue a dicho impasse.

En este contexto, el reto de América Latina es retomar parte de sus mejores tradiciones para contribuir a una solución política y pacífica de la situación venezolana. Y en esa dirección, cabe la pregunta: ¿los gobiernos de derecha de América del Sur estarán dispuestos a modificar sus comportamientos y objetivos para alcanzar dicha salida, o seguirán secundando a Washington en una estrategia que puede producir aún más inestabilidad y mayor caos en Venezuela y la región?

Revista Crisis

ADOLFO ARIZA

ADOLFO ARIZA

Autor del Blog

La actualidad de Argentina y el Mundo, Noticias vistas desde Mendoza por el Profesor Adolfo Ariza. Realidad, Información y Medios de Prensa en notas con una mirada local y abierta.

Profesor y Licenciado en Literatura. Coordinador Área de Vinculación – Secretaría Desarrollo Institucional – UNCuyo entre 2008 y 2014 (Desarrollo Emprendedor). Responsable de Kusca Gestión Colaborativa para Empresas.

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